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31 de marzo de 2014

El Instinto IV ( El psicópata - 2ª parte ).





No era tanto aquella estancia decorada con un típico mobiliario recibido en herencia, un tanto carca y claramente pasado de moda, sino que, por todos los rincones, paredes, estanterías y  mesas habían decenas de cuadros y fotografías enmarcadas, tanto en blanco y negro como en color, de todas las épocas del tío en cuestión, desde su más tierna infancia hasta la más cercana de sus celebraciones. Sólo o con alguien, en todas salía él.

Me recordó aquellas casas victorianas tan propias de las peliculas de terror, con las paredes llenas de retratos de antepasados a los cuales más siniestros.
Una asociación de ideas, sí, pero que me puso los pelillos de punta.
Y quedaba claro que marcaba una fuerte tendencia al narcisismo y egocentrismo.

Poco rato había pasado que me ví ya desnudo, semitumbado sobre el sofá que se hallaba en el centro del salón, esposado con las manos incómodamente atrás y con uno de sus calcetines sudados en mi boca, que me impedía emitir cualquier sonido.
Él, también desnudo se paseaba inquieto por la sala, fumando como un poseso y botella de whisky en mano.

No recuerdo especialemente si me retorcía los pezones con sadismo, o si recibía puntualmente recibía alguna hostia en la cara. Muy posiblemente, sí.
Por aquella época, yo ya había comenzado a experimentar en los límites del placer y el dolor, y a dar mis primeros pasos en aprender a erotizar este último, en un nivel contenido y mesurado. Nada extremo, para entendernos.
Tampoco recuerdo exactamente  de lo que hablaba, pero sí que me infundía inseguridad y miedo.
Un frase si recuerdo, que repitió en diferentes ocasiones, como una letanía, a la exigua distancia de un par de dedos de mi frente, siempre con los ojos profundamente clavados en mí.

Me encanta ver el miedo en tus ojos-, decía, con mirada penetrante y encendida, con algún que otro apunte sobre lo cachondo que eso le ponía y la descarga de adrenalina que sentía al verme sufrir.

Tenía yo el corazón a cien, y la respiración, dificultada por la boca tapada con aquel sucio calcetín, se mantenía entre bufidos nasales e imposibles resoplidos.

Sólo sentía un momento de alivio cuando en reiteradas ocasiones, me preguntaba: -Tienes sed ?, Quieres beber?,  a lo cual, tras mi asentimiento con la cabeza, sustituía el calcetín por el cuello de la botella de whisky, bebida que detestaba, pero al menos aliviaba sed, respiración y mal gusto de boca.

También aliviaba el dolor que me producían sus mordiscos.
Sí, así es. Ese era su principal entretenimiento.
Clavarme los dientes son fuerza y saña, siempre entre el cuello, hombro y antebrazo izquierdo, hasta hacerme gritar.
En medio de la noche, gritos ahogados en un calcetín sudado.

Que podía hacer?. Si aprovechaba el momento que tuviera la boca libre para gritar, tal vez me estampara la botella en la cara. Y huir en aquellas condiciones, desnudo, esposado y medio grogui por el alcohol, tampoco podía,
No quería pensar en que pasaría si el tío perdía el control, o si ya lo había perdido. Pero tampoco podía evitarlo. Imposible dejar de pensar, díficil de razonar.

Más tarde me ví tumbado en su cama. No sé si pasó mucho rato. Creo que no.
Pretendía follarme con un consolador de estos duro, rígidos de plástico, sin gracia alguna.
Sin gracia tanto el consolador, como él en su manera de intentarlo.
Afortunadamente fue en vano, pues la tensión me impedía totalmente relajar los músculos anales, a pesar del aturdimiento y cansancio.

En algún momento, me quitó el collar de perro que me tenía alrededor del cuello. No recordaba cuando me lo había puesto. Y descansamos.
No recuerdo si llegamos a dar una cabezada. Lo más seguro que sí, pues cuando marché, yo ya estaba bien, lucido y sereno.
Antes me dejó duchar, y me acompaño en su coche hasta dejarme en la entonces, aún aislada e inaugurada de hacía pocos años, estación de cercanías de Viladecans.

Al día siguiente, y como recuerdo de aquella madrugada de los Santos Inocentes, aparecieron sendos moratones a lo largo de la zona castigada, y un dolor que duró bastantes días.
Y aún suerte que se limitó solo a esa parte.

Era un psicópata?. Difícil decirlo a raíz únicamente de estos hechos.
No todos tienen tendencías asesinas, como estamos hartos de ver en infinidad de películas.
Están ahí, alrededor nuestro, y seguro que todos conocemos a uno, por lo menos. Lo peligroso de esto es que a veces no nos damos cuenta hasta que estamos totalmente atrapados.
Tal vez fuera un simple sádico, con alcohol en vena, que se aprovechó de un cachorrillo aprendiz de masoquista, también alterado de raciocinio por el mismo motivo.

Por fortuna, aquello no me traumátizó, pero si me puso en alerta para futuras ocasiones sexuales o no.
Y a algunos he reconocido.
El instinto estaba ahí, alertándome, sumando indicos cauta y silenciosamente, hasta ponerles nombre e identificarlos.

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Os dejo un par de enlaces

- ¿Como reconocer a un psicópata?.
-   Psicopatía (Wikipedia).



28 de marzo de 2014

El Instinto III ( El psicópata -1ª parte ).





A pesar de acordarme exactamente el día que fue, 27 de diciembre de 1997, no recuerdo muchos de los detalles de aquella noche.
Sólo la recuerdo a escenas, con lagunas intermedias, principalmente por la lejanía en el tiempo, y el alcohol que corría por mis venas, que aunque no estaba borracho, si tenía el punto de mareado.
Y si me acuerdo de algo, no es ya porque me traumatizara, en absoluto, sino por lo hizo de peculiar del encuentro.

Había salido sólo aquella noche de sábado, como venía haciendo los últimos meses.
Un par de cervezas en un bar de ambiente y un cubatilla, o tal vez ya llevara dos, en la disco, me indujo a cierto grado de desinhibición y liberación de temores y tensiones que por aquella época me dominaba cuando iba a estos sitios.

La discoteca disponía de dos plantas, abajo la pista de baile, barras de bar y lavabos, y en la de arriba, bar, video porno y un amplio y envidiable cuarto oscuro, con sus zonas de penumbra, y sus zonas ciegas.

Y fue allí, en la zona de luz tenue, claroscuros y sombras tope con un tío.
En su aspecto físico nada más recuerdo de él es que era un poco más mayor y un poco más alto.
Ambas cosas nada destacables.
En el tanteo, del te toco, me tocas, quedó claro que tenía su punto dominante, que me llamó poderosísimamente la atención.

Básicamente porque fue por aquellos meses en que estaba en pleno descubrimiento de mi faceta sumisa, con cierta tendencias masoquistas, y todo el mundo del bdsm. En otras palabras, la gestación y nacimiento de perro.
Experiencias al respecto había tenido pocas, algunas muy satisfactorias y otras simplemente frustantes.
La característica principal de todas ellas es que habían sido via contacto por chats del Irc, con conversación de por medio, sabiendo un poco por encima lo que uno u otro quería , de los límites ( y hago hincapié en mi experiencia y conocimiento de mí mismo era escasa), y en caso de sesión, eso sí, bien preparada y que obviamente fueron las exitosas.

Tras el tanteo, me dejé llevar a la parte trasera de la zona de cruising, un rellano donde comenzaban unas escaleras de bajada (y creo que salida de emergencia) donde arrodillado me dió de mamar.
Allí, aunque poca, si había suficiente luz para ver perfectamente a las cinco o seis personas que pudieran haber.

Fue la primera vez que lo hacía en público bien visible, con perfecta posibilidad que alguien me reconociera, y aquí el primer detalle de mi desinhibición, y para sorpresa mía, el tío me dió de mamar de las otras pollas que por allí se ofrecían, segundo detalle de mi "desmadre", ya que también era la primera ocasión que mamaba varias pollas a la vez, alternativamente, en el mismo momento.
La adrenalina pugnaba por vencer al alcohol en mis venas.

Al poco me hallaba dentro de su coche gris metálico, único detalle que recuerdo al respecto, camino de su casa, en Gavà, una población del Baix Llobregat a unos pocos kilómetros de Barcelona.
Y lo hacía con naturalidad, como si eso fuera lo habitual, cuando era y es totalmente lo contrario.

Pero cuando llegué, tuve un brusco golpe de conciencia.
No me alertó mi falta de pudor y vergüenza en comerle el rabo y a varios tíos en la tenue, pero luz al fin y al cabo, de la disco.
Ni me falta de prejuicio al acceder a irme a su casa, sin conocer exactamente donde era, excepto la población, ni la conversación amable pero extraña que mantuvimos en el coche, sobre gustos, temores y confianzas.
Ni llegar a altísimas horas de la noche, en la que hasta los gatos duermen, en medio de la soledad y oscuridad de las calles, sin encontrarte con nadie, ni sin que nadie más me viera.

Fue al estar en medio del salón de su casa que me dí cuenta.
Me había metido en la boca del lobo.
Yo solito.



26 de marzo de 2014

El Instinto II ( Tres historias sin historia ).




La primera de las historias sin historia ocurrió en el cine Arenas, en algún momento del pasado año.

Al tipo en cuestión lo había visto en alguna ocasión anterior y ya me llamó poderosamente la atención, que no el deseo.
Iba travestido, de una manera poco atractiva y sin ningún tipo de maquillaje que pudiera acentuar cierta feminidad.

La primeras veces sólo hubo cruces de miradas, la suya de aparente interés y la mía más bien de asombro, primero porque, si bien de vez en cuando se ve alguien travestido en el cine, no es muy habitual, pero sobre todo por la poca gracia del intento o el nulo atractivo que ejercía sobre mí.
Sus facciones, modos y andares viriles estaban lejos de la armonía con la feminidad.

La última vez que lo ví, no sólo miraba, sino parecía que me rondaba y cuando pasaba cerca de mí, se acercaba más. No obstante, todo muy discreto, excepto su aspecto para mi desconcertante.
Pensaba que de liarme, no sabría como hacerlo, como tratarlo, en femenino o en masculino?, que rol debía de adoptar yo?. Dominante?. Activo?. Tenía curiosidad de verme en esa tesitura, pero por otro lado tenía esa aversión o nula atracción hacía lo sexualmente femenino.

Finalmente me decidí a actuar e intentar hacer algo, a pesar de ese rechazo que sentía, pero como no sabía como acercarme o abordarle, me senté en una de las butacas de platea, justo tras haber pasado por su lado, sabiendo que iba a seguirme con la mirada y posiblemente sabiendo que casi nunca lo hago, lo tomaría como una invitación a sentarme a mi lado.

Y así lo hizo y se sentó a mi derecha.
Pensé que me iba a meter mano, sacarme la polla, arrodillarse y comenzar a mamármela, pero no hizo eso.
Se subió la falda o lo que fuera dejando al aire sus cositas, y se bajó el corpiño, corsé, palabra de honor o como se llame, dejando al aire su varonil pecho.
Con el nulo atractivo que ejercía sobre mí y encima tenía que merendármelo yo?. Aquello no podía durar ni dos minutos.

Y no los duró, ni siquiera dos segundos, pues cuando me acerqué a sus pezones, el tío, en la distancia corta, apestaba a sudor rancio que tiraba para atrás.
De sudor añejo, del que lleva bastantes horas acumulado. De suciedad y poca higiene.
Lo siento, no puedo,- le dije a modo de excusa, y lo dejé apoltronado recomponiéndose en la butaca, mientras yo salía por patas.

El segundo caso ocurrió muy pocos días después, en el mismo sitio, por eso, de alguna manera los recuerdo mejor, como experiencias enlazadas.
Eso me ocurre a menudo, dos experiencias seguidas unidas en la esencia común de algo inhabitual.

Me encontré con un tío que hacía siglos que no veía. Y cuando digo siglos me refiero a por lo menos veinte años atrás, en la primera época de acudir al cine, cuando aún se accedía por la calle cruz cubierta.
Nunca tuve nada con aquel tipo. No me llamaba la atención. A pesar de su juventud, su aspecto desaliñado, poco cuidado, y su aura de hombre gris no contribuía en nada en intentar acercarme a él.
Cabe decir, que yo, también por aquella época tampoco ofrecía una imagen precisamente llamativa, en absoluto, y además, jamás daba un primer paso. Era totalmente pasivo en este y todos los aspectos.
Por lo que más que posiblemente su percepción de mí era la misma.

El caso es que cuando lo ví de nuevo, tras estos muchos años, me sorprendí porque el efecto que me hizo fue el mismo que entonces.
Repelús y rechazo. Estaba igual en todos los aspectos, y casi se podría decir que con los mismos años.

Sólo que esta vez, él sí se mostraba interesado y hacía por coincidir conmigo.

La curiosidad me pudo y me dejé seducir.
- Ven, vamos a sentarnos-, me dijo, apenas habíamos entrado en contacto.
- Mmm...-, pensé, si es que se puede pensar en tres emes seguidas. Eso no me gustaba, como si hubiera dicho de primeras "vayamos al lavabo", siempre me huele a encerrona.
Fuimos a la penúltima fila, que por cierto ahora es la última, en la zona de butacas dobles, que no está mal si uno se quiere medio tumbar pues no hay el problema de los apoyabrazos.

Y así fue como se dispuso, tumbado, semirecostado a lo largo de la butaca, descamisado y con los pantalones bajados, mientras yo quedaba arrinconado en el extremo del asiento.
Su cuerpo lampiño, blancuzco aún en la penumbra y delgado no me seducía en absoluto. Su pose tan pasiva, de ahi me las den todas, tampoco me excitaba lo más mínimo, y lo que me produjo verdadero horror fue su enorme y desmelenada pelambrera rodeando su nada destacable virilidad.
Se la cogí, ya pensando en una horda de ladillas avalanzándose sobre mi mano, saltando de pelo en pelo por mis brazos y tomando posesión de cada uno de mis rincones de mi cuerpo.

Aún llegué a rozar con mi lengua una de sus minúsculas tetillas.
Tacto áspero y no sabía a nada. No olía a nada.
Me tuve que ir, dejándole tal cual.
No podía seguir.

La tercera historia sin historia, ocurrió muy pocas días después, pero en el Erotixx.
Ya estaba por irme cuando apareció un tío con barbita, de unos treinta y tantos años, pero con una mirada un tanto desesperada que pillar cualquier cosa.
Bien podía ser yo cualquier cosa porque no paraba de mirarme y hacerse el encontradizo.
Y aunque el chaval, de cara era aceptable y su aspecto de osete me atraía, ese punto en la mirada...
Pasando junto a la cabina del sling, entró, magreándose el paquete como ya clara invitación a que entrara.
Así lo hice, y no más entrar, tuvo el mismo proceder de levantarse la camiseta hasta por encima del pecho, y bajarse los pantalones, como el del cine Arenas, pero de pie, y en el Erotixx.

De primeras ya el exceso de pelo me tiró para atrás. Le salía por todos los rincones. No era un oso, sino tres en uno.
Particularmente y en general no es una cosa que me eche para atrás, sino más bien lo contrario, cuando está en su medida justa y bien distribuido.
No sé, básicamente arreglado o cuanto menos controlado. Es dífícil de explicar.

Eso, junto con una batería de preguntar hechas compulsivamente de que me gusta, y que me gustaría hacerle, me cortó el escaso rollo que había.
Me gustan muchas cosas, pero todo depende de con quién, cómo, donde, de lo que le vaya al otro, de mi estado de ánimo, o de salud, o de qué se yo, mil cosas.
Se empieza intentando hacer cosas e insinuando las cosas que uno quiere o espera, y si no hay conexión se ve bastante enseguida, y si la hay, hay que fluir y dejarse llevar.
Eso en una relación de tipo cotidiano. En un encuentro de tipo BDSM obviamente habría que hablar antes las cosas, para que las cosas fluyan y no resulte un desastre absoluto.

Creo que lo dejé con la palabra en la boca.
Era la tercera vez en pocos días que no hacía caso a mi instinto de no liarme.

Encuentros ciertamente y afortunadamente intrascendentes.

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Próximo post: El Instinto III (El psicópata).


24 de marzo de 2014

El Instinto I





No os ha ocurrido alguna vez que os acabáis enrollando con alguien con el que sabéis de antemano que no va a funcionar ?.
Alguien por el que sentís una curiosidad, no necesariamente un atractivo físico, pero al mismo tiempo hay algo, tal vez una aura invisible que os produce un inconsciente y claro rechazo.
Y que a pesar de esa, hasta ese momento, absurda percepción que no sabéis definir, acabáis por acercaros o dejando que se os acerquen para iniciar algo.

Muchas veces me he liado con alguien que a priori no me hacía ni fu, ni fa. Y algunas veces sale bien, otras regular y otras fatal. Otras con las sientes una profunda atracción y acaba también, bien o mal.
No, no hablo de esas.
Sino de aquellas que vuestro inconsciente, canino en mi lugar, ya os dice, os alerta que no lo hagáis, que será en el mejor de los casos, y como mínimo una pérdida de tiempo.

Cuando pensé en escribir sobre ello, fue por la acumulación en poco tiempo de varios casos que me pasaron en relativamente pocos días de diferencia, e incluso puede que muy de pasada los mencionara en algún post, con apenas alguna frase del tipo "intenté liarme con uno, pero no funcionó". Posiblemente ni siquiera eso, porque fueron realmente algo intrascendente.
Lo importante no fueron los hechos en sí, sino que no hice caso a mi instinto.
Al instinto que todos llevamos dentro, lo tengamos más o menos desarrollado.

Pero me decidí a escribir cuando supe el porqué sentía esa necesidad de contar tres historias sin historia.
Y fue porque me acordé de una vez en que el instinto me avisó tarde ya que este estaba adormecido.
O más bien, aletargado por el alcohol.

Y fue demasiado tarde para dar marcha atrás.


20 de marzo de 2014

Momentos robados IV ( En la sauna Nova Bruc )



Sauna Nova Bruc (primer dia)

Sábado por la mañana, entre las 11.30 h. y las 12.30 h.
Día y hora absolutamente inaudito en mis momentos de escarceos perrunos.
Casi se podria decir que visita express, en menos de una hora, fue casi entrar y salir.
Había muy poca gente, aunque no sé si eso era lo normal.
En la sauna seca habían dos tíos tumbados, uno al fondo de la misma, y otro en la parte del asiento más cercano a la puerta.
Es este último quien al entrar, me mira de reojo, y se incorporó quedándose sentado, y comenzando descaradamente a tocarse el pecho peludo, en un gesto como invitándome a participar en el magreo.

Le metí mano, pues era evidente que eso queria. Un tío maduro, tal vez sobre los cincuenta y pocos años, de carnes prietas y en buena forma.
Insinuó con la mano salir y se incorporó, saliendo de la sauna finlandesa.
Le seguí, pues que otra cosa podía hacer?, y se dirigió a la zona de cruising, metiéndose en el segundo cuarto, el que está junto al bar.
No me hizo gracia que para la poca gente que había, tuvieramos que tener tanta intimidad.
Pero le seguí.

Comencé a mamarle, pezones y polla, y en un momento que estaba de pie, comenzó a juguetear con mi trasero y a meterme un dedo por mi recatado y tímido ojete.
Y de juguetear pasó directamente a follármelo entusiasmadamente.
Me dió la vuelta y me hizo poner a cuatro patas sobre la colchoneta, sobre la cual, acto seguido, comenzó a follarme a lo perro, nunca mejor dicho.

Su cipote, para mi sorpresa, entró de maravilla, pero el vaivén del metesaca no acababa de rular como debiera, así que me dió la vuelta, y patiabierto boca arriba continuó con la faena, esta vez, sí, sin ningún tipo de molestia.

Realmente fue un polvazo inesperado, tanto por el día, hora, ambiente y lugar.

Y esta vez, junto con él, también me corrí yo sobre mi pecho.


Sauna Nova Bruc (segundo dia)


Días después, en mi segunda visita al local, ya en horario habitual, pero otra vez controlando los tiempos ví que habían comenzado las obras de ampliación de la sauna.
No sabia en que iban a consistir, si habrían nuevas instalaciones, sólo que la hacían más grande.

En la sauna de vapor, un tío de mediana edad superpeludo me cogió por banda y me dió una buena mamada.
No estoy muy acostumbrado a ello, así que lo agradecí, y de hecho, fue lo que más disfruté en aquella tarde.

De hecho, nada más cuajó, ni en la sauna de vapor, ni en la finlandesa, ni en el minicine.
Y de últimas, ya en el pequeño cuarto oscuro del fondo de la zona de cruising, había un tío mayor sentado en la grada, que se dejaba mamar gustosamente por uno mucho más joven.
Este al verme que me los quedaba mirando, me hizo una señal para que me acercara.
Mientras el joven mamaba, el mayor comenzó a tocarme las tetillas y al ver que me dejaba, se apartó del chaval, dejándole sin polla y ofreciéndomela a mí.
Me amorré, un poco con sentimiento de culpa, pues para nada era mi intencíón de quitarle el rabo, ni siquiera de compartirlo, como hubiera sido lo normal en mí.
Y en apenas diez segundos, siendo generoso, se corrió.
Uf,-, exclamó.
Es que me había dejado a punto,- continuó para excusarse de su pronta corrida.
Me sentí peor.

Me fuí al minicine, me dejé tocar y pajear sin muchas ganas por alguien que ni recuerdo, y me corrí a los pocos minutos.

Una tarde extraña.

16 de marzo de 2014

Momentos robados III ( En el cine Arenas )




Cine Arenas.

Nada había ido a mejor, sino más bien lo contrario, y recién pasadas las navidades, necesitaba de un buen desahogo.

En mi día más habitual para estos menesteres, en otro tiempo robado, aquella vez iba a ser mi primera escapada al cine Arenas de este año.

Y no pudo empezar mejor que con una encerrona casual entre Manolo y Carlos, dos de mis habituales.
Los dos más posesivos, uno por delante y otro por detrás en el pequeño cuarto oscuro. A Carlos lo había visto por el rabillo del ojo aproximarse por detrás. A Manolo me lo topé de morros.
Ambos enzarzados en una pelea por mis sensibles pezones. Ambos saben que es la manera más directa y fácil de que sucumba.
La lucha la ganó rápidamente Manolo, que estaba enfrente.
Carlos, sin molestarse en desabrochar los pantalones, me los estiró para abajo, dejando mis vergüenzas al aire.

Mientras lamía los pezones de Manolo, Carlos me pajeaba, empujando de la polla para hacerme agachar para mamar de la suya, que ya también campeaba libre en la oscuridad.
La batalla por las gracias de mi boca la ganó esta vez Carlos, más bien por la retirada de Manolo.
Me la folló a gusto, acabando al poco por correrse. Era de esperar y tal vez el otro en liza también lo sabía.
Manolo no debía de andar lejos, posiblemente desde la columna, pues no bien Carlos comenzó a limpiarse, sin tiempo para incorporarme, atacó de nuevo, y que si bien duró un poco más, no tardó en correrse, que no era lo habitual en él, pues normalmente me trastea en diferentes rincones del cine, y de últimas, se corre sobre mi cara en alguno de los w.c. del local.

Con todo, no pasaron más de diez o quince minutos. Pero muy intensos.

Aquella tarde no dió más de sí, di unas cuantas vueltas a ver si encontraba alguien con quien desahogar el subidón hormonal que llevaba.
Pero fue inútil.

Las veces que he vuelto este año al cine, siempre ha sido con el deseo de encontrármelos juntos de nuevo.
Pero a día de hoy, aquella fue la última vez que los vi.

Ni juntos, ni por separado.




12 de marzo de 2014

Las tardes con Iker





A corta distancia sentía como me miraba de reojo.
Sólo estirando la mano, ya estaba a su alcance.
Sin embargo, me dejaba hacer con Toni.

No mucho más tarde, salía del cuarto oscuro, y al pasar por las puertas de los lavabos, tras una puerta entornada, allí estaba él, de rostro adusto y mirada dura, provocadora y desafiante.

Normalmente, aunque me excita sumamente los tíos con aspecto duro, me acobardo y paso de largo.
No tomo iniciativa alguna, más que dejarme ver, o dar alguna muestra de interés como el mirar.
Por dentro me pongo como un flan, y no hay célula en mi cuerpo que no vibre.
Tengo el impulso irrefrenable de lanzarme a sus pies y someterme a sus caprichos.
Soy sumiso, obediente y complaciente, Que le vamos a hacer !.

Pero esta vez, ni corto ni perezoso, entré decididamente.
Y porqué?.
Ciertamente había un motivo por el cual actué así.
Y es que ya lo conocía. Hace cosa de unos seis años ya había estado con él, una vez.
Una sola vez y en ese mismo lugar.
Me acordaba perfectamente y sabía lo que me podía esperar.
Pero él no.
Se quedó mirándome...

- Me suenas,- me dijo. Del grupo de zapas, puede ser?, - prosiguió.
No sé a que grupo se refería, supongo que de alguna red social, web o similar.
- No,- le contesté, pero sin llegar a aclarar su duda del porque le podía sonar. No era el momento de decirle que hacia varios años habíamos coincidido, que habíamos tenido una buena sesión, que meses más tarde encontré su perfil en tuamo.net, le escribí pero no me contestó.

Como buen dominante que era, no dudó de su instinto y rápidamente actuó, agarrándome bien del paquete, empujándome hacia la pared, sacando su encantadora sonrisa de malote, acercando su cara a la mía, amenazante diciendo: vamos a ver lo cerdo que eres.

Y así empezó una retahíla de mamadas, interrumpidas por cachetes, pezoneo de diferentes intensidades, lapos que impactaban inesperadamente en mi rostro, insultos, si es que cerdo, perro, puta o similares pudiera yo considerarlos como tales.
Me inmovilizaba las manos con una sola de las suyas o  la cabeza contra la pared cogiéndome de la barbilla y me susurraba indecencias varias al oído.
- Quiero atarte y mearte,- decía.
A duras penas podía contestar si tenía en ese momento el rostro pegado a las baldosas de la pared, o sus dedos indice y corazón hundidos hasta el gaznate.
- Si, a mi también me gustaría, pero no es el lugar más apropiado,- respondí.
No era tanto por quitar morbo a la situación sino más bien para que no se le fuera la pelota.
Tienes razón, cabrón,- contestó, - pero no por ello tengo menos ganas-.
- Otro día quedaremos y te mearé, ataré y follaré a cuatro patas como a una perra,- seguía diciendo.

A todo ello, él iba mirando por la puerta que permanecía medio abierta, lo suficiente para que me pudieran medio ver, y controlando al personal que por ahí pasaba, a los cuales, según su criterio, invitaba a pasar.

Así fue como sucesivamente entraron dos tíos.
Ambos se subieron a la taza del vater y nos dieron de comer de sus respectivas pollas, aunque yo siguiendo los dictados de Iker, o sea, cuando me lo ordenaba.
La curiosidad de ambos estuvo en que no aguantaron mucho tiempo, y a punto de correrse, prefirieron no hacerlo, uno de los cuales incluso comentó que se reservaba para la parienta.

Nosotros seguimos en el mismo plan, y finalmente nos corrimos.
Quedamos para vernos a la misma hora y mismo lugar a tres semanas vista.

No hubo intercambio de nº de móviles, ni forma de contacto.
Aparecía ? Se acordaría de la cita ?.

No os voy hacer esperar a un nuevo post.
El día y a la hora indicada apareció.
De hecho, ya me estaba esperando con su camiseta de tirantes y rostro duro de malote mal afeitado.

Y no solo esta vez, sino que hasta cinco veces coincidimos, ya de últimas, con whatsapp de por medio

Con más o menos variantes, y diferentes protagonistas y espontáneos, incluso con alguno de mis habituales que curiosamente se volvian más decididos o dominantes, se repitió la escena en varias ocasiones.

Las mamadas de polla fueron múltiples, de culo por mi parte sólo una porque el tío y culo me gustaban excepcionalmente, aunque Iker me lo comió en diferentes ocasiones y en una sola ocasión me llegó a follar.
Intentos frustados de follarme hubieron varios y corridas sobre mi pecho o cara unas cuantas.

Pero llegó el tiempo que no pude quedar el día que soliamos.
Ahora hace ya seis meses que no nos vemos, aunque si han habido dos intentos frustados.

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Precuela y secuela del post : "Cerdo, perro, puta".
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8 de marzo de 2014

Erotic palace (Experiencias)





Despertada de nuevo la curiosidad por el local, como contaba en el post anterior, decidí visitarlo, un poco también incitado por el aburrimiento de las últimas semanas que había frecuentado el cine Arenas.

El primer día, después de haberlo inspeccionado y habituado al calor que hacía dentro, tal vez porque no funcionara el aire acondicionado o este no daba más de sí en aquella tórrida tarde de Julio.
No había mucha gente. Unas siete u ocho personas.
Aprecié más distanciamento que interés por encontrar algo con alguien, lo que me dió la sensación más de estar en un ambiente puramente hetero en espera de... que en un lugar de ambiente en que los concurrentes van analizando las posibilidades de ligue con los otros.

Al final, tras meterme en una de las cabinas, un señor bien madurito me incitó a que le diera de mamar a través del gloryhole.
Me pasó un preservativo, y una vez puesto y yo dispuesto, comenzó a mamar con cierta gracia mi enfundada polla, al tiempo que se pajeaba y finalmente corría.
Aunque bien, me resultó breve y sobretodo aséptico, en tanto que falto de pasión y sensibilidad por mi parte.
La misma escena, pero con un tío mucho más joven, tal vez rondando los treinta años, se desarrolló en otra de las cabinas.
Esta fue más breve y con menos apasionamiento, sin gloryhole de por medio, sino ambos de pie en la misma cabina que procuré dejar con la puerta abierta por si alguien quería ver y/o participar, sin éxito.
Ambos, mientras mamaban, se pajearon y corrieron bastante rápidamente.

El segundo día, de hecho el día hábil siguiente para mí, volví. La misma cantidad de gente.

No ocurrió nada digno de mencionar, aparte que fue el día que había allí una tía ( o no ), entrada en años en busca de intercambio sexual por pago.
Los pocos tíos que habían no le hacían mucho caso.
Cabe decir que tampoco era molesta ni pesada su presencia, cosa que se agradece.

El tercer día había más gente, tal vez 10/12 personas.
Por ahí corría el tío joven del primer día, pero no me enrollé esta vez con él. Para una paja el primer día, ya estaba bien, pero era el tipo de gente que de alguna manera inconsciente no me da buena espina, me tira para atrás y no me apetece hacer nada con ellos. Independientemente que estén buenos, sean guapos, atractivos y/o limpios, o todo lo contrario.
Allí me encontré con un asiduo del cine Arenas, que estoy harto de ver, pero con el que no tengo ningún tipo de roce.
Y la hora que estuve allí acabó como la segunda, sin sexo, ni roces, pero con una inhabitual charla con un tipo maduro que andaba por allí, que entre otras cosas comentó que también frecuentaba el sexshop de Numància, el Blue Star.

Debía ser cosa del verano y del calor que, tanto el cine Arenas como el Erotic Palace, estuvieran tan aburridos, pensé.

Cinco meses después, en diciembre, mientras paseaba por Sants pasé por delante y me decidí a entrar a ver si ahora que con frío habría más gente buscando calorcillo. La hora era un poco extraña, las cuatro de la tarde, y disponía de poco menos de hora.

Poquísima gente, tan poca como presumiblemente dos personas encerradas en las cabinas 1 y 2. El resto del local, vacío.
Para no aburrirme me metí en la 4 para al menos distraerme viendo un video y no tener la sensación de haber tirado los 5 euros que habia costado la entrada.

Unos minutos después, una mano asomaba, haciéndose ver  por el gloryhole, como pidiendo polla.
Y le dí durante un buen rato, hasta que reclamé mi parte.
- Aquí el mamón soy yo-, pensé.
Retiré mi polla y dispuse mi boca bien abierta en el agujero, que se vió gratamente recompensada con un bonito y sabroso miembro viril.
Durante un rato nos fuimos alternando hasta que de repente en vez de la polla en cuestión, apareció el culo del dueño de la misma.
Un culo peludito que no me motivaba en absoluto, ni para lamer ni para follar, además que no tenía preservativo para la ocasión.

En eso que, a través de la entornada puerta se asomó un mirón de aspecto magrebí.
Nunca se sabe a ciencia cierta la intencionalidad de los que miran. Disfrutan solo mirando? Quieren participar y no se atreven?.
Muchos se quedan mirando mientras no les dices nada, mientras permanecen "invisibles", y aunque algunos se apuntan a la labor, muchos son ciertamente los que huyen despavoridos cuando les insinúas o invitas a participar.
Me aparté del gloryhole para que viera lo que por ahí había a la par que con un gesto le invitaba a entrar y disponer del culo si quería.
Entró, mientras yo me mantenía de cuclillas, tocó aquel culete , y se sacó su buena tranca con la que empezó a rozar el largo de la raja de arriba a abajo, y viceversa, entreteniéndose en el camino en la zona anal, pero en ningún momento intentando la penetración.
El de la cabina contigua pareció que se cansaba de la posición o que no se lo follara, y se largó.

Sólos allí, se giró y siguió pajeándose a la altura de mi cara, pero sin dar muestras que se la quisiera chupar.
Ya me iba bien, porque a pesar de lo caliente que estaba de la mamada anterior y de haber estado observando en primer plano los roces de aquella polla con aquel culo, no me apetecía en absoluto mamársela.
Así que, los dos conformes con la situación, acabó eso sí, corriéndose sobre mi mejilla izquierda.

Me limpié y al salir observé que ya habían más personas en el local, pero al poco, volví a mi cabina nº4.
Apareció de nuevo la misma polla que antes, y retomamos la misma rutina.

Y aunque estaba muy a gusto, aquello se eternizaba, y sólo quería ( y podía ) estar poco más de media hora.
Así que cogí la directa, y mientras se la mamaba, me pajeé hasta correrme.

Y me fuí.



4 de marzo de 2014

Erotic Palace




A principios del año pasado, un lector y participante de mis primeros posts me mencionó, como de pasada, un nuevo lugar de ligue, o mejor dicho, zona de cruising, al que habia ido algún día.
Me quedé con tan rimbombante nombre pensando que algún día pasaría para ver que tal era, el Erotic Palace, un sex shop con zona de cruising, en el barrio de Sants de Barcelona.
Pero la cosa se quedó allí, en el baúl de los asuntos pendientes y muchas veces olvidados, hasta que meses después, ya allá por julio, otro lector me volvió a comentar del lugar, así también de pasada,
Así pues, que me busqué alguna tarde suelta para investigar por mi cuenta.

Previamente había buscado por internet alguna referencia o comentarios, y di con una página de sexo cuyo nombre no recuerdo, que de antemano ya me dió bastante información en base a los comentarios de los usuarios.

Al final,  fueron tres días casi seguidos que fui, para llevarme una idea más concreta del local.
El primero, principalmente, para conocerlo, saber como es, que instalaciones tiene, en definitiva, familiarizarme.
Los otros dos, para contrastar el tipo y cantidad de gente que lo frecuenta.
Tal vez los días elegidos no fueron los más propicios para esto último, pues fueron a mediados de julio, pero también lo hice huyendo un poco del aburrimiento que sufría aquella temporada en el Arenas.

El local, equidistante entre las paradas de metro de Badal y Pza. de Sants, como se ve en la fotografía de cabecera tiene una amplia entrada en el nº 225 del carrer de Sants, y aquí lo mejor, para los amantes de la discreción, una super discretisima entrada, casi con aire clandestino, en el carrer Tinent Flomesta, que entra directo a la zona de cruising, sin tener que pasar por la tienda.

Si uno entra por atrás, una puerta, y si entra por la tienda, un torniquete, que por solo 5 euros dan acceso a la zona de cruising.

El local, limpio, no es muy grande, pero está muy bien aprovechado el espacio disponible, un minicine de cinco butacas y nueve cabinas que se distribuye digamos que en una especie de pasillo en forma de S.

La estética recuerda mucho al Erotixx de la Avenida de Roma de Barcelona.
Todas las cabinas tienen video, con posibilidad de elegir película, rollo de papel, papelera, y excepto dos, todas tiene gloryhole en comunicación con las cabinas colindantes.
Una cuestión de detalle es que cada cabina tiene una numeración, que aunque a priori pueda uno pensar que no sirve para nada, si sirve si un día alguien quiere quedar con alguien desconocido..."te espero en el Erotic Palace, en la cabina tal", en vez de perder el tiempo dando vueltas sin encontrarse como muchas veces pasa. Claro que esto ocurre en sitios más grandes.

En este esquema podéis ver la distribución aproximada de la espacio de cruising.


Dos de ellas, la 1 y 2 tienen los asientos en forma de estrado, o sea, a dos niveles, y se comunican con un glory hole.
Otras dos, la 3 y 4 tienen los asientos normales, comunicándose ambas cabinas también por un agujerito de la gloria.
La cabinas 5,6 y 7 tienen la particularidad de ser cabinas pentagonales, sin asiento y se comunican las tres entre sí, más que con discreto gloryhole, con una notable ventana, por donde casi entra la cabeza entera.
La cabina 8 dispone de camastro con colchoneta, para pasar a mayores con más comodidad, y la número 9 es para solitarios.
Estás dos últimas no tienen contacto con sus cabinas vecinas.

El tipo de gente que frecuenta el local, según leí, eran parejas liberales, heteros, lumís*, bisexuales y gays.
Entre mi poca experiencia en el local, el poco público con el que coincidí y a las horas que asistí, entre seis y siete de la tarde de días laborales, no ví ninguna pareja, y sólo un día una lumi.
Y entre el resto de posibilidades, diría que predomina heteros, seguido de bisexuales y por último gays.
Y la franja de edad, mayoritariamente entre 35 y 55, aproximadamente.
Aunque obviamente también encontré gente más joven y gente más mayor.

En el próximo post comentaré mis experiencias que tuve las tres veces que fuí en julio, y una en diciembre.


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* Lumi:  Este palabro jamás oído ni lo había visto escrito, al menos conscientemente, hasta que encontré la página web que comentaba, un portal de ofertas sexuales de pago, servicios, locales, forums, etc, donde habían referencias y comentarios del Erotic Palace.
Por el contexto era evidente que se referían a prostitutas, pero porque "Lumis"?. De donde salía eso?. Era un tipo particular o especial de trabajadora sexual ?.
Mi primer pensamiento es que eran prostitutas rumanas, o por extensión eslavas, y que la palabra venía del diminutivo de Luminita, nombre femenino común en aquellas tierras.
Era pausible, pero no me convencía que eso fuera así.
Y resulta que proviene en su etimología más directa del idioma romaní, que en su variante caló (de España) se dice "Lumi", y en su variante romaní carpático ( Rumanía, Eslovaquía, etc...) se dice "Lumni", en ambas con el mismo significado de prostituta.


  • lumi (n.)
buscona, candonga, chipichusca, chirlata, coima, cualquiera, daifa, esquinera, fulana, golfa, gorrona, guarra, iza, lagarta, lea, meretriz, mujerzuela, pécora, pelleja, pellejo, perica, piba, picúa, prostituta, prostituto, pupila, puta, rabiza, tirona, zorrupia, alegrona  (latinoamericano), furcia  (informal), pelandusca  (informal), ramera  (informal), zorra  (informal).


Lo que uno aprende !!!
Otra curiosidad es que parece ser de uso común en Madrid, cosa que mis lectores de esas tierras podrían corroborar ;-).