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15 de septiembre de 2014

Sexo, Coca y Limoncello




Después de aquellos tres polvazos, siendo que era todavía relativamente temprano para acostarme, y más tratándose de mi primera noche, opté por pasarme por el New Copper, a tomarme si acaso la última cervecita de la noche y ver como estaba de ambiente.

El ambiente no podía ser más desolador.
Nadie, excepto el camarero y yo.
No obstante, me desnudé como marca las normas de la casa, quedándome únicamente con los calzoncillos puestos, pedí una cerveza y conversé amistosamente con el camarero.
Que si antes habían venido unos chicos y habían animado el local un buen rato, y a lo mejor volvían más tarde, no me servía de excusa para quedarme mucho rato.
Cuando me terminé la San Miguel, me fuí, a recomendación del camarero, al otro Copper que había abierto este año en el mismo Benidorm, este en la calle St.Vincenç, creo recordar.

- Igual allí hay ahora más gente,- me dijo.

Tras cruzar el umbral de la puerta ya ví a un cliente grandullón, aunque vestido, pero tras las cortinas que impedían ver más allá, al menos se oían voces.

- Pasa !,- me indicó el camarero desde detrás de la barra.
- Ya verás que bien te lo pasarás !-, continuó, al tiempo que, seguramente, se me marcaba una mueca de escepticismo en la cara de tanto optimismo que demostraba.

Mientras me servía una cerveza, me desnudé, quedándome esta vez también en slip, tras la cortina, junto con otro tipo que jugueteaba con el móvil, también vestido.

El mosqueo que me estaba cogiendo de ver dos tipos vestidos en un local supuestamente nudista se me fue tras cruzar la segunda cortinilla, al ver un par de tíos sin camiseta ni pantalones, sentados, medio liados sin muchos aspavientos, cerveceando y conversando amistosamente.

Y allí, en medio del pequeño local, un tipo en jarras, con slip y chalequito, en posición de espera de decir "ven y tómame". Resultó ser el que me había atentido en la barra. Al menos ese día, hacía de camarero.

Pues fui, le chupe su escondida polla y le mordisqueé suavemente los pezones.
Estatura media, tirando a bajito, mediana edad, cuerpo sencillo sin pelos ni estridencias marcadas, lo que más me llamaba la atención era su piel extraordinariamente suave.
La polla entraba en la categoría de discreta y encima a medio gas, pues mucho que se la mamara, no acababa de coger una dureza óptima.

Tras el primer reconocimiento de mordisqueos, pellizcos y lametones, hubo el primer intercambio de frases de saludo.

- ¿De donde eres?, ¿Como te llamas?, ¿Vives por aqui o estás vacaciones unos días?, y alguna más.
Y las mamadas reciprocas y el pezoneo continuó, aunque interrumpidas en múltiples ocasiones, ya que se iba a atender a quien entraba en el local o servir algo a alguno de los cuatro "clientes" que allí estaban.

Cuando los dos clientes semidesnudos que desde la barra nos contemplaban, mostraron su intención de irse, el camarero, Juan, llamémosle así, les invitó a unirse a la merendola.
Pero parecían tener claras sus intenciones, rehusaron amablemente con una sonrisa en los labios y se marcharon a continuar posiblemente con lo suyo.

- Vente luego a mi casa,- me dijo, - ahora en un momento cerraré. Tengo ahí a mi marido más que aburrido y cansado,- continuó, señalando hacia la barra.
Supuse que era el más joven de los dos, el que estaba matando el tiempo con el móvil.
Me sentí extraño estar ahí en medio, mamando y jugueteando, teniendo al pariente enfrente viéndolo todo.
Pero las seis cervezas que ya llevaba en el cuerpo atenuaba considerablemente el sentimiento de culpa o vergüenza.

- No, gracias,- le contesté,- estoy muy cansado. Acabo de llegar esta misma tarde, y he tenido tanto la tarde como lo que llevamos de noche bastante movidita.

Se empeño en convencerme, y de tanto insistir, finalmente, accedí a sus deseos.

Mientras se disponía a dejar las cosas arregladas para cerrar el local, el grandullón de la barra se acercó a la punta de la barra donde me hallaba esperando, y como quién no quiere, me dió su pezón a lamer.

A buenas horas se espabila este,- pensé.
Pero sólo se limitó a eso.
Mientras Juan cogió una botella de limoncello, y apagando luces y cerrando puertas salimos del bar los cuatro que quedábamos.
Resultó que el marido era el grandullón, y el joven del móvil, un amigo de ellos, que no sólo nos condujo en su coche a su casa en la otra punta de Benidorm, sino que subió con nosotros al apartamento.

Aunque no tenía mucho la cabeza para pensar, sí se me pasó la idea que aquello iba a acabar en una orgía a cuatro.
La idea a priori no me desagradaba, pero no tenía el cuerpo ya para mucha fiesta, y tenía mi duda que fuera a bien, pues no había habido, aparte de la breve lamida de pezón al marido, nada más que indicara que hubiera cierto feeling o amago de compatibilidad entre nosotros.

La duda se me disipó cuando una vez en el apartamento, el marido desapareció en su habitación, y el amigo, entretenido con el móvil, se apalancó en uno de los sofás.

Una línea ?,- me preguntó Juan, - Nosotros tomamos, te importa?.
No, no, No me importa -, contesté bien sin saber exactamente a qué contestaba, hasta que no ví como no sé de donde, sacaba unos polvitos blancos, y sobre una carpeta los echaba, disponiéndolos a lo largo, en unas finas lineas.

Tras ofrecerle al amigo, le preguntó que iba a hacer.
- Me quedaré una hora más, y luego me iré-, le contestó.

- Quieres ?,- preguntó, mostrándome el canutillo para que aspira por él.
- Te la quiero bien dura,- continuó, como tratando de explicar sus intenciones.
- Y eso como te la deja?,- pregunté sin disimulada inocencia, pues bien es cierto que desconocía los efectos, pero a pesar de mi ignorancia en estos temas, sé que no siempre las drogas actuan de la manera propuesta, sino que suelen potencia el estado de ánimo en el que estés.
Yo estaba medio mareado por las cervezas y muy cansado después de todo el meneíto que llevaba.
- 50 por ciento-, me dijo.
-Pues tu mismo, - le contesté, dejándole a él la elección de si me tomaba la linea o no, pues viendo como estaba, yo, por mi parte, no podía asegurarle la dureza deseada.
Personalmente me daba igual tomarla que no tomarla, pues suponía que, en el peor de los casos, se me bajaría definitivamente y caería frito.

La ignorancia siempre suele ser muy atrevida.

Con el joven postrado en el sofá bien entretenido y el marido plácidamente durmiendo, nos fuimos los dos a disfrutar el resto de la noche.

Y que decir que la polla se me puso dura.
Tanto bien dura como para que después de una interminable e insaciable comida de culo, le pegara unos cuantos polvazos a Juan de los que hacen historia.
O también se podría decir que era él el que no paraba de cabagar sobre mi polla.

Entre comida de culo y polvo, línea y sorbito de limoncello.
Un par de lineas y no quise más, y la botella hasta que se acabó.
Así, el resto de la noche follando hasta que despuntó el alba.

Toda mi reputación de pasivo por los suelos.

Acabó corriéndose. Yo no.

Quedamos exhaustos, y a pesar del cansancio, me fue imposible conciliar el sueño.
No sé si fue efecto de la coca o por que tenía metido en la cabeza la obsesión de querer despertarme en la habitación de mi hotel, lo que no me dejaba dormir.

Intentó en vano convencerme de que me quedara y desayunar juntos por la mañana.
No sé bien que hora sería, pero ya había amanecido cuando salí de su casa, y tomé el camino recto hacia mi hotel.
Me tomé un café con leche en un bar que apenas estaba abriendo, con la intención de atemperar un poco el cuerpo, pero que, como contrapartida disipó el sueño que tenía.

Veinte minutos más tarde llegaba al hotel, me costó dormir, y para cuando lo hice, apenas fueron hora y media.
Demasiado poco para el trajín que me había llevado, ni para afrontar todo el día.

Durante el día me fueron apareciendo agujetas, desde las cejas al rabo, pasando por el hocico, y afortunadamente Morfeo me visitó a media tarde regalándome tres horas de un ansiado, placentero y reparador sueño. 

Pero aún así, no estaba yo muy seguro que fuera a aguantar entero toda la siguiente noche que estaba por venir.



3 de septiembre de 2014

Sexo... ( Los tres polvos )




Quería que me follaran y no sabía como conseguirlo !
Pues así era.

Bastantes veces, más de las que quisiera, después de comenzar a liarme con alguien, este se me pone de culo con clara intención de que lo folle. Obviamente así se me corta el rollo, me hago el remolón y en la mayoría de casos ahí se acaba la historia porque el tío no consigue aquello que quiere de mí.
Otras veces, las menos, pero que acaban siendo muy satisfactorias, el tio renuncia buenamente a su pretensión y seguimos con otras actividades.
Yo no soy de esos, pues cuando quiero que me follen, y ya digo que no es siempre, normalmente espero que el tío en cuestión muestre algún interés en follarme, para luego aceptar o no.
Y así me va, que de follar, bien poco.

Así que en esta ocasión, con tres birras en la sangre y sabiendo lo que quería, me metí en una de las jaulas de palets del final de la zona de cruising, y en un rincón bastante oscuro, botella en mano, me dispuse con los pantalones cortos medio bajados y de espaldas a la concurrencia que fuera pasando, dejando bien a mano aquello que ofrecía.
El culo en pompa, sería lo primero que tocaran, aquellos que, a tientas, fueran entrando.
Reconozco que resulta una posición poco decorosa.
Quedaba por saber si iba a resultar efectiva.

Y ni un minuto tuve que esperar para que un pez picara el anzuelo.

El individuo en cuestión entró, tocó, palpó, urgó y folló.
Aunque cabe decir que fué un poco brusco.
Después de tocar y palpar la consistencia y dimensiones de mi trasero, urgó en mi ojete para ver si estaba follable o no.
Caliente, húmedo y estrecho seguro que lo encontraba, así que en el impasse de ponerse el preservativo, me apresuré a lubricarme con el gel que previsoramente me había comprado aquella tarde en el sexshop y una breve esnifada del desbravado poppers que llevaba, y creo recordar que fue la única vez en esos días que tomé.
A punto quedé para que se me dilataran los músculos anales y se deslizara suavemente una anónima y desconocida polla, que pude comprobar a priori, se ajustaba a unas medidas razonables.

Pero al ser la primera verga de la temporada, y lo que es más importante, el arte o torpeza con que la gente folla, o al menos, en las primeras acometidas, hubo un poco de dolor, aunque este fue breve.
Como el polvo, que también resultó ser algo rápido.

Pero no resultó tan breve como para que durante el mismo, me encontrará una polla con un principe Alberto golpeándome en el hocico.
Así fue, que mientras la primera follaba mi trasero, la  polla piercineada hacía lo propio, bien acompasádamente en mi boca.

Sentir una rabo con un anillo metálico moverse en la boca y golpeando los dientes tiene su punto morboso, pero no es algo que me entusiasme, pero tener dos rabos metidos en el cuerpo me elevaba al séptimo cielo.

Cuando el tío acabo de follarme el culo, pronto lo sustituyó el del piercing, al cual también lo sustituyó en la boca, una aún más vigorosa polla.
Más sincronización parecía imposible.

Mientras el tío que me acaba de follar se sacaba el preservativo, se adecentaba y se subía los pantalones, el rabo con piercing dejaba mi boca libre para un nuevo rabo espléndido que parecía que estuviera esperando su turno, se ponía a la par un condón y en un periquete, ambos orificios volvían a estar gratamente ocupados.

El primer trabajito había dejado bien dilatado mi orificio anal, así que al 'principe´ no le costó ningún esfuerzo penetrarlo, ni a mi ningún sufrimiento añadido.

Y en lo que dura un polvo, pronto al 'principe' le sustituía el segundo que me había estando follando la boca.
A pesar de estar en las nubes, era plenamente consciente de mi dicha y no dejaba de sorprenderme, aparte de la sincronía, la armonía de tamaños entre las diferentes pollas, de sus parecidos ritmos en el instante de follar y lo adecuadamente equipadas que iban con su preservativo dispuesto al momento.

Ni en el más atrevido de mis sueños me lo podría haber imaginado que todo rulara tan bien. Bueno, sí, sueños y fantasías suelen ser perfectos.
Estaba siendo follado por delante y por detrás, por pollas que se iban turnando.

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, y menos las terceras. Mentira podrida.
Es esta ocasión, cada polla, cada polvo superaba con creces a su anterior, en duración, morbo, maestría e intensidad.

Hubo un momento de pausa, que no recuerdo si me la sacó o se le salió por algún motivo, pero aproveché para  apurar la ya caliente cerveza que había dejado en un rincón.
Y enseguida volvimos a la jodienda, aunque esta vez tenía la boca libre con lo cual mis gemidos y jadeos se hicieron más perceptibles, aumentando la excitación de ambos.

Llegado el momento, tuve que decirle que parara, pero no me entendía.
Así que tuve que recurrir a la lengua de Shakespeare.

- Stop, stop, please-, acerté a decir,- I'm very tired-.
- Oh, Okey, Okey,- contestó, para alegría mía y alivio de mi culete.

Mientras en la oscuridad de aquel rincón me limpiaba un poquillo y adecentaba para salir le dije:

- You fuck very, very well-, que no sé si estaba muy bien dicho, pero a buen seguro me entendería.
- Nanananana...no sé qué, your fantastic ass, cosa última que entendí y aquí transcribo. Y nos despedimos.
- Bye.
- Bye.

Abajo en la zona de cruising no quedaba casi nadie, y arriba en el bar, la desolación era también casi total.
No podía ser que hubiera pasado tantísimo rato, pensé.
Y no, ciertamente no era así, pues apenas eran las dos y cuarto de la madrugada.

Muy temprano para volver al hotel en mi primera salida nocturna.
Así que decidí pasarme por el New Copper a tomarme la última cervecita de la noche.

O eso creí en aquel momento.

(Continuará)