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9 de junio de 2012

Follada en el sling




Por fin había llegado el día !
Había pasado prácticamente un año desde la última vez que lo ví, y dicho sea de paso, me folló.
Desde entonces había habido cuatro o cinco intentos de quedar, incluso alguno con fecha programada, pero siempre por algún motivo de fuerza mayor habiamos tenido que postponerlo.
Y dos habían sido los planes: uno quedar junto con un amigo suyo y dejarme hacer, y ahí cada uno que piense lo que quiera, y el otro follar en el sling del Erotixx.
Todos los encuentros anteriores habían sido en el marco de las primeras quedadas que tuvimos en este sexshop de Barcelona, entre febrero y mayo del año pasado.
Él se había caracterizado por sus discretas y breves, pero no por ello menos satisfactorias actuaciones.
Aparecía discretamente surgido de la nada, participaba un rato no demasiado largo, pero el suficiente para follarme, y tan sigilosamente como había venido, desaparecía.

Un sms a media mañana confirmaba la cita, y fue cuando comencé a ponerme nervioso.
Me acordaría de su cara? Y él de la mía?.
De su polla, sin duda que me acordaba, pues gracias a Dios, cuando me follaban, esta no era la primera que solía entrar y eso era de agradecer pues de este modo, el culillo ya estaba un poco dado y entrenado para la suya, que no es que fuera espectacular, pero sí un poco más gruesa de lo que puedo estar acostumbrado.
Sabiendo que iba a quedar de manera casi inminente, hace unos meses hice cierta preparación follatinesca, como bien sabéis por mis relatos, ya que hacía meses que no practicaba la penetración receptiva con cierta asiduidad, y tenía que recuperar un poco de elasticidad anal.
Aunque también es cierto que estas últimas semanas me habia relajado un poco en estos ejercicios.

Y allí nos encontrarmos, sin problemas nos reconocimos, y directos fuimos a la cabina del sling.
No necesitábamos presentaciones.
Entramos y dejando la puerta abierta, comencé a sobarle el paquete y lamer y mordisquearle los pezones, para elevar un poco la temperatura ambiental, entre otras cosas.
Rápidamente puestos en situación y con la cosa elevada me dispuse a realizar un trabajito oral, que no de oratoria.
Fue breve ya que al poco me indicó de subirme al sling para follarme.
Me quite todo lo que me sobraba, dejando la ropa en un rincón y quedándome desnudo de cintura para abajo, me acomodé en el balancín de cuero y cadenas.

Y con el condón puesto, un poco de lubricante y poppers nos pusimos a la acción.
Pero las prisas no son nunca buenas compañeras.
Aunque él estaba perfectamente empalmado, mi culete no estaba suficientemente dilatado, y a pesar que entró bien por el gel lubricante, me dolió, ya que no estaba relajado.
Y el dolor no cesó en ningún momento, a pesar que me estaba follando con un movimiento rítmico lento continuo. El apropiado para el momento, vaya.
Pero, a pesar que en varias ocasiones le dije de parar, para volver a entrar seguidamente, no conseguía mitigar el dolor.
Debo aclarar que este no era aquel dolor insoportable que te llega hasta lo más profundo de las entrañas cuando te la meten a saco, y el cual sigue doliendo un buen rato después de haberla sacado, y te corta el rollo casi definitivamente, sino un dolor aguantable, molesto pero soportable, que cesa al detenerse la penetración.
Y aquí también tengo que matizar que aunque cada uno tiene un limite en la percepcion y tolerancia del dolor, yo, al menos, soy capaz de erotizar algunos de ellos, excepto, entre otros, el anal.

De vez en cuando se asomaba alguien a mirar.
Algunos se quedaban unos segundos más que otros, pero ninguno se mostraba muy dispuesto a participar, pero esto ya no lo achaco tanto a la falta de voluntad, sino más bien al escaso espacio disponible y al  nulo que queda en el lateral del sling.
Por otra parte, mi cara debía ser un poema, retorciéndose entre muecas que, ante un observador dudaría en saber si era de placer o dolor,  y mi pichilla reducida a la mínima expresión, no tenía por donde agarrarla.

Finalmente la sacó, e instantáneamente aliviado, mi polla comenzó a recuperar la compostura.
Tras quitarse el condón, continuó pajeándose, mientras yo alcanzaba a acariciarle su peludo torso y me atendía a mí mismo.
Uno que andaba por ahí, finalmente decidió entrar y participar aunque si bien, sólo se limitó a tocar desde atrás los pezones y pectorales de mi follador particular.
Llegó al climax, y se escurrió, echando sobre mis huevos y la entrepierna su cálida y blanca leche.

Se vistió rápidamente, y tal cual se marchó, no sin antes ayudarme a limpiarme un poco.
Me bajé del sling, y comencé a verstime de nuevo.
Pantalones, calzoncillos y zapatos habían quedado en un rincón del cuartito.
Poppers (que ya se había llevado), crema y condones, a mano sobre la botonera.

Allí, ya sólo, comencé a reflexionar.
Había estado bien, pero podía haber estado mucho mejor si yo me hubiera dedicado más rato a estimularme, para darme tiempo a calentarme y facilitar el relajamiento muscular anal que precisaba.
Y es que estas cosas, en las fantasias, no suelen ocurrir.
Todo sale perfecto.
Bueno, otra vez sería, con más tiempo y preparación.

Salí del cuarto.
La tarde apenas había comenzado...


Nota: Los de la foto no somos nosotros ;-)

3 de junio de 2012

Café Zurich



8 de mayo era la fecha elegida.
Aún faltaban más de dos semanas, pero era el único día que, a priori, a ambos nos iba bien quedar.
Pero tampoco era una fecha certera al 100%, pues como le indiqué, aparte de los imprevistos posibles, yo tenía una cita a falta de concretar fecha, pero que tenía prioridad.
Por su parte, también existía la posibilidad real de anulación en el último momento.
Así que mientras tanto, él se tenía que contentar con las entradas del blog, y yo recibiendo sus amenos y muy interesantes emails.

Poco a poco se iba acercando el día.
Habiamos elegido el café Zurich como lugar de encuentro, ya que para ambos nos iba perfecto dada su ubicación y tal vez el lugar era un recurrente, ya que fue el sitio donde me cité con el primer lector que quería quedar para hablar y conocernos.(Post:Pidiendo perdón).
Ya había quedado anteriormente con otros, pero estos fueron encuentros directos ya en el Erotixx, sin certeza absoluta si iban a acudir o no, y ya para meterse en acción nada más llegar, sin más preámbulos ni explicaciones. (Ver los diferentes post sobre Erotixx de principios del 2011).
Reconozco que esa manera de quedar tiene mucho morbo, ciertamente.
Sin embargo, me da más apuro, e incluso vergüencita, quedar para hablar.
Y que digo yo? Y que cuento?.
Pensar en que tenga que llevar la iniciativa de la conversación, sinceramente, me espanta.
Y si se aburre? Y si le caigo mal?
Esto es casi más difícil de controlar, porque uno puede hablar por los codos pero no resultar mínimamente interesante, y caer bien o no, a veces, depende de sutilezas.

Y llegó el día.
En los emails previos nos habiamos dado una ligera descripción física y al menos por mi parte una muy detallada descripción de como iba a ir vestido.
Por su parte fue más escueto y lo más indicativo fue "un tejano y posiblemente un polo granate".
Merda!, casi todo el mundo lleva tejanos, y de la otra prenda no estaba seguro.
Esperaba que al menos, lo que llevaba fuera granate, y que este no fuera color de moda de este año.
Por otra parte, doy fe que lo que entiendo por granate, hay gente que lo llama lila, violeta, rojo oscuro, sin entrar en las más imprecisas teja subido, tono burdeos, etc...
Podría haber sido peor, pues si bien en cuestión de colores siempre hay infinidad de matices y definiciones, que dependen muchas veces de los ojor que lo ven, no quiero pensar si me llega a decir que iba a llevar la colonia tal o cual.
Nunca me ha ocurrido, pero nunca se puede decir "De este agua no beberé "ni" Este cura no es mi padre".
Y aunque soy un perrete muy olfativo, soy casi incapaz de nombrar o definir un olor.
Por si acaso  no nos encontrábamos, o tuviera que anular el encuentro, en el último email le pasé el número de móvil, haciendo hincapié en que sólo lo usara para enviar mensajes sms.

A la hora prevista, puntual y exacto como un reloj suizo, aparecía por la esquina del café.
Mientras andaba dirigiéndome al punto exacto, que para más detalles era junto al kiosko, comencé a escudriñar a todo paseante y esperante que había o me parecía.
Me sentía como el ciborg de Terminator o cualquier otra pelicula de ciencia ficción, recopilando toda la información que obtenía y analizando y cotejando con mi base de datos para dar con el individuo preciso, aunque no con las mismas intenciones que estos engendros, claro está.
Bingo!, fue fácil y rápido.
Aspecto, altura, tejanos y color del polo correcto.
La edad era el único dato discordante, pero dado mi mal ojo para este detalle, decidí obviarlo.
Parecía más joven de lo que me había dicho, y esto, normalmente suele ocurrir al revés.
Y fui directo y me presenté.
Bueno, no fuí y le dije "soy perro", sino "hola, eres tal?".
La respuesta fue afirmativa, y tras unas palabras más para ir cortando el hielo, entramos al café Zurich.
Tuvimos una más que agradable charla sobre el blog y nuestras respectivas circunstancias, afortunadamente, más o menos al 50%, o al 60/40, pero esta vez, al menos, no tuve ningún ataque de incontinencia verbal, ni mutismo extremo.
Una cerveza y un café con leche acompañaron dos horas de conversación que se nos pasaron volando, y luego cada uno a su casa.

No obstante, siempre me pasa que cuando me quedo sólo suelo reflexionar sobre lo hablado y demás detalles verbales o no, y casi siempre me quedo con la dudas habidas antes del encuentro, aunque no son preguntas que me atormenten.
Le habré aburrido mucho? Le habré caido mal?.
A veces esto ya resulta evidente mientras se desarrolla la cita, otras veces, tal vez por cortesía y educación se mantiene el tipo, y luego, si te he visto no me acuerdo. Y todo queda tan bien.

Al cabo de pocos días recibí un nuevo email en el que comentaba con satisfacción, aunque brevemente, nuestro encuentro.
Y otro email posterior para quedar y seguir con la conversación, u otras cosas...