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30 de agosto de 2016

Reencuentro con Bilbo y otros quehaceres sexuales en el Erotixx.





Después de un par de meses de intercambio de emails, conseguimos concretar un día y una hora para quedar en reencontrarnos.
Si eso ya fue difícil, encontrar el sitio tal vez lo fue más. Sus reticencias, por diferentes motivos, a quedar en el Erotic Palace o en alguna de las saunas de Barcelona, complicaban el asunto, más ahora que ya no existía el cine Arenas, que durante bastante tiempo había sido el punto de encuentro de furtivos, esporádicos, inesperados y anónimos encuentros, en tanto que nunca habíamos hablado ni sabíamos nada el uno del otro.

Superpuntual, allí se presentó Bilbo, en el Erotixx, aquella fría tarde de mediados de Febrero.
Nos encontramos junto a los terminales de conexión a internet, y directamente nos metimos mano.
Él tenía las manos frías y estaba visiblemente nervioso.
Entre eso, la intensidad de la luz que aún siendo poca, no estábamos acostumbrados y el trasiego continuo de gente, no acabamos de sentirnos cómodos, por lo que cambiamos de lugar, para irnos al otro lado del local, junto a mi cabina favorita.

Allí comenzamos ya más seriamente un magreo, una sacada de pollas respectivas, un par de besos, un suave pezoneo, una discreta mamada, entre palabras, comentarios y conversación entrecortada.

Se me hacía extraño escuchar su voz, oír claramente sus palabras.
No había ocurrido nunca.

Un señor más mayor, que nos toqueteo un rato, gente que chocaba con nosotros y alguno que discretamente rozaba, sin llegar a más, al parecer sin voluntad de arrejuntarse con nosotros, no ayudaba a calentarnos más ni él a bajarle los nervios.

Nos apartamos a otra esquina, pero ya allí acabamos simplemente charlando, comentando cosas de nosotros, del extinto cine Arenas y de la gente que lo frecuentaba.

Se hizo la hora y decidimos irnos, saliendo el primero por la salida de arriba, por la que no es necesario pasar por la tienda.
Yo, que había dejado la bolsa y el abrigo en la taquilla, tenía que salir por allí.

Pero al pasar por mi cabina favorita, la ví vacía y me decidí a entrar, a ver si pasaba algo.

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En la cabina contigua habia un chandalero, del que pude comprobar que tenía un bonita y sabrosa polla, que mantenía dura y brillante con un cockring de goma de color que le rodeaba los huevos.
Se la mamé en cuatro tiempos, o sea, que cuando se cansaba de la secaba, se la escondía de nuevo en el chandal, y se volvía a sentar.
Cuando yo volvía a estar libre de visitas, y le apetecía, la volvía a asomar por el gloryhole.

Una de estas visitas fue la de un tío que entró mientras yo estaba de faena con el tío del chandal.
Mientras mamaba, le dediqué un poco de atención al recién llegado y le metí mano, si bien no tenía yo nada claro sus intenciones, de si quería quedarse para tomar la exclusiva de mis mamadas o bien si quería compartirme con la que se asomaba por aquel agujero de la lujuria.
En cualquiera de los casos, digo yo que se la habría sacado, pero no fue así.
Estuve unos instantes en la cabina y se marchó.

Salí a dar una vuelta y observar al personal.
Un de tíos hablando sobre sus vidas, al igual que un rato antes yo con Bilbo, pero ellos sentados cómodamente en el banco central.
Varios tíos que vienen y van, miran, pero pocos interactúan.
Era curioso que todos me parecían que tenían un puntillo por el cual, a priori, me liaría, incluso alguno tenía verdaderamente morbo.
Igual es que aquel día andaba yo necesitado más de la cuenta y tenía el listón muy bajo.

Volví a mi cabina y andaba otra vez dispuesto el chandalero, por que lo no me demoré en agacharme de nuevo y ponerme a la labor.

En una de las pausas, mientras me recomponía las vestiduras se asomó a través de la entornada puerta, un chaval alto, joven que no dudó un instante en entrar.
Comenzó subiéndose la camiseta y ofreciéndome sus discretas tetillas para que se las lamiera, y siguió bajándose los pantalones y los suspensorios que llevaba, mostrándome un pedazo de nabo que más de uno quisiera tener o llevarse a la boca, el cual comenzó a pajear mientras me ofrecía su culo para que lo tocara y se lo lamiera.
Me retraí un poco, pero tras comprobar que aquel culete, aparte de precioso estaba limpio y olía bien, me dispuse a comérselo.

- Que rico, que rico !- decía e insistía mientras sentía mi lengua lamerle el ano y mordisquearle las nalgas.

Y ya me fue bien que aquello transcurriera de esa manera, pues la polla se me antojaba realmente demasiado gruesa para mi boca y gusto, y cosa importante para un perro de morro fino, le babeaba.

Acaricié con mis manos aquel cuerpo de tacto sedoso y algún beso furtivo de deseo, en algún momento, rozaron nuestros labios, mientras nuestras bocas danzaban en un baile de suspiros, jadeos y alientos.

El chaval se acabó corriendo y se fue, dejándome allí más caliente que el palo de un churrero.

En el otro lado, otro tipo había sustituido al chandalero.
Agachado, asomaba los dedos de la mano por el gloryhole e intentaba ver lo que a mi lado pasaba.
No sé si algo había visto, pero quedaba claro que lo que buscaba.
Y yo estaba demasiado encendido como por andarme con tonterías de preferencias.

-¿Quieres polla?, Pues toma polla- pensé, al tiempo que introducía la misma por el agujero de la pared y era acogida por una boca cálida y húmeda. Un placer.

Placer que duró unos pocos minutos.
En eso que dejé de sentirlo y ví como se marchaba.
Y como en unos segundos aparecía por la puerta.

Entró, se desvistió dejándose únicamente los pantalones a la altura de los tobillos y continuó con lo que instantes antes había dejado.

Quedé un tanto atónito de tanta impulsividad y determinación.
Pero resuelto yo, a la vez que necesitado, comencé a follarle ritmica, pero pausadamente, su ansiosa boca.
A ratos la sacaba para restregársela por la cara y a la vez golpearle con ella las mejillas.

- ¡Pégame-soltó.
-¿Y no es eso lo que hago?, le pregunté burlonamente, sabiendo exáctamente a lo que se refería.
- Con la mano- aclaró, lo ya intuido.
-¿Y lo mereces?- le susurré al oído, y sin esperar respuesta, continué.
-¿Lames culos?

Hubo un segundo de sorpresa en su rostro y duda en su mente.

Pegar puede parecer la respuesta a un castigo o correctivo merecido. Y este no era el caso. Mamaba bien.
Él quería algo, y yo no tenía porque dárselo.
Ahora, si se lo ganaba, obtendría su recompensa en la forma deseada.

-Sí- contestó, un poco titubeante.
-Pues ya estás tardando- le contesté, al tiempo que me daba la vuelta, me bajaba un poco más los pantalones, y sacaba el culo hacia afuera para facilitarle el trabajo de lengua que esperaba.

"Quid pro quo", como se dice, ¿no?.

Y una vez comprobada su disposición y buen hacer, estuvimos alternando culito en poma y lamida, con comida de polla, mete saca y folleteo, y golpecitos en mejilla, con algún que otro cachete con la mano.
Obviamente, suave y controlado.

En su frenesí, perdía la concentración al pajearse, con lo que tuve que reprenderle en diversas ocasiones, obligándole, al menos el tiempo que mamaba, y por ende, lo tenía de cara y controlaba, que se pusiera las manos en la espalda, y procurara y centrara sólo en darme placer a mí.

Su placer ya lo recibiría cuando yo quisiera o se lo mereciera.

Realmente, e inesperadamente, me había bien puesto en el papel.
Estaba en el otro lado.

Hubiera firmado por intercambiar los roles, pero así habían venido dados.





27 de agosto de 2016

50, 300, 500.000 : Tres hitos del verano




Estas son las tres cifras mágicas del verano: 50. 300 y 500.000.
Tres números redondos y contundentes.
Significativos en apariencia, pero como números que son, fríos, parciales, distantes y sobretodo, engañosos.

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500.000. Esta es la apabullante cifra de visitas que este sábado 27 de agosto, en algún momento indeterminado de la madrugada, alcanzaba este modesto blog que estáis leyendo, tras casi 6 años de publicación.
Aunque para ser modesto en su contenido ( habla casi exclusivamente de mis historias y escapadas de días y momentos muy concretos), formato (Texto y, normalmente, una sola imagen que lo acompaña) y pretensiones o motivaciones,  alcanzar esta cifra es motivo de orgullo.

Pero soy consciente que medio millón de visitas no significa medio millón de lecturas, ni muchísimo menos, medio millón de comentarios (Que locura!).
Mucha gente llega seguramente por equivocación, y se va en unos segundos, consciente de que no es lo que busca, espantado por lo que lee o por demasiada letra que leer. A saber.

Y las lecturas reales es casi imposible de saber.
De hecho, solo sabes si lo han leído, es porque te dejan un comentario, o te escriben un email privado.
De ahí la importancia de los comentarios para los bloggers, pues ya no es sólo sinónimo de lectura, sino que le ha movido algo, lo suficiente para despertar a uno las ganas de comentar.



300 son los posts que he logrado publicar en estos 68 meses de existencia. Este hace ya el 303. Comparado con otros blogs, una minucia, lo sé. Pero para mí, que nunca antes había escrito ni publicado nada, mi proverbial tendencia a procrastinar en todo y mi cierta torpeza en gestionar el tiempo libre, pues tiene todo su mérito gracias al trabajo, voluntad de seguir y la constancia. Ahí debo daros las gracias a muchos de vosotros que me animáis como no sabéis bien, ya sea por este medio, por el facebook, whatssap, messenger o directamente en persona.



Y 50 son las primaveras vividas, que se dice pronto. La cifra más pequeña, pero la más pesada.
No tanto en lo que realmente me afecta, que realmente es nada, ya que se podría decir que estoy en una época de bastante paz, tranquilidad y sobre todo, equilibrio, en muchos aspectos de mi vida. Sólo unos feos nubarrones en el horizonte laboral, que puede que quede en sólo eso o se desate una tormenta. Pero de momento, nada puedo hacer, y preocuparse no sirve de mucho.

Sino lo que me fastidia de la cifra es la nueva etiqueta que te crean otros, una más, como si eso en sí significara algo.


En fin, vamos a por el millón, los cuatrocientos y los sesenta ;-)


21 de agosto de 2016

... y acabando en la Sauna Condal.




(Continuación)

No más de media hora más tarde, el tiempo de cruzarme el barrio del Raval, llegar y dar el primer volteo, que ya estaba merendando junto a los apartaderos de los sling de la playing room, el largo cipote de un tipo altísimo, tal que, aún totalmente erguido y con simplemente con una leve inclinación hacía adelante de mi cuello, ya llegaba a mamar tal preciado manjar.

Delgado y largo como un día sin pan, el muchacho era imposible que pudiera pasar desapercibido.
Me pareció curioso y gracioso que desde esa altura pudiera reparar en cosita tan pequeña como yo, ya que además fue él quien se acercó.

No tardó en aproximarse otro tiarrón de considerable envergadura, que tal vez por estar más proporcionado no daba la impresión de ser tal alto, pero lo era, si bien le faltaba al menos medio palmo para igualar al otro.

Ese sí, es posible que ni me viera, pues directamente se lió con el larguirucho, y con el que acabó yéndose, me imagino, que a la privacidad de una cabina, dejándome literalmente con la miel en los labios.

Pero bueno, tampoco me importaba demasiado.
No sé si por que vió su oportunidad, o por que se apiadó de mi, al verme súbitamente abandonado, que se me acercó un tío maduro, sobre los cincuenta y pico de años, fuertote, de buen ver a la sombra de la penumbra imperante, que me dió de mamar, sin preguntar, simplemente ofreciendo su polla que mostraba reposada, pero morcillona, sobre su mano derecha.

Al cabo de un buen rato, en el cual esta vez obviamente tuve que estar agachado para mamar, me cogió del brazo, llevándome al camastro de la sala, donde se tumbó y yo continué mi labor mamatoria, de pie en incómoda postura, inclinado sobre él, con la ilusión de que algún tercero, o ya puestos, un cuarto, se acercaran y montáramos conjuntamente una escena aún más morbosa.

Iluso de mí.

Acabé la mamada alternando la postura, sentado o de rodillas, y viendo de reojo como la iniciativa más atrevida de los presentes era la de pajearse a la distancia.
O simplemente, miraban, con algún recatado autotocamiento.

Nada más.

Cuando nos cansamos, si es que  uno se puede cansar de mamar o ser mamado, nos despedimos.

- Nen, un diez sobre diez !-, me dijo, no sé si para regalarme los oídos o porque así lo sentía sinceramente.
- Nos vemos luego ! - concluyó, aunque sabiendo yo que esto sí que era, como la inmensa mayoría de las veces, una mera frase de despedida que no había que tomarse nunca literalmente.
Aunque con un "Hasta luego, Lucas! ", hubiera quedado igual de convencional, pero más simpático. Por aquello de quitarle drama a las despedidas.

Aquello fue lo más emocionante en la sauna de aquella tarde.

Poco más tarde, me dejé seducir por un paquis, delgadito, mono, poquita cosa  que, con su sonrisa fácil me acabó llevando a uno de los cuartos libres.
No necesito palabra alguna. Sólo una sonrisa y un gesto.

Allí por señas me hizo tumbarme y comenzó a mamarme la polla en posición de 69.
Casi se podría decir que, de tan suave que lo hacía, ni se notaba.

En aquella posición, tenía su culo en primerísimo plano.
Era un culito realmente adorable, de los que me enamoran sólo con verlo.
Pequeñito, en consonancia con el propietario, moreno, pero... sin ojete !!!

Si, vale. Es una exageración, pero es que apenas se le distinguía de lo pequeñísimo, casi imperceptible que era.

- ¿Y este tío como caga?- fue lo primero que se me ocurrió, en vez de pensar: ...Y ahora ¿como me lo follo yo?.

Porque como decía, tenía uno de esos culitos que, por su forma y tamaño, me pierden y me dan, cosa muy poco habitual en mí, ganas de follármelo.

Pero la ilusión se desvaneció, y con una palmadita al culo, y el gesto apropiado, lo dejamos.

Aún tuve tiempo de pasarme un par de veces por el cuarto oscuro, un baile lento, semiestátivo de culos buscando polla, magreos muy poco afortunados y un intento imposible de pseudofollada de un tipo muy mayor con un pinga colgante inalterable.

Y la sauna de vapor, vacía, como siempre, en las últimas ocasiones que había ido.




15 de agosto de 2016

Empezando la tarde en el Sex shop Zeus...




Y así fue que, pasados cinco dias, no me pude reprimir de volver a la Zeus, esta vez con más tiempo disponible que aquel apenas cuarto de hora de la última visita.
En los días intermedios, ni las pajas me ayudaron a bajar la calentura que me quedó después de salir por patas del sex hop.

Llegué con la respiración entrecortada y la excitación a flor de piel, por la emoción contenida y la expectación por lo que me iba a deparar la tarde.

Y tras pasar el umbral de la puerta del local, toda la libido que no conseguí apaciguar en cinco días desapareció en un instante.

Todo el aire penumbroso, oscuro, de barrios bajos y clandestino que daba al ambiente el morbo tan especial de la anterior visita se había esfumado solamente por el efecto de tener la luz normal de cualquier tienda.
Incluso diría que más.

- Vaya rollo!- pensé- estando en un tris de darme la vuelta, ya que, al fin y al cabo, no había ido con la intención de comprar nada.
Pero ya que estaba allí...

Me encontré, básicamente, con el mismo tipo de gente, tal vez mas racial.
Aunque eso no sé si se debía a que las sombras de la vez pasada habían difuminado los rasgos
Destacaban entre otros, uno de aspecto dominicano, altote; un maduro que se tocaba el cipote fuera de sus pantalones semibajados y un adorable treintañero bajo y barbudito.

Sentado en el sillón de barbero y luego en el pasillo, entre cabinas, el dominicano iba mostrando también un buen pedazo de carne que le colgaba, por si alguien se decidía a amorrarse y chupar.
Uno, finalmente, se decidió.
Yo me decidí por el barbudito, que en el primer recodo del pasillo, entre las dos cabinas, se dejó, al principio con cara de pensar, "Bueno, esto es lo que hay de momento" y luego con cara de decir "Joder tio, no pares".
Su polla era más bien larga y delgada.
Ya me estaba bien.

Duró un buen rato, en el que en varias ocasiones me la sacó de la boca para seguir masturbándose, tal vez con voluntad de querer venirse, pero no podía.
Sobreexcitado y sin correrse, me acabo dejando.

Él consiguió salir de aquel rincón, pero yo no.
Me quedé atrapado, así que opté por deleitarme mirando una mamada que le estaban haciendo a un tipo de aspecto sudamericano, que no era el dominicano de antes, pues este estaba en plan tambien mirón, en el lado opuesto a mí.

Cuando el muchacho en cuestión se cansó de mamar, o tal vez simplemente se levantó para estirar las piernas y tomar aire, aproveché yo la ocasión para catar también la mercancía.

Pero apenas fueron unos segundos que la pude disfrutar, pues una voz fuerte, en alarma, alteró mi incipiente concentración en aquel buen taco caliente de carne sureña.

Por un momento, en mi desconcierto pensé que era una redada... como las de las pelis, en el que al grito de "la poli" o "la pasma", salía todo el mundo huyendo.
Pero aquí no había huidas, sino sólo cierta inquietud.
Descarté al segundo también la posibilidad que hubiera habido fuego, pues la estampida hubiera sido inmediata.
Unos segundos más tarde, ya incorporado de mi posición en cuclillas, era la voz del dependiente que apremiaba a la gente a consumir (comprando algo o por ver un vídeo) o que ahuecáramos el ala, que al fin y al cabo aquello era un negocio.
Actitud muy comprensible por otro lado, y que me parecía raro que no ocurriera, o sea, que sin más, la gente pudiera entrar hasta el final de la tienda y pudiera hacer sus cosas.
En tanto que tienda es lo suyo, que uno pueda entrar hasta las últimas estanterías y vitrinas con objetos vendibles, pero dada las limitaciones de espacio resultaría, creo yo, muy limitado para cobrar entrada, o algo que se le pareciera.
Nadie me había llegado a comentar como funcionaba el asunto.

Alguno se fue al momento de las primeras voces, otros durante la insistencia, pero otros, como que pasaban.
No entendía la situación de estos últimos.
¿Habrían pagado algo o contaban con la confianza o amistad del dependiente, actuando de cebo para nuevos clientes?

Evidentemente molesto por el desconcierto, opté por irme, como se dice, poniendo los pies en polvorosa.
Era la segunda vez, en cinco días, que por motivos diferentes salía por patas de allí

Pensando en lo que acababa de ocurrir, encaminé mis pasos hacia la Sauna Condal.

Al fin y al cabo, podría ser que la tarde estuviera nada más que empezando.

(Continuará)