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29 de agosto de 2015

El polvo indio (Última parte).




Mientras le comía el rabo, un pequeño grupo de personas se dispusieron a nuestro alrededor.
Un corrillo, que a cierta distancia, podían ver si llegar a poder tocar, ni yo distraerme con otros manjares.

En un momento concreto, mi mamado le hizo un gesto a uno para que se acercara un poco, cosa que no dudó ni un segundo en hacer, situándose detrás mío, rozando su polla sobre mis hombros.
Pero ahí se quedó.

Dos del corrillo comenzaron a liarse entre ellos.
El resto miraba.

- Sigueme- me susurró al oido, en un momento que me levanté para estirar las piernas.

-¿Quieres que deje la puerta abierta para que otro te trabaje el culito?- preguntó nada más cerrarla, volviéndola a abrir al responderle afirmativamente.
Pero al poco, y viendo que no pasaba nadie, optamos por un poco de intimidad.
-Ya te lo trabajaré yo, que a mi también me gusta follar- afirmó - así que si quieres...?- continuó dejando la pregunta en el aire.

Me mostré un tanto dudoso, pues el mozo disponía de un cipote de buen calibre, de aquellos que no entran enteros en la boca, como había podido previamente comprobar.
Sin embargo, y puesto que ya me había follado mi indito amazónico, debía tener mi, normalmente, estrecho culete suficientemente trabajado como para no que me resultara demasiado problemático un nuevo intento de follada.

Me puse a cuatro patas, y comenzó un toqueteo de nalgas muy suave, abriéndome poco a poco, sin prisas y parándose a juguetear en mi ano, su cálida y húmeda lengua.

No sé de donde sacó el condón y el lubricante, pero por lo visto iba bien preparado.
Sin mucha dilación se lo enfundó y preparó mi ansioso culo para recibir su hermosa hombría.

Ni que decir que follaba estupendamente.
Pero el tiempo comenzaba a apremiar.
Quería, o más bien, necesitaba correrme, y así se lo dije.
Y así lo hice.

Breve, pero todo un señor polvazo.

Y más guerra quería cuando nos reencontramos en las duchas.
Pero no podía ser.
Al salir, apareció de la nada, como siempre y al final de la tarde, Xavi, el eterno rechazado.
Esperando mi negativa, me cogió suavemente la cara con las dos manos y me besó dulcemente los labios, al tiempo que con una sonrisa decía: "Pues otro día será".

De camino a las taquillas, me encontré de nuevo con el indio
-Ya te vas?, No quieres seguir un rato?- preguntó, pareciendo que el mal rollo se le había ido a saber donde.
Hicimos un intercambio de impresiones y nos despedimos.

Dos polvazos en una tarde, y una rica comida de tres pollas, no estaba nada mal para celebrar el recién abandonado resfriado.

(19  mayo 2014)


24 de agosto de 2015

El polvo indio (3ª parte) - El después




- Quieres que te mee?, preguntó, como quién se interesa por la hora.
- Hombre..., pues sí, vale-, respondí un tanto azorado. Y ya que, por fin, alguien me lo proponía, accedí.
- Lo que pasa, que aquí me parece un poco cochinada, mejor en otro sitio, no?-, continué, pensando más en la sauna de vapor o mejor incluso en las duchas, que están un poco más acondicionadas en tales menesteres.

El chaval asintió con la cabeza, y creyendo yo  que lo dejaría para más tarde.
Y siguiendo en su particular línea, continuó con sus desconcertante interrogatorio
- ¿cuantas pollas te has comido?,- preguntó
- Cinco-, contesté inocentemente, tras un repaso fugaz de aquella tarde.
- Y polvos, solo uno. Tú.-, aclaré.
- Cinco? !!!-, exclamó, preguntando todo... ¿sorprendido?, ¿escandalizado?, no sabría decir.
- Tío, me has cortado el rollo-, sentenció.

Ahora el que se había quedado como pasta de boniato era yo.

Así tan de repende, pensé, que se le ha cortado el rollo!.
Podría haberle especificado que fueron tres manadas en un sólo tiempo, la de Antonio y los otros dos tipos que conté en la primera parte de esta seria "El polvo indio", tres buenos cipotes, ciertamente, en el que uno se largó sin correrse, el segundo sobre la pierna y el tercero desparramó su leche en el suelo.

Las otras dos, apenas merecieron una escondida alusión en la frase: "Algunas miradas, algunos toques, algunas posibilidades", del principio de la segunda parte., ya que apenas fueron unos segundos, tras los cuales las rechacé.
Pero no hice nada por cambiarle de opinión.
Que cada uno se trague sus comidas de tarro, que bastante tengo con las mías.

Se tapó con el paño y recogiendo la toalla comentó:
-Me hubiera gustado también follarte en las escaleras, así como para dar morbo-.
-Pues no te hubiera dicho que no-, respondí.
-Ir a la sauna es también para incitar un poco el morbo con la gente con la que te encuentres, porque para quedarse dentro de una cabina, a veces, no vale la pena,- proseguí.
Era un fiel pensamiento que tengo al respecto, si bien, en ningún caso lo dije con segundas.
Y creo que no lo pilló como tal.

Comenzó una nueva tanda de paseos.
De primeras comenzó a seguirme un tipo gordote, superpeludo de pecho y brazos, labios carnosos, y piel morena con aire de Indo-Pakistaní.
Una raza de hombres viriles, sin dudarlo, muchos de ellos realmente guapos, pero que no me acaban de llegar al punto de excitarme. Curioso.
Supongo que les tengo asociado un carácter muy machista, que para un polvo ya me va bien, pero al mismo tiempo, muy poco tacto sexual.
Comida de tarro mía.

En tipo que estaba en el sling, seguía allí, esta vez y por fin, en buena compañia.
Un machito calvo adorable se lo estaba follando, al tiempo que por detrás de este, un tío, tipo oso voluminoso intentaba lo mismo con el calvo, pero sin éxito.
Un rato más tarde, el calvo se la estaba mamando, para después, seguir follándolo.
Y más tarde aún, quien parecía que se lo acababa de cepillar era mi indio.
Indudablemente, el tio del sling estaba teniendo también una tarde memorable.

Estaba ya por irme, de hecho, bajando ya las escaleras del piso superior para dirigirme a las duchas, cuando me crucé con uno de esos tipos que me daba la impresión que me emitian señales.
Decidido y sin pensarlo, di vuelta sobre mis pasos, y me dirigí de nuevo hacia la playing room, de donde venía.

Quería comprobar si no andaba equivocado.
Y el tipo me siguió.
Me siguió hasta tenerlo lo suficientemente cerca para rozarle los pezones y ponerme a lamerlos.
Le gustaba.
-Vamos a una cabina?-preguntó de inmediato.
-No- le respondí escuetamente.
-Ah!, quieres probarla antes?.

No contesté.

(Continuará)


20 de agosto de 2015

El polvo indio (2ª parte) - El durante





Después de haber jugueteado con Antonio, y comido aquel par de pollas del par de tiarrones y de haber sido regado con la leche de uno de ellos, me fuí a dar una vueltecilla para estirar las patas y relajarme un rato.
En la playing room chirriaban las cadenas del sling con el suave balanceo de un solitario ocupante.
Pobrecillo, pensé, si tiene que esperar a que le venga alguien a darle alguna alegría.
Dos espectadores en el cine, la sauna de vapor extrañamente vacía.
Algunas miradas, algunos toques, algunas posibilidades.

Caminando de vuelta al cuarto de los slings para ver si algo habia cambiado en la suerte del usuario, un saludo subiendo a media escalera interrumpió me ensimismamiento.

- Hola, a donde vas?,- me preguntó una voz con tal desparpajo.
- Pues mira, dando una vuelta-, le contesté yo, creo que amablemente, mientras comprobaba la naturaleza del tipo en cuestión.

Era un chaval, vaso de cerveza en mano, que bien podría rondar los 25 años, o poco más, sudamericano sin lugar a dudas por acento y aspecto, delgado, moreno, sin vello corporal y cabello lacio de flequillo recto, muy al estilo que, al menos yo, relaciono con los indios amazónicos.
Sus rasgos faciales, claramente nativo de aquellas tierras, no desprendían la dureza de los Andes, sino más bien evocaba los suaves meandros del gran río.

- Que te gusta?,- prosiguió, de manera tan clara como directa.
- Depende, un poco de todo-, respondí, vacilando un poco. No todo lo que me gusta lo hago con cualquiera, y menos sin saber de los gustos ajenos, y hay cosas que aunque no me gusten especialmente, puedo llegar a hacerlas, sin muchos problemas, dependiendo de la situación y del partenaire.
Aunque esta explicación no se la dí, iba incluida en la palabra "Depende".

Me miró como divertido.
Toco el pelo de pecho, que por aquellos días lucía abundante, palpó mi culo, cual fruta en el mostrador del super, y emitió un sonido de aprobación.
- Mmm..., vamos a una cabina?. Tengo ganas de follarme un culo,- exclamó, con la misma desenvoltura que antes.

Bien podría haber dicho "tu culo", pero dijo "un culo".
Podría haber sido el de cualquier otro, pero el mío debía pasar el mínimo de sus exigencias, por lo visto.
Accedí.

- Ponte a cuatro patas sobre la colchoneta,- ordenó, más que sugirió.
A estas alturas sus maneras tan sueltas ya no me sorprendían.
Y yo que soy un "mandao" así lo hice.

Volvió a palparme el trasero, esta vez gozando sin dudar de un primer plano.
- Ábretelo-, dijo, mientras comenzó a hacer un ruidillo que identifiqué con el rasgado del envoltorio de un condón.
Así era.
Sobre su polla, más bien de tamaño pequeño, comenzó a extenderse el preservativo, que si bien le bailaba en la punta, de la base se le mantenía firme.

Escupió sobre mi culo abierto y hambriento, y comenzó a follarme sin apenas dificultad.
Eso es lo que me gusta de las pollas pequeñas.

Y folló y folló, y siguió follando.
Así me tuvo un buen rato.
Rápidos movimientos pélvicos. Un mete y saca continuo. Un placer infinito.

En medio de embates soltó:

- Qué, te lo esperabas?.
- Pues no,- respondí, para que mentir.
- Eres sumisa? -, continuó, así en femenino, supongo que para hacerse más el machote.
- Ante un buen macho, a tí que te parece-, le dije, para no disminuirle el ego.
- Date la vuelta-, ordenó, y así hice, poniéndome patiabierto y boca arriba para que pudiera continuar follándome, esta vez de cara.
-Te gusta, eh?-, continuó gallito y muy satisfecho.

Cuando se cansó de la jodienda, sacó el rabillo de mi alborozado trasero.

- Anda, chupa !, ordenó resueltamente.
- Hum... - pensé para mis adentros. No había mucho que chupar, y encima tenía un sabor insoportable a látex del condón, cosa que me repugna bastante.
Luego, después de mucho rato y aún habiendo bebido algo, sigo teniendo ese olorcillo impregnado en la nariz.
Pero chupé con decisión, pues el polvazo recibido y lo que pudiera venir después bien se lo merecía.

En una pausa para encajar la mandibula, con cara de espectación, preguntó:

¿Quieres que te mee?.

(Continuará)...


17 de agosto de 2015

El polvo indio (1ª parte) - El antes



No se podría decir que hubiera ni más ni menos gente que cualquiera de esas últimas ocasiones que me había dado por ir a la sauna condal.
Casi como un ritual paso primero por el vestuario, luego el lavabo y ducha. Siempre el mismo orden.
Ya con el uniforme, toalla, paño y zapatillas, comienza el paseíllo de primer reconocimiento.
Que si hocico asomando a la sauna de vapor y luego a la seca, para comprobar si hay ambientillo, vistazo a los pasillos y cabinas junto al bar, luego el cine, cuarto oscuro, pasillo y más cabinas.
Era el recorrido habitual de observación de cambios en la sauna y del personal.
Un ver como tal estaba siendo aquella tarde y que me podía esperar.

Así de primeras no me suelo entretener en ninguno de los sitios, muchas veces porque no hay nadie, o si hay no suelen estar haciendo nada más que esperar.

Muchas esperas.
Muchas de ellas, desesperadas.

Y yo tan recién entrado, tampoco estoy por la labor de lanzarme sin previo calentamiento.
Si por aquella de esas casualidades ya hubiera un corrillo formado, como mucho me quedo a ver que pasa. Pero no suele ocurrir, hasta más tarde.
Continuo la visita por la planta de arriba, mirando a los que esperan en las cabinas abiertas, en sus diferentes posturas, y acabando en la playing room.

Ni mas ni menos gente que otras veces.

---

Y ahí estaba Antonio.
En la suave penumbra de la entrada del cuarto oscuro.
Apoyado en la pared, esperando. Confiado.
Sabiendo que su definido torso atrae miradas de deseo y manos lascivas.

Habitual del cine Arenas, cuando me lo encuentro no puedo evitar recordar un post llamado " Via Lactis", cuyos primeros versos le dediqué.

Él no lo sabe.

No hablamos.
Acaricio, toco, palpo
lamo y relamo,
chupo y mamo.

Algún gemido como única muestra del éxtasis en el que se sumerge, extasiado, sintiendo mi lengua recorrer su depilado cuerpo, buscando sus rincones secretos.

Y esta vez no fue distinto.
Excepto en el final.

Dos tipos se acercaron, ambos altos. Uno delgado y el otro de blanco pelaje.
El delgado toqueteaba al tentador Antonio. El peludo, al delgado.
Y yo seguía principalmente a lo mío, aunque de tanto en tanto, alguna de las manos se me escapaba ante semejantes ejemplares.
Tres torres.

Cuando se me comenzó a escapar algo más que dos manos, Antonio optó por marcharse.
Supongo que no ser el único foco de mi interés le desmotivó un poco.
Así que me quedé con los otros dos, mamándoles la polla a la vez, o cambiando de uno a otro.
En una de esas alternancias, el peludo albino aprovechó para agarrarme firme de la cabeza para follarme bien la boca, y acabar corriéndose abundantemente sobre mi pierna.

Ya entonces me quedé sólo con el tipo alto.
De piel finísma, pezones discretos y polla larga y fina.

- Chupa y sácame le leche de las tetas-, me requirió, al ver que me explayaba con sus pezones.
- Mama como un bebé-, prosiguió, aunque esta comparación me desmotivaba, sinceramente.
-Y luego me sacas la leche de la polla-, dijo, asintiendo yo más animado.

En el momento que decidí agacharme para mamarle, comentó que lo hiciera despacio, pues estaba a punto de correrse y no quería hacerlo ya.
- Pues te vas a correr antes que contar tres-, pensé.
Y así fue.
Aunque esta vez no gocé del privilegio de sentir su néctar derramarse sobre mi piel, pues lo arrojó todo sobre el afortunado suelo.

No estuvo mal el comienzo de aquella tarde

(Continuará)