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27 de febrero de 2012

Sauna Nova Bruc


Ya hacía días que el resfriado me había ido a menos.
Apenas me quedaba un resquicio de tos matutina. Nada más.
De nuevo me veía bien para volver en condiciones a la sauna Nova Bruc. Es cierto que hacía unos días fui a la sauna Galilea, pero como describí en el post "Caricias en Galilea", casi todo el rato estuve entre el jacuzzi y una cabina. Apenas hice uso de la del vapor ni de la seca.
Tampoco tenía intención de abusar en esta ocasión, como así ocurrió, que apenas me metía en la de vapor, volvia a salir, y en la seca, lo justo para secarme un poco después de cada ducha.
Una de mis motivaciones era comprobar in situ si se había hecho efectivo el cambio de nombre. Y así es.
La otra, ver si habían hecho alguna modificación en el cuarto oscuro, con la intención de recuperar en cierto modo algo del morboso laberinto de la antigua sauna.
Esto de momento sigue igual.
La tarde la pasé principalmente y precisamente entre esta zona de penumbras y la piscina grande.
Toqueteos y esquives varios, alguna que otra oferta para entrar en las cabinas, que aunqe dije que sí en una de las ocasiones fue con poco convencimiento y mucho de necesidad, jejeje... pero afortudamente estaban todas ocupadas.
Era la proposición de dos tíos, ahí el morbo, pero que no me acababan de hacer mucha gracia por que pasaban un pocode maduros, para mi gusto.
En un momento de la tarde, me volvió a pillar uno de ellos diciéndome que le siguiera porque había quedado una cabina libre. Le seguí y me dejó allí, mientras él iba a por el otro.
Pero no lo encontró... y no hicimos nada.
Estaba por allí también el moscón que me encontré en varias visitas, y aunque me insistió un poco con su zalamería, no me convenció para acceder a sus peticiones.
No parecía que la tarde fuera a dar mucho de sí, cuando junto a una de las banquetas acolchadas del cuarto oscuro, un tipo que estaba sentado en ella me agarró para hacerme una mamada, aprovechando que yo pasaba por allí.
Lo hizo bastante bien. No siempre ocurre.
Así que me dejé hacer hasta que me corrí en su pecho. Quedé bien.
A pesar de todo, me parecía un poco temprano para irme, así que tras ducharme, decidí meterme en la piscina grande, cosa que en mis anteriores visitas sólo hice una vez, pero fué meterme y salir.
Y que gran descubrimiento !.
Sólo por el placer de sentir los chorros de agua que caen a presión masajeándote la espalda, riñones o nuca vale la pena ir.
Luego están los otros chorros a presión subacuáticos de diferentes intensidades que es una pura gozada.
Estuve un buen rato medio inclinado hacia atrás y sólo me sustentaba para no caer uno de esos chorros. Sin necesidad de cogerme a nada.
Otro rato estuve en uno, que con un poco de precisión me daba directo en el ojete del culo. Ya os podéis el inmenso placer que sentía y la cara de tonto que debía poner.
Aproveche para que me masajeara las nalgas, ya de paso.
Tras salir de la piscina y tomar una nueva ducha, me quedé en un estado que parecía que estuviera flotando en una nube, de lo relajado que me dejaron aquellos benditos chorros.
Hacía tiempo que no me quedaba tan a gusto por algo sin intervención de terceros.
Qué placer!.
Qué relax !.

24 de febrero de 2012

Caricias en Galilea



Lo que tenía que hacer por allí lo había resuelto en cinco minutos.
Algo tan fácil y rápido como entrar en una tienda,  e ir directo al estante donde estaba el producto deseado.
Cogerlo, pagar y salir.
Y ahora qué?. Volver a casa tan rápidamente o dejarme caer un rato por alguno de los dos locales que más tenía a mano: Boyberry o la sauna Galilea.
En el primero no hacía mucho que había estado y el resultado fue bastante decepcionante (Post: Una tarde aburrida) y a la sauna, creo que la última vez que fuí fue hace casi un año (Post: Una semana extraña).
Así que decidí pasarme un rato por la sauna, aunque no estaba yo especialmente caliente, con lo que mi intención inicial era más estar a gusto al calorcito de los vapores y entre las burbujas del jacuzzi, que la de estar deambulando arriba y abajo por el local o sentarme o tumbarme en cualquiera de las cabinas a ver un video y esperar que llegara alguien que se interesara por mí.
Al poco de entrar, después del paseíllo inicial y de rigor por el local y de un breve, insulso e intranscendente escarceo en la sauna de vapor me subí al piso donde está el jacuzzi.
Justo antes de entrar, un tío joven, guapo y de muy buen cuerpo me paró.
- Qué tal ?, - me preguntó .
- Pues bien, - le respondí, entre sorprendido, ya que no me lo esperaba al no conocerlo de nada, y admirado del porte del chaval.
- Qué te gusta? - continuó- Yo soy pasivo.
Y mi gozo, en un pozo... "Joer", pues yo también, lo siento, - le contesté muy a mi pesar y prosiguiendo mi camido.
Así que me metí en el jacuzzi, que en ese momento estaba ocupado por dos tíos. Al entrar yo, salió uno. Y unos minutos más tarde entró otro, que se sentó enfrente.
Este tenía una mirada curiosa y no tardó en meter mano al otro tío, y meter pie a mí.
Parecía que el otro tío se acabaría enrollando antes que yo, pero se marchó, dejándonos solos.
Él siguió tanteándome el ojete con el pie, y yo me dejaba hacer, hasta que me acerqué un poquito más a él y me coloqué delante de él, pero de espaldas.
Comenzó a recorrer con sus manos mis hombros, mis brazos, el pecho, casi con una caricia que apenas rozaba mi piel. Me ponía los pelos como escarpias.
Si se me ocurría tocarme, me apartaba con delicadeza mi mano.
De vez en cuando su dedo indice bajaba hasta los límites de mi decencia y se quedaba allí, tanteando, acariciando, masajeando, presionando, pero a la vez, como tímido sin querer traspasar la puerta de la perdición.
Siguió acariciando mi piel con su aliento, y de vez en cuando, depositaba un delicado beso que parecía más bien un contenido suspiro.
Me estaba llevando al cielo con tanta sensualidad.
-Vamos a una cabina,- me dijo,- más que preguntarme.
Pero aún pasaron varios minutos hasta que decidimos salir de aquellas cálidas y burbujeantes aguas.
Una vez dentro de la cabina, me indicó como quería que me pusiera, tendido de lado, de espaldas a él.
Y ese mismo baile de dedos, esa misma danza nupcial o de cortejo, de nuevo envolvió todos y cada uno de mis más intimos rincones de mi cuerpo.
A una breve pausa para abrir un sobre de crema le siguió el encuentro de esta con el orificio de mis profundidades.
Lenta, suave, tímida pero reiteradamente se iban introduciendo, primero uno, luego dos dedos.
Entraban y salían, investigando el camino.
Luego vino el hermano mayor encapuchado, que allanado como debía ser el sendero de la lujuria, no encontró ni recelos, ni obstáculos ni impedimentos para deslizarse en mis oscuros y cálidos interiores.
Un suave vaivén fue acariciando mis entrañas hasta que en una explosión de placer me desparramé por todo lo largo de la colchoneta.
Descansamos, hablamos.
Me preguntó mi nombre. Le dí uno.
Me dió el suyo, pero era demasiado poco corriente para decirlo aquí, que unido a su origen y una característica curiosa de su físico le harían demasiado identificable. Y uno es muy discreto.
Me pidió el teléfono. Le dije que no.
Lo comprendió
Que el destino sea el que decida si nos encontramos de nuevo o no.
Fue un placer.
Para el también.

21 de febrero de 2012

Dos pollas



Desde luego no hay nada como saber apreciar los pequeños detalles, las pequeñas diferencias de los hechos y de las cosas, para convertir dos sucesos aparentemente similares entre sí, en algo extraordinario.
E incluso saber sacar provecho de una situación que no es del todo de tu preferencia y valorar esos instantes para disfrutarlos con plenitud.
Por eso salí yo tan satisfecho, esa tarde, de haber mamado aquellas dos pollas, una detrás de la otra, de dos tíos que no se cruzaron entre sí.
Con la primera estuve más de veinte minutos. Con la segunda más de media hora. Y entre las dos, apenas cinco minutos de descanso.
La primera era gruesa, recia, vigorosa, de buen capullo, y buen tamaño para trabajarla, sin ser excesivamente grande, con dos hermosos cojones pelados colgando.
La segunda era un poco más delgada, bastante más larga, tipo afilada, dura y palpitante, con dos pequeños huevillos colgando.
Sus respectivos dueños, uno en los casi cincuenta y el otro sobre los treinta.

Cuando llegué, sólo estaba él en el minicine. Concretamente frente al video que emite peliculas de temática gay, de pie con la polla al aire y pajéandose suavemente.
Me vió pero no mostró ningún interés en especial.
El hecho que estuviera en la "zona" gay, cuanto menos me era indicativo que le excitaba el sexo entre hombres.
Estábamos sólos y no tenía nada que perder, ni tampoco alternativa si quería algo de sexo.
Me acerqué, le toqué y no rechistó. Se dejó, apartando sus manos y metiéndolas en los bolsillos.
Me agaché y comencé a mamar. Se dejó, ni me miró.
Sólo miraba el video. No se tocaba. No me tocaba. No había casi movimiento, más que el mío. Él,  inerte total.
Acabó eyaculando al suelo, tras una breve pajilla manual que le dí.
Me dió las gracias, y se fué.

Miré si había alguien más en el local, después de haber estado tanto rato concentrado, y vi al segundo tipo en cuestión sentado en la salita interior.
Seguramente habría entrado, visto en acción y discretamente se apartaría para dejarnos tranquilos, y ...tal vez esperar su turno?
En cuanto me vió, se levantó y se fue a la zona del video gay. Mira por donde a este también le va el rollo, - pensé.
Al poco, me acerqué a donde estaba, y lo ví sentado, concretamente frente al video que emite peliculas de temática gay, con la polla al aire y pajeándose suavemtente.
Me vió pero no mostró ningún interés en especial.
El hecho que estuviera en la "zona" gay, cuanto menos me era indicativo que le excitaba el sexo entre hombres.
Estábamos sólos y no tenía nada que perder, ni tampoco alternativa si quería algo de sexo.
La quieres?,- fue lo único que dijo
Me acerqué, le toqué y no rechistó. Se dejó, apartando sus manos, reposándolas sobre el asiento.
Me agaché y comencé a mamar. Se dejó, ni me miró.
Sólo miraba el video. No se tocaba. No me tocaba. No había casi movimiento, más que el mío. Él, inerte total.
Acabó eyaculando sobre su vientre, tras una breve pajilla que se hizo a sí mismo, tras media hora de trabajo oral.

Ambos no mostraron más carne que aquella que comí.
Aunque el segundo entreabrió su camisa para correrse en su panza.

Sólo notaba sus presencias por los intermitentes gemidos que soltaban de vez en cuando.
Si no hubiera sido por eso, y por que de tanto en tanto abría los ojos y los observaba, casi se podría decir que estaba solo, con dos pollas sin dueño.

Yo disfrutaba como un perro con aquellas golosinas. Sólo, sin interferencias de terceros ( Cosa que normalmente me gusta porque aumenta el morbo de la situación), sin interactuación por parte de sus propietarios ( Normalmente prefiero que me manejen a su voluntad, digan, hagan, manden, obliguen, etc...).
Mamaba, lamía y relamía como quería, con la intensidad que me apetecía.
Paraba cuando me cansaba y me distanciaba un poco para admirarlas en todo su esplendor (Cosa que en un cuarto oscuro no se puede hacer, evidentemente).

En fin, que fueron dos mamadas memorables, en el mismo lugar, el mismo día, la misma tarde.

18 de febrero de 2012

Espontáneo



Dos personas, un hombre mayor sentado en las butacas y un treintañero de pie en la salita de video eran el único público que había aquel viernes, a aquellas horas de la tarde en el BlueBox de la Gran Vía.
Entrar yo, y al par de minutos irse el más joven, todo fue una.
Así pues, me senté a ver el aburrido video que ponían en ese momento.
Al menos allí estaba bien protegido del gélido frío que azotaba aquellos días la ciudad.
Entre el contraste de temperatura, ahora calorcito, la letanía de gemidos que se escuchaba entre las dos diferentes peliculas que emitían en los diferentes pantallas y la soledad que se respiraba en el ambiente, me quedé tranquilo y relajado.
El sopor me invadía.

No sé si me había llegado a quedar dormido, o sólo ligeramente atontado, ni siquiera si pasó mucho tiempo, cuando de improviso apareció aquel tío preguntando si allí había lavabo y, en su caso, donde estaba.
- Justo en el otro lado del local, junto a la entrada,- le indiqué.
Con tan poca luz, no acertaba a ver la hora.
A los pocos minutos volvió a aparecer, y todo decidido me preguntó si podía sentarme a mi lado.
- Sí, claro,- le contesté escuetamente.
- Sabes... es la primera vez que vengo a un local de estos,- me dijo-, con una naturalidad pasmosa.
- Ah!,- le volví a contestar más escuetamente si cabe.
- Oye... y te puedes... (gesticulando con una mano haciendo el movimiento de pajearse)... sin problemas?.
- Pues sí, claro - dije- ya en un alarde de desparpajo por mi parte.
Y el tío, ni corto ni perezoso, sentado a mi lado, se bajó los pantalones hasta la rodilla, se desabrochó la camisa, y comenzó a pajearse.
Yo no salía de mi asombro ante tanta, tantísima espontaneidad.
Es una característica de algunas personas que me fascina, pues yo soy todo lo contrario, a mi pesar.
Le iba mirando por el rabillo del ojo, y al poco, se dió cuenta.
- La quieres probar ?- soltó con al misma frescura y alegría.
- Vale !- contesté- agarrándole del nabo para comenzar a apreciar su consistencia y calidez.
Segundos más tarde, me quitaba el abrigo, bajaba los pantalones, para de paso ir tocándome, y me puse a mamársela.
Era normalita, pero estaba rica.
- Te gusta?, preguntó,- y yo contestando afirmativamente con la cabeza.
Estuvimos un buen rato. De tanto en tanto se acariciaba el pecho o me cogía muy suavemente de la cabeza.
Y lo que no cesó un instante fue un constante movimiento de pelvis hacia adelante y hacia atrás, follándome la boca. No era de los que se quedan inerte, sólo recibiendo. Y sin brusquedades.
Quieres follar? ,- fue la siguiente pregunta.
Mi dedo indice de la mano derecha le indicó que no. No sé porqué... !!! ( Desde entonces lo tengo castigado ).
Al poco, me apartó ligeramente y sacó la leche que hasta ese momento le estaba bombeando.
Se arregló, vistió y marchó.
Yo hice lo mismo.

---x---
Nota: Cuando me preguntó si quería follar, yo estaba en plena acción, e interpreté si era yo el que quería follarle a él. Me pareció extraño que fuera así, pero por no interrumpir la mamada no pregunté para aclarar la cuestión y me limité a contestar negativamente con el dedo al sentido de la pregunta que me había parecido.
Fue al acabar del todo cuando le pregunté, y me aclaró que se refería a lo contrario. Que si yo quería que él me follara.
Con un poco de pena y fastidio le tuve que decir que tendría que ser la próxima vez. 

15 de febrero de 2012

Chaperos


Una constante en este principio de año ha sido el aumento en la presencia de chaperos en el cine. De tanto en tanto, veías alguno ( o pensabas que podía ser ), pero esta vez, desde el día que me perseguía el chaval negro (Post. El último día en el Arenas (2ªparte) ) hasta el día de hoy la presencia ha sido continua, tal vez con un pico a finales del mes.
Bueno, tampoco es cuestión de exagerar, pero que de intuir, muy de tarde en tarde, la presencia de uno, a tener la certeza de haber 2,3 o incluso 4 cada día, la diferencia es considerable.
Es curioso también el cambio en la forma de actuar.
Antes tenían un comportamiento más que discreto, por eso decía que uno podía pensar o intuir que aquel u otro podría ser un chapero.
Solían ser jovencitos, más o menos bien parecidos, que de manera discreta se te podían acercan, te engatusaban un poco y cuando les parecía que te tenían en el bote, te soltaban la tarifa o una frase tipo "... yo cobro".
Alguna vez me había ocurrido, pero muy pocas.

Una anécdota curiosa es que hace unos 20 años, más o menos al principio de frecuentar el cine Arenas,  ( ya comentaré en un post aquellos principios), siempre encontraba un chavalín jovencito, sólo un poco más que yo por aquel entonces, con un toque aniñado, blanquito, imberbe y siempre, cuando  lo veía acompañado, era con gente muy, muy mayor.
Contrastaba conmigo por el hecho que, a pesar de ser poco más o menos de la misma quinta, seguramente él unos pocos años menos, mi aspecto era más viril y yo iba (cuando iba) con gente más bien de mediana edad (30-50).
Siempre pensé que era un chapero, pues no entendía, que siendo además más o menos guapete, fuera para ligar al cine y liarse con señores tan mayores.
Estuve muchos años sin ir, y cuando volví, aún estaba allí casi idéntico a como lo recordaba.
Parecía que había hecho un pacto con el diablo.
Todo seguía igual, y sigue, por que a fecha de hoy sigo sin tener la certeza absoluta si lo es o no.
Ya casi me inclino por el que no lo es. Visiblemente no actúa como tal, e incluso alguna vez ha tenido un roce conmigo, que se ha quedado en intento, ya que no he dado pie a más.

Bueno, el caso es que ahora se les distingue a la legua.
Siguen siendo jóvenes, viriles, más o menos bien parecidos (evidentemente esto va a gustos) que suelen posicionarse en lugares de paso, mostrándose bien visibles, y a veces mostrando descaradamente la mercancía.
Te siguen con la mirada, y cuando llegas a su altura, siempre te dicen algo, o gesticulan con los ojos indicando que mires para veas lo que tienen abajo.
No sé en que momento te dicen la tarifa o si hay diferentes precios según el servicio, pues no he pasado de indicarles con la mano que no me interesa, acompañado de una leve sonrisa.

Personalmente no tengo nada en contra de la prostitución ni de los chaperos, e incluso siento una admiración especial por las putas de toda la vida, y que conste que jamás he estado ni con unos ni con otras, pero también soy consciente que donde hay prostitución (al menos no controlada), el lugar acaba degradándose con las otras cosas añadidas que vienen después.       

Por suerte la dirección del local ha tomado medidas y está en vias de solución.

12 de febrero de 2012

Balance de Enero ( y un poco de Febrero ).


Una vez superado el enfado por la mala experiencia, volví al cabo de unos días al cine Arenas.
No me apetecía nada encontrarme con el cabrón de la semana anterior.
Y así fue, que no me lo encontrara, hasta hace unos pocos días, en el que tres manotazos por mi parte le inicieron desistir de su intento de usarme de nuevo.

Pero volviendo al resto del mes de Enero, este fue, en cuanto a encuentros morbosos, más bien escasos y de baja intensidad.
Un día, tal como entré, salí. No hice nada. Ni me hicieron nada. A lo mejor aún conservaba la cara de mala leche y espantaba inconscientemente al personal.
Otro día, me vino directo un tío bastante joven, diría que universatario, que me sacaba sin exagerar más de dos palmos de altura, y una envergadura proporcional, se dirigió a mí directamente, me metió mano,y sin más me pidió de ir al lavabo.
Muy pocas veces accedo, aún conociendo a la persona, ya que eso resta cierto morbo y posibilidad de que alguien quiera participar en aquello que estemos haciendo.
Pero ante semejante especimen, tan poco habitual en aquel lugar, acepté de buen grado.
Aunque como era, hasta cierto punto, de esperar, no ocurrió más que una mamada a una discreta polla no proporcional al resto del cuerpo, que se corrió en poco tiempo.
Lo bueno, o cuanto menos curioso, es que apenas me tuve que agachar. Con solo inclinar un poco la cabeza hubo suficiente.
Pero eso fue todo aquel día.

Ya en febrero, un día, nada más entrar al cine y meterme en el cuarto oscuro pequeño, me pilló Vicente (Post: Nuevos habituales), al cual hacía mucho tiempo que no veía, y tras toquetearme un poco los pezones, me dió de mamar. Enseguida apareció Jose, que forma parte del decorado del cine, y acabamos al poco rato en un lavabo, Jose follándose a Vicente y yo mamando a este.
Jose se corrió enseguida, y nosotros dos decidimos seguir desfogándonos en el otro cuarto oscuro.
Una vez llegamos, proseguimos allí donde lo dejamos. No tardó en rodearnos un grupillo de tíos, que como mucho metían mano.
Al poco comencé a sentir una polla de buen calibre queriendo follarme el ojete, que tenía al descubierto.
El tío que tienes detrás es joven, está muy bueno y te quiere follar.,- me dice Vicente, inclinándose un poco para que lo oyera.
Tenía toda la intención de hacerlo sin preservativo, y no sé si fue el hecho de saber lo que quería hacer y como quería hacerlo, o el hecho de saber el pedazo de mozo que era, que esta vez, con la mayor de las sorpresas para mí, pero el que se corrió espontáneamente sin poder evitarlo fui yo !!!.
Lo que hace el inconsciente para provocar una caída brutal de la líbido y evitar que, llevado por ella, acabara dejándome follar sin condón. La calentura que llevaba en el cuerpo también influyó, jejeje...
Total que desde que entré al cine hasta que salí, apenas pasaron 40 minutos.
  
Curiosamente, la otra experiencia de este mes en curso ha sido también con dos de los habituales (me remito al enlace de más arriba para los detalles).
Entre el grato mareo de subir a lamer o mordisquear un pezón, ahora el otro y bajar a mamar, al que me tiene acostumbrado Toni cuando me pilla, me encontré mientras estaba abajo, otra buena polla que me era ofrecida.
Estuve un rato simultaneándolas, ahora una, ahora la otra, puestos a marear... y de tanto en tanto, me zampaba las dos a la vez.
Me dí cuenta de quién era cuando levanté uno de los brazos para acariciar el torso del recién llegado. Era Antonio !!!
Dos buenos machos, compatibles. Altos, ambos de buena polla, uno más activo que el otro. Uno te oblida a hacer; el otro se deja hacer.
Toni se acabó corriendo, y esta vez Antonio me sugirió seguirle a las butacas del cine.

Y allí, en la fila lateral izquierda, la de dos asientos, acabé de hacerle gozar.

9 de febrero de 2012

Una mala experiencia


Dos semanas pasaron desde que me propuse estar un tiempo impreciso sin ir al Arenas.
No es mucho, lo sé.
Fue la tarde del 9 de enero. Una tarde que pasó sin pena ni gloria. Dos mamadas me hicieron, nada más. Y yo aceptándolas pasivamente. No mamé nada, e incluso puedo decir que ni siquiera hice un amago de comerme alguna. Ni me incliné, ni agaché ni arrodillé.
A la semana siguiente, volví.
Pasaron unos 40 minutos y el panorama no se presentaba mejor.
Hasta que me topé con Antonio (post: habituales), el cuál hacia mucho que no veía. Bueno, al menos sabía como hacerle disfrutar y pasármelo yo bien al mismo tiempo. Tal vez estuvimos un cuarto de hora, hasta que se corrió y yo me fuí en busca de nuevas aventuras. Mal hecho.
No bien llegué a la mitad del cuarto oscuro, que unas manos me rodearon por detrás, yendo directo a mis pezones, al tiempo que con su cuerpo me empujaba hacia el fondo del cuarto, donde está la columna y el par de escalones. Sabía como tocármelos por lo que supuse que sería un conocido del lugar.
Y así era, cuando me dió la vuelta y lo ví.
Había estado con él en cuatro o cinco ocasiones en estos últimos meses, por lo que prácticamente casi se podría haber dicho que era un habitual.
Y digo casi porque aún no le había puesto nombre, ni descrito en este blog.
Realmente era, de todos, el que menos me gustaba, aún siendo de los más jovenes.
Rondaría los 30 y pico de años, con gafas, generoso en carnes no del tipo que se autodenominaría fuerte, sino fofo. Y de polla, nada especial... de las habituales, la más pequeña.
Sin embargo, si hay algo que me gustaba. El trato. Un tanto brusco o incluso burdo, cosa que me asombraba para su edad, pues eso es más propio de gente mucho más mayor, pero dominante, eso sí.
Su aficiones: juguetear con mis pezones, cosa que me vuelve tonto,sumiso y dócil, y que le coman el rabo.
Y en eso estábamos, en el rincón. De vez en cuando se acercaba alguno a mirar. Algún otro se sacaba el cipote a ver si tenía suerte, y un par de ellos la tuvieron, pues me las acercó para mamarselas, si bien, apenas unos instantes, para de nuevo seguir con la suya.
Hasta que en un momento, me apretó hacia la cabeza hacia sí, mientras mamaba, sin darme opción a moverla y clavándome la verga hasta el fondo, con cuatro bruscos impulsos soltó un puto chorro de leche que me llegó literalmente hasta el fondo del gaznate. Mecagüen tos sus muertos y la madre que lo parió al hijo puta de los cojones !!!, pensé, totalmente enfurismado.
Y de haber pensado más, le hubiera arrancado los cojones de cuajo al cabrón.
Evidentemente esto es una manera de hablar que más o menos expresa mis sentimientos en esos momentos, pues quién, por poco que me conozca, sabe que soy incapaz de matar ni a una mosca, como se suele decir.
Le empujé, eso sí para librarme de sus manazas, y escupir su maldita corrida. O todo lo que pudiera.
Pero la sentía en el fondo, pegada. Como moco goteando. Su olor nauseabundo me inundaba las fosas nasales.
Y me vinieron náuseas, arcadas y unas ganas tremendas de vomitar.
Me mal subí los pantalones, y dando medio tumbos fue lo más rápidamente posible a meterme a uno de los lavabos.
No me apetecía encima echar en medio del pasillo las habas que había comido al mediodía.
Aquello era un paso, una arcada, otro paso, otra arcada.
Alcancé el lavabo, me metí y encerré. Y allí estuve 10 minutos pasando el mal rato.
Conseguí arrojar el pegote que sentía al fondo. Afortudamente, las habas no.
Unas cuantas gárgaras con agua aliviaron la sensación y el olor que tenía metido dentro.
Me calmé y salí.
No soporto que se me corran en la boca, tanto por cuestiones higiénico-sanitarias, como por que no me gusta el sabor y sobre todo la consistencia mucosa del semen. Me da asco. Sin embargo en cara y cuerpo lo tolero, e incluso me gusta.
Y es cierto que en alguna ocasión, algún cabrón ha tenido la desfachatez de correrse en mi boca, pero siempre había tenido oportunidad de escupir al menor indicio, o la primera lechada.
Pero este cabrón en cuestión, no ya sólo ni preguntó si quería o no, sino que ni dió la posibilidad de escapatoria.
Una cosa es que me usen a su antojo y en cierta manera "abusen" de mi, pero sin pasarse ciertos limites.
Para mí, hoy por hoy, correrse en mi boca y sin preguntar lo es.
Y quién viola un límite, desaparece de mi vida.