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26 de mayo de 2012

De cockring y buttplug

Suerte que el mío es más pequeño


Se me hacía extraño estar hablando con mi madre y sentir al mismo tiempo como si me estuvieran agarrando de los huevos.
Ella charlaba alegremente y yo, si bien le seguía la conversación, no podía evitar tener presente y de manera continua esa sensación de presión en mis nobles partes.
Se me había ocurrido, como muchas cosas, así, de repente.
Nunca se me había ocurrido salir con un cockring puesto en un día corriente.
Aunque es cierto que, en varias ocasiones, y de eso hace bastantes años, lo hice para salir de noche por algunos bares.
Era uno de cuero fino, con tachuelas, comprado en una tienda de Madrid, pero que no tardó nada en romperse.
Este nuevo era un poco más basto, duro y rígido, con lo que la opresión sobre los testículos era mayor.
Durante la primera media hora, la sensación era la que me los estaban apretando, estando estos, junto con la polla, bien hinchados.
El tiempo y el roce de los tejanos acabaron devolviendo las cosas a su tamaño habitual, aunque no a la posición natural.
Y seguía notando el cockring rodeándome los genitales, y cualquier movimiento extraño, por si me olvidaba, me lo hacía recordar.
Aunque no me molestaba.

Acabada la visita, y como no tenía prisa en volver, pasé por tercera vez en mi vida por el cine Arenas un día por la mañana, cosa que ya había decidido antes de salir de casa.
Bueno, más bien, mediodía.
La primera y segunda fueron un martes de diciembre del año pasado y un jueves de abril del presente.
No conté nunca lo que pasó, pues muy poco ocurrió.
Gente había, para mi sorpresa, pero si digo que 1/5 de una tarde laboral normal, ya digo mucho.
Y esta vez era sábado, supuestamente el mejor día, pensaba que por la mañana también.
En esta ocasión tampoco sucedió nada extraordinario.
Una pajilla con uno en el cuarto oscuro grande, sin más consecuencia que recuperar la hinchazón de huevos y polla, un aún no sé que con otro en el minicine, y paja con corrida en el mismo lugar, pero más tarde.
El aún no sé qué es porque el tío se mantuvo sentado todo el rato en una de las sillas, pero no se dejaba mamar por mí, aunque si por otro. A mí sólo me tocaba los pezones, y mamar y mordisquear los suyos.
Pero, sin embargo acabé en bolas, sin camiseta, que me quitó él, y con los pantalones bajados hasta los tobillos.
Tal vez tenía bastante con disfrutar viéndome así.
Y yo me sentía un tanto extraño tan desnudo con tanta luz, y a la vista de unos pocos desconocidos.
En una tarde normal, nunca me quedo en bolas en el minicine.


Tras la corrida, tocaba irse, pero no sin antes pasar por el lavabo a colocarme el buttplug.
Sólo lo había usado unas pocas veces, en casa, y entre 10 y 20 minutos sentado frente a este mismo ordenador desde el que estoy escribiendo.
Hoy pretendía llevarlo un par de horas; el tiempo que tardaría en llegar a casa, no sin antes comer en un pequeño restaurante del barrio.
Así que con un poco de lubricante, entró sin problemas, y salí del cine camino del metro.
Reconozco que los primero minutos resultaron muy excitantes, no ya por el gusto que sentía, que no era tanto, sino por la sensación de sentirte follado mientras caminas entre la gente.
Cada paso era un ligero cambio de posición del buttplug.
El corazón y respiración me iba a buen ritmo, pero debía de autocontrolarme y no perder la compostura.
El tejano y los calzoncillos ayudaban a mantenerlo en posición.
El cocking también hacía su efecto, pero predominaba las nuevas sensaciones.
Entre en el metro y tuve la fortuna de poder sentarme.
El ojete se me abrió más y pudo entrar más a fondo, sin posibilidad de marcha atrás. Lo sentía en lo más profundo de mis entrañas.
El suave traqueteo y balanceo del metro redundaba en un suave y placentero masajeo interno.
Me acordé entonces de los viejos y añorados adoquines de la Gran vía y carretera de Sants.
Me imaginaba sentado sobre uno de los asientos sobre las ruedas traseras de aquellos viejos autobuses que recorrían las calles de Barcelona, cuyo movimiento y traqueteo no los hacían aptos para personas con problemas en las cervicales.
Vamos, como el Estampida de Port Aventura, pero en trayecto urbano, sin cuestas y a cámara lenta.
Uff...sería una situación orgásmica incontrolable.
Pero me tenía que conformar con un desaborido moderno vagón de metro.

En el camino del metro al restaurante comenzó a molestarme.
Hubiera querido quitármelo, pero no podía.
Sentado en la silla se me hizo llevadero, pero no podía disfrutar de la comida relajadamente.
La camarera con su servicial sonrisa, y yo, con cara de circunstancias, no dejaba de pensar: Niña ! Si supieras lo que tengo metido en el culo, se te desachinaban los ojos de golpe.
Pasé del postre.
Café rápido y sin chupito, puse los pies en polvorosa.
Ansiaba llegar a casa lo más rápido posible.
El teletransportador de la Enterprise hubiera estado genial, pero me quedaban aún diez insufribles minutos hasta llegar a casa.
Me molestaba lo indecible, pero por suerte, no me dolía.
A final llegué a casa, o la casa llegó a mí. Daba igual, el caso es que sin quitarme ni zapatos ni chaqueta me bajé los pantalones y calzoncillos, y el buttplug de los cojones salió literalemente disparado, a presión.
No pude evitar reirme a carcajadas.

Desde entonces lo tengo castigado cara a la pared. :-)


17 de mayo de 2012

Semanas a otro ritmo


Supongo que el lector asiduo de este blog habrá notado cierta bajada de ritmo en la publicación de posts.
Principalmente se debe a la disminución voluntaria de encuentros en la penumbra, básicamente por tres motivos.
El tiempo que comenzaba a dedicar a estos encuentros comenzaba a ser excesivo. No en términos absolutos, pues seguro que cualquiera que salga una noche en fin de semana dedica más horas que yo en varias tardes durante esa misma semana, sino relativos, ya que mi tiempo disponible es limitado, precisamente a poco más de un par de horas, varios días entre semana, y si este lo dedico a la única actividad de perrear, dejo de hacer las otras pequeñas cosas que llenaban estos espacios de tiempo libre, como puede ser leer un libro que me guste en la tranquilidad de casa, quedar con alguien para simplemente charlar, ir al gimnasio, o cualquier otro quehacer de la vida diaria susceptible de abandonar con facilidad, pero que finalmente se hecha de menos.
Y sucede que cuanto mejor te lo pasas, más ganas tienes de tener nuevas experiencias, y contra más experiencias positivas, más ganas tengo de contároslas, para lo cual también se necesita tiempo, ya que los posts no me salen así de fácil.
Un problema añadido es que estos no los escribo al llegar a casa, ni al día siguiente, sino que bien puede pasar 10 o 15 días hasta que comienzo a redactarlos, con lo que en el momento de hacerlo puedo tener varias historias que contar en mi cocotera... y luego me lio, o simplemente me olvido de cosas y detalles, que supongo que en el fondo va bien, así la memoria selectiva va a lo importante, olvidando lo superfluo, y los relatos no se hacen interminables, cosa que creo que es de agradecer, no?.
Y luego está el económico.
El machacón mantra de los recortes con el que nos bombardean todos los días, a todas horas, desde todos los sitios y que, con diferentes intensidades, sufrimos todos, a hecho mella en mí.
Hay que recortar. Tengo que recortar gastos.
Eso significa que si antes no me miraba lo que gastaba en acudir a los sitios de encuentros, ahora si me lo controlo más, y le dedico un presupuesto máximo fijo semanal.
Que me gasto más, pues la semana siguiente a pan y agua (no ha llegado el caso). Que gasto menos, pues más para la semana próxima.
Y el tercero, el efecto Amo, tal vez más sutil y que resulta un poco más complejo de explicar, y ya lo haré en otro momento.

Y así llevo un par de meses, pero que vosotros lo habréis notado no hace tanto, porque tenía bastantes posts por subir y he ido publicando regularmente.

13 de mayo de 2012

Sobre comentarios



Hace varias semanas que en cuestión de un par de días recibí varios emails de lectores que querían y no podían dejar algún comentario en alguno de los post del blog.
Y es cierto que durante muchos días hubo cierta sequía.
Me pareció curioso y miré si por error había cambiado la configuración de la publicación de estos, pero no, todo estaba como siempre.
También probé de publicar yo mismo uno desde una de las terminales de un local habitual, y no tuve ningún problema para ello.
Con lo cual sigo sin saber donde está el fallo.

Bueno, el caso es que os quería decir que si os ocurre, no dudéis en ningún momento de enviármelo por el email a la dirección indicada en la columna de la derecha, eso sí, indicándome expresamente si queréis que lo publique o no.

Os podrá parecer una tontería que uno se alegre de recibir comentarios, pero no lo es.
Esa pequeña deferencia lleva implicita que no solamente se ha leído el texto publicado sino que ha producido una reacción suficiente en el lector como para incitarlo a escribir algo para opinar, animar, compartir experiencias, preguntar dudas, contrastar información, etc... y eso es muy de agradecer.

También es una manera de distinguir las visitas que llegan al blog,  pues lleguen y lo lean o estén sólo unos segundos para ver que no les interesa, todas quedan registradas como visitas.


Para la foto del encabezamiento habían otras posibilidades, pero creo que he elegido la más apropiada, no? ;-)











4 de mayo de 2012

Aparición Divina


A veces resulta curioso que aquello que haces durante más tiempo no es lo que marca el recuerdo de una tarde, sino un instante, una acción breve, una palabra o una mirada.
Como la última visita a Nova Bruc, después de casi dos meses de no ir.
Lo decidí, como casi siempre, en el último instante.
Fue llegar al centro y cambiar la dirección de mis pasos, del metro a la sauna.

Y no caí que ese día era el que también lo frecuentaba el zalamero que en varias ocasiones había intentado llevarme al huerto.
Me echo el ojo nada más cruzar la puerta que va del bar al espacio común de las duchas, piscina y jacuzzi, y comenzó a seguirme discretamente hasta que entre en la zona del cuarto oscuro.
Allí se me acercó y empezó a regalarme el oído y engatusarme con su palabrería.

No me suele gustar demasiado que me adulen, como mucho, lo justo como para mantener el ego  y sin más intencionalidad que esa, pero que nazca de la sinceridad, del merecimiento, del aprecio, pero sobre todo, sobre todo, me tiene que resultar creíble .

Su piropeo, evidentemente, tenía toda la intencionalidad de echar un polvo conmigo. Aprecio no me podía sentir, pues no nos conocíamos más de cuatro palabras y dos sobadas en encuentros anteriores. Merecimiento tampoco, pues nada había hecho yo que me los mereciera. Tal vez fuera sincero, pero no me resultaba, en ningún caso, creible.
Cuando la estrategia del que bueno estás, que guapo eres, te dejo hacerme lo que quieras, ya verás lo bien que lo pasamos y vamos a una cabina no le funcionó, pasó a lo mismo, pero cambiando a un te hago lo que quieras, te mamo, te lamo el culo y luego te folló.
Bien, eso me sonó mejor... no tanto en cuanto él fuera a hacerme a mí lo que yo quisiera, ya que casi siempre prefiero ser un 'mandao' y hacer lo que me piden, si no en lo que se ofrecía a hacerme, yo no tendría que implicarme mucho, sólo dejarme hacer, y eso era así, porque el tío no me motivaba.
Y no porque no me resultara atractivo fisicamente, tiene su punto, sino por su manera de abordarme.
Eso es una constante en mí, desde hace tiempo. Si me falla la actitud... por mi bueno que esté el mozo, no hay tu tía que valga.

Así que me dejé 'seducir', convencido que no me implicaría más de lo necesario para hacerme lo que quería.
Me mamó bien, me lamió el ojete mejor y la follada simplemente fue discreta.
Yo no hice nada, por raro que parezca, excepto ir pajeándolo.
Para finalizar me pidió que me corriera en su boca, cosa que hice.
Salimos, y me lo agradeció mucho. Con todo, estuvimos al menos tres cuartos de hora y si he de ser sincero, no lo pasé mal.
Pero no acabé de estar a gusto del todo.
En una situación normal, me hubiera duchado, vestido e ido.
Pero como todo ocurrió seguido y nada más llegar a la sauna, quise disfrutar un rato, por lo menos de la piscina y sus benditos chorros, y luego ya se vería.

Así me relajé un buen rato y luego me fui a dar un paseíllo por la sauna seca, la de vapor y de nuevo al cuarto oscuro.
Fue cuando aprecié también que en ambas saunas había más luz que otros días, y eso no me gustó.
Y digo también porque en la sala principal también noté más luminosidad nada más entrar.
El cuarto oscuro seguía igual, salvo que habían instalado unos pequeños y bajos sofás, a buena altura por si a alguno le apeteciera sentarse cómodamente a mamar pollas, en vez de estar en cuclillas o arrodillado.

Hubieron varios momentos de roces con el personal allí presente, y fué en uno de ellos cuando de repente como salido de la nada apareció Dios convertido en carne de Macho.
Apuesto, alto, viril, con su pelo en pecho, cuerpo perfertamente moldeado, torso perfecto, pero sin durezas.
Mi boca fue directa a sus pezones y mi mano a su prominente rabo.
Se dejó hacer un poco, hasta que me dió la vuelta y me hizo inclinar hacia delante con toda la intencionalidad que os podéis pensar.
Vamos que me colocó mirando a Cuenca, en un plis plas.
Pero no todo iba a ser perfecto. Estas intenciones parecían estar reñidas con el látex, y mucho me temía que mi dilatado ojete de aquella tarde, después del trabajito que le habían dedicado, se mostrara demasiado ansioso y complacido ante tal derroche de dominación y hombría.
Pero no. Se supo comportar, y se cerró en banda.
No pudo hacer nada más que desistir de su empeño, y volviendo yo a una digna posición, seguí con mi trabajito de lengua y mano hasta que se corrió.
La verdad es que se lo hizo enseguida, fue breve y se marchó deprisa, dejándome la miel en los labios, pues ni siquiera llegué a probar su portentosa vara.
Todo en apenas cinco divinos minutos en que acaricie el cielo, pero no entró en mí...

Así que, más caliente que una perra, hice uso de los sofacitos.
Y acabó bien la tarde.