Páginas

30 de abril de 2017

Lo que dió de sí 50 minutos en la sauna Bruc




Con apenas 50 minutos disponibles dudaba si entrar o no en la sauna.
Cuando meses atrás el tiempo era tan breve me escapaba al Arenas Cinema, pero ahora que ya dejó de existir, gastarme lo que cuesta una entrada por menos de una hora era para pensárselo dos veces.
Finalmente decidí entrar.

Que hubiera bastante más gente y más variada que el último día, el del multipolvo y varias cosas más, no era garantía de nada.
Y de hecho, pasó más de 20 minutos sin que nada ocurriera.
Realmente desesperante cuando se va con el tiempo justo.

La Big Sex Room estaba bien llena de tíos, pero solo un tiarrón y un buen mamón a sus pies parecían disfrutar del momento.
El resto sólo miraba, tal vez con queriendo hacer pero sin atreverse.
Yo, aquel día, me incluía en el paquete, hasta que me decidí a intervenir.

Me coloqué junto a estos dos buenos mozos que se lo pasaban tan bien y comencé a acariciar suavemente el pecho del machorro, el cual parecía dejarse hacer, pero sin intervenir.
Continué con un pezoneo y con el mordisqueo de sus poco perceptibles tetillas, y el mozuelo se seguía dejando hacer pero sin un ápice de voluntad por interactuar.
Así que allí les dejé.

Cuando un poco más tarde volví, no quedaba rastro de ambos, y la única escena destacable era la un joven sudamericano de piel suave y tatuada, al cual me acerqué, que estaba con un señor que entraría con todas las de la ley en la respetable categoría de anciano.
Estos contrastes siempre me sorprenden.

-Sería el joven hembrita o machito- pensé, pues en mi poca experiencia con ellos nunca me había encontrado con un término medio, que entiendo yo debería de ser lo más habitual.

El muchacho me siguió con la mirada, extendió su brazo hacia mí y ladeó ligeramente su cuerpo hacia donde yo estaba.
Le pezoneé suavemente, primero una tetilla, luego la otra, al punto de notarle como le entraba cierto calentamiento en aquel joven cuerpo preparado ya para el siguiente paso.
Así que bajé a su polla, más bien pequeña, pero recia.
En mi primer intento de pajearle, me retiró la mano, cogiendo esta y llevándola de nuevo a los pezones.
Sin cejar en mi empeño, en una segunda tentativa el resultado fue el mismo, y fue cuando decidí también pasar, pues me temía que era demasiado pasivo para mí, ya que, de hecho no había hecho nada más que dejarse tocar.
Más o menos como el tiarrón de antes.

Me fui a dar un volteo, y como nadie se animaba a dar un primer paso, y mucho menos un primer roce, al pasar por delante de un tipo en sus cuarenta y tantos, delgado que estaba junto al sofá de la big sex room, le acaricié el pecho.
Se dejó, y comenzamos un buen juego mutuo de pezones.
Muy suavemente, quizás como para asegurarse que ahí estaba, comprobar la temperatura corporal o la facilidad de dilatación empezó a inspeccionarme el ano.
Cuando alguien intentaba intervenir, en vez de dar el típico manotazo, me cogía y desplazaba de lugar, así hasta que en una de esas ocasiones me hizo sentar, y aprovechando me nueva situación me dispuse a mamársela durante unos minutos, ahora que tenía su polla a la altura de mi boca, hasta que se lo repensó y se sentó en el sofá, donde yo entonces, arrodillado en el suelo ante él, continué mamando su bonito pollón, sus tetillas, sus dedos cuando me los acercaba y todo aquello que, en cada momento me indicara.

Cuando se cansó, me levantó e hizo tumbar en la cama central de la big room, subiéndose él a continuación y colocándose a horcajadas sobre mi pecho e inclinado sobre mí, siguió dando de comer su sabroso rabo.
Bien aprovechándose de mi escasa movilidad y expuesta postura, hubo alguien que se dispuso a mamarme la polla durante un buen rato, y que solo pude sentir ya que no veía más allá del ombligo de mi follador bucal.

Esta doble mamada, de comerla a uno mientras un tercero hacia lo propio con la mía, se esfumó de repente en esa extraña sincronización, que no por rara menos frecuente, se da cuando ambos a la par me dejaron allí tirado más caliente que una perra en celo.

Poco duró mi confusión y abandono, pues un tiarrón de pelo en pecho, torso fuerte y buen pollón, que presumiblemente anduviera observando la escena, se acercó, me cogió por banda y comenzó, este también, a follarme la boca, literalmente, siendo de estos que disfrutan haciendo llegar a que el otro dé continuas arcadas a ritmo de sus embestidas.
Esto que llaman 'gagging' o 'cock gagging' no es algo que precisamente me entusiasme pues sinceramente lo paso mal.
Estuvimos un rato hasta que se cansó, posiblemente de ver que intentaba controlarle sus profundos empujes.

Así que otra vez solo, me dirigí a donde el último día estaba la pareja del 69, que luego tras lamerme el culo me follaron, donde esta vez había un tipo en pose de follarle, de pie, pero inclinado hacia adelante, con los brazos apoyados en al cama, mostrando todo su culamen hacia fuera.

Era un tío calvo, de piel clara, joven y muy buen cuerpo... al menos todo en la apariencia que daba la mortecina luz que apenas entraba por la velada ventana, y por la puerta de acceso a la big sex room.

Tanteé aquel culo, superabierto y caliente, y comencé a juguetear con él.
Apareció entonces de nuevo por allí, el cuarentañero de antes que, en esta ocasión  me metió decidida y enteramente su dedo indice por mi culo, mientras yo realizaba la misma operación digital en el calentorro trasero del joven.

Y con una autopaja me corrí.

Mientras me escurría del todo y limpiaba un poco con el paño la leche derramada, el tiarrón de pelo en pecho que todavía también andaba por allí, se folló a pelo, sin preámbulos ni historias, el culo del joven de piel clara.

Me duché y me fui pitando.
Los cincuenta minutos se habían agotado.

(Mayo 2016)



9 de abril de 2017

La vuelta ( Folleteo en 4 tiempos y uno más, comidas de culo y 69 )





Y pasaron 42 días de abstinencia y sufrimiento.
Pero no hay mal que cien años dure, con las carnes en su sitio y tres kilos menos, todo pasó.
Y con hambre precisamente de carne en todos los sentidos, volví a la sauna la primera tarde que ví que podría saciarla sin problemas propios, a falta que hubiera buenas salchichas o butifarras que llevarse a la boca, claro.

Una de las primeras visiones, como en el anterior post, fue ver a Gustavo, pero esta vez saliendo de la zona de taquillas para dirigirse al interior del local, y no yéndose ya.

- Uff !, si me pilla ya se lo que me espera- pensé, y si bien era polla lo que quería, no era la suya la que más me apetecía.

Tras pasar por las duchas, me fui directo al dosificador de lubricante que hay en el cuarto del sling, por si acaso, y luego me dirigí a la Big Sex Room.
Sin apenas ver mucho, cerca de la puerta de entrada, un tío que intuí mayor comenzó a tocarme las tetillas y de ahí un suave pezoneo, pero no parecía que quisiera ir más allá.
De reojo ví a Gustavo, que se me puso detrás.

Normalmente, este siempre aguarda que yo ( o el otro ) acabe de actuar, pero en esta ocasión, tal vez intuyendo la relativa desgana del otro tipo, me agarró del brazo atrayéndome hacie él, me amorró a su tetilla en primera instancia, para seguidamente hacerme bajar a mamar su ya creciente polla.
La primera que me comía en 42 días, así como decía en un principio que no era la deseada, ya que estábamos, me deleite con ella, que se iba manteniendo entre dura y morcillona.

Algunos tipos se quedaban al lado mirando, o tal vez esperando turno, estas cosas nunca se saben a priori, pero Gustavo no es de compartir.

En una de mis pausas para tomar aire y poder seguir mamando, uno de los tíos circundantes me cogió de la cabeza y me hizo mamar su gordote morcillón achampiñonado, pero que a pesar de todo me cabía bien en la boca, comenzando un buena follada marcando el ritmo a base de tirar y estirar hacia él mis orejas.

Gustavo cedió sin más, como era de prever, y se fue.

Este marcaje no me era del todo desconocido, y si me había cogido así sin más, era porque iba muy a lo seguro.
En una pausa miré hacia arriba para satisfacer mi curiosidad y ví que se trataba de Chema. ¿Habia de temer un  mal presagio?.

Cuando logré ponérsela bien dura, cosa que no tardó mucho en ocurrir, impetuosamente me levantó, me dió la vuelta e intento follarme con tanta brusquedad como torpeza y que obviamente no lo consiguió.
No se desanimó lo más mínimo, y enseguida me puso a mamar de nuevo.

Y esta vez, al ponérsele tiesa de nuevo, con un poco más de maña y atino por su parte y con un esfuerzo de concentración para relajar la tensión en las partes sensibles, consiguió clavármela bien hasta el fondo.
Valga decir que me folló bien follado durante un buen ratillo.

Cuando me desclavó de su verga, me giró y me la hizo mamar.
-Puaj !, Que asco! Sabía a mierda, y por mucho que fuera mía no me gustaba para nada.
Escupí en el suelo, obviamente, y me quedé un pelín traspuesto decidiendo que hacer.

Pero decidió por mí, y agarrándome la cabeza por la nuca me amorró de nuevo a su cipote.

Me retiré de nuevo, casi instintivamente, y volví a escupir.
Esta vez ni me dio tiempo a pensar que ya de nuevo tenía su polla en mi garganta, y aunque ya me parecía que no sabia a nada, tenía el olor en la pituitaria.
Supongo que debía intuir que no quería seguir mamando con tanto escupir, así que me levantó, me volvió a dar la vuelta y me siguió follando.
Aprovechando al coyuntura que volvía a tener la boca libre, un tío que por allí estaba, y por unos segundos, me dio de comer su rabo, pero su forzada posición sobre el camastro no le debía de ser muy cómoda, por lo que no tanto nada y menos en irse.

Chema volvió a desclavarse, y tal como hizo la anterior vez, no perdió tiempo en darme de mamar.
Se repitió el mal sabor, el mal olor y con el escupitajo, aprovechando el lapsus, puse los pies en polvorosa y me fuí para las duchar.
Temía oler mal.

El rato que dura una ducha reparadora y un camino de vuelta al sex room, nada más llegar a este, me volvió a coger al vuelo y por tercera vez en esa tarde me puso mirando hacia Cuenca.

Cuando paró y se sentó con la intención de que siguiera mamándosela, pasé y me amorré al un joven bastante buenorro y peludete que hacía rato que lo veía al lado mirando y esperando.
Sin embargo no tenía una polla del todo de mi agrado, pues el glande y tronco apenas se distinguían.
Su tacto era suave y su gusto dulce, pero resultaba monótona de forma.
Apenas estuvimos un par de minutos, pues no pareció entusiasmarse y se acabó yendo.
Aproveché para dar una vuelta breve y desentumecer las piernas un rato.
En breve volví de nuevo a la sex room, más caliente si cabe.

En el lado más alejado del camastro respecto a la puerta había un par de pedazo tíos haciendo un sonoro, y vistoso en la medida que la penumbra lo permitía, sesenta y nueve.
Y además, al que estaba encima, que tenía el culo hacía afuera del cama, un tercero se lo estaba comiendo a base de bien.
En la escena había un cuarto tío que hacía las veces de maestro de ceremonias, que aparte de mirar, participaba de ella acariciando el culo el pompa, ensanchándoselo para facilitar la comida y animando vivamente al comensal de turno.

Yo flipando con la morbosa escena, me quedé un rato mientras me iba pajeando.
Llegó un momento que el comedor de culo se fue, pero otro tipo, joven con barbita , le sustituyó rápidamente.
El maestro seguía alentando, hasta que, cuando este segundo se cansó, dejando aquel pedazo de culo sin boca ni lengua que lo disfrutara, me "invitó" a proceder, a lo que sin lugar a dudas accedí.
Esta vez, el maestro también comenzó a palparme a mis nalgas y, de vez en cuando jugueteaba con mi ano.

El asunto no se quedó ahí, pues no tardó, para mayor sorpresa y excitación, a agacharse detrás mío y ponerse a comérmelo.
Aquello me puso frenético y taquicárdico perdido.

Ante aquella improvisada orgía de cuatro, los jadeos y gemidos de la pareja del 69 fueron en aumento hasta que uno de ellos, que no sé si los dos, se corrió o corrieron sonóramente, desmontándose a continuación aquel 'tinglao'.

El maestro, que debía tener más o menos mi edad, y yo comenzamos a toquetearnos el pecho y los pezones, para seguidamente meter mano a su herramienta, de tamaño y grosor medio, con ligera curvatura y formas definidas.
O sea, la perfección hecha polla.

Y no tardé en agacharme y comenzar a mamar.
Se dejó, suspiró, gimió y jadeó como si se le fuera el alma en ello.
Luego me hizo levantar, me dio la vuelta para palparme bien el culo, haciéndome subir a la colchoneta de la cama donde yo, de rodillas e inclinado hacia adelante, volvió comerme profundamente el ojete.

- Dios, que maravilla ! - pensé, invocando de nuevo al todopoderoso en un ataque repentino de fe.

En un momento, la comida pareció entristecer y volverse un tanto distraída.
Y así era porque noté a la par ciertas maniobras con la mano que no eran sino que se estaba poniendo un condón para follarme.
Nada más puesto, la comida de culo se volvió a acelerar y a recobrar toda su brillante para dejar a punto el agujero bien lubricado, y con un buen saber hacer, me penetró y comenzó a follarme con  un ritmo variado durante 5 o diez minutos, y en que cambié finalmente de posición para ponerme de pie, aunque inclinado hacia delante y que él siguiera follándome hasta correrse.

No me dio tiempo a recuperarme.
Chema que por lo visto estaba allí, al acecho, y aprovechó para clavármela de nuevo y por cuarta vez aquella tarde, hasta el fondo, y fue entonces que el que se corrió en un fluir sin fin fui yo.

Menuda vuelta después de la última experiencia y 42 días de ayuno !.

"Hoy he sudado por todos los poros", dejé dicho en el feisbuc, sin especificar más, pero a buen entendedor...

(Mayo 2016)