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25 de noviembre de 2018

De dos whiskies, pissing, mamadas, folleteo y fantasías varias.




Después de aquella tarde del polvo en el Cupido, y el múltiple folleteo con tres en el free Eagle, de haber cenado un helado de tres gustos y una cerveza, y haber descansado un poco en el hotel, que buena falta me hacía, cuando salí de nuevo entrada ya la noche, me dirigí al Men's.

Y fue allí, que por primera vez, porque siempre para todo hay una primera, pedí un whisky, en vez de cerveza.
Y no es porque me gustara, más bien al contrario, pero estaba cansado de la típica cerveza.

- Un Red Label, sin hielo, por fa - pedí, cual entendido en la materia, aunque realmente fue la primera botella que ví.

Y con mi vaso en mano, baje a la penumbrosa zona de cruising donde durante el rato que estuve me enrolle en tres ocasiones con el mismo tío.
Un tío mayorcete,  de pezones piercineado, de buena polla que, según palabras textuales suyas, adoraba mi morbosidad.

- No quieres subir un rato arriba y que nos vemos un poco más? - preguntó durante el primer enrolle, entre pezoneos, mordiquillos en la tetillas, con sus respectivas chupadas, lamidas axilares y toqueteos varios.
- No - Le respondí. Aquí da más morbo, no.? 
- Pues eso... Y se rió.

Al rato quiso subir no se a qué, pero antes me pidió que no me fuera de allí.
Que en unos minutos volvería.

- No te vayas que quiero seguir contigo - comentó.

Al cabo de unos minutos, que yo me había adentrado en la zona más oscura, me pilló de nuevo
- Como has dado conmigo? - le pregunté - Si en esta zona no se ve nada.
Por los pezones Kiwi - respondió alegremente y con picardía.
Sin duda, no se refería tanto a los pezones en si, sino al pecho cuyos pelos tenía recortados y, por lo visto, le recordaba ese tacto..
Personalmente creo que exageraba, pero me resultó gracioso.

En el tercer encuentro, tras otra pausa, no ocurrió nada destacado.

Cuando marché, me dirigí al Qüero gay bar.
Era el día fetish y la mayoría iba en bolas, cosa que me alegró bastante.
De nuevo, me abrió la puerta el mismo osazo machote que el último día, con lo cual ya no me parecía tan casual y pregunté si ahora lo llevaba él, en vez del tío que estaba los dos años anteriores.
Así me lo confirmó.

Al subir a la planta del cruising había mucho tío desnudo más asequibles que el otro día, de los cuales conseguí varias mamadas, pero sin mucha historia que se pueda contar.
Mucho cuerpo, pero faltaba alma.
Así que sobre las 3 me volví al Men's.

 - Un whisky, por fa - pedí todo decidido, especificando después "un Ballantines" cuando el camarero me puso cara de circunstancias. Fue el primero que se me ocurrió. Realmente, tanto me daba pues no los conozco, y esta era mi segunda vez.
Respecto al otro, este me resultó más fuertecillo.

Abajo, en la zona de cruising, todo fueron momentos cortos de historias breves, escasos roces y un intento de abuso con forcejeo.
El ambiente, ni de lejos llegaba a estar a petar, pero bueno, al menos algo de movimiento había. Pero poca cosa. La gente no se desinhibía casi nada.
Con todo, extraño para un sábado noche.

Por ahí, como el día anterior, rondaba de nuevo el mismo chapero de la gran polla.
Fue el primero que se me metió en la cabina en la que decidí descansar de dar vueltas como un tonto y ocuparla para putear un rato, pero sin tanto movimiento inútil.
El tío, decidido, entró si más, se sacó el pollamen que ya había contemplado hacía menos de veinticuatro horas.

- ¿Te gusta?- preguntó el chapero - refiriéndose a su hermosa herramienta de trabajo.
- Si, está muy bien - le contesté, sin hacerle más caso, ni alabándosela ni haciendo gesto alguno por tocarla.

Y se fue.
No sé si a eso se llama esforzarse poco para trabajar o saber economizar el tiempo, viendo que no iba a conseguir nada.

Un veinteañero más cerca de la treintena que la veintena, guapete con gafas que disfrutó visiblemente dándome de mamar hasta correrse, y otro tío, también jovencito, que procedió de la misma manera, pero no se quería correr y se fue como con cierto complejo de culpabilidad, fueron las dos interacciones puteras que tuve aquella cabina esa noche.

Eran ya las cuatro de la madrugada y yo aún estaba fresco como una rosa, a pesar de la hora y los whiskies, cuando me dirigí al exxxtreme cruising club pensando que, seguro estaba todavía abierto.
Así era, sábado noche cerraban a las seis, según me comentó el tío de la taquilla.

Tras aligerarme de toda ropa, quedándome sólo con los jockstrap y pedir una cerveza en la barra, botella en mano me dirigí seguidamente directo al lavabo a aligerar la próstata.
No me molesté en cerrar la puerta del amplio baño, y cuando estaba a punto de guardármela, entró un tío con las mismas intenciones que las mías cuando entré. Obvio.
Sin embargo, ni yo me la llegué a guardar del todo, y él se la sacó antes de llegar al inodoro.
Nos miramos con expectación y cierto desafío.
¿Cuales eran las intenciones de cada uno con la polla suelta, en el lavabo de un bar de sexo, a altas horas de la noche, en un encuentro inesperado.

No dudé mucho y enseguida me agaché dando evidente muestra de lo que quería: hacerle una mamada, pero con una segunda intencionalidad que el lugar prestaba totalmente a ello, y era recibir, si el tío se atrevía, una ducha caliente y dorada.

Me sorprendió mi resolución. Ver la oportunidad y sin pensarlo, aprovecharla.
El rechazo lo tenía, pero...¿Y si se prestaba?.

Una vez rebajada la tensión con los primeros roces de mis labios sobre aquella expectante polla e iniciada la mamada, me separé un poco de él, con la boca semiabierta aún en muestra de desear más, y fijándome directamente en sus ojos acerqué en cierta posición sumisa mi cabeza hacia la taza del váter.

No eran necesarias más palabras.
Segundos más tardes un buen chorro caliente manó de su cipote rociando mi cabeza.
Rápidamente las gotas resbalaron por la cara, cuello y pecho.
Seguidamente el tío redirigió el surtidor de lluvia hacia la espalda donde acabó de empaparme por completo.
Una ducha caliente bien recibida y que,sin dudarlo, resultó de lo más refrescante en aquella cálida noche estival.

Me aseé y sequé un poco, y volví con renovadas energías al bar y sus diversas zonas de cancaneo que el local ofrecía.
Ver cumplida una fantasía resulta siempre estimulante, más cuando resultó tan espontánea y, por ende, imprevista.
No era la primera vez que tenía una experiencia de pissing, pero si muy a mi pesar, de habían sido muy pocas. De hecho, la anterior ocasión sucedió justo dos años atrás, en otro local de Torremolinos, en el The Factory, ya desaparecido. (Post "De lluvias doradas ( pissing ), alguna mamada y un polvo casi rabioso, en el The Factory Leather Bar"). 

Fui vagando por entre las cabinas, minicine y los diferentes rincones, y a pesar de haber menos gente que el día anterior, supongo que por lo avanzada de la hora, seguía pintando bien.

Vi como se follaban a un tío sobre el sling de la zona compartida con el sexshop, cosa que me puso muy caliente.
Esta es otra de mis fantasías más recurrentes
Ser follado sobre un sling por uno o varios tíos, a veces con ciertos matices, como tener los ojos tapados y tener un "director" que fuera eligiendo a los folladores y a la vez comentara en susurros al oído como son.
Experiencias en sling hasta la fecha de lo acontecido en este post he tenido algo más que duchas doradas,pocas más y con diferentes resultados, en general mediocres.
Sin embargo, en las últimas semanas he podido disfrutar de unos cuantos polvazos dignos de post que, en su momento relataré, pero para eso aún quedan unas historias que contar.

Perraco como estaba al ver la escena, me puse y dispuse sobre el sofá que unos pocos metros estaba de la acción, donde, lo que dura un pestañeo, un tío comenzó a follarme.

Muchas pollas ansiosas de ojetes hambrientos y calientes, y uno sólo al que turnarse en el sling, en cuanto uno vio otro ojete disponible, no perdió la oportunidad de ocuparlo.
Como debe ser !.

El polvo resultó muy canino, y la gracia realmente estuvo cuando, muy poco después, entre los pasillos de las cabinas de la zona del sexshop, me pilló de nuevo por banda, follándome allí mismo.

 - Tío, estoy perro, pero soy humano - le dije riendo - refiriéndome a que me diera un poco de respiro entre polvo y polvo.

No tardé demasiado en marcharme, ya que a este polvo en el pasillo, me echaron otro en un habitación de tránsito, y rematé la noche con una brava follada sobre una cama-colchoneta, empalado y cabalgando a horcajadas como caballo salvaje.

Con el culo reventado, dí por terminada la noche.

Eran las cinco pasadas.
Me quedé un ratito en la plaza de la Nogalera a despejarme de los dos whiskys y de las cervezas tomadas, reflexionando en lo curioso que resulta en que sales sobre las once de la noche, y todos los polvos los recibes en la última hora.

En su conjunto el día había sido tremendo.
Ocho polvos y unas cuantas mamadas.



4 de noviembre de 2018

¿Como se contabilizan los polvos?





Sabiendo que los sábados suele haber más gente por todos los sitios, me planteé salir ya por la tarde, si bien, optar por una sauna, que era lo que realmente me apetecía, se había convertido en un imposible dada la situación de cierre temporal de las dos que existían en la ciudad.
Por otro lado, quería aprovechar la happy hour del FreeEagle que, según leí en internet, entre las 8 y 10 de la tarde es cuando solía haber más gente.
Por de pronto, cuando pasé frente al local sobre las 6, estaba cerrado Así que, como alternativa, me fue directo al sex shop Cupido, a apenas una manzana de distancia.

No fue mucha sorpresa encontrar un poco más de gente que el miércoles.
Y nada más entrar, cuando aún apenas me había acostumbrado a la diferencia de luz, comencé a tontear con un oso guapetón y peludete que sólo quería, al parecer, pezoneo. Y si bien jadeaba mucho y usaba popers, no hacía ningún atisbo de querer compartir, ni una cosa ni la otra. Solo quería su disfrute.
De hecho no había feedback alguno, así que muy pronto pase de él.

La gente iba toda vestida,
Recordé unas palabras de mi amigo bloguero Dominus Jaime,"Si en el lugar no hay morbo, créalo tú".( Podéis visitar su excelente blog "Dungeon Dominus Jaime, tu rincón para disfrutar del bdsm y tu sexualidad" clicando sobre el enlace).
Sabio consejo, ciertamente.
Difícil de llevar a cabo si uno es cortado o timidillo, pero en esta ocasión no me lo pensé dos veces y me quite la camiseta, dejándola colgada de la cintura del pantalón.
Vale, no era colmo del descoque, pero vista la situación, era lo más atrevido... de momento.
Y realmente note bastantes más miradas.

Entré en una cabina, y al poco un tío sobre los cuarenta años, con un punto atractivo, se paró junto a la puerta a mirar.
Le hice ver que podía entrar y así lo hizo.
Y tras cerrar la puerta y las ventanillas de los gloryholes, eliminando la posibilidad del morbo añadido de algún posible mirón, sin más preámbulos, se sacó la polla y comencé a mamar.
Enseguida se entusiasmó, al punto que se quitó los pantalones y la camiseta que llevaba, y yo hice lo mismo, bueno, con los pantalones, que era lo único que aún me quedaba puesto.
Las sandalias también ya andaban de por libre
Comenzó a toquetear también el ojete, y viendo mi receptividad me acabó follando allí mismo.
Primero de pie, inclinado yo hacia adelante. Luego de rodillas sobre el asiento. Y más tarde, sobre el mismo, bien patiabierto de cara a él, postura un poco forzada por lo escaso del asiento para tales menesteres.

- Sos muy lindo- dijo, dejando claramente intuir su procedencia.

Podría haberme dicho - sos muy perra - y aparte de ponerme más cachondo, me lo habría creído más.
Pero no importaba. Así ya me gustaba.

- Esperá un momento, que voy al lavabo y ahora vuelvo - comentó después del buen meneo en estas tres posiciones.
Así que me quede bien despatarrado en la cabina, con la puerta abierta, esperando que volviera.
-¿Y si no volvía?- pensé. No seria la primera vez que ocurriera después del típico "ahora vuelvo".
-¿Y si tarda mucho y mientras aparece otro tío?- continué divagando. Esto aunque no suele ocurrir, en vista de la desvergonzada y provocativa postura, quien sabia!.
Pasaron cinco eternos minutillos y volvió, ofreciéndome de nuevo su polla.
- Ahora vuelve a estar limpia, para que sigás chupando- comentó.
Y seguí con la labor de lubricarle bucalmente el nabo, pero esta vez no cerró la puerta y abrió los pistillos de la ventanillas.

Tras un rato,  se subió de pie al banquillo en el cual seguía yo sentado, para proseguir con la mamada. Varios tíos miraban desde fuera.
Fue cuando uno de ellos se animó a participar y entró,
Alto, delgado, rubio, extranjero, sobre los 40, se amorró directamente a mi polla.
Al cabo de un rato, el argentino se bajó y he hizo entrar del todo en la cabina el cuerpo del rubiales, que seguía mamando sin solar mi polla ni un instante, y lo enculó, con fuertes nalgadas y corriéndose abundantemente sobre su espalda.

Quedé solo en la cabina, y no me molesté en vestirme.
Patiabierto me quedé, sentado con una pierna apoyada sobre la pared y la otra en posición más decorosa.
Apenas se oía ruido, y muy de tanto en tanto aparecía alguien por delante de la cabina.
Decidí irme. Solo quedaban tres tíos, uno en la barra del bar, el rubiales que me mamo, sin los pantalones.


Y era sobre las ocho y me fui para el Free Eagle. Ciertamente, no sólo había más gente, una decena de personas, sino un poco más variada en edad.
Incluso me sorprendió encontrarme con dos tíos buenísimos dándose el lote en la zona de cruising del local.
Subí y baje en varías ocasiones de la misma, hasta que uno de los tíos buenos, un latino, de piel extrafina, acabó ofreciéndome un preservativo y su culo, para que lo me lo follara.
Procedí, pero un fue un polvo de escasa duración, apenas varias arremetidas, y quiso dejarlo. Él era más alto, y yo no le llegaba bien al ojete, o no podía o no quería bajar más para facilitarme la labor.
¡ A saber !.
 
Al cabo de un ratillo me encontré de nuevo con el tío que, un par de días antes, iba con un amigo, al que le gustaba, que se quisieron liarse conmigo y me acabo follando él, pero no el amigo.
Pues volvió a ocurrir algo parecido, pero infinitamente más intenso.
El tío este y otro en la treintena de buen ver que, circunstancialmente estaba allí, largamente y de manera alternativa, me estuvieron follando. 
Primero uno, paraba, y comenzaba el otro. Mientras el que permanecía inactivo se masturbaba cerca de mi cara para que el 'asunto' no le decayera. 
Al cabo de unos minutos de folleteo, se intercambiaban.
No exagero si digo que, cada uno de ellos, me echo cuatro o cinco polvetes.
Cuando se cansó el treintañero, otro buen samaritano se apiadó de mi repentina vaciedad, y ayudó al que quedaba a rellenarme de nuevo, si bien, este tercero solo me folló una vez.

Mientras los incontables y consecutivos polvos se sucedían, el móvil, que llevaba en los pantalones bajados, comenzó a vibrar insistentemente.
- No puedo atenderte ahora. Me están pegando una tanda de polvos un par de tíos, y otro mirando, que igual se anima (como así acabó siendo) . Te llamo en cuanto acaben. Me imaginaba la conversación.
Sabía perfectamente quien me llamaba, pero era evidente que no podía contestar lo que estaba pensando.
Lo que hice fue sacarme del todo los pantalones y los dejé en el suelo, para no tener mala conciencia en sentir la vibración y no contestar.
De paso facilitaba el folleteo, al quedar las piernas más libres para poder abrirme más y mejor.

Y en medio de todo este lío de metidas y sacadas, fue cuando pensé,¿Como se contabilizan los polvos?.

Por cada alternancia,¿Se debía contar como un polvo?, con lo que me saldrían entre ocho y diez, más el último, o ¿Se debía contar a polvo por tío?, en tanto que los implicados fueron tres,  los mismos durante todo el rato y no hubo cambios de postura ni ubicación, por lo que se contarían como tres polvos o ¿uno por tío?, con interrupciones.
¿O como uno solo, con tres participantes?. Esto suena raro en tanto que cada uno me habría hecho 1/3 de polvo.

En mi cómputo global de los polvos de la putisemana, decidiría contar los polvos de esa tarde en el Free Eagle como tres. Creo que era lo más justo.

Y la noche aún no había comenzado !!!.




21 de octubre de 2018

No hay culos estrechos, sino mal entrenados (3er.día - última parte)





Llevaba por los menos unos veinte minutos en el local, cuando un tipo con pinta de listillo repelente  me indicó, cubata en mano y afectada gesticulación, señalándome los jockstrap que yo llevaba puesto, para que me los quitara.

- Esto es una "naked, o sea, desnudo"- dijo, recalcando la frase con un movimiento de cabeza como para confirmarle que le había entendido.

Por el tono le hubiera mandado directamente a la mierda, pero en la cuestión en sí, tenía razón.
Cuantísimas veces un local celebra una noche temática nudista, y los que se desnudan son solo cuatro. El resto, en slips o boxes, o como mucho, y tras una observación del barman se sienten obligados.
Y no habló de los que publicitan que son varios los códigos admitidos.

Por ello, ni caí en la cuenta.
Total, era cuestión de minutos que, con toda seguridad, me los acabara quitando.

Y era cierto, aquel viernes se celebraba la naked party en el Exxxtreme Cruising Club de Torremolinos, sin otro código de vestimenta admitido.

El local estaba más lleno que dos día antes (miércoles de Underwear, naked or Leather) y el público, aparentemente de cuerpos más normales, menos de gimnasio, hormonados o de revista, parecía más accesible.

Por todos los rincones encontrabas gente.
En la zona de cabinas, la mayoría ocupadas, la sala del minicine, con una decena mínima de personas cada vez que entraba, si bien, la mayoría de las veces estaban todos, o simplemente sentados en los sofás, apoyados en la pared o transitando cerveza en mano, eso sí todos a la expectativa de ser abordados, algunos con la ansiedad y el deseo escritos en su rostro, y otros con cara de póquer, no fuera a verse que deseaban lo mismo que todos.
Que en un momento viera una mamada o que en otro, un tío culipuesto sobre la cama preparado para ser follado por quien quisiera (no sé si lo consiguió), u otro a la vista del resto sí se cepilló a uno, no quita que la acción fuera muy ocasional.

En la otra zona de cruising, la parte del Exxxtrem no compartida con el sex shop Cupido, había más un ir y venir de gente. No se producían excesivos agolpamientos de gente, salvo en uno de los cuartos, en el que en las tres ocasiones de culiexposición me folló el mismo tipo las tres veces. Fue un tío mayor, que siempre le costaba meterla, pero una vez conseguido el propósito, una vez dentro follaba bien, pero sin más, estaba unos minutos, y paraba.
Cuando la sacaba, hacia un característico 'Flop', me daba un beso en el hombro o en el culete, y se marchaba feliz.
Yo, quedaba un tanto ansioso de más.

Ansioso como cuando en un momento de la noche, se la mamé a un tío buenorro en la sala de la jaula, pero que después de darme popper y ponerme pues cerdaco perdido, a los pocos segundos se fue.
-Que Cabrón, pensé- Y ahora qué?. Aquí, de rodillas, medio tirado, en lugar más apartado del local !.

Es lo malo que tiene el popper si te dejan así a medias, que te deja como cerdaco hambriento.
¡Terrible!. 

Más tarde, o antes, no recuerdo bien el orden, ya que con tanto movimiento y repetición con varios, como este iba a ser también el caso, me folló un italiano que, si bien en ningún momento dijo palabra alguna, me imaginé que así lo era.
De polla larga y fina, me entró, rápido y bien.
Digo bien, de maravilla, pues casi se podría decir que resbaló dentro.
Fue en la salita de paso donde todo el mundo podía ver y participar, pero en esta ocasión, no fue lo que ocurrió.
Después me volvió a follar el tío mayor de antes, era su tercera vez, y luego, rato más tarde, en el mismo rincón que antes, de nuevo, el italiano, que me pilló del brazo acercándome a él, mientras se morreaba con otro.
Me invito al morreo triple, y cuando esté tercero se marchó, fue cuando aprovecho para follarme por segunda vez.

Pasó un tipo grande con buen cipote, grueso, que mientras me follaba el italiano, me fue dando de mamar,  y cuando el italiano tuvo bastante, me follo el tío grandote, sin ninguna dificultad para mi sorpresa, entró como la seda.

-No hay culos estrechos, sino mal entrenados- pensé.

Y llegó la triste hora de irse
Echando cuentas, en el Exxxtreme me habían follado tres tíos, un total de seis veces, tres el mayor, dos el italiano y uno el pollón, sin contar, claro, el primero de la noche, también pollón, del Free Eagle.

Como el Men's Bar me pillaba de paso y aún quedaba una hora para el cierre, entré.
Había suficiente gente, como antes, por lo que pude entrar sin tener que pedir nada en la barra, y me fui directo a la zona de cruising.

- ¡Qué desolacion !,¡Pero que pasa..., si es viernes !- pensé, cuando lo ví tan vacío.
- ¿Donde esta la gente?.

Aún así pillé a un tío chiquitín, pero de rabaco impresionante. No hubieron muchos preáambulos.
Nos medio metimos en una jaula, en tanto que la reja quedó abierta,  y si bien el tío se la sacó con intención de que fuera a mamársela, fui tan rápido que me la metí por el culo en un zasca, que casi ni se dio cuenta.

¡Lo que hace la recién adquirida experiencia y estar hambriento !.

Con la polla bien metida, no le quedó más remedio que bombear siquiera un rato, que fue lo que hizo por unos segundos, un polvo breve.
Cuando la sacó para que siguiera el trabajito bucalmente, como había sido su primero intención, ni la probé, no fuera que ocurriera lo de dos días antes, curiosamente en el mismo sitio, encontrarla con mal gusto, y lo que es peor, tropezones.
Y se marchó.

Me puse en plan muy puta, pero desafortunadamente, para nadie.
Solo un tío muy mayor y pasado, que ni se le ponía dura, intento darme de comer, pero lo acabé rechazando.

Al poco apareció un tío guapo, muy puesto. Modernito.
- Este tío, aquí  no pega.- pensé.
Y menos pega conmigo.

Sin embargo pareció que quería rollo.
En medio del pasillo se sacó un pedazo de pollón , que solo de verlo, y a pesar de estar bien dilatado a esas alturas de la noche, pensé que aquello no me entraría.
Se dejó tocar, y enseguida, indicó ir hacia las cabinas.
Una rara combinación de atrevimiento, sacársela allí en medio, si bien claro que no había nadie, y pudor, querer hacer algo a escondidas en una cabina.

- Yo cobro - dijo nada más entrar.
Se lo hice repetir porque no le había oído bien
Que yo cobro - repitió.
¡Ah, pues yo también !-quise decirle - pero solo me salió, sin apenas pensármelo, un ¡Apa, pues bueno, pues adiós!.

¿Qué ha pasado? - preguntó un tipo que nos vio entrar y salir en menos de 30 segundos.
- Pues nada, que era chapero - le contesté.
Preguntó por curiosidad, obviamente, pero aprovechó que quería rollete.
- Estás muy bueno, decía , mientras me tocaba la tetilla.
Y uno estas cosas se deja hacer.

El tío no estaba mal, pero yo ya estaba agotado.
El cansancio comenzaba a ganar al hambre.
Y amablemente, saliendo y riendo la jugada con el chapero, nos despedimos.
Él se quedó con un amigo que le esperaba arriba en una mesita fuera del local.

Y yo derechito al hotel, esta noche si, ya sin sorpresas.





5 de octubre de 2018

De aperitivo, mamadas y trío ( 3er.día - 2ªparte )






Una cosa es entrar en un bar y ver poca gente, y otra no ver a nadie ni siquiera al barman.
Así estuve unos minutos, de plantón en la barra, entreniéndome eso sí con los videos musicales de la pantalla, hasta que el muchacho apareció como de la nada. propinándome un susto de muy padre y señor mío, de lo absorto que estaba.

- Un redbull, porfa !- pedí al camarero, después de recuperarme del sobresalto.
- Monster?, Que es parecido, ok?- me propuso.
- Pues Ok. Y me fui a sentarme al taburete junto al bidón que servía de mesita.

Un rato después entró en el local y tipo de mediana edad, sin ninguna característica en especial, que tras pedir algo para tomar, se giró, me miró y se tocó el paquete.

- Algo de predisposición tiene - pensé - igual surge algo.

Así que bajé a la zona de cruising del sótano, y me siguió.
Nos liamos sin excesivo apasionamiento, y tras unas mamadas, el tío se corrió.
Cuando nos disponíamos a salir, había pasado suficiente rato como para que dos tíos llegaran y se enrollaran.
Él se involucró en los tocamientos de la pareja, y yo me quedé mirando y esperando si alguno de ellos me invitaba a participar.
Se debían conocer de, por lo menos, otros roces anteriores, pues todo resultaba muy natural y fluido.

Uno de los de la pareja inicial me invitó a unirme justo en el momento que marchaba.
Lo sustituiría en el trío.
Quedamos pues, aparte de mí, el tío con el que me había enrollado minutos atrás y un tío alto, mayor de rostro ajado que fué quién me ofreció polla para mamar.
No la rehusé, obviamente, era de buen calibre, dura y bien formada, pero al poco la uso para follarse al otro, una vez la tuvo bien lubricada.
Muerto de envidia de no ser yo el afortunado me quedé mirando, al menos, como se lo cepillaba.

Como no se decidía a cambiar de culo por el mio, y viendo que me ofrecía el del otro tipo, me coloqué un preservativo y me lo follé.
Pero resultó ser un aborto de polvo que no duro más que unos segundos.
No sé si porque no tenía el culo bien lubricado o no quería realmente que me lo follara, y hacía algún tipo de esfuerzo para que le entrara.
Tenía que ser esto último ya que la primera polla, bien gordota, le penetró sin apuros.

Y fue entonces cuando el tío de rostro ajado me quiso follar, y lo hizo.
Presuroso y contento le puse mi culito a su disposición.
Un buen polvo a toda regla, a la luz de la pantalla del vídeo porno, mientras se la volvía a mamar al primero.

Una vez acabamos de follar entraron tres tíos más que flirtearon entre ellos.
Solo observé como se desarrollaba la escena, pero no parecía que fuera a cuajar nada. Yo no intenté nada con ellos.

Y tampoco entró nadie más. 
Era hora de cambiar de lugar.

En el Men's Bar  había un poco más de ambientación que en días anteriores, normal si consideramos que era viernes, pero básicamente en la zona de bar, donde estuve la mayor parte del tiempo.
Abajo la misma desolación que en días anteriores. Muy poca gente y que casi se diría que parecía que quisieran evitarse, si bien, a ratos las cabinas estaban ocupadas, por lo que se deducía que alguna cosa, por poco que fuera, sucedía.
Pero a puerta cerrada, cero morbo.

Bajé varias veces y siempre era lo mismo.
Hoy no me apetecía ir al qüero. No me apetecía sufrir de nuevo continuas intromisiones.
-¿Y si voy al exxxtreme?- me pregunté a mi mismo, recordando la noche loca de hacía dos días.

¿Lo sería de nuevo?

(Continuará)



30 de septiembre de 2018

Puteando en la rocas ( 3er.día - 1ªparte )




Pues si, en las rocas resulté ser más puta !.

Recién había tenido una breve conversación con un amigo por el feis y tuiter.

- Que no te creas, en la playa soy un santo- decía yo.
- Pero seguro que en las rocas no - me replicaba.

Y es que, ciertamente, nunca he ligado en la playa.
Normalmente siempre voy acompañado, y obviamente no estoy por la labor.
Pero cuando he ido sólo, tampoco me lo he propuesto. Siempre he preferido disfrutar del agua, el sol, la lectura, las vistas.
Y todo hay que decirlo, dado mi poco don de gentes, entre tanto público hetero, con tanta luz y poca intimidad y que no me resulta especialmente morboso, pues ni lo intento.

Otra cosa son las rocas próximas de las calas o los bosquecillos anexos de las playas en cuestión.
Entre rocas, experiencias cero y en bosquecillo, el de la Cala de l'home mort en Sitges, una sola vez.

Pero esta vez, que iba sólo y después de aquella breve conversación, me atreví cuanto menos a intentarlo, no en la playa, sino en las rocas.
Y para ello tenía que vencer un pequeño miedo.

Así pues me dispuse a investigar los puntos de apoyo y agarraderos de las rocas, buscar la manera de ir un poco más allá de las primeras que a pie suelto eran fácilmente transitables, y por ende, muy visibles desde la playa y relativamente de paso común a quién se aventura por ellas.

Si habían tíos que lo hacía, no veía porque yo no.
Y las traspasé.

No somos nosotros, pero bien pudiera haberlo sido.
Al otro lado solo había un tipo tumbado, tomando el sol y leyendo.
Pero al poco, un tipo de aproximadamente mi edad apareció por detrás como si me hubiera seguido.
Aunque eso no era garantía de nada.

Nos seguimos las miradas y los pasos, y poco a poco ambos nos fuimos aproximando hacia la pared del acantilado que,  quieras o no, era la zona más recogida e intima, pero aún así, expuesta a miradas desde algún punto de rocas o del mar.
La privacidad no era total.
Nuestras pieles se rozaron, como quien no quiere la cosa, de ahí claramente nos agarramos las pollas y comenzamos a pajearnos.
El tío tenía la respiración más agitada que yo.
Parecía más nervioso.

Sin demorarme mucho, acabé bajando a comerle el rabo, y unos segundos más tarde, se apartaba advirtiéndome que se corría, cosa que no llegó a producirse hasta unos minutos después, tras unas cuantas manolas más.
Con buen reguero de leche desperdiciado por las rocas, dió las gracias y nada más, y se sofocó las calores y los ardores chapuzándose en el agua. De paso se limpió.

Deshice el camino y volví a mi toalla, abandonada en la playa.
Retomando el sol me di cuenta que, ciertamente, mi amigo tenía razón y las rocas me volvían más puta.

No había sido una gran aventura, pero comenzar así el tercer día resultaba prometedor.

(Continuará)



25 de septiembre de 2018

Memoria: Anexo al post "Follando en la calle". El pasaje Begoña.




No.
En este post no hay sexo ni erotismo.

Tampoco es exactamente la continuación del post "Follando en la calle", en tanto que, la aventura concluyó yéndome al hotel y el inglés, supuestamente, quedándose con aquellos conocidos suyos.
Así, del pizpireto muchacho de la sonrisa arrebatadora no supe más, y del callejón, por el cual pasé un par de días más tarde para hacer la foto que incluí en el anterior post, tampoco hubo un después, pero si un antes.

Al contrario que la inmensa mayoría de las publicaciones que escribo en el blog, en las que previamente hago un borrador al día siguiente o en unos días, para no olvidarme de detalles, sobretodo si los hechos acontecen en varios lugares y con múltiples "partenaires", y aún así a veces me lío, de este lo confié todo a la memoria.
Ni una palabra fue escrita antes de comenzarlo, porque sabía que en cuanto me pusiera, me acordaría de todo, por la singularidad de lo que pasó.

Otras veces ocurre que indico en un borrador un hecho, pensando que ya lo completaré en su redacción final, y resulta que no me acuerdo mucho del qué o como pasó.
A modo de ejemplo, además muy reciente, dos post hacia atrás, en el post "Del Men's al Querell, una mamada y poco más", casi al principio del todo sale esta frase "un polvo sin historia en el cuarto oscuro, de uno que después de pezonear con otro, se me acercó, tocó mis nobles posaderas y con una triste minifollada de 'ná', me ventiló".
Lo escribí al día siguiente, pero a fecha de hoy, y del día que lo publiqué, no recuerdo nada y dejé el texto así, casi tal cual lo redacté.

Y es que no somos nada más que memoria.
Tanto a nivel individual, como social.
De algo nuestro que no nos acordamos, para nosotros no existe.
Memoria de unos recuerdos, experiencias, habilidades, aprendizajes, pero que cuando los olvidamos, mueren, y con ellos, también un poco de los que fuimos.

Cuando me puse a buscar una fotografía que acompañara al post anterior, aparte de alguna morbosilla y no censurable por feisbuc, también buscaba alguna del callejón, mejor de la que había hecho yo.
Y busqué por el nombre del mismo que, en su momento, me apunté, pasaje Gil Vicente.
Y aluciné con una de las fotos con las que me encontré, concretamente, la que encabeza este post.
Era del antes de 1971 y el después, ahora.

¿Qué era ese callejón y que había podido ocurrir para ese cambio tan radical?.

Pues en un repaso breve de la historia, sucedió que en los primeros años del boom turístico español allá por principios de los 60 del que Torremolinos fue punta de lanza, allí, en medio de un ambiente local incipientemente tolerante con todo lo que oliera a modernidad y libertad, se abrió Tony's, el primer local abiertamente gay,  en el pasaje de Begoña, que es como por aquel entonces de llamaba el callejón, y con él otros club y bares nocturnos que iniciaron un ambiente gay al que, incluso, llegaron a acudir personajes famosos extranjeros.

Pero la permisividad del régimen franquista duró pocos años, y en la noche del 24 de junio de 1971, las fuerzas del represión del estado, actuando con la legalidad vigente y alegando infracciones graves contra la moralidad y buenas costumbres, iniciaron una redada en el pasaje, donde fueron detenidos cientos de personas, identificados, algunos encarcelados, multaron a no pocas, expulsaron del país a los extranjeros ( con la consiguiente repercusión en la prensa internacional ), y precintaron y clausuraron los locales, propinando un duro golpe al turismo local y al ambiente en particular, del que años más tarde se recuperaría, una vez muerto el perro y disfrazada y transformada la rabia.

Vamos, todo un Stonewall patrio, salvo que si este provocó el inicio del movimiento por los derechos lgtb, aquí los hechos cayeron en el olvido bajo la losa del nacionalcatolicismo imperante, y la prensa siempre tan allegada al poder.

Extractos de la prensa de la época


Y es que todos los totalitarismos, sean del signo que sean, de cara amable tienen poca, solo para cuando pretenden seducir y convencer mediante mentiras o tergiversando el lenguaje y los hechos ( actualmente tenemos muchos ejemplos presentes ), pero la careta se les cae en cuanto llegar al poder, si es que no han llegado ya por la fuerza.

Aquí os dejo varios enlaces por si queréis saber los hechos con más detalle.


También incluyo el enlace a un documental de televisión, muy interesante, que habla más extensamente del inicio del boom turistico en Torremolinos, en el que en dos momentos, minutos 19'24" y 43'47", se menciona el pasaje Begoña y explican los hechos que acontecieron.

Afortunadamente, existe una iniciativa de recuperación de la memoria histórica y dignificación del lugar que pretende devolverle el esplendor de antaño.
Y desde aquí mi apoyo.
En ese camino, el motivo principal del cartel anunciador de la semana del orgullo de este mismo año fue el colorista pasaje en su mejor época.



Cuando me enteré de la historia del pasaje no dejé de sentir cierta desazón, como si hubiera profanado no tanto un lugar sino una memoria, cuando aquella noche, allí, se nos desató la líbido al inglés y a mí.

Luego pensé ¿Y si no fue exactamente fruto de la casualidad, sino que fuimos realmente atraídos?
En cualquier caso, me pareció apropiado, justo e interesante colaborar con este modesto post a recuperar algo de la memoria y la dignidad de los que por ser como eran, pensaban y actuaban, sufrieron la represión franquista.






18 de septiembre de 2018

Follando en la calle / Fucking in the street (2ºdia/última parte)



(Continuación)

 Hey, man! - oí que como una voz masculina llamaba a alguien por detrás mío.

La noche estaba muy avanzada y pasaba mucho de la hora en que la mayoría de los locales habían cerrado. No había prácticamente casi nadie por las calles.
La llamada sólo podía provenir del único tío que acababa de ver, sin prestar mayor atención, al otro lado de la calle y el "man" al que se dirigía debía ser yo.

Me giré y vi como aquel tío que con sus pantalones cortos, sandalias y camiseta en mano, a paso ligero, venía hacía mí.
Tal cual, si bien le faltaba la toalla y demás bártulos, de ser a pleno día, hubiera parecido que venia de la playa

-Hey, man!- volvió a decir una vez vió que había conseguido mi atención.
Era un tipo joven, bajito, entre 20 y 25 años, vivaracho en su manera de andar, de piel blanca uniforme e inmaculada, sin un ápice de vello, músculos suavemente marcados y claramente extranjero.
Debía de haber llegado ese mismo día, o debía de ser inteligentemente cauto al tomar el sol, porque no mostraba ningún rastro del rojo gamba tan típico de los turistas recién llegados.
Eso, o que la iluminación nocturna de la calle lo disimulaba.

- ¿What are you doing here?- me preguntó cuando llegó a darme alcance.
- I'm going to my hotel... to sleep - le contesté desempolvando mi rudimentario inglés, a la par que un tanto sorprendido de la pregunta. Pocas cosas se pueden hacer en la calle a esas altas horas de la madrugada.

El tío quedó como extrañado.

- Que fais-tu ici?- preguntó esta vez en un francés con buen acento, dejándome descolocado de su posible procedencia y hundiéndome en la miseria por mi presumible terrible acento, al no hacerme entender en un inglés tan básico.
- Maintenant, j'vais à mon hôtel pour dormir en peu - le contesté en francés, con cierto alivio de poder comunicarme con más comodidad, si bien no quiere decir que lo domine, me resulta más familiar e inteligible.
- Et toi?- le pregunté.
El cabrón volvió al inglés, y lo que deduje, más que entendí, era que se iba para su hotel pero que no se acordaba donde estaba.
Me sorprendió bastante.
El tipo no tenía pinta para nada estaba borracho. Ni se tambaleaba al andar, ni balbuceaba al hablar, ni le olía el aliento, ni tenía los ojos vidriosos ni la mirada medio perdida.

- You are a sexy man !, exclamó de repente, no dejando de caminar.
Y yo casi me muero, no ya por lo que me dijo, aunque por lo cual ya pensé fijo que algo se había tomado, sino por aquella irresistible, preciosa y sensualísima sonrisa profiden con la que acompaño sus palabras.
-You too- respondí, con el mínimo posible de palabras para evitar tartamudear y disimular que el corazón se me aceleraba.
-¿Querrá rollo?- pensé. No sabe donde tiene el hotel (¿Será porque quiere venir al mío?) y me dice que soy sexi, todo eso a las cuarenta de la madrugada, sin ni Dios por la calle.
Al tiempo que le respondía y pensaba, aproveché con cierto descaro a presionarle uno de sus pezones que llevaba al aire.
- Mmm...- surgió de sus labios - and hot!- añadió.

Al llegar a la primera esquina, me cogió del brazo y me hizo seguirle unos pasos hacía dentro del callejón, apenas unos metros, lo suficiente para no molestar al paso de posibles aunque improbables transeuntes que aquellas horas andarán perdidos o de vuelta a su guarida.
La calle, más bien dicho plaza, estaba en obras, y en paso lo habían estrechado a parte de la acera.

El callejón visto desde la calle principal
 y a la derecha el límite de la cristalera. 
El guapo y seductor inglesito se apoyó en el punto donde acababa la cristalera de la tienda y comenzaba la pared del callejón.
Me invadió el deseo irrefrenable de "comérmelo" y me lancé a ello comenzando por los pezones.
El tio, no creo que nada sorprendido, comenzó a gemir.
-Oh, yes suck it !- decía.
Aquella suave y delicada piel clamaba atenciones por todos sus rincones.
Mi lengua comenzó a subir por su pecho, mientras mi mano no dejaba desatendido sus pezones.
Lamí su cuello y al llegar a la boca le besé.
Un morreo breve, seguido de tres o cuatro besos que fueron descendiendo hacia su axila, que ya había dejado al descubierto.
 Y los besos se convirtieron en lametones a lengua completa.
- Yeees, lick me, lick me !- susurraba entre suspiros.

La temperatura crecía exponencialmente.
Para ese momento también yo me había quitado la camisa.
- Lick, lick !- no dejaba de pedir con ansia casi suplicante.
Yo me afanaba en ello.

El muchacho comenzó a desabrocharse el pantalón, y estos cayeron al suelo dejando al aire verse una preciosa, bien proporcionada y sonrosada polla, que destacaba con un toque discreto de color sobre el resto de su piel blanquecina.

Claramente quería más, y yo no podía rechazar catar aquel manjar que se me ofrecía.
Me daba mucho apuro arrodillarme a mamar tan cerca del paso principal, en la que cualquier persona de paso, casi sin necesidad de girarse podía vernos, ya pues si bien aquello era un callejón, la luz abundaba, y como pude comprobar minutos más tarde, rincones de penumbra no existían.

Pero allí estaba, enhiesta como un mástil en espera del roce de mis labios.
No me arrodillé, pero si me incliné para, al menos, saborearla unos instantes.
- Pura ambrosía que desde la vieja Albión enviaban sus dioses para hacer olvidar su injusta fama de pérfida!- pensé, cuando al tacto noté su jovial virilidad.

Pero unas voces que se acercaban rompieron el mágico momento.
Me incorporé en cuestión de segundos y él se adecentó en la medida de lo posible, básicamente subiéndose los pantalones.
Yo, por raro que parezca, aún los llevaba bien sujetos.
Pasaron las voces. Ignoro si se dieron cuenta de nuestra presencia.

Él sí se percató que, viendo que íbamos a mayores, aquel lugar resultaba poco discreto, si bien no tenía muy claro si ello le preocupaba demasiado.

Detalle del fondo. En el momento
 de los hechos no estaba
 el saco de escombros
- Come, follow me ! - me dijo una vez ya pasó la gente, saliendo a paso ligero todo pizpireto hacia el fondo del callejón.
No había portal alguno que ofreciera resguardo y la iluminación era la normal de cualquier calle.
Poca intimidad pues prometía el lugar, sólo que un poco más apartados de la entrada.

Y al llegar al fondo, continuamos donde lo habíamos dejado.
Ambos esta vez dejamos caer nuestros pantalones, y no eso, sino que nos los quitamos, yo volví a comerle la polla, esta vez sin tanto recato ni atención de lo ocurriera alrededor y él gimiendo y suspirando sonoramente.

Al cabo de un rato de mamada desenfrenada, él se retiró un poco hacía atrás y se puso a observar un poco en la distancia.

-Oh, sexy man !- brotaron de nuevo aquellas palabras, a través de sus rósaceos labios y de aquella  pícara y sensual sonrisa que me desarmaba por completo.



- Take off your panties! - dijo, a modo de orden.
- What ?-  pregunté, más que nada para asegurarme de lo que me había parecido oír.
- Your panties, take off them!.
- No!- contesté, meneando de una lado para otro la cabeza. Con lo que me ha costado aprender el palabro jockstraps, va este y me lo cambia por panties!.

Obviamente este no era el motivo de mi negación, sino que ya me sentía suficiente desnudo, para quitarme del todo lo único que me quedaba, ya a la altura de los tobillos.
Él, el pelota picada, insistía, con aquella sonrisa que me volvía loco.

-Please, take off your panties!.
- Que pesadito- pensé.

Viendo que no me bajaba del burro, y con un gesto de fastidio y resignación volvió a acercarse a mí a continuar con los magreos, mamadas y lametones.
Comenzó luego la palpación de nalgas y la búsqueda de mi agujero negro.

Un farfullo ininteligible para mí salió de su boca, de lo que lo único que pillé fue 'ass' y 'fuck', por lo que no necesitaba mucho más para saber sus intenciones.
Y al poco ya estaba yo de espalda a él, con el cuerpo ligeramente inclinado, ofreciendo mi culo hambriento que tan poco había podido disfrutar aquel día, esperando un poco de alegría británica.
La actividad del dia anterior, con sus cinco polvos, tuvo su buen efecto al permitirle el paso sin problema ni dificultad alguna a aquella blanca y vivaz estaca sedienta de placeres.

Si hasta ese momento, el tono se había movido entre suspiros y gemidos contenidos, el vaivén que siguió y un tenaz metesaca, desató la expresividad del buen mozo.
Lo que había sido sonidos discretos, se convirtieron en ruidosos gruñidos y enfáticas exclamaciones.

Vamos, el típico monólogo (yo mantenía el tono de gemidos en baja escala) de una película porno en pleno folleteo: Oh!, yes!, yeah!, sexy, my god!, fuck, ass, god boy, etc, etc...

A la par que disfrutaba como perra en celo, me sentía muy abrumado que la escandalera del muchacho llamara la atención a algún vecino insomne.

Como así ocurrió.

Unos gritos a pleno pulmón surgieron de la nada, retumbando en el callejón y llegando claramente a nuestros oídos, destinatarios del mensaje.
Apresuradamente nos recompusimos y literalmente salimos por patas, al menos a la velocidad que caminar poniendo y subiéndonos los pantalones, y las chanclas nos permitían.
No eran insultos, sino más bien "amables recomendaciones" de ir a hacer esas cosas a otros sitios más apropiados, y yo lo comprendía.
El inglés no dejó de replicarle en su lengua y francés indistintamente, si bien en la lengua de Molière solo decía Je ne comprends pas.
Al vociferante no le eran necesarios improperios, pues al llegar a su altura, nosotros dos pisos más abajo a ran de calle, claro, nos llegó su última sentencia: "Como saqué la escopeta y te pegue un tiro en la cabeza vas a ver". Vamos, que el tipo se quedó a gusto.

Incorporados ya a la via principal, él seguía queriendo marcha y a cada portal o calle lateral que veía se acercaba, si bien sin éxito alguno.
No había rincones posibles para seguir con el desenfreno.
Y yo no quería llevármelo al hotel, básicamente porque en la recepción del mismo estaba por escrito las normas en la que prohibía de manera explícita la entrada de acompañantes.

- ... friends... hotel ! - pillé entre varias palabras que de repente dijo cuando vió a un pequeño grupo de tíos en la penúltima calle que quedaba por llegar a mi hotel.
Apresuró el paso, avanzándome, y dirigiéndose a hablar con ellos.
Supuse que había reconocido a algún amigo suyo que le ayudaría llegar a su hotel.

Pero no me quedé para comprobarlo.
Para descansar de tan singular noche, apenas me quedaba cien pasos y una esquina más.

Fin.