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1 de febrero de 2015

Los últimos días en el Arenas




Dos meses transcurrieron entre el anterior y el presente post.
De mediados de agosto a mediados de octubre.
Entre medio, tranquilidad, relax, paz y perreo cero.
Por deseo expreso.

Aproveché el hecho de la poca afluencia de gente, con la consiguiente poca actividad en verano de los sitios que frecuento para reducir mis visitas a estos locales, para intentar luego, con cierta garantía estar al menos un par de mese "inactivo".
La sensación de descontrol cuando el deseo de perrear me domina, como si me entrara el mono, cosa que no me gusta en absoluto, y la sensación de tirar el dinero de las entradas de los locales que frecuento para no conseguir nada medianamente satisfactorio contribuyo a tomar la decisión.
Tener las vacaciones a final del verano y comenzar una actividad en uno de los días criticos de la semana que normalmente siempre acababa perreando ayudaron notablemente a centrarme en mi propósito.

Y volví.

A excepción del primer y segundo día del retorno a la actividad, en concreto, del cine Arenas, el resto tuvo un desarrollo muy similar.

Aquel primer día, nada más entrar al pequeño cuarto oscuro del cine, me ví súbitamente rodeado de múltiples cuerpos y en nada estaba arrodillado mamando una de las pollas.
Una y sólo una !!!, pero bien podrían haber sido varias de las que me rodeaban deseosas de ser comidas.
Pero me contentaba con tocarlas, mientras sólo me centraba en una.
La escena duró poco tiempo, pero yo mismo me sorprendía de que después de dos meses de hambre canino-sexual, y ante los manjares presentados, no tuviera la necesidad de zampármelas todas.

El segundo día, de hecho, a la semana siguiente, me encontré a Manolo (ver habituales 2013), del cual no me pude, ni quise, escapar.
Me llevó al lavabo donde, después de un montón de tiempo, se la comí, corriéndose como solía ser habitual en mi mejilla.
Y ahí se acabó la cuestión de ser yo el mamador.
El resto de la tarde, y de las cuatro o cinco veces posteriores que fuí al cine, siempre acabé siendo el mamado, y siempre por el mismo tipo.

Contribuyó el hecho que no me encontré con mis habituales y el que no me apeteciera en absoluto mamar nada ni a nadie.
Me estaba volviendo más selectivo?, Estaba cambiando de rol?, Había cambiado la gente del cine y no encontraba a nadie que me llamara mínimamente la atención?.

El caso es que cada vez que iba, un tipo joven, de entre 30-40 años, más que visto por allí, el cual jamás me había hecho el mínimo caso, y viceversa, pues su mirada, ampliada por unas gafa de pasta, le daban un aire de obseso que siempre me había echado para atrás.
Sin embargo, ahora, vez que me veía, ya no me lo quitaba de encima hasta que se me ponía a mamar y dejarme seco.
Reconozco que el chaval tiene un muy buen mamar, pero no era la situación deseada.
Y, como digo, siempre se acababa repitiendo, y de hecho, era lo único que ocurría.

Así que, he dejado de ir...

Temporalmente?.