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19 de julio de 2017

Una tarde en el sex shop Cupido





Después de estar medio día viajando, no me apetecía en absoluto hacer un esfuerzo más y dar un paseo hasta la Sauna Miguel, que también significaba muy posiblemente estar dando vueltas y más vueltas sin descanso por la misma.
Me conozco.
Opté por acercarme a uno de los lugares que me apetecía conocer en estas minivacaciones, el sexshop Cupido que estaba apenas a 10 minutos tirando largo de mi hotel.

El lugar, casi más céntrico, que sería La Nogalera, imposible, pues se haya en el complejo de enfrente, que salvo en la parte visible, ofrece un aspecto bastante lamentable.
Bien señalizado no tiene pérdida alguna, ubicado justo al lado del Exxxtreme cruising club, con el que de hecho comparte precisamente la parte de cruising. Aunque eso lo descubriría aquella misma noche.

Así pues, entré, compré un poco de lubricante que necesitaba, que me costó 6 euros, y por otros 6 euros, la entrada a la zona de los pecados inconfesables.

Básicamente el local es la zona de sexshop propiamente dicha y detrás de una puerta, la zona de cruising, que son dos pasillos que, a banda y banda, hay repartidas varias cabinas, con su asiento, monitor de video y rollo de papel para limpiarse si uno se ensucia, una estancia de forma irregular con otro video y sofá, y una sala grande, con sofás a tres de los lados, una gran cama en el centro de la habitación, al modo de la Big Sex Room de la sauna Bruc de Barcelona, pero con una pantalla de cine que ilumina el lugar.

La concurrencia, en aquella tarde de entre semana no era muy alta, si bien desconozco lo que suele ser lo normal en ese local y en ese día.
Seis, siete personas desfilaron por allí en la hora y media que tal vez, más o menos, que estuve.
Gente normal, de aquellas personas que pueden pasar perfectamente por heteros y buenos maridos de sus respectivas esposas, y que se permiten una escapada para un desahogo.
Andando entre los pasillos y pasando por las salas no parecía que fuera a ocurrir nada, aparte de miradas no muy claras, entre curiosidad y deseo.

Nada más meterme en una de las cabinas, dejando la puerta bien abierta, el pantalón desabrochado y sacando la polla fuera para ir dándole gusto, se paró delante uno de los tíos que, tras la típica duda inicial, acabó sacando también su eréctil miembro que me dispuse enseguida a contentar.

Sin embargo, la mamada no alcanzó tal categoría, quedando en un sorbito, ya que en apenas 30 segundos se marchó apresurado.
- O lo he hecho muy mal o le ha entrado cargo de conciencia por engañar a su mujer- pensé.
Pero no le dí mayor importancia.
Seguí sentado continuando con lo mío.

Al poco, otro tipo, maduro fornido de buen ver y anillos en los dedos, se sentó en la cabina de enfrente, se descamiso y bajó los pantalones, en una situación casi de reflejo de como yo estaba.
- ¿Era un desafío para ver quién se llevaba el primero que pasara por allí o era una invitación a que me acercara a mamársela yo? - me pregunté.

No quise eternizar la duda, y recogiéndome los pantalones con una mano, pero con todo al aire, me levanté y dí los tres o cuatro pasos que nos separaban.

Le toque el bien formado y liso pecho, y luego, al no dar muestras de rechazo, el erecto y desafiante miembro.
Dos segundos más tarde, me encontraba arrodillado frente a él, mamándole, en todo un acto de pleitesía.

- Anda, levántate- me dijo bastantes minutos más tarde, con acento extranjero pero en español bien aprendido - te vas a hacer daño en las rodillas.
- No te preocupes, estoy bien- le contesté.

Sin embargo, me incorporé, cosa que aprovechó para darme un sorbito, luego se levantó y me hizo sentar, para poder yo seguir dándole gusto a su cipote.

- Paramos a descansar un rato- intervino al cabo de otro buen rato.
Resignado, asentí.

Dí una vuelta, y otra, y otra más, como siempre pasa en estos lugares, y todo permanecía inmutable.
Uno sentado en el sofá mirando el vídeo y esperando polla, otro de pie al lado, queriendo que se la comieran, pero sin acabar de ofrecerla.
Uno paseando, otro en una cabina, todos dudando.

Paré de nuevo en una cabina durante un rato, pero esta vez sin resultado alguno.
Fue cuando cruzaba en corto y oscuro pasillo entre la zona de cabinas y el minicine, que bien podría hacer, si no ya lo hace, la función de minicuarto oscuro de paso, cuando vi entrar al del primer sorbito, que tras pasar a mi lado se quedó quieto al fondo, tal vez esperando a una reacción mía o al del que, aparentente le seguía que no era otro que el de la buena mamada, que también se quedó quieto, este enfrente mío, esperando.

Otra vez me tocaba desentrañar las dudas.
¿Se buscaban entre ellos, o al verme justo en ese lugar esperaron a ver que pasaba?.
Pues les eché mano al paquete de ambos a la vez.

Y ambos a la par se desenfundaron los pistolones, en el momento justo que un tercero corría la cortinilla, entraba y a ver el panorama decidió imitar a los otros dos.

Tenía de repente tres pollones a mi entera disposición.
Bueno, realmente eran dos los grandes cipotes, pues el del último que entró, estaba más en la categoría de polla estandart, en cuanto a tamaño, pero calidad extra en cuanto al gusto y tacto, como bien iba a comprobar.

Me turnaba lo más equitativamente entre los tres, y las pollas que no eran en ese momento atendidas bucalmente, lo eran manualmente.

Tres es un número perfecto.

Entre ellos no hacían mucho. Se limitaban a dejarse hacer por mí, y ver lo que iba haciendo.
Cuando alguno se sentía desatendido, dirigía mi cabeza hacía su lado.

Hasta que llegó el momento que el pollón del primer sorbito, se retiró bruscamente como si se corriera, y el de enfrente, casi coordinadamente se corría sobre mi mejilla izquierda.
El tercero, el de la polla más rica seguía pajeándose, y cuando vi que al segundo le dejaba de manar la leche, de nuevo le atendí para ver si también se corría.
Y aunque el no, yo sí me desparramé abundantemente por el suelo.

- Pues yo no me he corrido!, dijo el tercero con tono apenado, cuando me incorporé.
- Yo tampoco - dijo el primero, para sorpresa de todos.
- Yo sí - sonó a la par la contestación del segundo y la mía.
- Pues vaya, Y ahora qué?- dije un tanto simuladamente fastidiado.

Si no me hubiera corrido, tal vez podría haber ocurrido un bukakke a tres bandas.

No obstante, salí satisfecho de aquel primer encuentro.
Para empezar no había estado mal.

A la primera noche, le faltaban solo unas horitas por llegar.


(Continuará)


7 comentarios:

  1. La imagen de las 3 pollas juntas me ha puesto cachondo. Jeje

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  2. Que bueno un tio para tres pollas, uno de mis sueños Perrete, y tu lo has vivido.Te felicito. Una curiosidad de huevos iban bien calzados? Iban depiladitos o con vello? A mi me molan con algo de vello.
    Mi boca se ha hecho agua.imaginandote.
    Sigue asi mi feisamigo Perrete

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    1. Gracias...
      Como te decía por el feis, los sueños están para intentar realizarlos.
      Sobre los huevos no te sabría decir. No lo recuerdo especialmente, excepto el del medio (el de la mamada anterior en la cabina) que los tenía bien proporcionados y lisos.
      De los otros dos, posiblemente también proporcionados y tal vez con poco pelo. En cualquier caso, de lo contrario seguro que me acordaría.

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  3. Me encanta y envidio tu decisión. Como siempre

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