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25 de noviembre de 2018

De dos whiskies, pissing, mamadas, folleteo y fantasías varias.




Después de aquella tarde del polvo en el Cupido, y el múltiple folleteo con tres en el free Eagle, de haber cenado un helado de tres gustos y una cerveza, y haber descansado un poco en el hotel, que buena falta me hacía, cuando salí de nuevo entrada ya la noche, me dirigí al Men's.

Y fue allí, que por primera vez, porque siempre para todo hay una primera, pedí un whisky, en vez de cerveza.
Y no es porque me gustara, más bien al contrario, pero estaba cansado de la típica cerveza.

- Un Red Label, sin hielo, por fa - pedí, cual entendido en la materia, aunque realmente fue la primera botella que ví.

Y con mi vaso en mano, baje a la penumbrosa zona de cruising donde durante el rato que estuve me enrolle en tres ocasiones con el mismo tío.
Un tío mayorcete,  de pezones piercineado, de buena polla que, según palabras textuales suyas, adoraba mi morbosidad.

- No quieres subir un rato arriba y que nos vemos un poco más? - preguntó durante el primer enrolle, entre pezoneos, mordiquillos en la tetillas, con sus respectivas chupadas, lamidas axilares y toqueteos varios.
- No - Le respondí. Aquí da más morbo, no.? 
- Pues eso... Y se rió.

Al rato quiso subir no se a qué, pero antes me pidió que no me fuera de allí.
Que en unos minutos volvería.

- No te vayas que quiero seguir contigo - comentó.

Al cabo de unos minutos, que yo me había adentrado en la zona más oscura, me pilló de nuevo
- Como has dado conmigo? - le pregunté - Si en esta zona no se ve nada.
Por los pezones Kiwi - respondió alegremente y con picardía.
Sin duda, no se refería tanto a los pezones en si, sino al pecho cuyos pelos tenía recortados y, por lo visto, le recordaba ese tacto..
Personalmente creo que exageraba, pero me resultó gracioso.

En el tercer encuentro, tras otra pausa, no ocurrió nada destacado.

Cuando marché, me dirigí al Qüero gay bar.
Era el día fetish y la mayoría iba en bolas, cosa que me alegró bastante.
De nuevo, me abrió la puerta el mismo osazo machote que el último día, con lo cual ya no me parecía tan casual y pregunté si ahora lo llevaba él, en vez del tío que estaba los dos años anteriores.
Así me lo confirmó.

Al subir a la planta del cruising había mucho tío desnudo más asequibles que el otro día, de los cuales conseguí varias mamadas, pero sin mucha historia que se pueda contar.
Mucho cuerpo, pero faltaba alma.
Así que sobre las 3 me volví al Men's.

 - Un whisky, por fa - pedí todo decidido, especificando después "un Ballantines" cuando el camarero me puso cara de circunstancias. Fue el primero que se me ocurrió. Realmente, tanto me daba pues no los conozco, y esta era mi segunda vez.
Respecto al otro, este me resultó más fuertecillo.

Abajo, en la zona de cruising, todo fueron momentos cortos de historias breves, escasos roces y un intento de abuso con forcejeo.
El ambiente, ni de lejos llegaba a estar a petar, pero bueno, al menos algo de movimiento había. Pero poca cosa. La gente no se desinhibía casi nada.
Con todo, extraño para un sábado noche.

Por ahí, como el día anterior, rondaba de nuevo el mismo chapero de la gran polla.
Fue el primero que se me metió en la cabina en la que decidí descansar de dar vueltas como un tonto y ocuparla para putear un rato, pero sin tanto movimiento inútil.
El tío, decidido, entró si más, se sacó el pollamen que ya había contemplado hacía menos de veinticuatro horas.

- ¿Te gusta?- preguntó el chapero - refiriéndose a su hermosa herramienta de trabajo.
- Si, está muy bien - le contesté, sin hacerle más caso, ni alabándosela ni haciendo gesto alguno por tocarla.

Y se fue.
No sé si a eso se llama esforzarse poco para trabajar o saber economizar el tiempo, viendo que no iba a conseguir nada.

Un veinteañero más cerca de la treintena que la veintena, guapete con gafas que disfrutó visiblemente dándome de mamar hasta correrse, y otro tío, también jovencito, que procedió de la misma manera, pero no se quería correr y se fue como con cierto complejo de culpabilidad, fueron las dos interacciones puteras que tuve aquella cabina esa noche.

Eran ya las cuatro de la madrugada y yo aún estaba fresco como una rosa, a pesar de la hora y los whiskies, cuando me dirigí al exxxtreme cruising club pensando que, seguro estaba todavía abierto.
Así era, sábado noche cerraban a las seis, según me comentó el tío de la taquilla.

Tras aligerarme de toda ropa, quedándome sólo con los jockstrap y pedir una cerveza en la barra, botella en mano me dirigí seguidamente directo al lavabo a aligerar la próstata.
No me molesté en cerrar la puerta del amplio baño, y cuando estaba a punto de guardármela, entró un tío con las mismas intenciones que las mías cuando entré. Obvio.
Sin embargo, ni yo me la llegué a guardar del todo, y él se la sacó antes de llegar al inodoro.
Nos miramos con expectación y cierto desafío.
¿Cuales eran las intenciones de cada uno con la polla suelta, en el lavabo de un bar de sexo, a altas horas de la noche, en un encuentro inesperado.

No dudé mucho y enseguida me agaché dando evidente muestra de lo que quería: hacerle una mamada, pero con una segunda intencionalidad que el lugar prestaba totalmente a ello, y era recibir, si el tío se atrevía, una ducha caliente y dorada.

Me sorprendió mi resolución. Ver la oportunidad y sin pensarlo, aprovecharla.
El rechazo lo tenía, pero...¿Y si se prestaba?.

Una vez rebajada la tensión con los primeros roces de mis labios sobre aquella expectante polla e iniciada la mamada, me separé un poco de él, con la boca semiabierta aún en muestra de desear más, y fijándome directamente en sus ojos acerqué en cierta posición sumisa mi cabeza hacia la taza del váter.

No eran necesarias más palabras.
Segundos más tardes un buen chorro caliente manó de su cipote rociando mi cabeza.
Rápidamente las gotas resbalaron por la cara, cuello y pecho.
Seguidamente el tío redirigió el surtidor de lluvia hacia la espalda donde acabó de empaparme por completo.
Una ducha caliente bien recibida y que,sin dudarlo, resultó de lo más refrescante en aquella cálida noche estival.

Me aseé y sequé un poco, y volví con renovadas energías al bar y sus diversas zonas de cancaneo que el local ofrecía.
Ver cumplida una fantasía resulta siempre estimulante, más cuando resultó tan espontánea y, por ende, imprevista.
No era la primera vez que tenía una experiencia de pissing, pero si muy a mi pesar, de habían sido muy pocas. De hecho, la anterior ocasión sucedió justo dos años atrás, en otro local de Torremolinos, en el The Factory, ya desaparecido. (Post "De lluvias doradas ( pissing ), alguna mamada y un polvo casi rabioso, en el The Factory Leather Bar"). 

Fui vagando por entre las cabinas, minicine y los diferentes rincones, y a pesar de haber menos gente que el día anterior, supongo que por lo avanzada de la hora, seguía pintando bien.

Vi como se follaban a un tío sobre el sling de la zona compartida con el sexshop, cosa que me puso muy caliente.
Esta es otra de mis fantasías más recurrentes
Ser follado sobre un sling por uno o varios tíos, a veces con ciertos matices, como tener los ojos tapados y tener un "director" que fuera eligiendo a los folladores y a la vez comentara en susurros al oído como son.
Experiencias en sling hasta la fecha de lo acontecido en este post he tenido algo más que duchas doradas,pocas más y con diferentes resultados, en general mediocres.
Sin embargo, en las últimas semanas he podido disfrutar de unos cuantos polvazos dignos de post que, en su momento relataré, pero para eso aún quedan unas historias que contar.

Perraco como estaba al ver la escena, me puse y dispuse sobre el sofá que unos pocos metros estaba de la acción, donde, lo que dura un pestañeo, un tío comenzó a follarme.

Muchas pollas ansiosas de ojetes hambrientos y calientes, y uno sólo al que turnarse en el sling, en cuanto uno vio otro ojete disponible, no perdió la oportunidad de ocuparlo.
Como debe ser !.

El polvo resultó muy canino, y la gracia realmente estuvo cuando, muy poco después, entre los pasillos de las cabinas de la zona del sexshop, me pilló de nuevo por banda, follándome allí mismo.

 - Tío, estoy perro, pero soy humano - le dije riendo - refiriéndome a que me diera un poco de respiro entre polvo y polvo.

No tardé demasiado en marcharme, ya que a este polvo en el pasillo, me echaron otro en un habitación de tránsito, y rematé la noche con una brava follada sobre una cama-colchoneta, empalado y cabalgando a horcajadas como caballo salvaje.

Con el culo reventado, dí por terminada la noche.

Eran las cinco pasadas.
Me quedé un ratito en la plaza de la Nogalera a despejarme de los dos whiskys y de las cervezas tomadas, reflexionando en lo curioso que resulta en que sales sobre las once de la noche, y todos los polvos los recibes en la última hora.

En su conjunto el día había sido tremendo.
Ocho polvos y unas cuantas mamadas.



8 comentarios:

  1. Vaya noche. Cualquier pasivo como yo se apuntaria a tener una velada como esta. Ser follado por tanto tio es lo mejor de lo mejor

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    1. Es bastante fruto de la casualidad, supongo, estar en el sitio y momento correcto...Y tener disposición para ello.
      Fíjate que los cuatro polvos de la noche ocurrieron en la última hora y en el mismo local.

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  2. La escena del pissing,por lo imprevista,me ha puesto muy caliente. Da gusto encontrar perros como tú, tan dispuestos y serviciales.
    A seguir gozando!
    Un abrazo,
    Hotdardo

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    1. Particularmente, muchas veces preferiría más escenas morbosas de este tipo (o parecidas) que algunos polvos.
      Gracias por seguir le leyendo ;-)

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  3. Felicidades por esos pezones kiwi jaja, me encanta

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  4. Pues mira que yo de pissing he tenido experiencias pero siempre de mear yo, no ser meado. Y hay una muy reciente que contaré en breve.
    Sobre lo del sling follándome varios siendo uno el que diga "¿quieres follártelo?" me ha ocurrido una vez y es supermorboso.

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    1. Estaré atento a tu blog, como siempre ;-)
      Gracias por comentar.

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