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22 de octubre de 2014

Déjà vu




Después de un gazpacho, unas judías pintas, higado de cerdo y un buen vino tinto de Jumilla resultaba bastante aventurado presentarse en cualquier sitio para hacer cosillas.

Pero así lo había dejado dicho en el foro de la web rollo xy, y aunque mi fe era nula en alguien lo leyera a tiempo y acudiera, tampoco perdía nada por probar.
Con la panza llena y pesada, el mareíllo del vino y el calorcito de las tres de la tarde de principios de Julio, me presenté en el sexshop El sofá con toda la mala intención de abusar en primera instancia del nombre que le dan al local.

Así que entré, eché un vistazo al ambiente que a esas horas se cocía ( unas 10 personas), me recosté en el sofá más cercano a la pantalla de video de la sala de videos gay, con los pantalones cortos semibajados lo suficiente para que polla y huevos se asomaran, y quedé traspuesto y expuesto durante bien, bien media hora larga, en un estado entre sueño y vigilia.

Como era de esperar, nadie en ese tiempo se atrevió a rozarme, ni tocarme ni  mucho menos a amorrarse al pilón y darme placer con un dulce despertar.

Y eso que más fácil y explicito no podía estar.
A pesar del relativo 'fruste', me desperté más fresco que una lechuga, y contento de haber hecho algo, que sin el tinto murciano, me hubiera costado decidir hacerlo.

Fresco y hambriento, esta vez sexualmente, me recorrí de nuevo el local para comprobar que nada sustancialmente había cambiado durante la siestecilla.

Me sorprendió que hubieran varios tipos que rondaran los treinta-cuarenta, e incluso algún veinteañero. No faltaban tampoco los típicos maduros tan entrados en años que casi se salen.

Acabé en el cuartito con puerta que dispone de, todo hay que decirlo, demasiados glory holes para en caso de uso abarcarlos todos.

Seis pollas, cuatro de ellas entrarían en la categoría de pollones pasaron con mayor o menor intensidad por mi hocico perruno, más o menos de la misma manera que dos días antes había ocurrido (ver post: Empacho de pollas, o casi).

Las otras dos correspondían a un tio mayor cuya polla no me gustó nada solo con acercarme y evidentemente no tasté, y la otra un machote grandullón con aspecto de hincha inglés morboso, pero que tampoco me gustó al catarla.

Al salir, con la duda de si alguno de los presentes se había decidido a ir tras leer el anuncio en el foro, y exceptuando la siesta, todo me dejó un aire de déjà vu. 
La hora que fui, el hecho de haberlo comentado en el foro, el tipo y cantidad de gente (cierto que la media de edad había bajado), el acabar disfrutando de las pollas en el mismo cuarto y el número de ellas, si bien con menos intensidad y satisfacción.

Hasta el hecho de encaminarme también hacia la sauna me producía esa sensación.

Allí, también unos diez tíos, parecía ser el cupo máximo de ambos locales.
Dos tíos jóvenes y buenorros en la ducha de los milagros no me hicieron ni caso cuando entré, claro que tampoco se hicieron caso entre ellos.
Yo entraba y ellos se duchaban ya para irse.
En el piso de abajo me encontré al tío inglés que dos días antes había confudido con un francés, y al que estuve mamándole el buen rabo que lucía en la piscina. ( Post: El cipote francés ).
Pero no me hizo ni caso.
De hecho, ni llegó a saludarme por equivocación.

El asunto no pintaba bien, hasta que un tío de mediana edad, tras hacerme un repaso, comenzó a seguirme.
No fue hasta que me metí en el pequeño cuarto oscuro que se atrevió a meterme mano y al ver que accedía, proponerme ir a otro cuarto "más tranquilo".
Lo pongo entre comillas porque poca gente quedaba en la sauna y nadie había en el cuarto.
Lubricante, condón y pa'dentro, resultó ser un polvo rápido, sin más historia que un ligero dolor al principio.

- Me suena de haber estado contigo follando aquí mismo el año pasado,- comentó al acabar, para sorpresa mía.
- Si fue por estás fechas, tal vez te suene,- dije, - pero no de follar-, proseguí.
- Aunque hace dos años, tal vez-, añadí..
No quise ser demasiado categórico, pero creía recordar que en la sauna no había llegado a follar el año anterior, pero sí hacía dos años, y ciertamente, su rostro tenía algo de vagamente familiar.

- Bueno, te dejo, que tengo prisa.
- He dejado a la parienta en el hotel haciendo la siesta-, me explicó mientras marchaba.
- Tela !, Aprovecha bien el tiempo,- pensé, sonriendo para mis adentros.

Volví al hotel a descansar y coger fuerzas para la noche.
No sabía entonces lo que me esperaba.


1 de octubre de 2014

Un dia para olvidar




Liberación de cansancio aparente, fue posiblemente el único efecto positivo, que perfectamente podría haberse logrado con un café o un refresco energético.
Y el puntito para estar desinhibido lo llevaba ya con la segunda cerveza, así que con las cinco que llevaba y algún chupito de limoncello, la soltura estaba más que garantizada.

Realmente no hubiera sido necesario tomar nada más para tener una buena sesión de sexo, que sin llegar a ser mala, tampoco fue excepcional.

Dos cosas o efectos me preocuparon, sin embargo, al día siguiente.

Primero, el cambio de rol habitual, al punto de llegar a no tener muy claro si era yo el que actuaba por voluntad propia o me veía inducido a tener un comportamiento, digamos que, dirigido.
No sé se me explico. Era realmente yo quién actuaba esa noche, o me estaban utilizando, por no decir manipulando?. Era yo quién follaba, o me estaban usando para follarle?
Si se llega a ese punto de duda, con tan poco e inhabitual consumo, a que grado de pérdida de voluntad se puede llegar si uno va más puesto?. Es ese punto al que la gente llama desfase?

Segundo, la ausencia de sueño o más bien la incapacidad transitoria de conciliar el sueño después del trajin de todo el dia y noche anterior.
Si ya de por sí duermo más bien poco, hacerlo menos me incomodaba.
Y más cuando pensaba en un principio que mi reacción iba a ser la contraria, o sea, quedarme aletargado como una lagartija.
El querer despertar en el hotel no ayudaba y tomarme un café con leche antes de llegar, menos todavía.

Aún así, una pequeña cabezada de apenas hora y media logré dar, pero que no me sirvió más que mantenerme un tanto atontado todo el día,  entre las agujetas que fueron apareciendo desde las cejas al rabo, pasando por le el hocico, hasta el momento de la siesta, cuando Morfeo me visitó a media tarde, regalándome tres horas de un ansiado, placentero y reparador sueño.

Pero aún así, no estaba yo muy seguro que fuera a aguantar entero toda la siguiente noche que estaba por venir.

Y cuando llegó, por aquello de variar y descubrir si a otras horas hay otra ambientación opté por empezar el circuito esta vez por el Copper 2.
Si bien era una hora temprana, apenas las 12 de la noche, uno podría llegar a pensar que ya que estaba en Benidorm y aquello está plagado de ingleses, el horario de salida de estos sería más conforme a sus costumbres.

Pues no. En esto siguen el horario local.

El local vacío, excepto el camarero y yo, con el que aparte de una charla  lo que dura una cerveza, y por un par de toqueteos (ya nos conociamos del día anterior), no hubo más.
Cambié de local, con la promesa de volver más tarde, y me fuí al Bear's Bar, cuyo ambiente no podía ser más desolador.
Bueno, sí podía serlo, ya sí que había gente, pero muy poca hasta bastante rato más tarde, que pareció que se animaba.

Pero lo aparente no siempre es real, pues aunque más gente, esta se mostraba bastante ensimismada y huidiza, o alguna pareja exclusiva, de los que se meten en uno de los habitáculos de la zona de cruising, y por solo entrar, aún sin hacer nada ni pretenderlo, ya te están echando el moco.
Si uno quiere follar, mamar o lo que le salga de los cojones sin ser visto, tocado, rozado, que se vaya a su casa, y no se mete en una zona de cruising o cuarto oscuro en el que, ya simplemente, pueden chocar con uno.
Algún discreto toqueteo o roce escurridizo mientras pasaba por el pasillo entre las jaulas de palets, pero nada más.

Esa noche pasaba muy desapercibido.

-A ver si yendo al Mercury había más ambientación-, pensé ingenuamente,- siendo ya sobre las 2 de la madrugada.
Las veces que había ido, siempre era sobre las once o doce de la noche.
Y aún ni así.
Cierto que había récord de clientes, unos diez abajo, y uno arriba, pero eran los típicos grupos de coleguillas que se toman una cerveza aquí, otra allí y no se despegan ni pa´ mear.

Asomé de nuevo el hocico por el Copper 2, como había prometido, y aunque abierto, no había nadie, ni el camarero siquiera, al menos a la vista.
No esperé.

El aburrimiento me superaba y opté en ir al New Copper de la calle de la Palma, como última tentativa de la noche.

Justo al entrar, dos tíos marchaban, uno de los cuales, con morbillo, a buen seguro se hubiera quedado por la mirada con la que me radiografió de arriba a abajo.
Dentro había, aparte del siempre amable y servicial camarero, un tipo que solo tuvo ojos para el vídeo, y curiosamente el salmantino del año pasado que pasó de mí totalmente, cosa que me pareció curiosa, ya que que año anterior habíamos tenido una animada charla. Y sólo charla, malpensados, jejeje...

Al cerrar el local, ya en la calle, me comentó que le sonaba de algo. A buenas horas !, pensé.
El no sé que hizo, pero yo me fui al hotel.

Noche de gente aburrida.
Y un día para olvidar.