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13 de noviembre de 2017

Ausencia, terapia contemplativa y decisiones.





¿Os parecería normal que, mediante críticas no constructivas, máximas simplistas, verdades sesgadas o claramente mentiras, burlas y chanzas continuas o directamente insultos, os juzgaran por algo tan genérico como ser blogger?. Absurdo, no?

Más cuando ser blogger no significa nada más que tener un blog y rellenarlo con textos y/o fotos.
Si hay blogs de una infinidad de temáticas diferentes, más variedad hay de personalidades.
Todos construidos con más o menos dedicación, cada uno dentro de su propia temática aborda el suyo desde su propia perspectiva, que ni siquiera sirve para generalizar una opinión sobre la temática en cuestión.

Por ejemplo, un blog concrétamente de temática gay, puede ser como un portal con múltiples enfoques, asociativo, de noticias, de fotografía erótica, pornográfica, de relatos de fantasía, relatos verídicos propios o ajenos, o una mezcla parcial o global de todos.

Y del blogger en cuestión, a no ser que cuente en su espacio toda su vida, no se sabe más que lo que cuenta y trata, o pueda llegar a insinuar.
Como cualquier persona, un blogger tiene multiplicidad de facetas y gustos que son, todos en su conjunto, los que lo definen como tal.
Los gustos, aficiones, amistades, forman parte del detalle de la personalidad, pero la esencia de la misma nace de aquello que no necesariamente elige, sino de lo que intrínsicamente es.
Uno puede de dejar de escribir blog, comer su comida favorita, leer su escritor favorito o estudiar un idioma que le enamora, y seguir siendo, en definitiva, el mismo.

Pero uno no puede dejar de ser del color de piel con que nació, de su identidad de género u orientación sexual, de su fé  y creencias religiosas o místicas ( o no ), orientación política ( que no voto político ), identidad/es nacional/es (si es que así lo siente), de su carácter forjado con los años, si no es con una convulsión en su personalidad que lo harían ser "casi" otra persona.

Pues bien, eso es lo que me ha pasado, si bien no por ser blogger, claro que siempre habrá por ahí algún descerebrado, y no siempre directamente; pero que sentía como propio, al tener sentimiento de pertenencia del colectivo afectado objeto de enjuiciamiento que, por el simple hecho de existir, parece que unos ya se creen con derecho y licencia sin limite para el agravio y escarnio.

Básicamente, desde hace un par de meses, por parte de unos cuantos en el facebook.

Si es algo puntual y de una persona es fácil de gestionar.
Se obvia, ignora o se toma uno la molestia de defenderse con argumentos.
Como decía antes, todo el mundo tiene muchas facetas y no se puede sentenciar a nadie por una sola y en un momento determinado.

Pero si es algo continuo, prácticamente monotemático y por varias personas, el asunto acaba afectando muy seria y negativamente, en tanto que te afecta el humor y estado de ánimo.
Un efecto grave de esa toxicidad es que existe el peligro de caer y entrar en su misma dinámica.
No tengo ninguna necesidad de recibir negatividad de manera indiscriminada, ni en el mundo del cada día, ni cuando me sumerjo en las redes.
Y había que tomar decisiones.


Lo único que publiqué en estos días de ausencia,
 Me hizo gracia al ser exacto a como soy.
 Afortunadamente ( o no ) soy muy tolerante y paciente.
Suelo ser muy calmado, educado, juicioso y no suelo tomar decisiones precipitadas ni radicales, pero mi primera intención era eliminar del facebook directamente a estos elementos y a los que los jaleaban.

Necesitaba devolver espacio a la mente neutra, mirar las cosas con perspectiva y desapasionamiento.




Y decidí ausentarme del facebook durante unos 10 días, al menos de manera activa, o sea sin publicar nada ni comentar nada.
Entrar puntualmente, y leer solo cosa muy escogidas.
Obviando a los personajes y los comentarios tóxicos.

Y lo sumamente curioso es, que después de unos días, y teniendo curiosidad de ver como seguían los sujetos en su ponzoñosa verborrea, comenzaron a hacerme gracia, e incluso me llegué a reír, tanto de ellos como de sus comentarios, por su propia catetez
Esa ignorancia cultivada de manera diligente y voluntaria, que podrían superar sin problema con un poco de mirar ancho y mente abierta. Sin darse cuenta que también, en muchos casos, hacen lo mismo que lo que critican, pareciéndose o siendo peores incluso que a los que critican.
Pero no hay mayor ciego que el que no quiere ver.

Fue cuando me acordé del dicho que todo el mundo tiene derecho a ser imbécil, en mayor o menor medida, y sentirse orgulloso de ello, e incluso pregonarlo a los cuatro vientos. Faltaría más.
Pero por favor, procurando no salpicar a nadie.

En fin, que he vuelto al feisbuc, no he echado a nadie y he decidido que yo también voy a ser un poquito "imbécil" y tal vez incluso, me muestre orgulloso de serlo.
Publicaré lo que me salga de los cojones, que al fin y al cabo es mi propio espacio, procurando como siempre intentar ser respetuoso con quien crea yo que se lo merezca, o sea, básicamente con los que lo sean conmigo.
Y a quién no le guste, ajo y agua, o sea, a joderse y aguantarse, o me echáis u os hacéis una terapia contemplativa como he hecho yo y volvéis con otros humos.

Guapos míos, que os he echado de menos !.




16 de octubre de 2017

Un poco más de aventuras tras la follada sorpresa en la Sauna Miguel.




(continuación)

Patitemblando me fui derechito a las duchas después de aquella inesperada y relativamente breve follada.
No había estado mal, gracias también al plus añadido del buen aspecto del mozo.

En una situación normal, hubiera ya dado por finalizada mi estancia en la sauna.
Ya llevaba casi bien mi hora y media de visita saunil, y había conseguido un buen repaso.
Pero aún me quedaban casi dos horas y pico por delante si quería siquiera acercarme a las cuatro horas que me había propuesto estar como reto.

- Buena hora y momento para hacer una siesta, pensé.

Así que me metí en uno de los cuartos, me tumbé boca abajo sobre la colchoneta y me dispuse, cuanto menos, a relajarme un rato y si, de paso, dormía un rato, mejor.

No estaba muy seguro de haberme llegado a quedar traspuesto, cuando un portazo, me sobresaltó.
No era la puerta de mi cabina, que había dejado abierta, pero coincidió que por ella se asomó un tipo de mediana edad, guapetón, buenorro y al contrario que el macho anterior, sin una pizca de pelo en su cuerpo.

Viendo mi reacción de curiosidad, se me acercó y mostró su buen cipote.
Me medio incorporé y comencé a mamarle, mientras me convencía a mi mismo que aquella polla no iba a follarme.
Es cierto que tenía el culo abierto de la follada de la tarde ( y de la de la noche anterior ), pero esta, que aún no estaba del todo erecta, sino solo morcillona, ya me causaba suficiente respeto.

- ¿Tienes poppers?,- preguntó, supongo que al ver la bolsita de condones y el tubo de lubricante.
-  No - le contesté.

Estaba tranquilo cuando me puse mirando a Cuenca, bien sabiendo que aquello no iba a ir a más que un intento. No había popper, del cual a buen seguro dependía y lo más importante, no acababa de ponérsele tiesa ni dura del todo.

Y así fue.
No tardó en marcharse.

Y como si hubiera estado aguardando su turno, no tardó en aparecer por la puerta, un tipo de aspecto un tanto contradictorio.
Por un lado su cuerpo delgado, ligeramente fibrado, sin vello desprendía cierta jovialidad que su rostro y sus manos desmentían.
Lejos de mostrar un cuerpo renqueante y achacoso, mostraba una vitalidad que ya muchos quisiéramos tener a su presumible edad, más cercana a una honorable ancianidad que madurez tardía.
Y lo que más me sorprendía, su enhiesta, altiva y dura verga, que dentro de la medidas asumibles para labores fornicadoras, se mostraba desafiante a la implacable ley de la gravedad.

Entró cautelosamente, y mostrando la misma prudencia me preguntó si quería mamársela.

Me puse manos a la obra, o no sé si sería más apropiado decir boca a la obra.
En definitiva, comencé a realizarle una, en principio, prudente mamada, hasta que me percate que aquella polla, no sólo tenía sólo un tamaño, vigor y dureza adecuados para un buen mamar, sino que además tenía un sabor dulce, y lo más importante, una textura exquisita.

Y le puse todo mi empeño en hacerle disfrutar.

 - Oh ! Eso no me lo esperaba -decía de tanto en tanto, entre gemidos de placer y otros sonidos de sorpresa.
- Me gustaría follarte, pero temo que me sobreexcite y luego no pueda - comentaba, a la vez que se lamentaba.
- No te preocupes- le contestaba yo, aunque bien lo deseaba, continuando con mi mamada.

El tío aguantó, bravo como un jabato, hasta que se deshizó en un mar de leche.
Bueno, tal vez en este punto exagere.

Se corrió, eso sí, entre jadeos y resoplidos.

- Que bien !, No me esperaba esto !, decía todo satisfecho
-  No, no... No me lo esperaba - insistía.

Se despidió dándome las gracias con bastante expresividad.

- A tí - le respondí, satisfecho y sonriéndole.

El resto de la tarde la acabé yendo y viniendo de la pequeña piscina del piso superior a los jacuzzis, sin más pretensión de llegar a las cuatro horas de permanencia.

Tomarme una cerveza o refresco y haberme puesto a charlar con alguien hubiera sido una buena alternativa si supiera hacerlo.
Pero me cuesta horrores y soy incapaz de tomar esa iniciativa.

Y al lindar de las cuatro horas, me marché, eso sí, mucho más satisfecho de aquella tarde que la del verano anterior, por el objetivo cumplido y haberla podido disfrutar con varias experiencias positivas.

No podía pedir más.
O sí, como dos días más tarde ocurriría.
Pero eso lo contaré de aquí a unos cuantos posts.



3 de septiembre de 2017

Follada sorpresa en la Terma Sauna Miguel





No podía dar crédito a lo que veían mis ojos.
Me digiría a tomarme una cerveza al chiringuito de la playa de Benalnatura, cuando bajo la sombrilla de uno de los bancos de obra vi al que me parecía uno de mis feisamigos.
- Pues si es el que me pienso, y pongo la mano en el fuego que lo es, el que está a su lado es su pareja y también feisamigo mío - pensé.
Efectivamente,  igualitos que en los centenares de fotos que publican, y ocasionales videos, allí en 3D, ambos parecían disfrutar también de una cervecita.
Por unos segundos dudé si acercarme y saludarles, más que nada por el como presentarme, pues si bien si recordaba haberle pasado una foto mía a uno de ellos hacía mucho tiempo, dudaba mucho que se acordara.

- Hola, soy perro, o perrete de bcn, del feis- les dije acercándome y a modo de presentación, expectante de sus rostros por si tenía que dar más detalles.
Afortunadamente uno de ellos me reconoció en seguida. El otro aún tardó unos segundos.

Y estuvimos ahí charlando casi una horita, poniéndonos al día de la vida y del feis, tomando una cervecita a la que me invitaron.

Cuando me despedí, aún no tenía muy claro donde iba a comer, pues mi intención era ir, al poco de abrir, a la Sauna Miguel e intentar superar mi límite de dos horas en una sauna y aproximarlo a las cuatro horas que había leido en algunos de los comentarios de mi blog que era el tiempo que de media solía estar la gente cuando iba.

Un reto como otro cualquiera.
Siempre os he comentado que yo suelo estar entre una hora y hora y media; algunas veces, menos de una hora y excepcionalmente alrededor de dos.

Iría justo después de comer, nada más abrir, y entre la poca gente que suponía que habría, la necesidad de una ducha después de haber estado en la playa y la tontería que a uno le coge después de comer, igual me metía en el jacuzzi para relajarme y luego haría una siesta en alguna cabina como guinda del pastel.

Supuse mal, pues era el día del cliente, por que al ser la entrada más barata, funciona como reclamo.
Me recreé con una buena y larga ducha, seguida del paseíllo por el local para ver la ambientación, y si había cambiado algo respecto al año pasado, y esperando que se animara me fui al jacuzzi pequeño hasta que me comencé a arrugar.

Y en ese rato no pasó nada más que el entrar y salir de unos y otros.

El ambiente comenzaba ya a estar interesante, en tanto y cuanto concentración humana, y las entradas y salidas al cuarto oscuro era una constante en aumento.
Lo que pasaba dentro, bueno... no me dejaba de sorprender, al igual que el año anterior que casi todo era paseíllos, manoteos y algún pajeo mutuo entre la gente. ( Ver post: De conexión de miradas y Termo Sauna Miguel )
Poquísimos se agachaban a mamar y obviamente follar era algo casi inimaginable.
Visto el plan, me agobiaba pensar que aún me faltaban horas por delante.

Subí a la parte de arriba, y probé, cosa que no hice la otra vez, las saunas de vapor y seca, y la pequeña piscina.

Y fue cuando bajé de nuevo a la zona de penumbras, cuando apenas no había ni entrado en los recovecos sombríos del cuarto oscuro, que el signo de aquella tarde cambiaría por completo.

Un tipo treintañero, con barba se me plantó delante de mí y tras palparnos el pecho apenas unos segundos me preguntó sin más preambulos:

- ¿Te vienes a una cabina?- Quiero follarte, añadió para dejar clara sus intenciones.
Y aunque me dejó totalmente perplejo ante tan repentina propuesta supe reaccionar sin apenas pensármelo dos veces.
Normalmente, siempre digo que no, precisamente porque la pregunta siempre me la hacen cuando apenas hemos hecho nada y siempre temo perder el tiempo accediendo a ir y comprobar una vez en la intimidad de las cuatro paredes que no congeniamos ni en pintura.
Prefiero comprobarlo antes, y si un caso, si insiste, replantearmelo.

Pero aquí, como el buen mozo dijo que lo que quería, directamente, era follarme, y eso era lo que me apetecía, accedí.

No tuve tiempo de comprobar como estaba dotado hasta que no entramos en el cuarto y se quitó la toalla que le cubría.

Y no solamente tenía un arma de buen calibre, sino que el mozo era casi mi ideal de macho.
Poco más alto que yo, moreno, con barba, velludo en brazos, pecho y piernas en su punto justo, guapo y bien formado, con sus biceps bien definidos, cintura estrecha sin ápices de grasa superflua y fuertes piernas, todo sin excesos de gimnasios. Un sueño.

- Ponte sobre la cama-, me indicó, nada más entrar y cerrar la puerta.

Así lo hice, mientras también me guíaba a ponerme a cuatro patas dirigiendo mi trasero hacia él.
Palpó, y comenzó a darme cuatro lengüetadas y una breve comida de culo.

- Túmbate de espalda para que te folle- me dijo, cuando paró de ensalivarme.

Aproveché ese impasse mientras se ponía el condón para lubricarme un poco más, pues temía que con la saliva no hubiera suficiente y, aunque la noche anterior ya me habían follado, no dejaba de tener cierto reparo al posible dolor que sintiera.

Y la entrada apenas necesitó de dos empujes, uno de tanteo y el otro que daba inicio a una estupenda follada de un macho de ensueño.

Aún a día de hoy me preguntó que vió aquel mocetón para echarme el polvo: cara de aburrimiento, un "chico fácil", me había visto deambular por allí y me había echado el ojo porque le daba morbo o le gustaba. En cualquier caso, no importa.

En sí, el polvo fue intenso pero relativamente breve, unos diez minutos tirando largo, pero dió lugar a un par más de posiciones.

Salí de la cabina, con las patas temblando, contento y posiblemente con cara de gilipollas.

Y a la tarde aún le quedaban un par de emociones.

(Continuará)



15 de agosto de 2017

Fiesta nudista en el Exxxtreme Cruising Club






(continuación )

Bueno, esta vez no me había salido mal lo de preguntar si me querían follar en un punto culminante de una buena mamada, un buen rato después de una apasionada estimulación de la polla y antes de cualquier posible o inevitable corrida.

Pero como decía, si el ambiente alrededor no se había animado, difícil sería encontrar algo de nuevo, lo suficiente tentador como para decirme a quedar otro rato más.

Así que puse mis pies en marcha, camino del Exxxtreme Cruising Club a ver que tal estaba la "Naked Party", (fiesta nudista) anunciada.

Pagué lo que costaba la entrada, creo recordar que 10 €, que daban derecho a tres consumiciones, y me aventuré en las entrañas de este, para mi, nuevo local, que no resultó ser tan nuevo en tanto que compartía toda la zona de cruising con el sex shop Cupido, que aquella misma tarde había visitado. ( Ver: Una tarde en el sexshop Cupido).

Objetivamente no había mucha gente, aunque sí la suficiente para sentirte poco acompañado, no tanta como para sentirte en una fiesta.
Y entre la que había, tanto jóvenes de buen cuerpo, que a veces parece que sean los únicos que se animen a acudir a este tipo de fiestas, como no tan jóvenes y con cuerpos normales, cosa que particularmente me es muy de agradecer, pues no me siento tan extraño.

Al poco de entrar y pedir mi primera cerveza pude disfrutar durante un buen rato de una bella estampa.
En la sala del minicine, con sus sofas laterales y una gran cama en el centro de la sala, un tío de mediana edad, tal vez en su cincuentena, de barriga cervecera, se estaba cepillando de lo lindo, sobre la mencionada cama, a un tipo joven, treintañero tirando largo, delgado y más bien fibrado, el cual iba recibiendo buenas nalgadas en su terso y prieto trasero.

Un tío también de mediana edad, regordete, otro joven guapete, entre 25/30 con aspecto de heterocurioso que ha dejado a la novia en el hotel para darse una escapada, otro sobre la cuarentena y yo, sentados equidistantes en los sofás, en bolas y con nuestras respectivas bebidas en la mano disfrutábamos a la luz de la pantalla de aquel hermoso espectáculo en tres dimensiones que parecía haber salido de la pantalla.
Nadie se atrevía a intervenir, tal vez, y seguramente no por falta de ganas, , porque los protagonistas no hacían ninguna señal de complicidad con sus ocasionales espectadores, ni muestras algunas de invitación a la escena.

Estaban plenamente inmersos en disfrutar de su momento.

Al cabo de un rato, bien calientes y cuando ya se había acabado la lasciva exhibición, pillé por banda al tipo regordete, agenciandomelo durante un buen rato.
Allí, justo al comienzo del pasillo junto a la sala del minicine, lugar de paso, comencé con una suave comida de pezones que él mismo redirigió enseguida hacia otros rincones más bajos, carnosos y duros.

Tenía un buen cipote, de buen calibre, al límite por exceso de lo conveniente para desear ser follado, así que me esmeré en la mamada, durante mucho rato,  sin pretender incitarlo a actos mayores, como había hecho con el tipo del Men´s, una hora antes.( post: Follada sorpresa en el Men's Bar).
Finalmente, no pudiendo más y avisándome derramó su leche espesa sobre el lado izquierdo de mi barba.

Después de recomponerme un poco, me senté en uno de los sofás del minicine, en ese momento vacío, excepto del tipo joven con pinta de hetero de 25/30 años que comentaba antes, que estaba sentado justo en el sofá opuesto al mío, en el otro extremo de la sala.

Me miraba con insistencia, pero ese era la única aparente señal de interés. No hacía más gestos.
Yo, al menos, me iba toqueteando el cipote mientras también me lo miraba con interés.
No hubiera sido yo, si hubiera cruzado toda la sala, sentado a su lado y comenzar a sobarle, así que, para probar si tenía algúna intención conmigo, me levanté despacio y sin desviar mucho la mirada con él, me adentré de nuevo al pasillo donde antes había estado con el otro tío, y como sitio de paso, había constatado que se había cruzado varias veces con nosotros y observado.

Segundos después, también cruzaba la cortinilla de separación y rememoré con él lo que antes había estado haciendo con el primero, el regordete.

Sin embargo, este, después de disfrutar de su deliciosa polla, se dió la vuelta, ya apoyando los brazos contra la pared, y sacando su culito en pompa, me lo ofreció.
Este, chiquito y redondo, estaba en armonía con su delgado cuerpo, y entraba en la categoría de mis culos predilectos, y por tanto, comestible.
Faltaba saber si estaba limpio, pero eso lo averigüe pronto, en cuanto me dispuse a amorrarme a él.

Al cabo de un rato de deleitarme con tal exquisito manjar, no sé si bien porque le daba apuro fastidiar el paso a los que querían pasar a la sala del minicine, pues estábamos junto en medio, o se sentía incómodo con su postura, se irguió y me tomó del brazo para que lo siguiera.

Pasamos a la salita de proyecciones y él se subió a la cama del medio, se dispuso a cuatro patas, con el culo en pompa de nuevo hacia mi, que estaba de pie, para que se lo siguiera comiendo, si bien para ambos, más cómodamente.

Aunque disponía de condones, metidos entre el calcetín y la bamba, que era mi única vestimenta, no quería follármelo.
Y no tanto porque no me apeteciera estrictamente, que en el fondo sí, sino porque no quería que me pasara como el año anterior que el primer día me follé a Juan el abulense, y luego, cada vez que nos encontrábamos, él me excitaba para que me lo follara de nuevo, cosa que consiguió dos veces más.

Tampoco, a pesar de la posición explicita y sugerente, el muchacho no hacía ninguna indicación que me lo follara.
Así que, mientras así fuera, decidí alternar comida con inspecciones táctiles, que acabaron siendo una follada a dos dedos en toda regla, hasta que el buen mozo desparramó toda su leche sobre la colchoneta.

Después de eso, cada uno nos fuimos por su lado.
Yo me fui a pedir una cerveza, la segunda que entraba en el precio de la entrada.
Necesitaba recuperar líquidos después de las dos mamadas y la comida de culo, y descansar un rato en cómoda posición, en uno de los sofás.

Y él apareció de nuevo, cubata en mano, y acercándose a mí, me ofreció un cubito de hielo.

- ¿Para que coño me da un cubito de hielo este buen mozo?- me pregunté, mientras obtenía rápidamente la respuesta.

Nada más cogerlo, el chaval se dispuso de nuevo en la misma postura sobre la cama, ofreciéndome de nuevo su precioso culo.

- Pues será que quiere que se lo meta!, -pensé.

Cogí entre mis dedos el resbaladizo y helado cubito y comencé a pasárselo suavemente por el ojete, para que se acostumbrara.

Recuerdo una vez, en una sesión bdsm, como juguetearon conmigo con un hielo, metiéndomelo por el culo, así como la sensación de sorpresa, que pasaba al frío, del frío al helor, y del helor al dolor.

Cuando tocó el momento de introducírselo, me hizo un gesto con la mano para evitarlo. Debía saber lo que sentiría.
Se incorporó y esta vez se sentó en el sofá recostándose y echando la cabeza hacia atrás.
Yo, con el hielo en la mano, me senté junto a él y empecé a acariciarle con el gélido elemento, primero la aureola de los pezones, luego estos mismos, para pasar a trazar enigmáticos dibujos sobre la suave piel de su pecho y recorrer su abdomen hasta el escaso pelo de su pubis, huevos y polla.
Le acaricié las mejillas, los párpados y los labios mientras tanto él como el hielo se me iba deshaciendo entre los dedos.
Largamente tonteamos.
El juego duró lo que tardó en fundirse el hielo en agua, por el calor ambiental y el ardor de su cuerpo.

El se fué bien fresquito, y yo me refresqué con la cerveza que aún me quedaba.
Aproveché para acabar de descubrir el local, pues me parecía que me había dejado por explorar una zona, como así fué.

El club tenía un conjunto de pequeñas salas, estas no compartidas con el sexshop Cupido, con su sling, sus camas, iluminadas a la luz de las velas, que se me había pasado por alto.

Allí me encontré, aún a esas horas ya de la noche cuando el local estaba casi vacío, a un par de tíos dándose el lote.
O más bien, uno comiéndole el rabo a otro como si le fuera la vida en ello.
El pasivo pareció no gustarle mi presencia, o tal vez la voracidad del otro, pues fue apenas acercarme a metro y medio, y dejar plantado al pobre con la boca abierta.
Pero el tragón no se quedó con hambre, pues fue verme y sin ni siquiera incorporarse, se avalanzó sobre mi polla para no perder bocado, ni darme oportunidad de escapar.

Con una avidez realmente inusual comenzó una frenética mamada que finalmente tuve que interrumpir pues pensaba que me iba a dejar escocido para todo lo que me quedaba de vacaciones.
Y no era plan, pues acababa de llegar aquella misma tarde.

Un poquito más tarde, me lo encontré en aquella misma zona, tumbado boca arriba en una de las colchonetas.
Me acerqué y ahora fui yo quién tomó la iniciativa de follarle la boca, y el quedarse más pasivo y receptivo.
Esta vez, minutos más tarde, fue él quién me pidió una tregua.
Nos reímos.

Por las pocas palabras que intercambiamos me pareció que era italiano.
Y que, tal vez, Juan el Abulense iba a ser sustituido este año por Giovanni el Genovés.

Eran casi las tres y decidí perdonar la última cerveza que entraba gratis con la entrada.
Apenas había podido lucir mi jockstrap rojo, que se había quedado en la taquilla, y que me había recién comprado esa misma tarde en la tienda Boxer, muy cerca del Exxxtreme.

Caminando también iba pensando que tal habría sido la noche si, finalmente, hubiera quedado con aquel tío del GROWLr con el que había estado chateando un rato durante la cena, que se mostró muy interesado en conocerme, pero que su pedazo de polla me acojonaba.

No obstante, volví al hotel relativamente satisfecho de aquella primera noche.


Fin del primer día.




23 de julio de 2017

Follada sorpresa en el Men's Bar de Torremolinos




... (Continuación)

Dios Mío !.
¿Y ahora que hago?.
Me quedé perplejo y atontado, sin saber que hacer ante la puerta cerrada del Free Eagle.
Estaba más que convencido que, primero no cerraban ningún día y segundo que era de los primeros que abría.
Y allí estaba, cerrado a cal y canto, sin ningún cartel explicativo de cierre por descanso laboral, vacaciones, defunción familiar, por reformas o definitivo.
Y mis planes para todas las primeras horas de la noches se fueron a pique, ya que me servía como el punto para empezar la noche, con la primera cerveza y el primer morboseo en la planta inferior, que alguna vez pasaba a más.

Dí una vuelta, rápida tengo que decir, para localizar al XS Cruising bar, que era la segunda opción de la noche, pero llegué tampoco a encontrarlo.
¿No tenía ningún distintivo a la entrada?, ¿Habría cambiado de nombre?, ¿Habría cerrado?.
No se me ocurrió preguntar a nadie.

Así que, cogí y me metí en el Men's.
Debía de ser sobre las once de la noche, más o menos, y la ambientación no era para tirar cohetes.
Había espacio suficiente en la barra para pedir una cerveza y quedarse anchamente cómodo.
A los pocos minutos, después de haber visionado tres o cuatro videos musicales, bajé a la zona de cruising de la planta inferior, donde había más movimiento que en un principio se pudiera prever según lo visto en la zona del bar.

Pero era, cuando era, todo sobeo o más bien manoseo.
Me recordaba, al igual que el año anterior, al ambiente del cuarto oscuro del extinto cine Arenas de Barcelona, tanto en la actuación de la gente, como el tipo de gente.
Bueno, aquí la edad era notablemente inferior, pero en cualquier caso, madura, al menos en horas tan tempranas.

A pesar de todo, llegué a hacer un buena mamada a una rica polla, la cual me obsequió con un reguero de leche calentita sobre mi mejilla izquierda, y luego, con un tipo madurete que no apuntaba maneras, en el sentido que me entró con un más que tímido toqueteo de pezones, y al tacto tenía una polla totalmente flácida, al irme, me cogió del brazo insistiendo en que me acercara, y comenzó un pezoneo más decente, que comenzó a gustarme.
Esta vez, al palparle, me sorprendí de encontrar algo digno de una inspección bucal, así que se la saqué del pantalón y comencé la que iba a ser también otra rica mamada.
El tipo estaba ya muy puesto y yo tenía hambre de culo.

¿Y si paro la mamada y le pregunto si me quiere follar? - pensé.
Eso es algo que normalmente nunca hago, pues siempre espero a que tomen la iniciativa... y así me va, que pocas veces me follan.
Pero es un comportamiento en que me he visto en bastantes ocasiones, pero a la inversa; que después de alguien hacerme una buena (o no tan buena) mamada, me ponen directamente el culo en pompa para follar ( que no suelo hacer ).
Así que usé la misma estrategia, comprobado que a algunos les funciona, y en unos minutos, tras haberle entregado un preservativo y autolubricado mi culo, ahí me estuvo follando durante un largo rato, y de tanto en tanto, alguno pretendía que le fuera mamando al mismo tiempo.
Fue más una pretensión, pues las dos pollas que se me acercaron y ofrecieron no me gustaron, y las descarté al instante.
Con todo, me sorprendió que el tío aceptara follarme, y la energía y vitalidad que le puso, cuando al principio de todo, al tocarme el pezón, no parecía que fuera a tener tanto ímpetu.

Y es que, a veces, hay que dar ( y darse ) segundas oportunidades.

Pero el momento y lugar no daba para más,
Aparte de los dos acercamientos, no hubo corrillo ni nada más, el ambiente no despegaba.
Y me fuí a descubrir el Exxxtreme Cruising Club en la calle Santos Arcángeles, en su noche temática nudista, la Naked Party.

(Continuará) ...

19 de julio de 2017

Una tarde en el sex shop Cupido





Después de estar medio día viajando, no me apetecía en absoluto hacer un esfuerzo más y dar un paseo hasta la Sauna Miguel, que también significaba muy posiblemente estar dando vueltas y más vueltas sin descanso por la misma.
Me conozco.
Opté por acercarme a uno de los lugares que me apetecía conocer en estas minivacaciones, el sexshop Cupido que estaba apenas a 10 minutos tirando largo de mi hotel.

El lugar, casi más céntrico, que sería La Nogalera, imposible, pues se haya en el complejo de enfrente, que salvo en la parte visible, ofrece un aspecto bastante lamentable.
Bien señalizado no tiene pérdida alguna, ubicado justo al lado del Exxxtreme cruising club, con el que de hecho comparte precisamente la parte de cruising. Aunque eso lo descubriría aquella misma noche.

Así pues, entré, compré un poco de lubricante que necesitaba, que me costó 6 euros, y por otros 6 euros, la entrada a la zona de los pecados inconfesables.

Básicamente el local es la zona de sexshop propiamente dicha y detrás de una puerta, la zona de cruising, que son dos pasillos que, a banda y banda, hay repartidas varias cabinas, con su asiento, monitor de video y rollo de papel para limpiarse si uno se ensucia, una estancia de forma irregular con otro video y sofá, y una sala grande, con sofás a tres de los lados, una gran cama en el centro de la habitación, al modo de la Big Sex Room de la sauna Bruc de Barcelona, pero con una pantalla de cine que ilumina el lugar.

La concurrencia, en aquella tarde de entre semana no era muy alta, si bien desconozco lo que suele ser lo normal en ese local y en ese día.
Seis, siete personas desfilaron por allí en la hora y media que tal vez, más o menos, que estuve.
Gente normal, de aquellas personas que pueden pasar perfectamente por heteros y buenos maridos de sus respectivas esposas, y que se permiten una escapada para un desahogo.
Andando entre los pasillos y pasando por las salas no parecía que fuera a ocurrir nada, aparte de miradas no muy claras, entre curiosidad y deseo.

Nada más meterme en una de las cabinas, dejando la puerta bien abierta, el pantalón desabrochado y sacando la polla fuera para ir dándole gusto, se paró delante uno de los tíos que, tras la típica duda inicial, acabó sacando también su eréctil miembro que me dispuse enseguida a contentar.

Sin embargo, la mamada no alcanzó tal categoría, quedando en un sorbito, ya que en apenas 30 segundos se marchó apresurado.
- O lo he hecho muy mal o le ha entrado cargo de conciencia por engañar a su mujer- pensé.
Pero no le dí mayor importancia.
Seguí sentado continuando con lo mío.

Al poco, otro tipo, maduro fornido de buen ver y anillos en los dedos, se sentó en la cabina de enfrente, se descamiso y bajó los pantalones, en una situación casi de reflejo de como yo estaba.
- ¿Era un desafío para ver quién se llevaba el primero que pasara por allí o era una invitación a que me acercara a mamársela yo? - me pregunté.

No quise eternizar la duda, y recogiéndome los pantalones con una mano, pero con todo al aire, me levanté y dí los tres o cuatro pasos que nos separaban.

Le toque el bien formado y liso pecho, y luego, al no dar muestras de rechazo, el erecto y desafiante miembro.
Dos segundos más tarde, me encontraba arrodillado frente a él, mamándole, en todo un acto de pleitesía.

- Anda, levántate- me dijo bastantes minutos más tarde, con acento extranjero pero en español bien aprendido - te vas a hacer daño en las rodillas.
- No te preocupes, estoy bien- le contesté.

Sin embargo, me incorporé, cosa que aprovechó para darme un sorbito, luego se levantó y me hizo sentar, para poder yo seguir dándole gusto a su cipote.

- Paramos a descansar un rato- intervino al cabo de otro buen rato.
Resignado, asentí.

Dí una vuelta, y otra, y otra más, como siempre pasa en estos lugares, y todo permanecía inmutable.
Uno sentado en el sofá mirando el vídeo y esperando polla, otro de pie al lado, queriendo que se la comieran, pero sin acabar de ofrecerla.
Uno paseando, otro en una cabina, todos dudando.

Paré de nuevo en una cabina durante un rato, pero esta vez sin resultado alguno.
Fue cuando cruzaba en corto y oscuro pasillo entre la zona de cabinas y el minicine, que bien podría hacer, si no ya lo hace, la función de minicuarto oscuro de paso, cuando vi entrar al del primer sorbito, que tras pasar a mi lado se quedó quieto al fondo, tal vez esperando a una reacción mía o al del que, aparentente le seguía que no era otro que el de la buena mamada, que también se quedó quieto, este enfrente mío, esperando.

Otra vez me tocaba desentrañar las dudas.
¿Se buscaban entre ellos, o al verme justo en ese lugar esperaron a ver que pasaba?.
Pues les eché mano al paquete de ambos a la vez.

Y ambos a la par se desenfundaron los pistolones, en el momento justo que un tercero corría la cortinilla, entraba y a ver el panorama decidió imitar a los otros dos.

Tenía de repente tres pollones a mi entera disposición.
Bueno, realmente eran dos los grandes cipotes, pues el del último que entró, estaba más en la categoría de polla estandart, en cuanto a tamaño, pero calidad extra en cuanto al gusto y tacto, como bien iba a comprobar.

Me turnaba lo más equitativamente entre los tres, y las pollas que no eran en ese momento atendidas bucalmente, lo eran manualmente.

Tres es un número perfecto.

Entre ellos no hacían mucho. Se limitaban a dejarse hacer por mí, y ver lo que iba haciendo.
Cuando alguno se sentía desatendido, dirigía mi cabeza hacía su lado.

Hasta que llegó el momento que el pollón del primer sorbito, se retiró bruscamente como si se corriera, y el de enfrente, casi coordinadamente se corría sobre mi mejilla izquierda.
El tercero, el de la polla más rica seguía pajeándose, y cuando vi que al segundo le dejaba de manar la leche, de nuevo le atendí para ver si también se corría.
Y aunque el no, yo sí me desparramé abundantemente por el suelo.

- Pues yo no me he corrido!, dijo el tercero con tono apenado, cuando me incorporé.
- Yo tampoco - dijo el primero, para sorpresa de todos.
- Yo sí - sonó a la par la contestación del segundo y la mía.
- Pues vaya, Y ahora qué?- dije un tanto simuladamente fastidiado.

Si no me hubiera corrido, tal vez podría haber ocurrido un bukakke a tres bandas.

No obstante, salí satisfecho de aquel primer encuentro.
Para empezar no había estado mal.

A la primera noche, le faltaban solo unas horitas por llegar.


(Continuará)


10 de julio de 2017

De vuelta, entre reinonas desagradecidas y hombres fogosos sin complejos.





Realmente aquella tarde el ambiente de la sauna ofrecía un aspecto un tanto desolador.
No sabía si había sido una buena opción presentarme en la Bruc, en lugar de la Condal, donde sabía que iba a ir un feisamigo que aún no conocía presencialmente.
La decisión la había tomado simplemente por una cuestión de precio y tiempo disponible.

Al principio, sólo me llamaba la atención tres tíos: un tipo majete, de unos 30 y pico de años, de aspecto muy normal y cierta pinta de extranjero, con aire de visitar la sauna por curiosidad más que con intencion de ligar, pues andaba fijándose más en los detalles del local que en los visitantes como él,  otro tio de mediana edad, bien conservado pero sin ninguna característica especialmente definida, y el último, un tio entre los 30 y 40, alto, cuadrado, musculado, espalda ancha y pecho prominente, vello del pecho depilado que de nuevo comenzaba a despuntarle, fuertes piernas, buen culo, ... vamos, sin duda y en todo el término, un tío bueno y que se cuida.

Totalmente fuera de mi alcance.

¿Seguro?.
Pues iba a ser que no, pues fue echarme el ojo, seguirme a la Big Sex Room y tocarme el cipote bajo la toalla para que me acercara.
Nos metimos, pues, mano mutuamente, le chupé un pezón de aquel precioso pecho, y luego fui a por la polla... no estaba mal, larga, dulce, suave, no excesivamente ancha, perfecta para follar, pero huevos realmente diminutos.
Un fallo debía tener el buen hombre.

Respaldado en la pared y agachado y le comencé un buen trabajo por los bajos, mientras con brazos alzados le iba pezoneando.
Desde abajo, oía sus gemidos.
Como bien lo oyeron también dos tipos que enseguida se pusieron a cada lado, pero el tío, que parecía no tener mucho deseo en compartir, o por un arrebato de súbito pudor, me cogió de la muñeca y sin mediar más palabras, me indico que le siguiera, obviamente, a una cabina.

Nos metimos en una de las anexas de la sala egipcia, y nada más entrar, aún no bien había dejado la puerta entornada, que asomó una cabeza diciendo: "déjame pasar, que quiero chuparle el culo".
No me asombré cuando me dí cuenta que era perraco, y no viendo disconformidad con "partenaire", me retiré un poco para dejarle paso, y presto se puso a cumplir su deseo.

Yo seguí mamando, y perraco, cuando le tuvo bien comido el culo, se dispuso a comerle los pies.
Ell tio debía alucinar porque se retorcia de placer y no paraba de gemir.
Talmente era lo único que hacía, gemir, porque salvo un momento que me toco la polla, que no digo pajear, no hizo nada más.
Para acabar, mientras perraco seguía concentrado en los pies, yo le pajeé manualmente hasta hacerle correr. Una corrida discreta, para más detalle.
Ya no quiso más estímulos y le dejamos en paz. Apenas dijo nada, ni que bien, ni gracias, ni nada de nada.
Ni una mirada de complicidad, como si no hubiéramos existido y la corrida se hubiera producido de manera espontanea.
No me gusto mucho esa actitud de reinona desagradecida, pero en cualquier caso, era su problema.

Por ahí seguían los dos anteriores que mencioné anteriormente, al que se le añadió a la lista de mis intereses, un chavalillo joven, alto y delgado.
Con este hubo algún cruce de miradas y tal vez hubiera habido alguna posibilidad, si no hubiera sido porque me acabé liando con un melenas que me siguió a la sauna de vapor, y allí nos enrollamos.
El tío me sonaba vagamente, pero no sabía de qué.

Comenzó a tocar el suavemente mi pezón, a modo de tanteo, pero yo directamente me comí los suyos, luego baje a su pollón, más bien corto y gordo, pero que aún cabía bien en la boca para mamar mas o menos a gusto, y lamer a lengëtazos un par de santos cojones mondos y lirondos, apretados y lustrosos gracias en parte a un cockring de metal que llevaba puesto.
Sudamos como los cerdos, hasta que el sugirió, in extremis, si no me hubiera caido redondo, de ir a un sitio más respirable.

Nos metimos en una cabina, y retomamos el asunto allí donde lo habíamos dejado.
El solo pezoneaba suavemente, y besaba, eso si, muy bien.
Por cierto, para los interesados, no soy mucho de besar a extraños.
Se subió de pie a la cama para facilitarme la mamada, de manera que sus partes nobles me llegaban justo a la altura del hocico.
Perfecto.
Me recreé holgadamente con polla y huevos, y cuando se inclinaba ligeramente, con sus pezones y boca.

 - Creo que me voy a correr-, dijo en algún momento.
 - Ok, hazlo sobre mi pecho- le contesté, dejando de mamar y pajeándolo.
Pero no se corrió.

Para mi sorpresa, se bajó de la colchoneta, se agachó y comenzó a lamerme también los pezones, al poco que luego se puso a cuatro patas sobre la cama, y aún yo de pie, comenzó a mamarme la polla, dejando de tanto en tanto, la misma quieta para que yo se la fuera follando.
En esa posición, a cuatro patas, mucho me estaba temiendo que acabara por ofrecerme el culo y tuviera que actuar yo ya totalmente de activo, y eso, solo de pensarlo me daba muuucha pereza.

Luego se dio la vuelta, boca arriba sobre la colchoneta y la cabeza colgando y la boca abierta para que se la siguiera follando, como así hice, mientras le seguía estimulando los pezones y él se masturbaba.

Finalmente se la saque, pero le situé los huevos en su boca para que me los lamiera.
Eso le puso frenético, así que aproveché yo para pajearme.
Sorprendentemente, ambos sincronizamos a la perfección las respectivas corridas, y su cuerpo se llenó de abundante leche de ambos, mientras el tío se estremecía con la cara bajo mis huevos.

Resopló, resolló varias veces, mientras yacía relajado, y yo le limpiaba aquellos regueros lácteos.
Sumisamente se dejaba.

 - Esto tendría que escribirlo para luego recordarlo !, -dijo.
- ¿Escribirlo?-  repetí, con una sonrisa y mirada picarona, pero sin mencionarle en ningún momento, que sus deseos se verían cumplidos.

- Hacia tiempo que no coincidíamos - comentó.
- Si, hacia tiempo que no venia yo tampoco-, le contesté. Era principios de octubre, y habían pasado varios meses de sequía saunil.
O sea, era cierta mi intuición de que  nos conocíamos, pero no me atreví a preguntar, y seguí con la duda de si era el melenas que en las penumbras del arenas había tenido alguna historia, que bien podría ser que si, porque ese corte de pelo particular me sonaba bastante, o de haber coincidido alguna vez allí mismo en la Bruc.

Con la duda, me fui a la ducha y a continuar mis quehaceres diarios.

(Principios de octubre 2016)