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16 de octubre de 2012

Flor de Escocia




Si podía ser peor, pues así había sido.
Ni cuando entré, ni cuando salí, había nadie, excepto el joven y guapo camarero.
Así estaba el Lovers, a primeras horas de apertura del aquel miércoles.
El video me lo sabía de memoria, y sin nadie con quién practicar las frases que había aprendido ni con quién compartir mi cervecita, no dediqué más tiempo de lo estrictamente necesario en apurar la bebida e irme.
Me despedí del local, pues no pensaba volver ya al día siguiente. Cambiaría mi primera parada de caza, visto los nulos resultados que, excepto el primer día (post.: La primera noche, en sus varias partes), cada noche me comía los mocos en solitario.

En el Bears Bar parecía que había un poco más de gente que el día anterior.
Por de pronto, ya me pareció impagable ver como estaban dando por fin uso al sling.
Sobre el había un tío, desnudo de cintura para abajo, bien espatarrado, esperando recibir la polla de otro tío, de mediana edad, que se estaba preparando para ello.
Me pareció conmovedor ver hacer uso del sling con tal desparpajo, sin ningún tipo de pudor, más teniendo en cuenta que no se estaba ubicado en ningún lugar apartado ni escondido, sino en todo lo contrario, a un lado, pero bien visible, y con suficiente espacio para que otros pudieran añadirse a la acción, y otros pudieran verlo con perspectiva.
Como envidiaba al tío que estaba tumbado!.

Por ahí también estaba el tío de la camisa hortera, de los días anteriores, sólo que estaba vez llevaba otra, más discreta.
Casi con el mismo ritual que en los días predecentes, fue verme entrar en la zona de jaulas y seguirme para darme de mamar, aderezado con una suaves tortas cuando sus manos quedaban libres de marcarme el ritmo de mi cabeza.
Conocido el guión, los diez minutos pasaron rápido.

Para mi sorpresa, esa noche me encontré en el local con un tío de corta barba, bigote, con pantalones, chaleco y muñequera de cuero, con alguna que otra cadenilla. Vamos, con una discreta estética leather.
Sin embargo, la posición de la muñequera indicaba que era sumiso, por lo que había poco que rascar.
No me libré por ello de un buen repaso, pues recordando algún comentario que me habían hecho alguna vez, tengo pinta de los frecuentan estos tipos de locales más durillos de lo habitual. Si a eso le añadía los tonos caquis de la ropa, la cadena que llevaba de collar, y tira de cuero atachuelada en mi muñeca derecha, perfectamente pasaba por uno de los suyos.

Nos cruzamos en diferentes ocasiones, siguiéndonos luego con nuestras miradas. La noche iba pasando y allí no había Masters, ni que se le parecieran, así que llegando a otro cruce entre jaulas, me agarró del brazo introduciéndome en una de ellas.
Comenzó un juego de tocamientos, estiramientos y retorcimientos de pezones, algún morreo y lengüetazo, para acabar de rodillas comiéndole el rabo, entre torta y torta. El tío era muy peludo de cuerpo, pero del tipo "crecimiento libre", por lo que evite el roce cuerpo a cuerpo.
Afortunadamente, si el tío era sumiso, cambió de rol, a dominante suave, que ya es algo,( a veces se agradece que haya switches), cosa unos pueden más que otros, y aunque yo no acababa de estar del todo cómodo y satisfecho con él, pues le faltaba un punto de convicción, y supongo que tampoco él, pues se esforzaba poco en ser lo que no era, el asunto no duró demasiado como para tener la sensación de haber perdido el tiempo, y al menos, ambos,  no nos fuimos de rositas.

Tras la cervecita de rigor y la pausa que le acompaña, me dejé seducir por un tío majete al que ya le había echado el ojo anteriormente, y parecía interesado en mí, en el último pasillo.
Ya os podéis imaginar lo que tardé en acabar de rodillas, y mamando. Exacto, "ná" y menos.
A ver... tenía una polla interesante, morcillona, de calibre apetecible, y uno no es de piedra.
Sin embargo, y para mi sorpresa, un tío joven, alto y delgado parecía reclamar de mis servicios orales.
No era el aspecto lo que me sorprendió, sino el hecho de que un tercero quisiera participar. Eso me suele encantar, pero era la primera vez que ocurría en todos estos días.
No quise perder la oportunidad de comerme dos pollas a la vez, o al menos alternativamente, así que me zampé a la que pude su larguirucha verga.
Pero dicen que la avaricia, y por lo visto la gula y la lujuria también, rompe el saco. Pues me quedé sin el primer tío.
A la que vió que iba a compartirme, se largó.
Ya me parecía raro que se llegara a dar un encuentro a tres, por la experiencias habidas en los días anteriores.

Así que me concentré e intenté esmerarme en el plato único.
No tardó en comenzar a parlotear en un inglés ininteligible. Y no ya porque fuera sólo inglés, que ya me cuesta, sino que el tío iba bastante 'mamao', y entiéndase aquí como bastante borracho.
Si ya resulta difícil entender a un borracho local, imagináos a un foráneo.
'Sacmaicam', pude oirle decir en varías ocasiones, 'sacmaicam'. Y aunque esto no lo había aprendido del video del Lovers, supuse que quería decir 'Suck my cum', a lo que aquí el menda le dijo: "Tararí,que te ví", y lo dejé 'plantao', no sin escuchar, a medida que me alejaba, unos cuantos improperios.

A ver, pierdo una rica polla, para mamársela a un inglés borracho, que no entiende ni él lo que dice, y tragar o lamer su corrida de británico semen?. No, no, ni hablar. Uno es perro, sin mucho pedigrí, pero con cierto caché.
Si me hubieran obligado, pues dale que te va. Pero como no era el caso.
Y lo de la nacionalidad es meramente anecdótico. Lo que no soporto es a los borrachos, sean de donde sean.

Al poco de dejarle, me crucé de nuevo con el de la polla morcillona e interasante.
Me daba cierto apuro abordarle, pero me atreví, y para mi sorpresa, me correspondió.
Volvimos al punto que lo habíamos dejado, o sea, yo agachadito mamándo, pero un poco más en medio, en el pasillo de las jaulas.
Entonces pude saborear tranquila y gratamente aquella rica polla.
Estuvimos un buen rato también magreándonos, hasta que me atreví a preguntarle si quería follarme.
Le dí un condón, y mientras se lo ponía, me lubriqué el ojete.
Entró finamente, sin esfuerzo ni dolor, y comenzando con  un suave bombeo, seguido de leves pero continuos cambios de ritmo.
Una maravilla de follada, sinceramente. Y obviamente, le obsequié con una espléndida corrida por mi parte, que además, cosa que él no sabía, era la primera de esas vacaciones.
De donde eres?-, le pregunté.
Sorry?-, me contestó. Vaya !-, pensé. Esto, que...Where are you from?.
Oh!, I'm from Glasgow, Scotland.
...

Mmm... deliciosa flor de Escocia había comido, y con ella, me habían follado. Y gozado...
Y corrido !!!
Siempre me han caido simpáticos los escoceses


11 de octubre de 2012

Cruzando el meridiano.



Miércoles.
Dormí poco y mal.
Me levanté con la cabeza embotada y muy lento de reflejos.
Me costaba hasta pensar, así que viendo la situación pensé en tomarme el día desintoxicándome.La noche sería otra cosa.
Así que de momento, la cerveza, ni olerla.

Desayuné poco y me fuí a la playa.
Volví mejor, pero aún me notaba a medio gas.
Una ducha antes de comer, y una comida suave hicieron que me recuperara bastante de la noche anterior.

Por la tarde, y viendo el limitado horario de la sauna H20, decidí acudir un poco antes que la otra vez.
Además, sabiendo ya donde estaba, iría directo, sin perderme.

Al cabo de un rato de estar allí, me dió la impresión que debía ser el día del francés.
Y no era porque todo el mundo la estuviera mamando, no seáis mal pensados, sino porque casi todos los presentes hablaban la bella lengua de Molière.

Al menos los que algo decían, como un pequeño grupo de cuatro altos mocetones, que más que galos parecían nórdicos, y más que haber venido a tomar una sauna, o a tener algún escarceo sexual, parecía que hubieran venido de visita turística.
Y como tal, fue casi un visto y no visto. Rápidamente desaparecieron.
Tal vez tenían el autocar del Tour Operator  esperando en la puerta, aunque yo no lo ví.

Los que quedaban no me motivaban mucho, así que me metí en la pequeña piscina, a hacer compañia a un par de señores que allí estaban.
Enseguida comenzó el más cercano a rozarme discretamente y al ver que no lo rechazaba, pasó al toqueteo sin pudor de mis partes, piernas, pezones y pectorales.
Pero cuando le dije que no quería ir a una cabina cuando me lo propuso, paró y se salió de la piscina.
Esto dió la oportunidad al otro que allí estaba, francés y más mayor, que no se había acercado hasta entonces, a donde estábamos.
Simplemente miraba.
Se aproximó y comenzó de la misma manera que el anterior, pero esta vez fui yo quien prefirió parar ya que me propuso que lo follara allí mismo.
Me sequé un poco, y me dirigí al pequeño cuarto oscuro, al que me siguió el primer tío de la piscina, que por lo visto, no se había marchado muy lejos.
Y ni corto ni perezoso, me cogió del brazo, llevándome a una cabina e insistiendo en su proposición.
Una vez allí, cerró la puerta y una vez sentado, se me puso a mamar, lubricádome bien el cipote, mientras sus dedos comenzaron a jugar con mi ano.
No bien pasaron unos minutos, que dejándome hacer, sacó un condón y me lo puso, en un abrir y cerrar de ojos.
El tío tenía muy claro desde un principio lo que quería hacer conmigo. A saber, llevarme a un cuarto para que me lo follara.
Vamos, lo mismo que yo. Que me follen, pero sin importarme mucho el sitio, para dar oportunidad a que se apunten terceros.
Tenía que follarlo, y a ello me puse. Aunque me tocaba la parte activa, me sentía utilizado, así que no tuve  problemas para empalmar y cepillármelo.
Y valga decir que lo disfruté, y doy fe que también él lo pasó en grande, pues creo que no esperaba mucho de mí, al hacerme primero el remolón, bueno, mejor dicho, haberlo rechazado directamente y luego por el tener que "obligarme" a penetrarlo.
Acabé hecho polvo del polvo, valga la redundancia, pues hacía bastantes días que sacaba mi parte activa, y eso que, después de tres días seguidos de las historias aqui narradas, aún no me había corrido ni una sola vez.
La tarde en la sauna acabó con un tipo, supongo que inglés, que no paraba de decirme "goodboy, goodboy" mientras procedía a hacerle una buena mamada, en el cuarto oscuro.

Fué al salir cuando me dí cuenta que estaba en el mejor momento del día.
Me había recuperado del todo, y ya pasado el meridiano de mis cortas vacaciones, comenzaba la recta final.


4 de octubre de 2012

Cervezas




Martes.
El día había sido muy tranquilo y relajado.
Después del día completo que había tenido, me apetecía sol, playa, leer y comer poco.
Pero llegó la hora, y pasando de cenar, salí a ver, de la misma guisa que el día anterior, que me deparaba de nuevo la noche.

Como buen animal de costumbres, comencé por el The Lovers.
No había nadie más que el joven y amable camarero.
Me pedí mi consabida cerveza, mientras esperaba.
Y esperar por esperar me fui a la salita donde ponían el video. Desde allí podía observar quien entraba, si es que entraba alguien al local, y si se atrevían a pasar más allá de las cortinillas en dirección a las cabinas, cuarto oscuro o lavabos.

Entraron un par de personas, que se quedaron en la barra.
Mientras, me entretenía viendo el video que tanto por la temática, de entrevistas con jovencitos y posterior pajilla, como por repetido, pues era el mismo que las dos noches anteriores tenían puesto a la misma hora, se me hacía tremendamente aburrido.

Aunque no me iba del todo mal, pues a fuerza de repetir entrevistas, iba memorizando los subtitulos en inglés.
Como te llamas?, Que edad tienes? A que te dedicas y cuales son tus aficiones?, eran básicamente las únicas preguntas que les hacían, para luego pasar a las manolas.
En algún momento entró alguien más, pero nadie pasaba más allá de la barra.
Aburrirme por aburrirme me encerré unos minutos en una de las cabinas con gloryhole, a esperar que apareciera alguna rica polla que llevarme a la boca.
Estas tenían un falso cristal, espejo del otro lado, para ir viendo pasar al personal.
Pero nadie pasaba, y mientras me contentaba con seguir apurando la birrilla.
Fue acabarla e irme.

Me dirigí al Pippermint, que por fin encontré abierto.
Muy pequeño, y con apenas la barra y el espacio para pasar.
Pedí una cerveza, como no podía ser de otra manera, a un morbazo de camarero, amable y muy simpático.
Decoración y ambiente me encantó, aunque el lugar parecía exclusivo para ingleses y afines, unidos en buena camaradería, parecía que casi todos se conocían.
Había leído no recordaba donde que había un sling, pero me fué imposible dar con él, ni ví puerta alguna que no diera al lavabo, al único sitio donde aparentemente se podía ir.
Fué detrás de esta puerta donde ví un poco de acción. Un tío mamándosela a otro.
Y aparte de otra cerveza y de una ronda de chupito que invitó a todo el personal el hermoso macho que hacía de camarero, no sucedió nada más, ni digno ni indigno de mención.

Así que mi siguiente parada fue el Bears Bar.
Era la hora sobre la que había ido los días anteriores, sin embargo había menos gente, tanto en la planta del bar como en la de abajo.
La semana iba claramente cuesta abajo, en cuanto a gente en los locales se refiere.
Me pedí una cerveza, por aquello del no mezclar, y era ya la cuarta de la noche.
Las que me había tomado durante el día, en la comida o para refrescarme en algún momento, no las había contabilizado.
Bajé a la zona de cruising y enseguida reconocí al tío de la camisa hortera del día anterior, básicamente porque no había cambiado de indumentaria, y al cual obsequié con una deliciosa mamada.
También me reconoció él, pues fue verme y seguirme.
Y allí, en el recoveco más alejado que era un pasillo que iba de las jaulas de madera al sling, tras unos breves toqueteos, le dediqué un nuevo trabajito oral.
Efectivamente era él. Su manera de cogerme la cabeza para imprimir ritmo y las pequeñas bofetadas que me iba arreando no dejaba duda.
Y al cabo de unos diez minutos, tal como el día anterior, tras separarse de mi boca, se perdió en una abundante cascada lechosa.

Otra vez sólo, me dediqué a deambulear por el local semidesierto.
Gente había, pero los espacios vacíos destacaban bastante más. Muchas veces, cuanto menos gente hay en un local, más decidida o atrevida se vuelve la gente.
Supongo que debe ser porque deben bajar el nivel de exigencia para comenzar a enrollarse con alguien.
Sin embargo, esto entonces y allí no ocurría.
Tal vez no se llegaba a la masa crítica necesaria.
La noche pasaba con apenas roces y más cervezas.

Entre uno de los ires y venires, al doblar una esquina, de repente me encontré con un pared que no estaba antes allí.
Aparte de la sorpresa, no lo entendía.
- A ver, céntrate,- me hice pensar a mí mismo. No es lógico que las paredes aparezcan así, de la nada, por lo que lo más probable es que, o no has hecho el giro completo, o has girado por el sitio equivocado, cosa a todas luces más posible que lo de la aparición espontánea.
Y lo que me vino al pensamiento como una revelación fue el descubrir que estaba traspasando mi umbral de tolerancia al alcohol y que no eran las paredes que se movían.

Aún así, insistí, y más mal que bien subí a por otra cervecita.
Botella en mano, me metí en el lavabo, y me puse a mear en uno de los urinarios, con un brazo alzado agarrándome de una cañería, la birra en la otra mano, tambaleándome ligeramente y con los pantalones bajados hasta las rodillas, la polla suelta y todo el culo al aire. Bien visible.
Hay que ver como se desinhibe uno cuando priva un poco más de la cuenta !.
El primer tío que entró, se colocó enseguida detrás mío, palpándome las posaderas.
Pero apenas duró la ilusión de un suspiro, pues entró otro, y rápidamente me dejó sólo y se metió (o escondió) en el lavabo.
Por lo visto, la desinhibición no estaba equitativamente distribuida entre los clientes.

No me preguntéis como, pero aún no había salido del lavabo, que el suelo se estrelló contra mi botella de cerveza, y me quedé sin poder acabármela.
Con los pantalones no bien subidos del todo, y dejando ver medio culillo me fué hacia el fondo del local.
Y allí tuve una follada express, que si bien controlé los prolegómenos, fué tan rápido que ni me enteré de la pinta del tipo que me folló.

Tras, según mis cuentas, seis cervezas, dí por terminada la, un tanto, lamentable noche.
Mientras la calle se balanceaba como un columbio en un incesante vaivén, el hotel a lo lejos, poco a poco se fue acercando.
Hasta que la vacía cama me encontró.