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23 de julio de 2016

Visita relámpago a la Zeus (Sexshop).





La primera intención era calcular el tiempo que tardaba desde la plaça Universitat hasta la Zeus, y de paso, evidentemente ya alcanzado el objetivo, ver si algo había cambiado desde la última vez que había estado allí. O sea, exactamente cinco años, día más día menos, ya que fue a principios de Febrero del 2011.

El recuerdo de aquella única experiencia era bueno.
Sin embargo, en todos los años posteriores nunca me había decidido en volver, con la excusa que nunca me pillaba de paso.
Y seguía sin estarlo
Pero la ausencia definitiva del cine Arenas, que me servía de equilibrio a mis escapadas a la sauna Bruc, me encaminaba a buscar un sustituto para las épocas de aburrimiento o hastío.

El factor tiempo siempre es determinante en mis escapadas, y desviarme simplemente 15 minutos de mi camino, significa al final 1/2 hora... pues hay que volver a donde sea.

Flechado, tardé 10 minutos, con la pequeña ventaja que a la vuelta podía coger el metro que está a unos minutos del sexshop,

Con la respiración acelerada, el corazón agitado y el estómago en un puño de nervios me dispuse a entrar.

La descarga de adrenalina fue inmediata.
Apenas un poco de luz en el mostrador, donde estaba el dueño trasteando el móvil, y el resto del local permanecía en la penumbra.

Pero a pesar de la escasa luz, se entreveía entre las sombras, un buen surtido de machos, todos como recién salidos del curro, con aspecto serio, heteros, bis con la líbido reprimida a flor de piel, de miradas entre duras e indiferentes, algunos apoyados en la pared, todos equidistantes entre sí.
Tenía cierto aire a un callejón de macarras variopintos.

Me puse a pasear entre ellos.
Así, uno era un tipo muy alto, de barba de varios días, que a buen seguro tendría un polla acorde a su altura.
Otro de mediana edad, tipo duro, calvo y con mirada de vicio, que ni me prestó la mínima atención.
Un tipo mayor, delgaducho, sentado en una de las cabinas de vídeos, pero sin hacerle apenas caso, y con mirada anodina viendo la gente pasar.
Un chaval jovencillo, con gorra sentado en los escalones mirando la pantalla del móvil, abducido en otra realidad diferente a la que le rodeaba.
Otro con mochilita a la espalda y aspecto de ratilla de biblioteca.
Otro más, tras los maderos, que se le intuia maduro, pero cuya cara permanecía en la sombra.
Uno más, con aspecto pijillo peripuesto, otro con su cartera de oficina y yo.

Volví al inicio de las cabinas y sólo habia habido una pequeña variación. El tipo alto, ya no estaba.
El de la mirada viciosa se percató de mi presencia, me miró, y llevándose la mano al paquete, empezó a sobarse. ¿Era una invitación?.
Al pasar por delante de él, de espaldas le metí mano y contestando él con un sobamiento de culo. No parecia tener una polla especialmente interesante al tacto.
Me dí la vuelta y pretendió besarme los labios pero lo rechacé.

Olía a un perfume intenso y dulce, muy agradable, pero de esos que se te pegan en la piel y no te quitas el olor en horas.
Nos sobamos, se sacó la polla, que por lo visto habría cobrado vida y lucía alegre, dura y de tamaño más que decente.
Me llevó ya al rincón donde clavé mis rodillas para comenzar a mamarle la polla.

Si el tipo andaba caliente, yo le puse algo así como bastante más.
No le pareció suficiente haberse sacado el rabo por la  bragueta.
Se acabó de bajar los pantalones y subiendo la camisa, teniendo yo acceso tanto a sus pezones, como a poder magrear sus nalgas.

Su polla, si bien no tenía un capullo destacado, más bien aflechada, pero tenía el tamaño adecuado para poder disfrutar de una buena mamada y además tenía un sabor y textura exquisita.
Textura que me chifla, muy poco frecuente y que me es muy difícil de definir.

El tio se animaba ya a follarme la boca, y marcando el ritmo con sus manos sobre mi cabeza.

Yo me moría de calor, pues ni me había quitado la mochila, ni el abrigo, ni la braga de cuello.

El tío hizo un ademán a la ratilla de biblioteca que estaba por allí, mirando, para que se acercara, cosa que no dudó ni un instante.
Se sacó también la polla, pero pensando que me la iba a ofrecer, aprovechando un instante que me levanté, este se lanzó a comerle el rabo al tío de mirada viciosa, usurpando a traición mi sitio.

Fue cuando un ligero tufo a tabaco llegó a mi nariz. me devolvió a la cruda realidad.

Realidad en que ¡no tenía tiempo!.
¡Debía marchar ya !.

Me levanté, me excusé del tío de mirada viciosa y salí literalmente por patas del local.

La excitación y el exceso de testosterona acumulado en sangre en aquel poco más de cuarto de hora me duró varios días, en los que ni las pajas me aliviaron.




17 de julio de 2016

Ambiente de capa caída





Sólo fue apenas un minuto, que aquel perrete me estuvo mamando la polla a la orden de su Amo, a buen seguro ocasional.
El Amo, o supuestamente tal, era Chema, según pude intuir por la escasa luz reinante en el pequeño cuarto oscuro, junto al minicine de la sauna.
Debían de estar acabando, o tal vez no, pero así lo habrían decidido, pues yo acaba de entrar, para dejarme sólo tan prontamente en aquella semioscuridad del cuarto y en el vacío generalizado de la sauna.

Si, aquella tarde, el local parecía un desierto.
Ni valía la pena plantearse siquiera subirse al sling.

No volví a verlos, y apenas tenía ocasión de cruzarme a alguien por los pasillos, o encontrar algún rincón con vida.
La única actividad, y bien mínima, se desarrollaba exclusivamente en la Big Sex Room.
Y eran apenas unos forzados roces.

Triste final de mes.

Esperaba que, en la siguiente ocasión, ya principios de Febrero, cambiaría la cosa.

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(Una semana más tarde)

Poca gente había.
Más que la semana anterior, pero menos de lo habitual.

El escaso movimiento se concentraba también, casi exclusivamente, en la BSR.
Y menos mal. Esta nueva sala ha resultado ser un acierto.

Un tío tumbado sobre la gran cama, jugueteaba o, al menos lo intentaba, con los bajos de dos tíos que de pie a su lado se toqueteaban y al parecer, uno de ellos quería follarse al otro, finalmente sin éxito.

Mientras, en el extremo opuesto de la cama, un tipo se dejaba mamar por otro que permanecía sentado.
Me acerqué a ellos, y para mi sorpresa, el mamador dejó sus atenciones para con el otro y tomó entre sus labios mi pinga chica, pues así estaba, ya que nada me había motivado hasta entonces.
Me pareció curioso, pues no suele ser lo habitual, que teniendo en un momento concreto la polla relajada en su mínima expresión, te acepten sin más.

Lo normal es que, si al sobar la encuentran floja, no se molesten en animarla.
La ley del mínimo esfuerzo.
Claro que siempre hay excepciones.

El tío se acomodó, y estirándose en la cama comenzó una frenética mamada, como si la vida le fuera en ello.
Alguno se acercaba y miraba.

Finalmente, uno se atrevió a sobarme el culo con una de sus manos, mientras que con la otra se pajeaba, y un tercero a la par que con una mano me pezoneaba, con un dedo de su mano libre comenzó a metérmelo y urgarme el ano.

En un visto y no visto, estaba siendo estimulado por cuatro puntos a la vez.

Pensaba que el que me trabajaba el culo lo hacía para luego follarme, pero no ocurrió nada de eso.
Casi acabé corriéndome, que es lo que debería de haber hecho, porque en adelante, aquella tarde sería un erial.

No se bien como se deshizo el grupo, pero si recuerdo que me fuí supercaliente al sling, esta vez sí, después de dos semanas frustrado con la idea.(Post. Lios carnales en la sauna Bruc y comienzo del presente).

Veinte minutos, veinte, estuve espatarrado y con el culo abierto, lubricado, deseoso y hambriento, y sólo un tipo entró para tocarme levemente la entrepierna, que no ya ni polla ni culo, y otro que simplemente se asomó.

Por otra parte también era normal si apenas había una docena de tíos en toda la sauna.

Mi aburrimiento alcanzaba cotas insospechadas.
Con cuidado de no enramparme, me bajé del sling y me dirigí a la Sex Room, donde sentado en el sofá, sólo, acabé pajeando y corriéndome.
Buena lechada, por lo menos.

Después de tres semanas consecutivas de poca productividad, comencé a plantearme la posibilidad de dejar de ir a la sauna durante unas cuantas semanas.


13 de julio de 2016

Leve dominación




Hay días, en que pasado los 40 o 50 minutos de haber entrado en la sauna, uno se pregunta porque coño ( con perdón) se me ha ocurrido venir, o que coño (otra vez perdón) hago aquí, si no tenia especial ganas de nada, pero tenia un tiempecillo que aprovechar.

La desazón y el aburrimiento me invadían, y no sabía cual en mayor grado.
Poca gente y excesivamente madura para mi gusto.
Y la que no lo era tanto, de aspecto un tanto cascado y decrépito para la edad que les suponía.
Y algunos un tanto desaliñados.
Tampoco es cuestión de ir como un pincel, cosa que por otra parte no tiene mucho sentido en una sauna, pero un poco de autoestima tampoco es malo.

Se me hacía la hora, y nada había conseguido, y cuando digo nada es así tal cual, .
Salía de la Big Sex Room y con toda la intención de irme para las duchas, cuando en medio de la sala egipcia, un tipo alto, velludo, mediana edad bien conservado, con unos pectorales bien marcados y cintura estrecha lucía bien erguido en medio de la sala.
Debía de haber entrado hacía nada, porque a buen seguro lo habría visto.
Aquella tarde, aquel tipo distaba un infinito de la media presente.

Casi cabizbajo pasé por su lado, pues me imponía un poco y más aquel día de ausencia total de buenas vistas, pero me detuve al notar que me seguía con la mirada.
Desde un paso más allá, retrocedí y toque su piloso pecho y pezones marcados.
No se inmutó por lo que le siguió mi lengua, y a esta, una voz varonil invitándome a uno de los cuartos.

Ni le contesté, ni me lo pensé, simplemente le seguí.
Allí sentado sobre el camilla comencé a saborear su buena polla.

-Túmbate!,- dijo, ... y me tumbé
Y es que muchas veces soy muy obediente, sobretodo cuando alguien me impone, que era lo que sucedía.
Me temía que quería hacer un 69, que siempre he pensado que está sobrevalorado, pero no.
Se colocó a la altura de mi cara, y comenzó a follarme la boca y a golpearme la barbilla con sus huevos.
Cuando quise tocarme, me agarró las manos y me las situó por enima de mi cabeza, agarrándolas con las suyas, para evitar que me diera placer a mí mismo.

Te gusta que te dominen, eh?, comentó.
Sí..., se... no...ta... no...?, dice entrecortadamente, entre metida y sacada de polla.

Esperaba que después de esta confirmación hubiera venido algún plato más fuertecillo, pero simplemeente acabo corriéndose abundamente sobre mi pecho.
Que ya me estaba bien, pero después que me preguntara por mi sumisión, me esperaba algo más cañero.

"M'has matao" !!, exclamó mientras se corría.

Fin de la historia

(Enero2016)

9 de julio de 2016

Líos carnales en la sauna Bruc




Aquel día tenia unas ganas locas de ser enculado.
Así de claro.
No suele ser lo habitual, pues normalmente acudo sin mayor perspectiva del ver que surge o con ganas de comer algún buen rabo..
También, una minoría de veces, todo hay que decirlo, voy simplemente por rutina.

Quería llegar y tras una ducha rápida ir hacia el cuarto del sling, subirme, espatarrarme y esperar a un buen samaritano que me follara.

Así tal cual nunca lo he hecho nunca en ningún sitio.
Y cuando me he llegado a subir a un sling ha sido siempre después de un buen rato de deambular por el local en cuestión y superar mis temores.

Y una vez tumbado sobre el sling, no siempre sucede lo que uno quiere.
En mi experiencia, y por decir algo, siendo optimista estaría en un  40-50% de bajar satisfecho del mismo.

Francamente tenía mis serias dudas que consiguiera algo, a pesar que, un par de semanas antes, si consiguiera un discreto polvete en el mismo sling.

Y tras la ducha, lo que hice fue... meterme en la sauna de vapor.

Justo enfrente de la puerta, tres tíos, altos, en fila uno al lado del otro hacía imaginar que detrás algún perraco arrodillado se estaba agenciando de las tres armas que debían bien lucir.
Dos tíos  más bajitos, detrás, intentaban meterse para ver o participar de aquello que allí estuviera ocurriendo, y uno más, sentado junto a ellos en el banco de obra, intentando echar boca, que no podia y a ratos lamiendo el culo, o intentándolo a uno de los que estaba más cerca del de pie.
Yo intentando ver... nada, pues había demasiada carne que superar, me senté al lado del ya sentado, sin más intención que ver como aquello se desarrollaba... desde fuera.

Finalmente, uno de los de pie de la segunda fila, al ver frustrados sus intentos de entrometerse vino a mí, y me dió de mamar, así sin más, su desatentido e inquieto pollón.
Al principio se puso delante, y luego ya de lado, dejándome ver a la luz de la puerta cuando se abria, para que alguien, de vernos y apetecerle, se nos uniera.
Pero al no resultar como pretendía, me dejó de nuevo allí, sólo.

Entretanto, la pared humana había desaparecido y yo me quedé con las ganas de saber que había estado pasando.
Me levanté, me acerqué a uno que había quedado esperando polla, me agarró y pajeo un poco, pero se quedaba en eso, y eso no era lo que yo queria... y me fui.

Di vueltas, el pequeño cuarto oscuro vacio todo el rato.

Me fui al sexroom.
Me tumbé en el mismo canto que días atrás donde estrené la instalacion (Post "Saunas de diciembre (El estreno de la Big Sex Room)"),  y no tardó en acercárseme un tipo de buenas dimensiones, pero edad desconocida, ofreciéndome un tremendo pollón y un par de enormes huevos que taparon mi visión, escasa ya de por si en el lugar, durante todo el rato.
La polla entraba y salia de mi boca rítmicamente, y al mismo tiempo, sus huevacos rebotaban en mis ojos cerrados con la misma cadencia.
Hasta que le dió por parar y se retiró.

Me fui a dar varias vueltas, y de paso refrescarme la cara.
Aún con la imperiosa necesidad de alimentar mi culo, seguía la indecisión de subirme al sling.

Volví al big sex room.
Al momento de entrar no había nadie, aunque un tipo de mediana edad, poco vello y larga polla, como al cabo de unos segundos comprobaría, me seguía.
Aunque no se le veía demasiado participativo, el buen calibre de su arma me quitaba de tonterías.
Se dejaba mamar, simplemente, apoyando sus manos en mi cabeza, sin llegar a marcar ritmos.
Duro un buen rato, mientras otros tipos se animaban a entrar y con la visión del espectáculo se animaban entre ellos, o no...

Cuando acabó corriéndose, por desgracia, en el suelo comprobé que, dos tíos en situación acaramelada se habían colocado en el lado opuesto de la gran cama.
Uno era joven de melena rizada y el otro un osete, joven también, más bajito y barriga pronunciada. Una pareja sumamente erótica.
Tres de personas pululaban alrededor, entre ellas un viejete follador que intentó montárselo conmigo, y tal vez lo hubiera conseguido de no ser porque el susodicho osete, al ver que había acabado con mi mamada, se acercó llevándose consigo al melenas, para donde estaba yo y ponerse a tiro mío.

Entendí sus intenciones y no le defraudé.

Me arrimé a ellos y mientras palpaba los bajos de uno, me puse a lamer los pezones del otro.
Un efluvio de poppers llegó a mi olfato.
El Osete me estaba ofreciendo, y aunque no sentía ninguna necesidad, esnifé un poco, al igual que hizo el melenas.
Me agaché para mamar aquellas dos pollas, que no pollones, y en apenas dos churrupaditas, ambos se escurrieron como si les fuera la vida en ello.
-Que poco me duran los hombres !-, pensé, entre frustrado y divertido, no sabiendo muy bien en que proporción de cada.

Al recuperar la postura y la compostura, ví como el viejete se acaba de liar con un tipo bajito, uno que anteriormente ya me había echado algunas miraditas golosas.
Cuando digo liar, me refiero a que se lo estaba ya follando a cuatro patas sobre la cama, y un tercero, alto y tiarrón intentaba hacer bajar al follado chiquitín... que no llegaba.
Me situé a su lado con esa terrible necesidad de sustituirle. De ser yo el follado, que al fin y al cabo, era la urgencia que sentía durante todo aquel día y razón por la cual había acudido a la sauna aquella tarde.

Bien, ir hubiera ido igualmente, pero así como la mayoría de las veces voy a lo que surja, otras tengo la imperiosa necesidad de mamar y en esta ocasión tenía el ansía de ser follado.

El viejete comenzó a palparme el culo, y el follado al verme a su lado, desistió de intentar mamar al tiarrón, que tampoco hacía mucho esfuerzo por situarse a la altura de su boca y facilitarle la mamada, se medio giró hacía mí, en la medida de sus posibilidades en busca que fuera yo quien le rellenara la boca.

Así que me subí de rodillas sobre la cama, acercándome a él para satisfacerle.
Entre la postura forzada y el entusiasmo mamativo que le puso, dejó de prestar debida atención al viejete que se lo follaba, y este, desistió.

Con el culo liberado, se posicionó en mejor postura y liberándose de la postura a cuatro patas, y con las manos libres, aprovechó para con una ir metiéndome su dedo en mil ojete.
El viejete no dudó en intentar follarme.
Se me situó detrás, con la polla bien tiesa y claras intenciones, pero la sobreestimulación a la que estaba sometido por parte del chiquitín que me mamaba y metía el dedo en el culo, más una mano anónima que me pezoneaba y la excitación que me producía el saberme pronto follado, hizo que finalmente esto no ocurriera y esparcí toda mi leche acumulada de la tarde en un gran charco sobre la cama, que segundos después, limpiaría primorosamente.

Una tarde de sexo y mucho morbo, pero en la que me fuí sin conseguir lo que realmente ansiaba.
Una polla que me enculara.

Que dífícil son las cosas a veces, leches !