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30 de agosto de 2012

El primer día (Por la tarde)




Ortuño era lo único que tenía claro.
Pero era José Ortúño, Sargento o General Ortuño ?
Llevaba más de media hora dando vueltas por el centro y no conseguía dar con la calle.
Sabía que era una calle larga, dirección mar-montaña, y que salía de la zona vieja, no demasiado transitada, al menos esa fue la sensación que me dió cuando días atrás eché una ojeada al StreetView de Google.
Pero ocurría que tampoco me acordaba del número del local. Recordaba que habían dos calles Ortuño y no me atrevía a preguntar directamente a nadie por la sauna que buscaba.
Pillar un lugareño y que lo supiera se me antojaba harto difícil.
Al final dí yo solito con la dichosa calle, Ni José, ni Sargento ni General, ni pollas en vinagre. Tomás Ortuño, así de simple.
Pero lo que más rabia me daba es que había pasado varias veces por esa calle, y no había encontrado el letrero que así lo indicara.
Ahora faltaba encontrar la sauna.
Recorrí la calle un par de veces entera, bueno... hasta poquito más allá donde se ensanchaba. Y no la encontraba.
Nada que dijera claramente sauna, o simplemente el nombre, H2O.
Aquello se estaba convirtiendo en una pesadilla.
Y si con tantos nombres de locales, calles y números que había visto recopilando datos, los haya cruzado todos, y ahora realmente no supiera que estaba buscando?.
Opté ya en última instancia por dejar fluir la intuición y buscar alguna entrada discreta y anodina susceptible de poder ser una entrada a algún local.
Y tras una puerta blanca, sin más que el número de la calle y un pequeño cartel similar al que encabeza el post, la encontré.
- Entra,- se oyó decir por el interfono cuando piqué.
Me quedé un poco parado cuando me encontré sólo ante una larga barra de bar.
Al momento salió un señor.
-Sona?-, me preguntó con una "s" sonora, al tiempo que yo arrugaba la nariz ostensiblemente en vista que no entendía lo que me preguntaba.
-Sona?-, le devolví la pregunta.
-Sona? Sapatillas?, volvió a interrogarme, y fue cuando le entendí.
Es lo que tiene venirse a un país a trabajar sin tener idea del idioma, o lo que es peor, sin mostrar interés alguno en aprenderlo y/o usarlo.
Bien me podía haber construido una frase con su sujeto, su verbo y su predicado, aunque hubiera sido en plan indio, sin necesidad de conjugar, pero parece ser que eso es mucho pedir a un anglófono de la lejana Albión.
Le dí el número de "sapatillas" para entrar en la "sona", a la par que pagaba la entrada.
Y me dió a cambio una llave, y dos gestos.
Uno indicando que las "sapatillas" estaban en la taquilla ( la primera vez que me pasa) y otra mostraba un cartel que decía que, hasta no recuerdo que fecha, cerraban a las 7 de la tarde.
Mecagüentossusmmm... Y se publicitaban que cerraban a las 11 de la noche.
No necesita apurar tanto, pero tan poco, tampoco, considerando todo el tiempo perdido en la búsqueda.
Así que apenas tenía algo más de una hora.
Cuando había planeado que saldría a buena hora para buscar un sitio para cenar, resulta que sería a la hora de merendar.
Apenas cinco minutos después de haberme cambiado y duchado, ya me estaban follando, y si bien no fue espectacular en sí, me sirvió para purgarme el mal humor que estaba acumulando.
Si, si... aún no había acabado de hacer la inspección de la sauna para saber de sus instalaciones. (Ver breve descripción en el post: "Bears Bar, Lovers, H2O,...")
Siguiendo las agujas del reloj, me metí primero en el pequeño cuarto oscuro. Tanteé un cuerpo. Siguieron  unas caricias.
En eso que alguién tanteó por detrás mi culo. Luego el ojete.
Oí en mi oido un susurrante... "te voy a follar", y el rasgar de envoltorio de un condón. Una pausa. . Toqué el miembro. Me aseguré de la funda. De sus dimensiones. Visto bueno. Mejor dicho, tacto bueno. Un poco de crema. (Me encanta la gente bien preparada). Un empujón. Me dejé hacer. Me folló... y me dió las gracias.
- Gracias a tí-, respondí, - y ahora voy a seguir investigando la sauna, que no me has dado tiempo-, dije ya riendo.
Y salí.
Realmente no había nada más por descubrir. Sauna seca, sauna de vapor, cuarto oscuro y dos cabinas estaban en aquel rincón. Y el jacuzzi y otro par de cabinas las había visto al pasar.
Aparte de una breve mamada en la sauna de vapor hasta que alguien le dió a la luz, no sucedió nada más, pues apenas quedaba gente, tres o cuatro turistas despistados como yo.
Me entretuve una rato en el jacuzzi, por hacer un poco de tiempo.
Quince minutos... y me fuí.

A pesar de las dificultades de encontrar la sauna, la poca gente y el poco rato que estuve, marché contento del polvo express.
Me sorprendió lo bien que dilate, y ese punto de self-service tuvo su gracia.
Quien no se conforma...

22 de agosto de 2012

De "La primera noche", Julio y a día de hoy.


Tal como respondía a un comentario que me hacían sobre el tío de los post de "La primera noche", debo decir que tengo un buen recuerdo de él.
En ningún momento estuve a disgusto, sino más bien lo contrario.
Eso sí, un poco confundido, entre la profunda atracción física que me despertaba, moreno, con su barbita corta, cabeza rapada, buena pechera, ricos pezones y muy buena tranca y sus insinuaciones o proposiciones morbosas que no llegaban a materializarse de la manera que yo me pensaba.
Si bien era quien dirigía, le faltaba ese punto dominante que le hubiera ido como anillo al dedo, tanto a él, como a las situaciones.
Lo pasé estupendamente, viviendo a conciencia cada instante de la noche.
Y no me arrepiento de haber dejado en ese punto la historia, pues hasta ese momento había ido bien.
Aceptar ir a su casa no me garantizaba, por la experiencia, un morbo añadido, pues tenía claro que no quería que me follara (Al menos esa noche... Si se hubiera dado el caso o probabilidad que hubieramos podido quedar entre semana, tal vez), y dudaba mucho, muchísimo que al no haber visto señales claras de tío Dominante, me hubiera salido de esa guisa al llegar a su casa.
Y me apetecía más despertarme en mi hotel, que vete a saber donde de una ciudad (o alrededores ) que no conocía nada. Esto es pura pereza, lo sé.
  
Una cosa que me sorprende es que no me esperaba que aquella primera noche me diera para 4 posts.
Y aún  me queda por contar los 5 días siguientes !!!.
Como mucho, creía que iba a ser 1 post por día, excepto el último, del cual tendrían que haber salido 3.
Pero ahora... a saber !!!, pues apenas están los apuntes y notas que al día siguiente escribía.
Aún con el poco tiempo que he tenido para escribir, pensaba que como mucho a principios de agosto ya habría acabado, y resulta que estamos en el último tercio del mes, y casi no he "contao ná" !!!.

Pero bueno, todo se andará.
Una cosa sí que ha cambiado, y es que, POR FIN, de nuevo puedo disponer completamente de mis tardes.
Tardes que, en vez de aprovechar para escribir lo retrasado, he perdido yendo tres veces al Arenas. Dios me pille confesado !!!.
A ver, perdidas no han sido, pero raramente aprovechadas.
Me explico.
En este último mes y medio, después de volver de mi semana loca, a pesar de no disponer de tiempo suficiente, fui en tres ocasiones al cine, pero dedicando a cada salida, la mitad o menos del tiempo que suelo dedicar cuando voy, o sea, unos 40-45 minutos, con la esperanza, como a veces ocurre que en los primeros minutos, incluso a veces antes que se me acostumbre la vista a la escasa luz, de tener un buen encuentro rápido y satisfactorio.
Lo normal cuando llega a ocurrir esto, y ya digo que sólo sucede en algunas ocasiones, no suelo llegar hasta el final. Vamos... que no me corro.
Me reservo, descanso, y busco una segunda parte, hasta la hora de irme.
A veces resulta frustante esa búsqueda, y lamento no haber terminado corriéndome en la primera sesión.
Otras veces, por el contrario, vale la pena haber esperado.
Pero estas veces que no tenía tiempo para varias partes, y me "urgía" un dale que te pego rápido, no surgió nada.
Tiempo pérdido. Dinero pérdido.
Y en estos días que ya he podido ir con más tranquilidad y tiempo, en la tres ocasiones que me he dejado caer por allí, paradójicamente había acabado todo en  la primera media hora.
Todo lo interesante, quiero decir, porque como comentaba, luego buscaba, después de la pausa, una segunda parte y no hubía manera de encontrar nada placentero.   
  
También me acerqué a la sauna Nova Bruc, un día que iba hecho unos zorros, de desarreglado y poco pulido, y también, apenas 50 minutos.
La primera media hora... sólo miradas, pero cuando me metí el último ratito en el jacuzzi ...

Pues eso... que ya estoy de nuevo dando guerra, pero con estos tremendos calores de estos últimos días y las calenturas perrunas propias, sólo mover el rabo ya me agota.

18 de agosto de 2012

La primera noche - 4ª parte y última (En el Bears)



Y que se suponía que debía contestarle?.
- Sí, pero sólo si lo me ordenas?-, pensé.
Claro que me atrevía a colocarme en aquel artefacto, con las muñecas y la cabeza aprisionadas, quedando esta a la altura de cualquier polla dispuesta a  ser mamada.
Y aún más morbo tendría si me pusiera un pañuelo en los ojos para no ver las pollas a las cuales tuviera que satisfacer.
Otra cosa sería que, una vez puesto, la cabeza no quedara demasiado inclinada hacia abajo, o el madero superior me impidiera moverla o limitara el vaivén de la misma al mamarla.

Me había propuesto follarme en aquella incómoda, pero morbosa posición sobre aquel taburete del Lovers, que acabó en nada. Me había "retado" a que mamara su viril miembro delante del público del Bears, pero lo hicimos en varios de los rincones de la zona de cruising y cuarto oscuro, y sin dejar por su parte de la participación de terceros.
Ahora me tanteaba para ver si me atrevía a colocarme en el cepo, pero sin llegar a incitarme a ello, ni mucho menos ordenarme nada.

Mientras inspeccionaba, acariciando la madera, con las manos le respondí afirmativamente, pero dejando el sí en suspenso, dejando la frase inacabada.

No sé si ello le sorprendió, o le incomodó, pero cambio de tercio, y comenzó a preguntarme sobre mi estancia, los días que iba a estar, si venía sólo o no, donde me alojaba, etc...

No habiamos acabado las cervezas, que me agarró de nuevo de la muñeca y me llevó escaleras abajo, donde continuamos con las mamadas en los diferentes rincones ya conocidos, aunque esta vez no durante mucho rato.

- Me voy a ir ya -, dijo en un momento determinado.
- Si, yo también. Ya va siendo hora.
- Te vienes a mi casa? -, preguntó, para mi sorpresa. No sabía si eso suponía un nuevo desafío.
- No -, le contesté, sin dudarlo, y esta vez, para sorpresa suya.
- Es tarde y estoy cansado. Llevo levantado desde las 5 de la mañana, y he bebido más cerveza de la que estoy acostumbrado-, le argumenté.
- De verdad que no?, insistió, aún sorprendido.
- No, no. No insistas -, dije arrugando las cejas y enfatizando en el rostro las muestras de cansancio.

Si antes con sus claras propuestas no habíamos llegado a nada más que a unas estupendas mamadas, eso sí, no veía yo muy claro que con un simple "te vienes a mi casa? " fuera a resultar algo extraordinario.
Pero aunque me hubiera dicho:"Quieres que te folle allí" o "Te follaré a saco", no me habría convencido, pues si algo tenía claro es que no quería que me follara esa enorme polla. Al menos ese día, pues llevaba acumulado muchos días de desentreno.
Si me hubiera dicho algo como "te ataré, serás mi perrita y harás lo que te diga", tal vez me lo hubiera pensado un poco más. Pero no fué así.

- Acompáñame hasta la puerta de mi casa?-, insistió.
- Que no!-, dije, a la vez que pensaba que, estar en el portal de su casa y no subir una vez allí, con lo voluble que soy. Vamos, no hubiera podido resistir la tentación. A lo hecho, pecho, y pa' rriba.
El tío me gustaba, sin dudarlo, pero prefería dejarlo así, y mantener el buen recuerdo de la noche.
Sus ojos aún mantenían la misma chispa y mirada lujuriosa de primera hora.

No sé porque le pregunté si vivía muy lejos de allí.
Eso parecía una pequeña señal de debilitamiento por mi parte. Como si tanteara que el hecho de tener su casa cerca o lejos fuera a hacerme cambiar de opinión.
- De aquí, un poco, Y en sentido contrario a donde tienes el hotel. Tendrías que volver en taxi,- me explicó.
Y, entonces, aún me ratifiqué más en mi decisión.
No conocía nada de la ciudad. Llevaba solo unas horas. Había llegado al centro, después de una buena caminata, y más bien por intuición. No tenía muy claro el camino de vuelta, aunque había ido tomando referencias visuales.

- Oye!, Si quieres nos podemos quedar aquí, por la noche, entre semana-, le propusé.
- No salgo entre semana-, respondió.
- Acompañame aunque sea sólo hasta el McDonalds,- insistió por última vez.
Le negué con cabeza, con firmeza, pero también con cierto pesar.

En la barra, recogió la riñonera que había dejado al camarero, y nos despedimos.
La chispa en su mirada se convirtió en tristeza.
Salió.

Me quedé un rato más, para apurar la última cerveza.
Me dí cuenta que se había llevado el poppers.
Y aunque casí vacío y muy desbravado, al menos se llevaba un recuerdo de mí.
Marché.

Apenas cinco minutos después, pasaba por delante del McDonalds.
Me dió pena, pues tampoco estaba tan lejos, y eso sí, me pillaba, por lo visto, camino de mi hotel.



12 de agosto de 2012

La primera noche - 3ª parte ( En el Bears )


No me costaba ningún esfuerzo imaginarme mamándole la polla en medio de la gente.
Si lo he hecho en otros lugares, con otros, no veía impedimento para no hacerlo en ese local en que nadie me conocía, con ese pedazo de tío.
No especificaba si se refería en la barra del bar, en algún apartado o en zonas oscuras. Así que en principio no tenía ninguna objeción.
Salimos del Lovers, aún con muy poca gente.
Aprovechó para fumarse un cigarrillo camino del Bears Bar, aunque apenas le dió tiempo a encenderlo, pues en poco más de cuatro pasos habíamos llegado.
No obstante, esperamos en la puerta.
- Y de donde eres?, - preguntó, entre calada y calada.
- De Barcelona, y tú?,- contesté y aproveché para continuar la conversación.
- País Vasco,- contestó sin especificar más, - Y ahora sé donde aprendiste a mamarla tan bien-, insistió en su afán de saber, afirmando y convencido, mientras esbozaba una sonrisa al ver mi cara de perplejidad.
- Del BerlinDark o del OpenMind, me equivoco?- inquirió.
No pude, por menos, que echarme a reír.
- Jajaja, Ya me gustaría. Qué pasa !, Es que doy el perfil de mamón de alguno de esos sitios ?,- continué sin dar opción todavía a que me contestara. - A ver, al BerlinDark he ido sólo un par de veces, pero al OpenMind, ninguna. Y básicamente por mis horarios imposibles, sino, probablemente sería asiduo de ambos.
- Yo trabajé allí,- dijó, aún sin concretar si en Barcelona o en uno de esos locales.
Entramos, y a la par que dejaba su riñonera, pedimos dos cervezas.
- Pues yo te conozco -,afirmó,- de la sauna Condal, ¿puede ser?.
- Hombre, de ahí ya no te digo que no rotundamente, porque alguna vez he ido. Este año tres veces, en tres semanas consecutivas, pero que... bueno, el resto, un par de veces al año, como mucho. O sea, que realmente sería difícil que hubiéramos coincidido. Pero, a ver, posible es, pero poco probable-, le contesté.
Daba la sensación que quisiera rebatir expresamente todos sus intentos de querer recordarme de algo.
Y viendo que por ahí no se salía, preguntó: Por cierto, como te llamas?.
Ahí le mentí.
- Y tú? , le pregunté en mi turno.
Mikel. (Bueno, la verdad es que fué decirmelo y olvidarme totalmente. Y luego no se lo volví a preguntar). Así que ese nombre ya me sirve para recordarlo.

En cualquier momento esperaba que se abriera la cremallera del pantalón y se la sacara para yo poder mamársela en público, tal como me había sugerido hacía unos pocos minutos antes.

Sin embargo, me cogió de la muñeca y comenzó a caminar hacia las escaleras que bajaban al nivel inferior.
Yo no podía hacer otra cosa que seguirle.
Bajamos y llegamos a la zona de "juegos", con un sling y una Cruz de S.Andrés, seguido de la zona más oscura, de pasillo y jaulas. (Leer breve descripción en el post: Lovers, Bears, H2O,... ).
Bien agarrado, me llevó hasta el último rincón y allí, en la penumbra, en medio de otras sombras, se sacó su majestuoso miembro para que le rindiera los honores debidos.

Y así comencé toda una serie de breves, aunque intensas mamadas.
Serie breves, en tanto que, apenas estábamos quietos unos minutos en algún rincón.
Andábamos cambiando de sitio todo el rato. No sabía porque de esa inquietud.
Se bajaba la cremallera, acompañaba con su mano forzando mi cabeza hacia su polla, le mamaba un rato, aspiraba poppers que le había dejado, seguíamos, me hacía parar, se subía la braqueta, me agarraba del brazo, me llevaba a otro rincón, y vuelta a empezar.
Tal vez esperaba que algún otro se añadiera, yo sí, lo confieso, pues añadiría morbo a una situación, lugar y tío morbosos. Y que caray!, me gusta compartir, pero casi no daba tiempo para un acercamiento, o quería verme como se la mamaba con diferentes intensidades de luz y sombras.
Si bien de vez en cuando me dejaba disfrutarla y relamerla a mi aire, normalmente era él quien marcaba el ritmo, hundiéndome tu enorme tranca hasta el fondo de la garganta.
Un perfecto ejemplar para disfrutar de una fantástica mamada, pero que había descartado para follar, en caso que se diera la oportunidad.
Llevaba muchos días sin ser follado, el tamaño y sus modos, un tanto bruscos, no me daban la tranquilidad y garantía para disfrutar de una penetración en condiciones.

Descansamos un rato, y subimos al bar a tomarnos otra cerveza.
Allí, en un rincón, me señalo una picota de madera (Dispositivo medieval de madera para la exhibición y humillación pública, que mantenía inmovilizado al sujeto en cuestión por muñecas y cabeza), y acto seguido me preguntó:

- Te atreves?-.

(Continuará)

1 de agosto de 2012

La primera noche ( En el Lovers - 2ª parte )


Salí de la zona de cruising y me pedí de nuevo una caña en la barra del bar.
A pesar de los dos poco estimulantes "roces" que ya había tenido, aún quedaba mucha noche por delante, así que, con las piernas aún temblando, decidí de nuevo aventurarme tras las cortinillas en la búsqueda de aquel machote, no tanto con la idea de liarme con él, pues me parecía imposible, sino por el gusanillo de comprobar que estaba haciendo y si se repetiría aquella mirada, o había sido sólo producto de mi imaginación.

Y allí estaba.
Sentado en el taburete, con una botella de cerveza en la mano, descamisado, mostrando su varonil y peludo torso, con los pantalones tejanos medio bajados, una pierna apoyada en el travesaño del asiento y la otra colgando, y un tío comiéndole uno de sus tiesos pezones.

Tenía el corazón acelerado de ver aquella hermosa estampa digna de la mejor fotografía de revista erótica gay, cuando su mano y sus ojos se coordinaron para decirme "ven".

El chumba-chumba que sonaba y retumbaba en mis oidos, poco a poco fue desapareciendo, de la misma manera que mi campo de visión. El entorno comenzó a desfigurarse, emborronarse y a desaparecer, quedando sólo dos ojos, una mano y una grande, hermosa y vigorosa polla.
La música que taladraba mis oidos, por su parte, iba siendo sustituida por una letra y notas lejanas, que en un lento in crescendo, comenzaba a sonar en lo más profundo de mi corazón, hasta que todo lo que oía era:

"Si tú me dices ven, lo dejo todo
si tú me dices ven, será todo para ti.
Mis momentos más ocultos,
también te los daré,
mis secretos que son pocos,
serán tuyos también..."

Estaba siendo obra del rechonchete y pasteloso Cupido, que con sus flechas me atravesaban el corazón, o era tal vez el efecto de la primavera con unos meses de retraso?. O tal vez era culpa de algún desajuste en los midiclorianos que querían arrastrarme irremisiblemente al lado oscuro de la fuerza, al abismo de los placeres ocultos y  a la pasión desenfrenada?.

Fuera lo que fuese, ahí estaba él, indicándome que me acercara y esperándome con su morbosa y lasciva mirada.

Mis labios fueron directamente a su duro pezón libre, mientras mi mano derecha comenzó a acariciar su erguida polla que miraba altanera hacia el oscuro techo.
Un leve sonido de placer salió por sus labios, y una decidida mano empujó suavemente mi cabeza para que mi boca sustituyera las caricias que, con mi mano, alegraba su virilidad.

Grande, de tacto duro, piel de textura suave y gusto dulce apenas me cabía entera en mi boca, pero aún así me esmeré en hacerla mía.

- Como es que la mamas tan bien?-, fue lo primero que preguntó en mi primera pausa para mirarle a los ojos y ver alguna señal de aprobación.
- Pues no sé que decirte-, contesté titubeando, por no contestarle que me chiflaba mamar pollas como la suya de machos viriles como él.
Incluso debería haber añadido el término "dominante", pero eso aún estaba por ver.
Y antes que me hiciera otra pregunta que me dejara como tonto, o como puta, seguí a lo mío.
Tampoco me importaba mucho, pero bueno.

Pero al poco rato, insistió:-¿ Donde has aprendido a mamarla?.
- Soy autodidacta -, le contesté esta vez con más decisión, intentando calmar su curiosidad.
No le podía decir que había un cursillo de formación de mamador profesional, ni un curso por correspondencia con clases prácticas semanales con universitarios voluntarios porque ni era verdad ni se lo hubiera creido. Qué esperaba que le contestara?. En fin...

Mientras alternaba pezón y polla, intercambió unas palabras con el otro tío que no llegué a entender, pero el resultado fue que se marchó al momento, quedándome sólo con él.

Bajo del taburete y me pidió que me subiera yo.
Lo hice, no sabiendo muy bien que se proponía. Desde esa posición, como mucho, morreo.
No tardé en descubrirlo, pues, sin saber como, me encontré sentado en el taburete sobre mis riñones, la cabeza apoyada en la pared, mi trasero al aire sobre su polla desnuda y mis piernas sobre sus hombros.
Vamos, en una posición tan harto incómoda, como morbosa, pues de haber tenido los pantalones bajados, y cosa rara que no los tenía, me la podía haber clavado directamente hasta la garganta, en un visto y no visto.

- Quieres que te folle así?-, dijo echado sobre mí y a escasos centímetros de mi boca, mientras sus ojos echaban chispas de lujuria.

Lo primero que pensé es que me iba a dar un infarto allí mismo, perdería el equilibrio, caería a plomo y me desnucaría.
Fuera por el corazón o por el cuello roto, de ahí no salía.

- Sí -, le contesté, pero haciéndole ver que le postura era un tanto arriesgada.
Se incorporó, liberándome de tan forzada posición.
- Conoces el Bears?-, preguntó.
- No, no he estado nunca, básicamente porque acabo de llegar, y no conozco nada de la ciudad.
  De hecho, casi ni sé cómo he llegado hasta aquí.
  Pero bueno, si me suena de haber leído algo y sé que está aquí mismo. Lo he visto al pasar -.
Inhabitual larga respuesta en mí, que bien se hubiera podido contestar con un simple "no".

- ¿Vamos y me la chupas allí en medio de todos?, Te atreves ?-, preguntó y propuso al mismo tiempo.
- ¡Vamos ! -, le contesté.

(Continuará)