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3 de febrero de 2019

Tadeo y la leche italiana





Lo más común es que entre cosillas sueltas (un pezoneo, un toqueteo, un intento de algo) y momentos de nada (paseos, esperas, indecisiones) transcurra una tranquila tarde cualquiera en la sauna.
A Dios gracias (o de MoNesVol sean, no se me vaya este último a ofender), que en algunas de esas tenga algo que contar. Una historia que sea el centro de esa tarde, independientemente que el resto del tiempo me haya aburrido o haya habido una sucesión de esas cosillas que mencionaba, pero sin más interés o intensidad.
Pero aquella tarde fueron dos las escenas con chicha que se habían desarrollado: La de Tadeo y la de los italianos.

La primera escena ocurrió un buen rato después de llegar a la sauna y no conseguir nada.
Me dio, finalmente, por tumbarme panza arriba en la cama de la big sex room, como hacía tiempo que no hacía, principalmente porque me da un poco de corte si hay la suficiente gente como para llamar la atención cuando adopto la posición, tampoco tienes control de quien se te acerca, cosa que por lado da morbo, pero por otro lado, cierto apuro.
Pero este día no era el caso.
Había poca gente.

Así que me tumbé en la parte de la cama diametralmente opuesta a la puerta de entrada, boca arriba, con las piernas colgando, de manera que si alguien quisiera mamar lo tendría fácil, y si lo que quería era ser mamado, lo tendría que hacer lateralmente por mi lado izquierdo.

No tardó mucho en entrar un tío que se posicionó en la esquina más cercana a mí, sentándose sobre uno de los taburetes, y allí se quedó mirando y controlando todo el rato que yo estuve tumbado .
No sé muy bien lo que pretendía, pues alguno de los tíos que se le acercaban recibían un buen moco de aquel tipo, no sabría decir si arisco o maleducado.

El caso que, al poco, se acercó Tadeo*, en una de esas veces que lo identifiqué antes que entrara en acción conmigo.
Toqueteó un poco las piernas, como para asegurarse de la consistencia, agarró el ya hinchado nabo que pedía un poco de guerra y prácticamente no lo soltó hasta que casi me lo dejó en carne viva.

Y no precisamente de darle manualmente al manubrio, sino de la larga e intensa, por no decir intensísima y casi salvaje mamada que me propinó, a la vez que, como bien me conoce, me sobreexcitaba con un no menos intenso pezoneo.

No sé si lo que pretendía era hacerme correr, aunque creo que no, pues es una de esta gente que le gusta prolongar hasta el infinito el momento de placer y morbo, sin buscar necesariamente el orgasmo.
El caso es que tuve que pedirle que parara por la sensación de desgaste que me estaba produciendo en mi sufrido miembro.
- Mañana tendré la polla escaldada - pensé, cuando por fin me decidí a decirle que lo dejara.

Afortunadamente no es de esos que se hacen pesados, pues sabe, como ha ocurrido en anteriores ocasiones, en una misma tarde puede haber un después y continuación sin compromisos ni problemas.
Aunque en esta ocasión no ocurrió.
El hombre del taburete seguía allí sentado, como discreto observador de todo lo que ocurría.
En ningún momento supe que aspecto tenía.

Me marché a darme una ducha para refrescarme un poco y bajar un poco las calenturas.
Durante el rato de antes y el de después estuve observando, como siempre hago, si había alguien que pudiera corresponderme, que no es ya tanto si es guapo o esta bueno, sino que por edad, aspecto y actitud haya cierta sintonía o aparente compatibilidad.

Aún siendo yo poco exigente en el aspecto físico, no siempre ocurre que haya nadie que me llame la atención.
Y aquella tarde había, también cosa rara, varios tipos con lo que si me sentía un tanto atraido.

Dos de estos tipos iban siempre juntos, paseando por el local, hablando discretamente entre ellos en voz baja, cuando no, se sentaban en uno de los bancos de madera de la zona de duchas, y seguían mirando al personal y comentando entre ellos.
En ningún momento los ví estar con un tercero y menos, liados entre ellos.
Pudieran ser simples amigos o tal vez una pareja que viniera a curiosear a la sauna y de paso, a disfrutar de la instalaciones .
Uno estaba realmente macizorro, de mediana altura, treinta y pico de años, calvo, piel ligeramente bronceada, y el otro, más alto y más mayor, sobre la cuarentena, buen cuerpo pero del tipo fofisano, ligeramente peludete, calvo, con bigote y barbilla cana.
Ambos realmente majetes.

De vez en cuando, me miraban.

Y llegó un momento que, cuando me disponía a entrar, una de esas tantas veces que lo hice, a la sauna de vapor, vi, por el rabillo del ojo, que se incorporaron y me siguieron.

Una vez llegué al extremo de la sauna, ambos de me pusieron al lado mío, sin abordar, pero como haciéndose notar claramente de su presencia a la distancia justa de poder echarles mano, como así fue, entendiendo perfectamente el lenguaje corporal que se desarrolla en estos sitios.

Acaricié el pecho del que tenía más cerca, el macizorro, inclinándome enseguida a lamerle y mordisquear el pezón, mientras les echaba mano a los paquetes de ambos.
Un gemido de placer salió de su boca.
Enseguida me hizo agachar para que le dispensara el mismo placer, pero esta vez en su rabo, y cuando allí y de rodillas me tenía, alargó su brazo y cogiendo el pollón de su amigo, también me lo ofreció.
Fue cuando me percaté de su nacionalidad italiana, si bien no pillé más palabra que “cazzo”.
Los fui alternando según sus indicaciones y necesidades.
De rodillas cuando se la mamaba al alto, que estaba de pie y en posición más canina, cuando estaba por el macizorro, que estaba sentado.
El alto quiso que me focalizara en sus huevacos, y mientras se pajeaba , se derramó sobre mi cara.
El otro restrego la leche por mi mejilla y barbilla, y con el pulgar en mi boca me hizo acercar a que le prestara el mismo servicio, si bien este acabo corriéndose en el suelo.

La tarde no dio más de si.
Pero lo que se dio, ya me dejó más que satisfecho.

---

*Tadeo, nombre no real de un habitual de la sauna que, numerosas veces, acaba liándose conmigo, directa o indirectamente. Le viene dado porque me recuerda una mezcla de un personaje animado (No el Tadeo Jones) y un pintoresto político local con nombre de cierta similitud fonética.






10 comentarios:

  1. Qué envidia sana me das siempre. Jajaja.

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  2. Me encanta lo bien que detallas las situaciones, Perro. Además de disfrutarlas y saborearlas de manera más vívida, para los que somos todavía poco expertos en el mundo sauna nos sirven para familiarizarnos con los códigos de comportamiento y aprender a leer el lenguaje corporal y gestual.

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    1. Gracias George.
      De disfrutar es de lo que se trata, jeje... aunque interpretar señales a veces lleva al error, pero bueno, de todo se aprende ;-)

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  3. Ey, Perro, muy buena tu Italian experience.
    Ahora me he quedado con la duda de a qué político se parece Tadeo .. Heheheh.
    Curiosote q es uno...
    Un abrazo, nen.
    Hotdardo 🎯

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    1. Del número tres, cuando la combinación es resultado de un 2+1, cuando yo soy el 1, me pongo muy, muy perraco. Disfruto de la complicidad que tienen los otros dos.
      De Tadeo, no puedo decir más. Si en el relato ya soy muy discreto, no lo voy a ser menos en los comentarios, jeje... Y eso que no es el político en cuestión ;-)

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  4. ¡Qué buena historia! ¡A mi me gustan los tríos! ¡Creo que hasta se me dan bien!

    ¡Buen post!

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    1. Gracias Nen ! :-)
      Y como decía en la respuesta a Alternativo Palermo, si en los otros 2 hay una complicidad previa, mucho mejor.

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  5. Qué sana envidia he sentido al leer este post.
    Sigue asi.
    Un lametón

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