Páginas

28 de febrero de 2017

El último día. Epílogo.




...Y después de la última noche, aún quedaba el último día, antes de iniciar el viaje de regreso.

Mi intención era de pasarlo lo más relajadamente posible, así que, como casi cada día, me fuí a media mañana a la playa de Benalnatura, una pequeña cala nudista a pocos kilómetros de Torremolinos, muy cómodo y fácil de llegar, pues tenía la parada de bus a apenas 50 metros de mi alojamiento y una vez a la llegada, 10 minutos andando de buen camino.
Allí me quedé, tumbado en la arena, leyendo a ratos o paseando de un lado a otro de la cala, sentándome en las rocas, o de pie, mirando a la desacomplejada gente o al infinito mar.
De tanto en tanto me daba un chapuzón en la gélidas aguas, cosa que, a fecha de hoy, sigue asombrándome aunque me dieron la explicación de ello.
No me atrevía ir a las caletas próximas, que me habían comentado que a veces había rollete, básicamente por que no confiaba en mi equilibrio por aquellas rocas, y también pensando en que a aquellas horas tampoco habría plan, aparte que ligar en la playa nunca ha sido lo mío.
Bocata y cerveza en el chiringuito a la hora de comer, y vuelta a la habitación para hacer la siesta y escribir el borrador de la noche anterior.
Básicamente como casi todas las mañanas, salvo un par, que en vez de la playa de Benalnatura, me quedaba en la playa de La Carihuela, y luego comía por el pueblo.

Y es cierto que quedé tentado de ir a conocer la sauna que me faltaba por conocer, la sauna Atlas, pero la escasa animación del primer día en la Apolo Sauna Cabaret, que ya me fue bien porque recién llegado no me apetecía mucho jaleo, el cierto desengaño de la Terma Sauna Miguel, que iba con grandes perspectivas de sexo y guarreo por relatos que había leído pocos años atrás de un ciberamigo que la frecuentaba, y las dos intentonas de entrar en esta durante la semana que no se llegaron a materializar, no sumaron suficientes puntos a su favor para recibir mi visita. Tal vez otro año.

También me pasó por la cabeza dejarme caer por el Free Eagle, pues esa tarde hacían la fiesta sin camiseta, que varios me habían recomendado.
Pero después de todas las decentes, pero en pelotas, mañanas en la playa, la fiesta nudista en The Factory, las dos noches del Qüero Gay Bar y la Naked party del Querell, esta de "sin camiseta" no me seducía lo suficiente y me parecía bastante anodina. Así que, también tal vez, quedaba para otro año.

Y en resumidas cuentas, tampoco quería estropear con nada, el regusto de tan espléndida última noche, y en general de todas las vacaciones que, en todos los sentidos fueron muy equilibradas.

Comidas y cenas más bien ligeras, salvo un par de excepciones.
Playa, lectura, relax por las mañanas. Siesta, escritura, lectura y en alguna ocasión sauna por la tarde. Y distracciones morbosas por la noche.
De alcohol muy moderado, pues combinaba con Red Bull, y muchas veces no sentía la necesidad de apurar las cervezas, y si las tenía que dejar por que no me apetecía más beber, o estaban calientes o quería cambiar de local, simplemente lo hacía.
Aunque parezca mentira, eso lo aprendí este año !.

Socialicé un poco más que otros años, gracias básicamente a la aparición de Juan el Abulense (que aparece en varios posts), con el que me encontraba curiosamente en los mismos locales, hablaba o sexeaba sin más compromiso que el que nos apeteciera en ese momento, y el señor del Free Eagle.

De sexeo hubo de todo, desde actitud activa por mi parte (sorprendentemente), y entendiendo activo como el que folla, pasando por una inesperada minisesión de pissing, mi primer fisting, alguna intensa mamada y otras insustanciales, un polvazo inolvidable, un polvo de a dos, momentos muy morbosos y otros aburridos. En fin, un poco de todo, sin mucho de nada.
Y no cerré ningún local, pues me fui del último de cada noche quedando algunas horas por delante, tal vez excepto la última en el Men's, que por la poca gente que ya quedaba debían de faltar minutos para que chaparan.

Y así acaba mis aventurillas por Torremolinos contadas en 18 posts que comencé a publicar a finales de septiembre, y creyendo que acabaría en un par de meses, se ha alargado a cinco.

Bueno, en cualquier caso espero que las hayáis disfrutado, al menos un poco, o como yo al vivirlas, o revivirlas cuando iba escribiendo y publicando los posts.



23 de febrero de 2017

La última noche V ( Momentos puta )




(Continuación)

Después del fisting, mamporros, mamadas y folladas pensaba que ya sería hora de recogerse, así que decidí marcharme del local.

-Oye, que me voy- Interrumpí al camarero, que estaba medio enrollándose con otro - aunque por mí, tranquilo, podéis seguir a lo vuestro- continué.
-Es que tengo un trabajo !!- replicó, alargando la o final, a modo de chanza.
Me abrió la taquilla, donde guardaba pantalones, camiseta y cartera, pagué y me fuí.
Supongo que ellos seguirían donde lo dejaron.

El Men's me pillaba de paso a la vuelta hacia la pensión, y aunque comenzaba a ser tarde, aún quedaba suficiente tiempo para echar una última cerveza y calmar el fuego que aún llevaba dentro, si se presentaba la ocasión. Total, era mi última noche en la ciudad, y ninguna de las anteriores había cerrado local alguno
Como hiciera unos días atrás, aunque en aquella ocasión volviendo de The Factory, entré, esperando que estuviera bien, por la hora y día que era.

Para mi sorpresa, hubiese dicho que había menos gente.
O al menos eso me parecía, tanto arriba en la zona del bar, como abajo, en la zona de cruising, que mucho cruce y miraditas, pero que al final nada de nada, y en cuarto oscuro, que se supone lugar de más acción, estaba igual, no tanto en miradas obviamente, sino en pocos o nulos roces.

Sólo se intuía cierta acción en el pasillo trasero de la zona, donde hay una de las cabinas centrales, con la puerta abierta y cuya luz interior iluminaba tenue, pero suficientemente la zona para ver, en caso necesario.
Apenas se podía pasar por el estrecho corredor, así que me metí en el esperando que una lasciva mano me tocara y magreara debidamente, como así resultó ser.

A la altura de la cabina, noté como un tío alto me pillaba y comenzaba a sobar a gusto. A él, otro tipo, agachado andaba mamándole el cipote.
El tipo alto sobón resultó ser Joseba, el vasco con el que me había liado la segunda noche que estuve precisamente en el mismo local. Post: Una noche de 2 jotas (Juan y Joseba) - En el Free Eagle y Men's - Segunda noche .

Sabiendo de mis cualidades, y viendo que en el pasillo no me podía apenas agachar, Joseba optó por meternos a los tres en la cabina, en donde, evidentemente no tardé en arrodillarme para comenzar a mamarle compartida con el otro, su rica polla.
Pero esto duro poco, pues el otro tipo no tardó en alzarse y ofrecerme su manubrio para que también le sacara brillo.

Y allí estaba yo, disfrutando de dos pollas a mi entera disposición.

Si bien la perspectiva no tardó en cambiar, para convertirse en estar yo a la disposición de aquellas dos rabacos, ya que, en un momento determinado, me pusieron de pie, me dieron la vuelta enseñando la dirección de la hermosa Cuenca y tras una breve puesta a punto, comenzaron alternativamente y durante un buen rato a turnarse en follarme mi hambriento culo.

Así tal cual.

- Es muy puta - le comentó, refiriéndose a mí, recordándose seguramente de tres noche atrás.
- Alguien tiene que hacer de puta para que el resto disfrute - salió de mi garganta con sorprendente y total desparpajo, una voz que no debía ser la mía. No me reconocía a mí mismo diciendo eso, pero lo había dicho.

Joseba acabó corriéndose, para variar, en el suelo. Debía de ser la moda o consigna del día, porque el otro tipo, inglés para más detalles, después de quedarnos solos y charlar cuatro palabras, hizo lo mismo.

Se fue y me quedé allí, agachado en el rincón de la cabina, medio pensativo de todo el cúmulo de diferentes momentos e intensidades que había estando pasando aquella noche, y dubitativo en erguirme y marcharme o quedarme a esperar que alguien entrara en la cabina.

No llegué a decidirme cuando un tío de mediana edad se me quedó mirando desde la puerta, y sin dudarlo entró, se sacó la churra, y sin más preámbulos, me la zampé.

El tipo, entre sorprendido y emocionado, no tardó en correrse... sobre mi barba, Aleluyaaa !!!

Mientras me limpiaba y recuperaba yo también de la emoción, el tío soltó:

- " Estás para que te corten a trozos y te repartan..."- aunque acabó aclarando ante la cara de 'pasmao' que puse - "... para que te puedan disfrutar más gente".

Y la noche, la última de estancia en Torremolinos, acabó con semejante piropo, o más bien comentario gore.

(Fin)



19 de febrero de 2017

La última noche IV ( Corre la leche )





(Continuación)

Salté dando un brinco como si hubiera tenido un resorte o un muelle en el culo.
Y con una mano en el cuello, en el punto donde había notado la rozadura del pitillo, y otra en los calzoncillos que intentaba subirme, con un simple "lo siento" me dí la vuelta y me fui, camino del lavabo.

Quería verme si realmente me habia llegado a quemar.
Aparentemente no había rastro de marca alguna, al menos, a la luz ambiental del momento.
Y no sería hasta el día siguiente, con luz de día, que pude comprobar que así fue.
Ni siquiera una rojez.

Lo que quedó evidente es que el muchado no tenía claro el concepto de la palabra "moderada".
Creo que no es muy compatible con quemar, o pretender quemar, a un desconocido con el capullo de un cigarrillo, a la primera oportunidad sin hablarlo, ni menos consensuarlo.

Eso sí, cuando salí del lavabo me preguntó si estaba bien.
Algo es algo.

Bajé un rato de nuevo a la zona del bar para centrarme un rato y refrescarme con la aún inacabada cerveza.
La noche no había empezado muy animada, pero el rato que llevaba en el Qüero, con la sesión de improvisado fisting y la movidita de después, casi compensaba esa y varias noches.

Aquella noche también parecía la de los parecidos.
Si antes el tipo que me había dado las hostias me recordaba al innombrable, entre los clientes que habían llegado a posteriori había uno que me recordaba mucho al actor español Willy Toledo, aunque con coletilla y unos cuantos años menos.
Andaba sólo y no parecía mostrar interés por nadie.

Cuando de nuevo subí, con nueva cerveza fría en mano, me encontré a dos tipos de buen ver montándoselo entre ellos, donde antes había visto los otros dos follando, en el lado opuesto a rincón del sling, y junto a ellos, un tío grandullón con el torso desnudo, mirando el espectáculo, y al cual me acerqué y comencé a toquetear su peludo pecho.

Como se dejó, no tardé en mordisquear sus pezones, los cuales llegaban justo a la altura de mi boca, lo que no suponía ningún esfuerzo por mi parte.
También parecía que lo aceptaba sin problemas, así que decididamente pasé a meterle mano a aquel pollón que se intituía por el paquete del pantalón, junto a par de gordotes huevacos.

Solo se dejaba hacer.
Él no intervenía más que en mirar a los otros dos y echar tragos de cerveza, hasta que bajé a mamarle tan hermoso cipote, que fue cuando ya comenzó a agarrarme de la cabeza para marcar su propio ritmo en la mamada, que pronto se convertiría en follada de garganta en toda regla, amenizado por el de las hostias, que se dispuso a su lado, y me iba dando collejas, a la par que iba comentando.

- Te la mama bien, eh?-- Es muy cerda!- decía refiriendose a mí.

Él tío no le hacía mucho caso, no sé si era porque no le entendía, y yo tampoco, si bien, me ayudaba a ponerme, si cabía, más cachondo.

Hasta que llegó el momento que me presionó mi rostro bajo sus huevos, y mientras se la cascaba, acabó corriéndose en el suelo.

¿Que le hubiera costado, digo yo y ya puestos, haberse corrido en mi cara o cuerpo?. En fin.

Volví a bajar, a refrescarme y coger fuerzas, y cuando subí me senté de nuevo en el taburete junto al sling.
No tardó en aparecer por allí el Willy, que sin muchos titubeos se sacó la polla y me dió de mamar.

Me gusta la gente que, en estos sitios, se muestra desinhibida y sin complejos.

Durante la mamada, el tipo, de repente se alejó un par de pasos hacía atrás, lo cual me supuso dejar de estar sentado y tener que, en este caso, arrodillarme para seguir comiendo aquel manjar.
En aquella posición estuvimos poco rato, pues de nuevo, en plena acción, se alejó de nuevo para ir a sentarse al otro lado, donde habían follado los dos primeros y liado los dos segundos. Al rincón donde la gente le daba por follar, como pude comprobar en mis propias carnes, cuando después de seguir mamándole y el acariciarme la cabezota, se puso en pie, me dió la vuelta y zasca, "pa' dentro" !.

Pim, pam, sin un "¿Quieres que te folle?" de por medio.

Así me gusta.
Gente con actitud, jejeje.

Fue una bonita follada, pero cuando llegó su momento, la sacó y se corrió también, como el grandullón anterior, en el suelo.

Otra vez!- pensé- Ainsss... quién fuera suelo!.

(continuará, ya con el último capitulo)


5 de febrero de 2017

La última noche III ( Momento mamadas, zapas, hostias...)






(Continuación)

... Así, poco a poco, se puso a una distancia lo suficientemente corta como para yo poder alargar la mano y palparle el paquete.

Supuse que era eso lo que quería, y como mucho una tímida mamada, después de su lento y contenido acercamiento, seguía dando cierta muestra de desconfianza, aunque ese punto de severidad en su rostro me confundía.

Tras mostrar su aceptación al magrearle, opté por aproximarme un poco más, bajándome del pequeño taburete en el que estaba sentado, arrodillándome ante él y descubriendo el apetitoso manjar que permanecía aún oculto tras la bragueta de sus pantalones.

Con su torso desnudo, pantalones estilo militar, cerveza en mano y aspecto de tío duro, la  pantalla de video detrás de él y el sling a mi lado; yo postrado ante él, casi desnudo, sólo con las deportivas y mis boxers, y mamando, la escena vista para terceros debía de ser de lo más morbosa.

Aunque empecé, como siempre suelo hacerlo con el fin de tantear, con una cadencia pausada,  pronto el tío quiso imprimir su propio ritmo cogiéndome de la cabeza y marcando la pauta.

Noté como unas gotas de frío liquido resbalaban sobre mi piel, en agradable contraste con el calor del momento y pensé que se trataba de un poco de cerveza que casualmente, con el movimiento, se le había caido de la botella.
No le hice caso, más que con un leve gemido, el cual se convirtió rápido en un súbito respingo cuando noté un buen chorro cervecero cayendo sobre cabeza, la cual aparté de su polla, en un gesto de sorpresa.
No sé si la vertió directamente de la botella o de su boca, pero cuando le miré, su cara de vicio era un puro poema.

Aprovechó el muchacho, que me tenía de cara para lanzarme un par de escupitajos. Uno en la cocotera y, agachándose ligeramente para tenerme más de frente, otro en la cara.
Si por unos minutos en su titubeante acercamiento me había parecido tímido, esa impresión quedó borrada de raíz.

Un par de pequeños de cachetillos en la mejilla y la presión de su mano sobre mi cabeza me hicieron bajar hasta la altura de sus botas, en una postración total.
¡Que otra cosa quería sino que lamerlas!. Resultaba obvio, y así lo hice.
A lo que no me presté fue a lamerle las suelas, cuando levantó el pie y me la ofreció.

En unas condiciones higiénicas, no digo que no llegara a hacerlo, pero a medianoche, en un club de sexo, a un desconocido que vete tú a saber que habrá estado pisando durante el día, pues como que no.

Pero simulé la escena.
Desde su perspectiva, con la poca luz y tras la bota, no veía mi cara.
Sólo veía el leve movimiento que hacía con mi cabeza fingiendo la lamida.
No me gustaba la situación y pronto dejé la "farsa" para intentar dedicarme de nuevo a algo más placentero como volver a mamar su rabo.
No insistió en las botas, y dejó que volviera a polla.

Tras unos minutos de mamoneo, hice una pausa, para recuperar aliento y seguir con la labor.

Pero un estallido de luz blanca me cegó por un instante.
Un ruido brusco, seco pero contundente penetró en mi cabeza con súbita violencia, y esta apareció por lo menos dos o tres palmos de distancia de donde originariamente estaba.
No es que por arte de magia se me hubiera desenroscado o teletransportado, no.
Me había cruzado la cara con un solemne hostión que me hizo  perder el equilibrio.

No había salido de mi incredulidad ni de mi sorpresa ante tan repentina violencia, que un segundo guantazo en toda regla estallaba de nuevo sobre mi mejilla izquierda, con las mismas consecuencias.

Sin la menor duda, se estaba pasando.
Que no se hubiera hablado previamente, no quita para que uno deba ir con cierto tiento para saber hasta donde puede llegar y que libertades tomarse.
Y el otro, en este caso yo, fuera tolerando no quiere decir que la veda estuviera abierta para cualquier cosa.

Aún sin levantarme, ni recuperado de la sorpersa, frené un tercer intento, levantando mi brazo como queriendo decir. "para, no sigas, por ahí".
-¡Shh, shh, shhh!-chistó, y con el dedo indice señalando como queriendo decir que me tranquilizara. Que me calmara. Que dominaba la situación.

Efectivamente, me calmé, pero quedaron activadas mis alarmas ante cualquier posible situación o acto violento.
Seguí con lo que estaba haciendo con anterioridad.
O sea, mamando, y esta vez recibiendo leves cachetillos, como de aprobación.

Ví con el rabillo del ojo como se sacaba un cigarrillo de una cajetilla que llevaba en el pantalón, y bruscamente, como si tuviera un resorte en el culo, me levanté de inmediato, pues pensaba que tenía intención de quemarme con él.

- ¡Pensé que te iba la caña !, me dijo, con una sonrisa entre burlona y desdeñosa, mientras encendía el pitillo.
- Caña, sí, pero moderada!, le contesté, recordando lo ambigüa que siempre me ha parecido esa palabra.
- Moderada... - repitió, como sopesando el significado.
- Chúpame la polla, cerda!, ordenó, y creyendo yo que comprendía el significado de la palabra moderada, me agaché de nuevo y comencé de nuevo a mamar.

Mamé hasta que la punta de la colilla rozó mi cuello...

(Continuará)