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16 de septiembre de 2012

El primer día (Por la noche)





No entendía casi nada.
Aunque tenía claro que aquello era español, por el marcado acento peculiar del sur, pero que con sus modismos y particularidades dialectales, se me hacía bastante difícil entenderle.
No podía precisar de donde, exactamente.

De no ser español, los politicuchos de tres al cuarto, que si ya ni sabiendo gestionar la cosa pública se atreven sin mayor vergüenza con las cuestiones puramente culturales, y sus hordas carpetovetónicas que los animan y jalean ( o tal vez sea al contrario ), ya lo habrían elevado a la categoría de idioma diferenciado, por aquello del divide y vencerás, le habrían dado un singular nombre local, sin importarles lo más mínimo si rayara el ridículo, y lo habrían catalogado sobre el papel (mojado), como mucho, de especial protección, pero a la hora de darle visibilidad poner todos los impedimentos, y eso sí, lo más limitado posible al territorio, no vaya a enterarse el vecino, que entonces querrá lo mismo. Actitud muy arraigada.
A sus propias diferencias, y no sé si eso es peor, las relegan a la categoría de "de paletos y pueblerinos" intentando obviar al máximo dicha riqueza, excepto cuando se trata de hacer comedia, bromas o burlas.

Pero bueno, el caso es que tenía serias dificultades, añadido a la música que sonaba y al video que tenían puesto, que si bien estaba subtitulado, algo se oía.
Era un señor bastante mayor y de aspecto dejado, por lo que no me interesaba mucho desde un punto de vista erótico-sexual, pero tampoco, como decía, podía corresponderle con una educada conversación hasta que al menos, acabara mi cerveza.
Aquella noche también habían otro par de señores muy mayores danda vueltas en el Lovers, y un par de maduros, pero no tanto, en la barra.
Apuré la bebida y marché.
Como primera etapa de la noche, había sido muy decepcionante.

Entré en el Bears, a diferencia de el día anterior, esta vez sólo.
Y la primera impresión fue que estaba bastante menos concurrido que el día anterior.
No me sorprendió, primero porque era más temprano y luego porque era lunes.
Tras pedir una cerveza, bajé a la zona más interesante del local.
Tampoco había mucha gente, y la mayoría estaba quieta, apoyada en pared, tomándose su bebida y viendo la gente pasar.

Me acordé que, aparte de preservativos, lubricante y una botellita a la mitad de poppers (la otra se la llevó el vasco), también llevaba una cadena y un cocking de cuero atachuelado, así que aproveché que me metí en el lavabo para ponerme la cadena a modo de collar, y el cocking a modo de fina muñequera, en la derecha, como buen sumiso que se precie.
A ojos profanos no serían más que unos adornos, pero ojos iniciados captarían el mensaje.
No esperaba mucho, más bien nada, pues soy plenamente consciente que este mundo tiende de manera vertiginosa al vacio de contenidos y significados, para quedarse en la estética y lo aparente.

Me fuí hacia el pasillo de las jaulas, pasada la cruz, y me metí en la última.
Unas manos me captaron de inmediato, palpando y sobando.
Como no, mi habilidad por facilidar los tocamientos se hicieron presentes, y en un visto y no visto, mis pantalones pronto se encontraron acariando el suelo.
- Quiero follarte-, me dijo, tras unos minutos de apresurado calentamiento.
Joder!, en este pueblo no andan con chiquitas ni remilgos, pim, pam, y dentro-, pensé, recordando la experiencia de aquella misma tarde en la sauna.

En un abrir y cerrar de ojos, dicho, hecho y acto consumido.
Quedaba claro que aquel día era el de las dificultades lingüisticas y los polvos express.

Recobré fuerzas tomándome otra cerveza.
Es un decir, pues por lo breve, tampoco llegué a cansarme.
Anduve paseando mucho rato entre la poca gente que había en el local. No había mucho movimiento, ni mucha implicación del personal.
Al final, se la acabé mamando a un tipo de buen ver, extranjero por la aparencia y su mutismo, cuya única pega es una horrorosa y ajustada camisa negra brillante con letras plateadas, hortera donde las alla, pero con una rica polla de buen calibre.
Claro, que para saber esto último, tuve que profundizar.

No apure hasta la hora del cierre, ya que queria visitar algún local más, aunque más con la intención de descubrirlos, ubicarlos y valorarlos para las noches sucesivas.
Localicé el Pippermint, pero estaba cerrado.
Y me metí en el The Look.
Tres tíos, en un rincón de la barra y en armoniosa camaradería, compartían un trozo de pastel.
Eso y los cuatro euros que me costó la cerveza fue lo más destacable de mi visita.
La interesante zona de cruising que dispone, de haber habido alguien allí, evidentemente, no compensó.
Era un desierto. Así que decidí dar por terminada la noche y dirigí mis pasos hacía el hotel.

El global del día no había resultado del todo mal.
Equilibrado, una follada y una mamada aceptables por la tarde en la sauna H2O, y una follada y otra mamada interesantes por la noche en el Bears Bar.
En ambos sitios, la acción muy concentrada al poco de entrar y ambas folladas de categoria express.

No me podía quejar.