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28 de mayo de 2016

Saunas de diciembre ( El doble polvo )





Suerte que se me ocurrió dejarme caer aquel 15 de diciembre por la sauna Condal, porque allí pude saber que durante dicho mes, de lunes a viernes, hasta las 14.00 h., la sauna iba a permanecer cerrada por obras de remodelación.
Al menos me iba a evitar un disgusto. Planificar una mañana de compras por el centro, en uno de esos escasos días al año que tienes el día libre fuera del periodo vacacional, y encontrarte en la pausa del mediodía con la sauna cerrada.
Ocurrió también la casualidad que ese día el día más barato de la semana, que nunca recuerdo cuando es, ya que hay una variedad de tarifas considerable.
Y eso fue todo lo interesante que me pasó aquella tarde en la sauna Condal. Un aburrimiento total.
Me pareció ver a Tom, pero no estuve seguro que fuera él, ya que si me vió tampoco me reconoció.

Primera sauna de diciembre en Bruc.

Eliminada de mis planes por unos cuantos días, mis cuatro visitas sauneras se concentraron en la Bruc.
En mi primera de diciembre, pues, descubrí con verdadero placer la nueva sala y otros espacios que recientemente habían inaugurado.
Ya les dediqué en su día una descripción en un post de febrero:  Big Sex Room, la nueva instalación de la sauna Bruc.
Lo enlazo por si aún no lo habéis visitado, que os hagáis una idea.

Supongo que por ser la novedad, la zona más concurrida de la sauna, era la zona nueva, principalmente la sala egipcia y los dos cuartos tras las cortinillas.
La Big Sex Room parecía ser que intimidaba. La gente solo se asomaba, para dar seguidamente la vuelta.
Por suerte, con el tiempo, las cosas han cambiado, y en la BSR se montan a veces auténticos festines.

Pero aquel primer día (para mi), la sorpresa del día iba a ocurrir en el cuarto llamado "Beethoven".
Fuera puertas se acumulaban cuatro o cinco personas que miraban con avidez aquello que lo que fuera ocurría dentro.
Y curioso de mí, asomé mi hocico perruno, para comprobar que aún habían tres tíos más observando hacia el centro de la acción que protagonizaban tres tíos, que subidos al camastro organizaban su propia mini orgía.
Estarían los tres entre la treintena o cuarentena de años, uno de rodillas follándose a otro, que a cuatro patas iba comiendo el rabo de un negrazo, también este de rodillas sobre la colchoneta.

La hermosa acción, que mantenía cautivados a todos los presentes, veía aumentado su morbo precisamente por el hecho de que no tuvieran ningún pudor en mostrarse a puerta abierta.

- ¿Y se podría participar?,- pensé, al tiempo que veía como una de las manos de los presentes acariciaba el torso de morenazo, que aparte estaba de muy buen ver.
Así que me situé al lado del susodicho voyeur, que inmediatamente se retiró, para ver si el hombre de ébano también estaba de buen tocar.
Y estaba lo estaba ciertamente.

-¿Y estaría de buen chupar?, fue mi segundo pensamiento, pero ya temeroso que si diera ese paso rompería el hechizo que, en su conjunto, me producía.

Tímidamente me acerqué a su negro, aunque muy discreto, pezón y suavemente lamí aquella pequeña y erótica protuberancia que sobresalía de su lampiño y apuesto torso.

Sublime.

Simplemente se dejó, pero la sorpresa fue notar como la mano del follador comenzó a juguetear con mi tetilla más cercana a él, en clara alusión e invitación a unirme, de alguna manera a ellos.
Le correspondí de igual manera, dejando por un momento al negro.

Como si se comunicaran por telepatía, el tío dejó de bombearle el culo, el follado se dió la vuelta para comenzar a ser penetrado por el negro, mientras que tras quitarse el condón, comenzaba a comer del rabo de su anterior follador.

Sin dejar del todo de pezonearnos, alargué una de las manos para tocarle el culo y probar su dura consistencia.
El hizo lo mismo.

-  ¿Quieres que te folle?, preguntó con cierta picardía.
- Tierra trágame-, pensé, aunque fue un "si, claro", lo que le contesté.

- Pero tengo el culo estrecho y encima no lo tengo lubricado,- alargué mi respuesta tras una breve pausa, y aunque sonaba a excusa me apresuré a continuar.

- Si te esperas un minuto, voy a buscar lubricante y ahora mismo vuelvo,- le comenté.

Asintió.

Pero un minuto puede resultar demasiado tiempo para que cualquier zorrona saunera te quite la presa, en este caso, al revés.
O que el cazador no tenga paciencia y se tire al primero que se le ponga por delante, en la espera.
Salí pitando, echando literalmente de lado a los observadores presentes, y puse los pies en polvorosa, no en tanto de salir huyendo, sino con prisas de volver cuanto antes.

Rezaba por que el dispensador de lubricante del cuarto del sling funcionara y hubiera cremita buena, que no siempre ocurre.

Y la hubo y funcionó.

Volví apresuradamente al cuarto.
Desde fuera todo seguía igual, varios tíos observando.
Desde dentro, afortunadamente también, salvo que mi futuro follador se había bajado de la colchoneta y esperaba de pie, pero con el mamador enganchado todavía en su polla.

Me vió, y sonrió, tal vez porque pensará que no fuera a volver, de la manera que me había ido.
Se enfundó uno de los preservativos que llevaba, no sin antes dejar de dar de comer al otro, me subí yo al camastro y me puse en posición adecuada para recibir a mi machote.

Y así, como si de un espejo se tratara, frente por frente, se produjo el doble polvo, que gracias a la suficiente luz, disfrutamos todos los presentes-

Bueno... unos, los protas, disfrutamos más que los otros.


24 de mayo de 2016

Visiones de un día de cruising en el Erotixx (sex shop)




Dos cabinas sencillas con las puertas cerradas, lo que da que pensar que podrían estar ocupadas por entre dos y cuatro tíos, la cabina doble ocupada, a través de cuya puerta se sentía el rumor de dos voces, un tío joven rapado sentado en el banco entretenido con el móvil,  un tío con barba y olor a menta, y un culo peludo que asomaba por un gloryhole era el escenario que me encontré al Erotixx nada más llegar aquel día de principios de diciembre.

Por ser el día y la hora que era me parecía que había una multitud.

Al poco de entrar, y tras haberme cruzado un par de veces con el chico mentolado, a la altura del cuarto del sling, comenzamos a toquetearnos y los pantalones pronto cayeron a altura de los tobillos. Tras un breve pajeo mutuo, el muchacho en cuestión dió visos de querer ser follado, y vista la reciente experiencia de unos días atrás, el hecho que era relativamente joven y tenía un buen culito, me dió por aceptar.

-Tienes preservativos?,- le pregunté inocente de mí, en tanto que no caí justo en ese momento que yo iba bien cargado. Tal vez fuera la costumbre de preguntar.
No me contestó.
Se cogió de los pantalones y aún estando a medio subir salió literalmente por patas, dejando un rastro de olor a hierbabuena.

De hecho se fue, y no lo volví a ver más.
¿Que gente más rara hay por el mundo?,- pensé, pero sin darle mayor importancia.

Seguí pues dando vueltas y paseos por aquel pequeño laberinto de cuartos y pasillos.

Toqué el culete peludo, a través de la apertura de la pared pero no me entusiasmaba ni me motivaba a hacer nada especialmente sensual ni sexual con él.

El panorama había cambiado un poco.

Aún así, el del móvil seguía jugueteando con él, pero esta vez ocupando la cabina doble.
- Ya ves la gracia !, pensé, indignándome un poco, en tanto que estaba inutilizando un espacio que otros podrían estar aprovechando mejor, haciendo algo que podría haberlo hecho continuando sentado donde estaba.
No sé si en algún momento caería en la cuenta que pagó siete euros para hacer eso.

Rondaba por allí también un señor mayor sin más que comentar , y un tipo muy alto y delgado con barba mal afeitada que le daba un aire de malote, al cual vi apenas unos segundos. Una pena.
No se donde fue a parar.

Un pajeador o más bien automanoseador sentado dentro de una cabina con la puerta entornada, que no hacía más que eso, mirar pelis heteropornos y magrearse el bulto sin sacarse nada.

Otro tipo con lo que me pareció una falda de tubo, zapatos de tacón y  mostrando buenas cachas. Otro con pinta de inglés de pub, de regordete con las mejillas sonrosadas, y otro ocupando una cabina esperando mamar a través del agujero de la gloria.

Finalmente opté, tras muchas vueltas, por sentarme en una de las cabinas de asiento elevado, la central de las que están junto a la cabina del sling.
Tras de mí entró un ansioso mamador que por lo visto me seguía, dándome un buen repaso de chupadas y lamidas.
Por la puerta entreabierta se asomó otro tipo alto y delgado, no era el de antes y a este no le había visto.
Se puso a tocarme buenamente lo que podia de mi polla y a enseñarme su buen cipote, poniendo cara de vicio, mientras el otro seguía comiéndome los huevos y el rabo.

Pero me cansé de la situación.
La mamada estaba bien, pero el que tenía hambre era yo.
Y de hecho, desde que había entrado, no había pegado bocado a nada... de nada.

Cambié de escenario y me metí en la cabina de gloryhole compartido, las primeras a la derecha cuando se entra al local, dejando la puerta abierta, como casi siempre.
Me bajé los pantalones, mientras seleccionaba algo un poco más gay de lo había puesto en el video, y me dispuse a meneármela hasta que alguien se decidiera a entrar.

Y se metió el travestido.
Se arrodilló, comenzó a mamar y me pidió que le castigara los pezones.
Intenté poner algo de mi buena voluntad, pero ese punto femenino junto con una poco convincente mamada, hizo que poco a poco me destrempara.

La visión de una minipolla asomando por el agujero de la pared remató la escena, y aproveché para dejarlo, o más bien, para hacerle una señal de que lo dejara.

No insistió.

No había llegado a plantearme el cambio de ubicación cuando se asomó y entró el alto y delgado del pollón que hacía poco me había puesto cara de vicio.
Hice el gesto de levantarme la camiseta para facilitar posibles tocamientos que, de repente, salió disparado como la pólvora.
De nuevo flipé.

Se asomó una polla desaborida a la que apenas le dí dos lengüetazos.
Mi poco entusiasmo se debió notar porque enseguida la retiro.

Salí, paseé.
Paseé y paseé.

Ví y observé.

Parecía que el señor mayor, aquel del principio del post se estaba liando con el travestido, junto a las terminales de video, cerca del lavabo.
- ¿se lo iba a follar?.

No llegué a saberlo.
Acabé yéndome un tanto frustrado y con hambre de polla y de comida increíble.

En un bar cercano me comí un bocadillo de anchoas y pimientos, acompañado de una Moritz.
Tampoco era tan mal sustituto.

A grandes males, grande remedios, jejeje...




20 de mayo de 2016

La follada del moro y el olvido del japonés




Sólo paseé la mirada por la sala, sin detenerme en nada ni nadie, pero sentí perfectamente como una mirada salió flechada hacia nada más entré en la sala principal de la sauna.
Venía de un tipo de mediana edad, aspecto fuerte, no gordo, más bien cacha aunque no de gimnasio, viril, cierto aire duro y punto racial. ¿Gitano? Moro?,¿Simplemente de rasgos contundentes?
Para no haberme fijado, había captado muchos detalles, ciertamente.
 -¿Me seguirá?, me pregunté, o habría sido producto de mi imaginación.
Caminé muy despacio, como para darle tiempo, si fuera el caso, a que se entretuviera  por ahi, o impaciente, me sobrepasara.
Y efectivamente, comenzó a seguirme, pero manteniendo constante la distancia entre ambos.

A la altura del cuarto del sling entré para ver que sucedía. Si realmente me seguía o era casualidad.
Y vaya si  entró!.
Un segundo más tarde atravesaba la puerta y comenzaba desde atrás mío con una buena sobada de culo, que le facilité de inmediato al sacarme el paño que envolvía mi cintura y partes nobles.
Enseguida comenzó a ensalivarme el culo con su mano, quedando muy claras sus intenciones.
Otra cosa es que yo tan rápido me abriera como hubiera sido lo óptimo.

El primer intento de penetrarme no tuvo exito. De pie, y con cierta brusquedad inicial, era de esperar.

Mientras movía el taburete de plástico pensaba yo que con intención de subirse en él para estar sentado y cómodo él, mientras me follaba habiendo yo todo el movimiento oportuno, que no veía yo nada claro por que el asiento ya quedaba por encima de mi cadera, y ya ve veía yo follado en volandas, entró un tipo de gran envergadura, blanquito, bastante mayor y de polla flácida como pude observar nada más dejó el asunto a la vista.

Por un momento pensé que estaban compinchados, en tanto que mi macho no hizo ningún gesto de rechazo cuando lo vió.
Y respecto al taburete, sólo le sirvió para apoyarse sin subirse, y continuó humedeciendo el ano con su saliva.

Ante la perspectiva, estaba yo salidísimo y sobreexcitado, pues aunque el otro tipo no me gustaba ni motivaba nada, era más que posible que también comiera polla por delante.

Subí mi pierna izquierda sobre el camastro para facilitar mi apertura, mientras me agarraba a las cadenas del sling para mantener el equilibrio, cuando, esta vez sí, comenzó a penetrarme.

La polla entró sin más complicaciones, lentamente, pero segura, sin pausa.
Había una explicación a que como yo siendo de por sí estrecho, apenas hubiera habido problemas con la penetración.
Apenas una semana antes había gozado de una de las folladas más largas y placenteras de mi vida. Follada no relatada todavía en el blog, ya que pertenece a un pack de historias que tuve en unas cortas vacaciones, y que publicaré en bloque.

Y volviendo a la follada, esta rápidamente adquirió un ritmo enérgico y brutal.
Me sorprendía a mi mismo de mi suerte, que en apenas unos días, llevaba dos superpolvazos, cuando luego pasan meses a recibir un simple polvo.

El otro tipo sólo miraba con detalle y visible deleite, pero se mantenía a la justa distancia para que no le llegara a alcanzar a comerle el rabo con la boca, creándome una gran sensación de ansiedad.

El ruido de las cadenas sling moviéndose al ritmo de las embestidas, junto a nuestros jadeos, no era menor.
La puerta abierta era una clara invitación a participar de algún modo a quién quisiera entrar.

Pero ni pasó nadie, ni nadie entró, más que aquel señor que hizo de voyeur de excepción en primera fila.

El polvo fue relativamente breve.
Cuando notó que se iba a correr, sacó bruscamente su polla de mis interioridades y se corrió abundantemente en el suelo, desparramando toda su cálida leche de la fogosa bestia en que se había convertido.

El tipo, una vez bien servido, se marchó, y tras de él, el afortunado mirón.

La sensación de vacío que me quedó fue brutal y el ansia de volver a taponarme con otra polla se convirtió casi en desesperación.

Pasó un buen rato, y me calmé un poco, si bien tenía la líbido a flor de piel.

Paseando me encontré en el pequeño pasillo tras el minicine, a un chaval de rasgos orientales, alto, delgado, sin vello, con un tímido bigotillo y gafas, al que le estaban comiendo el rabo, para más detalles, una cabeza que me resultaba familiar.

Al acercarme, la cabeza se dió cuenta de mi presencia, me miró, interrumpió brevemente la mamada para sonreir, hacer un gesto de que me aproximara a participar, y siguió mamando.

Dos cosas me llamaron la atención. Una, dado el tópico de la timidez de los orientales encontrarme uno
dejándose hacer cosas íntimas casi a la vista de todos, y otra que aceptara mi participación sin mayor problema.

Un tópico por los suelos. Molaba.

La cabeza familiar era la de Luis, uno de mis habituales del Arenas, que no había visto en meses por mi poca frecuencia de visitas al cine y porque desde hacía unas semanas ya no existía.

Se dejó acariciar, se dejó suavemente pezonear y compartimos su sabrosa polla entre los dos.

Acabamos, para mi mayor sorpresa todavía los tres en un cuarto de la sauna.
Pero lo que acabó realmente pasando allí no lo recuerdo bien.
Por varios motivos.
Han pasado meses desde aquello y solo dejé constancia en borrador de la primera parte de la historia, confiando que, una vez puesto, como muchas veces sucede, me acordaría de la aventura y sus detalles.
Pero no ha sido así.

Pocas semanas después de este encuentro con el chaval oriental, tuve otro encuentro con uno muy similar, también en la sauna bruc, aunque esta vez sólo, del cual creo que tampoco dejé constancia escrita.
Digo creo porque igual lo encuentro "traspapelado" de aquí unos días, y me tengo que comer las palabras.

Me confunden los recuerdos de uno y otro encuentro.
Y ya sabéis que no cuento cosas que no han sido.
De lo que sí me acuerdo claramente es que nos corrimos los tres, no hubo follamienta y que el chaval hablaba perfectamente el castellano.

Algo es algo.

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 * A pesar del título del post, nunca supe si eran moro, gitano, chino o japonés. O ninguno de estos. Sólamente es para que podáis visualizar el aspecto de los tipos.
* Cronológicamente este post en realidad es anterior al publicado el 15 de mayo.



15 de mayo de 2016

Ayer follé





Colgado en el centro, como a veces me pasa y con poco más de una hora libre, me fuí a la sauna casi por inercia, y sin muchas ganas de hacer nada, sinceramente.
De hecho, tenía previsto ir a escribir el borrador del anterior post publicado ( En realidad será el posterior a este porque a día de hoy no lo he acabado!), pero no tenia batería en el portátil.

Y me fue bien, además, el hecho que, aquel día, por lo visto, no había demasiada gente.
Y entre esa poca cantidad, no predominaba ningún tipo de gente en especial.
Esta vez no me sentía ni observado ni deseado por nadie en especial, y particularmente, solo me sentía atraído por un guapo y jovencito negro, pero que estaba ocupado.

Entraba y salia de la sauna de vapor,  y me daba una vuelta, para ir entreteniendo y hacer pasar el rato.
Era curioso aquel día que cuando intentaba entrar en el cuarto oscuro, siempre había tres tíos, a veces cuatro, obstaculizaban el paso al situarse justo en la entrada, e intentar pasar, era fijo que te pillaban y te metían en medio.
No me gustaban, aparte de no apetecerme, ni ser demasiado manoseado ni ponerme a mamar pollas, que de buen seguro, en otro momento hubiera caído rápido. Para que nos vamos a engañar.

En un momento dado, me dió por entrar en el cuarto "París", que estaba libre, me encerré y me dediqué 10 minutillos a meditar.
A veces lo hago, aunque no suelo contarlo.
Estaba lo suficientemente tranquilo y sereno como para hacerlo, y la música de fondo no estaba tan alta como para molestar.

Salí para dar una ultima vuelta, y si veía algo interesante, igual hacía alguna faenilla. O más bien, igual lo intentaría.
Aunque sería del tipo, aquí te pillo aquí te mato.
Pero como el tiempo iba en mi contra y estaba muy en plan zen, tampoco me importara que nada ocurriera.

Cuando me dirigí hacia el cuartito oscuro vi  un tipo, de mediana edad, como yo tal vez, aunque más alto y más fuerte. que me seguia.

- A ver que pasaba!, pensé.

Nada más entrar, pues esta vez el trío maravilla ya no estaba, me abordó por detrás, primero con un pezoneo, y una vez dado la vuelta, me regaló con una buena metida de mano, calibrando bien el paquete y un besuqueo.
Bajó a mamar relativamente rápido y cuando se alzó se me puso pegado a mí, pero de espalda, llevando mis manos sobre su pecho  y sacando hacia atrás ligeramente su trasero con el claro objetivo de estimular mi polla.

Con unos toquecitos en su culo le hice saber que no estaba por la labor de follar, que era claramente su objetivo.
 - Este se me va ya mismo-, pensé, pues es lo que suele ocurrir en esta situación y más si el tipo es práctico y resolutivo.

Pero no !, se dió de nuevo la vuelta, se agachó y siguió mamando.
Yo me relajé y me dispuse a disfrutar de aquella mamada.
Lo hacía muy bien, el "condenao".

Al rato me dí cuenta que, sin dejar de mamar, me había colocado un condón casi ya hasta la base de la polla.
Me quede sorprendido, gratamente admirado de las artes del tío en todo el desarrollo de la acción, desde el desenfunde hasta su colocación no me había enterado de nada.
Y claro, uno valora a los artistas, de la índole que sea y no me pude negar a follarle.

Se me dispuso de nuevo con el culo en pompa.
Un buen culo afortunadamente, y comencé a follar, suavemente en un mete y saca tranquilo, por aquello de evitar cualquier dolor inicial, que sé que, en mi caso, me cortaría el rollo rápidamente.

Y gradualmente, sin pausas ni descanso, continué de manera más rápida, rítmica e intensa.

El tipo no tardó mucho en correrse, pero yo, a falta de otros estímulos, como pezoneos o toqueteos por parte de terceros, no lo conseguí.
El condón me priva de muchas sensaciones y es muy difícil que me corra, con lo cual puedo estar bastante raro dándole que te pego al movimiento sexual, y claro, el follado, si tiene aguante, eso lo que gana: el polvazo de un pasivo, muy ocasionalmente activo.

Cuando se marchó, un tipo que por ahí merodeaba, ahora sí, le dió por meterme el dedillo en el culo, y fue, cuando ayudado de una autopaja me corrí abundantemente.

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Aunque el título del post diga "Ayer follé", ocurrió a mediados de noviembre.
Al día siguiente, por la mañana comencé a escribir el borrador de la historia, y recuerdo haber hecho el comentario en la página de facebook de mi anterior perfil, "perro".
Y ya escrito del todo el post, decidí dejar el título como estaba.