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24 de diciembre de 2016

"Naked Party", en el Querell de Torremolinos






Sí,
Decir que me veía como un chimpancé en medio de un casting de actores para una peli porno gay no era exagerar.
Así me sentía.

Pero no por ello me iba a ir con el rabo entre las piernas.
Y si boca o culo no cataban nada, al menos disfrutaría de las excelentes vistas, que para algo había pagado mi entrada con consumición incluido, y encima me había despelotado.

Así que comencé por descubrir el local, cerveza en mano.
Lo primero que obviamente uno se encuentra son las taquillas donde cambiarte, y luego ya uno pasa a la zona de bar propiamente dicha, desde la cual unos peldaños dan acceso a un pasillo, a lo largo del cual, a banda y banda se van distribuyendo las demás estancias.
Os dejo aquí el link al interior del local, donde se aprecian los detalles.
A resaltar que en estas fotos hay la luz suficiente para hacerlas, pero yo casi fui adivinando casi a ciegas que había en cada sala, ya que la luz, dentro de ellas, realmente era mínima.

El desfilar de la gente, entrando y saliendo de las habitaciones, y por el pasillo, era bastante animado. Pocos se paraban con alguien en algún rincón, y casi todos parecían buscar a alguien que no encontraban.
Me sentía transparente, cosa que en fondo agradecía antes que sentir miradas de rechazo.

Solo Juan estaba, de tanto en tanto, al acecho, pillándome en varios sitios y poniéndome caliente con sus tocamientos de pezones, y con sus insinuaciones.

- Te voy a convertir - me amenazaba y decía, con cierta malicia. pretendiendo que me lo follara.

Y aunque no me apetecía en absoluto hacer de activo, varias veces estuve a punto de sucumbir.
Cuando no estaba por mí, a veces me lo encontraba intentando hacer algo con alguien, y en varias de las ocasiones dispuesto sobre una colchoneta, con el culo en pompa, esperando caritativas pollas que le follaran.
Nunca me he atrevido a ponerme así, pero no por falta realmente de ganas, pero me da mucho apuro que se me cepille alguien, primero sin condón y luego con polla de tamaño extra para mi estrechillo culo, aparte de las pocas artes que tienen alguno para follar, que se piensan que esto es un simple mete y saca, pim, pam y ya está.

Pasó el rato, y con ello me pareció que se había normalizado el público.
Eso, o yo que me había acostumbrado.
No había tantos tipos altos, supongo que extranjeros, que salen antes y se recogen también más temprano.
La gente era más "normal", tampoco mucho más, jeje.. pero al menos no me hacía sentir tan solo.
Curiosa sensación entre tanta carne.

Ví por ahí un sumiso, para nada mejor de aspecto que yo, agachado a los pies de un tío macho, de aspecto duro, más fuerte que especialmente musculado.
Tengo esperanza pues.

Alguna mamada fui recibiendo de algún tipo arrodillado o agachado con lo que me iba encontrando, o a veces tropezando, y alguna mamada dí cuando hacía lo mismo, pero estas solían ser breves, de paso.

Poco más tarde, ví como el sumiso de antes, le comía el culo al amo en una de las salas con colchoneta. Me acerqué  al sumiso digamos que se le "escapó" la mano, comenzando una paja mientras no dejaba de atender a sus obligaciones.
Otro tipo, bien machote, se nos acercó cerveza en mano, poniéndose a mirar muy de cerca, y le metí mano, palpando una buena polla y unas buenas pelotas a juego.
El tío se dejó, así que decidí desprenderme del sumiso y amorrarme al recién llegado.

Mientras le mamaba, una de sus manos me cogía de la nuca para marcar el ritmo, y la otra, de la barbilla, para precisar el folleteo.
Para evitar el desencaje de mandíbula, me líe un rato a lamerme los huevos.
Y fue cuando se emocionó, aplastándome la cabeza contra ellos, y con ayuda de una autopaja, acabó corriendose... en el suelo.
No estuvo mal.

Me entré sed, pedí mi segunda cerveza y seguí paseando un rato, y aunque había menos a medida que pasaba la noche, seguía quedando bastante.
Me emocioné al ver a un tipo quieto "periplantao", desnudo, evidentemente como el resto del personal, en la entrada de una de las salas, con una capucha de piel en la cabeza, que le impedía ver nada.
Me hubiera cambiado por él.

Pero, después de quedarme un buen ratillo mirando a ver si alguien interactuaba con él, y viendo que no, seguí con mis paseíllos.

Estaba siendo una noche plácida.
Buenas vistas, abundante morbo, rolletes sin mucha historia y una buena follada de boca.
Todo sin premuras, en un ir haciendo sin más.

En uno de mis paseos entre las distintas salas, al entrar hacia el fondo de una de ellas, desde la sombra más oscura, unas manos me detuvieron, no se bien si para evitar chocarme de frente o porque realmente me quería palpar el pecho y, ya puestos, los pezones.
Hice lo propio y toque una piel tersa y fina, unos minipezones chiquitos pero duros, diría que hasta graciosos.
Se los mamé suavemente, por si acaso fueran demasiado sensibles y procurando poner toca la delicadez y sensualidad en cosita tan rica.
Sentí sus gemidos de placer. Le gustaba.

Bajé mis manos en busca de su polla, que para mi sorpresa se trataba de un buen pollón, grandota, de tacto suave y esponjosa, pero dura, dotado a cada banda de unos huevos bien mondos y lirondos.

Aún así, a boca de tan exquisito manjar, seguí centrándome en sus pezones, que lamía con suaves toques de lengua, que poco a poco fue dirigiendo hacia su axila izquierda, y que tras comprobar que también le gustaba, me deleité en darle unos cuantos lametones.
El mismo ceremonial seguí partiendo de la otra tetilla, con la otra axila, y en cuyo viaje de regreso, mi húmeda lengua pasó por su cuello, acariciando su nuez.

Pasé a la ansiada polla, que comí con tanta delicadeza como con determinación, largo y tendido, pasando alternativamente a los huevacos, mientras sigo acariciando en todo momento su delicado, delgado y suave cuerpo.

Prácticamente estaba realizando una multiestimulación buco-manual de tetillas, piel, rabo y huevos, con caricias, presiones, mamadas, besos, mordisquillos y lametones, o en otras palabras, le estaba haciendo el amor allí de pie, apoyados en la pared, desnudos, en la penumbra de una sala que ardía y olía a sexo en todos sus rincones.

Al cabo de un buen rato de concienzudo trabajo y dedicación, me hizo levantar, girándome de espaldas a él, mientras se colocaba un condón en aquella preciosidad de polla.

Y me intentó follar.

- Nen !-, pensé, estoy caliente como una perra, pero todavía no abierto.
Obviamente, sin ningún trabajo de relajación y estimulación anal, mi culillo, estrecho de por sí, solo se abría muy a medias, y la postura de pie, para empezar, tampoco facilitaba la apertura

Se la tuve que sacar, gritando yo de rabia.
Un corto y pequeño grito de rabia contenida.

No dijo nada. No oí nada.
Sin hacer ningún gesto por sacarse el condón, parecía esperar.

Aquello no podía quedar así.
Sin lubricante a mano, tuve que recurrir a ensalivarme ligeramente el ano, para intentar llevar con éxito la siguiente intentona.
Me incliné hacia adelante, formando una L, dirigí su grueso cipote hacia la entrada de mi agujerillo, y poco a poco, con tranquilidad y paciencia por su parte, el rabaco fue penetrando sin dolor alguno.

Y empezó a follar, a un buen ritmo, y yo a pajearme viendo la gente pasar al final del pasillo, y como miraban de donde podían proceder los gemidos que profusamente emitía.
 - Dios, que gozada !.

Evidentemente, entre el bombeo en mi culo, la paja, el morbo y el calor reinante, no tardé mucho en dar salida al fuego que llevaba en mis entrañas, y desparramé mi abundante y retenida cálida leche.

No podía por menos que darle las gracias al buen mozo por aquel momento tan intenso.
Pero el chaval, o era sordo, mudo o no me entendió, porque no emitió sonido alguno.
Debía ser extranjero.

Cuando lo ví a la luz del pasillo, era tal cual me lo había imaginado
Un tío de unos treinta y pocos años, piel clara, lisa, sin rastro de vello alguno, formas ligeramente marcadas sin llegar a estar fibrado, de sonrisa agradecida y con el añadido de ser guapete.

No busqué nada más.
Me dí unos cuantos paseillos más mientras acababa la cerveza y me volví a la pensión, fresco, despejado, feliz, contento y bien 'follao' !.
Que más podía pedir a una noche que no pintaba nada bien.

Al día siguiente, en una nota que salía en el blog del local, ponía: "Tras una noche genial, queremos dar las gracias a los 97 chulazos de anoche, lo pasamos de puta madre, anoche follo hasta el apuntador jejeje".

Era verdad, aunque me quedé con la duda si yo entraba en el cómputo de los 97 chulazos o era el apuntador.

Pero me daba igual.



15 de diciembre de 2016

Viernes noche... comenzando en el Free Eagle y Men's





23.00 p.m

Entrar en el Free Eagle, pedir un RedBull y ponérseme a hablar un señor mayor que estaba a mi lado, fue todo una.
-¿Tu eres valenciano, verdad ?- preguntó sin más, directamente, para mi sorpresa.
Supongo que no habia nada que me identificara con ninguna zona concreta, ni siquiera en un acento especial al decir "un Redbull", sino que simplemente fue una manera de comenzar una conversación y aproximación.

- ¿Y que hace uno de Barcelona en Torremolinos, habiendo allí hay tanta cosa?- volvió a preguntar cuando le dí cuenta de su error.

Comenzamos una charla relativamente distentida sobre el aquí y el allí, sobre el agua del mar, su temperatura y sus porques, que fue lo que más me sorprendió de la costa malagueña, sobre el clima, sus inquilinos, sobre su viaje a California, etc...
También me dió cuatro apuntes sobre algunos bares de la ciudad, sobre el tipo de gente que frecuentaban y afluencia de gente, que bien me habrían valido más tres días antes, pero que agradecí, como no podía ser de otra manera.

En un momento de la conversación me preguntó si me gustaba la gente mayor, supongo que para valorar sus posibilidades.
- No - le respondí, matizando que realmente no dependía de la edad que me gustara o no, sino más bien de lo 'cascada' que estuviera la gente y sobretodo, de la actitud.
A él se le veía realmente bastante mayor, pero aún desprendía buena vitalidad.
Con un poco más de actitud, no digo que no me hubiera conseguido, jejeje... que al fin y al cabo soy bastante facilón, pues a veces un simple tono de voz, una mirada, un gesto, un vete a saber qué, me desmonta los prejuicios, si los hay.

Pero se marchó, finalmente, al Men's, o eso dijo, porque apenas 10 minutos más tarde salía yo en esa dirección.
- Igual nos vemos allí - comentó.
Tras apurar el RB, bajé al lavabo.
De ipso facto, dos tíos me siguieron, pero fui a lo mío y al acabar el riachuelo, volví arriba y me marché.

En el corto camino de un local al otro, vi a unos metros más adelante a Juan, de espaldas, paseando acompañado supongo del amigo sevillano con el que esperaba encontrarse aquella tarde, según  me había contado la noche anterior.

Una vez en el Men's, y cerveza en mano, bajé unas tres veces a la zona de cruising, y cada vez volviendo arriba con la misma impresión.
No acababa de encontrarme cómodo ni a gusto.
Me recordaba el cuarto oscuro del desaparecido cine Arenas, pero en los momentos del baile de las almas en pena.
Un intento de follada express con preservativo y dolor, que no llegó ni a buen principio ni menos, a buen fin.
La interrumpí nada más apareció el dolor.
Y es que, sin un mínimo de calentamiento, no funciona la cosa.
Luego algún esquivo toqueteo, manteniéndome siempre a cierta distancia y mamada de segundos.
Aquello no iba bien, así que no me demoré mucho en irme.

Tras un tranquilo y largo paseo llegué al Querell, el verdadero objetivo de aquella noche, y su naked party, o sea fiesta nudista, para entendernos todos.

Era sobre la una y cuarto de la madrugada, y realmente no estaba nada convencido que siendo tan "temprano" hubiera mucha gente, y más por el hecho de estar tan retirado del centro del meollo.
Y por un momento, al darme la taquilla nº 8, parecía reafirmarme, hasta que me desnudé del todo, salvo calzado, y pasé a la zona del bar, en la que, para mi sorpresa había bastante público.

Pero una rápida ojeada me hizo sentirme totalmente fuera de lugar.

Tíos buenos, buenísimos, jóvenes o cuarentones de más que buen ver, machorros, algunas muy reinas, otros altos, otros altísimos, extranjeros, pieles lisas y poco pelo, algún tipo normal, los menos, algunos bajos, menos todavía, y... Oh, sorpresa!, Juan, el abulense.

Se me cayó la moral por los suelos.
Y lo que no es la moral.
Todo eran rabazos, erguidos o flojos, pero todos hermosos.
Cierto que alguno se tapaba.
El mío, se mantenía como recién salida de la ducha, chiquita y "arrugá".

Me sentía como un chimpancé en medio de un casting para una peli porno gay.

Aquello no podía salir bien.

(Continuará)

23 de noviembre de 2016

Tarde de vacíos




-Hombre, otra vez por aquí ! - Exclamó el camarero cuando me vio entrar por la puerta del bar y dirigirme hacia la barra.
-¿Que quieres?- preguntó, con una sonrisa picarona que se dibujaba tras esa bonita y cuidad barba negra.
-Pasar tras la barra, agacharme, bajarte los pantalones, sacarte el rabaco y hacerte una mamada que no querrás bajar luego del séptimo cielo - le contesté, con todo el desparpajo posible.
No se sorprendió.
Simplemente, miró hacia los lados, como si quisiera asegurarse de que nadie lo hubiera oído y con un gesto de cabeza me señalo el paso por donde entrar.
Encontré acomodo sin ningún problema, y ya agachadito y con su complicidad me dispuse a realizar mi tan ansiada fantasía: comérsela a un barman, mientras este sigue sirviendo cubatas y cervezas.
Y este era un rico osete, joven y chiquito, de mirada lasciva y sonrisa granujilla.
A la penumbra de bajo la barra del bar, allí tenía a escasos centímetros de mi cara, el oscuro objeto de mi deseo.

-¿Que quieres? - preguntó, casi con desafecto e indiferencia, mientras dejaba por un momento el móvil para atenderme.
- Una cerveza, porfa - contesté mecánicamente, haciendo caso omiso a lo que realmente me pasaba por la cabeza, y una vez servido me fui para la mesita del fondo.
La dura realidad se imponía.

Apenas habían un par de tipos en el local, ambos maduros con cierto aire extranjero.
Tampoco mostraban mucha disposición a socializar, y esa actitud, para alguien que le cuesta entablar una mínima conversación como yo, no ayuda mucho.
Me entretuve viendo el vídeo que se proyectaba, mirando a estos tipos de tanto en tanto y al camarero con su móvil, del cual apartaba ocasionalmente su mirada para controlar al personal, casi como un acto espontáneo.
No me molesté ni en bajar a la zona de cruising. Sabía de antemano que no había nadie.

Apuré la cerveza y me marché.
Incluso este día que era viernes, las tardes no estaban siendo nada productivas.

Camino de mi alojamiento, me pareció ver, para mi sorpresa, que la sauna Atlas estaba abierta.
Me cercioné de que así era, y me metí por la puerta abierta, subí las escaleras hasta que llegué a la recepción.

-Hola!,¿Se puede entrar?,- pregunté, aunque me parecía evidente que la respuesta iba a ser que sí.
-¿A la terraza o a la sauna? - me preguntaron como respuesta, dejándome un tanto descolocado.
Ahora mismo no hay nadie, pero hace un rato vinieron un par de chicos que me han asegurado que de aqui un rato volverán, me dijo al contestarle que a la sauna.

Menudo panorama, pensé.
Obviamente, no entré y seguí mi camino hacía mi habitación.

Fue mi último intento de visitar esa sauna.
Tal vez otro año, si vuelvo.

Como curiosidad, después de mi crítica que puse en el post " De horarios, tiempos, cervezas, sauna frustrada y el fin del mundo conocido.", en la web de la Sauna Atlas han actualizado el tablero de horarios, y aunque sigue poniendo abierto 365 días al año, queda claro que lunes, martes y jueves cierran.
No sé si ha sido una cosa consecuencia de la otra, pero en cualquier caso, no importa.
Al menos, la información es un poco más correcta .


19 de noviembre de 2016

Hasta los cojones de la censura del puto facebook !




Con una frase muy similar me quejaba el primer día que pude acceder al feisbuc, después de tenerlo bloqueado, junto con el messenger durante tres días.
Era la segunda vez, en poco más de un mes, que me hacían esta putada.
En la primera no tenían razón, pero me bloquearon 1 día. Apenas me afectó, pues fue en fin de semana, y cuando me dí cuenta quedaban pocas horas para que venciera el castigo.
La segunda me jodió bastante más, porque seguían sin tener razón, protesté, me escribieron comentando que se habían confundido, pero en ningún momento me levantaron el castigo de 3 días bloqueado.
Y no tiene otro calificativo, pues si bien no mencionaban que era por causa de una denuncia anónima, si que explicitaban que era porque no cumplía con las normas de la comunidad.
Una puta mentira. 

Gracias por tu paciencia, Perrete Bcn. Parece que tu foto cumple nuestras Normas comunitarias, por lo que vamos a restablecerla en Facebook. Lamentamos la confusión y agradecemos que nos pidieras que le echáramos otro vistazo. Comentarios como el tuyo nos ayudan a evitar este tipo de errores cuando trabajamos para mantener segura la comunidad de Facebook en el futuro. Gracias de nuevo por tu ayuda y comprensión.

¿De que sirve excusarse, si no se rectifica?
Cada vez que intentaba entrar, les enviaba un mensaje para que me desbloquearan, con un resultado totalmente infructuoso, en el que no se molestaron ni en contestarme.
Incluso temía que ampliaran el bloqueo por spam.

Las fotos en cuestión fueron estas dos.



Como podréis apreciar, la foto censurada en octubre es casi inocente, y la segunda, simplemente morbosa, y para nada explicita.
Ni desnudos integrales, ni escenas de sexo, ni hostias.

A primeros de septiembre, también me bloquearon el feisbuc por un día, esta vez sí a raiz de una denuncia anónima, al publicar el post del blog "bukkake inesperado, o casi", por la fotografía que salía, que podéis ver un poco más abajo.
Esta a simple vista podría resultar "conflictiva" pero a la que uno se detuviera simplemente a observarla se daría cuenta que tampoco incumple la pacata normativa de la comunidad feisbuquera.

En ella, como podéis apreciar, primero tuve el detalle nada valorado de autocensurar la foto con un pequeño retoque en el centro de la fotografía, y luego se observa claramente que ni son desnudos integrales, ni se ven culos, ni pollas, ni boca entreabierta ávida de sexo, si siquiera sexo explicito.
Tal vez, simplemente haya mucha carne.


Un dato curioso, que antes no pasaba, es que a veces, cuando se intenta subir alguna foto, feisbuc avisa directamente que incumple sus normas, y no te deja seguir.
Obviamente uno se queda perplejo cuando ocurre y ve que no están en lo cierto.
Pero con un retoque de tamaño, orientación, color, corte o cualquier cosilla y cambio de nombre, sube sin problemas.
Supongo que deben tener un sistema de reconocimiento óptico, base de datos de fotos censuradas, o algo parecido a lo que google tiene para buscar fotos, y que actúa indiscriminadamente.

Por de pronto, he vuelto a crear un nuevo perfil con el mismo nombre, perrete bcn, porque perro bcn no lo admite.

Manda cojones !
Ahí está otra de las gilipolleces del facebook.
No puedes abrirte una cuenta si no es tu nombre real.
Claro, que hecha la ley, hecha la trampa, aunque el problema viene cuando para desbloquearte la cuenta te exigen una identificación oficial en que conste tu nombre real y datos privados varios.
¿Quien se creen que son esta gente?¿Que garantías tiene uno de lo que hacen o dejen de hacer con estos datos, si son incapaces de actuar con justicia con sus propias normas, si no más bien al contrario, fomentando la denuncia anónima como en los regímenes políticos de dudosa legitimidad, con indiscriminación y prepotencia?.

Y por otra parte, de que sirve que te exijan tu nombre real, si la mayoría de cosas que publica la gente sobre si misma es pura impostura.
Por mi parte, tiene mucho más contenido que me define el perfil de perrete, que el oficial con mi nombre real, en el que cada vez publico menos, y que casi solo uso para saber puntualmente algo de la familia y jugar a un estúpido juego que me entretiene unos 20 minutillos diarios.

En fin, y acabando, el comentario que junto la queja y la última foto publicado y censurada ( que no fue otra que el collage de las eliminadas de octubre y noviembre), fue de tratarles de "hijos de su madre", tal cual, cosa que al fin y al cabo todo el mundo lo es, y si volvería al facebook sería porque me quiero a mis amigos, y no por la suerte de república banarera, fascista y mojigata en que cada vez más se estaban convirtiendo.

Lo que me lleva a la reflexión que, esta última vez, no fuera eliminado por la foto, sino por el comentario.
Lo cual me parece ya, sumamente alarmante.




6 de noviembre de 2016

De lluvias doradas ( pissing ), alguna mamada y un polvo casi rabioso, en el The Factory Leather Bar.





Estaba muy despejado de mollera cuando, poco más allá. de la una de la madrugada, me dirigía a la fiesta nudista del The Factory.

Debía de ser efecto de los dos redbulls y dos cervezas que me había tomado entre los tres establecimientos que previamente había visitado.

Tras quedarme en bolingas y pedir una cerveza, me fui directo para la zona de cruising, y, ¿A que no os podéis imaginar a quién me encontré allí? O mejor dicho quién me encontró, ya que la verdad es que siempre es el que me ve primero y me saluda,

Ahí, delante mío estaba en pelota picada, tal cual hacía un rato estaba en el Qüero, Juan, el abulense culobonito.
Ahora, al encontrármelo allí, entendía menos todavía la sarta de excusas que me había dado para irse del otro local. Pero bueno, tampoco me importaba.

Comentamos del ambiente en el Qüero y el contraste con el de aquí, en que el había más gente, aparentemente más dispuesta, pero que desde que había llegado no había hecho nada.
Estuve dando varias vueltas, ojeando el ambiente, en el que en varias ocasiones Juan intentaba calentarme para que me lo follara.
No lo consiguió, hasta que me pilló en un momento tonto, justo después que había yo tenido tocamientos con otros.
Estábamos junto a las cabinas de los glory holes, cuando con sus buenas habilidades me acabó de poner palote y prácticamente venció mi inicial resistencia y me hizo follármelo.

Con su medio cuerpo inclinado que lo tapaba las mamparas de los cubículos de los glory holes, y el culo en pompa bien visible para la concurrencia, me follaba su delicioso culo casi con rabia, mientras le iba diciendo entre dientes:

- Cabrón, me estás pervirtiendo !.

Fue conseguir su objetivo y desaparecer.
No lo volví a ver en toda la noche.

Seguí deambulando por el local, donde me esperaba una supermamada con un tío bueno, y ahí que cada uno se imagine el suyo, con poppers de una intensidad media incluido, que creo recordar que fue la única vez que probé en todos aquellos días.
Mamada que dejé sin corrernos.

Poco más tarde, un chico joven, monillo y, como yo, poquita cosa , con el que ya nos habíamos echado un buen repaso visual las varias veces con nos habíamos cruzado, esta vez nos quedamos enganchados.
Yo salía del lavabo y el entraba.
Nos detuvimos, nos miramos, leí un sígueme en su mirada, se metió en el lavabo de disminuidos, le seguí y me metí, ajustamos la puerta, nos bajamos los pantalones, me agaché y comencé a mamar su larga y delgaducha polla.

No tardó en asomar un buen machote, joven, alto y de pecho peludito.
Entró y en una posición un tanto forzada comenzó también a mamársela a mi niño.
Me ví el percal, así que opté por cederle la posición, dejarles hacer y me fui.

En un momento que me metí en uno de los recovecos de los glory hole, al segundo, uno que ya había visto que me seguía se me puso a tiro, me agaché, para no variar, a mamarle, y enseguida me dijo de ir lavabo, donde nos metimos.
Era el mismo lavabo de antes, y una vez dentro me preguntó si me iban los meos.
De la misma manera que hacía un par de horas, a la misma pregunta en el Men's había dicho que no, aquí contesté rápido y seguro en forma afirmativa.

Esta vez me dio la sensación, aunque no quedaba del todo claro tal cual lo dijo, que era él que quería dar, como así fue.
Me agaché para entonarle su flácida polla con una mamada, y a los pocos minutos le salió un chorritin de orina, que me cayó sobre el pecho, mojándome ligeramente el resto del torso.
En cantidad, tampoco fue nada del otro mundo.
Más que lluvia fue un calabobos.

Aún así, con el sentir de su cálido líquido fluyendo sobre mi piel, la corrida fue inmediata.

- ¿Te estas corriendo?-preguntó -
Sin esperar respuesta, añadió - hazlo encima mío!.
-Eso dilo antes - pensé.
Ufff... no sé si me queda algo- contesté - y un chorritín también llegó a salir y caer sobre su pelvis.

Mientras me limpiaba, me iba olfateando.
No olía mal, al menos, no me lo parecía.

Estaba a punto de salir del lavabo cuando entró un tío de mediana edad y se dispuso a mear, pero no bien se la había sacado, otro tío, joven y peludete, entró raudo y se situó arrodillado delante de él
Con toda la naturalidad del mundo, el que iba a mear dirigió su incipiente y abundante chorro de lluvia hacía el desnudo pecho del otro, empapándole como bien seguro quería.

Estuve vagando un rato más por el local para observar y disfrutar de lo que pasaba, sin ningunas ganas ya de intervenir en aquellas escenas propias de una pelicula porno en 3D que ocurrían a mi alrededor.

Era evidente que, allí a esas horas, el calentamiento global era una realidad incuestionable.





2 de noviembre de 2016

Primera visita al Qüero Men's Bar, previa follada, mamadas y otros quehaceres.





Eran las 22.30 horas y no es que estuviera a petar de gente pero, ya era otra distinta a estar solo como había sucedido pocas horas antes. (Ver post anterior)
El recorrido previsto para aquella noche era empezar en el Free Eagley luego pasar al  Men's. Hasta ahí como en las dos noches pasadas, y luego visitar Qüero Men's Bar y The factory.
Se me planteaba un problema que era que, si en cada sitio tenía que pedir una cerveza, por lo menos, dos si veía posibilidades de alguna historia, o simplemente estaba a gusto, era posible que no  llegara muy sobrio a las dos últimas visitas, que eran verdaderamente el objetivo.
Objetivo básicamente porque el Qüero Men's Bar, que se publicita como un sex & fetish club, no lo conocía y en The Factory, esa noche, había fiesta nudista.

Así que, para romper la tradición, me pedí un redbull.
Y es que no me apetecia todavía una cerveza.

No tarde en bajar a la zona de cruising, aunque acceder a ella fue un poco dificil  ya que con muy poca vista tres tíos se lo estaban montando justo en el quicio de la puerta, por lo que traspasar resultaba un poco complicado.
Cuando lo conseguí, simplemente me los quede mirando, ya con cierta perspectiva.

Un tipo mayor y grandote, con la polla siempre fuera, estuviera arriba o abajo se dejaba tocar  por el otro tipo mayor y delgado, que a su vez mamaba a un tipo joven recio y fortote, de polla más bien pequeña, con cierto aire sudamericano.
Este me miraba, como queriendo decir, acércate y ayúdame a bajar la media de edad, pero hasta no recibir una señal clara no me acerqué.

Empezó un toqueteo básico de pezones, y a chuparlos un ratillo, acabando por centrarse en mi, dejando al mayor delgado, ya que el mayor grandote ya habia desaparecido.
Una vez solos me llevo a la salita intermedia, donde allí seguimos con nuestros juegos y empezamos a alternarnos en las mamadas.
Con la aparición de un tío con pinta guiri , relativamente joven de piel blanca y fina, comenzamos un morreo a tres, mientras el latino iniciaba un tanteo del ojete.
Que acabó follándome en cinco o seis tiempos, o sea, folleteo rápido y breve, tonteo de mamadas y morreos, otro folleteo, y vuelta a empezar... siempre con el otro presente.
Con el último mete-saca express acabó corriéndose en el suelo. Que desperdicio !.

Para no romper el guión de las noches pasadas, Juan había estado mirando en la distancia.
 - Buena follada, eh?- comentó, mientras se acercaba.
 - Sí, no ha estado mal - le contesté, pensando que para ser la primera del día, una polla pequeña ya estaba bien.

Me fui al Men's donde me pedi otro redbull.
Allí bajé en varias ocasiones al cuarto oscuro y en un par de ellas rechacé a dos.
Uno que nada mas bajar noté que me seguia, pero era muy, muy mayor y no me gustaba.
El otro me pillé de frente, y comenzé a abrazarme tiernamente, casi fraternalmente. Me sentí raro, incómodo y también, con mucha suavidad, lo dejé.

Faltaba poco para las 12 de la noche cuando me decidí ir ya hacía el primero de mis objetivos: conocer el Qüero Men's Bar.

Habia que llamar a un timbre para entrar.
-Ya verás -pensé - estos mirarán por la mirilla y no me abrirán.

Pensé eso, más por mi proverbial baja autoestima que por que realmente me hubiera pasado alguna vez.
Me abrió y atendió el chico de la barra.

- Hoy 2x1 si te quitas la camiseta, 3x1 si te quedas desnudo - comentó, nada más entrar.
No me veía yo capaz de tomarme tres cervezas, pues ya andaba saturado de liquidos redbullianos, pero tampoco necesitaba ninguna excusa para quedarme en pelotas.
Es más. ya lo había hecho por la mañana durante las cuatro horas que estuve en la playa de Benalnature, y lo pensaba hacer más tarde en The Factory, así que, que más daba un rato más.
Y en bolicas me quedé.

-¿Que tendría que hacer si fuera un 4x1?- me pregunté a mí mismo, por que no me atreví a decirselo al camarero.

Sólo dos ingleses, que ya estaban allí se quedaron tal cual llegaron al mundo, el resto de los que posteriormente vinieron, que no fueron muchos y casi siempre en pareja, y salvo a Juan que me lo volví a encontrar y un chico joven de barba y pecho de pelo negro y denso, el resto como decía se quedaban en slips/boxers o en pantalones.
¡Ay, cuanto pudor absurdo!.

Juan estuvo poco rato desde que llegué.
Tras pedir la primera de las cervezas,y saludarlo le hice una breve mamada, allí mismo en la barra.
La conversación que siguió fue un tanto extraña, pues comenzó a excusarse que bebiera cerveza sin alcohol porque tenía que coger el coche ya que el hotel lo tenia en Málaga y se iba ya, porque quería volver pronto. Muchas explicaciones cuando yo no le había preguntado nada.
Y se fué, tras apurar la sin alcohol.

Fue cuando aproveché para inspeccionar el local.
Más bien pequeño, en dos plantas, la baja es donde está el bar y en la primera, los lavabos, la zona de cruising y juegos, con varias mamparas que sirven de separadores de espacios, algún taburete, una pantalla de video y un sling.

No había nadie, así que me bajé.

Con el joven peludo barbudo, que bien me hubiera gustado agenciármelo un rato, no coincidí en ninguna de las veces que subí arriba y  dos semivestidos solo hablaban entre ellos sin relacionarse con nadie más, a ningún nivel, ni oral ni mucho menos sexual.
Pienso yo que para tomarse simplemente una copa y no participar de nada en un sex bar, mejor te vas a otro sitio.
Aunque, bueno... al menos hacían bulto y le consumían al simpático camarero.

Con uno de los ingleses mantuve unas sendas e intensas mamadas arriba, en diferentes posiciones, de pie, rodillas, agachado y él, en algún momento, sentado en un taburete mientras me lo trajinaba.
Me tuvo que detener mis mamadas en varias ocasiones ya que de continuar se venía, y al parecer quería seguir disfrutando del momento.
No me hubiera importado recibir un buen chorro de leche en toda la cara, pero bueno, no se puede tener todo, y con verlo complacido, ya tenía suficiente.
Por cierto, que aún no me había pasado esto en estas vacaciones.

Con el otro inglés, más alto y de mayor polla, supongo que amigo suyo con el que compadreaba cuando bajaba, también me lo trajine un rato a base de alguna mamada.

Abajo, junto a la barra, en un momento que coincidimos los tres, les agarré ambas pollas pajeándolas durante unos segundos, por aquello de darle un poco de morbo al público.

Apuré mi segunda cerveza, perdonando la tercera, cuando poco más allá de la una de la noche decidí dirigir mis pasos hacia la fiesta nudista del The Factory.

A ver que pasaba.


26 de octubre de 2016

De horarios, tiempos, cervezas, sauna frustrada y el fin del mundo conocido.


Si el fin del mundo llega, que nos pille follando !!!

Fue más el reclamo de abrir el local a las 18.00 que la oferta en sí del 2x1, lo que me movió a acudir aquella tarde al Free Eagle.

No es una hora de apertura muy habitual en locales de copas y sexeo para público gays, por desgracia, porque público hay, pero no se le ha educado para que salga a horas de luz solar.
En este sentido sigue viviendo bastante recluido y armarizado, en donde solo se le está permitido salir a altas horas de la noche, ya que por lo visto, el día pertenece al mundo de los "decentes".
De ahí que sean muy pocos los que abren, y estén, en mi poca experiencia , casi vacíos.

En el Berlin Dark, de Barcelona, hace unos pocos años les dio por abrir temprano algún dia entre semana . El día que fui, estuve solo con el camarero, que por cierto ni me dio conversación. Resultado que me aburrí estrepitosamente.

En el Trash, también de Barcelona, que abren dos días entre semana relativamente temprano, he ido en dos ocasiones, y bueno... un poco de gente había, y alguna cosilla conseguí hacer, si bien no para lanzar cohetes.
En el desaparecido Eagle de Madrid, que al menos un día que fui era porque a media tarde estaba abierto, había poca gente, pero me lo pasé genial, al punto que luego me fui a cenar con el tipo con el que estuve.

Tal vez por la semejanza del nombre Eagle (Madrid) con Free Eagle (Torremolinos) contribuyera a decidirme.
Lo digo un tanto con la boca pequeña porque eso mismo pensé cuando fui al Eagle de Benidorm, y casi me caigo de culo por la decepción que tuve al entrar, no porque no hubiera nadie, sino por que había tíos y tías tal cual en un pub ingles se tratara , en un ambiente que lo único que tenía de morbo era el nombre del local.

Así pues, entré en el Free Eagle a esas horas de la tarde, y estaba solo el camarero.
Pedí una cerveza San Miguel, y al rato bajé a ver si había alguien abajo que hubiera entrado antes.
Nadie había, e incluso, la habitación del sling estaba cerrada.
Acabé la cerveza sin que nadie llegara a entrar al local.
Y ante tanta desolación, me marché.

Ni siquiera el camarero de lindo y pícaro mirar me dió conversación.
Entre mirada furtivas iba entretiéndose con el móvil.
Si en un bar, estando solos no se puede entablar tan siquiera conversación ni con el camarero, el fin del mundo conocido está al caer.

Bien... me hubiera conformado con hacerle una mamadita detrás el mostrador, al fin y al cabo, hablar tampoco se me da muy bien.

Camino de la pensión, a la que iba con intención de descansar del paseillo y la frustada cerveza hasta que se hiciera la hora de cenar, pasé por delante de la sauna Atlas.

Era entre las 19.30 y 20.00, hora en que se suponía abierta, según tal cual se publicitaba.
Pues jódete !!! Cerrada a cal y canto, que llegué a pensar que lo estaba definitivamente.
Al llegar a la pensión busqué su web y nada parecía indicar el cierre, ni siquiera algún comentario de semanas atrás habían dejado, indicaba que para esas fechas estaba abierto.
Me acordé de la única sauna que sobrevive en Benidorm, que se publicita con un horario, y que en realidad se ve reducido en tres horas.
Claro que esta, la Atlas también se publicita en grande que está abierta los 365 días del año, pero en el cuadro de días y precios, el casillero de los lunes está vacío, porque los lunes cierran.

Pues nada.
Me fui a la pensión a escribir el borrador de post.

Luego me esperaba breve y sabrosa, de unos 20/25 minutos, en un restaurante italiano con simpático camarero, y una espera de más de 40 minutos para el tomar un café y pagar la cuenta.

Gestionar mi tiempo, o perderlo, incluso en vacaciones, es algo que me gusta decidirlo yo solito.

Pero bueno, la noche era joven, todavía.



22 de octubre de 2016

Una noche de 2 jotas (Juan y Joseba) - En el Free Eagle y Men's - Segunda noche






-¿Perdón?, le contesté al camarero entre sorprendido e incrédulo.
A raiz de qué me contesta en alemán si le he pedido claramente una cerveza!
-Que si quiere' una warsteiner!- me repitió más despacio y señalándome esta vez el nombre de la misma.

Y es que, entre que no acabo de dominar el peculiar acento andaluz, el ruido de la música, el germánico nombre de la birra y la penetrante mirada del camarero, todo era confusión.

Pues si.
De nuevo, con una diferencia de unas pocas horas, en el mismo día, volvía a tener una conexión visual intensa e inesperada.
¿Tenía monos en la cara?,¿O era el guapo que tenía subido?,¿O que cosa irradiaba yo aquel día para que me miraran así, precisamente dos camareros, porque en la sauna fui bastante invisible?

Tras servirme, el chavalito, bajito con barba y tipo osete, no paraba de observarme, con mirada curiosa, escrutadora e inquisitiva, pero sin embargo huidiza.
En cuanto coincidía con la mía, la desviaba, para simular estar haciendo algo.
Desde luego el lugar, el Free Eagle, bar gay de copas en La Nogalera, era más apropiado que el restaurante normal y sencillo del mediodía para este tipo de miradas, y el ambiente da un poco más de pie, si un es decidido a entablar conversaciones más sugerentes e insinuantes.

A la par que me parecía gracioso, me incomodaba un poco.
El asunto no llegó a más, y al cabo de un rato, como al fin y al cabo tampoco me daba conversación, me fui hacia el fondo del local, si es que puede haber un fondo en local tan pequeño.

Y allí estaba Juan culobonito ! (Ver posts anteriores: Primeras sorpresas y noche de folladas)
Sentado en un taburete observándome también.

- Anda! - No te había visto, le dije.
- Ya me había dado cuenta, ya - me respondió riendo.

Y en mi intento se ser un poco más sociable, me quedé y nos pusimos a charlar.
Resultó ser de Ávila, que solía venir a Barcelona una vez al año porque le encantaba, que a Madrid iba cada vez menos porque el ambiente estaba cada vez peor, cosa que me extrañó pues siempre he pensado lo contrario. En mi experiencia, Madrid, sexo y morbo son inseparables. O al menos lo eran.

-¿Que edad tienes?- me preguntó.
-¿Que edad crees que tengo?- ingenuo de mí, pregunté a modo de respuesta.
- Pues poco más o menos la misma que yo- dijo él, todo convencido, mencionando a continuación su edad.

Me cagué las patas pa'bajo, me quedé blanco del disgusto y casi le arreo un puñetazo.
Pensaba yo que me iba a soltar cuarenta y tantos y no va el tío que resultaba tener 12 años más que yo.
Cierto que, pensé, date por contento que se conservaba muy bien.

El camarero, entretanto, iba echando esquivas miraditas.

Mantuve el tipo, mostrando más sorpresa que disgusto, y acabamos bajando a la zona de cruising.
Allí, tras un rato de toqueteos y magreos para calentarnos, y una buena mamada que no se merecía, comentó:

- Pues va a ser que hoy toca que te folle!.
- Oh!, que tragedia!- contesté riendo. La expectativa de ser follado me cambió de humor rápidamente.
-¿ Aquí o en nuestro rincón?- dijo refiriéndose a elegir entre follar en la zona de cruising, junto a la camilla o   ir, como habíamos hecho el día anterior, al lavabo.
- Mejor aquí, que tiene más morbo - le contesté.

- Oye!, mejor lo dejamos- le dije al poco de comenzar - me está doliendo.
Paró y me dió de mamar, cosa que tampoco duró ni un segundo... había salido con demasiado sabor a elementos extraños.
Nos fuimos al lavabo, yo a enjuagarme y él a limpiarse.
Tarde un poquito más en volver, y cuando lo hice ya se estaba follando a un tipo grandote que andaba por allí.
Desde luego, Juan no perdía el tiempo.

Me acerqué, y el grandote se agachó, comenzándome a mamar un buen rato. Mientras, otro tipo se ponía detrás de Juan para intentar o simular follárselo, formando ya un trenecillo de cuatro.
Después de varias maniobras de enganche y desenganche, me vi, no me preguntéis como, follándome de nuevo, como lo noche anterior al susodicho.

-¿Pero esto que es?- pensaba mientras me lo cepillaba.

En un momento que uno se le acercó para darle biberón, y aprovechando que lo dejaba servido y bien amorrado, me fui, un tanto confuso.





"I love to hate you" de Erasure sonaba cuando entraba en el Men's
El video de principios de los 90 inundaba la pantalla.

"... I´m crazy flowing over wiht ideas, a thousand ways to woo a lover so sincere?.. And the lovers that you sent for me didn't come with any satisfaction guarantee...".

Después de otro video, de Donna Summer y Shame de Robbie Williams, decidí bajarme con la cerveza a la zona de cruising.

Estaba más o menos igual de concurrido que la noche anterior a esa hora.
Tras los típicos toqueteos de anónimas manos de un cuarto oscuro, hubo un primer intento de follada de una macropolla, posiblemente la del mismo tipo que consiguió metérmela por unos segundos el día anterior, pero ni me dejé habida cuenta del tamaño y que tenía, no lo había olvidado, el culete dolorido.
Luego un tipo comenzó a tocarme, palparme y me cogió del brazo, sin mediar palabra, metió en la jaula más próxima.
-¿Te gusta follar? Es que yo soy pasivo - sonó en mi oído una voz viejuna y temblorosa, aderezado con un fuerte acento local.
-No!- contesté casi espantado, y me salí.

Minutos más tarde, una sombra a contraluz vino directo hacia mi.
-¿Te gusta dar lluvia?- inquirió, dejándome un tanto sorprendido.
- No - contesté, marchándose el tipo tan rápido como vino, sin darme tiempo a decirle que prefería recibirla, claro que, por otro lado, no sé si lo hubiera hecho allí.

Viendo que la cosa no se encarrilaba ya estaba barajando la opción de irme, cuando topé de frente con un tipo de unos 30/40 años, de camisa abierta dejando el torso desnudo.
El toqueteo y la mamada que le siguió inevitable dado el bonito manubrio que al tacto se distinguía.

-¿Te vienes a una cabina?- preguntó, a la par que pensaba que iba muy rápido.
-¡Vale !,- respondí sin pensármelo dos veces. Me iba a ganar en rapidez, hombre!.

No me había equivocado mucho en la edad, cuando lo ví bajo la luz de la cabina.
Alto, calvo, moderado pelo en pecho, fofisano de buen ver, cara de buena persona con cierto aire a cura, pero mirada un punto viciosa.

Resulta siempre un momento de máxima expectación ese intervalo entre que se decide ir a una cabina y el momento que se llega a ella y comienza de nuevo la acción.
Normalmente, en mi caso, suele ser frustrante, y el asunto solo dura unos minutos. Por eso, en parte, suelo ser reacio a acceder a la primera en retirarme a un cuarto para seguir lo iniciado en una darkroom, pasillo o sauna.

En esta ocasión me imaginaba que iba a ser una simple, pero buena comida de pollón.
Pero rápidamente, el mamoneo se convirtió en una buena follada de boca, con bruscas embestidas hasta la garganta, pollonazos en la cara, aderezado con algún que otro cachete en la misma y en las nalgas.
Todo junto a una insistente perforación de ano con sus juguetones dedos, que tenía constantemente que indicar que fuera con un poco más de cuidado porque me dolía, y entre una cosa y otra, un contundente pezoneo, que todo en su conjunto me hacía sentir como una vulgar, pero auténtica, puta.
Para que engañarnos...

Al final, con tanta insistencia y para sorpresa mía consiguió follarme no solo con sus habilidosos dedos, sino que llegó a metérmela, dándome un buen meneo con su sabrosa y dura polla, sin apenas en mínimo dolor.
Todo un logro, gracias principalmente a su perseverancia.

Algo que lo que mucha gente carece.
Y es que, quien algo quiere, algo le cuesta.

- ¿Como te llamas?- preguntó ya en la fase de limpiarnos un poco después de su espectacular corrida desperdiciada en el suelo.
- Davíd -contesté, usando mi recurrente nombre para estos casos.
Que más da como uno se llame o deje de llamar, si  lo más probable es sólo lo vas a ver en ese momento.
- ¿Y tú?- le pregunté, tanto por cortesía, como para ponerle nombre al momento.
- Joseba.

Tuvimos una corta conversación mientras nos vestíamos de nuevo.

- Espera que sin gafas no veo nada - comentó.
- Oh, eres tú!- dijo un tanto sorprendido - bueno.. que a mi me gusta la gente- continuó a modo de excusa.
No tengo ni idea de que había querido decir con eso.
Pero tampoco le dí mayor importancia.

Con todo, ya era la una y media de la noche, y me daba por más que satisfecho.
Tranquilo y relajado volví para la pensión a intentar dormir largo y tendido.

Pero, sólo fue un deseo.




19 de octubre de 2016

De conexión de miradas y Termo sauna Miguel





Pasar la primera mañana en la playa para luego ir a visitar otra de las saunas de la ciudad no me parecía mal plan para el que iba ser mi primer día completo en Torremolinos.

Y así fue como hice.
De un par de horitas en La Carihuela a la Terma sauna Miguel.
Obviamente pasando por comer un poco antes, ya que no abrían hasta las tres de la tarde.

Un restaurante vacío, un menú sencillo y barato, y un camarero delgado, mediana edad entre los 45 o 50 años, de elegante porte, me convencieron para entrar a disfrutar de mi primera comida de mis vacaciones, si exceptuamos los mejillones de la cena y el café con leche de la mañana, claro.

Desde el momento en que se cruzaron nuestras miradas, se crearon como dos canales de comunicación.
El oral y formal, desde el que desea para comer, que tomará para beber, esta todo de su agrado, al está de vacaciones, ¿desde cuando?, ¿hasta que día?, y el visual y sensual, bien codificado y encriptado, que sólo ambos sabíamos que se producía, de preguntas sin respuestas y certezas sin fundamentos.
Algo que en muy raras, rarísimas veces me ocurre.
Se despierta un torrente de simpatía y empatía, de misterio y curiosidad e incluso profundo deseo.a sabiendas imposible de materializar. Algo que te empuja a no dejar de compartir esa conexión de miradas. Algo inexplicable y a ciencia cierta compartido.

Pero de ocurrir, no ocurrió nada.
Sin embargo, fue un momento muy especial.

Nada más llegar a la sauna, y temiendo que tan recién abierta estuviera vacía, había pensado en meterme en alguna cabina y echarme una siesta para reposar la no poco abundante comida, o directamente escasa, aunque sabrosa comida, y luego ya se vería.
Pero cuando llegué a sus puertas, aún no habían abierto y ya habían tres tíos esperando para entrar.
No me apetecía quedarme, así que me volví para el paseo marítimo a matar un poco el tiempo comiéndome un helado de ron con pasas.

Sobre las tres y cuarto, ya estaba de nuevo allí
Y vi a Juan entrar justo tras mío.
Pero sólo un saludo y una leve sonrisa fue todo lo que intercambiamos esa tarde.

La sauna resultó ser muy grande, a dos niveles.
A nivel de la entrada, estaba la recepción, una piscina pequeña, la sauna vapor y seca en las que llegué a entrar, una terraza y el bar, y unas cabinas de aspecto muy nuevo, en las que tampoco me metí.
En el nivel inferior, todo adornado con cerámica de motivos geométricos de aire muy andaluz , el vestuario, las duchas y una cuadricula de largos y anchos pasillos llenos de cabinas, algunas de las cuales con ventanillas a las contiguas, cosa que me hizo bastante gracia.
En cada extremo, un jacuzzi; uno mediado, adornado ´también con cerámica de motivos turísticos andaluces, casi todo el rato ocupado por gente bastante mayor, y el otro más grande, con algo más de variedad de edades.
En general era un tipo de público de mediana edad, tirando a mayor, al menos aquella tarde de media semana, evidentemente con excepciones, con una notable cantidad claramente de extranjeros y algún que otro chapero que, por su actitud, se diferenciaban del resto de los ociosos visitantes.

Cuando pensé en hacer la siesta era porque no pensaba que fuera a haber tanta gente, y que tranquilamente podría haberla echado con simplemente de cerrar la puerta. Pero con tanto gentío, desistí.
Me dediqué primero a inspeccionarla y luego a ver si salia algo.

Y lo que salió fui yo...

Estuve un rato en el gran jacuzzi, en el cual no se produjo ni tan siquiera miradas cómplices ni tímidos roces entre nadie. Allí ví al macho osote de la sauna Apolo Cabaret, el de los tímidos roces en el jacuzzi. Aquí estaba en la otra punta del mismo, con los ojos cerrados todo el rato, ensimismado en su propio mundo.
Poco rato después de salir,  al asomarme de nuevo, había una docena de personas, todas mirándose la cara (ya habían dado un paso) o el techo.

El resto de rato estuve paseando sauna arriba, sauna abajo, metiéndome ocasionalmente en el gran cuarto oscuro con múltiples recovecos, que a priori me daba mucho morbo, pero que a la práctica, no llegué a sentirme excesivamente cómodo en ninguno de los rincones del mismo.
No era por falta de carne a la que echar mano, desde luego, porque ambiente había.
No sé si era porque sólo se pasaba, se tocaba y palpaba pollas, pero casi nadie se decidía a nada más, no necesariamente conmigo, sino entre ellos.
Mamadas vi bien pocas y otros trabajitos mayores, menos todavía.

Y yo no estaba por la labor.

A Juan, el rato que estuve,  lo vi siempre tumbado boca abajo, enseñando ese adorable, suave y blanquito culo, que sin ser demasiado ostentoso, resultaba llamativo.

Finalmente, apenas estuve hora y media.
Creo que ni llegó.

Salí pensativo.

En los tres meses de verano, solo fui en tres ocasiones a la sauna Bruc, y en ninguna salí lo que se diría satisfecho y, de hecho, ni siquiera llegué escribí borrador de post alguno para publicarlo cuando le llegara el momento.
Ahora, en ciudad distinta y distante, en las dos saunas visitadas, salí con menor actividad realizada y un tanto decepcionado.
Y en las tres veces, que tras volver, he ido de nuevo a la sauna, aquí en Barcelona, y aún habiendo hecho cosillas, la sensación sigue siendo la misma.

Insatisfacción notable.

Y no sé porqué.



15 de octubre de 2016

Y siguió en... Men's y The Factory (Segunda parte) - Noche de folladas.





En el Men's

La noche aún era muy joven cuando, saliendo del Free Eagle, encaminé mis pasos hacia el Men's.
Aunque una vez ya me había corrido, no esperaba conseguir nada en particular.
Haría un poco de tiempo tomándome otra cerveza y luego ya se vería.
De Men's diría que en 20 años no ha cambiado nada, y si lo ha hecho, ha sido muy poco pues seguía reconociéndolo en mi memoria como un déjà vu, al menos la zona bar del local.
Más espacioso que el Free Eagle , hasta con un poco de zona más ancha para bailar, dos escaleras que bajan que van a la zona de cruising, donde se hallan también los lavabos y tres cabinas iluminadas, cuya luz era prácticamente toda la que la zona disponía, ofreciendo rincones muy oscuros, dignos de lo que realmente se podría llamar cuarto oscuro con todas las de la ley, y en donde se ubicaban varias jaulas, una de las cuales tan buen recuerdo me traía...(Ver post: Torremolinos 1997, el comienzo del viaje).

Y tras varios paseíllos entre penumbras, y algún toqueteo, la historia casi se repitió.
Un tío me cogió del brazo, sin más preámbulos, me llevó a una de las jaulas situadas en la zona más oscura y allí, se colocó un condón el solito y me folló con su polla de mayor envergadura que la de Juan, pero eso sí, apenas unos minutos, y no todo el resto de la noche como la vez anterior.

Desde luego que la noche se iba calentando.
No era ni la una, que aún me parecía un poco temprano para recogerme, y ya me habían follado dos tíos, cosa que muchas veces no consigo en semanas en Barcelona.
Decidí cambiar de ubicación, con menos ganas de nada más, pero con la curiosidad de seguir conociendo los sitios previstos.
Y me dirigí hacia The Factory Leather Gay Bar, fuera de La Nogalera, pero a apenas 5 minutos de distancia.

En el The factory

Lo primero y diría único que llama la atención del local es que la entrada en medio de la calle, en unas escaleras que bajan.
Por lo demás, el local es grande, con varias estancias bien diferenciadas.
En una parte, la zona del bar amplia, sobria, y las otras tres juntas en el otro lado. A saber, una sala equipada con una gran cama en la parte central, un sling, un par de neumáticos (diría yo), y un andamio metálico; otra sala compartimentada a los lados donde se encuentran los glory holes, y un pasillo que lleva a los lavabos.

Cuando llegué no me pareció que hubiera mucha gente, pero creo que era más bien por lo espacioso del lugar. También era relativamente temprano, así que no me sorprendía.
Me pedí una cerveza, una Mahou o una Cruzcampo, ahora no recuerdo bien, y me fui para la zona caliente.
Junto al sling, habían dos tíos altos, y de buen ver en la medida que la penumbra dejaba intuir, ya que sin ser propiamente un cuarto oscuro, la luz era bastante tenue y difusa como para no percibir al detalle.
Allí estuvieron dándose el lote todo el rato que estuve, primero en un lado, luego en el otro, sin dar pie a terceros.
Yo ni lo intenté. De hecho, ni se me ocurrió inmiscuirme.
A veces se disfruta más, simplemente viendo y observando los ires y venires del personal.

Un tipo bajito, que era lo que veía a contraluz intento meterse en medio del par de buen mozos, pero, obviamente por lo que ya había visto con otros, fue rechazado.

Como yo estaba cerca, se quedo junto a mí.
O por eso creía yo que se quedaba a mi lado.
Así que aproveche la similitud corpórea y cercanía, toqué suavemente su pecho y me agaché a mamarle un poco su discreta, pero suficiente polla para un buen trabajito.

- ¿Te gusta lamer culos?- me dijo, de repente.
- Pues depende- le contesté, que es lo que suelo decir cuando me lo preguntan.
Siempre pienso en mi post que escribí sobre el tema, y esta vez no fue la excepción, pero evidentemente no podía remitirle a que lo leyera. (Post: Yo...y los culos.Una relación difícil).
- Prueba el mío, que está bien limpio !!!- continuó todo decidido.

Se subió a la cama central y se dispuso a cuatro patas, con el culo en pompa encarado hacía mí.
De nuevo me agaché, curioso de mí, y como buen perrete me puse primero a olfatear.
-Ummm- oler, olía bien, que ya es mucho.
Y ni corto ni perezoso me puse a lamer aquel chiquito, suave, rico y limpio culete, que se abría cada vez más con cada uno de mis lengüetazos.

Con la excitación del momento, en un dicho y hecho, mi polla penetró casi por su voluntad, aquellas entrañas, húmedas y lubricadas de mi propia saliva.

Y me ví allí de pie, agarrándole de las nalgas, dándole alguna palmada y follándomelo sobre aquellas colchonetas que hacían de cama en el centro de la sala, a la sutil luz de aquellas penumbras, tal como se dice, largo y tendido.

Pero como yo ya había tenido más que suficiente aquella noche, primero con los roces y mamadas en el Free Eagle, y luego con la follada en el mismo local y en el Men's, no tenia ni demasiadas ganas ni excesivas fuerzas de estar mucho rato dándole que te pego al muchacho, y más viendo que no tenia fin al disfrute y gozaba y retorcía de placer entre suspiros y gemidos, como perra en celo.

- Bueno, ya esta bien- le dije, dándole unas palmaditas suaves en las nalgas, y retirando tranquilamente mi ya cansada polla.
- Pues para no gustarte follar, a este culo te lo has trabajado más que bien !, comentó, para mi sorpresa.
- ¿Y que sabe este de si me gusta follar o no?- pensé, preguntándome para mí mismo.

Fue cuando relacioné este comentario, con su tranquilidad al situarse cerca de mí , su cierta soltura al entrarme con su pregunta de si me gustaba lamer culos y su rápida resolución al colocarse en posición para que me lo comiera, su discreta polla... Ahí fue cuando me dí cuenta que era Juan !.

- Hostia, que sorpresa !- exclamé - no te había reconocido!.
- Que gracia !,- proseguí- no me había dado cuenta que eras tú. Parece que nos hayamos hecho un intecambio los favores!.

Nos reímos, fuimos al lavabo a adecentarnos un poco, y yo ya me marché.

Ya eran las dos de la mañana, y como a la vuelta hacia mi pensión el Men's pillaba de paso, se me ocurrió entrar de nuevo.

De nuevo en el Men's

Me pedi una cerveza, más que por ganas de beber, como peaje para bajar directamente abajo, a la zona de cruising.

Se percibía claramente que había más gente que cuando me fui anteriormente.
Pero la historia volvía a ser la misma: mucho toqueteo y poco mamoneo.
Y casi de igual manera, un tío de polla gorda, más que las dos anteriores que me habían follado, rígida y dura me la metió allí mismo en medio del cuarto oscuro.
Obviamente tenía los pantalones medio bajados, el culo al aire y el agujero predispuesto.
Fue un polvo-colibrí, de apenas tres segundos en pleno "vuelo", básica y principalmente porque lo rechacé en cuanto pude pues no me apetecía que me desgarraran el ojete.
Aún suerte que las pollas que me follaron fueron de menor a mayor tamaño, y de mayor a menor satisfacción... todo hay que decirlo.

Eran las tres y volvía de mi primera escapada nocturna, más que bien servido y satisfecho.



14 de octubre de 2016

Comenzó la noche... en el Free Eagle. (Primera parte) Primeras sorpresas.




Y llegó la primera noche.

¿Por donde comenzar?
Decidirlo no resultó ser una tarea demasiado dificil, aún cuando había tantos sitios para elegir.
De la información tranquilamente obtenida días antes, habia elegido un puñado de lugares que quería conocer, como ya mencionaba en el post "Torremolinos 1997, el comienzo del viaje",  y que aparte de una visita al menos a cada una de las tres saunas de la ciudad: Apolo Sauna Cabaret, la Terma Sauna Miguel y Sauna Atlas, los locales nocturnos elegidos iban a ser: Free Eagle, Men's, The Factory, Quelle y Qüero.
Solo todos ellos, sólo conocia el Men's, pero de veinte años atrás, y como criterio para empezar la noche, elegí el Free Eagle, simplemente porque era el primero que abría, desde las ¡18.00 horas!.
Todo un lujo.

No obstante, cuando entre en el Free Eagle sería sobre las 10 de la noche, una hora que considero adecuada para empezar el circuito de visitas nocturnas.

En el Free Eagle

El local pequeño es pequeño, pero en dos plantas, el bar a pie de calle, barra, rincón de copas, vídeo porno, un camastro a pie de pantalla, supongo que para imitadores en 3D de lo acontezca en la pantalla, y unas escaleras detrás del mostrador que bajan a la zona de cruising, donde lo primero que uno se encuentra son los lavabos, un primer pasillo corto con un monitor de vídeo que ilumina la estancia y la siguiente donde hay una mesa para dejar las copas y botellas, una camilla de las utilizadas para masajes, pero aquí usada para otros fines, y una tercera estancia donde se ubica un sling y un acceso a otra pequeño cuarto que me quedé con la duda de que había detrás.

Cuando bajé por primera vez a la zona de cruising, habían dos tíos altotes morreándose en la zona más oscura.
Yo me quedé en la zona del vídeo, observándoles en la distancia.
Me sorprendió como segundos más tarde, dos tíos llegaban y delante mio se ponían a mamársela mutuamente, sin el mayor recato ni vergüenza.
- Olé, así me gusta! - pensé.
Más tarde también vería, esta vez ya junto a la barra del bar, como un tío se la mamaba a otro sentado en un taburete, a la vista de todos, pero todo hay que decir que fue una cosa puntual que no volví a ver allí en esos días.

Estos dos enseguida invitaron a otro que tras ellos llegó al cabo de un par de minutos, pero apenas si participó de algún tocamiento.
Luego, a una señal, me incorporé yo, vino uno y se fue otro.
Minutos más tarde, después de algún que otro manoseo, les dejé, y pasé a la zona mas oscura, donde me uní a otros toqueteos de varios tipos que allí se habían congregado.
Mis pantalones cortos enseguida se vinieron abajo, mientras miraba como uno se follaba a otro apoyado en la camilla de masajes.
Un tío de aspecto latino, recio, de polla pequeña se lió con otro mas alto que se lo acabó follando.
Yo mamé la polla del latino, pero no me motivaba, luego de un pollón de un otro extranjero alto y delgado..
Todo ello entre alguna que otra tocada de culo y cositas varias a la penumbra, entre dos a tres tíos, variando alternativamente con uno u otros, y viceversa.
La cosa fluía muy relajadamente, sin forzamientos, ni feos desplantes, .
El juego duró un ratillo, pero no pasaba de allí. Los dos folleteos habían sido muy breves y no habían tenido continuación.
Cuando me cansé, y tras salir del lavabo para refrescarme un poco, un tio algo más bajito que yo, al que llamaré Juan de aquí en adelante, que estaba justo sentado en un taburete enfrente de la puerta, me entró casi se diría que a bocajarro:

- ¿A ver como tenemos estos pezones guapos que antes he visto?- me preguntó, a la vez que, directamente me comenzaba a juguetear con mis pezones por encima de la camiseta.
- Qué atrevido- pensé, mientras me dejaba tocar, calentándome de buena manera cuando ya no me lo esperaba, ya que mi intención ya era la de irme. No me sonaba haberlo visto entre las penumbras del sótano, pero por lo visto él si se había fijado... en mis pezones.
- ¿Te gusta follar?- me preguntó después de habernos mamado mutuamente allí mismo en el pasillo.
- No, prefiero que me follen - le contesté.
- Ven, sígueme- dijo, y entramos en el lavabo.

Allí, con la puerta cerrada y algo más de intimidad se me puso a mamar la polla más animosamente.

- Te voy a follar !- sentenció, y sin esperar un asentimiento por mi parte, se sacó un condón, se lo colocó en un periquete, me hizo dar la vuelta e inclinarme hacia adelante y me la metió sin más.

Valga decir que la polla era de tamaño más bien discreto, de ahí que, a pesar de no lubricarme y de mucho tiempo sin ser perforado, tampoco me costara un sobreesfuerzo y una pizca de dolor, que se superó con las primeras y rápidas embestidas que me propinó, siempre seguidas de una más brusca, seca y contundente.
Era su peculiar ritmo.

Obviamente, el tío me hizo correr, ya que a la vez que me follaba el culete, también desde atrás, cuando dejaba de sujetarme las nalgas, seguía jugueteando con mis tetillas.

- Pues que suerte la mía !, le dije todo contento- ya has visto que me estaba yendo.

Intercambiamos cuatro palabras más y nos despedimos sin ni siquiera decirnos nuestros nombres.
No hubiera sido necesario de no ser que a "Juan" me lo volvería a encontrar esa misma noche, en otro local, y en otras noches que estaban por venir.


( continuará)


28 de septiembre de 2016

Sauna Apolo Cabaret, y los primeros roces.






Hacía un par de horas que había llegado e instalado en una modesta pensión de la ciudad.
Y efectivamente, el tiempo no estaba para ser aprovechado para disfrutar de un rato de playa, ya que tal como habían indicado las previsiones meteorológicas estaba muy nublado y amenazaba lluvia.
Así que seguí el plan establecido que era visitar una de las saunas de la ciudad.

Aunque en estos días tenía la posibilidad e intención de visitarlas todas al menos una vez, había que elegir una de las tres para empezar, y opté por la Apolo, (Apolo Sauna Cabaret, para eser exacto), básicamente por ser la más lejana de donde tenía mi lugar de hospedaje, y ya de paso visitaba algo del lugar.
Con el objetivo también de descubrir los accesos a la playa , comprobar su ....  decidí llegar a la sauna paseando por el paseo marítimo, y al llegar a la altura donde se hallaba, desviarme hacia el interior.
No resultó nada difícil dar con ella ya que está bien señalizada.
Una rampa hacia abajo, tocar el timbre de acceso, pagar 8 euros por la entrada, entrega de toallas, zapatillas y llave y ya estaba dentro.

- ¿No serán esas las taquillas?- pregunté sorprendido al chaval, señalando unas taquillas no mucho más grandes que un apartado de correos.
Por ubicación y tamaño sabía que no podía, pero no pude evitar de preguntarlo.
- Ja, ja, pero sí ahí no te cabe ni la mochila que llevas- me contestó, pero sin aclararse para que leches servían aquellos casilleros cerrados.
Me abrió la puerta y me señalo los vestuarios.

Y la verdad es que la sauna daba fe a como se publicitaba, cosa que en muchas ocasiones no siempre cuadra con la realidad con la que uno se encuentra.

Realmente es un sauna grande, en dos niveles, limpia, muy espaciosa, que huele todo a nuevo.
La planta principal, por la que se tiene acceso, se podría decir que se divide en dos partes.
A la izquierda de la puerta de entrada se llega por un pasillo a las duchas, al bar y de ahí a una sala luminosa, con luz externa, para fumadores y lectores, y a las saunas seca y de vapor frente por frente y al final del pasillo al jacuzzi.
A la derecha de la puerta de entrada se inicia un largo pasillo de recorrido circular, o sea que si uno lo sigue acaba luego donde empezó.
En la parte central del recorrido se encuentran los amplios vestuarios, con sus taquillas, banquetas y espejos para mirarse lo guapo o desastroso que uno va, y unas cabinas.
Y en la parte externa se encuentra a lo largo del ancho pasillo, diversas cabinas señaladas como suites, que me imagino que deben de tener algo especial y si uno quiere usarlas deben de tener un precio aparte del de la entrada, cosa que no llegué a preguntar, una salita de juegos con sling, jaula, silla y cruz de S. Andrés, una salita con 5 cabinas con gloryholes, un minicine, alguna habitación oscura y cabinas, y el acceso a la planta inferior, que no deja de ser un simple pero gran cuarto oscuro, con sus recovecos, al final de un ancho pasillo que parece el de una planta de hotel, aunque con sus puertas inhabilitadas.

No tengo nada que reprobar al local, sinceramente, aunque particularmente me gustan más los locales un tanto más añejos y con solera, incluso con toque cutre, grandes o pequeños da igual, pero menos espaciosos, e inviten más al roce.

De gente había más de lo que me esperaba para ser un martes por la tarde.
Durante el rato que estuve, con cierta renovación se fue manteniendo entre los 12-15 personas, de entre veintitantos a cincuenta y pocos años, extranjeros y locales, y lo poco que se arrejuntaban parecía que lo hacían más por afinidades lingüisticas que por atracción sexual.

Entre algunas miradas de curiosidad, no me atrevería a decir que con alguna intencionalidad concreta, y otras indiferentes, me estuve paseando largo rato por el local hasta que mis ojos se acostumbraron y a tomar buena nota de la distribución y servicios.

Cuando decidí descansar, la primera duchita fue nada más entrar, fue para meterme en el jacuzzi, ocupado ya por tres tíos que se mantenían equidistantes entre y sin hacer nada entre ellos, aparentemente, pues otra cosa es lo que pase bajo el agua.

Nada más irse uno, tal vez el más disonante, apareció otro, alto, joven, buen ver, con gafas, bigotillo y pollón, que se metió en el jacuzzi con unas miradas y sonrisas a los dos restantes que daba que pensar que, al menos, se conocían.
Uno de ellos se resituó, colocándose de manera que el nuevo quedaba en medio, y comenzando una serie de muy discretos, aunque evidentes toqueteos.
Finalmente, tras unos minutos, el que se había resituado, se levantó y de pie quedó delante del nuevo.
Y comenzaron los tres a darse el lote de manoseos y besuqueos.
Todo ello a poco más de treinta centímetros de mis narices.
Con inclinarme un poco hacia adelante y sacar la lengua podría haberle lamido la espalda al más cercano.

Estuve unos minutos mirando plácidamente, y por si me invitaban con una señal a unirmee a ellos.
Pero iban totalmente a su bola.
Bueno, resignación.
Cuando salí y me fui a ducharme, comenzaron a hablar entre sí de sus cosas, mientras seguian a lo suyo.

Rato más tarde volví a pasar.
Tenían varios mirones, y el que estaba de pie era mamado ya por el nuevo.

Me fui a tomar una cerveza, Amstel para ser preciso, que me sirvió un camarero la mar de servicial y simpático, como el de la entrada.
Ojeé la revista shangay mientras apuraba la birra y cuando acabe con ambas, volteé un rato.

Me meti en uno de los cuartitos con glory holes y enseguida uno, que me debió ver cuando entraba, se metió en el contiguo.
Para mi disgusto, le tuve que dar de mamar si algo quería, pero la cosa fue bastante breve, un par de minutos o tres, y realmente mamada poco satisfactoria pues casi ni lo sentía.

En un intento posterior ocurrió exactamente lo mismo en tanto que, nada mas entrar yo, se metió uno, pero esta vez no pensaba sacar yo la polla,
Y no la saqué, pero tampoco mamé.

Volví al jacuzzi y allí habían dos tíos sin hacer nada más que relajarse entre las burbujas, que al fin y al cabo, es lo propio de hacer ahí.

Poco tardó en aparecer un tipo de aspecto inglés, y con este, por la cercanía en la que se dispuso, comencé un toqueteo de piernas y pies muy discreto, que paso al pezón, y más tarde a su polla, normal, de huevos pelados con cockring.
Duro el baile un buen rato, pero se quedo en eso.
También el tocaba, cierto, si bien sólo de tanto en tanto la pierna, y en un par de ocasiones, mi hambriento cipote.
Cuando se fue, más relajado que cuando se introdujo entre las burbujas, vino un buen ejemplar de macho osote ibérico, con el que tuve también un baile de toqueteo de piernas y pies, y con estos, también alcance su pollote.
Pero todo más en la distancia, que bien podría haberse reducido, de haber por alguna parte querido.
Como ví que la cosa no acaba de prosperar mucho, y ya cansado de estar alli, tanto del jacuzzi como de la sauna decidi marcharme.

En total, estuve como mucho hora y media.
No más de lo habitual en mi.

La tarde había sido muy ligera.
Tal vez excesivamente, y no sabía si eso era mal presagio de los días venideros.

La pronosticada lluvia me pilló de camino de regreso al hostal,

Y yo sin paraguas.



25 de septiembre de 2016

Torremolinos 1997, el comienzo del viaje





Casi 20 años han pasado desde que me dejara caer durante apenas 2 días, por primera vez por Torremolinos.
Un lugar de destino, en principio, totalmente ajeno y extraño para mí en lo que era mi rutina de vacaciones habitual por la época, que iba a lugares muy exóticos para aquellos años y hoy son de lo más común para la mayoría de gente que viaja actualmente.
Sin embargo, aquel año de 1997, diversas circunstancias me llevaron a emplear mis días de vacaciones a diversas localidades de la geografía peninsular, en una ruta que me llevaría a València, Alacant, Donosti, Madrid, Torremolinos y Granada.

Un viaje que más que visitar las ciudades era, principalmente para conocer a un puñado de amigos que había hecho durante ese año por los emergentes chats de la red, en una época que casi nadie tenía internet y menos aún, a casi nadie les sonaba nada de todo eso.

La segunda motivación del viaje tenía un fuerte componente iniciático.

Y es que fue en ese año que se podría considerar que fue mi nacimiento de perro/perrete bcn, si bien en esos momentos no era consciente de ello (nadie lo es hasta que pasa un tiempo), ni tampoco me daba a conocer con este nombre.

En febrero nacía al ciberespacio, en mayo me separaba de mi hasta entonces pareja, en junio tenía mis primeras cenas/quedadas y citas, y comenzaba a descubrir, al menos en modo teórico un sinfin de parafilias, la cual más morbosa y atrayente, más allá del casi exclusivamente acariciar/besar/chupar/follar siempre en la cama de una relación vainilla.
Sí es cierto que, con anterioridad, había tenido alguna escapada al Arenas o a la Sauna Thermas, la Condal o la Bruc de entonces, pero pocas veces y siempre muy tímido, casto y recatado.

Descubrí mi lado sumiso (el pasivo ya me lo conocía),  y hasta cierto punto masoca, que no tienen por ir relacionado, y comencé a informarme, a hablar y contactar con gente entendida en la materia.
Y tras mucho hablar, así llegué a tener mi tres primeras sesiones bedesemeras en toda regla.
La primera con un Amo de Terrassa en fecha inolvidable, el día anterior en que murió Lady Di, y con el cual tuve alguna que otra sesiones mucho más ligeras semanas más tarde. Acabó derivando en amistad.
La segunda sesión, tal vez más sensual que sexual, y sobre todo sofisticada, fue con un Amo de Madrid, a casi a finales de septiembre, y acabando esa misma semana, la que sería mi tercera sesión, con otro Amo, aprendiz del de Madrid al que se sometía como sumiso, esta vez en Torremolinos.

De este último, fue con el que llegué a hablar más extensamente al punto que me llegó a facilitar todo un completísimo test que leí y rellené tanto para conocerme a mí mismo, sobre gustos, prácticas, fetiches, experiencias, en mis limitaciones teóricas y prácticas, así como la reacción que tenía ante cada una y mi disposición a superarlas o no.

Tras quedar la primera tarde del día de mi llegada en un bar cercano a La Nogalera, conocernos y tomar un café, me llevó en su coche hasta la mazmorra que tenía instalada en la buhardilla de su casa.
Allí tuvo lugar, durante dos o tres horas, una sesión de castigo de pezones, azotes, fusta, adoración de botas, pies, polla, lluvia dorada y seguramente alguna cosa más que la memoria en casi veinte años se ha encargado de borrar, a falta de recuerdo gráfico ni escrito.
Pero si la recuerdo como una sesión muy dura, de pura resistencia, de la cual salí exitoso y orgulloso.

- Tienes madera de esclavo, chaval - aseveró, sin dudar, usando casi las mismas palabras que días antes el Amo de Madrid dijo cuando dió por acabada la sesión.
Palabras que se marcaron a fuego en mi interior, confirmando y certificando por maestros que aquello que intuía, sentía, ilusionaba, pero incluso a veces temía, era cierto.
Que los avatares, experiencias y circunstancias de la vida me llevaran a un camino de experimentación u otros era algo que solo el propio destino sabía.

Por de pronto, acabada la sesión, me invitó a comer pescaíto frito y a tomar unas cervezas a un chiringuito de Benalmádena.

De regreso me dejó junto a La Nogalera, el punto de encuentro, dándome algún nombre de un par de locales a los que podía ir.

Me metí en uno llamado Men's, me pedí un cubata y allí en la barra estuve mirando en una de las televisiones una de las primeras actuaciones de una incipiente estrella de la canción en España, de éxito ya en México, de la que ya un par de meses antes supe de ella, y que al poco sería conocida como La pantera de Figueres, Mónica Naranjo.

Entender el amor: " Sal de tí mismo y explora el abismo, Que al fondo se enciende una luz...", era la letra que sonaba.
Pocas veces resulta la letra de una canción tan acertada, para el instante preciso de un momento concreto.

Cogí mi vaso de tubo y me dirigí a la zona de cruising y cuarto oscuro que había bajando las escaleras.
No me dió tiempo a comprobar nada de la zona, ni palpar nada ni acostumbrarme a la penumbra imperante.
Unas manos me cogieron, me llevaron y metieron directamente en un jaula, encerrándome con mi captor.
Por la voz era un tío joven, que sobaba y besaba como los ángeles.

No tardamos en pasar a mayores.
Dejé el vaso, nos quitamos las camisetas que quedaron tiradas en el suelo, nos bajamos los pantalones y comenzamos una suerte de mutuas e intensas mamadas.
El calor resultaba asfixiante, pero quedaba ligeramente compensado por cálidas gotas de condensación que nos iba cayendo sobre el cuerpo, a la par que refrescándonos, estremeciéndonos con cada impacto por sorpresa que recibíamos.
El desenfreno fue total, y el chaval acabó follándome el culo largo y tendido, mientras que desde la jaula continúa asomaban para palpar algunas manos tan curiosas como lujuriosas.
Una noche nunca olvidada.

Nuestra particular orgía se acabó con la apertura de luces al cierre del local.
Fue cuando comprobé realmente que se trataba de un chaval que rondaba los veintipocos años, un poco más joven que yo, que venía desde Motril, donde trabajaba, a pasar la noche del sábado de fiesta.

Me quedé con él a esperar el autobús, y luego me fuí yo para la pensión.
Aquel día había resultado de equilibrio perfecto, una tarde de bdsm y sexo duro y una noche tórrida de sexo convencional, aunque el lugar pudiera no parecer el apropiado.

Poco más recuerdo de aquellos dos días en Torremolinos.
Las lluvias otoñales luchaban por imponerse a los últimos días cálidos del verano, en un ciclo sin fin.
No pude ni ver, ni siquiera asomarme a la playa, y una salida a la capital resultó triste y tan gris como el tiempo.

Y ahora volvía, casi 20 años después.
Esta vez no me esperaba nadie.
Ni siquiera un ciberAmo de sesiones puntuales que también hace unos pocos años tuve por un breve tiempo de Torremolinos, y que se mudó de ciudad.
Podría haberlo contactado, pero después de siete años de no saber nada el uno del otro, no hubiera procedido. No sé. Pero se me ocurrió tarde.
Sí hice el intento de quedar con un admirado Amo madrileño que se pasa de tanto en tanto por Málaga, por si coincidía en esos días conmigo, pero con el casto propósito de cervecear un rato y conocerlo.
Pero tampoco pudo ser.

Tenía claro que me esperaban unos días de sol, playa, lectura y relax.
Sexo también, que buscaría en un puñado de locales elegidos a priori según alguna recopilación de información, y cuya cantidad y calidad estaba por ver.
Si me decidiese por algún otro sería por recomendación 'in situ' de algún visitante o lugareño.

Retornaría al Men's a ver si algo había cambiado y si tenía un improbale reencuentro con el motrileño, y visitaría el Free Eagle, el Qüero (sex & fetish bar), The Factory Leather Gay Bar y el Querell Cruising Club.

Habría también un tiempo de tardes para visitar las saunas locales: La Apolo Sauna Cabaret, la Terma Sauna Miguel y la Sauna Atlas.

¿Sería este un nuevo punto de inflexión o de un nuevo nacimiento?.
¿Tendría experiencias nuevas, más allá de las consabidas mamadas y algún que otro folleteo?.
¿Conseguiría un equilibrio entre socializar un poco con la gente y directamente perrear?.

Todo estaba por ocurrir.



2 de septiembre de 2016

Bukkake inesperado, o casi.




Empezar con una deliciosa polla, de tamaño medio, gordita pero sabrosa en el cuarto de vapor en plan suave, tranquilo, relajado, acogedor y sin malos rollos no tiene precio.
Sobretodo después de las minivacaciones de sauna que me habia tomado, sustituyendo esta por varias visitas a otros locales, como el sexshop Zeus, la sauna Condal o el Erotixx.
Tocaba volver y resultó un comienzo muy agradable.
La comida, que estaba resultando exquisita, se aderezó con algún tímido tocamiento de terceros, que ni de lejos se preveía que pudiera derivar en presunto folleteo.
En esa placidez, me senté en el banco de obra, y continué con la mamada hasta que el buen hombre se corrió sobre mi barba.
Una corrida no muy abundante, todo hay que decirlo, pero en suficiente cantidad como para percibir ese tacto cremoso sobre la piel.

Al cambiarme de sala, opté por ir directamente a la Big Sex Room.
No me apetecía ponerme a dar vueltas y vueltas. Estaba tranquilo y relajado, y no deseaba alterarme demasiado.
No había mucha gente y muy poca acción, apenas la de un par de tíos.
Por aquello de no molestar, me tumbé boca arriba, en la gran cama en el lado opuesto donde dos osos grandotes se estaban merendando.
O más bien, el uno tumbado le devoraba el culo al que tenía casi sentado encima suyo.

Y por suerte no tardó un morlaco de pollón tremendo, que se acercó hacia donde tenía posicionada la cabeza, para comenzar de pie a follarme la boca durante mucho, mucho rato.
El par de cojones, a juego con el cipotón, rebotaban rítmicamente sobre mis ojos al son de cada mete y saca.
En una de las pausas, en las que simplemente reclinándose encima mío se dejaba mamar, y los huevos se mantenían relajados, vi como por detrás se acercaba otro tipo, aparentemente con intención de follar a la bestia.
Pero nada más lejos de la realidad, ya que lo que pretendía era darme también de mamar desde tan forzada posición, cosa que por un breve momento pude hacer al estirar y tirar aún más para atrás la nuca, desatendiendo con ello al muchachote que aún tenía encima.
Pero tuvo que desistir de su empeño, cuando este recuperó la compostura y se irguió de nuevo.

De tanto en tanto, podía ver como uno, que a la par que me toquetea los pezones, si iba pajeando.
Y de tanto darle al manubrio acabó echando una buena lechada que se desparramó sobre mi cuello.
El morlaco, excitado como estaba dándole a la zambomba, y al ver el surtidor chorreante del otro, entre sonoros jadeos se corrió abundante e intensamente sobre mi pecho.
Segundos después era yo el que se vaciaba también en la misma abundancia, pringándome hasta las cejas.
Obviamente es un decir, pero no se alejaba mucho de la realidad.

Una cuarta corrida, más discreta, cayó en una de mis piernas, si bien no pude comprobar de quien era, pues seguía con la mole de carne sobre mí, impidiéndome la visión.

Cuando salió de encima, tras escurrirse bien las últtimas gotas del cipote, ví como quedaban aún tres tíos a mi lado, haciendo sus manualidades.
Tal vez la minicorrida última fuera de uno de ellos, pero no me quedé a comprobar, ya que no estaba más por la labor.
Alguno pretendió algo mientras me peleaba con el amasijo de toalla y paño que tenía, intentando secarme un poco, taparme para irme y buscando las zapatillas.

Por dentro me había  quedado absolutamente seco de la corrida.
Por fuera estaba bien pringado de las cuatro lechadas.

Dicen que la leche de burra y camella rejuvenece la piel.
A ver si la de macho humano también.

Al menos aquel día resultó ser... la leche :-)


30 de agosto de 2016

Reencuentro con Bilbo y otros quehaceres sexuales en el Erotixx.





Después de un par de meses de intercambio de emails, conseguimos concretar un día y una hora para quedar en reencontrarnos.
Si eso ya fue difícil, encontrar el sitio tal vez lo fue más. Sus reticencias, por diferentes motivos, a quedar en el Erotic Palace o en alguna de las saunas de Barcelona, complicaban el asunto, más ahora que ya no existía el cine Arenas, que durante bastante tiempo había sido el punto de encuentro de furtivos, esporádicos, inesperados y anónimos encuentros, en tanto que nunca habíamos hablado ni sabíamos nada el uno del otro.

Superpuntual, allí se presentó Bilbo, en el Erotixx, aquella fría tarde de mediados de Febrero.
Nos encontramos junto a los terminales de conexión a internet, y directamente nos metimos mano.
Él tenía las manos frías y estaba visiblemente nervioso.
Entre eso, la intensidad de la luz que aún siendo poca, no estábamos acostumbrados y el trasiego continuo de gente, no acabamos de sentirnos cómodos, por lo que cambiamos de lugar, para irnos al otro lado del local, junto a mi cabina favorita.

Allí comenzamos ya más seriamente un magreo, una sacada de pollas respectivas, un par de besos, un suave pezoneo, una discreta mamada, entre palabras, comentarios y conversación entrecortada.

Se me hacía extraño escuchar su voz, oír claramente sus palabras.
No había ocurrido nunca.

Un señor más mayor, que nos toqueteo un rato, gente que chocaba con nosotros y alguno que discretamente rozaba, sin llegar a más, al parecer sin voluntad de arrejuntarse con nosotros, no ayudaba a calentarnos más ni él a bajarle los nervios.

Nos apartamos a otra esquina, pero ya allí acabamos simplemente charlando, comentando cosas de nosotros, del extinto cine Arenas y de la gente que lo frecuentaba.

Se hizo la hora y decidimos irnos, saliendo el primero por la salida de arriba, por la que no es necesario pasar por la tienda.
Yo, que había dejado la bolsa y el abrigo en la taquilla, tenía que salir por allí.

Pero al pasar por mi cabina favorita, la ví vacía y me decidí a entrar, a ver si pasaba algo.

---

En la cabina contigua habia un chandalero, del que pude comprobar que tenía un bonita y sabrosa polla, que mantenía dura y brillante con un cockring de goma de color que le rodeaba los huevos.
Se la mamé en cuatro tiempos, o sea, que cuando se cansaba de la secaba, se la escondía de nuevo en el chandal, y se volvía a sentar.
Cuando yo volvía a estar libre de visitas, y le apetecía, la volvía a asomar por el gloryhole.

Una de estas visitas fue la de un tío que entró mientras yo estaba de faena con el tío del chandal.
Mientras mamaba, le dediqué un poco de atención al recién llegado y le metí mano, si bien no tenía yo nada claro sus intenciones, de si quería quedarse para tomar la exclusiva de mis mamadas o bien si quería compartirme con la que se asomaba por aquel agujero de la lujuria.
En cualquiera de los casos, digo yo que se la habría sacado, pero no fue así.
Estuve unos instantes en la cabina y se marchó.

Salí a dar una vuelta y observar al personal.
Un de tíos hablando sobre sus vidas, al igual que un rato antes yo con Bilbo, pero ellos sentados cómodamente en el banco central.
Varios tíos que vienen y van, miran, pero pocos interactúan.
Era curioso que todos me parecían que tenían un puntillo por el cual, a priori, me liaría, incluso alguno tenía verdaderamente morbo.
Igual es que aquel día andaba yo necesitado más de la cuenta y tenía el listón muy bajo.

Volví a mi cabina y andaba otra vez dispuesto el chandalero, por que lo no me demoré en agacharme de nuevo y ponerme a la labor.

En una de las pausas, mientras me recomponía las vestiduras se asomó a través de la entornada puerta, un chaval alto, joven que no dudó un instante en entrar.
Comenzó subiéndose la camiseta y ofreciéndome sus discretas tetillas para que se las lamiera, y siguió bajándose los pantalones y los suspensorios que llevaba, mostrándome un pedazo de nabo que más de uno quisiera tener o llevarse a la boca, el cual comenzó a pajear mientras me ofrecía su culo para que lo tocara y se lo lamiera.
Me retraí un poco, pero tras comprobar que aquel culete, aparte de precioso estaba limpio y olía bien, me dispuse a comérselo.

- Que rico, que rico !- decía e insistía mientras sentía mi lengua lamerle el ano y mordisquearle las nalgas.

Y ya me fue bien que aquello transcurriera de esa manera, pues la polla se me antojaba realmente demasiado gruesa para mi boca y gusto, y cosa importante para un perro de morro fino, le babeaba.

Acaricié con mis manos aquel cuerpo de tacto sedoso y algún beso furtivo de deseo, en algún momento, rozaron nuestros labios, mientras nuestras bocas danzaban en un baile de suspiros, jadeos y alientos.

El chaval se acabó corriendo y se fue, dejándome allí más caliente que el palo de un churrero.

En el otro lado, otro tipo había sustituido al chandalero.
Agachado, asomaba los dedos de la mano por el gloryhole e intentaba ver lo que a mi lado pasaba.
No sé si algo había visto, pero quedaba claro que lo que buscaba.
Y yo estaba demasiado encendido como por andarme con tonterías de preferencias.

-¿Quieres polla?, Pues toma polla- pensé, al tiempo que introducía la misma por el agujero de la pared y era acogida por una boca cálida y húmeda. Un placer.

Placer que duró unos pocos minutos.
En eso que dejé de sentirlo y ví como se marchaba.
Y como en unos segundos aparecía por la puerta.

Entró, se desvistió dejándose únicamente los pantalones a la altura de los tobillos y continuó con lo que instantes antes había dejado.

Quedé un tanto atónito de tanta impulsividad y determinación.
Pero resuelto yo, a la vez que necesitado, comencé a follarle ritmica, pero pausadamente, su ansiosa boca.
A ratos la sacaba para restregársela por la cara y a la vez golpearle con ella las mejillas.

- ¡Pégame-soltó.
-¿Y no es eso lo que hago?, le pregunté burlonamente, sabiendo exáctamente a lo que se refería.
- Con la mano- aclaró, lo ya intuido.
-¿Y lo mereces?- le susurré al oído, y sin esperar respuesta, continué.
-¿Lames culos?

Hubo un segundo de sorpresa en su rostro y duda en su mente.

Pegar puede parecer la respuesta a un castigo o correctivo merecido. Y este no era el caso. Mamaba bien.
Él quería algo, y yo no tenía porque dárselo.
Ahora, si se lo ganaba, obtendría su recompensa en la forma deseada.

-Sí- contestó, un poco titubeante.
-Pues ya estás tardando- le contesté, al tiempo que me daba la vuelta, me bajaba un poco más los pantalones, y sacaba el culo hacia afuera para facilitarle el trabajo de lengua que esperaba.

"Quid pro quo", como se dice, ¿no?.

Y una vez comprobada su disposición y buen hacer, estuvimos alternando culito en poma y lamida, con comida de polla, mete saca y folleteo, y golpecitos en mejilla, con algún que otro cachete con la mano.
Obviamente, suave y controlado.

En su frenesí, perdía la concentración al pajearse, con lo que tuve que reprenderle en diversas ocasiones, obligándole, al menos el tiempo que mamaba, y por ende, lo tenía de cara y controlaba, que se pusiera las manos en la espalda, y procurara y centrara sólo en darme placer a mí.

Su placer ya lo recibiría cuando yo quisiera o se lo mereciera.

Realmente, e inesperadamente, me había bien puesto en el papel.
Estaba en el otro lado.

Hubiera firmado por intercambiar los roles, pero así habían venido dados.