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27 de junio de 2014

Culito follado





Entrar en un estado de profundo abatimiento o tristeza muchas veces suele estar motivado por alguna cosa o por el acumule de pequeñas cosas, que por separado carecerían de mucha importancia, pero que al juntarse en un momento concreto nos supera.
Ser consciente de ello es, sin duda, en primer paso para superarlo.

Al no saber donde ir, se me ocurrió publicitar en el facebook mi intención de ir a perrear aquella tarde, pero como era de esperar, sin mucho éxito de sugerencias.
Soy perro, pero no muerdo !

Por aquellos días había dejado dicho, pero no recuerdo donde,  que el próximo culo que se pusiera a tiro, me lo follaba.
Decirlo resultaba fácil, pero ejecutarlo no tanto.
Y si el que se me ofreciera no me gustaba para eso, algo más que probable.

Acabé yendo a la sauna Nova Bruc, que aquel día, tal vez porque se tratara de uno de los primeros días del mes, estaba bastante concurrida.
Unas cuantas caras conocidas, entre ellas la de Hugo, con la que hubo un simple gesto de saludo con la cabeza, o la del tío plasta, que afortunadamente ese día me ignoró.

Y así fue que, al poco de entrar, en el cuartito oscuro de la zona nueva, un tío, de buen cuerpete y mejor culo, después de cierto calentamiento mútuo, para mi sorpresa, me lo ofreció.
Cumpliendo los requisitos, recordando la promesa y bien equipado con preservativo y lubricante no pude negarme.
Empezó lo que sería un largo, larguisimo polvo, con sus entradas y salidas y cambios de ritmo, estimulado brevemente con algunos tocamientos de mi trasero y pinzamientos de pezones de terceros que, sólo a ese nivel, se atrevían a intervenir.

Alguien podría haber aprovechado para darle de mamar, follarme o, al menos, haberlo intentado.
Pero no.

Me tuvo que decir que parara, largo rato después de haberse corrido, y en vista que yo no tenía ninguna intención de hacerlo.
Para correrme follando, evidentemente con condón, necesito una sobreestimulación, y como decía, estas fueron breves.

Un osito al vapor, y un doble de pollas, también al vapor, pusieron fin a aquella tarde.

Relativamente satisfecho, pero no contento del todo.


22 de junio de 2014

Sauna Corinto ( Impresiones y la última experiencia ).





Hacía años que no volvía, más de cuatro seguro, a la sauna Corinto de Barcelona.
En la época que iba a una vez cada mes y pico o cada dos meses, era una de las que visitaba con más frecuencia.
De hecho, al principio de escribir este blog, en un mini post titulado "Mi territorio", que por cierto debería de actualizar, era uno de los pocos lugares que mencionaba, en las etiquetas.
Sin embargo, no había vuelto a ir, desde un par de meses más tarde de un pequeño incendio que hubo, e inutilizó uno de los cuartos. No recuerdo bien que año.

Supongo que el descubrimiento del Erotixx y reubicación y apertura de la Sauna Nova Bruc, ambos con precios sustancialmente inferiores, tuvieron su influencia para que me fuera olvidando, no de su existencia, sino de tomarla en consideración para una rápida o espontánea escapada después de la jornada laboral.

Mis recuerdos de las experiencias habidas en la misma estaban dentro de la normalidad. A veces lo pasaba bien, otras mejor y en ocasiones me aburría.
Y el tipo de gente variado, como comentaba en el post anterior, predominantemente joven y turistas, pero también algún que otro maduro.

Y un día de finales de Abril de este año decidí volver.

La primera impresión que me llevé fue la habitual que me voy llevando desde hace bastante tiempo de cualquier lugar al que vaya, salvo que haya una celebración o fiesta especial. Poca gente. Indudable efecto de la crisis.

Hice el habitual recorrido de reconocimiento para ver como está el ambiente del local visitado, para luego dedicarme a lo que me apetezca en ese momento.

No habían más de 10 personas, siendo generoso.
Un sudamericano, dos ingleses, un danés (que oí hablar con uno de los ingleses, por eso supe de donde era), un oriental (que no sé movió de la banqueta en la que estaba sentado durante todo el rato que estuve. Igual era un maniquí, ahora que lo pienso, y el resto, aparentemente lugareños.

El local no había cambiado nada, excepto que los andamiajes de la fachada impedían las vistas a la plaza y a las Ramblas, que en general había más luz, o habían cambiado el juego de luces, y creaba ese efecto.
Tal vez por eso, el lugar se veía un tanto viejito, rayando lo cutre, aunque limpio.
La penumbra maquilla en tonos grises claroscuros las arrugas de la gente  y las grietas y defectos de baldosas y pintura de las paredes.

El laberinto, que servía como cuarto oscuro del local, dejaba de tener ese sentido por la luz indirecta que le llegaba, y la oscura sauna de vapor resultaba impenetrable del fuerte olor a moqueta húmeda.

El oriental impertérrito en su asiento, uno en el bar de palique con el camarero, dos en cabinas con la puerta abierta pero ensimismados, y alguno paseando, como yo, pero ignorando las demás presencias.

Solo uno de los paseantes al cruzarse conmigo me seguía discretamente con la mirada.
Era bastante más que posible que quisiera rollo, pero entre mi natural timidez y el tío treintañero, alto y delgado como un pino, sin pelillos que lucir y aspecto inglés, no me daba pie para el primer paso.

Poco más tarde estaba de pie junto al quicio de la puerta abierta de uno de los cuartos, dando de mamar a un chaval joven, de aspecto sudamericano, en la veintena, sentado en el camastro.

Puerta abierta con acción a la vista, y seguimiento de mirada del larguirucho era ya toda una declaración de intenciones.
Me acerqué sin mediar palabra, como suele ser muy habitual, y me puse a mamar su pezón izquierdo, que tenía justo a la altura de la boca.

Me aceptó, mientras el otro chaval seguía mamando.
De hecho, la actitud de este fue entre distante e indiferente, sin mostrar ningún atisbo de placer, morbo o cualquier otra emoción al verme allí apuntándome a la acción.
Solo de vez en cuando me miraba, tal vez por saber si seguía.
En algún momento, entre que pezoneaba, lamía y tocaba distintas partes de la anatomía del inglés, quien correspondía con toques y gemidos de peli porno.

Dado que lo único que hacía el chaval sudamericano era mamar, no pretendí en ningún momento quitarle la piruleta.

Y como el asunto no daba para más, acabé por marcharme.

Salí decepcionado, tanto por la impresión que me dió el local aquel día, como lo un tanto frustante de la única acción que mantuve allí.

El final de un mes lleno de bonitos momentos que se acababa, el estress de un pico de trabajo, y mal sabor de boca de aquella tarde me llevaron a cuatro días de profunda tristeza.

Pero por suerte, no pasó de ahí.


19 de junio de 2014

Sauna Corinto




Si algo tiene de excepcional y exclusivo la sauna Corinto es su ubicación en el mismo centro de Barcelona, tanto que de estarlo más, estaría en medio de la plaza Catalunya, y su curiosa entrada que la convierte en la más discreta de las entradas posibles al ser aparentemente un portal más, pero que da acceso a una relojería, un hotel y la propia sauna.
Paradigma de las entradas discretas, estando prácticamente en la esquina de la supercomercial calle Pelai con las turísticas Ramblas, con tanto bullicio y movimiento de gente alrededor, nadie se da cuenta cuando entras o sales, y cuando lo haces, nadie sabe donde vas o de donde vienes.

Frecuentado por todo tipo de gente, tal vez predomine más gente joven, y mucho turísta.

Las instalaciones se hallan en el primer piso del inmueble.
Una vez traspasada la puerta, uno se encuentra con la taquilla, en la que te clavan el precio de la entrada, 16 Euros.
Y digo sin rubor alguno que te clavan la entrada, porque eso es común en todas las saunas de la ciudad, quiero suponer que influido por el elevado precio del agua.
De siempre me ha parecido exagerado el coste de la entrada en un día común, fuera de ofertas o día del cliente.

Lo primero que uno se encuentra, como en todas, es el vestuario con las taquillas para cambiarse cómodamente.
Unas cortinillas dan paso al bar, con sus butacas, zona internet y vistas directas a la plaza y Ramblas.
Impagable estar tomándote algo tranquilamente en bolas viendo fuera el ajetreo de la ciudad.

Pasado el bar, la sauna propiamente dicha, que sin ser excesivamente grande, resulta difícil explicar su planta, de recovecos y cortos pasillos que dan acceso a los diferentes cuartos e instalaciones.

Así al entrar, tenemos pasillo enfrente y a la derecha.
A la izquierda, y subiendo un par de escalones nos encontramos con la sala del Jacuzzi, con vistas también a las Ramblas, y siguiendo el pasillo de enfrente, también a mano izquierda viene el cuarto de masajes y un minipasillo con poca luz que da acceso a dos cabinas.
Al final del pasillo, los lavabos, y ya girando a mano derecha, por el nuevo pasillo nos vamos encontrando a la derecha, primero las duchas, luego la sauna seca, y al final, pero a la izquierda, más duchas, y enfrente la sauna de vapor, con muy poca luz.
Cruzando las duchas que he mencionado primero se llega a la sauna de vapor, con más luz, y al pasillo de salida, el que al principio, tras cruzar el bar teníamos a la derecha.
Acabamos llegando a lo vendría ser el centro de la sauna, una sala de forma irregular a modo de distribuidor, del que parte un pasillo que acaba de nuevo en la sala, y de ahí al pasillo de salida.
Al cuarto, tal vez el más grande de la sauna, se accede desde esta salita.
Tomando el pasillo a la derecha, nos encontramos primero un minilaberinto a la izquierda que hacía las veces de cuarto oscuro. Ahora, con más luz, aunque indirecta, pierde su sentido.
Un recoveco, y nuevo pasillo a la derecha, con cuatro cabinas, dos a cada banda, y un cuarto a la izquierda.
Llegamos de nuevo al final de lo que sería la sala irregular, y tenemos un pasillo en forma de L que acaba en dos cabinas, el acceso al minicine y a dos nuevas cabinas, y volviendo a la sala, pasillo de salida.

La verdad es que es más complicado explicarlo que verlo.

Hasta aqui la descripción del lugar.
En el próximo post, mis impresiones y la última experiencia en ella.


14 de junio de 2014

Sauna Nova bruc, El día de los pollones.




Pollón o minipolla?
Pues depende para que, y a veces, ni una ni otra.
Mejor las de tamaño medio, las standar, no?

Un pollón siempre es agradable de ver, tocar y casi siempre de mamar cuando sus dimensiones son compatibles con la capacidad bucal de uno. Pero cuando su uso está encaminado a investigar las oscuras y cálidas profundidades anales, la cosa cambia.
Se me arruga el morro y el hocico, y mis patitas comienzan a temblar sólo de pensarlo.
Solo a veces me aventuro a que se internen en mis entrañas, y depende mucho de la labia del dueño y la confianza que me inspire.

Muchas digo que no, pero no es por eso que no me follen mucho, pues lo normal es encontrarse con pollas de tamaño medio. Y aunque diga que no, me quedo con las ganas... pero el miedo al dolor anal me tira para atrás, pues me corta, de manera definitiva el rollo, para ese momento.
Y ni yo relajo mis músculos anales al instante, ni todo el que quiere y la mete, sabe follar.

Una minipolla me decepciona en relación inversa a su tamaño. Más que nada porque no me siento lleno cuando me baila en la boca, quedando hueco desaprovechado.
Sin embargo, aunque sea un pequeño "mal trago" por el que pasar, es imprescindible animarla para que pase a mayores y se dedique a lo que en las grandes me da reparo, o sea, follar.
Cuando se presta, no suelo decir que no, y la verdad sea dicha, muchas veces con buenos resultados.

Lo normal, en un día, o en el transcurso de varias situaciones, es encontrarse aleatóriamente con cualquiera de los tipos.
Pero el caso que ese día, todas con las que me encontré, respondían a un tipo de ellas. Sólo pollones.

Así, un señor mayorcete, de edad desdibujada por los vapores de la sauna húmeda, me arrinconó y ofreció para mamar tu tremenda polla achampiñonada, a lo cual no me pude negar, pues el tamaño y robustez de la seta compensaba sobradamente el posible reparo de la edad.
Al festín se añadió un tipo grandullón como él solo, de mediana edad, y armado con idéntico arsenal, un pollón de buen calibre.
Aunque tanta carne, y la mala postura, acabaron por cansarme. No quería acabar empachado tan recién llegado a la sauna, y aún no me había relajado lo suficiente para adoptar determinadas prolongadas y forzadas posiciones.

Poco más tarde, unos tristes e indecisos toqueteos tras la celosía del cine dieron paso a una larguisima e impresionante mamada a un tío de buen palmito y buen palmón, en el cuartito oscuro de al lado, si bien la mamada estuvo brevemente aderezada con inquietas manos que palpaban mi siempre hambriento y pocas veces satisfecho trasero, y otra polla, que por unos instantes se puso al alcance de mi boca.
Aunque la mayor parte del tiempo, pude disfrutar de la comida con relativa tranquilidad.

En una vuelta posterior, me sorprendió encontrar paseando un tío tremendo de los de gimnasio, muy musculado, que hacía tranquilamente el doble de volumen que yo, peludo, con buenos pezones.
Realmente muy intimidatorio para acercarme y ni siquiera para tener una fantasía con él.
Sin embargo, instantes más tarde me lo encontré en uno de los cuartos oscuros, donde se dejaba mamar por alguien.
Me atreví a lamerle uno de sus pezones, pero no quise involucrarme más, a pesar de aceptarme de buen grado.
No me parecía ético ponerme a mamársela, cuando ya tenía uno que se lo hacía, y me daba que iba a resultar mucho más pasivo de lo que podría esperar.
O esa fue la excusa que me puse, pues no habría sido la primera vez, ni será la última que, si me aceptan, lo hago, o me encuentro con alguien más que pasivo, inactivo.

Seguí dando vueltas por la sauna, no dejando de sorprenderme de los buenos ejemplares que me había encontrado esa tarde.
Muchas veces, no todas, encuentras a alguien bien armado que te acoge favorablemente, pero de ahí a que todos los tíos con los que topas, vayan bien servidos y quieran enrolarte, pues hay una gran diferencia.
Y la tarde continuó con otro madurito buenorro, con espléndida polla y mejor comida, en la sauna de vapor, hasta el acercamiento de un tercero, que aproveché para dejarlos solos, a su rollo.

Aquel día, por lo visto, estaba más por la labor de disfrutar las mamadas en solitario.

En lo ires y venires, me había llamado la atención un chavalillo, bueno, al menos con cierta diferencia a la baja con respecto a la media, que bien podría tener como mucho treinta y pocos años, delgado al punto que ni fibrado ni escuálido, con pequeñitos pezones.
Y me lo encontré, junto a la tarima de la colchoneta, apoyado en la pared del cuarto junto al minicine,

Le toque los pezones suavemente y no hubo signo de rechazo, por lo que me animé a seguir tocando.
De culito pequeño y prieto, los que me vuelven loco para follar, si es que me entran ganas de follar, claro.
Pollón, como no podía ser de otra manera aquella tarde de milagros, y con anillo alrededor de los huevones a juego.
Evidentemente, no sólo toqué, sino que también estuve disfrutando con manos y boca del conjunto de sus encantos.
Él se mostraba receptivo, pero demasiado pasivo, hasta que me sorprendió cuando comenzó a comerme animádamente los pezones. Pero no la polla.
Y sin pasar por esta, de buenas a primeras, me gira e inclina hacia delante mirando en la penumbra hacia Cuenca, y temiendo ya un arrebato de virilidad activa, me vuelve a sorprender agachándose y comenzando una larga y suave comida de culo.

- Ufff... Pa´ morirse aquí mismo,- pensé.

Como suele ocurrir, esto no ocurrió sin falta de espectadores.
Sin embargo, estos estaban más por la labor de mirar y no tocar.

De repente, paró.
Se incorporó y me cogió de la muñeca, estirando para que lo siguiera.
Nos metimos en la habitación Roma, que aquel día estrené, y allí sobre la colchoneta y sin mediar apenas palabras nos dispusimos a realizar nuestro particular sesenta y nueve, en el mientras yo le comía el rabo, el me comía el culo.

- Ufff... Pa´ morirse aquí mismo,- volví a pensar.
- Beso negro en la Eterna Roma,- buen título para el post, un poco engañoso y un poco desmerecedor para los otros encuentros de la tarde, pero sin duda sugerente.

- Estoy que reviento, tío. Me voy a correr,- le dije, parando de mamar y comenzando a cascármela, no dándole opción a que contestara, pues no era una pregunta, sino una declaración de intenciones.
- Si, cuando quieras,- contestó, mientras lamía mi culo.
- Hazlo sobre mi pecho-.
...
...

- Joder ! Tres litros de leche!,- exclamó sorprendido.
-`Sagerao' !,- le contesté con sonrisa picarona.




7 de junio de 2014

Una tarde rara en el Cine Arenas.




A pesar del poco tiempo disponible, seguía dedicando una hora y poco, una tarde a la semana a hacer una visita al cine Arenas.
Y no es que últimamente, cuando lo frecuentaba, tuviera experiencias interesantes o cuanto menos positivas.
Más bien, no.
Tardes memorables en lo que llevaba de año, sólo las que relataba en los tres últimos posts.
Pero estas no habían sido en el cine, sino en la sauna.
Principalmente por la ausencia de mis habituales, poca gente nueva que me pareciera interesante y pocas ganas de mamar.
Y esto último es lo que, más que preocuparme, me llamaba la atención.
Iba prácticamente por rutina. Lo que más me pillaba, y pilla, de paso. E iba, aún sin tener realmente ganas de nada.

Aquella tarde, nada más entrar, me sorprendió que el chapero delgado y alto, de aspecto magrebí, me dirigiera la palabra preguntándome como estaba, y un par de frases más.
Cortesía agradecida, sabiendo ambos que no queremos nada sexual del otro.
Nuestra relación había sido como mucho hasta ese momento la de un saludo con la mirada, como la que cruzas con alguien que únicamente conoces de vista de algún sitio, y en una ocasión te la encuentras en otro.
Mi actitud seria, retraida y un tanto distante, junto con mi proverbial dificultad para iniciar una conversación, desde luego no favorece la creación de relaciones no sexuales, que en definitiva es a lo que voy.

Momentos más tarde, nada más entrar al minicine, dos manos, de manera firme y decidida, me cogieron de los hombros por detrás, y una voz me saludó efusivamente.
- Mierda !, me han pillado, fue lo primero que pensé, mientras mis neuronas acelaradas intentaban averiguar quien era y que excusa iba a dar.
Al girarme, dos ojos grandes y blancos rodeados de oscuridad me miraban sorprendidos.
- Perdona, me he confundido-, dijo el supuestamente chapero negro del Arenas.
- Tranquilo, no pasa nada,- le contesté, aunque la frase iba más dirigida a mí.

Al salir, de nuevo, el chapero magrebí, se me dirigió para comentar sobre la poca gente que había últimamente.

Al poco rato, ya en cuarto oscuro grande, apostado en la columna que hay en medio, me encontré con Jose (habituales desaparecidos) que entraba con un tío que, a un paso atrás, le siguía.
Fue directo a pellizcarme los pezones, que era su modo de saludarme, quedando su amigo a unos pasos, viendo como intercambiamos cuatro palabras.

Normalmente, Jose siempre va solo, y suele buscarse uno, en ocasiones yo, para pillar a un tercero, y dar un poco de morbo al ambiente.

Les dejé a su rollo, pero al poco rato, en el cuarto oscuro pequeño me pillaron.
Jose, como siempre, directo a mis pezones, y el otro, que no habia visto porque estaba agachado comiéndole la polla, me la pilló también.

- Vamos al lavabo?,- comentó Jose, seguramente convencido que accedería, como así fue.

Con muy pocos preliminares el amigo de Jose, enseguida se puso a mamar ambas pollas.
Puso el culo mirando a Cuenca, para que Jose le follara, mientras a mi me hizo una más que estupenda mamada.

Como envidiaba la posición del amigo, jejeje...

Al salir, vi que rondaba aquel extraño crossdresser de unos posts atrás, ---- , con el que hubo un frustrante intento de rollo.
Pero esta vez nos ignoramos.

Mientras me dirigía de nuevo al cuarto pequeño, en una de mis infinitas vueltas, ví de reojo que Carlos también había acudido al cine ese día, y ya me estaba persiguiendo.

Y allí fue donde me pilló, por detrás, arrinconándome en la esquina del fondo, sin posibilidad de escapar.
Su actitud dominante fue la de siempre, excepto que por primera vez, me hizo correr a mí, pues el acababa de llegar, y yo ya estaba por irme.

Fue una tarde globalmente extraña.
Los chaperos que me hablan, uno se confunde, cosa dificil por cierto, el cd que me ignora, el encuentro con Jose que hacia meses y meses no veía, con su amigo, y el encuentro con Carlos con el final al revés.

Salí del cine diciéndome a mi mismo que no iba a volver más.
Pero no sabía exactamente porque.
Sabía que eso no iba a ser así, pues no era la primera vez que me lo proponía.