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30 de abril de 2013

Relato de un lector (Experiencia en el Arenas)




A continuación publico el relato que envia un lector del blog sobre su experiencia en el cine Arenas, al cual le doy aquí las gracias por hacernos participe de ella.
Espero os guste.
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A fines de febrero, fui a Barcelona por unos días. Al ser un viaje que estaba previsto busqué información sobre las cosas qué me interesan y quizás en Barcelona podría hacer. Estaba, obvio, pensando en sexo.
Leí en un blog que el cine Arenas era un lugar apropiado para tener sexo con maduros, con muy maduros. Por todo lo que se contaba en el blog no tuve duda de que era el sitio que estaba buscando: morbo y hombres, machos de edad.

Siguiendo las indicaciones, la descripción del local y de los hábitos de los parroquianos, no me fue difícil saber qué hacer y cómo actuar en los primeros momentos. Para comenzar, dejé mis cosas en el guardarropa. Era un día de muchísimo frío y hube de quedarme con una chaqueta tipo chandall puesta. El chandall me servía, por otra parte, para llevar en uno de sus bolsillos los condones y el lubricante que, camino del cine, había comprado. Mi intención, mi deseo, era tener sexo con hombres de 60 en adelante (yo tengo 47 y los abuelos me ponen muy cerda); sexo del que fuera posible, ya que el calentón que me producía el volver a tener sexo en un cine era considerable. En un cine me ordeñó un macho por primera vez. Para este día me había puesto un tanga y un anillo de goma ciñendo mis partes.

Una vez abandoné el guardarropa entré al cine por la parte del bar. Por lo que había leído, parecía un buen lugar para dejarse ver y sus baños un buen sitio para que la concurrencia pudiera abusar de mí si quería. Estuve un rato tomando una cerveza, mirando el video porno y, sobre todo, intentando tranquilizarme, pues estaba muy nervioso. Caliente pero nervioso.

Una vez terminé la caña, entré en lo que propiamente era el cine. Recorrí la sala, vi el cine porno pequeño donde pasaban porno, el cuarto oscuro. Fui, poco a poco, conociendo el lugar, interiorizando sus rincones e intentando descubrir dónde podría realizar mis deseos. Después de unas vueltas, me coloqué en la parte posterior de la sala de proyecciones, en un pasillo que terminaba en la puerta trasera, justo en el lado contrario a la entrada al cine porno.

Desde ese lugar pude observar qué andaba haciendo la gente al tiempo que yo me calmaba. Era cosa de las seis de la tarde y había bastante concurrencia. Para alegría mía la mayoría eran machos muy maduros, de más de 60 años.

Observé que en la parte trasera de la sala –junto a la pared donde está la ventanilla del proyector y en las últimas filas de butacas- había bastante gente y bastante movimiento: podía adivinar parejas besándose, frotando cuerpo contra cuerpo, comiéndose las vergas y a grupos de curiosos rodeándoles. La escena me gustó, empecé a sentir un cosquilleo por mi sexo y mi trasero. Una vez la parte trasera se despejó, abandoné mi posición en el pasillo lateral y fui a situarme contra la pared, cerca de la esquina situada en el lado contrario a la entrada del mini-cine. Me recosté contra la pared y crucé las manos detrás de mis nalgas.

Al poco tiempo de estar allí empezaron a acercarse hombres. Uno de ellos se puso a mi derecha; poco a poco, fue acercándose a mí. Posó su mano en mi muslo e, inmediatamente, pasó a sobarme la entrepierna, el paquete. Yo me giré hacia él y, posándole una mano sobre el pecho (noté su pezón duro) acerqué mi boca a la suya para que pudiera comérmela… Cosa que hizo, al tiempo que me desabrochaba el cinturón y la bragueta y pasaba su mano por mi tanga negro. Me apretó contra su pecho y rodeé su cuello con mis brazos mientras nos besábamos y entrelazábamos nuestras lenguas, nuestros labios.

Era un hombre de 178cm, 60 años o más, pelo blanco, buen cuerpo y, como enseguida comprobé, con una buena verga, dura y cabezona.

Cuando empezó a agarrarme de la polla fue cuando comencé a calentarme más y más, a sentirme bien puta y a desinhibirme. Yo tenía los pantalones en los tobillos y mi hombre me sobaba, me besaba. Me agarró de la cabeza y me obligó a arrodillarme frente a su falo. Lo acaricié, pasé la lengua por todo el tronco, besé y lamí su cabezota; escupí en mi mano izquierda para, al mismo tiempo, humedecerle bien sus huevos gordos y con muy poco vello. Me folló la boca y yo, además, le lamí sus pelotas y me las metí en la boca. Alternábamos, y también subía para que me besara y lamiera, agarrase de los pezones y azotara en el culo. Se corrió en mi mano mientras me comía la boca y aferraba por las nalgas.

Sé que había otros hombres mirando, no sé cuántos, pero ninguno llegó a intervenir.

Mi amante se fue y, cuando acababa de subirme los pantalones, ya recostado contra la pared, noté una mano en mis huevos. Era un macho parecido al anterior, pero a diferencia del otro, a éste no le gustaba besar. Lo que sí le gustaba era llamarme puta al oído, pegarme en el culo y, sobre todo, pellizcarme y retorcerme los pezones hasta hacerme gemir de dolor. Se la mamé como al anterior, aunque se fue sin darme su leche.

Vinieron otros dos más, pero no me gustó su aspecto. Así las cosas, me di unos paseos por los pasillos laterales, el minicine, los baños. El cuarto oscuro parecía desierto y no me atrajo demasiado. En las dos salas las parejas se practicaban la felación, se besaban y sobaban. En los baños se oía sin problema como un hombre penetraba a otro. Cada minuto que pasaba estaba más y más cerda, quería entregarme a más machos, así que me volví a la pared del fondo. Hubo quien vino a tocarme el culo, la entrepierna, a llamarme zorra, pero no pasó a mayores.

Frente a mí, en las últimas filas de butacas, observé a dos machos de más de 60, separados por tres o cuatro butacas. Ni corto ni perezoso, me dirigí hacia allí y me senté entre ellos con la intención de ser la puta de los dos, la intención de que me compartieran. Lo mismo que uno enseguida se acercó, el otro desapareció. En muy poco tiempo, yo estaba semidesnudo, calentorro como una perra y dejándome meter mano por todos lados, abrazándome al macho y comiéndonos la boca. Desde atrás nos observaban; incluso uno se acercó hasta mi oído para llamarme puta. Yo, mojada, disfrutaba. La fatalidad hizo que la película terminara al cuarto de hora: al ver los créditos, dije al macho que fuéramos a otro lugar a que le ordeñase, pero no fuimos a ningún lado.

Después suyo vino otro con el que me besé y poco más. Aún me quedó tiempo para complacer a dos hombres más. También muy maduros, que me ponen bien cerda.

Yo había entrado al cine a las 17.30, más o menos, y salí unas tres horas más tarde. Después de las 19.15, bajó el número de asistentes al cine.

El primero de los dos últimos me encontró en el desierto minicine, dando la espalda a la puerta, a un par de metros de ella. Se puso tras de mí y puso su polla dura contra mi culo al mismo tiempo que metía su mano en mi bragueta y me agarraba la polla. Mis pantalones cayeron al suelo de la misma. Me gustaba la postura, pero estaba demasiado expuesto y nos fuimos a donde todo había empezado esa tarde, al cine grande, a la pared. Allí tuvimos muy buen sexo, con prácticas similares a las que tuve con todos los demás. Mi momento de mayor excitación fue cuando me agarraba por detrás y apretaba su pollón (unos 17cm, gorda, dura) contra mi culo; lo pasaba por mis nalgas, lo ponía entre mis piernas, me retorcía los pezones…y yo gemía mientras me masturbaba y me frotaba más contra él. Frente a mí, cuando yo estaba de esa guisa, bien zorra, había otro tipo que aunque estaba claro que le estaba invitando a abusar de mí, no llegó a tocarme. Después de un rato, el macho, aferrándome de las caderas y con la verga entre mis muslos, se corrió allí mismo.

La diferencia que hubo entre los anteriores y el último toro de la tarde fue que éste, nada más le ofrecí mi bocota, me preguntó si me gustaba que me la metieran y, de ser así, si quería ir a los baños. Contesté que sí y me llevó a los baños del bar. Le hice una muy buena mamada. Era un rabo largo, aunque no muy gordo. No tenía vello y disfruté lamiéndole los pezones, la verga y las pelotas. Con la polla entre mis piernas, me agarró del cuello, me besó y me puso –dos o tres veces- el bote de popper en la nariz. Yo aspiraba y el me metía un dedo por el culo, luego dos. Para mi desgracia, no acabó clavándome el rabo y los dos nos fuimos. Una pena… pero, a la noche, en la cama, recordando todo lo sucedido, tuve unas cuantas erecciones y me masturbé varias veces. Años sin ir a un cine a ser una puta, y lo pasé de miedo. Cuando vaya a Barna, volveré al Cine Arenas.


25 de abril de 2013

Sauna Condal, principios de año.




Si a uno no le apetece estar con nadie, pensar en ir a una sauna resulta un poco absurdo, a no ser que uno vaya esquivando al personal y acabe encerrándose en una cabina.
Pero esa tarde hacía frío y ansiaba reconfortarme con un poquito de calor. Un poco, el justo para superar el helor interno instalado en lo más profundo de mi ser, que desde hacía semanas me abocaban irremediablemente al abismo de la tristeza.
No buscaba sexo, ni siquiera caricias, solo relajación, soledad y silencio.
Para lo primero mejor una sauna, pero para lo demás, mejor una iglesia. Pero este perro no sabe verse en ese sacro lugar.

Pensé que siendo las fechas que eran, la gente estaría más preocupada de las compras navideñas, o habría salido de vacaciones, y tal vez por eso me dirigí hacia la sauna condal.
Esto también suena un poco incongruente pues no es de las menos concurridas precisamente, sino más bien lo contrario.
Por contra, como tampoco es de los sitios que más frecuente, como el lector ya debe saber, casi seguro no iba a encontrar a nadie conocido.
Casi se me cayó el alma al suelo cuando en la entrada caí en la cuenta que era el día del cliente, pero por fortuna, dentro de la sauna no había tanta gente como me temía.
Después de una ducha y de pasar por la sauna de vapor y la sauna seca, me sentí mucho mejor, pero en vez de aislarme en una cabina, opté por sentarme en una de las gradas del cine, cosa totalmente inhabitual, que no recuerdo haber hecho desde que esta está nueva disposición de las gradas.

Hasta ese momento, lo único que me había llamado la atención era un tipo atractivo, delgado, de pose un tanto altiva, de andar ligero y que miraba siempre más allá de uno, como buscando a alguien.
Un cazador, sin duda, buscando presa, - pensé.
Sentado sólo había un tipo grande, osuno. Y un par de tíos permanecían de pie, sin llegar a entrar del todo.
A eso que se asomó el "cazador", avistó al tipo osuno y salió lanzado, directo hacia él.
Directo a su polla.
Este aceptó con toda naturalidad su aparición y su mamada. Ofreció poppers al "cazador", y este prosiguió con su festín.
Alternaba yo esta visión con la película, cuando ví un tío de pie junto a mí que me sonreía.
Yo estaba sentado en la grada inferior, justo nada más entrar.
Y al primer vistazo no le reconocí, pero si al segundo.
Ostia, Tomás !!!, el de los encuentros en el Erotixx.
Y tan pronto como así, ya me estaba ofreciendo su pollón, al cual es difícil decir que no.
Y aunque no me apetecía nada, me puede mi vocación servil, y me puse a mamar, si bien es cierto que con poco entusiasmo y desgana.
No tardó en percatarse de la escena que se nos ofrecia unos metros más para allá, y me invitó a acercarnos.
A nada, los cuatro nos ibamos a una de las cabinas de la sauna.
En cualquier otro momento, casi literalmente me hubiera corrido por el camino sólo de pensar en lo que podía esperarnos, pero no esta vez.
Estaba por decir: id vosotros, que yo me voy.
Pero no fué hasta unos minutos después de entrar en la cabina y haber seguido con la mamada, cuando Tomás me pidió para follar, que le dije que no.
Les dejé allí, a los tres. Lo sé lo que hicieron ni cuanto rato estuvieron.
Pero tampoco es difícil de imaginar.
Cuando les dejé, El Oso ya se estaba tirando al Cazador.

Me tomé una ducha y a dar un paseo.
En un momento dado, me dió por meterme en uno se esos pequeños cuartos oscuros hechos a resultas de antiguas cabinas, y allí sentí como un tío comenzaba a tocarme precavida y dulcemente las nalgas, para poco a poco acariciarme el ano.

- Te gusta?-, me preguntó.
Indudablemente le contesté que sí. Me gustaba y, al no hacer yo nada más que sentir sus manos, me relajaba.
- Me gustaría verlo-, afirmó.
- El qué?, pregunté bien tontamente, pues si me estaba tocando las posaderas era de suponer que a eso se refería.
- El culo -, contestó obviamente,.
- Me gusta verlos cuando los toco y jugueteo con ellos,- prosiguió.
-Vamos a una cabina?.

Acepté ingenuamente pensando que sólo quería verlo. Yo estaba tranquilo y relajado.
Lo miró, observó, alabó, tocó, acarició, magreó y llegado el momento afirmó:
- Me gustaría follármelo, puedo?
- Y de mi boca salió un... bueno, como quieras.
Quiero pensar que fue el estado de relax y bienestar al que me indujo con sus artes táctiles, junto con mi consabido afán por complacer, que sucumbí a su petición.
Y así, continuó sus labores de relajamiento anal, lubricación y follamienta.
Cabe decir que el tipo iba convenientemente preparado con sus condones y vaselina, aparte de armado con una polla estandar que no me ofrecía temor a que me hiciera daño.

Y el polvo fué breve, suave y bonito, Sí, se podría decir que así fue.

Lo siento por Tomás.
Si me lees, Disculpa.
Otro día, tendrás tu ración ;-)  

10 de abril de 2013

100.000




Impresionante
Increíble.

100.000 visitas !!!
Cien mil gracias y cien mil lametones.


En especial a los asiduos lectores que aunque no digan nada, ahí están, pero sobretodo a aquellos que dejan algún comentario y me motivan para seguir escribiendo.


8 de abril de 2013

Areneando IV - Cambio de hábitos




Y es que el aburrimiento no es nada bueno.
Sobre todo si uno se deja atrapar por él.
Pero también puede hacer despertar la vena creativa o incitar a buscar otras maneras de estimulo.
En el caso que nos atañe, digamos que me empujó a frecuentar más otras partes del cine.

Normalmente, iba alternando los cuartos oscuros, y puntualmente me daba un volteo por el resto del cine, más por ver cuanta gente quedaba, que para otra cosa.
Así que me dió por pasarme más rato en el minicine y en la zona trasera del patio de butacas de la sala principal, y recurrir a una antigua, antiquisima práctica que no realizaba desde, más o menos, el pleistoceno.
Algo tan sencillo, casi olvidado, como esperar sentado en alguna de las butacas laterales de las últimas filas de platea.
En aquella época lejana, cuando el cine era cuatro veces más grande, pero no había cuartos oscuros, ni bar, ni minicine, era lo único que hacía. Sentarme, no necesariamente en las últimas ni en las laterales, a esperar. Puntualmente iba a los lavabos.
Cabe decir también que eran mis primeras salidas a lugares de ligue y yo era extremadamente cortado.
Ahora lo soy, pero no tanto.

Y así podía ir viendo la película, cosa que habitualmente se suele hacer en los cines, hasta que apareciera algo más sugerente a tiro de boca.
Sugerente y decidido, por que esa es otra.
Así como queda bien claro que quien se sienta en esas ubicaciones esta esperando merendar, los potenciales repartidores de salchichas se quedan rato y rato esperando alguna muestra de interés por parte del futuro comensal.
Que no está claro?. Un poco más de decisión !!! Que uno prefiera un frankfurt, una salchica, un choricillo, una morcilla o un bratswurt va a gustos, y el rechazo es un riesgo asumible. Creo. Y así no se perdería a veces tanto tiempo.
Y en este tiempo, digamos que la mitad de las veces he tenido algo que llevarme a la boca, que no quiere decir que la mitad del tiempo haya estado mamando.
Tampoco es eso. Ojalá, pero soy consciente que los paraísos no existen.

Así, a bote pronto, recuerdo varias ricas merendolas.
Inauguró la serie un latino, de mediana edad, de discreta polla en gusto y tamaño, pero que me sugiríó ir al lavabo a follar, a lo cuál accedí, dejándome más satisfecho que de la acción en la butaca.
Ese mismo día, y de vuelta a la butaca, apareció un tío más bien joven, que no dudó un instante en liarse conmigo. Su juventud, decisión y lo que me dijo me sorprendió.
- Eres caro de ver !. Por fin te pillo,-dijo. Me quedé bastante cortado, pues el mozo en cuestión no me sonaba de nada.

Otro día, recuerdo que era lunes, porque desde hacía unas cuantas semanas, ese día en el cine, junto con la entrada te dan una invitación a comerte un frankfurt gratis.
Y ese día fue el primer lunes que comí un frankfurt desde que invitaban a ello.

El primer día me hizo gracia cuando después de darme la entrada y leer la invitación pensé que, al fin y al cabo, a eso venía siempre, y con la coña me quedé cuando para mi mayor asombro, en el minicine había cuatro parejas ocasionales dando de comer el rabo.
Asombrado porque lo normal es encontrarte uno o dos mamando, pero no cuatro.
Pero la gracia duró poco, pues ese día ni comí franfkurts, ni pollas. Y para más inri, tuve que evitar uno de los cuartos oscuros porque entre el fuerte olor a salchichas, mezclado con el potente, dulzón y desagradable ambientador que usan, me producían naúseas y arcadas cada vez que me acercaba al bar.
Eso fue así sólo ese día, afortunadamente.

Bueno, aquel lunes, nada más sentarme, se me acercó un señor más bien mayor ofreciéndome su buena morcilla.
Al poco rato, me comentó de cambiar de sitio, que resultó ser sólo un par de filas más para delante, y más centrado.
Allí, ya de rodillas, se la seguí comiendo, pero unos minutos después se encendieron todas las luces del cine, al acabarse, obviamente la pelicula.
Me quedé muy cortado, pero el tío insistió en que siguiera a lo mío y no me preocupara. Y a pesar que me daba cierto apuro, también me daba morbo, y así lo hice.
Empezó la nueva película y nos cambiamos de sitio, esta vez ya mucho más adelante, donde pudimos rematar la faena.

La última comida memorable de las butacas traseras fue la de un tío de larga tranca, que cada vez que pasaba por allí, se la sacaba, me daba de mamar cinco minutos y se iba, y luego volvía y repetía.
Unos días más tarde, el mismo me dió de mamar en el cuarto oscuro y sin preguntar, me hizo levantar, me dió la vuelta y me folló.

Las demás han sido discretas, sin más historia.

Una cosa que he podido comprobar es que en los últimos asientos del lado derecho mirando hacia la pantalla se mama más que en el izquierdo. Tal vez por el hecho que esté junto a la entrada del minicine.
De hecho, y conforme a este cambio de hábitos, hasta yo dí de mamar a un chaval jovencito que un día se dejó caer por aquellas butacas.

Aquel día fue el de más actividad que he llegado a ver en esa zona.
Hubo un momento que en el extremo de las tres últimas filas había tres tíos mamando, al que a uno de los daban de mamar, a la vez, se lo estaban follando. A eso que media docena de mirones, entre ellos yo, jejeje...
Luego, más tarde fue cuando me encontré con el jovencito hambriento, y recordé aquello de: "Dad de comer al hambriento y de beber al sediento".

A ver si la aprendemos todos ;-)


4 de abril de 2013

Areneando lll - Sombras




Si aparecía alguno de los antiguos habituales era una excepción. De tanto en tanto aparecía alguno, sí, y me distraía la tarde, pero en contrapartida, el factor sorpresa desaparecía pues ya sabía, con muy poco margen de error, que es lo que me esperaba.
En estos meses, no obstante, he ido tenido roces de diversa intensidad con otros tíos que bien podrían llamarse los nuevos habituales.
Debería escribir un nuevo post al respecto, y dejar actualizado el último  que hablaba de ellos.
Sin embargo, globalmente la actividad era más bien escasa.
Había comenzado a pensar que había perdido los pocos encantos que tenía, si es que había llegado a tener alguno.
La gente venía esporádicamente, o por temporadas, y luego desaparecían.
Yo permanecía.
Me daba la sensación de haberme convertido en parte del decorado.Y en él me había desdibujado. Difuminado y absorbido por la oscuras entrañas del local.
Fundido en una sombra más, que pasa desapercibida entre las sombras errantes de la penumbra.
Una pieza más del mobiliario, como aquellos, que siempre que te los encuentras están en el mismo rincón, en la misma butaca. Haciendo siempre lo mismo.
El señor que se sienta, pero nunca se le ve hacer nada.  El que ocupa siempre la misma butaca, se saca su gordo miembro viril y tranquilamente se pajea a la luz de pantalla, y que ocasionalmente se deja tocar o mamar por otro.
O el otro señor, bien maduro, y supongo que buen mamón, pues siempre tiene a quien mamar.
O el joven con cierto aspecto progre que siempre anda sólo en el cuarto oscuro, que no hace nada más que dejarse tocar, o se pajea sólo frente al monitor de video.
El que se reclina en la pared inmóvil, inmutable, como esperando que alguien caiga en su red, por descuido o aburrimiento... y siempre acaba atrapando a alguno.
El mayor bajito que anda saludando a todo el mundo. El joven con pinta de chapero moruno. O el rapado que no para de dar vuelta, y tanto se le puede encontrar en un sitio como en otro, haciendo una cosa como otra. Con uno o con varios. El que siempre está en la barra. El que siempre se te planta delante tuyo esperando a que actúes, y nunca le haces nada, por que no te motiva, y aún así, siempre insiste.
O el que... tantos qués.
Tantos qués como sombras. Sombras menguantes de lo que fueron. Sombras de lo que son.
Y detrás de cada sombra, luz. Una vida, una historia. Mil historias.

A veces me pregunto como me ven?.
Otras, simplemente... me ven ?