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31 de marzo de 2012

Desubicado



Un asuntillo me hizo ir aquella tarde al barrio de Les Corts.
Una vez resuelto, en apenas 15 minutos, tenía dos opciones: volver a casa o hacer una pequeña visita al Blue Star de la calle Numància aprovechando que estaba a sólo 5 minutos de donde me encontraba, y hacía ya justo un año de mi última visita.
En realidad, hace un año hice dos visitas casi seguidas, en una misma semana, que ya relaté en su momento en el post titulado "Blue Star", como no podía ser de otra manera.
Y así, aún superando el presupuesto semanal para estos menesteres, me presenté en el sex shop mencionado.
En cantidad de gente no estaba mal. Unos diez o doce tíos, pero también habían cuatro transexuales operadas o no, no lo sé, pero si de llamativas, aunque no apetecibles para mí, protuberancias.
Esto ya me descolocó un poco.
Qué hacían allí sino buscar clientes?, versión chaperos de saunas y cines.
Este pensamiento también me incomodaba, ya que por el hecho de ser transexuales y estar allí no tendría que indicar que se estuvieran prostituyendo para ganarse la comida de cada día.
Porque no podrían estar exactamente por lo mismo que yo?.
Pero esto no acababa de creérmelo.
Este hecho fue anecdótico ya que apenas hubo interferencias.
Sólo un "vamos, asércate", que respondí con un educado "No, gracias".
Pero sí me condicionó en alguna medida en mi comportamiento, ya que me sabía mal sólo el pensar que podía quitarles clientes, y de paso el pan de la boca, al hacérselo yo gratis.
Pero como digo, solo en cierta medida, pues ninguno de los tíos que había esa tarde me acababan de gustar ni dar morbo, cosa ciertamente sorprendente, pues con el físico no soy muy exigente y muchas veces acabo encontrando algo que me atraiga.
Otra cosa que limitaba mi acción era que las cuatro cabinas de los glory holes permanecieron ocupadas todo el rato que estuve, con lo que encerrarme allí y esperar que apareciera una hermosa polla en el mejor de los casos era imposible.
Los videos que emitieron en ambas salas durante la hora que estuve eran porno heteros, y si bien en algunos pornos de este tipo uno se puede recrear con la vista del macho, en esta ocasión, ni eso.
En el peepshow sólo hubieron alternativamente dos chicas tumbadas, sin acompañantes, aburridas y con muy poca gracia y que sólo les faltaba ponerse a hacer ganchillo o la manicura.
Ni los heteros allí presenten se tocaban el paquete al verlas.
Ni siquiera yo, ante el panorama que veía por doquier, me animaba a tocármelo para calentarme un poco.
De hecho, lo único que me calentó un poco. pero no en ese sentido, fue la conversación de unos, más que seguramente, prejubilados, pensionistas en cualquier caso, alabando las excelencias de la reforma laboral aprobada por el gobierno.
Vomitivo.
Todo ello me llevó a pensar en que coño (con perdón) estaba haciendo yo allí.
Me sentía total y absolutamente desubicado.

Decepcionado, cabizbajo y casi que con el rabo entre las piernas, me fuí a mi casa.
Esta vez, elegir la primera opción hubiera sido la correcta.

28 de marzo de 2012

Reencuentros


Animado por las dos experiencias que tuve en las dos semanas anteriores, decidí volver de nuevo a la sauna condal. Dicen que no hay dos, sin tres. Pues he aquí un ejemplo.
La primera sensación fue de mucha afluencia de gente, pues al llegar habían varios por pagar y entrar delante de mí, y los vestuarios estaban muy concurridos.
Pero resultó ser un momento de cruce. Los que entraban y los que ya se iban. Y el resultado, bastante parecido al de la semana anterior. Poca gente, poco movimiento.
A ver, reconozco que es una hora un poco tonta, las cuatro y media de la tarde, pues la gente o está haciendo todavía la digestión, o está haciendo la siesta o aún no han salido del trabajo.
Pero aún así con poca gente, anduve a ratos entretenido y a ratos paseando, aburrido.
La sauna de vapor, la seca y el cuarto oscuro de la primera planta todo el rato estuvieron muy poco concurridos.
Así como el cuarto semioscuro de arriba, el de los slings.
Ah! pensábais que no iba a hablar de ellos, eh?, jejeje..
Pues sí, pero poco.
Visto lo sufrido la última vez (Post: A pesar de todo... 2ª Parte), decidí que, de subirme a uno de ellos, no estaría más de diez o quince minutos inactivo.
Y pasado ese tiempo sin conseguir nada, bajaría, y a otra cosa, mariposa.
Y así fué como ocurrió. No pasó nada, así que no insistí.

Y yendo de un sitio para otro estuve las dos primeras horas.
Sólo en la sala de los slings me entretuve un buen rato largo mamando pollas de varios tíos.
Comenzó en un recién formado grupito de tres al que hice intento de incorporarme, bien acariciando el culillo de uno, bien morquisqueando el pezón del otro o sobando la polla a cualquiera de ellos, pero sin llegar a implicarme decididamente.
Aunque en estas situaciones, muchas veces acabas siendo aceptado, siempre uno se arriesga a recibir un manotazo o el desprecio de alguno de ellos. En esos casos, mejor no insistir.
Pero no fue el caso.
Un cuarto tío que se acercó y decidió por mí. Tras presionarme los pezones, me agarró de la nuca y sin más preámbulos me empujó hacia abajo con su mano y me dió de mamar.
El tío no era excesivamente de mi gusto, en tanto que se salía un poco de carnes, pero esa actitud decidida hizo que dejara aparte mis reparos.
El grupillo se acabó deshaciendo, y nosotros nos quedamos allí, junto a la cruz de San Andrés.
Venía uno, se paraba, miraba y si al que me daba de mamar le parecía bien, este le cogía de su rabo y me lo ofrecía.
No penséis que se organizo un desfile. Ya me hubiera gustado, pero no.
Apenas tres o cuatro, uno de ellos realmente con una polla espectacular, dura y larga, y encima con una actitud igual de dominante que el que primeramente me alimentaba de su rico biberón.
Duró lo que duró, tal vez quince o veinte minutillos.

Comenzaba a hacerse tarde, pues ya llevaba unas dos horas por allí, rondando y lo único que finalmente había valido la pena había sido esto.
De bajada, camino de las duchas, me metí a modo de despedida, en el otro cuarto oscuro y nada más entrar, unas manos fueron directamente a mis pezones.
En la penumbra pude bien reconocer que se trataba del follador de la semana anterior.
- Anda, hola!,- le saludé.
- Veo que me has reconocido, -continuó él-, vamos a una cabina y te follo como la última vez?.
Como era de suponer, accedí, esta vez más gustoso que la anterior, pues ya sabía de antemano que la tarde iba a tener otro final, más feliz que como se presentaba unos minutos antes.
El ritual fue el mismo. Toqueteo de pezones, mamada, sesenta y nueve, culito en pompa, gel lubricante, condón y pa' dentro.
Sólo que esta vez la follada fue más intensa y duradera.
La sacó varias veces y me la metió otras tantas, cambiando a diferentes posturas y dejándome cada vez más abierto el ojete.
Esta vez pude apreciar su musculatura que se le marcaba cuando lo tenía de frente en sus envites. Para la edad que se le podía suponer, se conservaba en forma.
- Venga, vete a duchar y luego si quieres continuamos,- interrumpió en un momento -, y así descansamos un rato.
Me pareció estupendo, y así lo hice.

En el paseíllo de vuelta no lo encontré. Igual se había quedado en las duchas o metido en alguna cabina a descansar o habría pasado por el bar a tomar algo. No sé.
Yo me fuí para arriba del todo, a hacer el último recorrido por la sauna. Esta vez sí, porque si antes ya me parecía que era tarde, ahora, evidentemente más.
Al llegar al cuarto oscuro, me quedé junto a la Cruz de S. Andrés mirándome las agarraderas de cuero, y de espaldas a un tío que sentado en la grada, cabizbajo, se apoyaba sus codos sobre sus rodillas.
- Ostia, cuanto tiempo sin verte!,- sonó una vez a mis espaldas.
Me giré y de inmediato le reconocí.
- Ostras, pues es verdad !, respondí a Tomás. (Ver relatos del Erotixx).
Me acerqué el par de pasos que nos separaban, y sin dudarlo un instante ni mediar más palabras, me cogió de la nuca y me arrimó a su polla para que se la mamara.
Caramba !, - pensé, - sabe lo que quiere, lo que me gusta y no se ha olvidado de como tratarme.
Tras mamar unos instantes, ví que con la mano tanteaba el tubo que había dejado a su lado, junto con las toallas.
No, no, No es poppers, sólo gel lubricante,- le dije-, hoy no he traido. A su extrañeza sólo pude contestarle que sólo de vez en cuando lo usaba, ya que de nuevo me bajó la cabeza para seguir trabajándole.
Al cabo de un rato, me propuso de ir a una cabina, dejar la puerta abierta, como haciamos en el Erotixx, y dejar que la gente entrara por si se quería apuntar.
Y recién sentado sobre la colchoneta de una de las cabinas, entró un tío que se puso a mirar como se la comía. 
De aspecto joven, delgado, latinoamericano para más señas, de momento sólo miraba y comentaba: Qué bueno!. No sé a que se refería.
A Tomás le vinieron ganas de follar, y me hizo una seña para que me colocara sobre la colchoneta en posición apropiada.
Con poco lubricante, el enculamiento fue muy rápido, a pesar de las buenas dimensiones de su polla, ya que el esfinter aún estaba bien dado de la anterior follada.
Tras unos cuantos envites, se sacó el condón, se medio tumbó y me dió de mamar.
Aprovechando mi desprotegida posición, el otro tío se enfundó el chubasquero y me enculó.
Lo gracioso es que no me dí cuenta hasta que ya me la había metido, entre otras cosas, por lo relajado que tenía el ojete y de las discretas, pero suficientes dimensiones para una buena enculada, de su moreno miembro.   
A diferencia de Tomás, que me enculó estando él de pie y yo a cuatro patas sobre la tarima acolchada, el latino se puso todo él sobre esta, agarrándose todo a mí, como muy perro, vaya!.
Aunque a veces se distanciaba y seguía follándome de rodillas.
Con todo, este momento no fue eterno. Unos diez o quince minutos en total.
Muy bien servido por delante y por detrás no me costó nada correrme enseguida.
El tío se fué, y me quedé unos minutos, ahora sí, hablando con Tomás.
Tras despedirnos y ducharme, camino de las taquillas, me volví a encontrar con el chico latino que me invitaba a seguir follándome.
Ufff, gracias tío, pero lo siento,- le contesté -, he cubierto el cupo por hoy.
Tres folladas, y todas en apenas media hora !. Y ya es demasiado tarde.

Al día siguiente recibí un email de Tomás, en que me invitaba un día a quedar en el Erotixx.
Pero eso es ya otra historia. 

25 de marzo de 2012

A pesar de todo... ( 3ª Parte y última ).



Con el alivio de sentirme seguro, me vino el bajón y flojera, y quedé empapado de nuevo por el sudor.
En eso, se sentó a mi lado un tío de bien entrados los cincuenta, que al tocarme la pierna, dijo:
- Chiquillo, estás empapao !, - así con cierto salero - y le conté lo sucedido.
- Así que tú eras el tío que estaba en el sling?, - preguntó.
- Si, por ?, -seguí yo.
- Me he acercado para verte la cara, pero como no veía nada, pasé. Si la llego a ver, ya te digo que te hubiera follado ahí mismo,- me explicó así de pancho.
- Y para que querías verme la cara, si lo que querías era follarme era el culo ?, le inquirí yo, creo que con una lógica aplastante.
Se quedó pasmado sin saber que contestar.
Ah, bueno..., también tienes razón,- acabo por responder.
- Quieres que vayamos a una cabina y te follo?. Estás muy bueno (eso es muy subjetivo), y de mí dicen que follo muy bien y dejo muy satisfecho a los tíos.Venga, nos lo pasaremos muy bien, Ya lo verás.
Estaba que, con un poquito de jabón para engatusarme, se me estaba vendiendo para llevarme al huerto.
- Verás, me duele todavía mucho la pierna y no sé si podría responder bien. Deja que camine un poco, vaya a la ducha y luego ya veremos. Además comienza a ser un poco tarde para mí.
Sí, realmente las ganas de ser follado no se me habían pasado del todo, pero no me encontraba en la situación adecuada.

E hice lo dicho, baje las escaleras como pude, caminé un rato muy lentamente para ir ejercitando y tensionando, llegué a las duchas y me duché.
Antes de bajar a los vestuarios quise dar una vuelta, más que nada para comprobar si el susodicho estaba al acecho, se había liado con alguien o era una de esas tantas veces que dice alguien algo para tantear y tentar, por si uno cae, y luego nada.
Y vaya si me estaba esperando.
Como que me no me dió apenas tregua y en cuanto me vió aparecer por el pasillo, vino directo a mí.
- Qué, te vienes a una cabina?,- me preguntó.
- Bueno, va - accedí.
Así, una vez ya dentro y antes de ponerme a mamar la polla que me ofrecía, pude comprobar forma y tamaño, quedándome tranquilo, ya que se trataba de un cipote digno, adecuado en largura y grosor para la experiencia de mi culete.
Tras la mamada, vino un sesenta y nueve, a petición suya.

Particularmente es una práctica que no me entusiasma. Me distrae, me desconcentra en mi labor de dar placer. Si que a veces me gusta que me la mamen, pero cuando puedo concentrarme en las sensaciones que recibo.
Esto vale cuando estoy sólo con otra persona. Sin embargo, en sexo grupal, no necesito esa concentración ya que la estimulación es múltiple, a varias bandas. No se si me explico.

Y volviendo a la acción, después del 69 me hizo ponerme en posición para ser bien lubricado y follado, como así sucedió.
Joder ! Nunca mejor dicho. Qué arte tenía el cabrón. Eso es, a veces, lo bueno de la gente madura.
Me dejo el culo contento, pues supo parar exactamente cuando estaba a punto de decírselo yo, ya que comenzaba a sentir molestias.
Antes de despedirnos, me dijo los días que normalmente iba, por si quería ir y repetir.

Así, a pesar de todo, de la poca gente que me parecía que había, del mortal aburrimiento en el sling, del malísimo trago que pase con el calambre, aquella tarde tuvo un final feliz.
No obstante de salir con el culete feliz, me llevé de recuerdo una cojera que me duró dos días y un dolor de pierna que tardó dos días más en irse.
Pero bueno... gajes del oficio.

22 de marzo de 2012

A pesar de todo... (2ª Parte)



El cuarto de los sling estaba vacío, y los mismos, desocupados.
Así que me acomodé en uno de ellos.
Esperé unos minutos. Y esos minutos se transformaron literalmente en horas.
Estuve bien, bien, sin exagerar una hora y media largas, patiabierto sobre el sling.
Muy poca gente había, así pues, lógicamente, poca gente pasaba.
Y de los poquísimos que pasaban, algún despistado rozaba, o se acercaba a ver quién estaba ahí tumbado.

Pero nada de nada, más.

La experiencia, esta vez, estaba resultando muy frustrante.
Los muchos ratos en soledad, me dedicaba en pensar en mis cosas, o en lo que escribiría en el blog cuando relatara lo ocurrido esa tarde, o incluso me venía a la memoria aquel culito en pompa que poco antes había admirado en una de las cabinas.

- Perro !, bájate del sling y fóllatelo, si es que aún está-, pensé un momento,- seguro que aprovecharás mejor el tiempo-.

Pero no. No lo hice.

Casi como un espejismo o una alucinación, de repente entraron siete u ocho tíos, espaciados entre sí, pues no iban juntos, se esparcieron por la sala, hubo algún intento de rollo entre alguno de ellos, pero ninguno cuajo.
Yo, desde mi privilegiada posición, miraba como se desarrollaba la escena.
Quedaron tres o cuatro, dispersos, pero con pocos ánimos de nada, ni conmigo ni entre ellos.
Y yo, ya muerto de aburrimiento decidí poner fin a tan descorazonadora experiencia.

Me incorporé, y en cuanto el pie derecho toco suelo, creí que me moría.

Dios !!! Que dolor !!!.

Un calambre brutal, y decir brutal es poco, me agarrotó el gemelo de la pierna izquierda, que se me puso duro como roca, y me fue absolutamente imposible destensar la pierna de la tensión y dolor que sentía.
Por más que intentara hacer reaccionar masajeando mi pierna con la mano, no conseguía nada.
El dolor aumentaba, y consciente de lo que podía venir justo después, me cogí fuertemente a la agarradera de cuero del sling con las dos manos.
Se me cayó el paño taparrabos, que no había conseguido llegar a ponerme del todo, al suelo.
Pero hice bien, porque el sudor frío que antecede a un desvanecimiento comenzó a aflorar por todos los poros de mi piel.
Me quedé quieto, con miedo de caerme a plomo si me soltaba o finalmente desmayaba, y concentrado en la medida de lo posible, en el dolor, y en el intento de flexionar y estirar la pierna, poco a poco, hasta tocar el pie con el suelo.

Fueron solo varios minutos, pero me parecieron una eternidad.
Aquellos tíos que allí estaban ni se inmutaron, ni acercaron, ni preguntaron si me pasaba algo.
Toqué suelo con el pie. Pisé e hice fuerza para ver si realmente podía apoyarme.
Así parecía, y tras comprobar que me mantenía de pie, y el sudor remitía, cogí la toalla, el paño, el poppers y el tubo de lubricante que llevaba conmigo, y cojeando alcancé la tarima que está al fondo de la sala, que me permitiría sentarme y tumbarme hasta que se me pasara un poco el dolor y el sofocón.

(Continuará)

19 de marzo de 2012

A pesar de todo... (1ª Parte)





Visto lo satisfecho que salí la última vez, no me costó decidirme ir de nuevo a la semana siguiente, a la sauna condal.
Al poco de entrar, no estaba muy seguro si era por que las manifestaciones que habían en la ciudad, aprovechando de paso el congreso mundial de móviles, que a la gente le costaba llegar al centro, o porque había futbol y la gente prefería llegar pronto a casa, o era uno de esos días paranormales que encuentras los locales vacios sin aparente motivo alguno, o era por el evidente peso de la crisis y encima era final de mes.
Las 'manis' fueron por la mañana, así que no creo. Futbol, me enteré al día siguiente que sí que hubo, pero ni recuerdo quién jugaba, ni en que competición, ni nada.
Día paranormal, creo que tampoco, pues aunque poca, sí que había. Así que lo más seguro era porque era final de mes.
Esta vez tenía claro que iba directo al sling, previo paso por la ducha.
Y cuál fue mi sorpresa, que ambos sling ( sí, sí, los dos), estaban ocupados. Finalmente algo de paranormal tenía el día.
Ocupados, pero inactivos. Esto ya era un poco más habitual.
Así que me bajé de nuevo a tomar una saunita breve de vapor.
Allí me pareció ver, entre la oscuridad y los vapores, a Antonio (habitual del Arenas). Mis manos acabaron confirmando lo que mis ojos dudaban.
Mmm... podría disfrutarlo en pelotas y en todo su esplendor.
Pero me sobreexcité demasiado rápido y tuve que salir de allí porque me mareaba.
Me suele ocurrir, y es una pena, que en las saunas de vapor, a la que me acelero un poco, tengo que salir.
No me ha llegado a pasar nunca nada, pero por si acaso.
Una duchita para refrescarme y me fuí hacia el cuarto oscuro de esa planta.
Allí, al poco de palparme alguien, este comenzo a hacerme una comida de culo.
- Pues mira que bien, - pensé -, y me quedé en posición semi-inclinada hasta que comencé a cansarme, no de la comida, sino de la posición.
Subí de nuevo al cuarto de los slings, no sin antes darme una vueltecita por los pasillos y ojear en las cabinas, por pura curiosidad.
Muchas vacias. Algunas ocupadas por tíos que te miran indiferente, o se magrean o se tapan sus partes al verte, supongo que en indicación de lo que quieren.
A veces creo que soy un poco tontito en interpretar las señales, jeje... No sé.
Lo que más me sorprendió durante ese paseíllo fue ver en una cabina a un tio de complexión y edad mediana, arrodillado pero con el cuerpo inclinado hacia adelante y la cabeza de lado tocando la colchoneta ( seguro que tiene un nombre esa posición ) con el culo encarado hacia la puerta en señal de ofrecimiento para ser follado, con condones y un tubo de crema a su lado.
Aquí el mensaje era inequívoco.
Me quedé maravillado, tanto por el culito majo que tenía, chiquito y se le adivinaba prieto, como por la actitud al exponerse de esa manera.
Yo aún no me atrevido a ponerme así, con intencionalidad tan evidente.
Ya, ya,- pensaréis seguro aquellos que me leen habitualmente,- y tú te expones patiabierto en un sling.
Y no os falta razón, jejeje...
Pero aunque la finalidad es la misma, y la exposición del culo, casi que también, cambia que en un sling ves al tio de frente, y tal como estaba el tio en cuestión, le das la espalda y no lo ves, salvo que te gires expresamente a ello, claro.
Y creo que la gracia de esa posición es precisamente la de no ver quien te folla, o al menos, ver lo menos posible.
Me entraron ganas de tocarlo, cosa que no hice, para evitar caer en la tentación de follarlo, que en ese momento no me apetecía, y al fin y al cabo, no había ido para eso.

(Continuará)

22/3/2012 - 2ª Parte
25/3/2012 - 3ª Parte y última.

16 de marzo de 2012

Dos tardes (casi) idénticas.



Resulta curioso lo que dos días se pueden llegar a parecer.
Dudaba de qué título poner al post: Dos tardes (casi) idénticas o las tardes de la marmota, en homenaje a la película "Atrapado en el tiempo", ("Groundhog day" título original, o "El día de la marmota", en latinoamérica).
Este posts se lee de la siguiente manera.
El color anaranjado sirve para los dos días. El color azulado sólo para el primer día, y el verde sólo para el segundo.

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Llegué prácticamente a la misma hora, y tras pagar religiosamente los 10.8 € que cuesta la entrada, me dirigí a los vestuarios, donde cambié mis tejanos, jersey y botas por un paño taparrabos (y culos), una toalla y unas sandalias.
Cogí la crema y un par de condones, fuí al lavabo y evacué.
Y pasando por el bar, sólo tres tíos hablando, me fuí derechito a la ducha.
Parecía que había poca gente, según iba observando mientras me limpiaba de sudores, olores y tensiones de la jornada.
Me sequé un poco en la sauna finlandesa y salí.
- Y ahora que hago ?, me pregunté.
Pues más o menos hice lo de siempre.
Como las agujas del reloj, pero en sentido inverso, fuí inspeccionando los rincones del local, no por que no lo conociera, sino para cuantificar más o menos la gente que había.
No estaba muy concurrido.
Un par de personas en la sauna de vapor, otro par en la seca, el jacuzzi y piscina vacios, tres o cuatro personas en la sala de proyección, tres o cuatro en la sala central, siete u ocho en el cuarto de poca luz, y las cabinas ocupadas.
Evidentemente son aproximaciones, pues además la gente está en movimiento, y mientras yo estaba en un sitio, otra podría haber cambiado de lugar y haberla contado dos veces.
Me quedé en el cuarto "oscuro" un buen rato.
En un rincón un par de tíos toqueteándose, otro mirando. En alguna ocasión simulando o intentando copular. En otro rincón, uno mamando a otro. Encuentros furtivos. Breves.
A veces sin más consecuencia que un roce. Otros con aspiraciones algo más.
Y yo ahí, participando en la misma medida. Como un quiero y no puedo, o más bien como un no quiero porque no me acaba de apetecer.
Me tumbé durante un rato en el camastro que hay enfrente nada más al entrar, esperando algún alma caritativa que me diera algo de mamar.
Pero esta vez, la estrategia no acabo de funcionar.
Así que decidí ir a disfrutar un buen rato de los chorros de la piscina. Diez o quince minutos de masajes de estas aguas a presión me dejaron como nuevo.
Cuando salí, apenas quedaban cuatro gatos, el apuntador y yo.
Me metí en el minicine y me senté en los asientos de obra.
No tardó mucho en acercarse un tío maduro, de aún relativo buen ver, y dubitativo se acabó quitando la tela que protegía sus nobles partes, mostrando una polla decente.
Era el mismo tío que la semana anterior !.
- Y por que no ?,- me dije- es lo único que se te ofrece hoy, así que aprovecha, que se hace tarde y te tienes que ir.
Aún sentado, comencé a mamársela.
Pero no tarde en cambiar de posición y comérsela, ahora agachado, ahora arrodillado.
Tampoco tardó mucho en ofrecerse para follarme.
- Caray !, esto no (ya) me lo esperaba,- pensé-, y además me irá bien para mi fase de entrenamiento.
Se enfundó la goma y me la metió, allí de pie, entre las hamacas de madera y el estrado de obra, sin apenas costarle nada, pues aparte de lubricarme bien, era más bien delgada.
Dos tíos que allí estaban se medio animaron.
Uno de ellos comenzó a toquetear al otro, y este, medio recostado sobre el banco, hacía lo propio conmigo.
Uno de ellos se puso a mi altura, dándome su polla para mamar, y el otro, que estaba sentado en el otro extremo, poco a poco sin dejar de mirar y sonreír se fue acercando.
La follada del tío no duró mucho, pero estuvo bien. Sin más. Cuando acabó , me pajeé, corrí y me fuí...
La follada del tío duró lo que tiene que durar un buen polvo, ni mucho ni poco. Sino lo suficiente para dejarte satisfecho. Cuando acabó, me pajeé, me corrí y le pregunté al que estaba sentado si se animaba.
Pero se había conformado con mirar.
Así que me fuí...

13 de marzo de 2012

Pidiendo perdón

El café Zurich hasta no hace muchos años.
Hace unos cuantos días recibí un email de un asiduo lector en el que decía que quería quedar conmigo para hablar y conocerme.
" ... ¿Te apetecería que nos viéramos un día? Me gustaría saber ... Si quieres tomar un café..." .
Francamente, le respondí rápidamente y entusiasmado.
Sólo por el simple hecho de ser uno de mis lectores asiduos debía sentirme agradecido, y aceptar quedar a tomar un café, una manera de desmostrarlo, más allá de las palabras, tal y como le hice saber.
Lo que no podía asegurarle era dejarle plenamente satisfecho en sus curiosidades.
Una cosa que me abrumaba era, y siempre lo es cuando he quedado con alguien desconocido, el como fluiría la conversación, ya que, por naturaleza soy muy callado y reservado, y normalmente necesito que sea el otro quién llevé un poco la iniciativa de la conversación.
Al menos al principio. Luego, si uno está a gusto y hay conexión, todo fluye.
Esperaba que llevara una batería de preguntas y no darme mucha tregua.
Estuvimos varios días con emails para concretar día y hora, y de paso darnos una descripción mútua de como eramos, más que nada, para reconocernos.
Finalmente, me dió su número de móvil, por si de últimas surgiese algún impedimento.
El hecho que hubiesen varios emails en varios días me daba cierta seguridad de que acudiría.
Nunca me he fiado, y casi nunca han dado buen resultado, las citas de hoy para ya,( aunque esta no era el caso) porque la inmensa mayoría te dejan colgado.(Tengo una honrosísima excepción que algún día contaré).
Eso lo aprendí hace mucho, y uno se cansa de tanto fantasma y de perder el tiempo inútilmente.

Y llegó el día.
Una hora antes del encuentro le envié un mensaje diciendo que ya iba para allá, a lo que rápidamente recibí otro sugiriendo adelantarnos media hora, ya que había conseguido acabar lo que tenía que hacer antes de tiempo.
Estupendo ! Y así quedamos en el café Zurich.
Para quién no sepa donde está, os puedo decir que, prácticamente, está en el centro neurálgico de Barcelona. En uno de los lugares más transitados de la ciudad. En la confluencia de la hipercomercial calle Pelayo, las hiperturísticas Ramblas y la Pza.Catalunya.
El lugar más discreto y tranquilo de la ciudad, jajaja...
Nos reconoceríamos entre tantos millones de personas en movimiento ? Bueno, afortudamente quedamos dentro del café.
Por las señas era mucho más fácil que me reconociera a mí, que yo a él.
Se asustaría y saldría corriendo al darse cuenta que no era un perro de raza y pedigrí, sino un simple perro callejero?
No, no. Esto no era una cita amorosa, ni sexual, - me decía a mi mismo.
No tiene por que escaparse.

Y a la hora en punto, ni un minuto más, ni un minuto menos, crucé la puerta del café Zurich, y una manita sentada justo en la mesa de enfrente la puerta me hizo señas como diciendo: Hey, aquí estoy ! Te he reconocido!.
Me acerqué, contento de disipar todos mis temores, nos presentamos, aunque no hacía falta, y mientras me quitaba el abrigo y sentaba, me pedí un café con leche para entrar en calor.
Y entonces empecé a hablar, y hablar, y hablar... tuve un apabullante e incontrolado ataque de verborrea de dos horas. Una incontinencia verbal que al primero que dejó asombrado fue a mí.
Al pobre apenas le dejé articular palabra. En algún momento que veía la oportunidad, conseguía hacerme alguna pregunta, pero eso daba pie a nuevas historias.
-Perdona, perdona- , le decía, - normalmente no soy así.
Pero no ponía mucha cara de creerme en eso.
- Habitualmente soy mucho más callado, y me siento más cómodo escuchando, - totalmente cierto, pero no sabía como hacer para que se lo creyera.
Le explicaba algo, y aún le hacía el gesto de decirle que sobre alguna cosa que le estaba diciendo, tenía que aclararle algo.
Que santa paciencia tuvo, mi pobre lector !.
Al final, y no sin razón, me dice: - puff... con tantas cosas que me has contado voy a necesitar días para ordenar y analizar las ideas,  jajaja...
Pobret meu :-)
Sé que va a leer este post, por eso le pido públicamente perdón.
La próxima vez, no me saldré del guión, seré más escueto, palabra !  ;-)

10 de marzo de 2012

El polvo preciso

Sling, pero ni el del Erotixx ni el de la Condal.
 
 
"...  me gustaría follarte en el sling del erotixx. No es una fanfarronada. ¿te apetece? ¿Podrías un día de la próxima semana por la tarde?".
Así decía parte del email que recibí aquella tarde.
Evidentemente no me costó nada aceptar la proposición, primero porque ya lo conocía y luego porque me da mucho morbo que me follen en un sling.
Sin embargo, me causaba cierto respeto su herramienta, pues esta es de buen calibre, y desde hace un tiempo que andaba yo bastante desentrenado en dar alojamiento a huéspedes ansiosos de cobijo.
De tanto en tanto, entraba uno, pero para el siguiente ya había que engrasar bien la cerradura.

Tenía, pues, que entrenar un poco mi ojete, para que cuando llegara la ocasión, no defraudar las expectativas creadas.
Al menos tener yo la conciencia tranquila de haber puesto algo de mí parte.
Y tenía que hacerlo ya.
Aunque tenía una semana de margen, tardes disponibles sólo me quedaba una anterior al día de la cita,
Por suerte, pues ello me liberaba un poco de la urgencia folletil, recibí con suficiente antelación, un breve email para posponer el encuentro a una semana más tarde, debido a un pequeño contratiempo.
Disponía de más días, sí, pero hábiles, en total, cuatro.
Tenía que decidir día y lugar, y sobre todo tomar una actitud claramente provocativa, en el sentido de dejar claro y sin rodeos de lo quería para provocar la acción sin perder demasiado tiempo.
Encontrar alguien para mamártela es relativamente fácil, pero no tanto encontrar alguien que te folle.
Aunque os pueda parecer extraño, era una tarea difícil para este perro.
El lugar, la sauna condal, pues me parecía que era el sitio donde más probabilidades tendría de follar, y el día, el miércoles, para por si acaso, tuviera éxito o no, al menos tener la posibilidad de repetir en el intento, días más tarde.

Sin embargo, resultó que el primer entreno lo tuve en el cine Arenas, cosa sorprendente e inesperada ( Post: Efectos secundarios ), aquello fue apenas un calentamiento suave y, como pudísteis leer, entre regular y olvidable.

Así que, si la cita era para que me follaran en el sling del erotixx, que mejor que aprovechar uno de los slings de la condal para prácticar folleteo y resistencia.
Las tres experiencias que anteriormente tuve de este tipo, la primera fue un visto y no visto, bastante decepcionante hace un año y pico,  la segunda, pasable, ya la conté aquí en el blog (Post: Condal) y la tercera, precisamente en el sling del Erotixx, pero no hubo jodienda (Post. De incógnito ).

La primera media hora, o incluso, los tres primeros tres cuartos de hora estuve haciendo el tonto por la sauna. Para no variar, como siempre, posponiendo las cosas.
Que si me meto en la sauna de vapor, que si me tocan, que si me animo, que si quita, que si "no he venido a esto", que si me mareo, que si me voy.
Que si me meto en el cuarto oscuro, que si me tocan, que si me animo, que si toco, que si quita, que si "no he venido a esto", que si me agobio, que si me voy.
Paseíto por aquí, paseíto por allá.
- Vamos a ver!, perro - me tuve que decir a mí mismo.
- A que coño (con perdón) has venido, si no es a que te follen y entrenen este culito estrecho que tienes, - me seguí argumentando.
Me convencí, agaché la cabeza y subí al piso donde estaba el sling.

Sentado sobre el y aún no habiéndome colocado la pierna en la agarradera correspondiente, vino un tío a palparme el ojete y directamente, sin pensárselo dos veces, se agachó y se puso a lamer y comerme el culo.
Estaba estupefacto. Gratamente sorprendido, sí, pues no esperaba ni tanta rapidez ni que se me pusiera a hacer eso, y más cuando la última vez, casi me muero de aburrimiento esperando en que alguien se dignara y decidiera hacerme algo.
El caso es que estuvo un ratillo haciéndome maravillas por los bajos. De vez en cuando metía un dedo.
Incluso dos.
Pero tan rápido como vino, se fue.
Sin apenas darme tiempo a reaccionar, otro tipo se me puso en los bajos bien abiertos, pero sólo a toquetear. No estuvo ni medio minuto y también se fue. Me quedé sólo.
No había nadie que me pudiera ver, pero por un momento tuve un ataque de mojigatería y me vinieron trasnochados y casi olvidados escrúpulos. No sé si tenía calor o estaba rojo como un tomate.
Salí casi corriendo a tomar una ducha, y volví.

Esta vez pude colocarme bien, y al par de minutos, apareció un chaval que no tendría más de 25 años, a la sombra, claro, que comenzó a tocar y magrear los muslos, para poco a poco, y sin apartar la vista del ojete desde el primer momento, bajo a explorar con sus dedos aquella hambrienta, insinuante y desesperada abertura.
No bien comenzó le dije, al tiempo que le señalaba con el dedo donde estaba los preservativos, que si quería follar que se pusiera uno.
Sin inmutarse, procedió a coger uno de los que llevaba en el tobillo, sujeto con la goma de la llave de la taquilla.
Mientras me encremé para facilitar la tarea.
Y con una suavidad, y facilidad pasmosa, me penetró con su rica polla, de tamaño aceptable.
Fue imprimiendo un ritmo medio, ni muy lento, ni rápido, ni bestia.
Realmente el polvo que precisaba, y además el que más me suele gustar.
Paraba, la sacaba... y la volvía a meter.
Para mi sorpresa también tuvo la habilidad, y a la vez, amabilidad, de inclinarse y a la vez llegar a mamármela, no en toda su extensión, pero si, bien el capullo.
En ningún momento me miró a la cara.
Tampoco hubiera visto mucho, pero bueno, que sólo tenía ojillos para mis bajos.
Ya me estaba bien. Así, bien concentradito, jejeje...
Las mamadas las alternaba con manolas, y a ver... uno no es de piedra, y le avisé que como siguiera así me iba a correr bastante enseguida.
No pareció importarle. Es más, aumentó el ritmo de ambas, polla y mano.
Y me fuiiiiii....

El chaval no sé si se corrió. Era bastante inexpresivo.
Se sacó la funda, la tiró y se fue.
Mientras bajaba del sling, más contento y satisfecho que un ocho, dos tíos de pie me miraban como me recolocaba el trapo y la toalla, mientras se magreaban descaradamente sus respectivos paquetes en un clarísimo ofrecimiento (vamos, es que no quedaba duda alguna), a continuara dando el espectáculo comiendo sus correspondientes pollas.
Esto es algo que me tengo que trabajar. Aguantar un segundo folleteo o seguir comiendo pollas justo después de haberme corrido.
La líbido se me escapa por las orejas en un santiamén, y sí, al cabo de un rato vuelve, pero ya es otro momento.

Cuando fui a las taquillas, una vez duchado, pude comprobar que tal vez sería algunos años menos de aquellos 25 que creía.
Realmente era jovencillo y guapete.
En fín, que obtuve lo que buscaba: El polvo preciso.

...

De regreso a casa, desempolvé del baúl de los objetos olvidados, un discreto butt plug que tenía aún sin estrenar y le dí por primera vez el uso que se merecía.

7 de marzo de 2012

Efectos secundarios


Que a uno le duela las mandíbulas después de una larguísima mamada puede perfectamente ocurrir, y más si llevas cierto tiempo desentrenado en este tipo de quehaceres.
Últimamente no es el caso.
O también cierto dolor de cervicales si la posición ha sido durante mucho rato un poco forzada, como cuando lames un buen culo. Esto, a lo que no estoy especialmente habituado, me ocurría cuando se lo lamía a mi ex-Amo después de algunas semanas de no requerirme.
Incluso un poco de agujetas o dolor de rodillas cuando uno ha estado mamando en cuclillas o arrodillado durante un tiempo prolongado, más de lo que pudiera ser habitual.
Estos suelen ser los efectos secundarios de una intensa mamada. Al menos los que me pasan a mí.
Lo que ya no es tan habitual es que durante un par de días me duela la nariz o la coronilla, que es lo que me ocurrió después de una prolongada y contundente follada de boca.

Nada más entrar, cuando aún no se me había acostumbrado la vista a tan poca luz, vislumbré apoyado en la pared a un tío grandote y fortachón, tipo chicarrón del norte, vaya, que al pasar cerca de él y verme, comprobé por el rabillo del ojo, que comenzó a seguirme.
Estaba llegando al final del cuarto oscuro, ralenticé mis pasos y en apenas un suspiro me alcanzó por detrás.
Me arrinconó tras la columna y sin pensárselo dos veces me obligó a agacharme en los escalones, y sin necesidad de bajarse los pantalones, se desenfundó el pistolón, que enseguida pude comprobar que era de un calibre extra.
Todo sin violencia, pero con decisión.
Me quedé sentado en el segundo escalón, ya que en esta postura llegaba perfectamente a la altura de su polla. Él, entre el piso y el primer escalón, inclinado sobre mí.
Y comenzó a no sólo darme de mamar, sino a, literalmente, follarme la boca.
A ratos sólo la punta, otras profundizaba la penetración hasta donde podía, y otras hasta donde yo me dejaba.
Tenía que respirar, escupir de vez en cuando pues con tanta acción, ensalivaba rápidamente.
Él no cesaba un instante de bombear.
Una botellita de poppers anduvo subiendo y bajando todo el rato. Tal vez eso ayudara a aguantar los envites.
Y a cada embestida, una y otra vez, la hebilla del pantalón, que también era de calibre extra, chocaba con mi nariz.
Cuando apartaba la boca podía entreveer algo de lo pasaba alrededor. Pero muy poco, ya que mi campo visual quedaba muy limitado por la columna, mi posición sentada y la envergadura de su cuerpo sobre mí.
Me hubiera gustado verme desde esa perspectiva, Un tiarrón inclinado sobre alguien del cual sólo se le veían las patitas, y un corrillo de tíos detrás de él, curiosos.
Alguno metía mano por donde podía para comprobar si realmente estaba yo mamando y el calibre del instrumento del tío.
Alguno no sólo tocaban, sino que me la sacaban de la boca, para pajearla ellos.
Pero la recuperaba enseguida.

En algún momento, no sé si él o alguien desde atrás le descordó el cinturón, y se bajó un poco los pantalones, con lo que la dichosa hebilla me dió una tregua de unos cuantos minutos, hasta que el tío, tal vez incómodo de tener el culo al aire, no lo sé con certeza, se los volvió a subir, y hebilla y nariz volvieron a hacerse íntimos amigos.
De eso era consciente.
Pero no lo era de que constantemente y a cada empujón de polla, mi cocotera chocaba con la puerta de atrás. El margen de distancia entre coronilla y puerta debía ser mínimo, ya que mi postura agazapada y atrapada en aquel rincón no me permitía mucha movilidad.
Pero golpecito tras golpecito durante una hora de reloj, me dejo un discreto chichón no visible a los ojos, pero si sensible al tacto.
El ímpetu y empeño que ponía en la labor me hacía dudar de lo que quería. Follarme la boca hasta correrse, hasta cansarse o hasta que yo dijera basta?.
Visto el resultado, creo que se cansó, después de una hora dándome sin parar. No se corrió, ni yo tampoco.
De hecho, yo permanecí completamente vestido todo el rato, sin tocarme para nada. Difícilmente me podía correr, pues.

Decir que me dejo más caliente que una perra, francamente, es poco.
No sabía si quería más pollas por arriba o las quería por abajo.
Bueno, después de esta sobredosis, sí sabía lo que quería, pero en este cine siempre he encontrado  un poco difícil hacerlo en "condonciones".
Pero parecía tener la suerte de cara. O más bien propiamente hablando, de culo.
Al cabo de un rato, estando pajeándome en las jaulas de palets, se acercó un tío conocido de vista del local, pero con el que nunca había tenido nada, y tras toquetearme me dijo, - si me la chupas un poco, si quieres, luego te follo.
Al parecer y aún a la poca luz que había, parecía muy legible en mi cara lo que ansiaba. Porque no será siempre así ?, me pregunto.
Dicho y hecho, tras la mamada de unos poco minutos, discreta follada, con un público de dos tíos más, uno que miraba y otro que me pajeaba.
Él se corrió, pero yo no.

Estaba aún en la jaula adecentándome un poco, una vez ya sin público ni follador, cuando entró otro tío que parecía que lo tenía igual de claro que el anterior.
No me lo podía creer. Dos, allí, y en la misma tarde. Increíble.
- Vamos a un lavabo y te follo, - dijo.
- Ah, pues vale,- contesté - después de comprobar el paquete, ni muy grande, ni muy pequeño.
Realmente el tío no me gustaba. Demasiado mayor y poca gracia en el tacto.
- Mámamela y ponla dura para que te folle, - continuó, una vez ya en el lavabo.
Pero no le puse demasiado entusiasmo al hacerlo, pues el pubis no le olía demasiado bien.
Y aún así, semimorcillona, el tío se encasquetó la funda e hizo amago de follarme.
Y digo esto porque sólo le entró la punta. El prepucio, vamos. El resto de la polla quedó, semiflácida, fuera.
Aún así el tío se movía, pero no su trocito de polla, que permanecía inmóvil en mi trasero.
Te gusta ?,- preguntó varias veces.
Oh, sí, - le mentía - sigue, sigue tío,- le decía, tanto con intención de mantenerle la moral, como para evitar que la sacara y me la hiciera chupar de nuevo.
Te gusta?, maricón !, exclamó.
Si, si,- seguí mintiendo.
Me encanta tener un rabo de macho dentro de mí,- le dije - cosa que es cierta, pero no era el caso.
Acabó pronto, por suerte.
Y yo me acabé de pajear para correrme.

Fueron dos polvos..
Uno regular y otro olvidable.
Sin embargo, un dolor de narices y el chichón en la cocotera me hizo recordar durante un par de días la primera hora de aquella tarde.

4 de marzo de 2012

El cuarto viernes


Aquel iba a ser el cuarto viernes consecutivo en acudir al Blue Box.
En el primero de la serie me habia liado con un tercio de la gente que pasó por allí mientras yo estuve. O sea, el 33%. El segundo viernes me enrollé con la mitad de los tíos, el 50%. Y el tercer día estuve haciendo sexo con todos, o sea, el 100%.
Menudo pendón desorejado estoy hecho, no? Bueno, eso es muy relativo, por que el primer día solo hubieron tres tíos, por lo que un tercio es sólo una persona (Post: Espontáneo); el segundo fueron dos, por lo que el 50% sigue siendo una persona (no narrado), y el tercer día también fueron dos, y esta vez si que estuve con los dos, el 100% (Post: Dos pollas).
Esta vez tenía que ser 0% y quería comprobarlo. Una tontería como otra cualquiera, u otra manera de tirar 10 €, ya para que se cumpliera o tenía que estar allí sólo, cosa que aún no ha sucedido, pero por la poquísima afluencia de personal, alguna vez tendría que ocurrir, o si hubiera gente, no enrollarme con nadie, cosa que tampoco nunca ha llegado a suceder, pues de momento, es uno de los pocos sitios que siempre, por poca gente que hubiera, me he liado con alguien.
Resulta curioso que otras veces uno acude a algún lugar donde hay 30/50 o 70 personas, por decir algo, y sales igual que has entrado.
Por de pronto, nada más entrar, quedó claro que no iba a estar sólo.
Había un chaval, de unos veinte y pocos, pocos años, muy entretenido con su teléfono móvil.
Pasé por delante y creo que ni se dió cuenta. Me puse a ver el video gay en el rincón dedicado a ello.
Durante unos 20 o 25 minutos no ocurría nada. O más bien, casi nada.
De vez en cuando oía como se abría o cerraba un cerrojo. La primera vez, salí a curiosear. El chaval no estaba. Me había quedado sólo o se había metido en la cabina del glory hole?.
Volví a mi sitio.
La segunda vez que oí el mismo ruido, hice lo mismo y ví al chaval de nuevo sentado en el mismo sitio que cuando entré, haciendo exactamente lo mismo: juguetear con el móvil. Supuse ahora, que sí se había metido en una de las dos cabinas.
Volví a mi sitio.
Al rato volví a oir el cerrojo de una de las puertas, y esta vez fui para meterme en el otro cubiculo, dejando la puerta entornada para que entrara un poco de luz y poder ver.
Que me tocaría mamar o ser mamado ?.
No tarde en descubrir como un dedillo asomaba por el agujero y detrás de este una boca se abría.
Así pues, desenfundé y metí el rabo por aquel oscuro orificio en la pared ,tras el cual se adivinaba una oscura pero cálida boca succionadora.
La mamada que siguió fue realmente impresionante que me dejó pegado a la pared una hora de reloj.
Aquello fue casi un no parar. Menuda maestría me demostraba , para lo joven que era, y la cantidad de pollas que habría tenido que tragar para alcanzar aquel nivel de perfección. O igual le era innato, que también puede ser.
A lo largo de esta hora, un tío bastante mayor apareció por la puerta y se me quedó mirando.
A lo más que se atrevió fue a tocarme el culillo. Se fué a los pocos minutos, aunque, de tanto en tanto, pasaba para mirar.
Hubo varias pausas en las que me ofreció su culo para juguetear e intentar follarlo. Pero se quedó en un intento y siguió mamando y mamando.
Yo también tuve el privilegio de comer un ratito de su rabo, mientras suponía relajaba sus mandíbulas , para luego continuar.
En algunos momentos le cogía de la lengua y jugueteaba con ella, para luego seguir dándole aquello que tanto ansiaba.
Quiso que me corriera en su boca, y así lo hice.
Después de ello, aún prosiguió unos diez largos minutos.
Salí de la cabina, fuí al lavabo y al volver lo ví apoyado en la pared, mirando uno de los videos, tranquilo, indiferente, como si nada hubiera pasado... o esperando que pasara algo con aquel señor que miraba.
No sé si pasó algo más o no, porque me fuí... flotando.


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1 de marzo de 2012

Tropezando en la misma piedra

No podía dar crédito.
Por mucho que me esforzara no podía creerme que eso me estuviera pasando otra vez, en poco más de un mes.
Las mismas náuseas, las mismas arcadas, la misma rabia contenida, la misma impotencia.
Diferente tipo, diferente polla, el otro cuarto oscuro, el mismo cine.
Esta vez no empuje a nadie, porque nadie me oprimía. No salí corriendo, pues me daba igual vomitar allí mismo.
Desde cuando una polla larga y flácida eyacula litros de leche espontáneamente, eh?.
Esto es la primera vez que me ocurre, y no se será por la poca cantidad de nabos que he comido en mi vida!. Siempre habría creido, y la experiencia me lo demostraba al 100% que una polla se corre en su grado máximo de excitación, estando naturalmente dura.
Pero no en un estado que dificilmente se podría catalogar ni como morcillona.
Pues así estaba yo, agachaíto, mamando aquel cipote que no acababa de endurecerse. No hacía mucho rato que me lo estaba trabajando, después de quitarme de encima a uno en que insistía en follarme con crema, pero sin condón, y que para ir haciendo tiempo para ver si me decidía o no, intentaba perforarme el culo con sus toscos dedos de uñas cortantes. Mira que llega a haber gente bruta.
Una vez liberado, pude centrarme en aquella verga.
Y muy confiado estaba yo que cuando comenzara a crecer, no cabría toda en la boca, me la sacaría y podría disfrutarla en toda su longitud. Tranquilamente, por partes.
Pero no. Aún medio enrollada dentro de mi boca, con el capullo tocando casi el gaznate, la muy cabrona (o el muy cabrón) no va y me suelta un chorretón de semen que me dejó no sé si más perplejo que ahogado, o al revés.
Y entre el ahogamiento y los tosidos, el tío, en vez de excusarse o preguntarme que me pasa, va y se larga !.