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14 de agosto de 2014

Del Mercury al Lovers...




Este año no queria empezar mi primera andanza nocturna por el Lovers.
Asi que opté por el Mercury. Era una apuesta arriesgada, si quería empezar con emociones fuertes, o simplemente emociones, y evidentemente salió mal.
Aunque tal vez fue una pérdida de tiempo necesario, como una pieza de puzzle imprescindible, para coincidir con lo que me esperaba aquella noche.

Cuando entré en el local habían cuatro tios en barra del bar.
Pedí una cerveza, y al rato, aprovechando que la vejiga reclamaba un poco de protagonismo me fui a dar una vuelta por el piso de arriba, donde todo es una zona de cruising con cuartos oscuros, y allí, como quien no quiere, están los lavabos.
Sólo un señor mayor rondaba por la zona.
Cuando me fui, apurando la cerveza, otros cuatro diferentes en barra, y supongo que el mayor seguia arriba, pues no lo ví bajar.

Cabizbajo y con el rabo entre las piernas, me dirigí al Lovers, un tanto decepcionado.
El ambiente estaba en la tónica de un domingo noche, a esas horas. Suficiente gente para crear cierto ambiente, pero sin llegar a estar petado, y mucho menos sentirse uno agobiado.
Había cierto ir y venir de unos pocos, por el pasillo y entre cabinas, pero pocos encuentros se llegaban a materializar. Unos salían juntos de una cabina, y los que más, sólos en el interior de alguna supuestamente actuando a través de los glory holes.
Y aún y así la mayoría de las cabinas estaban libres.
Poco morbo en las actitudes . Nadie morreándose o metiéndose mano a la vista, y mucho menos otros menesteres.
Bar de cerveza en mano, conversación a medias y miraditas. Como la mayoría.
Aunque con espacio, muchas veces desaprovechado, para pasar a mayores. 

Poco más tarde, ví que en fondo del cuarto oscuro estaba el primer tío con el que me enrollé por la tarde en el sexshop el sofa, con la polla fuera esperando que alguien se la tocara o mamase. Y eso fue lo que hice, aunque brevemente pues un tío más alto y bueno que yo, por otra parte ambas cosas nada difícil de superar, se lo llevó del brazo a la cabina, y allí, al cabo de poco rato, se lo acabó follando, en el mismo quicio de la puerta.
Fue lo mas atrevido que hubo mientras estuve allí.

Por mi parte, hubo una breve mamada a un tío, mamada que entraba más bien en la categoría de chupadita a la cual le siguió un intento de mal follar, y sin condón, que evidentemente no prosperó.
Y me fuí.

Me metí en el Bears Bar, que cruzando la calle no está a más de veinte pasos.
No estaba a tope, como se podría esperar del día y hora que era, pero bueno... algo de ambiente se veía.
Cerveza San Miguel y para abajo que me fui.
La zona de cruising estaba también concurrida, pero sin llegar a estar demasiado animada.
Poco movimiento y muchas esperas.

Comenzaba a estar caliente, después de mi tercera cerveza de la noche, dos más bien intentos de enrollamiento, y los roces que se producían en los pasos estrechos...
Recordar el empacho de pollas de la tarde también ayudaba, aunque esta vez, y de momento no me apetecía especialmente mamar nada.

Quería que me follaran.
Sin muchos preámbulos.
Pero, por raro que parezca, no sabía como conseguirlo.

(Continuará...)