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7 de mayo de 2017

Tercer día, y sigue la buena racha





Una vez decidido, salí todo resuelto a encaminarme a la sauna Condal.
Hacia meses que no iba, y creo que ya tocaba.
Un atasco de gente, unos trabajadores de la construcción de unas incipientes obras y la cabeza vete a saber donde y me vi ya a medio camino de la sauna Bruc.

Si precisamente había optado por ira la primera era porque a la segunda iba a ir al día siguiente, pues había quedado con un feisamigo, y no quería repetir la misma sauna días consecutivos.
Aunque por nada especial.

Pero no cambié de rumbo.
La sauna estaba realmente poco concurrida.
Cuatro o cinco tíos dispersos por todo el local, un grupito de seis en la sauna finlandesa, haciendo sus cosillas con más o menos participación de unos que de otros, pero juntos, cosa que si me sorprendió, y otro grupito de cuatro o cinco en el cuarto oscuro, junto al minicine.

Y la tipología, excepto un joven melenas recreándose en la ducha, y un tío blanquito, buenorro y demasiado pasivote, el resto era de una madurez considerable.

Más tarde... mucho más tarde aparecería algún que otro tío, más o menos, interesante.

A los pocos minutos de llegar, entré en el cuarto oscuro, donde seguían habiendo cuatro o cinco tíos, aunque no sé si los mismo que antes.

Un toqueteo, una caricia en el trasero, algún quiero pero no quiero, hasta que finalmente me cogió en banda un tipo bajito, mediana edad, pelo rizado y considerable pollón y unos tremendos huevacos pelados.
Comenzó y siguió con un constante y rítmico pezoneo, debidamente correspondido por mi parte con otro similar, y un buen sobamiento mutuo de polla.
Pero lo que me volvía loco de ese tìo era sus huevazos, así que entre tetilla y pezón, se me escapaba no muy casualmente hacia aquel par de pelotas.
El tío gemía que daba gusto, tanto como el que me estaba dando él con sus suaves, a la vez que contundentes pinzamientos y estiramientos mamarios.

El culo, a ratos, lo tenía muy bien servido, de uno que me follaba con uno o dos dedos, alternativamente, y enérgicamente.

De no haberme controlado, me hubiera corrido en ese momento.
Recordaba el post ”cae un mito” que había escrito hacía unos días, pero no quería tentar la situación.

-¿Descansamos un rato?,- le pregunté casi por... mientras prácticamente ya me estaba colocando el paño y recogiendo la toalla.

Y entonces vino el vacío.
Un largo rato de pausa, más que la realmente deseada.
 Tuvo que pasar casi cuarenta minutos de paseos y aburrimiento, para que empezara de nuevo la acción.

Aunque para ser justo, la palabra aburrimiento no era la correcta.
Lo curioso de ese día, no es que nadie hiciera nada, sino que si había acción y a puerta abierta.
Ví al tío que casi me hace correr, follándose o al menos intentando a uno en las hamacas del minicine, otro tío follándose en uno de los cuartos de la sala egipcia, con dos espectadores más. Otro en otra sala mamándosela a un tipo sentado sobre el camastro...
Acción había, pero no me sentía suficientemente atraído por ninguna de ellas como para entrometerme.

Sólo un tío, de mediana edad aunque poco le faltaba para pasar ese punto crítico a tío mayor, cuerpo bien conservado, peludo y varonil, pollón y claramente vicioso, me llamaba poderosamente la atención.
Pero estaba liado con uno que se la mamaba, y dos moscones que miraban por no intentar algo más.
Llegaba yo donde estaban, quedaba unos segundos mirando y me marchaba.

Pero en uno de esos momentos, que estaban solo él, de pie en el camastro, y otro tipo mayor y gordote mamándole, que me vió, extendió la mano y dijo: ven, entra.

Evidentemente, ni lo dudé.
Y me amorré al pito del porrón que con una amplia sonrisa me ofrecía.

Joder!- Exclamó sorprendido a las primeras churrupadas.
Te debe gustar mucho o has comido muchas pollas para lo bien que lo haces,- continuó no sabiendo yo muy bien si lo decía para comerle el oído, o para decirme que era muy puta.
No me importaba. De hecho, me puso más perro de lo que iba .

El otro tipo no volvió a mamar aquel rabaco hasta que en un breve momento se lo volvió a ofrecer.
Si bien, todo el resto del tiempo se entretuvo a alabar mi mamada, a pajearme, a pezonearme, a sobarme las nalgas y a follarme el culo con alguno de sus dedos, y cuando descansaba, me lo habría como para ofrecérselo a alguno que pasara por allí.

Me decidí a entregarme a aquel macho.
Sus comentarios eran del tipo "que bien me lo haces", “con que gusto te follaría”,"sigue, pero no quiero correrme","menudo pollón tienes también","quiero ver como te comes otras pollas","quiero ver como te follan","menudo vicio tienes","así, así, restriega tu culo por mi polla, date placer" o "vamos a buscar una polla que te folle", etc...
Desde luego hacia que me mantuviera a tope la libido, al limite de querer gritar "follammmmmee de una puta vez, o hazme tu puta y entrégame a quien quieras".

Aunque ya, desde bastante el principio vi, noté y comprobé, que su rabo solo se mantenía duro y tieso, a veces  mientras le mamaba,
El resto del tiempo se quedaba en un considerable amorcillamiento, pero que claramente hacia imposible la penetración.

Por allí apareció en varias ocasiones dos tíos de mediana edad, también uno tio, gordete, fuertote de aspecto inglés y el otro oriental, más bajito, de mediana edad. Lampiños los dos
El inglés con un buen rabo y un par de buenos cojones pelados, activo en tanto que se dejaba tocar y mamar y.el oriental de polla chiquita, más pasivo, pero que mamaba al inglés, y a mi un ratito ( y no muy bien, todo hay que decirlo).
El oriental parecía que fuera a remolque del inglés. Como si no hiciera nada por iniciativa propia sino esperando alguna indicación gestual del otro.

Por un momento pareció que se iban, pero simplemente salieron de la entrada del cuarto.
Allí, tras una orden de mi macho, me puse a mamar largamente la polla del inglés.
La tenía rica, tamaño aceptable y unos huevos gordotes.
Fue cuando este, liberó del paño al otro y me ofreció la minipolla, que cierto es también comenzó a crecer, quedando aún en pequeña, pero más aceptable.

Pero ambas mamadas fueron relativamente breves.
La pseudofollada que me estaba dando mi machote, que obviamente solo eran embestidas simulando la acción de follar, llamó la atención de un par de voyeurs, que se mantuvieron a discreta distancia.
Ambos jóvenes de buen ver, rodando la treintena, miraban ávidos de deseo.
Uno con su discreta barbita sonreía, el otro, de piel clara, buenas curvas y bien pasivo (ya lo había visto yo ofreciendo el culo en alguna ocasión) miraba con espectación y evidente deseo de sustituirme en la acción.
Y eso lo sé porque a mi me pasa.

Cuando inglés y oriental desaparecieron, se acabó el espectáculo y los mirones también marcharon, mi macho sugirió descansar un rato.

Acepté, pero pensando en que se me estaba haciendo tarde
Había perdido la noción del tiempo

Le seguí al bar donde pidió un vaso de agua y quiso invitarme a tomar algo.

No, tío, me tengo que ir, pero ya!.
Faltaba un par de minutos para estar donde debía de estar.
Aunque ya era imposible cumplir.

-Pero de verdad te llamas David- me preguntó todo extrañado.
- Sí, porque te sorprende?- le pregunté.
- Es un nombre que hacia mucho que no oía
- El quedó entonces extrañado era yo, si al fin y al cabo es un nombre de lo más común. ¿De que planeta venía ?, pensé, aunque no se lo dije, evidentemente.
 Me aclaró que no era de aqui, y que estaba de paso.

- Me tengo que ir, tío - le apremié.
Me doy una vuelta, descargo y me largo, que llego tarde.

No me di cuenta que me seguía hasta que llegué a la sauna de vapor.
Una vez ambos dentro, me incliné y me dispuse a mamársela de nuevo, dejándole opción a que pezoneara o me metiera el dedo por el culo.
Al momento entro un tío que no creo llegara a los cuarenta, de buen ver, cuerpo delgado y ligeros rizos.

-Cómesela a él, anda!- comentó.
Dí un paso para delante, le eché mano al paquete, mientras rápidamente se quitaba la toalla y dejaba en exposición, como pude comprobar, su nada despreciable y apetitosa polla.
Fue cuando el otro aprovecho para estimularme digitalmente por el culo.

Y la corrida fue inmediata.
Obviamente, después de tanta estimulación y excitación previa acumulada anteriormente.

Me encontré, de nuevo en taquillas al de los rizos, que fue cuando hablamos con pasmosa naturalidad como si nos conociéramos de toda la vida, cuando lo único que había hecho era comerle el rabo.

Pero me gustó.

(24 Mayo 2016)