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24 de noviembre de 2021

Sauna exprés

 



Jueves, 19 de agosto, 18.10 p.m. Estoy en el centro de la ciudad, concretamente esperando que la mujer de la limpieza de los lavabos de El Corte Inglés me deje pasar para mear. Me urge y llevo casi diez minutos esperando. Pero si me muevo de allí, me lo hago en los pantalones. Ella no parece tener prisa.

Hace un rato estaba buscando un regalo que comprar. Pero no he encontrado nada que me llamara la atención. No disponía de mucho tiempo para ello, y ahora me ha surgido esta urgencia, por la que estoy perdiendo más tiempo del disponible y deseado.

Y a las 19.30 he quedado que estaría de vuelta en casa.

Me agobia el calor, me agobia la urgencia de tener que comprar algo sin saber que, me agobia la multitud de la calle, y eso que siguen faltando los miles de turistas que pululan por la ciudad en verano. Estamos en plena quinta ola de la pandemia del covid-19.

Me agobia haberme comprometido a estar de vuelta a una hora concreta.

Salgo por fin, aliviado. Miro la hora. Son las 18.20. Me quedan 70 minutos; media hora de vuelta y cuarenta minutos para seguir buscando.

Sólo pensarlo me angustio más.

Bueno, tal vez exagere, pero la perspectiva de dar vueltas como pato mareado y saber que volveré con las manos vacías, no me hace ni puta gracia.

-¿Cuarenta minutos?- pienso -¿Y si... me acerco a la sauna?
-¿Porque no? - En cinco minutos llego, media hora de puteo y cinco minutos para volver a vestir y marcharme.

Nunca habré estado tan poco tiempo, Sería una sauna exprés.
Y me apetece. Puede parecer contradictorio pero una sauna en pleno verano, te deja como nuevo, aunque me intención no es precisamente tomarme una, sino liarme con algún saunero. Para que mentir.

Tengo dudas, pero me tengo que decir ya.
Y opto por ir.

Me toman la temperatura. 36.3ºC.
Pago los 12.8 euros de la entrada, cojo las zapatillas que me dan y las llaves de la taquilla donde encontraré la toalla y el paño.
Nadie en los vestuarios.

Me enfado con la báscula. Hoy no es mi amiga. El verano pasa factura y ella no me engaña.
Paso de putivueltas y voy directo a la ducha a quitarme el sudor del cuerpo.

Mientras me ducho, no veo mucha gente, pero sí más de lo que me esperaba.
Me seco ligeramente por encima, pero hoy sin entrar en la sauna seca, como suelo hacer habitualmente. 
Ni en la sauna de vapor para cotillear si hay alguien.
Tampoco me fijo como está la piscina y el jacuzzi.

Camino de las cabinas y zonas de cruising varias (minicine, cuarto oscuro pequeño y grande y sala egipcia) veo a media distancia un tipo con su toalla bien enfundada alrededor de la cintura, su mascarilla como todo el mundo y un sombrero.
¡Con un sombrero en su cabeza!.

En la calle no habría llamado la atención, pero dentro de la sauna, sí. Obviamente.
He visto cosas llamativas, como alguien con fular, lencería, bañador, tanga, máscara, gorra, pero no con un sombrero.
Alguna vez tenía que ser la primera.

Veo que sus ojos me sonríen.
No sé si por mi cara de sorpresa, por si me conoce o si le gusto.
No me paro en averiguarlo.

Sí me detengo unos segundos en la cabina Sitges.
Pero para mi decepción, el sling sigue desaparecido.
Tampoco tengo hoy tiempo para disfrutarlo - pienso.

Todo está más o menos igual que hace un mes.
El lubricante en las cabinas también sigue ausente.
Hoy no habrá folleteo, salvo alguien venga más preparado que yo.

Voy ya directo al cuarto oscuro grande, lo que antes estaba indicado con un letrero como "Big Sex Room" aunque estoy convencido que no voy a encontrar a nadie.
De camino, en la Sala Egipcia, un tipo alto y delgado me mira como paso, y por el rabillo del ojo, veo que me sigue.

Entro al cuarto y me siento en el sofá a esperar al tipo que me sigue, si es que no se ha arrepentido subiendo las escaleras.

Han pasado unos segundos hasta que la cortinilla se mueve y entra el tipo.
Se para delante mío, y solo tengo que extender la mano para palparle el paquete que ya tiene medio a punto.
La palpación es blanda, pero en fase de endurecimiento. Se quita el paño que rodea su cintura y protege su hombría.
Mejor así.

Da un paso al frente para facilitarme los tocamientos.
Me apresuro a endurecerle el miembro iniciando una suave masajeo manual.
Y que placer sentir palpitar y crecer la polla de un tío - pienso - cuando me la introduzco en mi boca.
Él se deja hacer.

Tiene un buen pollón, sin ser exageradamente grande, pero en el punto de dudar si sería apta para follarme en una situación normal, Hoy tiene poco de normal.
Todavía tengo el culo desentrenado y no hay ni condón ni lubricante disponible. Aparte, no me puedo entretener demasiado.
Pero es perfecta para una buena mamada. Dulce, de textura suave y no causa ahogo en boca.

Paseo mi lengua por su glande, presiono suavemente con los labios, succiono con la boca.
Alterno el recorrido de la lengua, varío la presión y el ritmo.
A ratos acelero. En otros, ralentizo.

Entran dos tíos en el cuarto. Posiblemente uno seguía al otro. O tal vez no.
Se acercan al sofá donde estoy sentado mamando. Se quedan mirando, cosa que no me molesta.
Quizás sean solo un par de voyeurs que disfrutan poniéndose caliente solo con observar lo que hacen los demás o, a lo mejor, quisieran intervenir en nuestra acción y no sabe como empezar.

Buen comienzo es, desde luego, situarse lo suficientemente cerca de nosotros para que uno pueda alargar la mano, para tocarles y darles señal de que participen.
Pero no parece ser la intención de mi partenaire que, enroscándose de nuevo la toalla en su cintura, se marcha dejándome la boca a media mamada.
Con él, siguiéndole, también marcha uno de los recién entrados.

Me quedo solo con el otro tipo.
Se queda cerca, pero tengo que alargar todo el brazo para poder sobarle el paquete.
Este es largo, frío y blando. Cuelga sin vida aparente.
Pero el solo roce hace gemir a su dueño.
No sé si será por la sorpresa de haberle metido mano o porque es muy sensible
 
Pronto lo descubro.
Con cada ligero movimiento de mi mano, muestra una sobreactuada excitación y gime sonorosamente.
Pero no hay reacción de su polla, que sigue lánguida e inerte.
No me excita ni me seduce el momento.
Salgo.

Doy una vuelta para estirar las piernas y comprobar la hora.
Aún me quedan 10 minutos.
Mientras vuelvo al cuarto, de camino por la Sala Egipcia veo de nuevo al tipo alto que se la mamaba.
Y procede de la misma manera.
Me sigue.

Esta vez no tengo más que sentarme en el sofá para que el mismo me ofrezca su pollamen, ya liberado de la toalla y en perfecto estado de dureza para continuar la mamada allí donde la dejamos.

Esta vez me va acariciando la cabeza.
También, mientras le mamo, baje lentamente la mano en otra suave caricia por toda la espalda hasta la apertura de mi ojete, donde se detiene.
- Espero que no piense follarme - pienso - que hoy no tengo tiempo.
Ni tiempo, ni condón, ni lubricante ni está trabajado lo suficiente para recibir su polla.

Me lo masajea unos segundos.
Y lo deja tranquilo.

Se centra en la mamada. 
Con sus dos manos, me coge bien de la cabeza para comenzar a darle ritmo a sus caderas.
La mamada se convierte en una follada de boca.
Ya no tengo que concentrarme en estimularle moviendo la lengua, ensalivando, presionando el prepucio o asistiendo la mamada con una paja.

Sólo tengo que mantener bien abierta la boca y recibir los embates de su polla.
Me sujeto a sus caderas.

Cuando está a punto de correrse, se sale.
Y desparrama su preciado semen por el suelo.
Una pena.

Hubiera preferido recibirlo en la cara.
Se va.

Me hago una soberana para desfogarme. Lo necesito.
Aunque no siempre es así.
Ducha rápida y a casa.

Llegaré a la hora acordada.
Todo en media hora. Bueno, cuarenta minutos.

A pesar de lo poco que hecho, mamada en dos tiempos, salgo satisfecho y con la sensación de haber aprovechado el tiempo al máximo.

Muchas veces se pierde demasiado tiempo paseando.

(19/8/2021)




14 de noviembre de 2021

Aunque Facebook se vista de Meta, Facebook se queda.





Bien podría este título ser un alternativo del dicho tradicional: Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.
Lo mismo pasa con Facebook. Para limpiar su cara y reputación la empresa cambia de nombre.
Lo que era vox populi, sólo cuando ha saltado de manera masiva a las redes, han decidido ponerse manos a la obra para, supuestamente, solucionarlo.
Y fijate que ya tenían nombre y un superproyecto fantástico de renovación, el metaverso .
Particulamente, pienso que todo en su conjunto apesta a megamanipulación.
Todo estaba previsto y controlado.
Para eso son facebook.
Perdón, Meta. 

Por de pronto, en estos últimos meses he seguido sufriendo su arbitraria política de censura, y me han eliminado estas dos fotos, con el consiguiente bloqueo de cuenta. 






Lo más seguro que por el supuesto control de las IA's o algún denunciante anónimo de dedo rápido.
Ni un segundo pasó del momento publicación al estado censura.
Y obviamente, reclamar puedes, pero no sirve de NADA.

Pero estoy curado de espanto, y no me espero otra cosa.
Ahora, la mayoría de cuerpos masculinos que publico en mi perfil del feis son muy normativos, tíos cauchutados y nada explícitos y ocasionalmente insinuantes, no vaya a ser que me bloqueen.

Lo que más me ha fastidiado en estos últimos meses es que, se atreven sin miramientos, bloquearte a título preventivo, cuando ni siquiera has llegado a ser censurado ninguna vez con ese perfil.
Me ha pasado con el perfil que uso de "familia y amigos", que está casi inactivo y con el de David Cangós, mi segundo perfil de recambio cuando me censuran el de David Alias o el de Perro bcn.

Esto es lo que te mandan, con dos cojones...
"Publicar en este momento", que puede durar semanas.

No puedes publicar en este momento
Para evitar usos indebidos, hemos restringido temporalmente tu capacidad de usar esta función en Facebook. Puedes volver a intentarlo más tarde.






28 de octubre de 2021

Sauna, diez meses después ( última parte )

 



De nuevo cabalgaba sobre el mexicano.
Aunque no de la manera que hubiera querido; bien insertado.
Me tenía que conformar con estar encima de él, de cara, mientras él me iba pajeando.

Tras la ducha y una breve putivuelta, nos volvimos a encontrar y solo hizo falta una mirada y un breve gesto con la cabeza para que me siguiera.

Estábamos sobre la colchoneta de la antes conocida como Big Sex Room (BSR) por el cartel luminoso que la identificaba como tal. Ahora se le debería llamar BAR, de Big Anonymous Room, por la ausencia precisamente de cartel.

Bromas aparte, allí estábamos los dos con acción a medio gas.
Y es que habían dos cosas que no acompañaban bien la situación. 
La primera es que no entraba nadie al cuarto, y quiera uno o no, el sentir movimiento alrededor ya crea cierta calidez y morbo, aunque los sujetos no intervengan, y luego porque el chorro frío del aire acondicionado nos daba de lleno, bajando notablemente el calor interno y externo de nuestros cuerpos.

- ¿Cambiamos de sitio? - propuso.
No sé si llegué a asentir, pero me levanté ipso facto, encaminándome hacia uno de las cabinas que hay bajando las escaleras a mano izquierda.

Una vez allí y después de una jugosa más que larga mamada, me tuve que excusar.
-Verás... - comencé - llevo como unos diez meses de abstinencia en todos los sentidos (sexuales se sobreentiende), se me está cansando y desencajando la mandíbula de tanto tiempo por falta de práctica.
Ay, perro !- pensé, mientras le decía esto - ¡quién te ha visto y quién te ve!.

- Pues para hacerlo como lo haces después de diez meses, no me quiero imaginar como lo hacías cuando estás en plena forma - me respondió.
Una respuesta muy exagerada, pero que elevó bastante mi autoestima.
Y lo dejamos ahí.

Visto en perspectiva, seguro también influyó el querer dejarlo el hecho que no veía que el mexicano se volviera más activo ( ni follaba, ni mamaba, ni hacía más que toquetear ), ni el morbo iba en aumento, pues de pasar del cuarto oscuro pequeño con la semifollada de Tomás, pasamos al cuarto oscuro vacío y frío, y luego a una cabina cerrada. 
Tenía varias horas disponibles después de tanto tiempo y me daba la sensación de estarlo perdiendo.
Para cualquier ocasión pre-pandemia lo hubiera disfrutado mejor, pero para una vez que podía ir ahora, quería más experiencias, más morbo.
No sabía cuando iba a ser la siguiente vez.

Poco después, en otra de mis incursiones en la sala oscura me encontré con una preciosa estampa.
Sobre las colchonetas de la  tarima central habían dos tíos, cada uno en un extremo, pero del mismo lado. Uno yacía boca arriba, con la cabeza más hacía el borde de la cama, en buena disposición para poder efectuar una mamada a cualquier polla que se le acercara.
Con el mismo objetivo, el otro se mostraba culipuesto, o sea, de rodillas sobre la colchoneta, pero con el cuerpo totalmente inclinado hacia adelante en posición culirreceptiva.

De buen grado me hubiera intercambiado por cualquiera de ellos, o adoptado alguna posición similar para aumentar la oferta pasiva del lugar y momento, pero no había tanto activo que la pudiera aprovechar.

Así que fui más racional y solidario con ambos.
El culipuesto, a falta de lubricante y condón, se tuvo que conformar con unas cuantas caricias. De buen grado le hubiera follado, pues tenía el culo pequeño, como me gustan, y lo más importante, yo ganas de hacerlo.
El otro se llevó la mamada, hasta que cuando apareció otro con el mismo interés le cedí el puesto.

Fue entonces que la divina providencia, vista mi empatía por mis semejantes, me regaló poder hacer una doble mamada simultánea a dos tipos que por allí aparecieron.
No recordaba cuando fue la última vez que tenía dos pollas en mi boca.
Bueno, en realidad sí. Hacía tiempo, ciertamente, pero ahora tenía que mamar lo presente.

La mamada al mexicano me había servido de entrenamiento para poder ahora recibir dos, pero aún así, no pude tampoco disfrutarlas durante mucho rato.
Tampoco era necesario.

Cuando cambié de escenario me lié con un osete la mar de adorable y abrazable, esta vez junto al minicine. Toqueteos y rica mamada por mi parte, y toqueteos y pezoneo por la suya.

La tarde iba fluyendo bien, con experiencias breves y variadas que, si bien no eran excesivamente arrebatadoras, de esas que marcan y no se olvidan, al menos si iban componiendo como un mosaico de sensaciones multicolor de tonos suaves.

- ¿No quieres que hagamos algo tu y yo? - me preguntó Tomás cuando nos encontramos frente a frente en la sala egipcia.
- ¡ Que mala memoria tiene este chico! - pensé - primero, al entrar en la sauna y verlo, si bien saludó, solo tienes recuerdos vagos de mi y de como nos conocimos, y ahora me pregunta que si vamos a hacer algo, como si no recordara que hacía una hora, como mucho, ya  me había follado. 

- Estooo... ya me has follado hace un rato - le dijé.
- Ah, eras tú el del cuarto oscuro - contestó con cierta cara de asombro. Para mi tranquilidad, supe que no era un problema de memoria, sino de visión.
- Que sepas que te he follado con condón!.
- Ya. Ya lo había notado.  
En eso apareció un tío que se puso a hablar con él, y yo aproveché para continuar mi camino.
- Nos vemos luego- le dije, más como despedida que como un deseo de futuro.

Poco más tarde, en una de mis incursiones al cuarto oscuro vi por el rabillo del ojo como me seguía, y nada más entrar, situándose detrás de mí, no tardó nada en convencerme que le chupara la polla.

La novedad fue que, en esta ocasión, la mamada fue recíproca.
Al cabo de un ratillo, fue él que quiso intercambiar los papeles, a lo que no puse ninguna resistencia.

Se acercaba la hora de irse.
Durante las putivueltas de aquella tarde había entrado en varias ocasiones en la sauna de vapor, pero en ninguna de ellas me había quedado más que unos segundos.
Primero porque hacía muchisimo calor dentro y luego por que no había nadie.

Pero en la que iba a ser mi penúltima entrada, me quedé un rato más haciendo de voyeur.
Habían tres tíos, uno de ellos apoyado en la pared que era el que recibía las atenciones de los otros dos.
Con uno se magreaba y besaba. Él otro aprovechaba los huecos libres para chupar pezones o mamar polla alternativamente.
Pensé que uno más en acción, o sea yo, hubiera sido un poco agobiante, sobre todo por el calor que ya hacía, así que me quedé de observador, eso sí, a muy corta distancia.

Minutos después de salir a airearme un poco, volví de nuevo a la sauna de vapor a ver si seguía el trío de antes.
Y habían tres tíos, efectivamente.
No sé si eran otros o los mismos de antes que sólo habían cambiado de lugar, más hacia los bancos de obra, y afortudamente para mí, alguien se debía de haber dejado abierta la puerta un buen rato, porque el nivel de vapor había bajado considerablemente, haciendo el ambiente más visible y más soportable de calor.

Uno de ellos, joven, treintañero, pelo muy corto y se entreveía que buenorro, estaba sentado mamando alternativamente a los otros dos, uno de ellos que no recuerdo nada destacable y el otro se veía mayor, rapado, delgado y fibrado y dotado de una rica polla como bien pude saborear al poco de acercarme.

Comencé tocándole las tetillas, discretas ellas y al poco, en un momento que quedó su polla libre, me bajé a sustituir al mamoncete, y mientras le iba sobando su adorable y pequeño culo prieto.

Al poco, mientras disfrutaba del manjar, el otro tipo al que se la estaban mamando se corrió sonoramente, no dejando el mamón caer ni una gota al suelo mientras el tipo se corría.

Cuando me incorporé, me toco el turno de ser mamado, mientras el tío fibrado iba marcando el ritmo de una fantástica mamada, sujetándole cabeza con una mano y con la otra me pezoneaba.

Pregunté al mamón, que ya me hubiera gustado estar en su lugar, si quería que me corriera y donde.
- Sí - contestó - en la boca - prosiguió.

Y me dejé ir ...

(Julio 2021)






26 de septiembre de 2021

Sauna, diez meses después ( 2ª parte )

 

(Continuación)

A grandes rasgos, a excepción de la ausencia del sling, poco había cambiado la sauna.
Las limitaciones de aforo en la sauna de vapor y seca seguían siendo las mismas, las cortinillas separadoras seguían sin estar y la mascarilla seguía siendo obligatoria.

Un poco más al detalle, habían cambios.
Para bien, la Big sex room (aunque sin cartel indicativo) volvía a ser accesible, y para no tan bien, las pantallas de video no ofrecían videos pornos, sino programació de televisión, al igual que en el minicine, que proyectaban la versión americana de la serie británica "Queer as folk". Los glory holes estaban tapados y para segundo gran disgusto de la tarde, todos los dispensadores de lubricante del local habían desaparecido.

Mis ratos de espera y puteo pasivo sobre el sling habían desaparecido con la ausencia del mismo.
Con la falta de lubricante, mis esperas culipuestas también se habían volatilizado, así como las posibilidades de follar, que se habían reducido a la probabilidad de encontrar algún visitante más precavido que yo y provisto de gel.

A priori, no podía pintar peor la tarde.

Tal vez se debía a un intento de economizar la ausencia de gel y la no emisión de videos porno, en tanto que, al menos se ahorrarían los derechos de emisión que se pagan a la SGAE. Ni idea.
Pero que bloqueen los glory holes y quiten el sling, ¿Qué sentido tiene?. 
 
A no ser que, como me sugirió un amigo, no fuera que simplemente y como oficialmente se anuncian, se limitaran a ofrecer los servicios de un spa, para no contravenir las restricciones y limitaciones de las normativas anti-covid que pudieran bloquear e impedir la reapertura del local, y/o evitar algún vacío legal.

Y también, es bien sabido, que en épocas de crísis, la moralina de las instituciones, del poder y de los mass media son muy sensibles a todo lo que no sea muy normativo, por decirlo de alguna manera. 

Así que, todo lo que pueda ser "comprometedor" desaparece.
Pero no tengo ninguna certeza de nada.

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Nada más acabar la exploración de contacto e iniciando ahora si la primera putivuelta propiamente dicha se me cruzó en tipo bajito como yo, que con sus ojos curiosos me siguió la mirada. 
Por el cuerpo, todo lampiño, aparentaba estar entre los 30 o 40 años. 

Me metí en el cuarto oscuro pequeño junto al minicine esperando que me siguiera, como así fue.
Y allí, tras el tanteo de los primeros roces comenzamos a tontear ya sin disimulos, acariciándonos y sobándonos los respectivos paquetes por encima del paño.

Enseguida me despojé de él, así como de la toalla que llevaba sobre los hombros, dejándolos sobre el camastro, cosa que el tío interpretó como una invitación a acostarnos sobre él.
Rápidamente se subió al mismo, y tumbándose me incitó a hacer lo mismo.

Su iniciativa me llevaba a pensar que era un pelín dominante, cosa que me ya me gustaba, pero que yaciera y me invitara a lo mismo daba la impresión que quería más explayarse en mimos, besos y caricias, cosa que si a priori me gusta y mucho, cuando voy a la sauna me motiva más comer una o varias buenas pollas, que me hagan una buena follada o crear o participar de alguna buena escena morbosa que motive al personal presente a participar.

- Ponte encima - ordenó - así, de espaldas a mí, prosiguió. 
Ya me imaginaba yo cabalgando sobre su polla en una follada desenfrenada.
Pero no. 

Me hizo reclinar hacia delante, dejándole mi culo a su vista para comenzar a juguetear con él, pero sin profundizar demasiado. No sabía si lo que hacía era para preparármelo para una próxima follada.

Vale!, algo era algo, pero no me llegaba a satisfacer como para seguir mucho rato en esa disposición. Me dejaba en una postura demasiado pasiva y yo lo que quería era zamparme su rabo y si pudiera ser, intencionadamente, en una posición más provocativa.
Con tantos meses de abstinencia, no me veía muy propenso a perder tiempo con muchos preliminares.

Así que descabalgué, me situé a su lado arrodillado y agachado para poder amorrarme bien a su cipote,  y con el culo bien en pompa hacia afuera en buena disposición para que un hipotético tercero pueda beneficiarse de él de la manera que mejor le conviniere.

Habíamos estado todo ese rato solos y al colocarme de esa guisa, el tercero apareció.
El culo pareció actuar de inmediato como un talismán. En cuestión de segundos percibí una sombra detrás mío. 
Atraído por la ligera luz exterior al cuarto oscuro que iluminaba suavemente mi trasero y nuestros gemidos de goce, alguien parecía deseoso de compartir nuestra caliente y húmeda intimidad.
Sus manos pronto reposaron sobre mi trasero. Con un breve magreo recibió la aceptación, y tras hurgar con los dedos unos segundos en el ojete, oí el desgarro del envoltorio de un condón al abrirse. 

Antes de penetrarme, noté como se reclinaba sobre mí.

-¿Tienes poppers?- me preguntó, susurrándome al oído.
- ¡Ja!, Ya se quien eres, cabrón! - pensé para mis adentros. 
- No. No tengo, lo siento- fue lo que, sin embargo, le contesté.

Tenía la certeza absoluta que aquel tipo era Tomás, el que me había encontrado en las taquillas nada más entrar en la sauna.
Reconocí su voz, y aparte, aquella era siempre era su primera pregunta en los preliminares.
Pensé en lo que avecinaba. Mientras mamaba, crucé los dedos esperando que tuviera cierta delicadeza en el comienzo de su follada, básicamente porque tiene un buen rabaco, y yo, en esta ocasión no tenía lubricante y no había tenido la oportunidad de acondicionar  la entrada del ojete, pues como comentaba en el anterior post, los dispensores de gel habían desaparecido de la sauna y yo no llevaba tampoco sobrecillos de gel.

Y Tomás no solía llevar nunca.

Y así, mientras yo mamaba la polla al tío con el que me había liado, Tomás batallaba por realizar una entrada triunfal en mis entrañas.
Que le costaba era obvio. Que le ponía empeño, también.

Pero diez meses de sequía y nada con que lubrificar, más que humedecer, el ojete entrante, poco bueno se podía esperar.
Entrar entró, pero así se quedó.
El movimiento de caderas ahí estaba pero aquello no se deslizaba y ni fluía como debiera. Sentir, la sentía, pero estática y atrapada.
No resultaba muy placentero, aunque la escena de mamar a uno me folla otro mantenía vivo mi vivo interno.
Supongo que el muchacho también percibió que aquello no acababa de funcionar, y al cabo de unos minutos de intentarlo, después de sacarla y volverla a meter un par de veces, desistió y se fué sin decir nada.

- ¿Ya marchó? - me preguntó el tío al que mamaba.
- Sí - respondí.
- Oye, me voy a tomar una ducha para refrescarme un poco - proseguí.
- Ok , y luego seguimos...? , preguntó.

Salimos del cuartito e intercambiamos unas pocas palabras, entre ellas la conformidad de reencontrarnos más tarde, aunque bien es sabido que eso, por desgracia, tampoco es garantía de nada.

-¿Eres mexicano?- le pregunté, al percibir un suave acento que me lo recordaba y un par de modismos que me lo indicaba.
-Sí, estoy aquí unos días de vacaciones.

Pensé en "secuestrarlo" y llevármelo al bar a tomar algo, hacerle hablar y oírle durante horas pues me encanta la sonoridad, las expresiones y modismos de su habla.
Pero no había venido a ello. No después de tanto tiempo de hambruna.

Y me fuí para la ducha.

Aún no sabía que repetiría escenas con Tomás, alguna que otra polla más mamaría y que la aventura mexicana no había acabado.

(Continuará)



 

31 de agosto de 2021

Sauna, diez meses después !

 



Hay quien opina que comentar un deseo, propósito o proyecto antes de realizarl es gafarlo de antemano pues atrae la mala suerte.
Es como invocar a la adversidad o llamar al mal tiempo, como se suele decir. O como cuando se dice que si mentas al diable, este te aparece.

Pues algo así me pasó, pero en sentido positivo.

Fue publicar un post un sábado por la noche, el 10 de julio para ser más exacto, el post "La próxima vez, ¿Cómo y cuando?, en que comentaba no que atisbaba el momento que podría volver a tener la posibilidad de poder perrear un ratillo alguna tarde, cuando me apareció una ventana de oportunidad justo para la tarde del lunes siguiente, de un mínimo de tres horas, que podían haber sido más en caso que hubiera querido abusar de la situación.
O sea, justo para 48 horas después de mentar al diablo.

Me sentía con la ilusión y nervios de un niño cuando lo llevan por primera vez a un circo o un parque de atracciones.
Una cosa era estar unas semanas sin ir, o un par de meses, pero por voluntad propia, pero estar 10 meses completos sin ir porque por un motivo u otro no puedes, es otro cantar.
Más cuando visitaba la sauna, como media, una vez a la semana.

Así que me preparé concienzudamente. El día anterior comí poco el día, con objeto de no hincharme mucho, y dieta líquida el día en curso. Unas horas antes de salir me hice una lavativa para estar lo más limpito posible.
Mientras teletrabajaba, entre documentos, albaranes, excels, listados y llamadas, iba ejercitando el ojete con un pequeño buttplug.
Poco antes de salir, busqué la bolsita con los preservativos que normalmente llevo cuando acudo a la sauna, y me la metí en la mochila. La botellita de lubricante anal se me había agotado, por lo que no llevé, quedando tranquilo sabiendo que en cada cabina había un dispensador. 
Aparte, obviamente, me llevé un par de mascarillas, un de tela de doble capa y la típica FFP2 de pico, primero porque en espacios interiores aún era obligatorio y luego, aunque ya llevaba tres semanas con la pauta completa, me sentiría más seguro, ya que estábamos en plena crecida de la quinta ola de la pandemia.

Dentro ya elegiría con cuál estaría más cómodo.

Había pedido poder salir antes del teletrabajo, a cuenta de las horas debidas, y me presenté en la puerta de la sauna a las tres de la tarde. 
Tenía previsto estar, por lo menos, tres horas, pero sin preocuparme por la hora de salida, por lo que en caso de tener algún encuentro intenso, poder disfrutarlo sin el agobio del tiempo.

 ---

- ¿Que no me reconoces? - me preguntó un tío que justo entraba en la zona de taquillas cuando yo salía en dirección a las duchas.
- Pues sí - le contesté tras alargar la e un rato por la duda - Así, a primera vista, con la mascarilla no te había reconocido.
- Tú eres.. el que escribe, no? - preguntó - ¿...y escribías? - prosiguió dubitativo.
- Un blog, sí... Bueno, ya nos veremos - le contesté mientras me alejaba y lo dejaba cambiarse tranquilamente.

Creo que parecí un poco estúpido, sí, pero tampoco quería que terceros pudieran saberlo. No que fuera estúpido, sino que escribiera un blog. Uno es muy discreto y amante del anonimato. 

El tío en cuestión era Tomás. Un tío que conocí en mi primera visita al sexshop Erotixx, al poco de su apertura, y con quién, junto a otros visitantes del local, nos montábamos unos buenos encuentros eróticos cuando coincidíamos.
Todas aquellas historias están narradas en los post de los primeros meses del blog( Encuentro casi furtivo , Tres!!! , entre otros).
Un par de veces me lo encontré en la sauna Condal, donde también rollo con él, y un par de veces, poco antes de la pandemia me lo encontré en la misma Bruc.
Me pareció curioso su duda o su relativa falta de memoria pues siempre, en los encuentros, había mencionado en algún momento el blog.
Le edad no perdona.

Tras la pasar por el lavabo, la ducha y la balanza, que esta vez me hubiera gustado que me mintiera, comencé a hacer la primera vuelta de reconocimiento, más que nada para ver si durante todo este tiempo de ausencia, algo hubiera cambiado.

¡¡¡ Y casi me muero del disgusto al descubrir que el sling había desaparecido !!!.

Lo primero que pensé es que lo habían trasladado a alguna de las otras cabinas, o habrían modificado alguna sala para reinstalarlo. Pero no. Luego pensé que tal vez fuera por motivo de la pandemia, por aquello de limitar las posibilidades de roces y mantener la distancia de seguridad, Podría ser, pero me costaba creerlo.

¿Y como ahora iba yo a descansar de mis paseos y en la espera, seguir puteando pasivamente?. Eso era lo que realmente me preocupaba.
 
(Continuará ) 






22 de agosto de 2021

De feisamigo a fakeamigo

 



Dicen que a la tercera va la vencida. Y esta era la tercera.

La tercera vez que, unilateralmente, daba por terminada la relación de amistad, o lo que entendía por amistad. La dos anteriores fueron  más escuetas y el alejamiento había durado apenas unas semanas.

 - Al menos no me hace lo que ahora le llaman "ghosting"- pensé cuando leí a primera hora del día su mensaje en el whatsapp.

Todo un detalle de agradecer.

"... Decirte que he estado reflexionando estos días y he llegado a la conclusión que es mejor dejar de estar en contacto.

Es una pena después de tanto tiempo, pero si no puedo tener una amistad normal, la de quedar para tomar algo de vez en cuando, ya no vale la pena.
Te deseo lo mejor de lo mejor.
Un saludo...
 "

Lo había conocido por el facebook hace ya unos cinco años aproximadamente si no me falla mucho la memoria, de la manera que debería considerarse lo normal. Que si "me gusta", que si un comentario, que si una breve conversación por el messenger, que si he leído tu blog, un intercambio de número de telefono para hablar más cómodamente por whatsapp.

No recuerdo en estas primeras conversaciones ni los típicos números descriptivos 45-172-68, por ejemplo, ni el "pas/act" ni el "que buscas","que te gusta" a saco.

Dejo dicho que, de haber sido así no hubiéramos pasado de unas pocas líneas. Un día escribiré un post respecto.  

Cada día nos dábamos los buenos días, y a veces hablábamos un poco más conociéndonos más íntimamente... pero tampoco sin exagerar.
Él tenía la ventaja que leía el blog, y yo la desventaja que él era un poco dado a contar intimidades suyas. 

Si bien, con el tiempo y después de habernos conocido presencialmente, ya se abrió más hasta llegarme a contar algunas de sus experiencias y fantasías. Por mi parte, alguna ve le enviaba alguna foto íntima que, también de tanto en tanto, me solicitaba.

Al principio, digamos que en la primera fase, quedar para conocernos resultaba un poco complicado.
Por su situación laboral y familiar disponía de pocas posibilidades de venir a Barcelona, si bien no vivía muy lejos de la ciudad. Por mi parte, el quedar se reducía a una hora/hora y media en los días laborales, entre lunes y jueves, para ser más exactos, y después de salir del trabajo.
Tenía que contar con el tiempo de desplazamiento al centro, media hora mínimo, pues yo trabajaba fuera de la ciudad, en el extremo opuesto de donde él vivía.


Tardamos bastantes semanas en vernos por primera vez, tanto por la situación comentada como que si llegamos a quedar siete y ocho veces, sólo tres tuvieron el éxito de encontrarnos y tomarnos un café acompañado de una entretenida y amena conversación.
El resto de la infructuosas ocasiones, habiéndonos citado con día y hora, en el transcurso de esa misma mañana, aparecía por su parte algun motivo o excusa para cancelar el plan de la tarde. 
Tampoco me molestaba demasiado, pues habiendo reservado un tiempo para él, siempre tenía un plan B en caso de anulación, y así aprovechar ese tiempo que no me sobraba.

La segunda fase comenzó cuando él por fin encontró trabajo.
Bien, porque consiguió cierta autonomía económica, pero su disponibilidad de tiempo se redujo a sólo los viernes que, eso sí, disponía de toda la tarde libre.
Pero por mi parte no hubo ningún cambio. Sólo podía quedar de lunes a jueves.
No obstante, y haciendo cierto "encaje de bolillos" pude arreglármelas para poder quedar un par de viernes, y en estas ocasiones, si hubo algo más que un café.
Fueron dos encuentros cortos, pero encuentros al fin y al cabo, en el Boyberry de Barcelona.


Y la tercera y última fase empezó con la pandemia.
Entre el primer gran confinamiento, el cierre de la inmensa mayoría de los locales, horarios y aforos restringidos, limitación de reunión y de movimientos locales, por región sanitaria o comarcal, toques de queda, que afectaban a todo el mundo, habían bajado a cero la posibilidad de ningún encuentro.

En mi caso particular, había entrado en ERTE durante varios meses y cuando salí fue para teletrabajar a tiempo completo, con lo cual y durante todo ese periodo mi disponibilidad horaria fijaba más la posibilidad a cero.

Ya se relajará todo con la vuelta a cierta normalidad, con la eliminación progresiva de las restricciones. Y a la que organice mis tiempos - pensaba yo y así se lo había comentado - tal vez pueda realizar nuevas actividades por el centro de la ciudad y disponer así de justificaciones para salir del barrio, donde me había visto prácticamente recluido.

Pues justo el día del levantamiento del toque de queda, y por ende, la mayoría de las restricciones, recibo el mencionado whatsapp detallado más arriba.

Un extraño concepto de amistad, que cuando las dificultades de quedar es del otro, se acabó la relación. 
- Que poca reciprocidad y poca empatía - pensé. 
Cuando la situación fue a la inversa, no parecía haber problema.

No me enfadé, ni me disgusté especialmente.
Simplemente me quedé un tanto atónito.
No le contesté.


Mantengo, y he mantenido amistades, a lo largo del tiempo y de la distancia sin haber llegado a conocernos presencialmente y sin llegar haber tenido contacto carnal. Ninguna de las dos es imprescindible para una relación de amistad, creo yo.
O aunque sea, no ya una amistad, sino una relación cordial de mutua simpatía.

Del título, del feis al fake, no sería tanto del amigo, sino del concepto de amistad.

En fin, la vida continúa ...