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24 de septiembre de 2015

Mamadas por la República





"¿Y ahora que cojones hago?.
¿Me voy a manifestar por la república o me voy a follar a la sauna?
Ambos objetivos son difíciles, pero no imposibles.
El otro día follé un buen culito, y por aquí ya se vota republicano mayoritariamente".

Así tal cual posteaba en el Feisbuc, aquel 2 de Junio de 2014, en el que el rey de España, Juan Carlos I, impuesto por el dictador golpista Franco como su sucesor, y refrendado en la sacrosanta constitución, anunciaba por fin su abdicación al trono, después de casi el mismo tiempo de permanencia que su tutor en la jefatura del estado.

No se veía mayor afluencia de gente en el centro de Barcelona que un día normal, no así en la sauna, que el trasiego de personal en el vestuario era considerable, tal vez por cambio de turno, y tras el recorrido habitual pude comprobar que no solo muchas de las cabinas estaban ocupadas, sino incluso había murmullos en el lavabo, a saber que estarían haciendo, si follando o 'empolvándose' la nariz, y más movimiento en la playroom del piso superior de lo normal, para la hora que suelo llegar.

Un tipo a cuatro patas sobre la colchoneta mientras se lo follaba uno, y dos a ambos lados tocándole. Un tío mamándosela a otro a apenas un par de metros de la follada; un osete sentado, otro tío bien espatarrado sobre uno de los slings, si bien sin gente que le hiciera caso; y cuatro tíos pululando y observando sin decirse a que hacer.

Al poco que volví, el tipo de la colchoneta estaba siendo follado por otro.
- Que envidia !- pensé, o más bien, sentí.
El resto del escenario no había variado mucho.
Al osete que estaba sentado sobre la camastro, ahora se estaba cambiando un mamador por otro.

Apoyados en el tabique central, la de los glory holes, que separa la cruz de St.Andrés, dos tipos osunos estaban bien liados entre apretujones, sobeos y besos.
Me puse muy cerca, al alcance de sus manos, por no decir a tiro.

Y funcionó porque directamente, sin preámbulos me pusieron a mamar.
¿Debo tener cara de mamón?,- pensé, alegrándome a la vez de que no se anduvieran con rodeos.
Si querían eso, para que perder el tiempo en tocamientos!.

Al poco que estuviera trabajando los bajos del par de osotes, por un rato se nos arrejuntó un tercero, del mismo tipo físico, que resultó ser francés dejó y que en breve dejaba espacio a otro, este último un tanto picha flácida, pero el más guapo y buenorro de todos.
El buen rato a cuatro pollas no duró mucho, como era de esperar, y el último acabó yéndose el primero.
El trío restante, mientras yo seguía con mi banquete de surtidos de morcillas, se estaban poniendo de acuerdo para ir a una cabina y continuar allí.
No me preguntaron.
Me hicieron incorporar y me indicaron que les siguiera.

Llegamos pues a la cabina y yo me dispuse presto a seguir mamando a aquel trío de osos cuarentones.
Entre ellos, pezoneaban, achuchaban, pero sobre todo se besaban.
Largos e intensos morreos y lengüetazos.

Pero el francés, de polla más grande que el resto, curvada hacia arriba y adornada con un cocking metático no tardó mucho en irse, debido a considerable aumento de la pasional y por ende, ambiental, a la que se estaba llegando allí dentro.

- Il fait trop chaud..., mucho calor,- dijo, combinando las dos lenguas, a modo de excusa.

Me quedé a dos pollas, lo cual facilitaba la alternancia.
Entre tocamientos y profundos morreos, yo desde abajo, oía como iban comentando:
-Que boca tiene el cabrón !,- decía uno, en clara alusión a mí.

Apenas me dejaban respirar, pues cuando me separaba un poco de ambas pollas, con alguna de ssus manos libres, rápidamente y con decisión me volvían a amorrar a uno de sus pilones.

-Tú, sigue mamando!-, me ordenaban.

Pero aparte de mi boca, también mis piernas necesitaban, más que un descanso, unos estiramientos.
Así que aproveché para erguirme y desde esa posición, mordisquear el cuarteto de pezones y de paso, ensalivar con unos lengüetazos a otros tantos machorriles sobacos.

Se volvieron locos, al punto que uno dijo que parara, pues de seguir, se correría de inmediato.

Me volví a trabajar sus bajos, procurando no sobreexcitar demasiado al que no se quería correr.
Pero pronto cambió de opinión.

-Quiero correrme ya, tío!- le dijo al otro.
-Pues hazlo sobre mí,- le respondió.
-Será capullo!-, pensé, - el que más trabaja soy yo y me voy a quedar sin recompensa!.

Para hacerme notar más mi presencia, les agarré las dos pollas y me las zampé de un bocado.
Volvieron a enloquecer.

-¿O prefieres que me corra encima de él (refiriendose a mí)?,- le preguntó, para mi sorpresa.
Al menos, mi reclamo había surtido efecto.

Sobreexcitados por la perspectiva de correrse de inmediato, comenzaron a la par a pellizcarme los pezones mientras de la cascaban.
-¿Quieres que te echemos la leche encima?- me preguntaron.
Asentí.
-¿Donde?
- Si, en la cara o en el cuerpo,- les contesté, dándoles a elegir.

Desde la cafetería de El Corte Inglés se veía como el centro de la Plaça Catalunya se iba llenando de gente y de banderas republicanas. De momento, aún les queda el derecho de manifestarse.
Aunque no sirva para nada. Un voto cada cuatro años, en lo que toque, es su concepto de democracia. Nada más.
Y si el 'status quo' del poder y los poderes fácticos peligra, se usa la estrategia del miedo, la manipulación más descarada y las amenazas sin sentido.

Pero mamando a conciencia, uno se olvida del mundo... unos instantes.
Eso también nos queda.
De momento.



10 de septiembre de 2015

El dia equivocado





Había posteado en facebook que iba a ir aquella tarde a perrear un ratillo, si bien, no tenía claro donde me apetecía ir.
Iba caliente, para variar, y además tenía algo más de tiempo del habitual.
No me decídía por un lugar u otro.
Como nadie contestó, tuve que echarlo a suerte.

Me presenté, pues, en la sauna Bruc.
Mucho silencio al entrar.
Lunes, final de mes...poca gente.

Me pareció ver deambulando a Gustavo, por lo que, si ciertamente era él, tenía mamada segura.

Mientras, un tipo me tocó desde atrás los pezones en el cuarto oscuro. Pero sólo hizo eso, y una sola vez.
Un apretón.

Mientras un tipo se subía a la grada en la sauna de vapor, se quitaba el trapo. Pensé que era Gustavo, pero dudaba. El vapor me confundía.
Me acerqué. No era él.
No obstante, le agarré de la polla. Ni pestañeo.
Me ví el percal, y pasé.

Finalmente, nos cruzamos, Gustavo y yo, entre el minicine y el cuarto oscuro.
Y me dió de mamar.

Aunque parecía que se lo estaba pasando bien, su polla no reaccionaba.
Apenas llegaba a la categoría de morcillona.
¿Se habría corrido ya?,¿Estará simplemente cansado?,¿Seré yo que habré perdido facultades?, iba pensando yo mientras me la trabajaba.
Al final, ayudándose de una autopaja, se corrió, y cuando estaba a punto de irse y dejarme tirado, tuvo un arrebato de compasión o arrepentimiento, se volvió hacía mí de nuevo y me hizo correr con una pajilla.
Algo realmente inhabitual.

Y no sé si había hecho bien, pues la poca líbido que me quedaba, se me fue por donde salía la leche.

Un negro guapetón, que ni caso me hace.
Pero también es que lo rehuyo.
Así, mal asunto y poca cosa que esperar.

Dudo de si al tipo que veo es Martí, el del cine Arenas.
Sí, es él.
Me mira con ojos de deseo, pero paso.

Me aburro.
Me voy.

Posiblemente me equivoqué de día para perrear.


( 26 de mayo 2014 )