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24 de abril de 2016

Los tímidos





Aquel fue uno de los últimos días en que el pequeño cuarto oscuro de la sauna estaba a tope de gente.
Y cuando digo a tope me refiero exactamente a no se podía entrar de la cantidad de tíos que había dentro.
De hecho, nunca lo había estado tanto como para tener que esperar a que saliera alguien para poder acceder.

Me metí lo más que pude, al extremo opuesto de la entrada.
Que resultaba tanto como cuatro o cinco pasos en diagonal, si bien me pareció más, pues tuve que andar esquivando cuerpos.

Me fui a colocar al lado de un tío, que a pesar de la poca luz, era suficiente para entrever que estaba buenorro, en la treintena, de pequeños pezones, peludito de vello rizado corto y buena polla.

Comencé a lamerle los pezones, que era lo que más a boca me pillaba, ya que agacharse era un poco dificultoso por la densidad de carne humana de alrededor.
Y con la mano, toqueteaba sus huevos y polla.

Pero no parecía dejarse mucho.
Al momento se retiraba hacia atrás, como no queriendo que la tocara.
Instantes después se volvía a dejar.

Así unas cuentas veces.
Los pezones, sin embargo, se los dejaba bien comer.

- ¿No te gusta?- le pregunté, para disipar la duda.
- No, no es eso. Es que estoy sobreexcitado y no me quiero correr - me respondió.

Al cabo de unos segundos me cogió de la muñeca y comenzó a salir de aquel conglomerado de carne, arrástrandome con él, hasta la puerta, que me soltó.
Dió unos pocos pasos y se volvió para controlar que le seguía, así hasta que se metió en uno de los cuartos.

Entré seguido y cerró la puerta.
Se estiró en la camilla y comencé a lamerle los pezones.
Cuando mis manos se extraviaron por sus nobles zonas, fue cuando me dijo que estaba que no aguantaba más.
Fue cuando me lancé a lamerle los huevos, mientras que con un corto autopajeo, acabó corriéndose.

Cuando me dió las gracias noté cierto deje antillano.

Me fui a dar una vuelta por la sauna.
Encontré dos tipos interesantes, uno rondando los 40 varonil, en la sauna de vapor pero que no sólo no hacia nada, apenas tocarse un poco, sino que se mantenía aislado del resto de la gente, y uno rondando los 20 y pocos años, de barba corta, incipiente y poco poblada, que no quedaba claro si era tímido o andaba totalmente perdido sin saber que hacer, pues en las salas en las que lo había visto, se le veía como pasmado, se asomaba al minicine sin meterse y  al cuarto oscuro sin asomar tan siquiera la nariz.
Dentro de la sauna de vapor se mantenía de pie, apartado.

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Entre en constante movimiento de entrar y salir de la gente, ambos para mantener las distancias igualmente se tenían que mover, hasta que casualmente llegaron a estar juntos, pero ignorándose.

Y ahí vi mi oportunidad.
Los dos estaban bien y los dos eran incapaces de tomar la iniciativa con nadie. Claro que igual no querían. Esa posibilidad siempre existe.

Me acerque de frente a ambos, metiendo mano al de 40 a par de buenos huevos y una buena polla, y sorprendemente no tuvo ninguna reacción de rechazo, aunque tampoco ninguna acción digan de mencionarse, limitándose a dejarse tocar.

El joven se dejó lamer los pezones.
Fui muy suavemente, pues no quería espantarlo.
Le toqué también, en este caso, sus huevecillos y pequeña polla, con un justo de vello púbico.

El de 40 en mi intento de mamarle no se dejó. Pensé que sería heteroreprimido todavía.
El de 20 y pocos, se dejó, en primera instancia, pues fui breve y suave en ese intento de mamada. Era más un saber como respondería.

Le levanté para calentarlo más, pezonéandolo muy suavemente.
Fue en este momento que el de 40 tuvo su arrebato de actividad y me toco la polla, pero que fue suficiente con una discreto pajeo, para calentarme al punto de decidirme.
Decidí coger la toro por los cuernos, aunque en este caso, al mozo bien por el rabo

Me agaché y dispuse a mamarlo bien, a conciencia.
Y en nada se acabo sobreexcitando y sacando unos buenos chorretones de leche.

El chaval salió, se duchó, se vistió y se fue.
Yo me duche, me vestí y me fui.

No sé que pasó con el de 40.  


10 de abril de 2016

Cae un mito




-¿Quieres leche?-, me preguntó el tipo mayor que me hacía mamar su flojo pollón, eso sí, y el de otro tipo a su lado, cuya robustez y consistencia compensaba la primera.
Pero ni me dio tiempo a contestar, que se corrió él solo sobre si mismo.

Hacía poco que había entrado, y tras el ritual de siempre (ducha, paseo, lubricación), ya en la sauna de vapor, había dado tiempo a ligeros juegos de roces y tímidos toques de trasero, con algún atisbo de quererme alguno hacer una pseudofollada, obviamente sin éxito.

Incluso uno me había metido los dedos en el ojete, pero ahí se había quedado, pensando yo que me lo estaba trabajando para follármelo, no fue lo que finalmente hizo.
Imaginar mucho, a veces, es frustrante.

Como la semana anterior, el ambiente estaba variadito de edades.
Pero solo dos tipos me llamaban especialmente la atención.
Uno bajito, poquilla cosa (vamos, como yo a la que se le compara con otros tíos), varonil, aparentemente entre los 40 y 45 años, y otro considerablemente más joven, que como mucho llegaría a los 30, sin vello, atractivo.

Al cabo de un rato, vi que los dos habían congeniado.
Estaban juntos en el cuarto del sling, el joven mamándole la polla a un osote blanco, y el de 45 y otros dos tíos más tocándose todos entre ellos.

Con cinco, y un sling en medio, aún sin usar, no quedaba sitio para uno más.
No ví espacio donde meterme.
Así que los dejé que disfrutaran.

Volví a los pocos minutos, y seguían dale que te pego.
Así que los dejé que siguieran disfrutando.

Volví y marché varias veces... hasta que encontré el hueco de uno recién ido.

Quedaban cuatro, y al acercarme, fue el osote el que me cogió del pezón y me integró al grupo.
El joven, de pie, había dejado de mamar, y mientras el resto se dedicaba a tocamientos varios, el osote me ofrecía poppers que rechacé.
En nada y menos, el joven volvía a agacharse a comer rabo.
En este caso, el mío.

No sé si fue por eso, que el joven se centrara en mi polla, pero el osote se marchó enseguida, quedándonos aún así otra vez cinco, por un recién incorporado que simplemente miraba.

El joven, con auténtica ansia, no paraba de mamarme, y de tanto en tanto se incorporaba para morrearnos a boca abierta con intercambio de lenguas.

El de 45 como mucho pezoneaba al resto de los presentes, pero con cierta contención.
Yo, con una mano libre, le pajeaba su polla, tirando a pequeña pero muy bonita, de estas que son perfectas para follar bien, sin el temor a que te vayan a desgarrar las entrañas.
Me hubiera encantado mamársela pero, primero, el joven en su pasión y frenesí, no me dejaba mucho tiempo para distracciones, y luego que acabó marchándose.

Como acabaron yéndose el resto, dejándonos solos a los dos.
Me imagino que el grado de exaltación de ambos parecía mostrar o hacer sentir que el resto sobraba.
Aunque por mi parte no era así.

El de 45, en sus idas y venidas, iba asomando la cabeza y por unos instantes nos miraba.

Llegó el momento en que me apetecía correrme, dando por suficiente el placer obtenido aquella tarde, y aunque aún tenía margen para quedarme un rato más, me correría, ducharía y marcharía, ya que una vez seco no estaría mucho más por la labor de buscar más sexo, o simplemente morbosear, durante mucho rato.
Bien sabéis, que correrme no es casi nunca mi objetivo, sino el disfrutar del momento.
Y no necesariamente me corro para poner punto final a los encuentros.
Pero aquella vez si me apetecía.

- Quiero correrme-, le  hice saber al joven.
- Ok, en la boca- me contestó.

Y así lo hice, en un plis plas, no dejando él ninguna gota derramada.
Esta inmediatez entre el deseo de correrme y el hecho de correrme ya os digo que tampoco es normal, ya que, teniendo esta capacidad de aguante y control, luego cuando quiero, a veces ya no puedo.

Tras la ducha, en vez de irme, dí una vueltecilla por la sauna y ví en el cuarto oscuro al tío de 45, solo.
Mi mano fue directa a su paquete, como deseosa de continuar la interrumpida paja anterior.
Y mi boca, como movida por una conciencia propia, presurosa fue también a cumplir con su deseo frustrado.
Gustosamente se dejó.

Fue entonces cuando inesperadamente y casi instantáneamente me empalmé de nuevo, volviéndome todas las ganas de hacer de todo.

Encantado por mi parte de recibir una nueva dosis de imprevista lujuria, le dediqué una concienzuda e intensa mamada.

- No, no. Para !. Que no quiero correrme - dijo, explicándome que aún le quedaba media hora para irse, y que si lo hacía se le acababa la tarde.

- Ok -, le contesté, pero continuando con la mamada, bajando la intensidad pero sin disminuir dedicación y ganas, mientras pensaba que era exactamente eso lo que yo había pensando antes.
Una vez corrido, se acabó al menos por un buen rato.

De vez en cuando se retiraba.
- Cabrón !, no sigas - decía, más como suplica que como regañina.
Pero al instante se seguía dejando mamar por mi insaciable boca.

En una de esas retiradas, verdaderamente se fue.
Pero lejos de dejarme allí en cuclillas y hambriento, decidido le seguí.

Se metió (casualmente?) en el cuarto del sling, y yo tras él.
Me agaché, me metí de nuevo su manubrio en la boca, y con mi mano agarré mi polla, totalmente lanzado y resuelto a desparramarme de nuevo.

Y así fue.
Me corrí.
Él no.

- Cabrón, cabrón !- me dijo una vez más, no sabiendo muy bien si era porque no le había hecho correr como era su deseo, o porque en el fondo era lo que quería y lo había dejado a medias, mientras salía yo satisfecho y escurrido por segunda vez en apenas quince minutos.

Me duché de nuevo y me fuí.



4 de abril de 2016

El rayo follador




A pesar del vapor de la sauna, ese día no excesivamente concentrado, se dejaba ver bien aquella morcillona polla de piel oscura que, adornada a su alrededor con un brillante cockring plateado, resaltaba lo suficiente como para ser foco de mi atención.
Bueno, también su entorno, ya pertenecía a un tío joven, delgado, de piel blanquita
.
El chaval lucía sentado en el banco superior de obra, con el paño sobre las piernas, en disposición cómoda de tapar sus nobles partes si así lo requiriera la ocasión.
Y así lo hacía cuando alguien con supuestas intenciones libidinosas se le acercaba.
A la que se alejaba el susodicho en cuestión, y por ende quedaba claro que lo rechazaba, se volvía a destapar.

Yo observaba.
Prefería mirar discretamente la escena, a meterme en ella y ser rechazado.
Además no quedaba claro si realmente quería algo, aparte de tomar una sauna, porque no daba pie a nadie.

Aquella tarde había, para mi grata sorpresa, un público bastante variado, según fui comprobando entre paseo arriba, paseo abajo, después de vaporizarme nada más entrar.

No ya sólo variado, sino interesantes.
Pero parecía ser yo el contrapunto al joven que no quería nada y rechazaba a sus pretendientes. Yo, que si quería algo, parecía invisible a ojos ajenos.

Sentí envidia de como se estaba follando un tío a otro en el cuarto oscuro que había junto al minicine.
Siempre la noto, a decir verdad, en mayor o menor medida.

Me tumbé un rato en una de las hamacas para ver un rato el vídeo porno, y de paso, a ver si me entonaba.
Pero el momento no acabó de resultar provechoso, ya que en la banco de obra se sentaron dos de los tipos que menos me atraían de aquella tarde, esperando alguna seña por mi parte para acabar de acercarse.

Necesitaba una polla dura, o cuanto menos, bien morcillona que mamar, o unos buenos pezones bien definidos que lamer y mordisquear, o un poco de guarreo variado con algo de caña, o ya puestos un poco de folleteo.

Y lo que, por su apariencia no ya muy madura sino senil , me trasmitían aquellos dos tipos eran la antítesis a mis anhelos.

Así que no quise dar signos equívocos de interés y me fui a dar un garbeo.

Fue cuando vi apoyado en la pared más iluminada del cuarto oscuro colindante, al tío joven de polla oscura siendo manoseado por tres tíos.

  - Anda!, pues igual no es tan inaccesible- pensé para mis adentros.

Le toqué con dos dedos el pezón, suavemente con una ligera presión, no fuera a agobiarse con tanta mano deseosa de su cuerpo, y vi que no lo rechazaba, así que me animé a lamérselo, respondiendo él con la misma actitud de aceptación.

El siguiente paso, como podréis adivinar fue dar un uso más adecuado a aquel pollón, que si bien recibia caricias y magreos de varios pares de manos, tal vez necesitara un poco de húmeda calidez y estimulación oral, así que me agaché a mamarla, y a ver que pasaba.

Y lo que pasó fue que enseguida sus manos reposaron en mi cabeza, comenzando a marcar el ritmo de la mamada.

Fue cosa de apenas unos minutos que me cogiéndome del brazo, me hizo levantar, y saliendo del cuartito me indicó de seguirle.

Piernas para que os quiero.
No tuve que pensar, que marcharon solas detrás del muchachote.
Se dirigió al cuarto del sling, donde se paró unos instantes antes de entrar para comprobar si le seguía.

Entré y cerró la puerta.
Por lo visto no quería más compañía.

Me agaché sin demora a continuar la mamada interrumpida por el traslado, pero fue cosa de segundos que me hiciera levantar de nuevo, me diera la vuelta y fuera el que se pusiera en cuclillas para lamerme el ojete.

Mientras me quedaba gratamente sorprendido que no fuera tan pasivo, se desenfundó un condón que se colocó con admirable rapidez.

  - Súbete a la cama - dijo
  - ¿Al sling?- pregunté señalándolo
  - No, que está muy alto - contestó, mientras pensaba yo lo mismo si el que tuviera que follar fuese yo.

Me subí y dispuse bocarriba, postura que corrigió ladeándome un poco.
Y con un poco de lubricante me la metió con increíble rapidez y cero resistencia.

Por lo visto, aún tenía el culo bien dilatado de la interminable follada* de hacía unos pocos días.

El polvazo que me metió fue como una descarga eléctrica, rápido, vital y enérgico, como la del conejo con pilas duracell recién puestas.
Y se corrió a la misma velocidad.
Debía de andar muy caliente.

Mientras la sacaba, con el preservativo bien cargado de leche, me ayudó a correrme encima mío.
Muy amable por su parte, cuando en muchas ocasiones, a la que uno se corre, se va.

  -Ufff...,"grasias"- me dijo sonriendo, entre lo que entreví cierto deje argentino.

Y se fue corriendo.

Despacio, como quien saborea un polo cremoso, me limpié la lechada que se esparcía por mi barriga y pecho, y fui a ducharme.

Al salir, me tomé un café descafeinado y seguí con mis quehaceres de aquella tarde.


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 * La interminable follada hace referencia a una larguísima enculada que gocé apenas una semana antes de esta historia.
Entre el penúltimo post publicado, Los últimos días del Arenas (III) y este, hay un lapso temporal de unas dos semanas, entre las cuales sucedieron unas cuantas historias que aún permanecen todas en borrador, hasta que las publique secuencialmente de una tirada.
A veces me permito romper el orden cronológico de los relatos, algunas para recuperar post pendientes no publicados (lo habitual), para contar algún affaire muy reciente (pocas veces), o como es el caso, no romper la unidad de los 9-10 post que componen esos días.