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31 de marzo de 2016

Chema. El Alfa y el Omega.




No estaba muy seguro, por varios motivos, de querer escribir este post sobre Chema.
Primero es que no pertenece al tiempo en el que transcurre las historias de este blog; luego porque realmente tengo recuerdos muy difusos sobre las veces que me lo encontré y estuve con él, y luego porque en realidad tampoco es un personaje relevante en mi vida pasada ni actual.

Sin embargo, los tres argumentos son rebatibles.
Cierto que su historia se remonta a hace ventilargos años, pero en este blog ya he contado alguna historia “antigua”, como por ejemplo, la del psicópata y la de la orgia en Madrid, aunque estas lindan en los confusos limites de la penumbra.
Luego, la mayoría de las cosas no me acuerdo, tal vez porque no fuera nada especial.
Sin embargo, lo que recuerdo son escenas o comentarios muy precisos ligados a momentos decisivos en mi vida, en las que él, sin ser parte activa ni directa, coincidía como inicio o fin de algunas historias.

Lo conocí la víspera de una fecha señalada por partida doble en mi vida, entre las butacas de platea del cine Arenas, al principio de frecuentarlo en mi segunda etapa, cuando este aún tenía su entrada principal por la calle Creu Coberta y una capacidad por lo menos cuatro veces superior a la actual.
Incluso puede que me quede corto.

Y si lo conocí ahí en concreto es porque en aquella época yo no hacía nada más que llegar, sentarme y esperar a ver lo que pasaba. Y de ahí sólo me movía para ir a mear, entre las miradas curiosas, libidinosas o indiferentes de los tipos que flanqueaban el pasillo.

No recuerdo que hicimos, posiblemente un toqueteo y poco más, ya que entonces como digo, yo era extremadamente cortado, si bien, en alguna ocasión ya me atrevía a mamársela a alguien entre butacas.

Y me invitó a ir a su casa, cosa muy poco habitual que me ocurriera entonces, ni nunca a posteriori.

El tipo, una vez visto a la luz de la calle no me pareció nada atractivo.
Lo veía mayor respecto a mí, cuando él pasaba de poco la cuarentena, no tenía un cuerpo muy atractivo, sin nada de vello, serio, de pocas palabras e imposible sonrisa (nunca lo vi sonreír) y una cara constante de "pomes agres".
No es que estuviera amargado o enfadado. Simplemente era ( y es) su cara.

El como se desarrollo la noche, pues no lo recuerdo.
Lo que sí me acuerdo es de su  grueso cipotón achampiñonado, que me folló antes de dormir y nada más despertar, o más bien, mientras me despertaba, que me obsequió con una frase que aunque era una constatación de mi actitud en la cama, yo lo tomé por todo un piropazo, y el comentario, en un momento de la noche de su deseo de tenerme siempre allí, con un butt plug en el culo, que sacaría siempre en el momento que quisiera follarme, cosa que solo mencionarlo consiguió mantenerla tiesa toda la noche y muchos días posteriores.

Al marcharme a la mañana siguiente, me dió su tarjeta con su teléfono (fijo, pues por aquel entonces aún no existían los móviles).
-Ah, te llamas Chema-.
-Yo, Albert – Le dije no sé muy bien porque.

Al sábado siguiente nos vimos ya directamente en su casa, pero lo único que recuerdo fue comentar sobre su colección de películas en video (no existían ni DVD ni BlueRay ) que tenía en una estantería.

Días después de este encuentro retomaba mi relación con la que había sido mi primera pareja.
Fue la última vez que lo ví hasta pasados varios años.

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La segunda vez que apareció en mi vida fue justo después enrollarnos en la mítica discoteca Martin's, en una época de nueva soltería en la que, entre otros pocos locales frecuentaba los fines de semana.
Aquella noche me había vestido de gala.
A saber, botas de piel, tejanos, chaleco y chupa de cuero.

Si digo que apareció después de enrollarnos es porque ocurrió en el gran cuarto oscuro de la primera planta, y fue al salir a tomar algo y descansar, cuando vi quien se trataba.
Le comenté que creía que lo conocía, aunque estaba convencido de ello.
Él no me reconoció para nada.
No insistí, ya que, con el hecho de que me invitara a pasar la noche en su casa, por mi parte quedaría confirmado.

Iba del palo Amo dominante, cosa que me sorprendió, pero me fue como anillo al dedo, pues estaba yo en una época de descubrimientos, en la que perro se gestaba.

Realmente no pasó nada que ni siquiera en aquella época me sorprendiera ni me escandalizara, en tanto que, supongo simplemente me folló, con algún 'si señor', 'si Amo', 'soy su putita' y poco más.
Recuerdo haber pensado que me llegó dar más morbo aquella primera vez, simplemente con aquel comentario del butt plug.

Y aún así, llegamos a quedar tres veces más, en las semanas siguientes, eso sí, estas veces por la tarde entre semana.
Y aparte de un rosario de bolitas que me metió por el culo un día y una escueta lamida del empeine, tal vez ese mismo día, aparte del consabido polvo que doy por supuesto que hicimos, más que yo lo recuerde, no paso nada a destacar.
Como curiosidad, la tercera vez que quedamos se le olvidó de acudir a su propia casa, que es donde nos encontrábamos.

Muy, muy pocos días después conocí a quien sería mi segunda pareja.

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Y de ahí saltamos al encuentro en el cine que relaté en el post Los últimos días del Arenas (II),  hace unos días.
Días más tarde, el cine cerraba para siempre.

Pero curiosamente, esa no fue la última vez que lo ví.
Y de momento, nada ha comenzado ni terminado...




28 de marzo de 2016

Los últimos dias del Arenas ( III )




(Continuación)

-¿Cuanto tiempo sin verte?- oí que me decían, sin saber muy bien quien era.
Los ojos aún no se me habían acostumbrado a las sombras.
Pero el tacto de sus dedos sobre mis pezones resultó inconfundible.
-Pues yo sigo sin verte- contesté con cierto humor a Luis, uno de mis habituales del cine, que efectivamente hacía mucho meses no sabía de él.
Los dos últimos días no había encontrado a ninguno de ellos, y conocidos, sólo a Chema.

Pero Chema es otra historia.

Comenzamos Luis y yo como siempre, con un pezoneo y algún furtivo beso hasta que se decidió bajar a mamar un ratillo.
Alrededor se formó un pequeño corrillo de observadores a los que de vez en cuando se les escapaba una mano, y entre ellos, apareció otra sombra habitual y conocida: Bilbo.
Y con dos de mis "conocidos" iniciamos un trío de toqueteos y pezoneos varios, que tampoco llegó a mucho más, pues enseguida me aburrí, dado el conocido registro de cada uno y al no implicarse nadie más que nos subiera un poco más la motivación y temperatura.

Cierto era que aquel día no había mucha animación en el cine, así que, poco se podía esperar.

Me fui a dar unas cuantas vueltas por la sala y cuartos oscuros, como era una constante en mi cuando no estaba parado esperando o en plena acción con alguien.
Nunca me habia dado por pararme en el bar a tomarme algo y socializar un poco-

Como era de esperar, nadie ocurrió, más que me volví a liar con Luis, rato más tarde, en el cuarto oscuro pequeño, donde me regaló una mamada, aderecada con un estimulante masajeo anal.
Me pidió que me corriera, cosa novedosa y accedí.

Solos él, yo y una anónima mano ensortijada que se veía asomar tras la columna, de entre las sombras, mientras se pajeaba.

Aquel día fue el último que vi a Luis y a Bilbo en el cine.
A Luis lo volvería a ver, meses más tarde, en la sauna Bruc, y Bilbo se reconocería en un relato de este blog, poniéndose en contacto conmigo y reencontrándonos un día en el Erotixx.

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El penúltimo día, durante la primera hora, la única actividad fue la de un tío que me cogió la mano para que le masturbara sin él hacer absolutamente nada.
Nada de nada.
Bueno, miento, ya que se acercó al banco de obra y se recostó sobre él, momento que aproveché que uno se la quería tocar, para dejarle el lugar y que siguiera masturbándolo.

- Diez minutos más y me voy del cine - pensé, mientras me alejaba de estos dos.

Cuando a los diez minutos me iba, dejaba tres pollas mamadas y dos detrás esperando.
De rodillas, una pesturria a tabaco y el temor a que alguien se escurriera sobre mi camisa negra me devolvió a la necesidad urgente de irme.

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Aquel día, que no sabía yo que iba a ser el último, había comenzado prometedor, con un toqueteo largo y manoseo con paja con dos, y varios espectadores de manos furtivas que intentaban participar de alguna manera.
Por detrás uno que tocaba las nalgas como bien podía, el de al lado que me cogia por encima del hombro, pezoneaba y, a la vez, intentaba besar, y el de enfrente que masturbaba mientras le comian los pezones o la polla alternativamente.
Un buen lío de brazos y manos en busca de satisfacciones varias.
Sin embargo, yo no comí más que puntualmente, algún pezón.
Como no estaba nada por la labor de zamparme nada, y visto al resto del personal, se conformaba con los magreos y toqueteos, acabé por salirme de aquel embrollo carnal.

Cuando al cabo de un rato, cuando el aburrimiento comenzaba a hacer mella y ya estaba por irme comencé a ver algún tío interesante.
Otra cosa es que me vieran a mí, y comenzar la danza del cortejo se me hacía muy cuesta arriba en tanto que estaba en mis últimos minutos, y a buen seguro no hubiera dado tiempo a nada que el dejarse ver.

Me disponía ya a salir cuando ví a Manolo, otro de los habituales.
Parecía pasar de mí, aunque lo más probable fuera que acabara de entrar y no se le había acostumbrado la vista a las penumbras del cine.
Le dí un par o tres de minutos para ello, si no reaccionaba, me iría.

Y sí, a la que me vió, me cogió del brazo, se desabrochó levemente la parte superior de la camisa y me dió un poco de sus salados pezones.
Tenía ya la respiración agitada, no sé si del calor ambiental o si ya venía sobreexcitado, pero un minuto apenas de mamar su polla, en todo momento semiflácida, se corrió.

Realmente frustante.
Aunque ya me fué bien en tanto que no excedí mi tiempo en poco más de cinco minutos desde que me iba y lo ví.

Y aquello fue lo último que ocurrió aquel 30 de septiembre de 2015, el último día que se me vería por el cine Arenas.

Doce días después, el cine cerraba y las excavadoras lo harían desaparecer del paisaje urbano para siempre.

No así de nuestra memoria.

Fin.

12 de marzo de 2016

Los últimos días del Arenas ( II )





Y así, ¿Qué me iba a deparar este segundo día?.
Se dice que nunca segundas partes fueron buenas, pero esto siempre lo pongo en duda.
Por de pronto, la primera estampa con la que me tope fue con tío que, excepto zapatos y calcetines, estaba totalmente desnudo en un acto de limpieza íntima en los lavabos de la zona del pequeño cuarto oscuro.
De la misma tesitura me encontré a otro, ya en el interior del cuarto, aunque este, simplemente esperaba...

¿Sería hoy un día especial en el Arenas, y no me habría enterado?
¿Una fiesta nudista?.
- Imposible- me dije, totalmente convencido de esa improbabilidad.
Lo cierto es que era el primer dia que, de nuevo, apretaba el verano, después de una breve tregua a la ola de calor estival.

Mi calentura interna también era elevada.
- Lenguas, corridas faciales, lluvias doradas... Ufff, menos mal que tengo aire acondicionado en el curro, pero cuando salga no respondo de mis actos -, habia dejado dicho en un chat del messenger.

Me dirigí hacia el otro cuarto, el grande, donde entreví entre las sombras a un tipo agachado mamando a otro que se apoyaba en la pared.
Con cuidado de no tropezarme, al pasar por su lado, noté enfrente a alguien que me detenía metiéndome mano frontalmente.
No veía quién, pues aún no tenía la vista tan adaptada.
Consentí que me la sacara, pero mi sorpresa fue que se la ofreció al mamador arrodillado que tenía a mi lado, el cual se giró, y desde ese momento no me dejaría suelto.
El muchacho tenía a su alrededor otras pollas colgando, pero no les hizo caso.
Y yo me dejé llevar por sus buenas artes mamatorias.

Cuando parecíó que se cansaba, se incorporó, pensando yo que en ese momento me daría la espalda y se iría, como muchas veces ocurría en situaciones similares.
Pero no. Simplemente, una vez erguido, me agarró de la nuca y me aproximó a uno de sus pezones customizado con un piercing.
Le lamí y jugueteé con mi lengua aquel regalito con sorpresa.
Pareció gustarle, al punto que me arrinconó hacia la pared,  y  dirigió mi cabeza hacía puntos más bajos de su anatomía.

-¿Vamos a un lavabo?- preguntó, en un susurro apenas audible en mi oído mientras le mamaba.
Por un momento habían cambiado las tornas.
-No- contesté- aquí tiene más morbo.
-Pues entonces vamos más para allá para que me pueda sentar - dijo, señalándome el par de escalones del final.

Y por un rato, más bien poco, pude disfrutar de nuevo su cálida boca y buen quehacer.
Me hizo sentarme, luego, en el escalón, y allí comenzaría lo que iba a ser una larga, larguísima y placentera mamada de aquel cipote y relamida de sus correspondiente huevacos.

Con espectadores puntualmente añadidos, alguno, ansioso y deseoso de participar se sacaba el rabo, poniéndolo a la altura de mi cara.
Pero no era yo el que dominaba la situación.
Si mi amamantador hubiese querido, a otra polla me hubiera arrimado.
Pero no fue el caso.

-¿Quieres leche?- preguntó en algún momento.
- Sí, pero no en la boca- contesté.
- Ok.

El folleteo de boca se fue alternando con un pajeo con el fin de acelerar el proceso de descargue.
Siguíó y siguió así un buen rato que parecía no tener fin, hasta que al final me dejó la cara y la barba bien pringada con unos buenos chorretones de espesa lefa.

Aún sentado en el peldaño, mientras me limpiaba la lechada con el papel higiénico que siempre suelo llevar encima, un tío que desde detrás lo estaba viendo todo, se acercó, una vez me vió sólo y en un ¡Zasca!, sin mediar palabra, que normalmente no me hace falta, pero si sorpresivamente, pues no me lo esperaba, me cogió de la nuca y me empotró su cipotón hasta el fondo de la garganta.

Me impresionó su decisión y dureza.
Dureza de carácter, más que de polla, pues en todo momento se mantuvo morcillona, sin llegar a endurecerse como debiera.
Sin darme tregua, comenzó a apretarme los pezones y entre embestidas de polla, iba metiendo sus dedos en mi boca.

-Vamos al lavabo, quiero verte- ordenó, más que preguntó.
-No- contesté, mientras pensaba en lo pesada y poco imaginativa que es la gente con el tema.

Mientras le mamaba, se agachó un poco para palparme las nalgas, que tranquilamente reposaban sobre la losa fría del cemento, y me metió un dedo por el culo.
Cabe decir que yo, desde el momento que me había sentado, ya con el anterior tipo, llevaba los pantalones bajados a la altura de los tobillos.

-¡Que coño tienes!, dijo sorprendido, no sé bien porque.

Cuando volvió a meterme su grueso y achampiñonado cipote, este ahora sí, estaba bien duro.
Mamé unos instantes, pero al poco, volvió a agacharse para meterme de nuevo el dedo por mi profanado ojete.

-¡Ábrete para mí!, ¡Dame tu culo!,- ordenó en tono ya dominante y taxativo.
-¡Quiero follarte!.

Me cogió de la axila, haciéndome levantar, me dió la vuelta y me enculó, sin mayor problema.

- Me encanta que seas mi putita - continuó diciendo mientras me follaba.
- Te gusta tener un macho, eh?, porque quien soy yo, eh? Tu Amo.
- Dime quien soy, dímelo!- insistía.
- Mi macho, mi amo- le decía yo, más para regalarle los oídos y no disminuir el morbo del momento, que por convencimiento.

Las frases se repitieron varias veces, como en una letanía, hasta que surgió efecto.
Sacó su pollón y desparramó su leche por los suelos.

Algún espectador había estado mirando desde lejos
Acabé le limpiarme de la anterior corrida, mientras él se recomponía.

Mientras se alejaba de mí, y por ende, la tenue luz de las luces del principio del cuarto oscuro iluminaron tímidamente su cara ví y descubrí que no era mi amo, no.

Era Chema.

Pero eso es otra historia.

Poco más ocurrió, que ya fue bastante, el resto de la casi finiquita tarde.
Sólo que me dejé pajear por una mano ajena entre los palets.
Cuando me escurrí, me fui.




6 de marzo de 2016

Los últimos días del Arenas ( I )




Que me pasara por allí una segunda vez en tan poco tiempo tenía una explicación.
Quería comprobar que aquello no había sido flor de un día.
Que después de muchos meses de no ir más que modo muy ocasional, algo habría cambiado, tal vez en parte el público que habitualmente asistía o, lo más importante, la actitud del mismo.

Me frustaba enormemente la poca variedad de edad de la gente, más frecuente cuanto más mayor. La franja de edad mediana o joven era bastante reducida, y variable al punto que, en su ausencia, algún día llegaba a dar la sensación de estar en un club de jubilados o centro de día para gente de edad muy avanzada.

Obviamente, la energía vital y sexual estaba visiblemente mermada, y la actividad más corriente era la de interminables paseos entre las diferentes salas y los pasillos de butacas, el voyeurismo sin ningún tipo de implicación, y en considerable menor medida algún roce, que no siempre implicaba algo más pues bien podría haber llegado a parecer casual, y en algún arrebato de valentía, atrevida palpación y metida de mano.

Fuera de un liamiento a dos, de palpación y besuqueo, sin derecho a terceros, o alguna oscura actividad entre butacas. el morbo parecía haberse reducido a la mínima expresión.

Nabos colgando y dando de mamar a algún sediendo necesitado, una orgía de manos, bocas. pollas y cuerpos sudorosos o una o varias enculadas entre las ansiosas sombras danzantes del cuarto oscuro, parecía cosa del pasado.

Por eso había dejado de ir, pues fuera de algún encuentro con alguno de mis ocasiones habituales, el resto de días me aburría.
Y ni aún así, pues el habitual de turno me ofrecía entretenimiento, pero no sorpresa, ya que nada más verlos sabía lo que más o menos iba a ocurrir.

A veces, pues evitaba a alguno, pues sabía de antemano que aquello que pudiera conseguir no era lo que quería entonces.

Otro factor que me hacía alejar del local era el fuerte y dulzón ambientador que usaban, que a veces, metros antes de llegar a la puerta del cine, ya te llegaba el tufillo que, luego te quedaba impregnado en la ropa para el resto de la tarde.

  - Ufff - dijeron arrugando la nariz y haciendo una gañota, al poco rato de entrar yo en el aula.
  - Huele como al ambientador del Stradivarius o...- quedaron pensativas- al de los salones de bailes de           viejos del domingo por la tarde - remataron con sorprendente precisión que ya me gustaría saber de             donde les viene semejante conocimiento, si no es porque los frecuentaran.

    Aunque achacaban el olor al ambientado del centro, yo sabía que venía de mis ropas.
    Me morí de vergüenza... aunque nadie se dió cuenta.

Y entonces, ¿porque, en su momento lo frecuentaba, y ahora volvía?.
Pues porque era lo que, con diferencia, más me pillaba de paso sin llegar a tener en cuenta ninguna pérdida de tiempo por desplazamiento.
Lo tenía a un par de minutos de donde cada día del mundo pasaba.
Y en el que sin consecuencias oloríficas podía estar no más de media hora, y con reservas, pues también dependía que el día en cuestión no abusaran del ambientador, hasta una hora, hora y media, no más.

Un dejarse perder por un rato por aquellas penumbras no me llegaba a suponer una gran alteracion en mis rutinas diarias.
Y si coincidía con algún habitual, o un desconocido joven o mediana edad, que se aviniera un poco a mí, pues me salvaban la tarde.

Ya era mediados de agosto, que como todos los años, suele ser bastante flojo en general ,en mis actividades lúdico-sexuales.
Al igual que el resto del verano, que aunque uno siga trabajando, las demás actividades extralaborales cambian de horarios o directamente desaparecen, junto con mis entretiempos, evidentemente.

Aquel día, fue entrar y al poco de comprobar que las jaulas de madera de palets habían desaparecido y que habían dado paso a un pequeño cuarto oscuro hecho de los mismos palets haciendo de pared, con un tabique de madera con dos agujeros a modo de gloryholes  y unos cortinajes en la entrada y salida, en medio del cuarto oscuro grande. Uno cuarto pequeño dentro del otro grande.

Traspasé las gruesas cortinas, que un tipo más bien tirando a joven, en un plis plas se me arrodilló y comenzó una larga y profunda mamada, y mientras que yo quedaba un tanto traspuesto y trasladado al séptimo cielo, un tipo un poco más mayor, en un visto y no visto, tras una palpación de nalgas, y preparación adecuada, me hendía su cipote en mi sorprendido, y no por ello desagradecido, culo.

Todo en menos de media hora.
Por eso había vuelto.