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30 de julio de 2021

Experiencias en la zona cruising del sex shop Egea ( Y breve descripción ).

 



Perro debía asomar el hocico por el local para investigar que tal es y que posibilidad tiene. Y la primera impresión me resultó inmejorable.
Así acababa el anterior post, pero antes de continuar debo precisar un par de cosillas.

Lo que voy a contar aquí ocurrió a caballo entre agosto y septiembre del 2019, o sea hace ya casi dos años, en un jueves y dos lunes, para ser exactos, pero de lo que no guardo ningún borrador ni apuntes de nada de como era el local ni de lo pasó allí. 
Esto, aunque parezca que creo expectativa, no es mi intención. 
Sólo que voy a ser muy poco preciso en mis descripciones y añadir que, a fecha de hoy, no sé si ha habido algún cambio en el local o si, incluso, sigue abierto.
No tengo ni idea, pues no he tenido oportunidad de volver.

La zona de cruising del sex shop Egea tenía dos accesos bien diferenciados. Uno a través de la propia tienda y otro directo a la calle. Igual que en el  Erotixx, que la entrada directa está integrada en el mismo espacio, a nivel calle entras en el área de cruising o bajando las escaleras entras en la tienda, o en el Erotic Palace, el acceso directo está en la calle contigua, en una entrada con aire casi clandestino, el acceso directo a la zona de cruising del Egea es desde la calle por una puerta de cristal oscuro que da a un pequeño vestíbulo climatizado con taquillas para dejar las cosas, y el torniquete que gira previo pago, para entrar. A ese mismo nivel, pero una vez ya dentro, está el lavabo.

El detalle de primera impresión inmejorable fue por el contraste del bochornoso calor de final de verano, con el fresquito del aire acondicionado de la entrada y vestíbulo.

Tras bajar las escaleras, se llega a la zona de perreo, divididas en dos zonas o salas por un pequeño pasillo.
En la primera sala hay cuatro cabinas frente por frente, con video, tarima para sentarse y glory hole, y otras dos cabinas, sin nada, pero que por su disposición, forman por su parte de atrás un pequeño pasillo en forma de L sin salida.
Bueno, eso sí, estas dos últimas cabinas tienen su glory hole hacía el pasillo sin salida.
La otra zona dispone de seis o siete cabinas, creo recordar que dos con cama-colchoneta para tumbarse. Y si no es así, me confundo, jeje...

Cuatro de ellas, eso sí, están dispuestas alrededor de un espacio central a modo panel de abeja, aproximadamente.
En el dibujo he dibujado una quinta cabina, pero para dar el efecto de que el espacio central es recogido, como si fuera una cabina más, pero sin puerta.
Todas las cabinas que están alrededor de este espacio tienen un glory hole hacia el centro, así como otro a la cabina contigua.

Enfrente de este espacio hay un sofá donde charlar muy a la sombra, pues aparte este cae bajo las escaleras que suben a la tienda.

Y luego está el corto pasillo que comunica las dos zonas o salas.
Es quizás lo más llamativo, sugerente y tentador de la zona de cruising, pero creo que también la más desaprovechada.

Por un lado el pasillo es pared lisa, pero el otro lado son unas rejas que delimitan un cuarto estrecho a modo de celda.
En esta a duras penas cabe nada más que un sling.
El problema que veía yo es que estaba posicionado demasiado alto, que ni de puntillas alcanzaba yo para alguna acción follátil o, simplemente, subirme yo sin luego riesgos a la bajada. No había siquiera un peldaño móvil o algo en que se pudiera uno subir para tener las alturas niveladas.
Parecía estar más de adorno para ambientar que para otra cosa.

Y en cuanto a las experiencias, bueno...
Como comentaba arriba del todo, fueron tres días ( un jueves, y dos lunes consecutivos ), entre finales de agosto y principios de septiembre, entre las 18.00 y 19.00 horas, que no quiere decir que estuviera la hora entera, pues de hecho, el tercer día en cuestión apenas si estuve media hora, pero eso sí, en esa franja horaria.

El primer día fue el que lo encontré más animado y el día que más interactué con el personal presente.
El rato que estuve había entre 8 y 10 personas, de diferentes edades y aspecto, y de comportamiento fue hetero, en tanto que no parecía haber ningún tipo de flirteo, acercamientos, toques o miradas sugerentes o de repaso. Un poco fríos y distantes. 
Pero bueno, esto también suele pasar a días en locales supuestamente exclusivos gays.
Eso sí, de vez en cuando, de las cabinas salían o entraban tíos, mientras que la contigua permanecía cerrada. Algo se mamaba dentro.

Lo más interesante que ocurrió, en tanto que creaba morbo y fue durante un rato la excepción al comentario anterior sobre el comportamiento general, eran dos tipos jóvenes que se magreaban el paquete por encima del pantalón, uno con más ganas que el otro, frente a frente junto a unas cabinas. No parecían querer pasar de ahí.
Uno de ellos, el que más interés parecía poner, iba mirando de tanto el tanto al personal, como si quisiera invitar a alguien con la mirada.
Un poco harto que aquello no progresara y se decidieran a hacer algo, ya sea a la vista del público, que bien lo dudaba, o en privado en el interior de una cabina, me decidí por intervenir.
Me acerqué a ellos y metí mano a ambos... Y se dejaron.

En nada estaba yo ya agachado y mamándole la polla, ya esta fuera del pantalón que ya me había yo procurado en bajárselos al tío más pasivote.
El otro, que se había quedado sin polla a la que magrear, optó por arrambarse a mí cuando me incorporaba para frotarse y abrazarme desde atrás.
La cosa no pasó de ahí y no recuerdo como y porque acabó.
Supongo que alguno de los dos, tal vez el más pasivo, le superó tanta acción de cara al público y se cortó. 

Luego caté una polla a través de uno de los glory holes de las cabinas en panal. 
Pero fue breve, más chupadita que mamada, y sin historia.

Y el primer día no dio más de sí.

El segundo día, para la misma cantidad de personal, hubo menos acción.
Un intento de algo, entiéndase mamada activa o pasiva, en el glory hole. Quedó en eso, un intento, porque si bien ambos desde su cabina nos sacamos la respectiva polla, ninguno mamó.
Luego un tipo joven que no me inspiraba ningún tipo de morbo me buscó un par de veces, pero no le fui recíproco. Y no es que no fuera guapo ni feo, o de mal aspecto, no. Simplemente no me transmitía nada.
Sólo la sensación que si me acababa metiendo en una cabina con él, no íbamos a estar ni 30 segundos.

Acabé la visita de local ese día con una autopaja en una cabina.
Había entrado caliente y no me había desahogado. 
Claro que tampoco sobreexcitado más que cuando entré. 

La tercera visita fue aún menos productiva.
Menos gente que las dos veces anteriores, el mismo chaval que me buscaba y nada consiguió.
Ninguna historia en cabina alguna. Ni fuera.
Volví a acabar corriéndome de la misma manera que el día anterior.
En media hora, ya había salido.

Decidí que la próxima vez que pasaría sería a unos cuantos meses vista, esperando que menos calor en el exterior influyera en más temperatura interna.
Y que, por mi experiencia, esto locales están más concurridos el resto del año que en verano.

Pero pronto llegó la pandemia del covid-19 y no pudo ser.

Si alguien tiene más información, mejor y sobre todo actualizada del local me lo podéis indicar en los comentarios o por email.
Y si alguno os ha pasado algo interesante y queréis explicarlo, pues también.

(Agosto-Septiembre 2019)



  

8 comentarios:

  1. Hola, soy Andrew.

    Gracias por la descripción y el relato. Ahora que te leo, ¡nunca he probado en glory holes!

    Lo que dices de que la intensidad del motbo baja con los visitas también me ha pasao en otros locales.

    ¡ojalá puedas volver en 2021 o 22 para saber qué tal!

    Un gusto leerte

    Abrazos

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    1. Casi no me lo puedo creer que nunca hayas probado un glory hole, ya sea esperando a que alguien asome su polla o tú la tuya. Pues ya tienes deberes, jaja ;-)
      Bueno, tampoco te crees demasiadas expectativas. Unas veces uno se lo pasa en grande, y otras, no tanto.
      A ver, un dia que de casualidad esté por el centro, cerca y disponga de un rato, igual me acuerdo de ir.
      Ya contaré.
      Gracias por comentar

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  2. Que bien lo describes, ami esto locales me dan mucho morbo, las miradas los roces, la insinuacion y la incertidumbre de lo que puede llegar a pasar, es verdad que vamos con espectativas que alguna vez no se cumplen pero otras, madre mia jeje. Gracias por tu relato. José discreto

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  3. Hola querido perro,
    en Egea he tenido algunas experiencias, siempre habiendo entrado de paso, con poco rato disponible y a horas intempestivas de la mañana.
    La última no estuvo mal, pero la que más grato recuerdo me ha dejado hasta ahora fue la penúltima, hace bastantes meses, que fue extraordinaria para mí edad y condición.
    Recuerdo que íbamos con mascarilla pero no había las normas más estrictas que hay ahora. Supongo que debió ser después de la primera oleada, en aquellos meses en los que parecía que todo lo malo estaba a punto de terminar.
    En el rato que había estado allí había tenido algunos escarceos a través de glory holes y como parecía que nada más notable iba a ocurrir y además no disponía de más tiempo ya me disponía a salir.
    Aún pude ver a un tipo desnudo apoyado en el quicio de la puerta abierta de una cabina mirando hacia afuera, mientras alguien que estaba más adentro le estaba proporcionando una buena dosis (supongo) de polla por detrás.
    Mientras me detuve unos segundos para intentar hacerme una idea más global de la escena se me acercó un chico que no creo que llegara a los 20 años ofreciéndome ir a una cabina. Mi primera reacción fue decirle que no, pues a mi edad si se me acerca alguien tan joven tengo tendencia a sospechar que es por dinero.
    Como tampoco saqué nada en claro de la pareja de la cabina abierta, re-emprendí mi marcha hacia la salida y volví a toparme con el chico que volvió a ofrecerme entrar en una cabina. Le pregunté si quería alguna compensación económica, me dijo que no y me faltó tiempo para asentir y seguirle a una cabina de las de colchoneta.
    Fue una pena que, dada la situación, no hubiera morreos, pero el chico se mostró muy cariñoso y diligente. Me di cuenta que era extranjero, quizá pakistaní o similar, pues entre la penumbra pude darme cuenta de su tez más morena, además de que tenía evidentes dificultades con el idioma, pero el lenguaje no verbal sirvió para suplir esa carencia.
    Tenía una buena polla, sedosa y sabrosa, que intentó meterme por el culo tras pedirme permiso educadamente, aunque finalmente la cosa quedó en un simulacro, si bien a él pareció convencerle. También hubo mamadas recíprocas, caricias, lamidas de pezones, etc. y acabamos corriéndonos cada uno en su momento y bien a gusto.
    Solamente he vuelto una vez, no hace mucho, con la remota esperanza de encontrarlo, naturalmente baldía.
    Espero que esté bien de salud, pues desde luego no parecía tener muy en cuenta las posibilidades de contagio, mientras yo sigo recordando con nostalgia aquellos cortos pero intensos minutos que no creo que vuelvan nunca más a repetirse.

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    1. Muchas gracias por compartir tu experiencia, como siempre tan bien explicada.
      Me alegro saber de tí y de que estés bien .-)

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  4. Fa molt que no entro. Però vaig anar a comprar un regalet per un amic i mentres parlava amb el noi de la botiga va vendre dos entrades. O sigui que estan oberts

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    1. Bona senyal que estigui obert i entri gent.
      He rebut sextuplicat aquest missatge. Els esborro ;-)
      Moltes gràcies per comentar.

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