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28 de agosto de 2013

Miércoles noche, ... Y por fin sexo en el New Copper ?




Esta vez realmente no había nadie.
Ningún cliente, excepto yo, el camarero y uno jugando con el móvil, que supongo también trabajaría allí, pues el primer día que fui al Mercury también estaba, en el mismo rincón, haciendo lo mismo.
Me tomé mi cerveza y me fuí.
No quise perder tiempo esperando vete a saber que..

Mi segunda parada no fue más exitosa, pero al menos si fue menos aburrida.
Como en un ritual, siempre haciendo un poco de tiempo para ir al Bears Bar, me dirijí esta vez al Peppermint, y estaba igual que siempre. El camarero igual de simpático y animado, la peña, casi todos ingleses, dando la sensación que todos se conocen, y sólo un par de lobos solitarios tomando las respectivas bebidas.
Me fui, justo al acabar mi segunda cerveza de la noche.  

Tercera parada, el Bears.
Ya era bastante más allá de la doce, pero el local seguía como en los días anteriores.
Unas 10 o 12 personas en la zona de la barra, y para mi sorpresa, unos 15 tíos abajo en la zona de cruising.
No tarde nada en enrollarme con un tío, que tan pronto se puso a mamármela, como a preguntarme si quería que me follara.
No le dije que no, desde luego, pero me parecía un poco prematuro.
Tal vez el fuera muy caliente, pero yo apenas había comenzado a calentar motores.
Se puso el preservativo y todo fue meterme la puntita del nabo, que se le comenzó a bajar la erección.
Y como parecía que el asunto no tenía remedio, lo dejamos.
Mira que se pueden hacer cosas aparte de follar, pero hay quien solo disfruta de ello.
Que le vamos a hacer !

Subí a pedirme la cuarta cerveza de la noche (la 2ªen el Bears) y bajé de nuevo a los sótanos del local.
Allí, al poco, lamiendo las tetillas a un buen mozo, el menda se corrió enseguida. O mi lengua es muy poderosa o el tipo iba muy quemado, porque si no, no lo entiendo.
Evidentemente, no hicimos nada más.
Satisfecho uno, al otro que le den por culo, en sentido figurado, nunca mejor dicho.
Aunque particularmente tampoco me importaba demasiado.
Correrse solo es el final de uno de los caminos, lo que hay que disfrutar es del camino en sí, y del compañero de viaje.

Al acabar la San Miguel, había menos gente que al principio.
Y no me lo pensé dos veces.
Dando ya por perdida la noche, me fui al New Copper.
Visto lo de días anteriores, y para ser un bar de sexo, no creo que fuera a peor la noche.
Que fuera mucho a mejor también lo dudaba. 

Aparte de Luis, el camarero, sólo habían dos tíos.
Estratégicamente me puse en medio de ambos
A saber, el de la izquiera era de allí, delgado de unos cincuenta y pico, más o menos de buen ver, y con el que me puse a charlar un rato, efecto sin duda de las cervezas.
El de la derecha, era alto, delgado, ojos claros, un poco hundidos, pelo corto, piel clara, estilo holandés o noruego, de mirada perdida, abstraida.
No parecía mirar a nadie, en ningún momento, en pose un tanto altiva. Una reina noruega, pensé.

En un momento que fui al lavabo, con todo el descaro que provoca la quinta cerveza, estar en un bar de sexo, y no olvidémoslo, desnudos o en calzoncillos,  aproveche para meterle mano al manubrio, como quien palpa los pepinos en el mercado, para comprobar la mercancía.
El primer sorprendido fue yo mismo, e incluso diría que el único, pues si fuera por un casi impercetible respingo, ni se inmutó. Siguió estando en bavia, sin pestañear, ni desviar la mirada, ni mover la comisura de los labios para esbozar un sencilla sonrisa o mueca de desagrado.
Frío y totalmente impasible.
Su polla, proporcional a su altura, se mostraba morcillona.

Cuando salí del lavabo, la reina había dejado el taburete de la barra y se había instalado en el sofá.
Pues para allá fuí, con la poca fortuna de que, al sentarme, le tiré medio cubata.
- Oh !, Sorry,- dije, verdaderamente lamentándolo mucho por mi torpeza perruna, y a falta de otro idioma recurrente que pudiera usar para que me comprendiera.
- Don't worry,- fueron las únicas palabras que salieron por su boca. Curiosamente no parecía molesto ni enfadado, no sé si porque realmente así sentía, o era un poco más de su inexpresividad.
Sin vacilar mucho más, me puse a mamársela.

Y se dejó....

(Continuará)
  


23 de agosto de 2013

El Holandés, el Vasco y los albaricoques ( 3ª parte )



Los albaricoques.

Me resultaba extraño.
El año anterior rechacé la única oferta que se me hizo de seguir la juerga en casa del otro, la de un vasco precisamente que trabajaba y vivía allí, y en esta ocasión, iba a ser ya la segunda vez en estos días que iba a acabar la noche en casa ajena.
Aclarar que entre este recuerdo y la conversación que mantuvimos en el taxi, la cual soy incapaz de recordar con claridad, pero que hacía referencia a él y familiares suyos, en el que alguien era vasco, y le pusieron un nombre de allí sin él serlo, yo me quedé, para mis adentros, como si lo fuera.

Apenas llegar a su casa, ya en lo que a todas luces era el comedor, comenzamos con intensos morreos y apasionadas mamadas.
Luego, entre cervezas, tabaco y poppers, comenzó a follarme.
Primero tanteó mis entrañas con sus dedos, colocándome yo de rodillas en el sofá, y apoyado sobre el respaldo, mientras él de pie, procedía seguidamente a la follada inicial con su considerable polla.
Un instrumento que sin lugar a dudas se podría incluir en la categoría de pollón.

Realizada con éxito la primera apertura, se sentó en el sofá, y yo sobre él, y de cara a él, a horcajadas me metía y sacaba su hermosa estaca.

El tío era un follador nato, aunque si bien dudaba que sin viagra fuera a durar las 10 horas, tenía claro que de allí saldría como mínimo bien dilatado y escaldado.

-Ven y ponte ahí,- me dijo, cuando pareció cansarse de mi cabalgada, señalándome la mesa.
Me inclinó de cara sobre ella, y colocándome la pierna derecha sobre la silla, continuó follándome el culo, que apenas ofrecía ningún tipo de resistencia.

De ahí que seguramente pensara que ya estaba preparado para el siguiente acto.
- Espera un momento, ahora vuelvo,- me dijo, saliendo por la puerta, instantes que aproveché para refrescarme un poco y dar un par de tragos de cerveza.

Volvió con un mantel de hule, buttplugs, consoladores y crema.
Colocó el mantel y un par de cojines sobre la mesa,y me instó a que me acomodara de espalda sobre ellos, dejando mi trasero al borde de la mesa.

Así de esa guisa, yo tumbado bocarriba mirando el techo y con el culo expuesto a sus caprichos, comenzó a lamérmelo un poco, juguetear con sus dedos. Ahora uno, luego dos, y con crema intenta tres.
En medio de ese delirio de placer, noté que comenzaba a meterme algo que no eran sus dedos.
Redondo, cuanto menos inicialmente curvo, y considerablemente más ancho que sus dedos o polla.
Podría ser uno de los juguetes que había traido, el buttplug o alguno de los consoladores.
A pesar de la resistencia, un extra de crema y un poco de popper acabo dilatando mi esfinter y tragando mi ano, que volvió a su apertura natural, o sea, cerradito.

Entonces me dí cuenta que lo que me había metido no era lo que pensaba, sino una bola china, que no había visto que entre los artilugios que había traido.

Una vez dentro, no notaba nada.
Él, tras preguntarme como estaba, volvió a introducir su tremenda tranca en mi ocupado culo.
Era la primera vez que me follaban con algo ya adentro.

Al cabo de un rato, le dió por coger un albaricoque del frutero que había encima de la mesa, lo untó de crema y ví como lo acercaba a mis cremosas partes.

- Me vas a meter un albaricoque por el culo?,- le pregunté, con los ojos como platos y medio asustado por el tamaño del fruto.
- Y que piensas que te he metido antes?, me respondió, riéndose.
- La madre que lo parió,- pensé, atónito y sin llegar a creérmelo. Me ha follado con un albaricoque, y lo sigo teniendo dentro !. Sólo pensarlo, sudaba tinta.
- Si una ha entrado, puede que dos también, no?,- dijo con sonrisa medio pícara, medio malévola.

Y aunque a este segundo albaricoque le costó mucho más entrar, al final, felizmente lo consiguió.
Yo seguía haciéndome cruces, y no sabía ya, si sudaba ya tinta o sudaba zumo.    

Le hice saber que aunque no me dolía, no me sentía cómodo.
Me tranquilizó, y me dijo que las sacara.

Si, si...como si eso fuera tan fácil como uno se piensa.
Apretaba y apretaba. Sudaba no sabía ya qué.
Pensaba que me iba a dar un jamacuco de tanto esfuerzo, cuando al final salió uno de los albaricoques folladores.
Me alegré infinitamente, pero aún me quedaba otro por expulsar.

Lo curioso es que no tenía ninguna sensación de presión interna. No notaba nada parecido a como cuando uno tiene ganas de ir de vientre.
Por más que apretara, no notaba nada, ningún aparente movimiento interior.
Comenzaba realmente a preocuparme.

Sólo en el momento que noté que se me dilataba el ano comencé a tranquilizarme, pero sin por ello dejar de esforzarme ni un ápice.
- Ánimo , tú puedes !!!,- me dije a mi mismo.
Él también me animaba. Disfrutaba como un enano.Se le veía en la cara.

Me sentía como una parturienta dando luz a gemelos cabezones.
Y aunque parecía que le costaba, acabo saliendo más rápido que su hermano.
Bendito el fruto de mi vientre!. Jesús, con los albaricoques !!!.

No pude evitar un profundo suspiro de enorme satisfacción.
- Uff... !!!, Cagando albaricoques !!!. Quién me ha visto y quien me ve,- exclamé.
Mañana, seguro que se me caerán los pedos cuando caminé,- comenté, riendo.
Nos reimos.

Y aunque desistió de fistearme, obviamente, mientras descansaba un poco del sobreesfuerzo, no dejó de "asustarme" mostrándome un buttplug de cabeza redonda más grande que mi puño, y una polla de látex cuya punta no me cabía ni por la boca.

Una vez recuperado, siguió follándome en el sofá, y mamándonos mútuamente, entre más cerveza, tabaco y poppers.

- Te quedas a dormir y mañana cuando nos despertemos, te sigo follando y nos corremos?,- preguntó.

Y asi fue, aunque apenas dormimos un par de horas.

Cuando me desperté, sentí muestras que también él estaba en ese mismo trance, así que para darle un dulce despertar, me bajé a trabajarle la polla para que cumpliera lo prometido.
No le costo nada ponerse a tono, y me folló de nuevo en varias posturas hasta que, tras una paja, se corrio sobre su vientre.
Ya puestos,  también le eché encima una abundante corrida.

Me vesti, me devolvió los cinco euros con que le ayude a comprar el poppers, me regaló la botellita de poppers, me pidió el email y me dió unas indicaciones para volver a mi hotel.

Y me marché.

A día de hoy, me miro los albaricoques con otros ojos, y sonrio.




20 de agosto de 2013

El Holandés, el Vasco y los albaricoques ( 2ª parte )




El Vasco

... Y así, salimos de aquel rincón de lujuria, y nos quedamos junto a la cruz de madera, yo pegado de cara a al holandés, y él con un brazo que me cogía por la espalda y con la mano de su otro brazo magreando y ofreciendo castamente mi culo, pues tenía los pantalones cortos subidos, sin enseñar nada indecoroso, a los pocos que por allí pasaban.
Para mi sorpresa, en apenas unos segundos, uno pareció que aceptaba hasta que, tras seguirnos camino de una de las jaulas del principio de la zona de cruising, desistió de entrar.
Nosotros, sin embargo, entramos y continuamos nuestros juegos sin él.

En un par de minutos, entró un tío, el cual, simplemente se quedó mirando, cosa que en esa jaula resultaba más fácil que en otras por estar ligeramente mejor iluminada.

- Esto no es un cine,- le espetó el holandés, con su peculiar acento foráneo.
- Me entiendes?. No es un cine; si te quedas, participas. Si no, te largas,- continuó.

Particularmente no me molesta que me miren. Siempre cabe la posibilidad que acaben enrollándose y participando.
Pero este, supongo que intimidado por el caracter decidido del holandés, se marchó rápido y con el rabo entre las piernas. 

Salir este y entrar otro, todo fue una.
Resultaba curioso, con la poca ambientación que había.
El nuevo visitante tenía un aspecto muy morbosete, varonil, con barba corta y de una edad, aparentemente entre penumbras, similar a la nuestra.
Se lió bien con nosotros. Congeniaba.
Me dió la sensación que se conocían, algo se dijeron y algo comentaron de mí, pero en ningún momento llegué a saber el qué.
Unos minutos más tarde, sin más, el holandés se marchó.

Me quedé un poco desconcertado, pero tal vez era eso lo que quería, dejarme en buenas manos, y poderse ir él tranquilamente, después del lote que nos habíamos pegado.
Mucho más tarde supe que el holandés y este tío, efectivamente se conocían, que era más bien pasivo, y por eso lo de buscarme a otro que me follara.

El tío también manejaba bien la situación, sin llegar al punto de ser dominante.
Ibamos alternando morreos con mamadas, y sobeos mutuos, mientras él también iba palpando mi culo e inspeccionando mi excitado ano.

- Quieres que te fistee?,- me soltó entre beso y mamada.
- Te molaría?, Te lo han hecho alguna vez?,- inquirió, con natural curiosidad.

Este año parecía el encuentro con gente de preguntas directas que me desconcertaban, no tanto por las preguntas en sí, sino por la prontitud con las que me eran propuestas.

-Hombre..., pues no lo he hecho nunca, pero que... bueno, no es algo que rechace de plano. Curiosidad tengo, pero me causa bastante respeto, - le expliqué, entre dubitativo y temeroso que al decirle que no, me dejara literalmente con el culo al aire, y se marchara.

Es algo que cuando lo he pensado, siempre he tenido claro que de hacerlo, sería con alguien buen conocedor de la materia. No tanto un profesional,( Profesión: fisteador, jejeje), pero si experto en estos asuntos, que me inspirara confianza.

- Entonces que, te animas?. Y luego te follo toda la noche,- continuó, ampliando la oferta.
- 10 horas seguidas !!!,- siguió, y mejorándola.
- Jajaja,- no pude evitar echar una carcajada.
- A ver, eso son muchas horas, no?,- le contesté, pensando que iba de farol.

Vino luego una retahila de preguntas, seguidas por otras tantas negaciones.

- Tienes poppers ?, No, este no, otro?, Viagra? Coca?.
- Yo tampoco, tío. Se me ha acabado todo. Siempre me pasa lo mismo. Algo siempre tengo, pero cuando me encuentro en esta situación, me quedo sin.
Poppers, a estas horas aún puedo conseguir, pero de lo otro no,- continuó explicando.

Tras las más normales preguntas del donde vives, estás sólo y en que hotel, acordamos ir a su casa, no sin antes procurarse una botellita de poppers.

-Vamos a mi casa, que no está lejos.. .Luego puedes volver en taxi, que te costará unos 10 euros,-

Como así fue.

(Continuará...)


17 de agosto de 2013

El Holandés, el Vasco y los albaricoques ( 1ª parte )




El Holandés.

Dada la poca afluencia, en general, de gente en los locales, estos días pasaba bastante más rato en la barra del bar, o aledaños, que en las zonas de cruising o cuartos oscuros.
Menos mal que no me daba por beber más, sino también lo contrario.
Supongo que al estar sentado, entretenido mirando los videos o al personal, se gastan menos calorías y se suda menos que estar constantemente dando vueltas y en acción.

Y estando así, viendo como entraba y salía del Bears Bar la poca gente que había, establecí contacto visual con un tío alto, delgado, calvo, con gorra de visera vuelta hacia atrás, morboso y pinta de extranjero, y me dió por pensar que sería holandés.
Estábamos en los extremos opuestos de la barra, pero veía que, mientras hablaba con un par de amigos, o conocidos suyos, iba echándome miradas.

Evidentemente, eso no quiere decir nada, o que, cuanto menos le llamaba la atención por algo.
Para bien o para mal, no lo podía saber.
Yo seguía a lo mío, y de vez cuando, las miradas se reencontraban.

El seguir a lo mío también significa que, de vez en cuando, saltaba del taburete y me iba a dar una vuelta por el sótano.
Y fue en una de esos paseos que lo encontré abajo apoyado en la pared, con su cerveza en mano viendo pasar a la gente por allí abajo deambulaba.
Al pasar por su lado, me rozó, medio disimuladamente, con la mano libre.
No me paré, y ví, con el rabillo del ojo, y especifico que rabillo es para no prestarse a confusiones, como me seguía.
Fui hasta el fondo, junto a la última de las jaulas de maderas, pero él se quedó al principio, junto a la primera.
Tal vez no le gustara tanto oscuridad, o lo que aquello que me seguía, simplemente me lo había imaginado
Volví sobre mis pasos, y al llegar a su altura, fui yo quién le rocé para poder entrar el primer cubiculo.
Y entró detrás mio.

Así comenzó un baile de toqueteos y magreos, y un retahila de besos de esos que te comen y mojan la cara entera.
No es algo que me guste demasiado.
Besar si, pero si hay algo de complicidad que se consigue al cabo de un buen rato; si no, prefiero chupar la polla que besar, en el sentido de besar en plan morreo de lengua y torniquete.
No sabría como explicarlo...
Pero bueno, el chaval le ponía pasión, era considerablemente más alto que yo, y me estrujaba con sus brazos, así que poca cosa podía hacer.
Mejoró un poco el asunto cuando me cedió un poquito de espacio para respirar, comenzando un pezoneo mutuo.
Con una metida de mano, pude palpar lo que se adivinaba como una buena polla larga y delgada y de ahí a darme de mamar, todo fue una.
Esto ya comenzaba a gustarme más, entre una esnifada de poppers y otra, me iba dirigiendo con sus grandes manos el ritmo de la mamada.

Un ritmo lento, como me gusta, que me permitía apreciar el gusto y textura de su hombría, a la vez que me permitía mejor el movimiento de la lengua sobre su glande y ejercer diferentes presiones con labios y mandibulas.
Las mamadas compulsivas, que a veces me toca hacer, no me gustan tanto, pues todo se convierte en más mecánico, dificiles de controlar para evitar que se pueda hacer daño con los dientes, o me entren arcadas al tocar el fondo de mi gaznate, son mucho más cansadas y guarrillas, en tanto que no paras de babear.
Evidentemente, no hago ascos a ninguna. Cada una tiene su momento, y su persona.

No paraba de pedirme poppers.
Pero era algo que no me extrañaba, pues el que llevaba encima ese día, ya estaba bastante pasado que apenas subía. Yo, ni tomaba.

Frases cortas en inglés, en un principio, del tipo, "oh, yeah", "suck me" y "good boy" dieron paso a unas relativamente fluidas palabras en castellano.
Me dió por pensar que el tío no era un ocasional turista.
Y así, entre nosotros, el "good boy" me motiva igual que el "Oh, sigue, lo estás haciendo muy bien". ;-)

Sin previo aviso, y evidentemente así tiene que ser cuando se hace, el tío me escupió en la cara.
Que te digan," Oye, cuidado que te voy a escupir, A lo mejor no te gusta", pues no queda muy bien, pues le quita el factor sorpresa.
Claro que alguno pensaréis que maldita la gracia que te escupan en la cara.
Pero bueno, la cosa fue así. Un poco más de humedad para refrescarse tampoco va tan mal, y la cosa no se quedó ahí, cuando comenzó a guarrear con la cerveza. Y que cada uno piense lo que quiera, jejeje...

En su fase de ir dominándome, trabajo no demasiado arduo, también hay que decirlo, comenzó con unos suaves cachetes en las mejillas y el trasero.
Era de un tono suave, todo en general, pero al menos él llevaba  las riendas, que en definitiva, es lo que me gusta.

- Tienes cuerdas para atarte?-, me preguntó así, como quien pregunta por la hora. Algo muy común y habitual, y en lo que lo normal es contestar que si. Todo el mundo va preparado con su kit  encima de cuerdas ( o cadenas, ya puestos ) para cuando a uno le apetece ser atado. Y por extraño que parezca, tuve que decirle que no.

De vez en cuando, alguien se asomaba para curiosear que pasaba en el interior de la jaula. Alguno hacía atisbo de querer participar, pero él lo rechazaba.
Otras veces ocurría lo contrario, el intruso se negaba a intervenir, y se iba.
En una de esas ocasiones, andaba yo por los bajos, por lo que no pude ver como empezó, el holandés comenzó a embroncarse con uno que entró, pues parecía ser que no le gustaba, y lo hechó.
Pero este se mosqueó, y comenzaron a discutir... Que no me cortes el rollo, te digo..., Que te vayas...Nos vemos en la calle si te atreves, y llamo a la policía,...
Con todo, me parecía un poco barriobajero y sobre todo, esperpéntico. Qué pretendía decirle a la poli?. ----Este tío no me deja hacer un trío con ellos, abusar del menda,... (o sea yo) o que ? 
Por suerte el tío se marchó, y pudimos continuar un rato a nuestro rollo.
Ese punto chulito o malote, sin que llegara a más, me gustó.

- Salimos a ver si encontramos un tío que te folle ?,- me preguntó, con ese espontánea naturalidad y desparpajo que me comenzaba a resultar conocido.

Dejándome gratamente sorprendido, asentí.

(Continuará ...)


11 de agosto de 2013

En el Mercury.




No tenia intencion de volver al Lovers, cuando menos para la primera cerveza de la noche,  así que decidi ir al Peppermint.
Pero para mi sorpresa estaba cerrado. Sabía que cerraba los lunes, pero no los martes. Y allí no había cartel o nota que dijera nada.
Me quedé como aturdido. La misma sensación que  tuve por la tarde cuando la sauna esta cerrada y por unos instantes me quede traspuesto al no saber que hacer.
Pero no quería volver al Lovers, eso lo tenia claro.
Así que me invente una alternativa. Iria al Mercury.
El año pasado no recuerdo porque directamente lo descarté, y este año ni me habia propuesto hacer una visita.
Que tenía un cuarto oscuro, como el del lovers, era la única información que recordaba, pero no sé si lo había leido, o alguien, en medio de alguna conversacion lo habia dicho.
Me pareció curioso que sabiendo que tenía cuarto oscuro lo hubiera descartado dos años seguidos.

El local, diáfano, sin columnas ni rincones, con la barra a un lado, y el resto todo espacio libre, daba la sensación de ser un poco más grande que los ya conocidos, a excepción del Bar Incógnito.
Al menos con tan poca gente como había, el camarero y tres personas.
Me quedé en la barra tomando mi primera cerveza de la noche, y aunque de espaldas a la puerta de entrada, me llamó la atención que donde eramos tres, ahora eramos cinco. No los había visto entrar, pero tampoco los había visto pedir nada, y ya iban con su botella en mano.

Vendrían  los dos, del lavabo?. Y por cierto, donde estaba el cuarto oscuro?.
Las únicas puertas visibles eran la de entrada/salida y la del wc.

No sería el primer local que ambos rincones, lavabo y cuarto oscuro estuvieran, sino de paso entre ellos, si en la misma dirección.

Y efectivamente así era.
Unas empinadas escaleras llevaban, tras la puerta indicadora del w.c al piso de arriba, que todo él era un gran cuarto oscuro, o más apropiadamente se podría considerar como una sombría zona de cruising, en las que las diferentes habitaciones compondrían los cuartos oscuros propiamente dichos.
El lavabo, por las bombillas, y la salita del video, por la pantalla, eran los únicos lugares directamente iluminados.
El resto del piso quedaba entre las penumbras y la oscuridad.
Un lugar con mucho morbo, si hubiera habido gente.

Bueno, de hecho al llegar arriba me cruzaron dos tíos que se dirigían a no sabía donde, y como yo estaba investigando, y lo mismo me daba ir primero a la derecha que a la izquierda, pues les seguí para ver donde iban.
Entraron en uno de los cuartos y al ir a entrar yo, uno de ellos se me quedó mirando muy serio, como queriéndome decir,"lárgate que no te hemos invitado", así que, por si acaso, desistí de meterme allí. Ya lo haría más tarde.

Proseguí el paseo por los diferentes rincones, y en la zona de video, con su mesita y tal vez una docena de sillas, habían otros dos tíos sentados, que no se hacían mucho caso.

No pasaron muchos minutos cuando aquellos dos con los que me crucé salieron. No debieron hacer mucha cosa. El que me miró con mala cara bajó hacia el bar, y el otro, muy posiblemente insatisfecho, medio descamisado y con los pantalones desabrochados se sentó junto con los otros dos.

Yo permanecía de pie mirando el video, a la vez que observaba como se desarrollaba la escena a mi lado.
El recién sentado, que lo estaba más con los riñones que con el trasero, comenzó a dejarse tocar, luego masturbar y luego mamar por uno de los otros, el cual a su vez se dejaba tocar, y luego mal pajear, por el tercero.
Era una escena de masturbación en cadena, pero en posición un tanto forzada, pues los tres, de alguna manera permanecían sentados o medio tumbados en sus respectivas sillas.

Tal vez fuera eso, la tan llamativa incomodidad de las posturas que no me motivó para entrar en acción con ellos.
Eran tipos maduros, ni jovencitos ni mayores, muy normales, pero no sé...
Y no fue por un manifiesto rechazo por parte de ninguno de los tres. Dos andaban muy ocupados en la polla ajena, pero el medio tumbado descamisado, si que hacía muestras para que me acercara.

Pero apuré mi cerveza, y me fuí.

Si la tarde en el Sex Cinema había resultado el aperitivo, esto sólo había sido el impasse antes del primer plato, segundo plato y postre que me aguardaba aquella noche.



7 de agosto de 2013

Tarde Improvisada




Tenía previsto quedarme en la playa hasta las siete u ocho de la tarde, pero apenas llevaba una hora cuando el espléndido cielo de Benidorm comenzó a encapotarse.
Así que improvisé, como suele ser tan habitual en mí, un plan alternativo.
No tendría calorcito de playa, pero lo podría tener de sauna, pensé.

Esta año tenía mis dudas de volver a la sauna  H20 de una manera planeada, pero como surgía la idea para tapar el hueco que se me abría en la tarde, no me puse a mi mismo mayor reparo.
Al llegar a la puerta me encontré con una nota que decía que esa tarde cerraba, pero que abrían al día siguiente a partir de las dos de la tarde.
Tal cual estaba redactado daba la sensación de imprevisión, como si esa tarde la tuvieran que haber cerrado por alguna causa que no fuera la de descanso semanal. Que ignoro si hacen.
Realmente me molestó bastante, y por partida doble.
Primero porque me recordó al año pasado, pues tenían publicitado que cerraban a las 10 de la noche, sin embargo, aquella semana que por allí estuve, todos los días cerraban a las 7  de la tarde, cosa que me chafaba a priori parte importante de  las tardes que tenía previstas, y segundo porque de nuevo, un año después, me fastidiaba una tarde que por el tiempo tenía yo que improvisar, y por algún motivo sospechosamente recurrente que desconozco. O seguro que no, y es simplemente fruto de la casualidad.

Pero me quedé sin saber que hacer hasta que me acordé del Sex Cinema, que además pillaba muy cerca de allí.

El ambiente que me encontré, evidentemente, no era muy diferente del que me encontré dos días antes, siendo la misma franja horaria y a pesar que ahora no era festivo.
Un par o tres de tíos más, en total habiamos unos seis o siete, depende del momento, entraba uno y se iba otro, y la media tal vez un poco más joven.

Todo se ajustó a un guión muy predecible.
Tanteo, tonteo, y gato al agua, más tanteo, más tonteo, y poca cosa más.

Tanteas la gente que hay y intuyes o deduces el pie que calza, o sea, si es un hetero que ha ido ingenuamente a ver si pillaba una buena moza, o en su defecto y para su consuelo se limitará a ver una pelicula en alguna de las pantallas de video distribuidas en los diferentes habitáculos del local, procurando no llamar mucho la atención de los otros clientes, para evitar roces o disgustos.
El bi o gay, que evidentemente no lo sabrás si no te lo dice o preguntas, aunque de hecho poco importa, que en función de su grado de calentura y grado de atracción que sienta o ejerza sobre los otros, se decidirá o no, a interactuar con alguno.

Y es aquí cuando empieza el tonteo. Me miras, te miro. Si se cruzan las miradas, la apartas, la aparto. Mirada al paquete, o las manos a ver que hacen o que tocan. Me acerco, se acerca o no. Que le gustará? Le gustó aunque sea un poquito para hacer algo? Tendré que dar el primer paso ? Anda, ahora pasa de mí !
A ver, pero si había pasado de mi, aparentemente, porque no hace más que entrar y salir, y mirarme. Le digo algo o le meto mano directamente? Me pongo en plan claramente provocativo y que decida ?.

Esta fase resulta la mayoría de veces agotadora, y más si ves alguien que de alguna manera te atraiga, pero es tanto o más dubitativo que uno.
Es el momento que más tiempo se pierde.
A veces para conseguir nada o poca cosa. Aunque otras veces, las menos, sales pensando que realmente ha valido la pena tanta tontería previa.

Y de esa manera pasó la hora y pico que allí estuve.
En el cuartito con glory holes estuve sentado sobre la papelera, mientras me tomaba la cerveza que regalan con la entrada ( o refresco ), esperando a si alguien se decidía a entrar.
Y entró uno, bien vestido, al que se la mamé un rato. Y así como aquí fue más o menos directo, luego me anduvo tonteando que si sí, que si no, gestualmente hablando, cuando estando yo medio tirado en uno de los sofas, se ponía en el del lado, jugando a lo de las miradas cuando no me ves ( o eso crees, pues existe eso de la mirada periférica ), y total, se la volví a mamar allí arrodillado en frente de uno de los sofás.

Luego, también en el mismo cuartito, y de la misma guisa, entró uno para lo mismo, que dejando la puerta abierta, acabo invitando a otro, que por allí andaba y miraba.
Dos pollas para mí. Mmm... reconozco que me encanta esta situación, sobre todo si ambas son merecedoras del mismo trato, como era el caso.
Cuando uno avisó que se iba a correr, le dije que lo hiciera sobre mi pecho.
Pero no quiso. Y en vez de acabar corriéndose, se la guardó y se marchó, y al que al momento salió el otro partenaire, dejándome sin pollas ni corridas.
Se reservan para más tarde o para las parientas,- pensé.
Y estuvieron luego charlando todo el rato, allí de pie, junto a la barra del bar. No creo que fuera un encuentro casual, si no que previamente se conocían.

También hubo un interminable tonteo con un chavalín más joven, tal vez rondara los veintitantos, Supongo que se le hizo más desesperante el cortejo a él que a mí, pues yo, al fin y al cabo, me iba entreteniendo.
Se la acabé mamando, pero el momento fue inversamente proporcional al tiempo invertido en tomar la decisión de liarse conmigo. O sea, muy breve.

Y como decía, allí había otro chavalín de veintipocos, en el rincón de un sofá, viendo el video porno, pero que de tan discreto que era y quería pasar desapercibido que ni siquiera se tocaba.
Restaba casi inmóvil frente a la pantalla.  

Una tarde de transición.
Un aperitivo sencillo de lo que aquella noche me deparaba.
Y yo ignoraba...
   

2 de agosto de 2013

Decepciones




En mi segundo día de estancia, decidí empezar la noche visitando el tercer local no conocido que había previsto acudir en esos días, el Bar Incógnito.

Tenía la referencia que era frecuentado por gente mayor, y principalmente española, hasta ahí en principio ningún problema, como comentaba en una de los últimos posts ….. , pues si eran animosos, estaban de buen ver, al menos en la medida de lo posible de verse que se cuidan un mínimo, y con ganas de sexo, morboso y desinhibido, no tengo mucho problema con la edad.

De hecho, eso ha sido siempre una constante, y casi siempre, desde que era más joven, he tenido sexo y encuentros con gente más mayor que yo, supongo por que suelen ser más desinhibidos, o mejor dicho, tienen menos pajarillos en la cabeza a la hora de saber lo que buscan y quieren.
Aunque desde luego, esto tampoco es generalizable. Pues tonterías tenemos todos, me incluyo.

El local, fácil de encontrar, aunque fuera de la zona de locales gay, está a unos 10 o 15 minutos andando, hacia poniente, tomando como referencia la parte vieja de la ciudad.
La primera sensación que uno tiene es la de amplitud, al menos es la que tuve yo, ya que había muy poca gente.
Apenas puedo hablar del local en sí, pues no hice más que el recorrido de la puerta a la barra y viceversa.
Tiene una zona de espectáculos bien definida y una barra en forma de U cuadrada, y dos puertas, una que supongo que irá a los lavabos y la otra no sé donde.

Nada más entrar tuve la sensación de haber entrado en el club social de la tercera edad de un pueblo cualquiera, tanto por la decoración como por el público.
Apenas 6 tíos mayores, pasando a buen seguro todos de los 60, y algunos de los 70, sobradamente.
Este hecho no me sorprendió en absoluto, pues ya iba informado que el local era frecuentado por maduros españoles, cosa que tampoco me molesta, faltaría más.
Tampoco esperaba que al entrar, fuera el objeto del deseo y me convirtiera en la reina de la fiesta, por el hecho de tener unos apreciables años menos.
Si no ocurría en el Arenas, aquí tampoco tenía porque pasar.
Al entrar, todos callaron, eso sí. Se giraron, me miraron y luego cada uno siguió a lo suyo.
Estaban en dos grupos de tres, atendido cada grupo por uno de los camareros. En cada grupo, dos hablaban con el camarero correspondiente y otro miraba, sin entrar en la conversación.
Yo me metí entre ambos, básicamente porque era el hueco más cercano, pedí mi primera cerveza de la noche y no me volví a mover.

Escuchaba a unos y a otros.
Al cabo de un rato, entró una pareja un poco más joven, y luego tres más, que se distribuyeron a los extremos.
Ni la música, ni el ambiente, ni la gente, ni las conversaciones me motivaban.
Estas de hecho, se basaban en las típicas y tópicas bromas y chanzas, modos y maneras pasadas de época, y gusto dudoso.
Me sentía deslocalizado.
Decidí pues, no prolongar la desmotivadora experiencia y cambiar de escenario.

Quise tomar mi segunda cerveza en el siempre agradable Pippermint, aunque no ocurra nada especial o  de simpático recuerdo como el del día anterior, pero al llegar a la puerta, lo encontré cerrado, tal cual me pasó el año pasado.
No recordé que los lunes cerraban.
El lugar de la segunda cerveza lo ocupó la segunda decepción.

El Lovers, al contrario que el día anterior, lleno al llegar, estaba prácticamente vacio, a excepción de dos tíos que hablaban en la barra.
Me pedí una cerveza, y directamente me fui hacia la zona de cruising que hay primero a la derecha, tras pasar la cortinilla. Estaba vacío.

Al salir ví que se había quedado solo uno de ellos, y al otro me lo encontré en el cuarto oscuro del fondo, asomando la polla por uno de los glory holes de las cabinas. También vacío a excepción de él.
Era gordota, le dí un primer repaso bucal, pero me molestó encontrarme ya de pirmeras con pelos en la boca.
La dejé y me metí directamente en la cabina donde estaba el tío, y procedi de nuevo a agacharme y mamarla.
Pero no podía quitarme la sensación de tener pelos bajo la lengua, y además la reacción del tio era extraña. Sólo con meterme su polla en la boca, comenzaba ruidosamente a jadear. No eran susurrantes gemidos con lo que supuestamente uno empieza, para luego, animada la acción pasar sonoramente a jadear, si se diera el caso.
Y además, la cadencia de estos no se sincronizaba para nada con el ritmo del movimiento con el que la iba metiendo y sacando de mi boca.
Era como cuando uno ver una película mala y encima desincronizada, en el que los efectos sonoros se adelantan o atrasan unos cuantos segundos a la acción que en ese momento se muestra en pantalla.
Pues algo parecido, pero en este caso, vivirla, y en tres dimensiones.
Lo dejé. Me parecía muy irreal. Y esto que cuento es totalemnte objetivo, ya aún estaba por mi segunda cerveza de la noche.
La tercera decepción.

No era ni las 12.30 y me decidi ir al Bears Bar.
Siendo lunes, posiblemente habría menos gente que el dia anterior, que ya era poca, y al ser relativamente temprano, incluso tal vez habría menos.
Y el menos era igual a cero personas en barra, dos sentados en la zona de baile, y cero en la zona de cruising.
Me pedí mi tercera cerveza de la noche, y anduve subiendo y bajando a lo largo del rato que estuve alli.
Entraban tres, pero salian dos; salian cuatro, entraban tres, lo cual resultaba un tanto desesperante.
Me medio lié con uno, que comenzó a mamar, pero no lo hacia demasiado bien, y mi polla entristecía por momentos, así que le hice caso y lo dejé.
Más tarde, en un nuevo encuentro con el mismo tío, pareció que mejoraba su arte mamatorio, y cuando mi polla comenzaba a hincharse de alegría, fue esta vez el tio que me dejó con el mastil enhiesto.
Me reí para mi mismo, pensando en que bien me habia estado. Donde las dan, las toman, dicen
Intenté alargar la noche, hasta casi las 2 de la mañana.
Fue cuando más animada comenzaba a estar la zona de cruising, en la que coincidieron unas seis o siete personas, en constante movimiento pero poca acción .
Parece un contrasentido, movimiento sin acción.
Y mi cuarta decepción de la noche

Decidi pasarme de nuevo por el New Cooper.
El camarero me comentó el día anterior, que cuando más se anima suele ser a partir de las 2 de la noche, y en especial de jueves a domingo.
Y mi intención era pasarme el jueves, pero en vista de como estaba yendo la noche, pensé que una última cerveza, la cuarta de la noche, bien podía ser tomada allí, y luego para el hotel.
Dos tios, uno joven, de ojos saltones y nariz aguileña y otro supongo que también joven, pues en ningún momento llegué a verle la cara, ya que estaba cerca del video, y nunca se giraba hacia donde me puse yo, y donde estaba el otro tio.
Este iba en calzoncillos, era muy delgado y nervioso. No paraba de ir al lavabo, y de “salir” a fumarse un cigarrillo.
Cuando paraba quieto en el taburete de la punta de la barra, se giraba cada dos por tres para echarme un vistazo.
Valga decir que yo me había apoltronado con mi cerveza en el sofá. Lo peor que podia pasarme era quedarme dormido.

Quise interpretar que tanta mirada era por algún interés en mí, pero que no se decidía en abordarme.
En una de las veces que fui al lavabo, las cervezas comenzaban su efecto diurético,se levantó y me siguió, manteniendo a prudente distancia como para poder pasar por una simple espera a que saliera del baño.
Cuando salí, directamente me lancé a mordisquearle y presionarle los pezones.
Se quedó sorprendido, pero por pocos segundos, hasta que le arranqué sus gemidos. Obviamente, le estaba gustando.
Quiso parar un momento, para acabar de tomarse un chupito.
Le segui hasta la barra, y cuando terminó, continué.

- Que vicioso que eres, tío?- , me soltó.
- Vicioso?, - le pregunté extrañado, pues sólo le había hecho lo que antes he mencionado; tocar, presionar, lamer y mordisquear las tetillas.
Bueno..., que tienes mucho morbo,- aclaró, para mi tranquilidad.
Nos fuimos al sofá.
- No querías vicio ?-, pensé, pues ahí va una mamada.

Se dejaba hacer, era muy pasivo, hasta el punto que la única acció por su parte fue poner su brazo sobre mi hombro mientras se la mamaba, y decirme, cuando veía que me entusiasmaba mamando, que lo hiciera más despacio.
Ningún problema, pues siempre lo prefiero así, recrearme y disfrutar del sabor y de la textura de la polla que en ese momento ocupe mi boca.
El iba tomando poppers, que me llegó a ofrecer un par de veces. Como debe ser.
Interrumpimos la acción cuando quiso ir al lavabo a hacerse una raya.
Le acompañe, pero cuando me ofreció, no quise. No consideré que necesitara más estimulos en ese momento.

- No la has probado nunca?-, me preguntó.
- Sí, una vez... hace unos cuantos años-, le contesté, recordando aquel entonces que después de cinco cervezas, ligué en el Leather bar de Madrid, con un tio que me llevó a su casa, donde me ofreció y tomé unos tiritos, como decía.  Después de aquellas cinco cervezas no sé si llegué a notar algo en especial.

El poquito que le sobró, se lo puso en los pezones, que luego evidentemente, lamí.
Sabía amargo.

Continuamos  la sesión de mamadas en el sofá del copper, pero su extrema pasividad, y mi cansancio en progresivo y constante aumento, me llevó a decidir parar, despedirme
y volver al hotel.

Y así transcurrió la segunda noche.