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18 de septiembre de 2013

Bajo el túnel del Barranco de Xixo.




Faltaba poco más de media hora para que cerraran los bares, pero aún así me decidí por ir al Peppermint, que aunque no suelo pillar nada, a excepción del primer día, suelo estar a gusto, y para tomar una cerveza tenía tiempo.
Y luego, al hotel a descansar, a pesar que no habia sido una noche movidita.
El moldavo, como era de esperar, no apareció. Con el holandés estuve un rato, y en el Bears Bar no ocurrió nada más, y una vez en el New Copper, aparte de una breve, brevisima mamada, todo fue mirar e imaginar.

Con mi cervecita en mano, al poco de haber llegado, se me acercó un chaval, por llamarlo así, pues seguramente pasaba de los cuarenta, pero conservaba un aire muy juvenil,  que en principio pensé que era sudamericano, pero resultó ser de la muy mesetaria Valladolid.
Pero ahora que pienso, sé que en México hay una ciudad llamada así, y de hecho, no me especificó de cual era.
No, no... debía de ser pucelano, porque no tenía acento mexicano.
Ya lo había pillado mirándome mientras hablaba con otra gente, supongo que amigos, pero bueno... tampoco le había dado mayor importancia, pues en un lugar de ambiente, las miradas, para bien o para mal, es de lo más común.

- Estás muy serio, ... tanto que impone mucho tener que entrarte !,- me dijo, para relativa sorpresa mía, pues para nada me sentía serio ni distante, sino lo contrario, receptivo.
Y digo lo de relativa, porque no es el primero que me lo dice, aunque este fue lo primero que me dijo, y en otras ocasiones, al ver todo lo contrario, es cuando se sinceran
- "Me daba un poco de apuro porque... !", "No me atrevía a decirte nada...",- Pero si no me como a nadie !!!. Bueno, sí, si se dejan, claro :-)

Estuvimos charlando un rato, intentándo hacernos oir por encima de la música y ruido ambiental.
Una conversación de aquellas de tanteo y tonteo.

Cerraban ya el local, cuando comenzaron a follarse a uno. A buenas horas, pensé.
Era la primera vez que veía hacerlo allí, lugar que por cierto se presta.
Igual ocurría eso siempre al momento de cerrar, los asiduos lo sabian, y por eso se quedaban hasta el final, y continuaba el resto a puerta cerrada. No lo sé, y sigo sin saberlo.

No estaba alojado en hotel, sino en casa de un amigo, y le daba apuro ir; y yo no quería ir al mío.
Me propuso ir a la zona de cruising , que al explicarme, resultó ser el Barranco de Xixo, que había descubierto el día anterior.

Nos encaminamos paseando por la pasarela de madera, junto a la arena.
A medio camino, comenta que tiene ganas de mear, se la saca y comienza a hacerlo sobre la arena.
- Con el vicio que tienes, seguro que te gustaría que te mee !, - me dijo sin ningún pudor ni vergüenza.
- Pues no estaría mal, - le solté con el mismo desparpajo.
Nos reímos, se la agarré y agachándome, pero una vez había soltado todo el líquido se la mamé allí mismo, a plena luz de las farolas del paseo.

A pesar del subidón de la repentina calentura, nos recompusimos porque realmente estábamos bien visibles a ojos de cualquier paseante.

Llegamos, y allí en la entrada había un chaval bastante joven, esperando.
A medio túnel, dos tíos, tal vez una pareja en busca de rollo, pues ambos tenían ciertas semejanzas. Mimetismo de parejas.

Pasamos por delante, y seguimos.
- No me gustan, no me fío,- dijo el pucelano. Yo los ví muy normales de aparencia, y de unos treinta y pocos.
A cierta distancia nos pusimos a lo nuestro. Me agaché y comencé a mamársela, esta vez con más tranquilidad, al no tener más espectadores que aquellos dos, que estaban allí, no precisamente inocentemente paseando.

Por el rabillo del ojo, vi como ambos se acercaron, y ya a nuestra altura, uno de ellos se sacó y ofreció su cipote.
Al otro, detrás mío, no veía lo que hacía.

Cuando uno esta mamando una polla, que te ofrezcan otra y saber que pueden llegar a ser tres, es muy dificil de contenerse. Uno no es de piedra.

Y fue nada más catar la hermosa polla que se me había aparecido, junto el pucelano se guardó la suya, y sin más que un "me voy, adiós", se largó, literalmente por patas.

No dejé de mamar, mientras veía que se largaba, y realmente me supo muy mal el hecho que me dejara tirado allí. Si había visto algo raro en aquellos dos, lo correcto y decente hubiera sido decirmelo, y no salir corriendo dejándome a la buena de Dios.

- Que le pasa ?, - me preguntó uno de ellos.
- Ni idea, - fue lo único que supe contestar.

Mientras continuaba mamando, el otro también se la sacó.
- Dos pollas para mí,- pensé, mientras comía alternativamente, una larga y delgada, la otra larga, gordota, cabezona y curva.
- Querrán follar alguno de los dos?,- continué haciendo mis cábalas, mientras uno de ellos me tocaba el ojete (obviamente ya hacía rato que tenía los pantalones a la altura de las sandalias).

Al rato, y viendo que el del ojete le ponía ganas, les pregunté si querían follar.
- Si tienes preservativo, sí,- contestaron al unísono, para la mayor de mis alegrías. Iba bien provisto de condones, lubricante y poppers, así que les dí uno a cada uno.

Mientras el del la polla delgada se preparaba para la incursión, se la seguí trabajando la polla achimpiñonada.
Siempre es un gustazo que mientras mamas te vayan follando. Pocas veces ocurre, pero cuando pasa.... Ufff... Llega a ser muy difícil controlarse la corrida ante tan intensos y sincronizados estimulos.

Una vez bien trabajado el ojete, se intercambiaron los papeles.
No sé si fue espontaneo el hecho que primero me follara el de la polla larga y estrecha, y luego la gordota, pero en cualquier caso, para mi estrecho culo fue de perlas.

No obtuvo apenas resistencia, mientras el otro ya se habia quitado el condon y me ponia de nuevo a mi disposicion su folladora verga.

No sé quién de los dos sugirió que me estirara en la tumbona que había a la mitad del tunel, junto a la pared.
Accedí, y allí, tumbado boca arriba continuó follándome.
El de la polla delgada se situó de pie, detrás a la altura de mi cabeza, y pajeándose acabó echando una espesa y larga corrida a lo largo de mi cara y pecho.
Bruscamente el follador sacó su polla, sacó su condón y sacó toda su contenida leche sobre la corrida del primero que ya me había empapado abundantemente.

Mientras me limpiaba, intercambiamos unos pocas palabras más.
Ambos eran amigos de Gandía.

Me quedé un rato sentado recuperando fuerzas, e intentando salir de mi estado de asombro ante la experencia vivida.

No ya tanto las mamadas o las folladas en sí, que fueron estupendas, sino el hecho de ser altas horas de la noche, casi de madrugada, el entorno bajo un túnel entre la ciudad y la playa, ese punto sórdido ambiental, clandestino, de sombras y claroscuros, el hecho de haber otro mirando desde la entrada, el pucelano que huye y me deja literalmente tirado ante dos desconocidos, éstos que resultan ser amigos, y seguramente algo más, tan sincronizados, con ese punto de mimetismo que adquieren las parejas, no sé, todo en su conjunto hizo de la experiencia una de las más intensas en los últimos tiempos.

Cuando visualizo en mi memoria, a día de hoy, me sigue produciendo un gran impacto.

Y aquella fué mi última noche.

13 de septiembre de 2013

De moldavos, holandeses, noruegos e ingleses.





Tras un discreta siesta, bien pasada la tradicional hora de la misma y una frugal cena, para estrenar la noche me dirigí en esta ocasión al Bears Bar.
Era la primera vez que empezaba la velada por este lugar, pues siempre acostumbraba a tomar la primera cerveza en cualquier otro pub o bar de la zona.
Sin embargo, esta vez había quedado con el moldavo allí  a una hora relativamente temprana, entre la una y la una y media (ver post: ... Al barranco de Xixo).
Estaba más que convencido que no vendría, así que fui antes para, en caso de no venir, aprovechar alguna oportunidad que se pudiera dar, y como mucho marcharme a la hora límite, pues mi intención era acabar la noche en el New Copper, pues era jueves, y según el camarero, era la primera de las noches más animadas de la semana, junto con viernes y sábado.
Si venía, pues igual cambiaba los planes, pero eso estaba por ver.

Al llegar al Bears Bar había muy poca gente arriba, y nadie abajo. Era de esperar, así que tranquilamente me dispuse a disfrutar de mi San Miguel, sentado en un taburete de la barra, e ir bajando al sótano,de tanto en tanto.
En una de esas incursiones me encontré con el holandés de un relato anterior.
Me pareció extraño pues no lo había visto entrar, o sí, pero no le había reconocido sin la gorra, y parecía más mayor que el primer día.    
Nos liamos enseguida, en la misma línea que hacía dos días, pero tal vez sin tanta entrega o entusiasmo por mi parte.
Después de un rato, lo dejamos.
Se hizo la hora, alargué un cuarto de hora más la espera, el moldavo no vino y yo me fuí al New Copper

Tres personas!.
Sólo tres tíos habían cuando llegué. Uff..., espero que se vaya animando, pensé.
Aunque animando no fue exactamente lo que ocurrió, pero al menos poco a poco se fue llenando hasta llegar a ser unos 10 tíos.
A saber, apareció el maduro salmantino del primer día, el chaval joven de los ojos saltones del segundo día, la reina noruega del tercer día, un inglés mayor, un tiarrón tipo duro que antes había visto en el Bears Bar, un principe inglés, y del resto apenas me fijé.
No hubo mucho movimiento.
Pocos intentos de enrollarse, y prácticamente ninguno cuajaba. Un tonteo de varios minutos como mucho, y ahí se quedaba la cosa. No sólo yo, sino todos.
Hablé un poquillo con el salmantino, no hubo acercamiento con joven de los ojos saltones, mamé unos minutos al tiarrón que se sentó junto al sillón, y toqué/rocé a uno que me rechazó haciéndose el estrecho.
Acompañado de tres cervezas, me dediqué, pues, más a mirar lo que acabo de contar, poca o más bien nula acción.
Lo más destacable que ocurrió, para más curiosidad, casi no se vió, pues se desarrolló de la manera más discreta posible, de manera que incluso yo, que vi los movimientos y miradas, no sé que acabó realmente sucediendo.

La impasible, fría y absorta reina noruega se hallaba en el extremo de la barra, y el principe inglés, bien estirado, sin ladear la cabeza mirando nerviosamente de un lado para otro como pensando "que no se me note, que no se me note", se situó a su lado y comenzó a hablarle.
La reina parecía escucharle, sin inmutarse, ni cruzar miradas. El principe sin apenas gesticular, ni mostrar expresión en la cara y apenas un percetible movimiento de labios. Como si le contara un secreto o chismorreo de alguien presente, pero sin que nadie lo notara.
La reina se corrió un poquito para adentro de la barra, dejando el extremo libre, y el principe se situó junto detrás y algo le dijo al camarero.
Este se quedó quieto junto a ellos, a una distancia sospechosamente escasa, durante un buen rato.
No se hablaban, pero la cara del camarero era todo un poema de sonrisas y apuro, y miradas cómplices hacia mí, como si yo supiera lo que estaba pasando.

Mi imaginación me llevó a pensar que la reina le estaba trabajando con la mano el manubrio al camarero.
Poco después, como quién no quiere la cosa, el principe inglés se escurrió entre los dos, desapareciendo entre los dos, durante bastante rato, en el que el camarero y la reina continuaban cada uno en su papel.
Uno azorado, el otro impasible y el tercero desaparecido.
Mi imaginación me llevó a pensar que el principe le estaba trabajando oralmente el o los manubrios del camarero y la reina.
Un buen rato estuvo ausente, hasta que por detrás de ambos, finalmente apareció con la misma compostura y recato.

Que sucedió realmente?.
Bueno..., la imaginación es libre.

Me fuí cuando quedaban cuatro personas.
Debían faltar poco más de media hora para que cerraran los locales, así que visto lo poco productivo de la noche, opté por rematarla con una cervecita en el Peppermint.

(continuará) ...

10 de septiembre de 2013

En la sauna H20, jueves por la tarde.




Con el calor que hacía, seguro que se estaba mejor en la sauna que paseando por la ciudad.
Y así, con pantalones cortos, sandalia y camiseta en mano me presenté en la sauna H2O que esta vez, sí que estaba abierta.

Mi primera sorpresa fue que justo entrar yo, marchaba el tío que me folló con los albaricoques.
Coincidimos en el vestuario, y aunque no sé porqué, se disculpo por no quedarse pues había quedado con una amiga.
La segunda sorpresa ocurrió segundos después, al meterme en la ducha antes de bajar a las instalaciones de la planta baja.
Allí, un tío de buen ver y buen cuerpo, en la treintena, se duchaba y enjabonaba primorosamente.
Obviamente las cosas bonitas se miran, y aún las feas también aunque sea por curiosidad, y como uno no es de piedra y venía del sofocante infierno de la calle, pues eso...
Y el tío, que tal vez no había tenido bastante con lo hubiera podido hacer antes de llegar yo, aún le duraba la calentura, así que, bajo el chorro de la templada ducha nos pusimos a tocar y mamar mútuamente.
La tercera sorpresa fue ver como se asomaba un negro guapo y buenorro, y se nos quedó mirando como con ganas de entrar y participar.
Me gustaría deciros que así lo hizo, pero no. Aunque estuvo unos minutos indeciso, acabó yéndose.
Tras un buen rato, ya atemperado y limpito, lo dejamos correr. El terminó de ducharse, para irse, y yo me sequé un poco, para proseguir el paseo por la sauna a ver que me deparaba la tarde.

Abajo no había mucha gente, apenas tres tíos en la piscina, y otros tres en la sauna seca, que es donde me metí, a saber, principalmente porque allí ví sentado el negrito de mis amores, jejeje...
Los otros dos tíos, en su cincuentena, se mantenían a ambos lados, de pie, cerca del susodicho.
Pero uno que es muy cortado, se limitó a entrar y mantenerse cerca.
Me empecé a liar con uno de ellos, tocamientos, y lamida de pezones, pues no me apetecía más con él.
No obstante, el negro se tocaba el cipote pudorosamente escondido bajo la blanca toalla.
Tuve la valentía de tocarle las duras tetillas, lo cuál, para mi sorpresa se dejó.
Pero ahí se quedó mi acercamiento, pues no me dejó tocar más abajo, y acabó pajeándose y corriéndose el solito.
Se marchó, y yo también, pero yo sólo para ir a la piscina.

Allí aún estaban los tres de antes que había visto.
Me situé lo más alejado posible, pues entré ellos había cierta proximidad y un evidente deseo de acortar las distancias, y no me apetecía interferir.
No queda bien apuntarse a una fiesta si no te invitan.

Aunque finalmente no la hubo, pues el intento no cuajó.
Dos se fueron, y se quedó el aparente objeto del deseo de ambos, un tío que rondaba los treinta años, pelo negro rizado, con cierto aire francés.
Para sorpresa mía, la cuarta ya de la tarde?, se acabó acercando lentamente, poniéndose a una sugerente distancia, la suficiente para que a uno se le escaparan las manos a investigar.
Fue unos toqueteos suaves, pues se le veía prudente, o más bien con un punto de inseguridad de no saber bien si quería seguir, o si lo que hacía le gustaba, o no.
Luego se apartó, también despacio para situarse sentado fuera de la piscina, con las piernas dentro del agua y el rabo justo en el limite.
A su mismo ritmo, me aproximé y tomé con mi boca aquel suculento manjar que permanecía morcillona entre dos aguas.
Se relajó y parecía que disfrutaba del momento.
La diferencia de posición hacía que pudiera acariarle las piernas y pies sin ningún problema, mientras le mamaba.
Y fue así que ví sus hermosos piezacos.
Qué maravilla !!!.
Con unos mordisquillos en los dedos y unos tímidos cortos lametones, vencí su sorpresa y primer instinto reacio.
Y pude disfrutar durante un buen rato de este placer al que tan pocas veces tengo acceso.

Disfrutamos del momento, sin muchas más complicaciones, pues ni nos corrimos, ni hicimos por corrernos.
Se acercaba la hora que iban a cerrar la sauna, y decidimos marcharnos.

En el vestuario supe que era bisexual madrileño.
Bueno, ya supe que no era francés un poco antes, pues entre mamada de polla y comida de pies, algo hablabamos.
Vestido, y con unas gafitas de pasta que le daban un tierno y encantador aire de intelectual.
Y simplemente nos despedimos.

Una tarde suavemente placentera.  


6 de septiembre de 2013

... al Barranco de Xixo


Acceso desde la playa

- Cuidado con los rumanos,- me advirtió Miguel, no sé bien a cuento de que, mientras nos dirigíamos al lugar de cruising que me quería enseñar.
No sabía si era un comentario para que no me dejara engañar por ellos, por si eran amoríos de peaje o amigos de lo ajeno.
- Suelen estar por esta zona, así que cuando vuelvas, ten cuidado,- fue lo último que me comentó del tema.

El camino se me hizo eterno, más que nada porque no tenía ni idea de donde me llevaba, pero seguro que no pasaron más de 15 minutos desde que salimos del New Copper.

Bajamos por las escaleras que daban acceso a la playa, por debajo del paseo, y allí, a medio túnel había uan hamaca y dos tíos.
Pasamos por delante de ellos y ya al salir a la playa Miguel me dijo que no había nada interesante.
- Aquí en la playa o te refieres a los dos tíos del túnel ?, le pregunté.
- A los tíos. No me gustaban.Uno era muy feo y el otro viejo,- me contestó, sin más.
Sólo pude responderle con un triste "Ah!!", no por pena, sino porque al pasar por el túnel estaba más pendiente de mirar por donde pisaba, que por el ver de quién se trataba. Obviamente iba un poquito pedo.

Así que volvimos, esta vez por la pasarela de madera que bordea el paseo a pie de playa.
- Bueno, aquí te dejo. Si quieres volver ya sabes el camino, y si te vas para tu hotel, acuérdate de lo que te he dicho,- me dijo despidiéndose.

Me quedé sólo.
Y me volví sobre mis pasos, para cercionarme de como eran los tipos en cuestión.
Pero ya no había nadie.

Me senté unos segundos en la solitaria hamaca, cuando justo bajaba un tío, de unos cuarenta y tantos años
mal llevados.
El tío no dudo mucho en acercarse, sacársela y darme de mamar.
A mitad del túnel
Que podía hacer alguien como yo, sentado en una hamaca, bajo el túnel del paseo maritimo del final de un barranco a una hora intempestiva de la noche en la que ya todos los locales estaba cerrados, y el cual, por poco movimiento que hiciera se notaría que iba un pelín ciego?.
Pues eso, y no se lo pensó dos veces.
Y afortunadamente el asunto fue muy breve.
Apenas me la metió, la sacó para correrse.
- Bien !, pensé, pues no me gustaba 
Se fue y yo hice otro tanto.

Camino del hotel, la noche comenzaba tímidamente a romperse.

Casi llegando a la zona vieja de la ciudad, donde empieza el puerto y los jardines, me crucé con un tío, con gorra de visera, buena pinta aunque no porque esté bueno, sino más bien porque tiene cierta gracia.
Al llegar a la misma altura, nuestras miradas conectaron.
Nos sobrepasamos y ambos nos giramos para seguir mirando, volvimos sobre nuestros pasos aproximándonos y sin mediar palabra nos metimos mano.
Algo impensable allí a otras horas.

Chapurrea escasamente inglés, y muy pocas palabras en español, pero mal que mal no hicimos entender.
No se podía ir a su hotel, pero yo llegué a descubrir el motivo, y yo no quise que fuéramos al mío.
- Te gusta leche?,- me dijo, dejándome totalmente sorprendido que, como extranjero, de lo poco que llegó a decir en español fuera precisamente eso.
- Where are you from?, le pregunté.
- Moldova,- obtuve por respuesta. Bien no era rumano, sino moldavo, dos pueblos, con el mismo idioma, como catalanes y valencianos, pensé.
A pesar que la comunicación verbal no era muy fluida, logramos quedar para vernos en el Bears Bar, entre la una, y la una y media de la noche siguiente.

La luz iba venciendo rápidamente a la noche.

Vendría ?
Estaba convencido que no.

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Como llegar ?

Es muy fácil y no tiene pérdida posible. Entre unos cinco y diez minutos caminando.
Atravesando los jardines de Elche, se sigue por el serpenteante paseo marítimo que bordea la playa de poniente.
Si se va por la playa, no hay más que seguir la pasarela de madera que bordea el paseo a pie de playa,que en un momento se corta, pero sigue más adelante, hasta llegar indicado por un cartel (ver foto de cabecera de post).
Si se va caminando por el paseo, basta con fijarse en las baldosas del suelo, que dibujan circulos de colores, que van cambiando a tramos hasta llegar a los azules y luego a rojo.
Y  es allí, al poco de empezar el rojo cuando se encuentra al otro lado de la calzada el acceso a la playa por debajo del paseo.

Localización del túnel del Barranco de Xixo sobre una vista aérea de la playa de poniente de BENIDORM.
A la derecha el casco viejo de la ciudad y el puerto.

Nota: Como todo lugar al aire libre, es zona AYOR (All your own risk) como se indicaría en la guía Spartacus. Por cierto, aún existe?.

  

1 de septiembre de 2013

Del New Copper...




... Y por un buen rato, la reina noruega se dejó mamar.
Seguía sin mirar, ni tocar, ni jadear, sin mostrar la más mínima expresión de placer.
Aunque eso sí, hubo un instante de lujuria y desenfreno, cuando puso su mano sobre mi hombro.
Ese fue el climax, jejeje...
Parecía que la frialdad nórdica no era un simple tópico.

Allí, en la cálida ribera mediterránea de Benidorm, se estaba manifestando.

Pero los efectos diuréticos de las cervezas no perdonan, y la presión y la postura no favorecían demasiado, así que tuve que dejar la hermosa polla vikinga para más tarde, y cumplir con estas necesidades fisiológicas.

Cuando regresé ya aliviado, el mozo había cambiado otra vez de lugar, y de nuevo se había sentado en el taburete de la esquina de la barra.
Pero yo no había acabado de comer, así que al pasar por su vera, me agaché, me situé entre sus piernas y allí bajo la barra continué mamándosela.

Gran parte gracias a San Miguel, y sin desmerecer a San Arnulfo, patrón de la cerveza, realicé unas de mis fantasias, que no por sencilla, no cumplida, a saber, mamársela a alguien en la barra de un bar, mientras este sigue bebiendo y charlando con sus amigotes.
Bien, en este caso no había amigos con los que charlara, y el entorno, si bien el propicio, un bar de sexo, no era el que siempre me habia imaginado, o preferido, un ambiente de Amos y esclavos en un bar leather o similar.
Pero ya me estaba bien, así que aproveché el momento y la pølse noruega, hasta que me cansé de la postura y el clima escandinavo.

Me puse de nuevo a hablar con mi tertuliano cincuentón del principio, ya que en todo aquel rato sólo había entrado un señor de aspecto inglés, sonrosado, gordito de cara y barriga prominente, pero sin exagerar.
La conversación fue animándose, y con un roce aquí, un toque allá, la distancia se fue reduciendo paulatinamente.
Del roce, se pasó al pose parado. Las manos se quedaban ya quietas en la pierna o en el brazo.

- Y con estos pezones tan empitonados habrá que hacer algo, no?-, me dijó en el momento cumbre de la conversación, en el que el verbo dejó de ser el protagonista para dejar paso a la acción.
Tocó, presionó, mordisqueó y lamió.
- Y con esto que está escondido también, verdad?-, comentó mientras me sobaba el paquete.
Sonreí maliciosamente mientras me bajaba los calzoncillos, y se ponía a lamer.

Sí, si... hasta ese momento, y por extraño que os parezca, aún no me los había bajado, y no fuí yo, sino él quien lo hizo.

A partir de ahí, fue lo que se diría un auténtico desfogue, de magreos, besos, abrazos, lametones, mordisquillos y tocamientos varios.
Fuego y pasión en la barra del bar. No me reconocía con tanta desenvoltura y desvergënza.
Al inglesito, por su proximidad, también fue alcanzado por alguna mamada.
Pero este tampoco interactuaba, pues también estaba afectado todavía por el clima nordeuropeo de su país.

El contraste era brutal.
Gelidez, distancia y compostura nórdica, con calidez, proximidad y desenfreno mediterráneo.
Todo en apenas unos metros de barra de bar.

Volaron cuatro cervezas en el copper ( 8 en lo que llevaba de noche, y record absoluto), y alcanzando una hora considerable de la madrugada, el dueño quería cerrar ya, así que tuvimos que irnos.
Suerte que era verano, y el contraste de la calentura de nuestros cuerpos con la temperatura de la calle no fue muy acusado.

Aunque Benidorm me daba vueltas en la cabeza.

Miguel, que así se llamaba mi partner, curiosamente como la cerveza, o igual de ella se le ocurrió el nombre, me quiso enseñar una zona de cruising de la ciudad.

-No está muy lejos-, me dijo, - A unos cinco/diez minutos del parque de Elche, donde también es zona de cruising, sobre todo cuando cierran los bares, así nos despejamos un rato, y luego, por si te quieres quedar-.

Y por ambas cosas no me pareció mal que me lo enseñara.
No lo conocía, y fuera de locales, no había hecho nada.
Por otra parte, no estaba yo muy convencido de querer hacer nada más con nadie, pues ya me daba por satisfecho, y el mareo era notorio.

(Continuará)...