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27 de febrero de 2014

Un mediodía en Sauna Condal (2ª parte)




Puro y cigarrillo.
Así iba a ser.
El primero lucía una polla más bien pequeña, delgada y dura. La del segundo era más bien del tipo standard, pero rica y gordota.
Ambos actuaban sin ambigüedades, quedando claro lo que querían, así que hice lo propio.

Extendí los brazos hacia cada uno en señal de aceptación, mientras me agachaba y
comenzaba la comilona de ambas pollas alternativamente.
Al poco se añadió un tercero.
Este apareció por detrás, desde cuya posición comenzó a trabajarme las tetillas.
Me giré para situar al segundo en el centro y tener al alcance de mi hocico la tercera polla en cuestión.

Les iba observando mientras me dedicaba a mis labores. Los tres tendrían una edad intermedia, sobre los 35/45, más o menos de buen ver, pero no interactuaban entre ellos.

Me imaginaba un bukkake a tres, en el que yo en el centro recibía la lechosa ducha del trío.

Pero el último en incorporarse no tardó en marcharse, sin descargar, y a continuación el segundo, el de la pollota gorda, también se retiró sin correrse.
Mi fantasía de un bukkake espontáneo quedaba sin realizarse.

No me quedaba otra que marcharme o conformarme con el de la polla pequeña.
Pero lejos de parecer que me quedaba con el premio de consolación, una vez solos, el tío comenzó a follarme bien la boca,  lechando sobre mi pecho su abundante esencia por los tres juntos.

Puros y cigarrillo, sin encerrona ni cascada múltiple a tres bandas.
Pero quedé satisfecho.

Salí, y me fui a tumbar a una de las cabinas de esa misma planta.
Me dispuse en la misma posición que hacía unos días me había puesto en uno de los cuartos de la sauna Nova Bruc, o sea, sobre mi toalla, boca abajo, tal cual como si estuviera en la playa, y la puerta abierta, por si a alguien que pasara por allí tuviera ganas de algo, entrara. (ver post: Momentos robados I y II)
La única diferencia era que esta vez iba bien dispuesto de condones, lubricante y poppers.

Al muy poco rato, entró, afortunadamente, un tío.
Sin preámbulos ni cruce de palabras, palpó mi culo, metió suavemente uno de sus dedos para tantear el ojete, se subió al camastro, y acomodó a horcajadas encima mío, mientras cogía tan panchamente un condón y se lo ponía.

Y todo sin el manual de instrucciones de como proceder.
Aunque era obvio, resulta raro encontrarse con alguien con tanta desenvoltura y buen hacer.
El tío lo tenía claro.

Por mi parte, viendo el percal, intenté abri uno de los sobrecillos de lubricante, sin éxito.
Por nervios, sudor o propia ineptitud, me suele ocurrir.

En su primer intento de penetración no consiguió nada, así que sin dudarlo, lanzó un escupitajo sobre mi ojete, a tal fin.
Y aunque aquello tenía su punto guarrete, faltaba ver si tenía su efecto.
Yo seguía luchando con el sobre, hasta que tuve que desistir.

Y sí, acabó entrando sin mucha dificultad.
Me quedé boca abajo y con el culo en poma, mientras el se mantenía en cuclillas y con su polla dentro.

Una postura creo que  incómoda para follar, y así parecía, pues con la polla ya adentro apenas se movía.
Asi que el que se movió fui yo, manteniendo un ir y venir, haciendo que su polla entrara y saliera, sin muchas brusquedades pues él mantenía un precario equilibrio en esa posición.
Estuvimos asi un ratillo hasta que el cesó toda actividad y optó por retirarse.

Pensé que la postura le era sumamente incómoda e iba a cambiar
Pero no, simplemente se quitó en condón y se limpió. Se habia corrido !

No emitió ningun sonido.
Ni gemido, suspiro, susurro ni palabra alguna.
Ni un hola, ni un adiós
Ni un te voy a follar, ni que bien o mal me lo he pasado o que ha gusto me he quedado
Fue cuando me di cuenta que era el chaval más jovencito que corria por allí en aquellas tempranas horas de la tarde.

Sali de la sauna y volvi a las navidades.

( Diciembre, 19)

23 de febrero de 2014

Un mediodía en Sauna Condal ( 1ª parte)




Visitar la sauna condal entre el mediodía y primera hora de la tarde de un día perdido en mitad de diciembre se ha convertido en toda una tradición.
De hecho, y a pesar de gustarme por la variedad de gente que suele haber, apenas voy el resto del año.
Puntualmente puedo ir una o máximo dos veces más, pero tanto ya resulta extraño.
Influye que no me pilla tan de paso, el precio, que siempre cuando voy me toca pagar la tarifa más cara, y 16 euros son muchos euros, y es, tal vez entre las que frecuento, la menos discreta o mejor dicho, la más popular.

Este año iba a ser la tercera visita.
La primera fue muy a principios de enero y la segunda, no recuerdo bien si junio o julio, fue un dia especial de leather party, a la que asistí emocionado, pero lo más atrevido que ví fue que en la planta de arriba se tenía que ir desnudo, o sea, sin la toalla puesta.
Realmente ese día fue tan decepcionante que no mereció ni siquiera una entrada en el blog para criticarlo.

El caso que llegó el día en cuestión y allí me presenté.
Como era de esperar por día y hora, no había mucha gente.
En mi primer paseo por la sauna para ver la ambientación descubrí que habían hecho una modificación en el cuarto oscuro de la unión de varias cabinas, y es que lo había convertido en minilaberinto con un poquillo más de luz que antes.
Fue al entrar ahí que vi que me siguió un tío maduro de buen ver, sobre los 40 años, que no tardó en ofrecerme su polla.
A veces... bueno, en realidad muchas veces, me pregunto si lo debo tener escrito en la cara que me va más comer polla que dar a que me la coman.
El caso es que casi siempre me acabo yo amorrando al pilón.

Y aquel pilón era de los de O, o sea, de las que uno tiene que poner la boquita en o mayúscula, gordita y rica. Perfecta, sin llegar a ser de categoría A, de los que te desencajan la mandíbula y no disfrutas de ellas.
Así que me dispuse, bien arrodillado, a dedicarle una buena mamadita.
A pesar de que el tío se sobreexcitó, no quiso correrse ni seguir con otras cosillas.
No importaba, pues como aperitivo estaba bien.

Después del típico paseíllo para estirar las patas después de haber estado por faena en incómoda postura, que aunque de rodillas me guste, no quiere decir que no acabe siendo molesto, viendo el personal y disfrutando de las instalaciones, ví  un joven delgado y peludito como me seguía a la sauna de vapor donde había decidido meterme esta vez.

Un tío mayor con una polla descomunal bien erguida hacia el techo y el tío de la polla O estaban dando sus atenciones a otro maduro regordete sentado allí sentado.
No sé si había alguna intencionalidad para conmigo por parte del chavalín, pero no sé inmiscuyó cuando me lié con las tres gracias.
No pasó de cuatro toqueteos y alguna que otra churrupadita rápida, pero sin demasiado dedicación ni esmero.

Después de este segundo aperitivo, venía siendo la hora de comer, y meterse algo más nutritivo en mi estómago perruno que comenzaba a sufrir de hambre canina.

Un bikini (sandwich mixto de jamón y queso), una cerveza y un café, en el bar de la sauna, satisfacieron estas otras necesidades.

Aunque no fue una comida copiosa, sino más bien fue un tentempié, no me pareció muy prudente meterme en ninguna de las saunas, ni la seca ni la del vapor, ni en el cine, ni en una cabina porque me hubiera quedado seguramente dormido como un lirón.

Así que dirigí mis pasos hacia la sala de juegos del último piso, a ver si tenía la fortuna de catar un buen puro habano, aunque me conformaba, la verdad sea dicha, con un cigarrillo del país.

Justo en la entrada había un tío que nada más verme comenzó a magrearse el paquete, y con una mirada de deseo, lascivia o necesidad perentoria, y un ladeo de cabeza, indicaba que lo siguiera.
Como mi intención ya era meterme en el cuarto, le seguí para de paso confirmar sus intenciones, que a veces, por muy claras que estas parezcan, pueden llevar a confusión.
Nada más cruzar el umbral entre cuarto y pasillo, vi por el rabillo del ojo, como otro tío, desde las escaleras, bien decidido, comenzó a seguirme.

Por un momento pensé en una encerrona, o al menos, entre ellos había cierta compenetración.

El primero se dirigió hasta situarse junto a los barrotes, se giró hacia mí, se quitó la toalla dejando al descubierto toda su masculinidad que con todo descaro me ofrecía.
Al tiempo que me arrodillaba, el segundo se colocó junto a mi lado, quitándose la toalla y realizando el mismo ofrecimiento.

Parecía que iba a tener puro y cigarrillo ...

(Continuará)



9 de febrero de 2014

Atrapado en el tiempo







No podía ni quería esta más de una hora, con lo que ya me comenzaba a preocupar estar tanto rato sin hacer nada.
Ni toques evidentes, ni roces sugerentes, y mucho menos intentos de mamada, por decir algo.
Hasta cierto punto se podía entender, pues no había visto ninguno de mis habituales cazadores, que a la que me ven, me pillan, y muy pocas caras conocidas, ni de las que conozco por algún devaneo puntual, ni de las que simplemente conozco de haberlos visto por allí en otros ocasiones.

En parte lo agradecía, pues no existía el factor de lo previsible y conocido, que por ese mismo hecho, a veces resulta aburrido.
Me lo tendría que currar más, o no, pero el caso es que además, me sentía invisible.

Y hasta podría parecer curioso, porque ese día, a pesar que no había un olor muy fuerte, me había visto obligado a quedarme en camiseta de manga corta, cuando la mayoría de la gente iba con su jersey o con su abrigo.
Tenía un compromiso posterior y no quería acudir, en lo posible, apestando a ambientador barato.
Así que había dejado la cazadora y la camisa en el guardarropía.

Al final topé con un tío que iba medio 'torrao', o digamos que con cierto punto de mareo, dominante, no sé si bien por que era su estado natural o por lo que se había metido dentro de ese cuerpo treintañero.

Me ví mamando su polla, él de pie y yo sentado en los escalones del final del cuarto oscuro, a los que muy decididamente me había llevado cogido del brazo.

- Te gusta mi polla?-, preguntó.
- Sí-, contesté, al menos en la cuestión de tamaño y gusto, pensé, sin que fuera tampoco nada extraordinario.

Tras un par de meneos se detuvo un instante, sacándomela de la boca.
- Quieres que vayamos al lavabo?-. fue su segunda pregunta.
- No, no-, le dije plenamente convencido.
- Prefiero quedarme aquí -, añadí, a la par que pensaba que casi siempre lo prefiero, pues así existe la posibilidad que aumente el morbo con algún nuevo espectador o, mejor aún, participante.

-Vale-, dijo, pareciendo contentarse con mi respuesta, no así, evidentemente de mis pensamientos.

Otro par de metesacas más tarde, se detuvo... y preguntó:.
- Quieres mi leche?-.
- Si, claro,- respondí un poco temiendo a que se fuera a correr ya, pues con todo, meneos y preguntas, apenas habían pasado un par de minutos.
- Donde quieres mi leche?, preguntó de nuevo, adelantándose a mi intención de concretar mi respuesta.
- En la cara o en el pecho, donde prefieras-, le aclaré.
- Vale.
- Dame un beso,- prosiguió.
- No, no -, contesté sin más.
Aunque me gusta besar, me tiene que realmente apetecer, y que le chupe la polla a un tío no quiere decir que le vaya a besar a la que me lo pida. Me cuesta menos mamarle que besarle.

Y me siguió dando de comer, en un silencio que duró bien poco.

- Te gusta mi polla?, -preguntó.
- Sí-, contesté, pensando que ya me lo había preguntado hacía bien poco. Y no había cambiando de parecer.  
Tras un par de meneos se detuvo un instante, sacándomela de la boca.
- Quieres que vayamos al lavabo?,- me interrogó de nuevo.
- No, no me apetece-, maticé esta vez, pero sin llegar a explicar el porqué.

Otro par de metesacas más tarde, se detuvo... y preguntó:.
- Quieres mi leche?-.
- Sí, claro,- contesté. Soy consciente que hay gente le pone cachondo repetir una pregunta, oír unas palabras concretas, etc, etc... Yo, sin ir más lejos, me encanta que me digan cochinadas, pero no me hace tanta gracia que me interroguen. Palabras, las justas y adecuadas.
- Donde quieres mi leche?,- me sorprendió con su inesperada pregunta.
- En la cara o en el pecho, - le recordé por si se había olvidado.
- Vale.
- Dame un beso-, pidió.
- No-, le dije, rechazando la idea.

Y me siguió dando de comer, en un silencio que duró bien poco.


- Te gusta mi polla?, -preguntó.
- Sí-, contesté. Qué plasta de tío !., pensé, por Dios !.  
Tras un par de meneos se detuvo un instante, sacándomela de la boca.
- Quieres que vayamos al lavabo?,- sugirió... por tercera vez?.
- No, no quiero-, dije ya sin matices, ni pensamientos.

Otro par de metesacas más tarde, se detuvo... y preguntó:.
- Quieres mi leche?-.
- Sí ,- dije escuetamente, mientras me comenzaba a salir cierto rebufido por las narices.
- Donde quieres mi leche?,-
- En la cara o en el pecho, - le dije, ya sin pocas ganas. Realmente no sé si me estaba tomando el pelo o estaba ensayando un papel de teatro y yo era su victima.
- Vale.
- Dame un beso-, pidió.
- No-, le dije...


- Te gusta mi p...?, -  no acabó la frase.
Exploté.
- Ni me gusta tu polla, de lo blanda y flácida que está de lo borracho y pedo que vas, ni quiero ir contigo ni con nadie al lavabo porque una vez allí eres capaz de vomitarme encima, ni quiero tu puta leche ni en la boca, ni en la cara, ni en el pecho, ni en los cojones, que debe saber a alcohol o oler a la mierda que vete tu a saber te has metido, y no, no quiero darte un beso, por los mismos motivos.
-Te ha quedado claro o te lo repito tres veces ?.


Bien... Eso es como me hubiera gustado que acabara, pero simplemente me levanté, y le dije:
- Mira..., lo dejamos, vale ?.

Y me fuí.


Arenas Cinema (18/12/13)


3 de febrero de 2014

Momentos robados ll - (Sauna Nova Bruc y Galilea)




Decir que seguí descansando sería una total mentira. Al menos, en soledad.
No sé se había pasado anteriormente y me habría visto y daba vuelta esperando su turno.
El caso es que nada más acomodarme de nuevo en la colchoneta noté una suave y delicada caricia en mi trasero.
Una caricia que se prolongó más de lo esperado.

Me sorprendió muchisimo pues esto no suele ocurrir.
Ya es poco frecuente que alguien entre cuando uno se dispone de esa manera.
Ocurrir, si, ocurre, pero lo más normal es que se queden mirando desde la puerta sin atreverse a entrar.

De entrar, la mayoría están por unos segundos, y son pocos lo que quedan pidiendo algún tipo de guerra.
Y este parecía ser el segundo de dos. (Ver el primero en el post anterior).

Así pues, con la punta de sus largos dedos comenzó una largas caricias por toda la anatomía visible y accesible de mi cuerpo, no dejando rincón alguno libre de atención.
Culo, ano, piernas, pies acariciaba con una mano. Espalda, hombros, nuca, brazos con la otra.
Se turnaban a ratos. A otros se complementaban.
Cuando sus dedos parecieron fatigados, comenzó el mismo ritual con sus labios.

Era un momento de pura sensualidad.

No me sentía excitado sexualmente, sin ningunas ganas de mover un dedo, y mucho menos de mamar una polla, claro.
Sólo sentía. Me dejaba hacer.
Estaba convencido que aquel momento no iría más lejos que de las sensuales caricias.

Lenta y suavemente me dí la vuelta para dejar accesible las otras partes de mi cuerpo por si les quería dedicarse a ellas, como así fué, siempre con la misma extrema dulzura.

Fue cuando aprecié que se trataba de un señor bastante entrado en años, cosa que no me sorprendió en absoluto.
Me alegré de mi falta de excitación, pasividad e inacción general pues no sentía ningún tipo de atracción física hacia él, pero tampoco ningún morbo especial.
Pero me daba igual, porque aún así, disfrutaba del momento.
Él tampoco parecía querer más.
Sólo en un momento muy concreto jugueteó con sus labios sutilmente con mi polla, sin en ningún momento llegar a chuparla, y menos mamarla.  

Fueron tal vez 20 o 30 minutos los que me dedicó, hasta que finalmente marchó, supongo que tan contento como yo relajado me quedé.

Consideré que ya era suficiente descanso, así que me dirigí a la sala de vapor para luego darme una duchita y luego irme.

Nada más entrar, sin yo llegar a sentarme uno del par de tíos que había, de más o menos mi edad, comenzó a toquetearme, con más prudencia que pasión.
Como me gustaba, me dejé hacer  para ver por donde quería ir.
Yo ya había tenido mi ración de mamada con el primer chaval y mi ración de caricias y sensualidad con el segundo tío.
No parecía que tuviera ganas de mamar. Sus manos no se detenían mucho en la polla, y evitaba los pezones. El momento se alargaba cuando yo ya había decidido irme, así que como no parecía decidirse a algo más le dije algo que normalmente no digo, sino que lo dejo a iniciativa del otro.
- Quieres follarme?, -le pregunté sin pudor alguno.
- Sí ,- contestó para sorpresa mía.
- Tienes condón?,- proseguí.
- No, pero puedo ir a buscar uno a mi taquilla,- dijo decidido.
Se marchó en su busca, quedándome yo esperando y sorprendido de como estaba yendo este momento robado al mediodía de un día imposible.
Con poca afluencia de gente, prácticamente sin hacer nada especial por mi parte, consigo rollo las tres veces a la primera.
Esperando en un cuarto, en actitud pasiva, el primero que entra me da de mamar, el segundo que lo intenta me da un sensual masaje y el tercero, ya en la sala de vapor y con una actitud yo un poco más decidida, me iba a follar.

Al final, el polvo estuvo bien, sin llegar a ser fantástico.
Andaba necesitado, así que no me podía quejar.

Una  vez sólo, mientras me corría, se me ocurrió como prolongar aquel mediodía.
Apenas eran las dos y media, y hasta las cuatro disponía de margen.
Recordé haber leído por la mañana un comentario de un lector que decía que igual se pasaba por la sauna Galilea a primeras horas de la tarde, a partir de las tres.
Ni corto ni perezoso, allí me presenté. Lo nunca visto ni hecho, dos saunas en un día.
No había mucha gente, y como era de esperar, sin avisar que me presentaría ni saber modo de hacerlo, y sin más referencias que su nombre, no encontré a nadie susceptible de poder ser mi lector.
Nadie lleva escrito el nombre en la cara, y me daba corte ir preguntando al personal eres tal?, eres cual?.

Durante aquel rato de apenas una hora, sólo hubo un intento de mamada en la sauna húmeda, y uno que parecía interesado para meterse en una de los cuartos, pero no estaba yo por la labor de tanta intimidad.
Acabé disfrutando de una paja y corrida en solitario entre los vapores de la sauna.
Y me fuí.

(12/12/13)