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5 de octubre de 2018

De aperitivo, mamadas y trío ( 3er.día - 2ªparte )






Una cosa es entrar en un bar y ver poca gente, y otra no ver a nadie ni siquiera al barman.
Así estuve unos minutos, de plantón en la barra, entreniéndome eso sí con los videos musicales de la pantalla, hasta que el muchacho apareció como de la nada. propinándome un susto de muy padre y señor mío, de lo absorto que estaba.

- Un redbull, porfa !- pedí al camarero, después de recuperarme del sobresalto.
- Monster?, Que es parecido, ok?- me propuso.
- Pues Ok. Y me fui a sentarme al taburete junto al bidón que servía de mesita.

Un rato después entró en el local y tipo de mediana edad, sin ninguna característica en especial, que tras pedir algo para tomar, se giró, me miró y se tocó el paquete.

- Algo de predisposición tiene - pensé - igual surge algo.

Así que bajé a la zona de cruising del sótano, y me siguió.
Nos liamos sin excesivo apasionamiento, y tras unas mamadas, el tío se corrió.
Cuando nos disponíamos a salir, había pasado suficiente rato como para que dos tíos llegaran y se enrollaran.
Él se involucró en los tocamientos de la pareja, y yo me quedé mirando y esperando si alguno de ellos me invitaba a participar.
Se debían conocer de, por lo menos, otros roces anteriores, pues todo resultaba muy natural y fluido.

Uno de los de la pareja inicial me invitó a unirme justo en el momento que marchaba.
Lo sustituiría en el trío.
Quedamos pues, aparte de mí, el tío con el que me había enrollado minutos atrás y un tío alto, mayor de rostro ajado que fué quién me ofreció polla para mamar.
No la rehusé, obviamente, era de buen calibre, dura y bien formada, pero al poco la uso para follarse al otro, una vez la tuvo bien lubricada.
Muerto de envidia de no ser yo el afortunado me quedé mirando, al menos, como se lo cepillaba.

Como no se decidía a cambiar de culo por el mio, y viendo que me ofrecía el del otro tipo, me coloqué un preservativo y me lo follé.
Pero resultó ser un aborto de polvo que no duro más que unos segundos.
No sé si porque no tenía el culo bien lubricado o no quería realmente que me lo follara, y hacía algún tipo de esfuerzo para que le entrara.
Tenía que ser esto último ya que la primera polla, bien gordota, le penetró sin apuros.

Y fue entonces cuando el tío de rostro ajado me quiso follar, y lo hizo.
Presuroso y contento le puse mi culito a su disposición.
Un buen polvo a toda regla, a la luz de la pantalla del vídeo porno, mientras se la volvía a mamar al primero.

Una vez acabamos de follar entraron tres tíos más que flirtearon entre ellos.
Solo observé como se desarrollaba la escena, pero no parecía que fuera a cuajar nada. Yo no intenté nada con ellos.

Y tampoco entró nadie más. 
Era hora de cambiar de lugar.

En el Men's Bar  había un poco más de ambientación que en días anteriores, normal si consideramos que era viernes, pero básicamente en la zona de bar, donde estuve la mayor parte del tiempo.
Abajo la misma desolación que en días anteriores. Muy poca gente y que casi se diría que parecía que quisieran evitarse, si bien, a ratos las cabinas estaban ocupadas, por lo que se deducía que alguna cosa, por poco que fuera, sucedía.
Pero a puerta cerrada, cero morbo.

Bajé varias veces y siempre era lo mismo.
Hoy no me apetecía ir al qüero. No me apetecía sufrir de nuevo continuas intromisiones.
-¿Y si voy al exxxtreme?- me pregunté a mi mismo, recordando la noche loca de hacía dos días.

¿Lo sería de nuevo?

(Continuará)



30 de septiembre de 2018

Puteando en la rocas ( 3er.día - 1ªparte )




Pues si, en las rocas resulté ser más puta !.

Recién había tenido una breve conversación con un amigo por el feis y tuiter.

- Que no te creas, en la playa soy un santo- decía yo.
- Pero seguro que en las rocas no - me replicaba.

Y es que, ciertamente, nunca he ligado en la playa.
Normalmente siempre voy acompañado, y obviamente no estoy por la labor.
Pero cuando he ido sólo, tampoco me lo he propuesto. Siempre he preferido disfrutar del agua, el sol, la lectura, las vistas.
Y todo hay que decirlo, dado mi poco don de gentes, entre tanto público hetero, con tanta luz y poca intimidad y que no me resulta especialmente morboso, pues ni lo intento.

Otra cosa son las rocas próximas de las calas o los bosquecillos anexos de las playas en cuestión.
Entre rocas, experiencias cero y en bosquecillo, el de la Cala de l'home mort en Sitges, una sola vez.

Pero esta vez, que iba sólo y después de aquella breve conversación, me atreví cuanto menos a intentarlo, no en la playa, sino en las rocas.
Y para ello tenía que vencer un pequeño miedo.

Así pues me dispuse a investigar los puntos de apoyo y agarraderos de las rocas, buscar la manera de ir un poco más allá de las primeras que a pie suelto eran fácilmente transitables, y por ende, muy visibles desde la playa y relativamente de paso común a quién se aventura por ellas.

Si habían tíos que lo hacía, no veía porque yo no.
Y las traspasé.

No somos nosotros, pero bien pudiera haberlo sido.
Al otro lado solo había un tipo tumbado, tomando el sol y leyendo.
Pero al poco, un tipo de aproximadamente mi edad apareció por detrás como si me hubiera seguido.
Aunque eso no era garantía de nada.

Nos seguimos las miradas y los pasos, y poco a poco ambos nos fuimos aproximando hacia la pared del acantilado que,  quieras o no, era la zona más recogida e intima, pero aún así, expuesta a miradas desde algún punto de rocas o del mar.
La privacidad no era total.
Nuestras pieles se rozaron, como quien no quiere la cosa, de ahí claramente nos agarramos las pollas y comenzamos a pajearnos.
El tío tenía la respiración más agitada que yo.
Parecía más nervioso.

Sin demorarme mucho, acabé bajando a comerle el rabo, y unos segundos más tarde, se apartaba advirtiéndome que se corría, cosa que no llegó a producirse hasta unos minutos después, tras unas cuantas manolas más.
Con buen reguero de leche desperdiciado por las rocas, dió las gracias y nada más, y se sofocó las calores y los ardores chapuzándose en el agua. De paso se limpió.

Deshice el camino y volví a mi toalla, abandonada en la playa.
Retomando el sol me di cuenta que, ciertamente, mi amigo tenía razón y las rocas me volvían más puta.

No había sido una gran aventura, pero comenzar así el tercer día resultaba prometedor.

(Continuará)



25 de septiembre de 2018

Memoria: Anexo al post "Follando en la calle". El pasaje Begoña.




No.
En este post no hay sexo ni erotismo.

Tampoco es exactamente la continuación del post "Follando en la calle", en tanto que, la aventura concluyó yéndome al hotel y el inglés, supuestamente, quedándose con aquellos conocidos suyos.
Así, del pizpireto muchacho de la sonrisa arrebatadora no supe más, y del callejón, por el cual pasé un par de días más tarde para hacer la foto que incluí en el anterior post, tampoco hubo un después, pero si un antes.

Al contrario que la inmensa mayoría de las publicaciones que escribo en el blog, en las que previamente hago un borrador al día siguiente o en unos días, para no olvidarme de detalles, sobretodo si los hechos acontecen en varios lugares y con múltiples "partenaires", y aún así a veces me lío, de este lo confié todo a la memoria.
Ni una palabra fue escrita antes de comenzarlo, porque sabía que en cuanto me pusiera, me acordaría de todo, por la singularidad de lo que pasó.

Otras veces ocurre que indico en un borrador un hecho, pensando que ya lo completaré en su redacción final, y resulta que no me acuerdo mucho del qué o como pasó.
A modo de ejemplo, además muy reciente, dos post hacia atrás, en el post "Del Men's al Querell, una mamada y poco más", casi al principio del todo sale esta frase "un polvo sin historia en el cuarto oscuro, de uno que después de pezonear con otro, se me acercó, tocó mis nobles posaderas y con una triste minifollada de 'ná', me ventiló".
Lo escribí al día siguiente, pero a fecha de hoy, y del día que lo publiqué, no recuerdo nada y dejé el texto así, casi tal cual lo redacté.

Y es que no somos nada más que memoria.
Tanto a nivel individual, como social.
De algo nuestro que no nos acordamos, para nosotros no existe.
Memoria de unos recuerdos, experiencias, habilidades, aprendizajes, pero que cuando los olvidamos, mueren, y con ellos, también un poco de los que fuimos.

Cuando me puse a buscar una fotografía que acompañara al post anterior, aparte de alguna morbosilla y no censurable por feisbuc, también buscaba alguna del callejón, mejor de la que había hecho yo.
Y busqué por el nombre del mismo que, en su momento, me apunté, pasaje Gil Vicente.
Y aluciné con una de las fotos con las que me encontré, concretamente, la que encabeza este post.
Era del antes de 1971 y el después, ahora.

¿Qué era ese callejón y que había podido ocurrir para ese cambio tan radical?.

Pues en un repaso breve de la historia, sucedió que en los primeros años del boom turístico español allá por principios de los 60 del que Torremolinos fue punta de lanza, allí, en medio de un ambiente local incipientemente tolerante con todo lo que oliera a modernidad y libertad, se abrió Tony's, el primer local abiertamente gay,  en el pasaje de Begoña, que es como por aquel entonces de llamaba el callejón, y con él otros club y bares nocturnos que iniciaron un ambiente gay al que, incluso, llegaron a acudir personajes famosos extranjeros.

Pero la permisividad del régimen franquista duró pocos años, y en la noche del 24 de junio de 1971, las fuerzas del represión del estado, actuando con la legalidad vigente y alegando infracciones graves contra la moralidad y buenas costumbres, iniciaron una redada en el pasaje, donde fueron detenidos cientos de personas, identificados, algunos encarcelados, multaron a no pocas, expulsaron del país a los extranjeros ( con la consiguiente repercusión en la prensa internacional ), y precintaron y clausuraron los locales, propinando un duro golpe al turismo local y al ambiente en particular, del que años más tarde se recuperaría, una vez muerto el perro y disfrazada y transformada la rabia.

Vamos, todo un Stonewall patrio, salvo que si este provocó el inicio del movimiento por los derechos lgtb, aquí los hechos cayeron en el olvido bajo la losa del nacionalcatolicismo imperante, y la prensa siempre tan allegada al poder.

Extractos de la prensa de la época


Y es que todos los totalitarismos, sean del signo que sean, de cara amable tienen poca, solo para cuando pretenden seducir y convencer mediante mentiras o tergiversando el lenguaje y los hechos ( actualmente tenemos muchos ejemplos presentes ), pero la careta se les cae en cuanto llegar al poder, si es que no han llegado ya por la fuerza.

Aquí os dejo varios enlaces por si queréis saber los hechos con más detalle.


También incluyo el enlace a un documental de televisión, muy interesante, que habla más extensamente del inicio del boom turistico en Torremolinos, en el que en dos momentos, minutos 19'24" y 43'47", se menciona el pasaje Begoña y explican los hechos que acontecieron.

Afortunadamente, existe una iniciativa de recuperación de la memoria histórica y dignificación del lugar que pretende devolverle el esplendor de antaño.
Y desde aquí mi apoyo.
En ese camino, el motivo principal del cartel anunciador de la semana del orgullo de este mismo año fue el colorista pasaje en su mejor época.



Cuando me enteré de la historia del pasaje no dejé de sentir cierta desazón, como si hubiera profanado no tanto un lugar sino una memoria, cuando aquella noche, allí, se nos desató la líbido al inglés y a mí.

Luego pensé ¿Y si no fue exactamente fruto de la casualidad, sino que fuimos realmente atraídos?
En cualquier caso, me pareció apropiado, justo e interesante colaborar con este modesto post a recuperar algo de la memoria y la dignidad de los que por ser como eran, pensaban y actuaban, sufrieron la represión franquista.






18 de septiembre de 2018

Follando en la calle / Fucking in the street (2ºdia/última parte)



(Continuación)

 Hey, man! - oí que como una voz masculina llamaba a alguien por detrás mío.

La noche estaba muy avanzada y pasaba mucho de la hora en que la mayoría de los locales habían cerrado. No había prácticamente casi nadie por las calles.
La llamada sólo podía provenir del único tío que acababa de ver, sin prestar mayor atención, al otro lado de la calle y el "man" al que se dirigía debía ser yo.

Me giré y vi como aquel tío que con sus pantalones cortos, sandalias y camiseta en mano, a paso ligero, venía hacía mí.
Tal cual, si bien le faltaba la toalla y demás bártulos, de ser a pleno día, hubiera parecido que venia de la playa

-Hey, man!- volvió a decir una vez vió que había conseguido mi atención.
Era un tipo joven, bajito, entre 20 y 25 años, vivaracho en su manera de andar, de piel blanca uniforme e inmaculada, sin un ápice de vello, músculos suavemente marcados y claramente extranjero.
Debía de haber llegado ese mismo día, o debía de ser inteligentemente cauto al tomar el sol, porque no mostraba ningún rastro del rojo gamba tan típico de los turistas recién llegados.
Eso, o que la iluminación nocturna de la calle lo disimulaba.

- ¿What are you doing here?- me preguntó cuando llegó a darme alcance.
- I'm going to my hotel... to sleep - le contesté desempolvando mi rudimentario inglés, a la par que un tanto sorprendido de la pregunta. Pocas cosas se pueden hacer en la calle a esas altas horas de la madrugada.

El tío quedó como extrañado.

- Que fais-tu ici?- preguntó esta vez en un francés con buen acento, dejándome descolocado de su posible procedencia y hundiéndome en la miseria por mi presumible terrible acento, al no hacerme entender en un inglés tan básico.
- Maintenant, j'vais à mon hôtel pour dormir en peu - le contesté en francés, con cierto alivio de poder comunicarme con más comodidad, si bien no quiere decir que lo domine, me resulta más familiar e inteligible.
- Et toi?- le pregunté.
El cabrón volvió al inglés, y lo que deduje, más que entendí, era que se iba para su hotel pero que no se acordaba donde estaba.
Me sorprendió bastante.
El tipo no tenía pinta para nada estaba borracho. Ni se tambaleaba al andar, ni balbuceaba al hablar, ni le olía el aliento, ni tenía los ojos vidriosos ni la mirada medio perdida.

- You are a sexy man !, exclamó de repente, no dejando de caminar.
Y yo casi me muero, no ya por lo que me dijo, aunque por lo cual ya pensé fijo que algo se había tomado, sino por aquella irresistible, preciosa y sensualísima sonrisa profiden con la que acompaño sus palabras.
-You too- respondí, con el mínimo posible de palabras para evitar tartamudear y disimular que el corazón se me aceleraba.
-¿Querrá rollo?- pensé. No sabe donde tiene el hotel (¿Será porque quiere venir al mío?) y me dice que soy sexi, todo eso a las cuarenta de la madrugada, sin ni Dios por la calle.
Al tiempo que le respondía y pensaba, aproveché con cierto descaro a presionarle uno de sus pezones que llevaba al aire.
- Mmm...- surgió de sus labios - and hot!- añadió.

Al llegar a la primera esquina, me cogió del brazo y me hizo seguirle unos pasos hacía dentro del callejón, apenas unos metros, lo suficiente para no molestar al paso de posibles aunque improbables transeuntes que aquellas horas andarán perdidos o de vuelta a su guarida.
La calle, más bien dicho plaza, estaba en obras, y en paso lo habían estrechado a parte de la acera.

El callejón visto desde la calle principal
 y a la derecha el límite de la cristalera. 
El guapo y seductor inglesito se apoyó en el punto donde acababa la cristalera de la tienda y comenzaba la pared del callejón.
Me invadió el deseo irrefrenable de "comérmelo" y me lancé a ello comenzando por los pezones.
El tio, no creo que nada sorprendido, comenzó a gemir.
-Oh, yes suck it !- decía.
Aquella suave y delicada piel clamaba atenciones por todos sus rincones.
Mi lengua comenzó a subir por su pecho, mientras mi mano no dejaba desatendido sus pezones.
Lamí su cuello y al llegar a la boca le besé.
Un morreo breve, seguido de tres o cuatro besos que fueron descendiendo hacia su axila, que ya había dejado al descubierto.
 Y los besos se convirtieron en lametones a lengua completa.
- Yeees, lick me, lick me !- susurraba entre suspiros.

La temperatura crecía exponencialmente.
Para ese momento también yo me había quitado la camisa.
- Lick, lick !- no dejaba de pedir con ansia casi suplicante.
Yo me afanaba en ello.

El muchacho comenzó a desabrocharse el pantalón, y estos cayeron al suelo dejando al aire verse una preciosa, bien proporcionada y sonrosada polla, que destacaba con un toque discreto de color sobre el resto de su piel blanquecina.

Claramente quería más, y yo no podía rechazar catar aquel manjar que se me ofrecía.
Me daba mucho apuro arrodillarme a mamar tan cerca del paso principal, en la que cualquier persona de paso, casi sin necesidad de girarse podía vernos, ya pues si bien aquello era un callejón, la luz abundaba, y como pude comprobar minutos más tarde, rincones de penumbra no existían.

Pero allí estaba, enhiesta como un mástil en espera del roce de mis labios.
No me arrodillé, pero si me incliné para, al menos, saborearla unos instantes.
- Pura ambrosía que desde la vieja Albión enviaban sus dioses para hacer olvidar su injusta fama de pérfida!- pensé, cuando al tacto noté su jovial virilidad.

Pero unas voces que se acercaban rompieron el mágico momento.
Me incorporé en cuestión de segundos y él se adecentó en la medida de lo posible, básicamente subiéndose los pantalones.
Yo, por raro que parezca, aún los llevaba bien sujetos.
Pasaron las voces. Ignoro si se dieron cuenta de nuestra presencia.

Él sí se percató que, viendo que íbamos a mayores, aquel lugar resultaba poco discreto, si bien no tenía muy claro si ello le preocupaba demasiado.

Detalle del fondo. En el momento
 de los hechos no estaba
 el saco de escombros
- Come, follow me ! - me dijo una vez ya pasó la gente, saliendo a paso ligero todo pizpireto hacia el fondo del callejón.
No había portal alguno que ofreciera resguardo y la iluminación era la normal de cualquier calle.
Poca intimidad pues prometía el lugar, sólo que un poco más apartados de la entrada.

Y al llegar al fondo, continuamos donde lo habíamos dejado.
Ambos esta vez dejamos caer nuestros pantalones, y no eso, sino que nos los quitamos, yo volví a comerle la polla, esta vez sin tanto recato ni atención de lo ocurriera alrededor y él gimiendo y suspirando sonoramente.

Al cabo de un rato de mamada desenfrenada, él se retiró un poco hacía atrás y se puso a observar un poco en la distancia.

-Oh, sexy man !- brotaron de nuevo aquellas palabras, a través de sus rósaceos labios y de aquella  pícara y sensual sonrisa que me desarmaba por completo.



- Take off your panties! - dijo, a modo de orden.
- What ?-  pregunté, más que nada para asegurarme de lo que me había parecido oír.
- Your panties, take off them!.
- No!- contesté, meneando de una lado para otro la cabeza. Con lo que me ha costado aprender el palabro jockstraps, va este y me lo cambia por panties!.

Obviamente este no era el motivo de mi negación, sino que ya me sentía suficiente desnudo, para quitarme del todo lo único que me quedaba, ya a la altura de los tobillos.
Él, el pelota picada, insistía, con aquella sonrisa que me volvía loco.

-Please, take off your panties!.
- Que pesadito- pensé.

Viendo que no me bajaba del burro, y con un gesto de fastidio y resignación volvió a acercarse a mí a continuar con los magreos, mamadas y lametones.
Comenzó luego la palpación de nalgas y la búsqueda de mi agujero negro.

Un farfullo ininteligible para mí salió de su boca, de lo que lo único que pillé fue 'ass' y 'fuck', por lo que no necesitaba mucho más para saber sus intenciones.
Y al poco ya estaba yo de espalda a él, con el cuerpo ligeramente inclinado, ofreciendo mi culo hambriento que tan poco había podido disfrutar aquel día, esperando un poco de alegría británica.
La actividad del dia anterior, con sus cinco polvos, tuvo su buen efecto al permitirle el paso sin problema ni dificultad alguna a aquella blanca y vivaz estaca sedienta de placeres.

Si hasta ese momento, el tono se había movido entre suspiros y gemidos contenidos, el vaivén que siguió y un tenaz metesaca, desató la expresividad del buen mozo.
Lo que había sido sonidos discretos, se convirtieron en ruidosos gruñidos y enfáticas exclamaciones.

Vamos, el típico monólogo (yo mantenía el tono de gemidos en baja escala) de una película porno en pleno folleteo: Oh!, yes!, yeah!, sexy, my god!, fuck, ass, god boy, etc, etc...

A la par que disfrutaba como perra en celo, me sentía muy abrumado que la escandalera del muchacho llamara la atención a algún vecino insomne.

Como así ocurrió.

Unos gritos a pleno pulmón surgieron de la nada, retumbando en el callejón y llegando claramente a nuestros oídos, destinatarios del mensaje.
Apresuradamente nos recompusimos y literalmente salimos por patas, al menos a la velocidad que caminar poniendo y subiéndonos los pantalones, y las chanclas nos permitían.
No eran insultos, sino más bien "amables recomendaciones" de ir a hacer esas cosas a otros sitios más apropiados, y yo lo comprendía.
El inglés no dejó de replicarle en su lengua y francés indistintamente, si bien en la lengua de Molière solo decía Je ne comprends pas.
Al vociferante no le eran necesarios improperios, pues al llegar a su altura, nosotros dos pisos más abajo a ran de calle, claro, nos llegó su última sentencia: "Como saqué la escopeta y te pegue un tiro en la cabeza vas a ver". Vamos, que el tipo se quedó a gusto.

Incorporados ya a la via principal, él seguía queriendo marcha y a cada portal o calle lateral que veía se acercaba, si bien sin éxito alguno.
No había rincones posibles para seguir con el desenfreno.
Y yo no quería llevármelo al hotel, básicamente porque en la recepción del mismo estaba por escrito las normas en la que prohibía de manera explícita la entrada de acompañantes.

- ... friends... hotel ! - pillé entre varias palabras que de repente dijo cuando vió a un pequeño grupo de tíos en la penúltima calle que quedaba por llegar a mi hotel.
Apresuró el paso, avanzándome, y dirigiéndose a hablar con ellos.
Supuse que había reconocido a algún amigo suyo que le ayudaría llegar a su hotel.

Pero no me quedé para comprobarlo.
Para descansar de tan singular noche, apenas me quedaba cien pasos y una esquina más.

Fin.






12 de septiembre de 2018

Del Men's al Querell, una mamada y poco más ( 2ª noche - 3ª parte )




(Continuación)

 - Si esta la barra llena de gente, más o menos, entro -, pensé cuando salí del Qüero Gay Bar y me dirigía hacia el Free Eagle-. Nunca había estado tan tarde, por lo que no sabía que me podía encontrar.
Asomé el morro y vi que apenas habían tres tíos entre barra y zona visible del local, por lo que desistí, y me fui directo al Men's.

En el Men's, que no estaba precisamente muy ambientado, un polvo sin historia en el cuarto oscuro, de uno que después de pezonear con otro, se me acercó, tocó mis nobles posaderas y con una triste minifollada de 'ná', me ventiló.

Es cierto que quería bajar el ritmo del día anterior, pero no tanto. Estaba calentorro.
-¿Y no he venido a sexear estos días?- pensé,- pues fuera complejos y tabúes, y tiquisminierías.
Entre en uno de las cabinas, me bajé los pantalones mostrando el culete, de cara a la pared, a ver si alguien se animaba.
Eso, todo hay que decirlo, era casi esperar un milagro, pues arriba en el bar había una docena de tios, pero abajo, en la zona de cruising apenas se podían contar tres los tíos que putivolteaban.

Un tío carraspeó, supongo que para llamarme la atención.
Me di la vuelta, y sin dudarlo, me arrodillé ante él, en plan "dame tu polla que te la como!.
Buen entendedor del lenguaje corporal, entró sin vacilar, dándome seguido a mamar.
El chaval pasaba de los treinta años largos, rubio, alto, de aspecto claramente extranjero, de pocas palabras en castellano y se le notaba cierto deje foráneo, pero que tampoco dijo nada en otro idioma. Con camiseta ceñida marcando, tenía el pelo cortado moderno, rapado de un banda y largo de la otra, peinado todo hacia un mismo lado.
Resultaba en su conjunto algo disonante, edad con aspecto. No le acababa de quedar bien.

En el transcurso de la comida iba dándome un poppers muy flojo, y que, de todas manera no me era absolutamente necesario.
En un momento determinado se dió la vuelta como para que lo follara y, obviamente, no quise.
Seguimos con la mamada y cuando se quiso correr y lo hizo, fue sobre mi cara.
- Bien! - pensé, haciéndoselo saber también con un gesto manual.

No tenía con que limpiarme así que tuve que ir al lavabo y esperar fuera antes de limpiarme.
No me daba mucho apuro que cualquiera me pudiera ver con la cara llena de chorreando semen.
Pero tampoco me vio nadie.

Era aproximadamente las 3 de la mañana cuando llegué al Querell.
Muy poca gente por la calle. Apenas dos chicos y una chica sentados en el suelo y tomando el fresco nocturno y charlando tranquilamente fue lo que me encontré en el camino. Poco más.


No había fiesta especial de las que suelen anunciar y además, por la hora que era, y entre semana, dudaba mucho que el local estuviera muy ambientado.
 - ¿Cerráis en breve?,- pregunté por si acaso.
-  No, hasta las 4.30 - me contestó quién me atendió en la entrada.
Entré, me desnudé dejándome puesto de nuevo únicamente los jockstrap y me pedí una cerveza.

Sólo ocurrió eso. Aparte, eso sí, de dar cuarenta vueltas, para certificar una y otra vez que la docena de tíos que había cuando entré se fue reduciendo a apenas tres cuando sale.

La noche estaba muerta.
Remuerta.

Entre meridianamente contento por haber conseguido bajar de manera considerable el ritmo del día anterior, y contrariamente, decepcionado por lo escasamente intensos de los pocos encuentros y roces habidos en la noche, opté ya por regresar al hotel.

Allí seguían todavía a medio camino el trío de jóvenes en la fresca de la noche.
Apenas quedaban unos 300 metros para llegar al hotel y descansar.

Y entonces, en un lugar insospechado, algo totalmente inesperado estaba a punto de ocurrir.

(Continuará)



7 de septiembre de 2018

Intromisiones ( 2ª noche - 2ª parte )




(Continuación)

Cuando llegué al Qüero me sorprendió no encontrarme al barman de los dos años anteriores.
En su lugar, me abrió la puerta y convidó a entrar un hermoso ejemplar de macho osote.
Tal vez hubiera traspasado el negocio, no sabía, o tal vez el otro chaval libraba.

Dejé los pantalones cortos y la camisa sin mangas en una de las taquillas, y me quedé sólo con mis jockstraps y deportivas, y sin mucha demora, cerveza en mano subí a la zona de cruising y juegos.
Estaba casi todo estaba igual, excepto que en el piso de arriba, en la zona de cruising y juegos había desaparecido la mampara que compartimentaba el espacio del sling, así como un par de travesaños del lado opuesto que dejaban ver, demasiado bien ahora, el video porno.
Tan poco cambio, pero daba un poco más de sensación de espacio.

Mientras observaba los cambios, un joven alto treintañero comenzó a liarse conmigo a nivel de pezones, pero enseguida se acerco un tío de aspecto vagamente moruno, pequeñín y buenete, que comenzó a comerme la polla.
Reconozco que lo hacía divinamente, cosa no muy habitual, y consiguió acapararme, dejando de lado el interés por el poco brioso pezoneo del alto mocetón.
Al punto que mamaba de maravilla y acabé follándole bien la boca , con su movimiento pélvico, obviamente, hasta decir basta.

Nos alternábamos, eso sí, aunque yo sólo mamaba, sin que él me llegara propiamente a decir follar la boca, pero cuando me tocaba el turno, le imprimía a aquella rica y experta boca todo tipo de ritmos.
Duró mucho rato y casi me moría por follarle también el culete que tenía, redondo, pequeño y adorable.
Pero antes se cansó de tanto trajín.

Cuando al cabo de un rato volví a subir, me senté en el taburete bajo, entre el video y el sling.
No sin los tipicos dudas y recelos un tipo morboso se acabó acercando, pero cuando apenas había comenzado una mamada, vino otro, le tocó los pezones y se agachó a compartir polla conmigo, cuando apareció un tercero y se interpuso de pie en medio de la mamada y me lo quitó.
- Qué cabrón! - pensé, estas cosas se hacen más sutil y sensualmente, y no con todo el morro metiéndose entre los dos ( el otro sí que pudo seguir mamando ).
Pero bueno, no le dí más importancia.

Bajé a por una segunda cerveza.
Recordé la respuesta que me dió un feisamigo y amigo bloguero, cuando me quejé que el año anterior había habido más sexo, pero menos morbo que el primer año.
- Seguro que encontrarás la manera de crearlo! - me contestó.
Una sabia respuesta, ciertamente, que enlazaba directamente con el dicho de "Si algo quieres, algo te cuesta", y que, al menos en un 50% depende de la actitud de uno mismo.
Si las cosas no son, haz que sean!.

Así que cuando subí de nuevo, me tumbé en el sling y me despatarré.
Dejé cerveza, condones y lubricante en el taburete de al lado y a esperar. Mi cincuenta por cierto inicial estaba hecho.
Y así, de esa guisa estuve un buen rato. Ni uno de los pocos tipos que subían se acercaban, no sé si porque no me veían o les cortaba tanta disponibilidad desvergonzadamente y accesiblemente expuesta.
Doy fe que cuando me encuentro en una situación semejante, me corto y me da apuro "aprovecharme" de la situación.

Pero cuando dos tíos, por fin, se acercaron no fue para prestarme atención, sino para liarse justo allí delante mío, casi se podría decir que entre mis piernas, impidiendo el posible acceso de cualquiera.
- Mecagüen la puta ! - Otra interposicion? - Manda huevos!- pensé, al ver que no hacían el menor movimiento de darse por enterados que ahí molestaban.
Baje y me fui.

Al cabo de un rato subí de nuevo.
Ví que se había formado un grupo de macizorros todos ellos.
Un par mamaban, y cinco o seis esperaban ser atendidos. Mucho jaleo para más.
Me quedé un rato de voyeur, que a veces también me gusta contemplar la belleza de las escenas, y así estuve hasta que el grupo, y por ende el encanto, se deshizo.
Quedo alguno, tres, si bien dejaron de hacer nada entre ellos.
Un rato después me acerqué al trío de machos inactivos y cuando me decidí a meter mano a uno de ellos, se dejó, cosa que me sorprendió,
Y no va, que se acercó uno, me apartó la mano con total descaro y se me puso en medio.

Porque no creo en la violencia sinó le hubiera partido los piños ahí mismo, y reventado el cráneo contra la pared hasta sacarle los sesos (¡Es broma, eh!).
Tuvo suerte que soy pacífico, jeje...

Pero era la tercera vez en la misma noche, y en el mismo lugar que se me ponían en medio literalmente para joderme el plan.

Porque no me fijé, pero no me extrañaría que hubiera sido el mismo tipo siempre.

Cuando la gente te quita a alguien lo hace mas delicadamente y con cierta aceptación del tercero.
En fin... Realmente no estaba enfadado, pero si sorprendido y algo mosqueado, y pensé que allí, aquella noche en el qüero, ya no era para mí.


La moraleja de la historia es que, aunque dependa de uno al 50% que ocurran cosas, aún dando los paso necesarios, no siempre salen como se uno se espera.

Próximas paradas de la noche. Men's Bar y Querell.
¿Pasaría algo interesante, pero sobretodo, satisfactorio?

(Continuará)



4 de septiembre de 2018

Trío en el Free Eagle y paso fugaz por el Men's. ( 2ª noche - 1ª parte)






Cinco polvos, que se dice pronto. Ni yo mismo me lo podía creer.
En la putisemana del año anterior habían sido doce los polvos, repartidos en seis días. Y en esta, llevaba ya cinco en un solo día.
La broma de que al año siguiente lo doblaría, a este ritmo, se quedaría corta.
Y solo pretendía ser una broma.
Tenía que frenar el ritmo.

El segundo día, o mejor dicho, la segunda noche decidí comenzarla un poco más temprano.
Total no tenía hambre para cenar, así que a eso de las 9.30 ya estaba en el free Eagle, cuando la mayoría de los locales de la zona aún ni comenzaban a abrir para montar las mesas y taburetes fuera.
Dentro del bar había un poco más de gente que el día anterior, pero prácticamente todo tercera edad... avanzada, lo cual no me resultaba muy estimulante.
Apenas alguno suelto entre los 40 y 60, aparte de mí, claro.

Un tipo septuagenario llamaba la atención, pues a pesar de pasar bien seguro de los 70, tenía el suficiente humor para ir con camisa desbrochada, calcetines, zapatos y un cocking rodeándole los huevos. Así sin más.
El lugar donde reposaba los pantalones era una incógnita.
Lucía una bonita polla. Mamable sí hubiera estado disponible, pues prácticamente todo el rato permaneció arriba,  estuvo de charla con un par, supuestamente, de amigos suyos.
Un tío Trentón iba entrando y saliendo del local. Un pareja de amigos, uno de cincuenta largos, y el otro de treinta y tantos, rondaba también por allí.

Yo subía y bajaba a la zona de cruising, a ver si pillaba algo, pero no.
El público era el que era y no variaba mucho.
En una de las bajadas, el de 50 de la pareja de amigos me abordó, toqueteando y diciéndome que tenía yo una buena polla y buen culo para follar... y a mi amigo también le gustas.
- ¿Ah, sí? - dije, totalmente sorprendido.
- ¡ Fíjate ! - pensé - hablan de uno y el menda ni se entera.
- ¿Quieres que suba a buscarlo? -preguntó, mientras que asentía sin apenas pensármelo dos veces.
Subió, y cuando volvieron, nos enrollamos.

Yo me llevé la mejor parte.
Mientras mamaba la rica polla al más joven, o este a mí, el otro me folló en tres tiempos.
Duró  un ratito aceptable, lo justo para no aburrir ni tan poco para un ¿ya está?.
Enseguida que el joven se fue, le siguió su amigo follador.

Justo en el momento que me quedaba libre, de por atrás alguien me dijo:
- Hasme una mamadita y te follo el culo rico - Sentí que me decía una insinuante voz, que por el acento y dicción me sonaba un tanto latino.
Debía de ser el tío que habia visto entrar y quedarse a mirar cuando estábamos con el trío, pero del cual no me había quedado con ningún rasgo.
Intenté chupársela, según me pidió, pero el pubis le olía no mal, lo siguiente, así que me abstuve, y el intento de follar que hubo por su parte, se quedó en un par de vaivenes fuera del ojete. Un aborto de polvo, vamos.
Con todo, un poco frustrante, pero del momento me llevaba la experiencia del trío.

Decidí cambiar de local y pasarme por el Men's Bar.
Seguía siendo temprano, pero fui.
El ambiente también era un poco más animado que el del día anterior, aunque utilizar tal término me parecía ya una exageracion.
Nada había que rascar, o sea, menos de mamar o follar.
Apuré mi Red Bull y me marché.
Con todo sólo era las 11.45.

El tiempo no corría.

(Continuará)