Domingo saunero (1ª parte) - Mi última sauna en la Bruc

 



Fue pura casualidad que tuviera tiempo aquella mañana y aproveché la oportunidad.
Nunca había ido en fin de semana a la sauna Bruc, y obviamente, tampoco en domingo.

Llegué más pronto de lo pretendido en un primer momento, que era entre las 11 y  11.30, como en alguna ocasión anterior.

Pero llegué solo 15 minutos después de abrir sus puertas.

- No habrá nadie-, pensé y casi estaba a punto de corroborarlo al final de mi rápida primera putivuelta cuando casi choco con un inglés alto, de unos cuarenta años, bien formado, que salía bruscamente de la sauna de vapor.

- Sorry-, me dijo, a modo de disculpa por el sobresalto. 

No volví a verlo hasta mi segundo encuentro con él.

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Había pasado ya más de media hora y apenas eramos cinco en el local.
Putivoltear con tan poca gente no tenía mucho sentido.
Y cada uno estaba en sitios diferentes o desaparecían durante un rato sin dejar rastro.

- ¿Ya se ha ido este? - pensaba sobre alguno que ya no veía.
- ¿Si no le ha dado tiempo a nada?.

Fue entrando en el cuarto oscuro grande que me encontré por segunda vez al inglés y aprovechamos para un polvo rápido sin demasiada historia.

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Tras ducharme e ir a los vestuarios me encontré con un tipo, tal vez un poco más joven que yo, muy lampiño, o eso me pareció en un primer vistazo, y unos intensos ojos azules.

Para mi que llevaba lentillas de ese color.

- Qué poca gente hoy, no?- comentó simpáticamente.
- Bueno, aún es muy temprano y siendo domingo ... 

Ahí quedó la conversación

- ¿Me ha parecido que ha habido alguna conexión? ¿O simplemente es sociable y simpático?

Me lo cruce en dos ocasiones, una que casi nos chocamos y nuestras manos rozaron los respectivos cuerpos contrarios, que es cuando me di cuenta que no era tan lampiño, sino que tenía el vello claro recién recortado y raspaba ligeramente, y la segunda vez, en el bar.

La tercera me encontró él patiabierto sobre el sling.

- Uy, perdona - dijo al encontrarme en esa tesitura - te dejo tranquilo.
- No hace falta... - Bueno, como tu quieras - respondí.

Tres minutos más tarde entraba decidido a la cabina.

- ¿Estás bien ahí? 
- ¿Te gusta el popper?,¿ Quieres?.
- A que reconforta y desinhibe ! 
- Quieres que te de... - dejando la frase en suspenso pero refiriéndose a darme polla.

A todo esto le iba respondiendo afirmativamente. 

Mientras me la metía, que entró de buenas y a la primera sin ningun tipo de presión, incomodidad o dolor, seguía preguntando:

-¿Eres versátil?
- Más bien no.
- ¿Quieres que deje la puerta abierta?  Me va el morbo, añadió.
- ¡Pues claro!.- respondí entusiasmado. ¿De donde habrá salido este chico? - pensé.

A uno que pasaba por allí le hizo señal de entrar, pero no entró
A otro se lo dijo de viva voz, pero tampoco se decidió a hacerlo.
Solo uno entró, miró un rato y se fue.
Los otros, que no se decidían, nos miraban desde la puerta.

El tío me la fue metiendo y sacando varias veces durante los 20 minutos largos que duró el encuentro.
O eso me pareció.

- Bueno.. me voy a dar una vuelta y descansar - dijo, cuando le pareció oportuno.
- Luego te vuelvo a pillar - continuó.
- Donde quieres y sin problemas - respondí.
- Ya sabes que estas muy bueno, no?.
- No - le contesté -  al tiempo que deducía que sus lentillas no debían de estar bien graduadas.
- Pues si - ahora ya lo sabes

Reconozco que estos comentarios siempre le elevan un poco la moral a uno, te los creas o no.

Pero hoy en particular me costaba entenderlo.

Nada más entrar y desvestirme en los vestuarios me había quedado mirándome en el espejo, a cierta distancia y de cuerpo entero. Y no lo entendía, porque la impresión sobre mi cuerpo, al menos de perfil, me había resultado negativa. 

(Continuará)



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