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17 de junio de 2016

De vuelta al Trash... un año más tarde.




Tuvo que pasar un año y un mes para poder volver al Trash.
Y la oportunidad se me presentó de repente, aquel mismo día por la mañana, seis horas antes de que me presentara allí.
Por carambolas del destino, disponía de unas horas libres en una de esas tardes, jueves para ser más exacto, que abren a partir de las 18.00 h. (El otro día es el miércoles)

- Si fueras hoy a algún sitio a cual irias? - me preguntó, casualidades de la vida, a principio de aquella misma tarde un feisamigo con el que no había hablado mucho.

- Si pudiera iría al Trash, porque nunca puedo ir - le contesté, ya a sabiendas que yo iba a ir esa misma tarde, pero no quise decírselo para no condicionarle, ni para comprometerme por si cambiaba de opinión.

Y fui.

El primero en llegar, estuve bien sólo los primeros veinte minutos, tras los cuales lenta pero paulatinamente comenzaron a llegar hasta ser unos 8 o 9 tíos, mientras estuve allí.

Mientras el ambiente se caldeaba térmica y humanamente, me limite a tomar una cerveza helada, sentado en una de las butacas del minicine y semidesnudo, en la que mi única vestimenta era unos boxers ajustados y unas Bugatti de media caña.

Entre el ambiente aún frío y desangelado, el contacto helado con la lata de birra y la película que en ese momento proyectaban, mi polla parecía batirse en retirada hasta extremos diría que alarmantes.

Pero tardaron en pasar por lo menos media hora más desde que los primeros tíos aparecieran, para que alguno comenzara a hacer algo.
Hasta ese momento todos se distribuían equidistantes por los diferentes rincones, tanteando de lejos con miradas esquivas y furtivas.
Me sorprendía esa aparente indiferencia de unos con los otros.
Nadie de los presentes podría decirse que fuera un ente extraño en el lugar, todos entre jóvenes y mediana edad. Tal vez, bueno... con seguridad, el patito más feo era yo.
Tres se paseaban desnudos, uno totalmente vestido y el resto en ropa interior (slips/boxers/suspensorios).

El tipo vestido era posiblemente el que más llamaba la atención en cuanto que era todo un hombretón, alto, serio, atractivo, 35/45 años, se intuía que peludo, morboso,varonil y aire muy hetero, y fue él ,el primero que interactuó con otro más joven y bien guapo que se había sentado en las butacas laterales.
El alto, tras, observarle y sobarle el paquetorro, se le acercó y ofreció su gran pollón, acorde a su estatura.
No tardó en sentarse junto al que ya mamaba, otro de los jóvenes, no se sabía si para participar del pollón o entretenerse masturbando al mamador, que ya había sacado su polla para autocomplacerse.

Al dúo y mirón se le añadió uno de los tipos que iba totalmente en bolas, que ofreció su polla al mirón, con lo que teníamos ya dos parejas.

Aquello se estaba poniendo interesante.
Dos tíos de pie, siendo mamados en medio del minicine por otros dos.
La temperatura no sólo se estaba caldeando, sino que yo comenzaba un poco a reaccionar, y el.bulto entre mis piernas comenzaba a adquirir una cierta digna consistencia.

Me fui a la barra a dejar el botellín de cerveza, tras apurar el último sorbo, y cuando regresé, un quinto se había unido al grupo, si bien este no hacía nada más que observar.

-¿Y porque no me uno a ellos?, pensé, aunque temía, verdaderamente, a que me rechazaran.

Todos tenían su punto atractivo, o morboso, o lo que fuera, pero me sentía la nota discordante del lugar.
A la que uno ve carne de mi misma edad, o más joven, me entran todos los complejos.

A ver, perro, - pensaba por otra parte,- este es un bar de sexo, en que la gente viene preferentemente a sexear, guarrear o follar directamente. No es un bar, pub, discoteca cuya finalidad primera sea la de ligar en el sentido clásico, charlar y hacer amigos, o tomar simplemente una copa o cerveza, para luego, si procede pasar a mayores en un rincón adecuado o en tu casa. Para eso ya están casi todo el resto de locales.
Y por otra parte, quedaría un poco feo que te rechazaran, así, pim, pam. Uno podría ser más agraciado, pero tengo mi puntito morboso, o eso me dicen, y mis atractivos no son precisamente los que se ven, sino los que se sienten.

Me animé y me acerqué a ellos, por la parte de los últimos incorporados.
Y una vez allí, después de hacerme ver, comencé a toquetear pectorales a uno de los tíos desnudos que estaban de pie, para seguidamente, sin dar tregua comenzarle a mamar uno de sus pezones.

Surgió el efecto deseado.

Segundos más tarde, me había hecho arrodillar para mamarle la polla.

No sé bien lo que pasó alrededor, pero al cabo de un rato, y después de haber estado compartiéndola con otro mamador, el otro grupo de al lado se deshizo, y a los pocos minutos el nuestro también.

Suele suceder que cuando hay bastante peña enrollada, y uno de los focos de atención primera desaparece, el resto no tarda en seguir el mismo camino.

Y volvió la gente a dispersarse y actuar unos con otros con la misma indiferencia que al principio, como si sintieran vergüenza, o que nada hubiera pasado.

Uno de los que iban en paños menores no paraba de hacer estiramientos de brazos, no sé si para marcar músculos o tonificarlos.

Otro de mediana edad, con barbita corta blanca y boxers, después de habérsela mamado largamente a otro tío, iba sentándose aquí y allí, esperando tal vez un nuevo pitorro al que amorrarse.

Uno de los jóvenes más resultones, se tumbaba en la camilla, esperando... ¿Que esperaba, si iba rechazando a todos los que se le acercaban y tocaban?. Tal vez al joven y guapo chaval veinteañero de corta barba que durante todo el rato, sistemáticamente le ignoraba.
Era curioso porque hubieran hecho buena pareja.

No parecía que cuajara nada más.
Cierto que todavía era temprano, pero me llegó la hora de hacer un pensamiento.

Si no fue, finalmente, una tarde para echar cohetes, al menos fue más aprovechada que aquella primera vez, un año antes. Post: Trash insisde.

Por cierto, al tío con el que estuve chateando aquella tarde no llegué a contarle que fuí al Trash.
Nuestra conversación se quedó a medias de un día para otro, pendiente de responderle unas preguntas.
Fue cuando los HdP del Feisbuc me suspendieron la cuenta tras una denuncia injusta por la cual no pude reclamar.(Post: censura III ).


13 de junio de 2016

Un `inglés´ en el Erotic Palace




Había comentado con un feisamigo la posibilidad de quedar un día en el Erotic Palace.
Pero como hacía mucho que no había ido, no estaba muy seguro si seguía abierto o si había habido alguna reforma.
En plena histeria navideña y con menos tiempo que nunca, me decidi acercarme, para una visita ni que fuera de media hora.
Tras sortear por toda la carretera de Sants a la muchedumbre paseante y consumidora compulsiva de estas 'entrañables' fiestas, consegui llegar hasta el sexshop en cuestión, no sin antes haber sudado la gota gorda en una tarde extrañamente cálida para las fechas, como estaban siendo todos los días de este invierno.

Todo seguia igual que como relate en post anteriores, las pocas veces que habia ido.
Nada había cambiado, ni tipo de cliente ni decoración.

Había poca gente y nadie especialmente que me llamara la atención.
Y la actividad, casi nula.

Alguno que no salía de alguna cabina, y algún otro que entraba para, al instante salir.

Mi actitud siempre ha sido la de esperar a que si a alguien gustaba me entraran, principalmente por mi caracter reservado, pasivo, temeroso siempre del rechazo y de inseguridad y falta de confianza constante en mi mismo.
Y cosas que tiene de bueno madurar es que estos comportamientos evolucionan y uno aprende a tomar, a veces, la iniciativa si se de da el caso que la otra persona en cuestión, de alguna manera, me atrae.
Eso no quiere decir que ni tiene que ser joven, ni guapo, ni bueno... simplemente que tenga un que, un halo, una chispa, un morbo, un algo indefinido por el que me llame, en positivo, la atención.

Entre la poca gente, sólo había un tipo de aspecto afable, mediana edad, mediana estatura, de aspecto de inglés de taberna, con sus mejillas blanquecinas sonrosadas, y carnes blandas.

Siendo lo más llamativo, no acababa de convencerme como tomar ninguna iniciativa.
Así que volví a mi actitud pasiva y espectante.

Me metí en una de las cabinas que disponen de asiento y vídeo, y decidí esperar, con la polla fuera estimulándome con las imágenes del monitor, para pasar mejor el rato, y por si el tipo en cuestión tenía alguna necesidad, dejé la puerta entornada, para que viera y decidiera.
De cualquier otro, hubiera decidido yo rechazarle amablemente.
No es necesario ser borde, si el otro no es plasta.

No tardó en asomarse y cruzar por el umbral de la puerta.
Me palpó sin demasiado reparo la evidente erección y se subió la camiseta para que le pezoneara.
Y en segundos sus intenciones se vieron claras.
Se sacó un condón del bolsillo, comenzó a enfundarmelo y presto, se dispuso en la posición adecuada para que le enculara.

- Pues vaya-, me toca hacer de activo, pensé sin llegar a sorprenderme.

Así que, con decisión y delicadeza, comencé a horadar sus oscuras profundidades, y una vez acomodado, a bombear rítmicamente aquel hambriento culo que se me había ofrecido en bandeja.

- Oh, yes!, Oh my god!,- exclamaba a cada uno de mis empujes, confirmando a la vez mis sospechas sobre su shakesperiana lengua.

- Good boy -, decía, cosa que por otra parte me encanta que me digan.
- Oh, yes, fuck me...more, more...- continuaba tanto el diciendo, como yo follando.

Estuvimos unos minutos hasta que el tipo acabó corriéndose.

- Stop, stop, please - dijo,dejándome a mi con el rabo tieso y bien cargado.

Normal, porque me resulta muy difícil llegar al punto de correrme follando con el condón puesto y sin ninguna sobreestimulación más.
Puedo estar bastante rato como para que el otro llegue a cansarse.
En casa del herrero, cuchillo de palo. Eso dicen y es bien verdad.

- Where are you from?,- me atreví a preguntarle en mi limitado y macarrónico inglés, esperando que me dijera algo así como Manchester, Liverpool o Newcastle Upon Tyne.
Algo concretito para ubicarlo, simplemente.

- América-, me contestó con la mayor inocencia.

-¿Tu eres tonto o lo siguiente?- pensé, aunque moví la cabeza en gesto de confirmación.
No va y me dice, de manera implicita, claro, que procede de un territorio de más 43 millones de kilómetros cuadrados !!!. Nada... cuatro veces Europa. Como para concretar !!!.
Aunque quedaba claro que se refería a los "Yu-es-ey", no deja de tener su punto arrogante, aún diciendolo con la mayor de las normalidades posibles, apropiarse del nombre de un continente para llamar a tu país.

Y que pasa con Canadienses, Beliceños o antillanos, con los que además comparten lengua, o el resto de las Américas no Usonianas ni angloparlantes?.
¿No soy ellos tan América como cualquiera?.

Bueno... no me enfadé, ni mosqueé, ni monté un melodrama ni nada por el estilo.
Pero si la comisura de mis labios marcaron una leve sonrisa un tanto sardónica y condescendiente.


9 de junio de 2016

Encuentros, desencuentros y carambolas.




Este último mes de diciembre resultó extraño y curioso, en relación a mis historias de la penumbras, básicamente por dos motivos.

Primero porque solo visité una vez la sauna Condal, por lo que contaba en el post "Saunas de diciembre ( El doble polvo ), cuando normalmente es ya un clásico de cada año que un par o tres de veces a mediodía. Cuando las pocas veces que voy durante el resto del año suele ser por la tarde de algún día laboral, saliendo de trabajar.

Y la otra, fue la conjunción en muy pocos días de peticiones de encuentros y reencuentros.

El primero fue con el protagonista de "sexo en el parking" (I y II)  , publicado a principios de noviembre.
Este hecho no fue del todo casual, ya que previamente a la publicación del post, le escribí anunciándole que por fín, después de dos largos años, lo iba a publicar.
Aunque como seguidor del blog en algún momento lo hubiera visto, me parecía que lo correcto era avisarle, a pesar de estar al tanto que desde el primer día sabía que algún día ocurriria.

  Que el chico del parking, llamémosle Joan por ponerle nombre, se hubiera puesto en contacto conmigo noe era extraño, ya que días antes había sido yo el que le había enviado la versión definitiva de nuestro breve encuentro en el aparcamiento de coches, avisándole que por fin lo iba a publicar, aunque como seguidor del blog, en algún momento lo hubiera visto, me parecía que lo correcto era tal proceder.

Habían pasado dos años largos de aquella aventura, que aún habiéndola escrito la mitad al día siguiente que ocurriera, la otra mitad se había quedado en borrador olvidada en el tintero.

En principio había una causa, y esta era que iba ser publicada las dos versiones posibles de la historia, la mía y la de "Joan", pero al final no pudo ser.

Así que, cuando me puse, la acabé.

No tardó nada en contestar y en proponerme una nueva morbosa aventura, a la que accedí gustoso, y de la cual me describió un esbozo y algún pequeño detalle, para ir haciendo boca, pero lo que fuera a ocurrir finalmente no lo sabría hasta el mismo momento de la acción.

Así quedamos, en hora y lugar, un día por la mañana a finales de diciembre, que me iba a coger libre del trabajo, por aquello de apurar los últimos días que a uno corresponden.

Por aquellos días, para gran sorpresa mía, recibí también noticias de Bilbo, un habitual del cine Arenas, que se identificó completamente en uno de mis post, y luego confirmó en otros varios.
Para los detalles os remito al post "Persecución (La continuación)".

Y para casualidades de la vida, Julio, un muy apreciado feisamigo de Madrid, iba a pasar unos días en Barcelona y quería, para alegría mía, quedar siquiera a tomar un café o unas cervezas, sabido de mi escaso tiempo disponible, y de paso conocerme.

Le propuse quedar para comer, el mismo día que había quedado con "Joan", justo después del encuentro y a cinco minutos apenas de mi cita.

Pero precisamente el día anterior de la cita, recibí por la mañana, un email de "Joan" anulando la cita, ya que estaba teniendo un grave problema de salud, emplazándolo para más adelante, si aún estaba yo dispuesto.

Mi gozo en un pozo, como se dice.
Tendría que reestructurar mis planes para por la mañana de ese día, y esperar a saber cuanto para la fallida aventura, una vez se hubiera recuperado del todo.

Pero quiso la tremenda casualidad, que esa misma noche, la del día anterior a la cita, en una hora imposible para sus horarios, "Santi", uno de mis primeros feisamigos y lector fiel del blog, se conectó  al messenger para comentarme que, al día siguiente por la mañana, muy posiblemente se iba a pasar por el Boyberry.
Convencido estaba él que le iba a decir, como siempre, que por las mañanas me era imposible, pero lo que son las cosas, que no sólo aquella mañana la había cogido de fiesta, sino que, a causa de fallar el plan de "Joan", iba a poder quedar con él, después de tres años largos de contacto.

A saber, "Santi" es un tío muy majo de las afueras de Barcelona, que desde el primer día conectamos mucho, tanto que durante meses nos estábamos largo rato por las mañanas antes de salir para nuestros respectivos trabajos, charlando y charlando.... sobre todo él,  jejeje
Luego las cosas se complicaronn, y la comunicación disminuyó considerablemente, hasta el punto de ser ocasional, pero que cuando ocurre, nos volvemos a poner rápidamente al día.

Cuando digo que es majo, no lo digo en el sentido físico, ya que desconozco absolutamente cualquier rasgo que lo pueda definir. Solo sé su edad.
Muy celoso de su intimidad, jamás lo he visto ni en foto. Al revés, sí.

El caso es que, a la supuesta hora convenida, allí estaba yo, deambulando en el Boyberry, por la mañana de un día de finales de diciembre.
Poca gente había, y ninguna me parecía que pudiera ser él, tanto por sus aspectos, algunos por demasiado jóvenes, otro por demasiado mayor, otro era latino, y el único que por edad podría parecer ser, era demasiado altivo y estirado.
Era de suponer que, si apareciera, y puesto que sabía como era yo, se mostrara familiar--- no arrogante.

Pero llegó la hora y no apareció.
Al día siguiente supe el porqué, y uno de los motivos es que no fui explicito en que yo acudiría, pues le dije, que casi seguro iría, pero que no se lo podía asegurar al 100%.
Supongo que lo dije tal cual salvaguardándome de algún imprevisto, dando a entender que, de ocurrir, le avisaría.
Pero no lo entendió así, pues de hecho fue a él al que le ocurrió un imprevisto y no avisó pensando que yo no iría.
En fin, una oportunidad de oro perdida por no haberse uno, mejor dicho, dos, entendido.

Cabe decir que no hice nada en el Boyberry.
Y nada quiere decir exactamente eso.

Salí bastante frustrado en tanto que, las dos citas previstas para aquel día, a aquella hora, se fueron al agua.

Pero suerte que, junto a la escultura de Miró "Dona i ocell" y a la hora convenida, allí estaba Julio, con su novio ( también feisamigo ), curioso también de conocerme.

Y nos fuimos, Julio y yo, contentos de conocernos a comer tan ricamente, y a charlar extensamente, a un local donde había habido meses atrás algún que otro encuentro de café y charla con otros feisamigos.

Y así acabo el año.
Con una sabrosa comida... diferente a las que normalmente cuento en el blog ;-)




5 de junio de 2016

Saunas de diciembre ( El estreno de la Big Sex Room )




Pues que bien !, - pensé.
Con lo concurrida que se veía la sauna aquella tarde y la mayoría de la gente no me seducía especialmente.
Pero algo había que hacer.
Así que después de los ritos habituales, desvestirse, ir al lavabo, pesarse, ducharse y secarse, (últimamente añado lubricarme), acabé pasando por el pequeño cuarto oscuro, que en ese momento estaba abarrotado.

No era de extrañar que pronto un tío me pillara y comenzara a pezonearme, para seguir por pajearme un buen rato, pero esto no es necesariamente siempre así. Hay quien del pezoneo no pasa.
Para calentarme me fue estupendamente, pues el cabrón lo hacía muy bien y me costó decidir salir de allí, tanto por el gustito que me estaba dando como que no me dejaba escapar.

Pero al final conseguí escaparme.
Me había dejado muy perro.

Dí vueltas y vueltas por el local, pero como no había todavía nadie que me llamara la atención, estaba al punto de la desesperación.
Igual no había sido buena idea la del calentamiento previo, si ahora no veía como desfogarme, sin tener que recurrir a una solitaria manola.

Así que, finalmente me decidí a inaugurar por mi parte, la Big Sex Room.
Aún no sabía como, pues muy poca o nula había visto yo todavía en aquel rincón de la sauna desde que habían inaugurado el nuevo espacio.

Allí, en aquel momento, solo había un oso gigantón dando de mamar a otro osote, menos pelón, tumbado.
Así que, al menos para no molestar, me tumbé también yo en la esquina opuesta del camastro donde ellos estaban tranquilamente dándose el gusto.

Encarado boca arriba, no tardó mucho en darme de mamar un tipo grandote con polla a juego, de buen tamaño, que acababa de entrar en la sala.
Durante un buen rato, el de pie y con la polla colgando sobre y dentro de mi boca, me fue alimentando, a la vez que calmando mis ansias calenturientas.

Se ladeó y seguí mamando. Se tumbó y seguí mamando.
Finalmente se marchó y no pude seguir... eso mismo, mamando.

Me quedé un rato sólo, mirando el techo y de reojo a los dos osotes que aún seguían a lo suyo.
Pero para mi sorpresa, el oso gigantón, de repente, abandonó a su mamador, para instantes después, lo que viene a ser poco más de tres pasos, me comenzó a darme de aquel rabaco que hasta entonces sólo intuía.

Rato y rato pasó, hasta que noté como una manos comenzaron a acariciar mi pierna.
Era de un tipo que, como yo, en la misma postura, se había tumbado a mi lado.
El oso gigantón comenzó a alterar su polla en nuestras bocas, y mientras, en la quedaba libre, nos daba su mano para lamer.

La lengua siempre estaba ocupada.
Como debe ser.

Por un instante, unas manos me sobresaltaron cuando comenzaron  a pajearme,
Manos anónimas y de difícil identificar ya que mi vista se reducía a los huevos del gigantón que golpeaban mis párpados en su acción del metesaca pollil.

Del sobresalto, a la aceptación y de esta, al delirio de notar como las manos eran sustituidas por una cálida y húmeda boca, igual de desconocida que aquellas.

A la par, un suave pezoneo y unos nuevos labios comenzaron a lamer mis tetillas, el sobaco.
Sospeché que podría ser perraco, uno de los habituales de extinto arenas, que ya habia visto hacia un rato.
Luego se dedicó un rato a lamer mi pie izquierdo.

Pero nadie jugueteaba con mi culo. Mi hambriento culo era sistemáticamente ignorado, con las ganas que tenía de que me echaran un polvo.
De hecho era lo que más deseaba y, de hecho, necesitaba.
Claro que tampoco había hecho nada para propiciarlo ni siquiera adoptar una postura evidente.

Finalmente, después de haber sido manjar de varios tíos, nos quedamos de nuevo solos el oso gigantón  y yo, únicamente en la compañía de un voyeur, que a corta pero prudente distancia, nos miraba.
Aproveché ese momento para acabar de pajearme y auto enlecharme hasta las cejas.
Es un decir, pero la corrida, ciertamente fue muy abundante.

- Estoy en pausa, y al menos en 15 o 20 minutos no estoy operativo -, le dije espontáneamente a un tipo que justo en ese momento llegaba, y que, al parecer quería guerra
- Me acabó de correr, como verás-, le aclaré, mientras me limpiaba sucintamente.

Esto es un hecho que sucede bastante a menudo.
Justo ya cuando te corres y te limpias, uno, inoportunamente ya, quiere algo de tí.
¿No podía haber aparecido unos instantes antes?

Pero pasé de quedarme más rato, ya se me estaba haciendo un poco tarde.
Me duché y me fui.

Los vestuarios seguían muy concurridos, con un buen trasiego de gentes, yendo y viniendo.



1 de junio de 2016

Saunas de diciembre ( reencuentros )




Segunda sauna en bruc

Cual fue mi sorpresa al encontrarme en la sauna a Jose, un habitual del cine Arenas y a, desde hacia meses, su inseparable amigo.
Bueno, sorpresa relativa, en tanto que me parecía normal que al desaparecer un lugar de encuentros como el cine Arenas, aparezca la gente en otros, y en cuanto a inseparable, porque las últimas veces que lo había visto siempre iba en su compañia.
Tampoco creo que fuera casualidad.

Enseguida que nos vimos, empezó a pezonearme como muy bien sabe hacerlo a conciencia para ponerme rápidamente caliente y conseguir, si realmente fuera, lo que quisiera de mí.
No resultaba muy erótico hablar, pero mientras nos pezoneamos, pues obviamente le correspondía, nos pusimos al día de un par de cosillas, tipo "donde has estado este tiempo", "sueles venir a menudo por aqui", etc...
Mientras, su amigo, perfectamente sincronizado, ya habia bajado a mamarme la polla, para ponerme a tono para que luego, me lo follara.

Realmente la función de Jose, al contrario que al principio cuando lo conocí, que enseguida quería follar o que se lo follaran, es desde hacía cierto tiempo la de calentador.

Cuando iba solo en el Arenas, me ponía a tono, atraía a alguien para implicarlo y nos liaba.
Cuando iba con su acompañante, me ponía a tono, para cepillarme a su amigo, cosa que sólo consiguió una vez, porque llevaba preservativo.

Y cuando llegó ese momento crítico, y yo no acceder, el trío, sin malos rollos se deshizo.

Con toda naturalidad me dispuse a pasear un rato por las diferentes estancias a ver que veía.
Y me encontré con el plasta, un par de veces por los pasillos, en las que solo nos intercambiamos miradas de reconocimiento, pero sin ningún intento de más, ni de nada, por ninguna de las partes.

Realmente pienso que a ojos ajenos debo de tener una pinta de distante y estirado, porque muchas veces mi saludo es un simple movimiento de cejas casi imperceptible.
Hay un motivo muy importante y es el de no crear excesiva familiaridad, en tanto que si un día me los encuentro fuera, y en un momento seguramente inoportuno, no tengan el mínimo ánimo de saludarme.
En la sauna (u otros locales) soy quien soy allí y hago lo que hago. Fuera sigo queriendo ser ánonimo.
Creo que no es difícil de entender.

Y a este pobre tío plasta, porque a que te le haces un poco de caso, no se te quita de encima, no le voy a llamar más así, sino Joaquin.
Tiene cara de llamarse así, jejeje... y no me parece tan peyorativo.

Jose y su acompañante me había puesto muy caliente, evidentemente, y era de esperar que si nos encontrabamos en algún otro oscuro, intimo o neblinoso lugar de la sauna nos volvieramos, ni que fuera un rato a liar, como así fue, que ocurrió en la sala de vapor.

Guarreamos un ratillo, donde se nos ajuntó otro tipo que no pude distinguir hasta pasado unos minutos, y que resultó ser precisamente Joaquin, y como era de esperar, en plena efervescencia, me dejaron sólo con él.
Así que lo estuve mamando la polla, temiendo, hasta cierto punto lo que luego iba a venir.
En cuando me alcé, para estirar un poco las patas, comenzó a susurrarme.

-¿Vamos a una cabina?,¿Seré todo tuyo?,¿Te mamo la polla y luego de como el culo?,- soltó cual letanía
Nada nuevo. Era su mantra particular que en más de una ocasión me había largado.
- No, no me apetece-, le contesté, generalizando, aunque si hubiera sido allí o en público, no me hubiera importado la última parte.

A pesar que ahí lo dejamos, poco después me pillaba en el cuarto oscuro y me soltó el mismo sermón, sin apenas variar el orden de las frases.
¿Comprendéis el porque de su apodo?
Y esta vez aún, que sólo insistió dos veces.

Cuando me iba encontré a Hugo, en los vestuarios, muy entretenido con alguien que venia con él.
Ni me saludó.

Tercera sauna

Quedé un poco desconcertado cuando me encontré las nuevas instalaciones cerradas, aunque luego me enteré que simplemente estaban así por funciones de mantenimiento.
Había poca gente, pero aún así, volví a encontrarme con Joaquín.

Esta vez, si hubo saludo verbal, pero al primer intento de meterse en berenjenales ya le dije que no me apetecía.
Afortunadamente no insistió, porque uno es débil, se deja llevar muy a menudo.
Soy de fácil convencer, sobre todo si tengo dudas.

Aquel día, la temperatura de ambas saunas estaban insoportablemente altas, con lo cual, no pude disfrutar de ellas.
Con la sala Egipcia y la Big Sex Room cerradas, y las dos saunas imposibles de entrar, el espacio disponible para deleitarse a placer, obviamente se veía reducido.

Así que me dispuse patiabierto en el sling, donde uno me folló brevemente, con tan poca gracia y salero que me daba reparo el hecho siquiera de mencionarlo.

Evidentemente ni me corrí, pero mi calentura comenzaba a ser considerable.

Vi como un tipo de mediana edad me seguía, así que me metí en el cuarto oscuro, donde se me puso de inmediato delante mío, me cogió del brazo para hacerme agachar y ponerme a mamar.

Así me gustan los machos,
Decididos, dominantes y resolutivos.

Tras un buen rato, el tío comenzó a emocionarse.

- ¿Vamos a una cabina?-
- No, ya estamos bien aquí.

No insistió.

Se subió al camastro, cosa que agradecí para no estar todo el rato encogido, y seguí mamándole el rabo, y sorpresivamente para mí, me ví a ratos comiéndole también el culo.
No es una cosa  muy habitual, pero no era peludo, lo tenía limpio, mondo y lirondo.

-Te voy a dar toda mi leche-, afirmó mientras se la chupaba.
-¿Donde la quieres?.
- En la cara-, respondí.

En ese pequeño impasse de pregunta y respuesta alguien por detrás se me agarró a la tetillas, comenzándolas suavemente a pezonear, soltando luego una para bajar la mano a pajearme. Intuí a Joaquin.

Sobreestimulación.

Uno cascándomela con una mano y pezoneando con la otra, sumado a que la distancia entre nuestros cuerpos era nula y sentía su pollón entre mis nalgas.
El otro dándome de mamar y a la vez pajeándose, estimulándome el oído con sus frases de marcado sabor lechoso.

El resultado fue que fui yo quien acabó corriéndose, la leche del tío no sé donde fue a parar y Joaquín desapareció al instante.

-¿Que te hacía?,- me preguntó, esperando tal vez que dijera que me estaban follando.

Tal vez a mi también me hubiera gustado.
Pero la cosa fue como fue.