Páginas

22 de febrero de 2013

Mediodías en Nova Bruc




Me dirigía al centro de la ciudad, como casi cada día y me vinieron, como quien no quiere la cosa, pensamientos calenturientos de los últimos días que había ido a la sauna.

Era uno de esos pocos días de este invierno que, de momento, habia hecho frío. Apetecía una inmersión en algún ambiente más cálido, y que mejor que una sauna?

La calidez de la sauna de vapor y la sequedad de la sauna finlandesa estaban asegurados. Para mi recién pasado resfriado no creo que me fuera mal, siempre que controlara un poco.

Mientras llegaba iba recordando.
Los dos veces fueron a mediodia, hora muy inhabitual para mi, allá por noviembre.
De ambos días recordaba que a pesar de no haber demasiada gente, sí había cierta variedad, cosa que tampoco garantiza nada.
De hecho ni la cantidad de usuarios ni la variedad de estos, es garantía de pasar algún rato, llamémosle, interesante.
Depende de los ánimos propios y predisponibilidad de los otros, en mi caso, claro. Si ambos son coincidentes en buen grado, cualquier cosa puede pasar. Si no, la cosa se complica.

El primer mediodía no tenía yo demasiadas ganas de buscar actividad y me conformaba con pasar un rato calentito entre vapores y disfrutar de las aguas y chorros de la piscina.
Por de pronto, mi gozo en un pozo. Aquel día hubo un problema y las aguas estaban frías.
Cuando me metí, al nada de entrar, en la sauna de vapor, decidí colocarme al fondo, en el estrado superior.
Siempre he pensado que la bancada inferior se sitúan aquellos que quieren mamar, y en la superior aquellos que prefieren que se les mame.
Sé que no hay ninguna regla escrita, pero la experiencia y la comodidad que implica cada posición para los diversos quehaceres así lo indica.
Y así, al poco rato de sentarme, se acercó un chico latino de buen ver, según había podido comprobar en una primera inspección del ambiente de aquel día, y sin más se puso a comer de mi polla.
Ya me iba bien, y reconozco que no lo hacía mal el chico.
Personalmente siempre prefiero mamar yo, pero de ver en cuando...
Estuvo un rato hasta que entre el calor húmedo del vapor y los calores internos que me estaba sacando con aquella buena mamada, tuve que decirle que lo dejara, que necesitaba salir porque me estaba mareando.

Tras una ducha y un pase por la sauna seca me fui hacia el cuarto oscuro, donde recibí unas cuantas caricias furtivas, en la zona habilitada como microlaberinto, por llamarle de alguna manera, por dos tabiques que instalaron, con sendos gloryholes, ambos de considerable tamaño.

Y de entre ellas, las de un tipo fuerte, generoso en prietas carnes y velludo., que acabó llevándome a uno de los cuartos donde después de juguetear con mi ano, acabó follándome, el tumbado y yo sentado sobre él, en horcajadas, dándole la espalda ( y el culo, obviamente).

Aquel primer día, para no ir yo con muchos ánimos, acabó bien la cosa.

Pocos días más tarde, unos quince días más o menos, volví a acercarme un mediodía.

Fui más animado, pero no había tanta predisposición por parte de la gente que allí había.
Por muy dispuesto que yo esté, no suelo entrar nunca a saco a nadie, sino más bien lo contrario, me dejo ver, me acerco, espero alguna señal por parte del otro, tanteo, dudo, y vuelvo a dudar, y a veces acabo desesperándome de la falta de iniciativa ajena, por lo que sobreponiéndome a mi innata condición sumisa, acabo dando un primer paso.
Luego si la cosa fluye o no es otro cantar.

Llegué a aburrirme aquel día, así que, para no dar tantas vueltas, decidí tumbarme en el camastro de la zona oscura, entre el laberinto y el cuarto del fondo.
Y en apenas unos minutos tenía a un tío ofreciéndome polla y a otro tocándome el trasero (Estaba yo bocabajo).
Así que me puse a la labor hasta que se retiró discretamente para correrse.
Mi sorpresa fue ver que, como un dispensador,(de pollas en este caso), en cuanto se retiró este, había otro esperando a que le hiciera una mamada.
Mientras mamaba al siguiente, no salía de mi perplejidad pensando que un rato antes me había cansado de dar vueltas por el local sin ningún resultado, y cuando decido quedarme quieto a descansar, como moscas a un tarro de rica miel acudieron todos.
Bueno... unos cuantos. Tres. Pero del tercero pasé.

Me fuí a dar un garbeo, estirar las patas y recomponer el hocico, a la zona del 'laberinto' donde lucían dos enormes glory holes.
Siempre me han parecido curioso que los hagan tan grandes. Para qué?. Si con meter la polla ya hay bastante. Por estos cabe la cabeza entera. Para poder meter la mano? Para poder ver bien al otro antes de empezar? Para poner el culo ?. Ah !!!, y se me encendió la lucecita, que de tanto en tanto le da por brillar.
Había visto, pocas veces, eso sí, que algunos ponían el culo en los tradicionales agujeros de tamaño estándar con el fin de que los follaran a través de ellos, y lo conseguían.
Pues será para eso, pensé.
Ni corto ni perezoso, me puse en la posición adecuada, con el culo asomando por el agujero, con las piernas bien pegadas al tabique e inclinándome hacia adelante y apoyando los brazos sobre la pared de enfrente.
En esa posición tan expuesta, tan receptiva y con lo caliente que ya estaba, me puse como una moto.
Fue ponerme, y enseguida una anónima mano palpo mis posaderas, localizo la oscura y cálida entrada y se dispuso a penetrarme.
Apenas le dejé entrar la punta del capullo, pues pensé que reventaba, no por sus dimensiones, sino por la tremenda excitación que sentía.
Me calmé un poco, tomé aire y al cabo de unos minutos me dispuse en la misma posición.
Segundos más tardes otra polla tanteaba el orificio y entraba poco a poco, con calma precisa, y tomando su tiempo para ir relajando el ojete.
No bien llegó al final, sin apenas haber empezado a bombear, por no decir que a follar, con más celeridad y menos calma de lo que entró, la saqué sin darle tiempo a nada, porque estallé, desparramando mi semen por los cuatro costados.

Mejor que fuera así, pues no me gusta que me follen sin condón. No tuvo tiempo.

Todo esto iba recordando mientras me dirigía hacía la sauna.
Había pasado poco más de un mes, pero esta vez no era mediodía.